De New Zeland y del sello Flying Nun, el mítico sello neozelandés que tantas cosas buenas nos regaló en los 80 y 90. Ya sin escuchar el disco, me tienen ganado. Y es que es difícil equivocarse. Y no hace falta mucho. La inicial "Shade" y ese torrente de emocore contenido que poco a poco se convierte en jauría es el aperitivo de lo que vendrá después.
"Antidote" es un himno repleto de ternura, caricia eléctrica, con un aire a Totorro que engatusa y te alivia, y en "Gleam" se divierten de lo lindo en una andanada de electricidad repleta de enjundia y melodía. Pavor y rugosidad.
En "Warner" se tranquilizan, para volver en "Big air" a las andadas, con un festival de épica, un torrente de luces que van y vienen, la hegemonía de la demolición. "Spiel" está repleto de canciones de esas que son un suculento festín, un preparado seísmo de estribillos que anidan en un mar de suspiros ("Tightropes").
Cuanto te cruzas por la calle de las escuchas con temazos del calibre de "Teeth", sabes que estás ante algo muy grande, y es que los neozelandeses saben todos los trucos para fabricar al por mayor canciones que te achuchan y te miman. En breve tendremos nuevo disco de ellos, habrá que estar atentos.





