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viernes, 3 de marzo de 2023

SOUL COUGHING. "Ruby vroom" (1994)

 


Vaya pasada de disco, y que poco me paré en su momento en él. La banda de New York dio el pistoletazo a su carrera con este soberbio "Ruby vroom", donde puedes encontrar funk, rock alternativo, extraño hip hop como ese pasote llamado "Is Chicago, is not Chicago", y toda una amalgama de sonidos de esos que dejan huella. 

"Sugar free jazz" es fusión relajada, con gaviotas de fondo, un delicioso geiser de ritmos que son una delicia de principio a fin. Si hay que ubicarles es en el mismo pupitre de escuela donde se sentaban combos como Fishbone, Living Colour o Primus. Se nota en tracks como "Casiotone Nation Live" o "Blueeyed evil", donde es imposible que tus pies se detengan. Gozada total.

En "Bus to Beelzebub" quien manda es el contrabajo y un sampler jazz de los años 50, y en "True dreams of wichita" se tranquilizan en una bacanal de murmullos relajados. Todo un disfrute, un compendio de sonidos donde resaltan las habilidades de un grupo que se atrevía a recitados hip hop como vemos en "Screenwritter blues" y el tono jazzy que te encuentras con el piano como instrumento protagonista en "Moon Sammy". 

"City of motors" es un puntazo donde el bajo se explaya y no se para y en "Uh, zoom zip", enarbolan su con destreza un abanico desmesurado de posibilidades estilísticas que son razones más que fundadas para gozar de esta banda tan peculiar. 

"Ruby vroom" fue el mejor de los cuatro discos que sacaron. Oído hoy, sigue siendo una fiesta su escucha. A gozarlo toca pues. 

                                                                                                


                                                                                                 

martes, 8 de febrero de 2022

THE SMASHING PUMPKINS. "Siamese dream" (1993)

 

Un pasito al lado del rock independiente, otro al lado de los medio comerciales. Así se movían Bill Corgan y sus chicos en medio de la explosión que supuso la bomba de Nirvana y todo lo que giró alrededor. La verdad es que después de tanto tiempo, y viendo el disco y la banda con perspectiva de hoy, no podemos más que afirmar que fueron grandes y que sus discos  (sobre todo los primeros) guardan todos ellos muy buenas canciones. 

Lo suyo era aunar estilo sin sonrojarse, hacer hits de rock potente como la inicial "Cherub rock" uno de los puntales de "Siamese dream", rozar casi el metal con "Quiet", o confeccionar himnos de indie rock de esos que grabamos en cintas de la época, que vimos un mogollón de veces en la MTV,  y que aun sabiendo que lo nuestro era lo que se movía en los márgenes de la escena indie, Smashing Pumpkins nos gustaban. 

"Hummer" suena casi progresivo, hippismo entre guitarras que rozan la histeria bien entendida y "Rocket" es una ametralladora de distorsión en medio de esa voz de marciano que tenía Corgan. Y si en esa juventud de los 20 años teníamos momentos bajos, nos dejábamos arrullar con "Disarm". Todo el día no podían sonar los Swans, debíamos bajar algo los pistones. 

Así eran los Smashing Pumpkins, arreando guitarrazos a diestro y siniestro ("Geek USA"), o cosiendo baladas de esas para cunar a un bebe futuro rockero ("Mayonaise"). Los casi nueve minutos de "Silverfuck" sirven como coartada perfecta para degustar la amplitud de miras de una banda que se supo mantener en buen tono una larga temporada de su existencia.

Terminan con "Luna" y nos dejarán el señuelo para disfrutar más tarde del que fuera su mejor trabajo, "Mellon collie and the infinite sadness". Un buen recuerdo pues, traer de nuevo entre nosotros a los Pumpkins. 



jueves, 13 de febrero de 2020

DOVES. "Lost soul" (2000)


Siempre me gustaron Doves. "Lost soul" fue su disco de debut, y en él podemos encontrar la base musical de la que fueron construyeron un edificio de rock alternativo, con hechuras, conciliando la calidad con unas composiciones que en su día se alzaron en las listas de lo más radiado.

"Firesuite" y "Here it comes" es el mejor incio que se puede pedir a una producción repleta de una suavidad que te posee; entrañable y a la vez repleta de fogonazos que hacer apagar luces cegadoras. La banda de Manchester formada por los hermanos William, consiguen elaborar unas estructuras edificantes de rock con pinceladas de teclados, una abanico de densidad lírica que reparten con destreza en su almanaque de sorpresas ("Break me gently").

Temas redondos facilmente reconocibles y que dejaron su huella en aquellos años ("Sea song"), se unen junto a otros que marcan por su especial manera de sincronizar aires cercanos al britpop con una personal forma de danzar entre himnos de sedación instantánea ("Melody calls").

La canción por la que dieron el pelotazo fue "Catch the sun", una auténtica concatenación de vigor, melodía y estribillos de esos que convierten lo gris en colorido. La tranquilidad vuelve con la pausada "The man who told everything" con cierto aliento setentero y que da paso a "The cedar room" otra maravilla de esas para disfrutar con agrado.

"A house" es la pone el punto final a este disco de una banda que también nos regaló buenos discos para nuestra discografía, como "Last broadcast" (2002). Con Doves, el rock alternativo, parece que tuvo sentido como estilo.



viernes, 10 de abril de 2015

BITTER SPRINGS. "That sentimental slush" (2006)


Londinenses hasta le médula, Bitter Springs, llevan ya un mogollón de años haciendo de la credibilidad su bandera, ajenos a los ritmos y modas del momento, el grupo lleva atrincherado en sus himnos de pub, en su rock con sabor de otro tiempo, fuertes por saberse de esa pasta que choca contra la apatia de esa multitud de bandas que constantamente nos aturden si aportar nada nuevo.

Escuchando ese hit de lucha social que es "Moving to the city", te das cuenta que las credenciales musicales de Bitter Springs se mueven en otras arenas movedizas. "The King and I" es una amalgama de pop de felpa con sabor a los 80.

Simon Rivers y compañía, saben que el mejor sitio para disfrutar de ellos es un pub atestado de maduros y canosos seguidores de The Fall o The Wedding Present. Aunque en lo musical Bitter Springs,están bastante alejado de ellos, la fidelidad y la maneras de otros tiempos de combatir el tedio con flechazos tan inmediatos como "Gathering Dust", hacen que esta banda que le gusta poblar sus temas con acordeones y violines, representen con habilidad un papel encomiable como hábiles trileros de músicas de esas que vencen las telarañas del tiempo.

Baladas como "The Ship", el calypso de "Paedophile island", o el pop con piano sin cola en "Thee idiots computing" contra el imperialismo de la tecnología, son pequeños esbozos de una formación que sale airosa hasta cuando prueba con la chanson en "City of glass".

¿Qué más se les puede pedir? Hasta cuando se ponen duros como en "Forget about it all", lo hacen con eficacia y solvencia, en seis minutos de tensión y cuerdas que pueden con todo. Hasta los pajaros que pian en "I'll get this for you buttler" para dar la voz a uno de los mejores temas del album, parecen disfrutar con esta corte de aduladores de viejas expresiones musicales.

Me pongo pues a rebuscar en mi viejo baul de obras aun no escuchadas "Last partylove handless" (2006) y "Suburban crimes of every happiness" (2001). Bitter Springs merecen toda nuestra atención.