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viernes, 21 de febrero de 2020

BARDO POND. "Bardo pond" (2010)


Qué difícil puede resultar de inicio introducirte en el universo sónico de esta banda norteamericana, y que complicado también es salir de su bucle musical, donde quedas atrapado por una tonelada de psicodelia, de dream pop, de post rock de ensueño, ismos todos válidos para definir el paradigma de un grupo que lleva desde principios de los 90 llenándonos la vida de suculentos mensajes en botellas donde podamos extraviarnos con paz ("Just once").

La voz de Isobel Sollenberger, se rodea de unos músicos que se emplean como cirujanos competentes en rasgar túneles en la sonrisa de una psicodelia que agradece el hechizo expansivo de unas guitarras que te adormecen y te hechizan, como en ese rugido que es "Don´t know about you".

Discos como "Amanita" (1996) o "Dilate" (2001), forman parte de ese señuelo que ofrecen para los amantes de sensaciones de ensueño. Y este homónimo album no iba a ser menos. "Sleeping" es una sideral muestra de sacudidas de burbujas, éter entre flautas y levedad, robando al aire protagosnismo, instalándonos en un frenesí acariciador. Cierra los ojos, déjate llevar y verás.

Hasta los 20 minutos de "Undone" se te pasa en una fracción de luz, cuando te dejas mecer por Isobel y esa contienda de paz espectral que reside en cada fragmento del tema, donde domina la introversión, el ir siempre más allá.

"Cracker wrist" es otra gema de esas en bruto, la más rugosa de todas, la que más se explaya con un muro de sonido demoledor. La delicada "Await the star" te pone los pelos de punta, para acabar el apoteosis con ese gran fuego de artificio que es "Wayne's tune".

La última noticia que tuvimos de ellos fue ese bestial "Volume 8" (2018). Imagino que desde entonces, se hallen extraviados en algún mundo onírico repleto de colores vivos, buscando nuevas formas de transcendencia.



domingo, 1 de noviembre de 2015

BARDO POND. "Amanita" (1996)


"Amanita" fue el segundo disco de este quinteto que desde sus inicios han tenido la capacidad de intoxicarnos con su space rock sumergido en aguas ponzoñosas, en delirios nacientes por esa sensación de exceso que te encuentras a cada paso cuando escuchas sus discos.

Los diez minutos que hacen de inicio en este doble disco con "Limerick", con sus guitarras rugiendo en espuma, con la voz de Isobel Sollenberger en medio de un caos de ácido y surcos de ojos cerrados son un buen señuelo para compartir con ellos un buen rato grande.

Tienen algo de shoegazing, ("Sentence"), intentando hacer del feedback una corazonada con melodía que arda, divagando con altas y bajas presiones sensoriales. Pero donde Bardo Pond estaban agusto era en el fango, con dentelladas como "Wank", psicodelia y peyote, algarabía y de luces carnívoras. "Sometimes words" es tersa y acogedora, arrullos desde la tormenta en medio de algo que podia pasar por pop pero sin llegar a tanto.

"Yellow turban" es una locura desquiciadora, un bálsamo contra la paz de tus oidos. Aqui lo que escuchas es un enjambre de electricidad que se convierte en tormenta y que nos deja en "Be a fish", la más lograda del disco, puro festival de un desorden neurótico de guitarras combatiendo para ver quien es el que se lleva la carta ganadora.

Para terminar la envolvente "RM" donde la flauta toma la batuta del tema, girando alrededor de ella todo esa hecatombe psicodelica de una banda que no se andaba con chiquitas cuando queria subir el volumen de nuestras sensaciones.

viernes, 7 de noviembre de 2014

VARIOS. "The space project" (2014)


 
Hermoso. Sideral. Emocionante. Tras "The space project" encontramos un disco dedicado al espacio, a las radiaciones electromagnéticas halladas por los satélites Voyager que se lanzaron para investigar el Sistema Solar.

Esta antología es un muestreo de lo que se vislumbra en el mapa de los cielos lejanos por medio de unas bandas que han puesto sus cohetes a propulsión, que se han dejado llevar por los silenciones del orbe, por las dimensiones desconocidas que abren grietas en agujeros negros.

Y aquí hay para todos los gustos. Spiritualized nos regalan "Always together with propulsor you (The bridge song)" , con ecos a Lynch, ponzoña arrebatadora, sinergia luminosa.  Los desconocidos Holydrug Couple, con "Amphiritrites lost" se van de copas a una estación espacial donde el space rock milita en cada reflejo sonoro.

El pop extraño y melancólico de Youth Lagoon y su "Worms" es una amalgama rutilante de esporas que manchan ansiedades húmedas. Otra joya, Blues Control se las arreglan con su  "Blue danube" para hacer girar el reloj del rock más progresivo del lote.

La mejor canción nos la trae Beach House con "Saturno song", una nana satuniana para cohabitar en anillos planetarios. Luego Zomes y Jesús con "Moonlet" y "Song of earth" respectivamente nos ofrecen dos dádivas para cruzar mundos perdiendo la conciencia.

"The space project", una buena manera de volar, de perderte por el sino de un aullido sideral, de ser un astronauta a la deriva en busca de su santo grial.


domingo, 6 de julio de 2014

GALAXIE 500. "Uncollected" (2004)


Entramos en Galaxie 500. Nos ponemos los cinturones. Un grillo suena asustado en "Cheese and onions", mientras los planetas giran sin parar en una locura arcaica, antigua, extraña. Dean Wareham y Naomi Yang se han puesto los cascos, y se han introducido en las capsulas del sueño. Viajarán por el espacio 100 años sin despertar. "Uncollected" no para de sonar en la nave.

"Uncollected", un disco para que jamás olvidemos a esta galaxia quinientos. "Cheese and onions" es una versión de los Beatles. Me quedo con Galaxie 500. Imprimen una melancolía que raya en la abulimia. Una tristeza de estrellas siderales abandonadas a su suerte por un demiurgo hasta las trancas de drogas espaciales.

"Uncollected", recopilación, rarezas, maneras de que no olvidemos a los astronautas que siguen en órbita. "Them" es una de las que no apareció en ningún álbum de la banda. Grandiosa, como todo el almanaque matemático que consiguieron desarrollar para nuestra felicidad.

"Maracas song" es otra muestra más de la lentitud especial de esta banda que se enredaba con las guitarras en diálogos de sordos, en raciones de humor cariñoso. Escucho de nuevo "Blue thunder" y casi me echo a llorar, un montón de recuerdos, las cuerdas tocadas con silencio, la voz que se arrastra mientras la lluvia se cruza unas palabras con el saxo que apenas viene, apenas se va. Dean y Naomi, siguen dormidos. Se han dado la mano mientras la nave ha entrado en un mar de asteroides. No hay problemas. El fuselaje aguanta, las canciones no paran.

"Crazy" es agitada, envolvente, se cuece en un crucero de miradas perdidas, de ritmos de vigilia enfermizo. No pasa nada "Jerome" y se enciende el piloto de alarma en la nave. Se suceden los minutos sin apenas pasar el tiempo, las luces del espacio y la pasividad  y el no ruido de esa maquina que recorre el orbe sonando músicas para recordar viejas edades.

"Song in 3" es delicada y jazmín, una oda destartalada de miel y locura, una agitación para que vuelva la vista atrás y ponerme a tono con los recuerdo. Galaxie 500, la pelicula sin fin. Dean y Naomi siguen dormidos, han llegado a un planeta fuera de la galaxia, de nombre extraño, rimbombante.

Silencio, se rueda. "Oblivious" te mece y tu te duermes. Los dos viajeros espaciales se están despertando. El disco no deja de sonar. El cosmos a nuestros pies, la Galaxia 500.