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miércoles, 16 de agosto de 2023

L&S. "When the vowels fall" (2022)

 


L&S es el proyecto del músico francés Anthony Laguerre, aficionado a jugar con la improvisación y con la música electrónica, que en este disco cuenta con la ayuda del componente de The Ex, Sok. El resultado: brillante, épico, como salido de las cenizas de un mal sueño de Swans ("Utter matter"). 

Pero este disco tiene mucho más. Desde el sonido de cuerdas que parece salir de un monte repleto de elfos en "Medicine", hasta ese pepinazo llamado "For you, my love", con un inicio que es pura catarsis, con una guitarra que llora y juega, con una emoción que barrunta tragedia. 

"Dows goes to blues", parece salida de un relato de Poe,  y en "Can't breathe", la más eléctrica del lote, es un compendio de todo lo bueno que se puede hacer, con una base solida con influencias de música siempre alejada de la luz. 

Se nota que Laguerre ha oído bastante los últimos trabajos que realizó Scott Walker. "Krant & Schaar" es una sinfonía de duelo y de martillos a tu corazón y el final con "A case of fire", otro guiño más a Swans, sirve de ocaso para un trabajo que escucha tras escucha, va conmocionando mas. No hay que perdérselo.


miércoles, 10 de enero de 2018

DEERHOOF. "Mountain moves" (2017)

No, Deerhoof no se han "comercializado" con la edición de este "Mountain moves". Eso al menos puede parecer cuando escuchas "I will spite survive", con Jean Wasner apareciendo por el tema. Pop loco, con vena ecléctica, más cercano que sus anteriores producciones, pero igual de orate en concepto y forma.

El cuarteto con la voz de Satomi Matsukazi al frente, aportando ese aire exótico y siempre infantil, se ha rodeado de una buena corte de colegas para dar un paso más en una interesante carrera. La ex-Stereolab, Laetitia Sadier en "Come down  here & say that" aporta su voz para catapultar a Deerhoof al mundo de los grupos siempre extraños y necesarios.

También Juana Molina en "Slow motion detonation", repica pop y majestuosidad. Un punto la versión de "Gracias a la vida" de Chavela Vergas. 1 minuto les basta para que entre la funk "Begin countdown" y la guitarra juguetona para hacernos a todos danzar como malditos.

"Your dystopic creation doesn't fear you" parece un aberración rap al principio para que al poco la distorsión desquiciada entre al combate  y suene "Ay that's me", dance sideral, fogatas y lluvia, hibernadero de luces pedregosas.

No, Deerhoof siguen en plena forma. Desde que me hice en su día con el alocado "Milk man" (2004) no les he perdido de vista. Su propuesta es como una derivación post de estilos que por su batidora suenan atómicos, especiados, repletos de fundamento y enjundia. En una misma canción puedes encontrar uno o dos más giros de timón, ofreciendo al oyente la garantía de estar ante algo distinto.

Hasta suenan orientales en "Palace of the governons", árabes con chilabas espaciales, kif de gafas multicolor, sueños y volar libres sin ataduras. 15 temas que pasan como un suspiro, que se enreda en tu sien, que ofrecen alforjas de lisergia, volumen atronador. La que titula el disco con Matana Roberts, el bajo es el que cobra protagonismo junto a los vientos arrolladores, para en "Sea moves" moverse en ritmos negros y en "Kokoye" con unos teclados juguetones, llevarnos a este planeta donde Deerhoof llevan años viviendo de espaldas al mundo.

"Mountain moves", otra golosina para llevarse a la boca, otro artefacto onírico y astral. Es oir cantar a Satomi y romper cielos. No te fallarán.


domingo, 6 de diciembre de 2015

CAPILLARY ACTION. "Capsized" (2011)


Superdisco, superbanda, superdescubrimiento.  Suena "Methheads & Mormons" y no puedes más que quedarte boquiabierto. Swing, jazz, trompetas al viento, sacudidas nerviosas que te dejaran sin aliento. Capillary Action es una banda originaria de Philadelphia, con Jonathan Pfeffer como miembro fijo desde sus inicios.

¿Qué hacen Capillary Action  que les hace tan recomendables para tu salud musical? Que son una batidora que no para de mezclar ismos, de vanagloriarse por una fusión catártica de avant rock con frenesi y imprudencia jazz. "Expensive habit" es otra golosina envenenada, otro dulce de esos que te dan para que no te quedes tranquilo.

Experimentación y arte, jugar como chavales comprobando hasta donde se puede llevar un instrumento ("The castle is real"), con el saxo tocando a arrebato, compostura y fuego sin freno. Joder que pedazo de disco. "Phanatical" es avant rock con percursión del Caribe. No, no es una broma. Si llevas tiempo buscando algo que te pueda romper tus esquemas, eso son Capillary Action. Lástima que desde la edición de este disco no sepamos nada de ellos.

Por eso tenemos que disfrutar de ese desmán llamado "Sweepstakes", juguetona y traviesa, viento de cola con astillas en unos ritmos dislocados, pulsiones, y cuerdas que en directo tendrian que dejarte sin habla. "Stocks in short supply" es más tranquila, un folk de terciopelo, un programa radiados de ondas calurosas.

La que más me gusta es "Feeding frenzy", como si fueran una big band completamente orate, de ácido hasta las patillas, soberbio batiburillo ritmico que no pierde la cara al empeño de sonar demoledor. "Unnecessary surgery" divaga y sorprende con su aire explosivo, conjuga jazz y rock avanzado en una treta que levanta cielos. Hasta se atreven con el clasicismo más ortodoxo en "Brackish love", donde los violines suenan a cadencia barroca, donde el frente de batalla es el lirimo cautivador.

Necesitamos más grupos como Capillary Action. Rugen las calles, se espantan los males, se oyen los siseos de la rebelión. Emoción a raudales.



martes, 24 de marzo de 2015

DEERHOOF. "La isla bonita" (2014)


12 discos con este. Y sigue la banda liderada por la nipona Satomi Matsukazi apañándosela que para no cambiando nada sigan siendo atrayentes, explosivos, rítmicos, geisir orate. Empezar un disco con "Paradise girls", y su ritmo de baile desquiciado, funk para almejas, es como si no conoces nada de ellas, perderte en un laberinto de salidas más que complicadas.

Lo suyo es fácil. Cogen el rock, lo estrujan, sale pus de noise, otros venenos de juguetes, y flemas pop de esas de dificil ubicación ("Mirror monster"). Satomi sigue siendo un vendaval, y Greg Saunier a la batería y John Dieterich a la guitarra continuan provocando dulce pavor.

"Doom" es un motín que no se acaba, ruidos y estrafalarios mecanismos de conducta musical psicopatas en una rueda que no para, en un torbellino de placer inmenso. "Last fad" suena a no wave pasada por el barniz de una modernidad bien entendida, rugir y rugir, parar y correr, trio que se desmelena en avant-rock colegial, muestras de encantamiento, fragor y batalla.

"Exit only" es un bazooka de punk rock pesado, mazacote que viene pintado por dentro y fuera por colores guerreros, tambores y lujuria, melodía bienvenida, crispar y más crispar, bonanza del rock, raíces que crecen y desparraman ismos.

12 discos. Unos cuantos años de vida para una formación que aprendió de los Ramones que cambiar es un error. Que jugar a romper ritmos y vocalizar ostiazos rítmicos vale siempre, es una asignatura ganadora cuando hablamos de esta impactante conferencia de rock sin miedo a perderse. "Big house waltz" es una anti-dance de dimensiones colosales, aullidos y quiebra en los sentidos mientras la guitarra y la voz de Satomi hacen freerock furibundo y nasal.

"Oh Bummer" la más elaborada de "La isla bonita" es la que acaba con este vendaval, con este púlpito de experiencias aconsejables para los que aun no se quieren cansar del rock, Hay vida después de la música independiente manida. Deerhoof ( y otros), están con nosotros para llenarnos de rebelión.


lunes, 9 de mayo de 2011

RADIOHEAD. "The king of limbs" (2011)


Tuvieron todo a su favor en el comienzo de su carrera, con la publicación de "Pablo honey" (93), para ser uno grupo llena estadios, una banda querida por los medios, cuidada por su publico, con pocas criticas negativas. Eran los 90, y Thom Yorke, demostró desde sus inicios que el iba por libre, que a pesar de pelotazos como "Kid A" (2000), lo suyo era asumir riesgos, pasar de ser uno más de los artistas portadistas que tu y to sabemos.

Prácticamente les he seguido desde el principio, y tengo casi toda su obra. Nunca me han defraudado, siempre me los he tomado en serio, en cada nuevo trabajo he visto motivos para afirmar que son de esos tipos que se creen lo que hacen, que demuestran con su quehacer una necesaria evolución de sonido, siendo ellos mismos.

Asi me tome la escucha de este "The king of limbs", como una confirmación,tras la escucha previa de algun tema, de que lo suyo seguia siendo algo serio, de que su forma de trabajar las canciones los hacen indispensables para los buenos amantes de la buena música independiente, cogiendo el termino independiente con las pinzas que siempre uso dado lo sobado que acaba siendo el termino.

Bueno, ciñéndonos a "The king lof limbs", decir que desde el piano que da inicio a "Bloom" para convertirse de golpe en un pelotón de glitchs presionados con sabiduria y tesón, hasta la electrónica con que nos despiden en "Separator", todo es Radiohead de ultima época elevado al cuadrado para disfrute de los que seguimos a Yorke y compañía.

En medio, toneladas de excusas para no perderse este portentoso trabajo de unos tios que les va de maravilla yendo a su bola. "Morning Mr.Magpie" es un torbellino rítmico repleto de frenesí y cadencias para dislocarte. Y la maravillosa "Little by little" es el mismo York que nos engatusaba con su voz, el que se pierde de maravillas en un laberinto de luces y sombras electrónicas.

"Feral" es oscura y voluminosa, un antihit emocional para los que dicen que Radiohead estan siendo continuamente mimados por las fabricantes de ídolos. En "Lotus flower" te dejas llevar por el baile frenético de Yorke con sus sandalias electrificadas, con sus ritmos entrecortados.

Pero tambien hay ternura en "The king of limbs". Se llama "Codex" y con su piano conmovedor te llevará a los lejanos tiempos donde Radiohead confeccionaba corazones grapados con amnesia.

Asi es este "The king lof limbs". La mejor manera de volver de Radiohead, la certeza de su buena salud, la certificación palpable que nos encontramos ante uno de esos grupos que sin engañar a nadie, siguen fijando su carrera al margen de los que siempre dicen que son los mejores.