Lo de los chilenos Candelabro es de nota alta. Son la versión en castellano de Black Country New Road, cuando estos eran buenos, al principio de su carrera. Suena la inicial "Las copas" y antes de que aparezcan las voces en castellano todo destila a los ingleses.
Pero Candelabro tiene mucho más que decir. Grupo de muchos componentes, la idea de la religión está presente en cada tema, como el sonido del saxo, que en "Domingo de ramos" es el que lleva la batuta de esta sinfonía agridulce que es "Deseo, carne y voluntad".
Uno de sus miembros en una reciente entrevista se preguntaba porque la bandera, la patria, y la religión son patrimonio de la derecha. El uso que hacen Candelabro de Dios, habla de la duda existencial, de los problemas de la gente, de las preguntas interiores sin llamar al proselitismo y a la maldita tradición ("Prisión de carne").
Pero aquí hay canciones y muy buenas, como "Tumba", y esa catarsis pop que es todo un acierto, o "Haz de mí", donde les salvamos que hablen del papa, porque aciertan con su retahíla sónica. Mi favorita es "Liebre", donde gritan y se azoran.
"Tierra maldita" y "Cáliz" son otras soberbias gemas que ponen a Candelabro en este su segundo disco como uno de los combos a seguir muy de cerca. Y es que es una pena que nos lleguen tan poca música de esos lejanos países con una creatividad tan productiva. Atentos a ellos.

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