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martes, 14 de diciembre de 2021

CURRENT 93. "All the pretty little horses" (1996)

 



Este es uno de los discos donde sobrecogerse es obligado desde que se inicia este viaje a Hades con el inicio con "The long shadow falls". La banda de David Tibet, que empezó su andadura a mediados de los 80, y que tuvo etapas donde se les podía meter en el bombo de la música industrial, desarrolló a posteriori un cambio de registro notable, donde lo acústico y lo psicodélico se aunan para llevarnos de la mano de su mensaje oculto. 

Porque ocultos son los textos de David Tibet, esóterico y abisal, en "All the pretty little horses" se rodea de un elenco de músicos que dan todo lo mejor para que esas notas funestas que presagian apocalipsis, te mezan en una nana siempre fatal. "Calling for vanished  faces I" con su flauta rural, "The Inmost night" con ese aire a misa negra, o "This carnival is dead and gone" una especie de folk de ultratumba. 

La muerte, el dolor, el patripasianismo ( una de las tantas herejias perseguidas por los santos varones de la "santa iglesia"), y su extraña forma de cantar, todo es favorable para cuando escuches el disco lo mismo resuene sobre ti, en el alto cielo, las mismísimas trompetas de Jericó. 

Cuando Tibet se tranquiliza le sale bellezas del tipo de "The bloodbells chime", con piano incluido, para en "The frolic" llevarnos en sus 8 minutos a una danza macabra que no sabemos como puede acabar. La más dura de todo el lote es "Twilight twilight nihil nihil", una vesanía de corte medieval rodeada de un halo minimal que asusta. 

Y para terminar, la colaboración estelar de Nick Cave en "All the pretty horses" y "Patripassian", donde el australiano esta en su salsa, haciendo lo que mejor saber,  como crooner de la desesperanza, un dos delicadas piezas perfectas para un disco que como anuncié al principio, sobrecoge. No apto para optimistas recalcitrantes y si para degustadores de todo tipo de absenta musical, amantes impertérritos de las necesarias flores del mal.....


martes, 16 de junio de 2020

COIL. "The ape of naples" (2005)

Este fue el disco de despedida que esta misteriosa y enigmática banda experimental nos regaló para el uso y disfrute de los que nos apasiona los paseos en barcas por Hades efímeros, por aguas siempre traslucidas donde las almas penetran hasta el confín del entendimiento. 

En 2004, falleció su vocalista John Balance, y el disco es una compilación donde se nos muestra la versatilidad, sutileza, y sobre todo la sugestión que creaban en cada uno de sus trabajos, lugares por donde perderse y siempre hallar nenúfares sónicos donde pernoctar entre agitación y calma. 

"Fire in the mind" y sobre todo los 10 minutos hipnóticos de "The last amethyst deceiver" son las primeras piezas donde se vislumbra el teatro musical que creaban, la repetición que atrapaba con la voz de Balance confesando palabras siempre bendecidas como salmos misteriosos. 

Peter Christophersen la otra parte de Coil, todavía con el dolor presente por la marcha de su colega, selecciona los temas que más representan la vida de un combo de esos que tuvo la profundidad y la búsqueda como principales componentes compositivos. 

"Triple sun" da miedo y "It's in my blood" seria una buena acompañante por si quieres empezar una velada con Swans y seguir con Coil. Folk oscuro es "I don't get it" y eh "Heaven's blade" hacen su aparición elementos electrónicos que casan a la perfección con la idiosincrasia de Coil. 

Todo Coil era así. Sus conciertos, un ritual, sus discos un regalo para los que amamos la transgresión ("Cold cell"). Para terminar este baile de espectros, "Amber rein" y "Going up", dos fogonazos de oratoria decadente que te pone los pelos de punta. 

Valga pues esta dedicatoria a una banda increíble, y este disco para los que aun no han caído en sus redes abrasivas. Enormes Coil. 




jueves, 21 de mayo de 2015

SWANS. "The Burning World" (1989)


"The Burning World", ha sido el único disco que ha sacado Swans en una multinacional. Quizás por eso halla pasado de puntilla en su discografía. Fue el lp que vino después del inmortal "Children of god" donde la banda de Michel Gira y Jarboe, abandonaron los ambientes asfixiantes  para experimentar en otras tonalidades, siempre peligrosos, pero abiertos a la épica, a un folk del apocalipsis.

"The Burning World", producido por Bill Laswel, tiene el encanto de mostrarnos la faceta más sosegada de la bestia. "The river that runs with love won't run dry" es un archipiélago de terciopelo, agitado por el acompañamiento siempre peligroso de Jarboe.

Disco acústico, cuenta con la colaboración del violonchelista Garo Yellin y el sitar de Ravi Shankar, para dotar al disco de un aire oriental que pone música a la perdición del hombre, atado por su voluntad de caer y no volar. Oyendo la votalidad de Jarboe, en "Can't find my way home", su fragancia vocal, me cuesta creer que solo se vendieron 5000 ejemplares en el Reino Unido del disco, siendo eliminado al poco del catálogo de la label.

No están hechos los peligros del corazón para todos el público. La masa se conforma con dejarse llevar."The Burning world", es el disco más digerible de la amplia carrera de Swans, pero no es una excusa para denostarlo. El peligro sigue presente, aunque hallan cambiado la soga del ahorcado por un veneno dulce.

"Mona Lisa, mother Earth", tiene el trotón ritmo de sus viejos trabajos, pero aqui el león no ansia la devoración sino la contemplación del fin. Góticos después de lo oscuro. El sexto disco de Swans es un puente, a lo que vendría después (sobre todo el espeluznante "Love of life", (1992), cuyo vinilo guardo como oro en paño y que escucho cuando mis entrañas notan que el ocaso se acerca martilleando con trompetas de juicio final), donde te dejas llevar por tracks susurrantes como "(She's A) universal emptiness", balada sin dios, fuego y aceite hirviendo.

Y "Saved" es para entonar en un prado repleto de centauros, nasal como siempre Gira, en medio de un suculento postre instrumental que ofrece levedad  y canto de sirenas.En "I remember who are you" es Jarboe quien lleva la batuta, quien releva a Gira al frente de la tormenta calmosa, puro libertinaje para escapar de dolores pasajeros.

Swans, siempre Swans. "God damn the sun", es el cierre a esta aventura. Se me pone la carne de gallina cuando oigo recitar a Michel en medio de un vals perdedor, las cuerdas aprietan pero también liberan, la cítara reclama su trono, los demonios duermen la siesta, y el corazón sigue siendo un lugar donde detenerse para perder tiempos. Swans, los cisnes que galopan, el runrun de la decadencia.