Su octavo disco. Como siempre dando la nota en la portada. Así de insoportable es él. También igual de creativo, en un disco que fue número uno en las listas británicas, y que se abre como un tiro con esa guitarrera "I will see you in far-off places", para continuar con la tranquila y hermosa "Dear god please help me".
Tony Visconti produjo el disco, y la cosa la verdad es que se nota. Tenemos de todo lo que ha caracterizado la carrera de Morrissey. Hits inclementes del tipo de "You have killed me" o "The youngest was the most loved", junto a ese barroquismo que nos tenia acostumbrado ("In the future when all's well").
"The father who must be killed" es otra de las piezas destacables de este buen trabajo, digno, y la verdad que ameno sin caer en las ampulosidades tan habituales suya. Se arremanga de melancolía y nos regala "Life is a pigsty".
Ya casi cerrando, mi preferida, la aguerrida y glamurosa "I just want to see the boy happy", como colofón para un trabajo que nos remite al mejor Morrissey.

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