Nadie como ellos para dibujar la tristeza. Para pintar en una paleta colores grises de melancolía con alguna lágrima pasada de hondura, descargando aguaceros en tu sentir, cuando te sientas en casa, das al play y suenan cosas como "Anon", el inicio de este viaje que te desborda a base de ramalazos de lluvia fina.
Siempre tendremos tiempo para recordar a la desaparecida y añorada Mimi Parker, que junto a Alan Sparhawk, su pareja, nos llenaron de pesadumbre, de emoción, con una discografía que los posiciona en lo más alto del slowcore, este estilo basado en la lentitud, en programar visiones de espacios catárticos de silencio.
En este, el que fuera su tercer disco, tenemos joyas inmortales del calibre de "The plan", que suenan una y otra vez cuando tienes querencia de soledades salvíficas. Low tenían la facultad de sobrecogerte ("Over the ocean"), y tu no tenías más remedio que secarte las lágrimas cuando entra de sopetón el aire frío en tu alma ("Mom says").
Qué dulzura desprende la voz de Mimi en temas como "Coattails", con ese ritmo sincopado, seco, minimal y perfecta representación de un slowcore bañado con el sudor de los recuerdos. La hora que dura "The curtain hits the cast" es un vaivén de magia que te envuelve, donde esta definido a la perfección todo el ideario de un grupo que supo hacer algo que solo esta destinado a los grandes: tener una voz propia reconocible, marcar época, llegarnos al corazón ("Laugh").
Los catorce minutos de "Do you know how to waltz", experimental y extrema, repleta de miedos, pone el punto más alto de un trabajo que como todos los de Low no te deja indemne, te retuerce, te hace disolverte en una pasión desaforada por los espacios del ser donde habitan lo trágico, lo efímero, lo bello. Grandes siempre Low.




