La verdad es que esperaba algo más de este último disco de mis queridos Mono. Los japoneses parecen que han entrado en un estadio donde se mueven de forma correcta, pero parece que algo se ha perdido en el camino. Quizás ya en "OATH" ya podíamos intuir lo que nos hemos encontrado en "Snowdrop".
El caso es que suena la canción da inicio al disco, con su tranquilidad siempre necesaria, para al poco meternos en ese enjambre de ruido y silencios, pero no, la cosa no es como antes. Lo mismo es uno que con el paso de los tiempos se ha vuelto más exigente. Pero es que los Mono de hace unos años no sonaban así.
Y eso que la cosa parece que se entona con "Winter daphne", pero no. Suena los violines en "Gerbera" y no hay continuación por parte de la banda para crear un clímax que nos haga elevar del suelo. Sí, son los mismo, siempre afiliados a la calma, reteniendo ruiseñores con sus guitarras, soñando cielos siempre azules. Pero "Statice" es fallida, no nos dice nada, y "Hedera" tampoco me hace sentir lo que me hicieron notar en mi corazón cuando los escuche hace tantos años.
En febrero los tendremos por aquí. Quizás en directo puedan afinar sus mensajes, nos hagan vibrar y nos traigan sobre todo repertorio antiguo. Temas como "Shion", dicen poco de este grupo que en su día puso a su servicio a los rayos mas inclementes para devorar tensiones. Estaremos atentos.
En los 90 dentro del shoegazing había grupos que tuvieron la fortuna y el mérito de militar en la primera división (MBV, Ride, o Pale Saints, por citar algunos), y otros como estos londinenses llamados Revolver que con solo dos discos en su carrera, fueron dignos participantes del movimiento sin levantar muchos revuelo.
Les conocí por su otro trabajo, "Cold water flat", (1993), que dio pistoletazo a su carrera y este "Baby's angry" esta lleno de buenas canciones con melodías, y como no con arreones de distorsión. "Venice" y "Red all over", te enganchan a la primera escucha, y cuando te pones "Heaven sent an angel", quizás la más conocida de su carrera, te pones ya las pilas de manera inmediata. Eso es lo que esperamos de una buena banda de shoegazing, con espasmos de psicodelia.
Temas con pegada como "Drowning inside", con buenos ciclones de feedback climatizado, se juntan con espasmos del tipo de "Molasses". La música de Revolver es de expansión inmediata. Crujen los suelos cuando te encuentras con "Cherish"y su cercanía a unos Ride en pleno estado de meditación.
En "Since yesterday" tiran de épica y acaban por todo lo alto con "Don't ever leave", otra forma más de fotografiar unos años gloriosos. Y es que fueron tan buenos los 90......
Se le echa mucho en falta a Rafael Berrio. Sus palabras, sus versos, su música. Por estos lares nadie se ha acercado a lo que nos ofreció en una carrera repleta de canciones para despeñarte por noches funestas, para hermanarte con sus letras que tanto dicen de como somos los pobres humanos al albur de las mordiscos de la vida.
Tanto en Amor a traición, como Deriva, sus otros proyectos, pero sobre todo en su carrera en solitario, este vate con la garganta repleta de ruiseñores excomulgados de cantar, es todo un placer para los que amamos esto de la música, y lo que representa, más que un arte, un país repleto de sinónimos, de teatros vacíos, de surcos en la tierra donde antes había flores, y ahora solo queda podredumbre.
"Diarios" fue su segunda obra en solitario, y se abre a lo grande con "La alegría del vivir" y "En las lindes del fin". Estoy seguro que Cioran, el filósofo rumano, se pondría su música para el nacimiento de nuevos aforismos de la desgracia, de nuevas formas para denunciar esa falsa felicidad que intentan inocularnos para olvidarnos que después de un camino sin retorno, es imposible la vuelta, ni la redención.
Siempre que le escucho se me pone la piel de gallina. Y con el paso del tiempo, con la juventud como un cuento que algún mercader venció al mejor postor, te das cuenta que sus palabras tienen aun más presencia, más validez.
En "Las pequeña cosas" nos dice que es imposible estar feliz con las cosas que no pueden suplantar el vacío que anida en nuestro ser. Madre mía. Y todo musicado en un fondo de instrumentos de vientos, para que la voz de Rafael siga volando etérea hacia nuestra alma siamesa de todo lo que nos dice su excelsa poesía.
Siembre fue nuestro Jacques Brel, un dandy bohemio que desde la barra de un bar que nunca cerraba, se miraba al espejo, su despeinado cabello, sus ojos cansados, la sombra de la enfermedad que acabaría con su destreza musical. Pero sería más tarde, nos dijo adiós en el año 2020, y hasta entonces nos dejo como herencia discos como "Paradoja" y "Niño futuro", desde hace años obras de lo mejor que ha salido por esta país nuestro tan dado a aupar a mediocres y dejar de lado exquisiteces como lo que hizo Rafael.
"Saturno" y su loa al vino como vehículo sagrado, como instrumento para volar y para caerse, para perderlo todo o para ganar unos momentos de dicha. Vaya emoción escuchar esto. O "Insomne" con ese piano dando la voz a Berrio, como una chanson que es un quejido, como el sueño perdido en una partida de cartas, como la querencia a una paz que no esta hecha para los que sienten volcanes, por que saben que ellos nunca tendrán la calma que desean.
"Sé libre, sé mía", la hizo suya Mikel Erentxun, el cual siempre estuvo pendiente de todo lo que hizo Rafael Berrio en vida y culpable del disco de versiones que hicieron de sus canciones cuando se nos fue, muy lejos eso sí de las originales. Y que decir de "La desgana", se puede decir más alto, pero no más claro. "Creo en la virtud de la desgana". Queda todo dicho. Y luego "Mi reputación" como un Brassens alocado, como un vate que despide sus sonetos para hallarlos en cualquier esquina perdida donde se dejaron besos, promesas, y algún toxicidad mal nacida.
Me encanta la levedad de "Amanece" para terminar con "María Inmaculada", canalla y esplendorosa. Rafael, te echamos de menos. Tus discos descasan en el mueble y me graznan pidiéndome la venía de su reproducción. Y yo me dejo llevar, y no puede dejar de llorar.
Su octavo disco. Como siempre dando la nota en la portada. Así de insoportable es él. También igual de creativo, en un disco que fue número uno en las listas británicas, y que se abre como un tiro con esa guitarrera "I will see you in far-off places", para continuar con la tranquila y hermosa "Dear god please help me".
Tony Visconti produjo el disco, y la cosa la verdad es que se nota. Tenemos de todo lo que ha caracterizado la carrera de Morrissey. Hits inclementes del tipo de "You have killed me" o "The youngest was the most loved", junto a ese barroquismo que nos tenia acostumbrado ("In the future when all's well").
"The father who must be killed" es otra de las piezas destacables de este buen trabajo, digno, y la verdad que ameno sin caer en las ampulosidades tan habituales suya. Se arremanga de melancolía y nos regala "Life is a pigsty".
Ya casi cerrando, mi preferida, la aguerrida y glamurosa "I just want to see the boy happy", como colofón para un trabajo que nos remite al mejor Morrissey.
En este primer disco de este grupo de Chicago, queda claro desde que suena la primera canción, "Camera obscura", que la alegría no es algo que va predominar por este valle baldío de sueños interrumpidos por silencios incomodos.
Slowcore. Y guiños al post rock menos irritante. Paseos como "Waterscene" por paisajes antiguos visitados de los que nos queda nada más que una pequeña resistencia que viene marcada por que a los recuerdos les cuesta emigrar de nuestro cerebro.
"In my pocket a letter, a red wrecked line" es otra estratégica pieza que ondea su bandera de desesperanza con sonidos siempre limpios, al albur de una corte de señuelos para que no perdamos de vista nuestra sin razón por la vida.
Hasta aquí todo bien. En "Flowers over there" se abonan a una dramatismo vocal que quizás rompa la calma total que impera en el trabajo, pero aunque se les nota que tienen aun mucho que mejorar, "Bloodchimes" los pone en algún lugar cercano a Low o Red House Painters, pero eso si, a años luz de distancia. Iremos viendo.
Un grupo formado por miembros de esa gran banda indie casi desconocida que fue Heatmiser y por músicos de Sleater Kinney, no puede ser malo. Y efectivamente, la carrera de Quasi, con sus 10 discos, fue un ejemplo de indie rock beligerante, alegre, repleto de himnos por doquier.
A veces me parecieron los hermanos pequeños de Ween, y en este "American gong", desde que empieza el disco con ese pelotazo eléctrico llamado "Repulsion", lo dan todo con un indie rock vigoroso y efectivo. Vaya puntazo "Little white horse", y esa decadente "Everything & nothing at all", donde bajan el pistón para probarse en la lentitud.
"Bye bye blackbird" es psicodelia con estropajos en los instrumentos, y "The jig is up", es una tonada de renglones torcidos folk, para aligerar algo la contundencia de un discazo de esos que no tiene pero. "Black dogs & bubbles" es otro sabio zarpazo melódico que da paso a la triste "Death is not the end".
Y es que lo bueno que tuvieron Quasi es que lo suyo lo hacían siempre bien. "Rockabilly party" parece una versión del Neil Young más eléctrico para volver a una especie de pop orate con "Laissez les bon temps rouler".
En conclusión, de esos combos de segunda fila, que en ocasiones merecieron mejor fortuna. Los que les conocemos, la verdad es que disfrutamos de una carrera excelente.
El que fuera el cuarto disco del divertimento de Lou Barlow, The New Folk Implosion, es quizás el más redondo de sus trabajos, desde que empieza la inicial "Fuse" donde vemos que el folk del nombre de la banda es solo eso, un nombre.
Aquí Barlow y sus colegas juegan a sonar eléctricos y melódicos ("Brand of skin"), aunque en piezas como "Pearl", bajan el nivel, la cosa se pone divertida cuando suena "Releast" o "End of Henly", dos disparos certeros donde puedes recordar a Sebadoh.
O esa belleza sónica llamada "Coral" pura adrenalina que da paso a "Leaving it up to me" puro divertimento para nuestro sentir. Temas concisos, cortos, pero repletos de cosas que decir "("Creature of salt"), donde hallamos monstruosidades noventeras como "Refuses".
Y es que Barlow es mucho Barlow. Y sino ponte "Proteus" y su funk sideral. Un buen disco, sin duda, este de The New Folk Implosion. Algo para recuperar sin perder tiempo.