Un grupo formado por miembros de esa gran banda indie casi desconocida que fue Heatmiser y por músicos de Sleater Kinney, no puede ser malo. Y efectivamente, la carrera de Quasi, con sus 10 discos, fue un ejemplo de indie rock beligerante, alegre, repleto de himnos por doquier.
A veces me parecieron los hermanos pequeños de Ween, y en este "American gong", desde que empieza el disco con ese pelotazo eléctrico llamado "Repulsion", lo dan todo con un indie rock vigoroso y efectivo. Vaya puntazo "Little white horse", y esa decadente "Everything & nothing at all", donde bajan el pistón para probarse en la lentitud.
"Bye bye blackbird" es psicodelia con estropajos en los instrumentos, y "The jig is up", es una tonada de renglones torcidos folk, para aligerar algo la contundencia de un discazo de esos que no tiene pero. "Black dogs & bubbles" es otro sabio zarpazo melódico que da paso a la triste "Death is not the end".
Y es que lo bueno que tuvieron Quasi es que lo suyo lo hacían siempre bien. "Rockabilly party" parece una versión del Neil Young más eléctrico para volver a una especie de pop orate con "Laissez les bon temps rouler".
En conclusión, de esos combos de segunda fila, que en ocasiones merecieron mejor fortuna. Los que les conocemos, la verdad es que disfrutamos de una carrera excelente.




