Me encantan The Montgolfier Brothers, el divertimento de música otoñal de Mark Tranmer y Roger Quigley, siempre pusieron sus notas para acunar mis soledades, para ejercer de un buen bálsamo para esos días llamaba a la ventana de forma insistente las notas del aguacero.
En este, su segundo disco, los de Manchester empiezan con "2.55 Newbuty", introducción genial para lo que viene después. Pop repleto de artesanía en "The understudy", y sobre todo genialidades del tipo de "Be selfiesh", música para olvidarte del ruido, para sentar la cabeza entre sueños de rosas nunca marchitas.
Aquí aparece una de las mejores canciones de su carrera, ese himno triste que titula el cd. Se te pone la piel de gallina cuando avanzas con la canción entre lugares solitarios, con el ruido del viento como único acompañante en uno de esos paseos tan necesarios para pensar.
"The second takes forever" es pura nostalgia para tus oídos y "Swings and roundabouts" es barroquismo con sentido. Que buenos los Montgolfier. Y que decir con esa suavidad que desprende "I couldn't sleep, either", pura apología de la suavidad total.
Ahora que nos achicharramos de calor, nada como The Montgolfier Brothers, para darnos un baño de frescura, una epopeya de dramas con final feliz.

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