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viernes, 8 de marzo de 2024

GAVIN BRYARS. "The sinking of the Titanic" (1975)

 


El nacimiento de este gran disco de ese enorme compositor llamado Gavin Bryars, reside en una leyenda. Dicen que en el momento en el que el Titanic se estaba hundiendo, la orquesta del barco estaba tocando en la popa de la nave más famosa de la historia por el final que tuvo. 

"The sinking of the Titanic" es un bálsamo de música clásica contemporánea, una delicada muestra del arte de Bryars en saber musicar tristezas, dramas, aconteceres ("Titanic Hymn: Autumn" es una buena receta de este menú de paces interiores que bogan entre esta sinfonías de cuerdas que te embriagan y te calman). 

Las violas de Alexander Balanescu son como un fortín de silencios que te dejan sin palabras ("Hymn II" e "Interlude"), y la orquesta que acompaña a Bryars, es toda una inmersión en paracaídas hacia lugares ignotos donde podemos vislumbrar los fantasmas de los desaparecidos  ("Hymn III"). 

El disco editado en forma original en 1975, ha vuelto a resurgir de las oscuridades del tiempo en sucesivas ediciones, aportando nuevas texturas a un material de por si ya altamente inflamable en lo referente a la emoción que provoca su escucha ("Hymn IV). 

"Last hymns" y sobre todo la intensa y extensa "Woodblocks", con sus 11 minutos, son la mejor manera para acabar un trabajo que te obliga a investigar en la dilatada e interesante carrera de uno de los personajes más inquietos de lo que se llamó música contemporánea. 


jueves, 25 de enero de 2024

OLAFUR ARNALDS. "...And they have escaped the weight of darkness" (2010)

 


Belleza sublime. Y tristeza. Mucha tristeza. Los trabajos del islandés Olafur Arnalds, están todos tocados por la varita mágica de la tragedia íntima, de los silencios que no se rompen nunca, de los cielos devastados. 

Y este "... and they..." no podía ser menos. Desde que empieza a sonar "Bu ert sólin", con su continuación de piano elevador ""Bú ert jordin", estamos metidos de lleno en una especial recopilación de sueños siempre vencidos. 

El disco es para ponertelo en bucle, cuando la lluvia arañe los cristales, cuando tu corazón lata espuma, cuando la mar que está lejos llegue a tu casa a través de los recuerdos ("Tunglio"). Delicadeza extrema, lírica que extenua ("Loftio verdur skyndilega kalt"), todo el disco es para que tus ojos se cierren abejarucos ("Kjurt"). 

Y el agua cae y escampa ("Gleypa okur") y las teclas son un señuelo que se abre en canal para tu dicha efímera ("Haegt, kemur, ljosio"). Y cuando termina el disco con "Pau hafa...." te da la sensación de que has estado perdido en un laberinto repleto de ninfas añorantes, de luces que se quiebran en oscuras noches. Gran disco, gran experiencia esta escucha. 


jueves, 9 de junio de 2022

CRAIG ARMSTRONG. "Memory takes my hand" (2008)

 


No sólo es reconocido el brillante compositor escocés Craig Armstrong por ser un afamado creador de música para bandas sonoras. En su haber tenemos discos (sobre todo el aclamado "The Space between us") de esos que cualquier buen melómano debe de tener en su discoteca personal. 

"Memory takes my hand" es un compendio de música neoclásica, orquestal, para apagar calores, para secuenciar sentimientos. Desde los casi 20 minutos de la inicial "Immer (Violin concerto  No.1)", donde recrea a su manera música del músico electrónico Fennesz, siguiendo por las 15 piezas para orquesta, de apenas 1 minuto y poco de duración agrupadas para el epígrafe de "One minute", notas la levedad de unas notas que a cada paso marcan un camino que lleva a la contemplación más explícita, a viajes interiores lejos del horror. 

Acompañado por la BBC Symphony Orchestra, en la tercera parte del disco, bajo el nombre del disco, se guarda otra colección de 12 extractos de sinfonías acordes con el espíritu que recrea un trabajo que hasta cuenta con la colaboración de una soprano, que hace que el nivel del espiritualidad se conserve en cada surco de este campo rendido a la emancipación del alma. 

Poco más se puede decir de un cd que es mejor degustarlo de forma personal a la deriva de los sentidos, percatándose a cada escucha de fragmentos que completan una bella y ensamblada pasión por los lugares donde el único ruido posible es el silencio. 


martes, 8 de junio de 2021

LISA GERRARD. "Immortal memory" (2004)

 

Adentrarse en un disco de la ex cantante de Dead Can Dance, Lisa Gerrard, es garantía segura de que te vas a ver imbuido en una niebla acogedora, en un suspiro de calma nacida por esa voz que amenaza tristezas. Ya puede ser en solitario o en sus discos compartidos, no te queda más que sentarte y esperar que las nieblas desaparezcan entre la bruma de su cantar. 

En este caso a medias con el compositor irlandés Patrick Cassidy, a Lisa no la hace falta mucho para hechizarnos. En "Maranatha (Come Lord)" te falta el aire cuando penetra hasta tus entrañas esas modulaciones etéreas tan suyas (cantada en arameo, hay queda eso). 

Sombras celtas se pasean por este maravilloso trabajo junto a orquestaciones de esas que dan pie a lo mejor de Gerard, como esa épica tonada llamada "Amergin's invocation", nacida para un pelicula de esas de duelos y venganzas, de dolores y transcendencias. 

"Elegy" es puro Dead Can Dance, casi siete minutos paseando cerca de una cascada liviana de ruido, casi siete minutos remando en un lago de profundidad de ternura. Envolvente y mágica. Como "Sailing to Byzantium", y esa tormenta de cuerdas perfecta organizada para elevarte con la estridencia suave de Lisa, con su pulso vocal que transciende y te derrite. 

En "Abwoon (Our father)", Gerrard recita el padrenuestro y lo hace en Arameo. ¿Qué más se puede decir? Nada, dejarse llevar y estar preparado para lo que viene en la que titula el cd, otra muestra de lirismo avasallador, donde Cassidy prepara a la perfección la estancia para la gesta sonora de Lisa Gerrard. 

"Paradise lost" es la más cinematográfica de "Immortal memory" y "I asked for love", basada en un poema de Digby Mackworth Dolben, acaban esta excursión de pulsiones internas que es un trabajo, como todo lo que ha hecho Lisa Gerrard en toda su carrera, necesario e indispensable para los que gozamos de esta paz que irradia de su mágica voz. 

martes, 16 de marzo de 2021

OLAFUR ARNALDS & ALICE SARA OTT. "The Chopin project" (2015)

 

Ya tenía fichado a Ólafur Arnalds hace tiempo como el excelso compositor de esa especie de nueva música clásica, apegada a la electrónica y al ambient. Con este disco a duo con la pianista Alice Sara Ott, recrea piezas de Chopin para taladrarte el corazón sin miramientos. 

Una reinterpretación del universo de Chopin con sintetizador e intrumentos antiguos, con el piano de Alice para elevarte aun mas en una burbuja de éter explosivo. "Verses" te hace encoger el corazón, y "Piano Sonata Nº3: Largo" es de una delicadeza que hace palidecer la flor más esbelta. 

Cuanta belleza reunida en estas 10 maravillosas recreaciones que te dejan sin duda pegado al sillón, notando como las notas se convierten en mariposas o en legañas de un cielo imposible de imaginar. "Nocturne in C Shar Minor" cuenta con la violinista noruega Mari Samuelsen, como compañía perfecta para acicalar el viento con aires repletos de nostalgia imposible. Pura catarsis sin duda. 

"Reminiscence" es intimista, como la preparación perfecta para la primavera que está a punto de venir, y en "Nocturne in G minor", es el piano quien lleva la batuta, el mando de un crisol de lluvia que acontece delirios. La compenetración es perfecta entre ambos. El clasicismo y las formas más actuales de visionarlo, casan a la perfección en una conjura repleta de suspiros ("Eyes shut-Nocturne in C menor"). 

"Letters of a traveller" y "Digital booklet: the Chopin project" son dos muestras más de la grandeza que se expanden por cada surco de un disco repleto de islotes donde hallar paz, donde perderse mientras cierras los ojos y te preguntas sobre el verdadero sentido de la tristeza regeneradora. 


sábado, 7 de noviembre de 2020

ELUVIUM. "Copia" (2007)

 


Hay veces que la música es un analgésico, una inyección de morfina en tu corazón, un medicamento para prescindir de ciertos alientos oscuros. Escuchar a Eluvium, es como ver siempre llover protegido desde una aislada casa es un bosque sin más ruidos que tus latidos. 

Eluvim, el proyecto que navega entre el ambient, el neoclasicismo y la música minimalista, y que dirige con brillantez Matthew Cooper, siempre nos ofrece señuelos para perdernos en su coordenadas de suavidad necesaria. 

"Copia" fue su cuarto disco, y como el resto de su discografía, es todo un puntazo de principio a fin. El inicio sobrecogedor con "Amreik", los diez minutos de sinfonía natural de "Indoor swimming at the space station, o esa tristeza que rezuma "Seeing you off the edges", son sólo una muestra de este hechizante viaje. 

El piano te desgarra el alma en "Prelude for time feelers", y cuando llegas a "Requiem on Frankfort Ave", ya no te queda más respuesta que seguir envuelto entre las mantas, cerrar los ojos, dejarte llevar y ofrecer a la tranquilidad tu mano en el invisible silencio perfora asideros convertidos en vaho.

Cuanta belleza en "Radio ballet", cuantas veces que me he puesto esta semana "Reciting the airships" con su envolvente manto de caricias de rocío, o ese final llamado "Repose in bleu", que empieza entre la niebla más absoluta para sumergirte en un huracán de clasicismo atroz. Maravilloso. 

Hay días que parece que te vas a comer el mundo, que puedes con todo, que tiras para adelante sin mirar atrás. Otros sin embargo, avanzas como una tortuga, sin querer salir del caparazón, sin ganas de nada. Eluvium es una buena vacuna, sin efectos secundarios, un placebo que amansa y reconforta, el sonido de la perpetua levedad.


domingo, 17 de mayo de 2020

CRAIG ARMSTRONG. "Sun on you" (2018)


Craig Armstrong, conocido sobre todo por su labor como hacedor de banda sonoras, siempre le recordaré por esa pedazo de disco que hizo en el año 2002, "As if to nothing", donde aunaba su afición por la música clásica con incursiones en la música electrónica y más actual. Fue todo un bombazo, un artefacto de esos que te llega muy adentro.

"Sun on you", fue su primer disco grabado para el sello Decca y se hace acompañar por la Scottish Ensemble. Y la verdad es que es todo una maravilla de tranquilidad y paz, donde el piano es el principal protagonista de esta epopeya de lírios y fragancias ("If you should fall" y "Restart" es una buena muestra de ello).

Escribo el articulo cuando el domingo ha pasado la hora de la comida, cuando la tranquilidad reviste cada soporte de la casa, cuando un hilillo de viento entra por la ventana quedándose enganchado en mis parpados, o en estos dedos cautivos de la escritura que ansían ser los vasos comunicantes de lo que escucho. Por eso es tan fácil rendirse a "Marelle", o cerrar los ojos cuando suena esa delicada pieza llamada "Mono".

Craig Armstrong es un mago de emociones, con su batuta penetra muy adentro de nosotros, crea mundos donde poder descansar de tanto hastío y miedo. Hay suena "Shifted" para que sintamos esta emoción que nos atrapa y nos posee. Maravillosa. "Somewhere" te encandila por su misterio y "Alti" es como recordar cuando Michael Nyman nos hacía palidecer con su alfombra de ternura.

Triste suena "For Emma" y "Half light" es otro tremendo abanico de luz interior. Así todo el disco, hasta el capitulo final llamado "Saudade". Que bonitos campos son los que se dislumbran cuanto te pones la mano como toldo en tus ojos e intentas mirar que hay más allá del horizonte. Quizás solo a primera de cambio puedas otear casa y antenas. Pero si continuas y te dejas llevar, lo mismo puedes oír el sonido del agua de un riachuelo, el piar de un ruiseñor, o ese banco de madera perdido entre la hojarasca con un libro encima de sus maderas, esperándote a ti, para hacerte el comunicador de los misterios por descubrir.

Silencio, a esta hora no me apetece el ruido. Son las tres y cuarto, y sigue sonando el viento de los violines y los motines de la templanza. Craig Amstrong. Silencio, la vida se rueda......



martes, 6 de agosto de 2019

COLLEEN."Les ondes silencieuses" (2007)


Pulso el play. Suena "This place in time", bajo las persionas para que el sol no arañe la soledad creada por este neoclasicismo de cuerdas que son un filón para quedarte mudo. Esa es la primera sensación que te entra cuando deshojas el que fue el tercer disco de esta artista gala (Cécile Schott es su verdadero nombre).

Ya antes había quedado encandilado bajo su hechizo cuando me hice con "The golden morning break", y este "Les ondes silencieuses" supera todas las expectativas. "Le labyrinthe" es puro barroquismo, y "Sun against my eyes" un tema para tomarte una tormenta a tragos, un bucólico paseo por amaneceres compulsivos.

La espineta, la viola de gamba, el clarinete, suenan apalabrados hablando sobre la tranquilidad de las aguas del mar,  buscanco con los ojos la aparición casual de una cola de sirena, el tridente de Poseidón o simplemente la sonrisa de un delfín. La canción que titula el cd podría hablar de eso y de más.

La carrera de Colleen siempre fue una amalgama de figuras geométricas del sentir, uso sin especulación de los instrumentos para saborear la dicha de la belleza. "Blue sands" es otra estocada bien certera, minimalismo clásico, cuerdas que golpean el aire, helados fuegos que te dejan sin respiración.

En "Echos and corals" no puedes más que cerrar los ojos y escuchar las campanas que vienen del fondo marino, las almejas tintineantes, los secretos de las ostras mientras guarda en su vientre el hijo fulgor. Las cuerdas vuelan en "Sea of tranquility", te reparten su botín de comfort interior, evanescencia pulcra que te pide más. Y ese más viene con "Past of the long black land" una oda lírica que estremece y duele, un volcán de sentimientos puros. No hay nada más que hablar, solo dejarse llevar....

Para terminar, "Le bateau", aires nipones para poner el fin a un disco que en estos calores estivales te manda un frescor necesario, balsámico, celestial. El mar, siempre el mar......

viernes, 23 de junio de 2017

HAUSCHKA. "Snowflakes & carwrecks" (2009)


Hauschka es el proyecto del pianista germano Volker Bertlmann, el cual se ha propuesto a traves de su dilatada discografía en poner su granito de arena para que el neoclasicismo reviva, para que la música clásica se vista de modernidad y dejarnos anodadados, rendidos mientras las teclas suenan épica y dulce ostracismo.

Aunque "Snowflakes & carwrecks" tenga recorrido de mini elepe con sus 9 temas, el cuerpo general del trabajo hace que le podemos considerar como otro disco más en una singladura que empezó en el año 2004, y que ha día de hoy continua igual de fertil.

"Ginsterwerg" y "Eisblume" son las dos primeras caricias que te encuentras cuando desempolvas el cd y te pones tranquilo en el sillón esperando los aspavientos de cuerdas y baja densidad que Volker ofrece. Pedaleando poco a poco, caminando hacia confines cerca de tu memoria, explayando su arte para difuminar entre sus notas una buena caligrafría de clasicismo celestial.

En "Wonder" se deja llevar el grupo por la nostalgia de lo efímero, saltando aquí y allá entre brumas de introspección, saludando los días con pañuelos de notas musicales que se explayen y duermen entre mohines de serigrafía del corazón. En "Tanz" son las cuerdas quienes mandan, quienes toman al asalto los minutos para evaporar ruidos, para confabularse en el arte de la dulce desaparición, la más larga del disco, nueve minutos de evasion de jolgorio y atribulados convites de calma.

"Hauberg" es hermosa y bellamente virulenta y para acabar, ""Tagtraum", con el piano como eje principal, acaparador de un zig zag embaucador donde es facil perderse entre notas de espamos y delicadeza. Disco para ronronear, para suavizar el ruido, para fabricar ternura. Silencio.


sábado, 17 de diciembre de 2016

JOHANN JOHANNSSON. "Orphée" (2016)


Diciembre. La niebla hace que no puede palpar la vista el edificio frente a mi casa. No se ve cielo, sólo bruma, olas que transpiran diminutas gotas que se perciben cuando la farola hace de plañidera, de tea infantil que con su caricia parece romper el misterio de lo invisible.

Me pongo "Orphee", del islandés Jóhann Jóhannsson, el mismo que se ha encargado de la banda sonora de uno de los films del año, "La llegada". El mismo que lleva años poniendo su arte para llevar el postclasicismo a las altas cumbres de la serenidad. "Flight from the city" con su piano acogedor, te da pie a pintar en el cristal de la ventana algún perdido haiku que la temperatura se encargará de matar.

Belleza. Toda la obra de Jóhannsson esta repleta de belleza. El universal sello Deutche Gramophone, es el encargado de dar voz a su arte. Satie aparece de puntillas en "A song for Europa", y las cuerdas de "A deal with chaos", con Hildur Guanadóttir, te pone los pelos de punta. Te dan ganar de hibernar, meterte en una osera y decir adios hasta la primavera.

En este primer trabajo en 5 años sin ser banda sonora. Johann se explaya en sus notas de éter, neoclasicismo para convetir el silencio y el recogimiento en un estado especial de conciencia ("A pile of dust"). Todo transpira levedad, todo es un curso acelerado para huir del peligro de la ansiedad. Fuera parece que sigue la niebla. El piano de "The radiation city" busca la ingravidez, cose arpegios en el aire de tranquilidad y rumor.

Todo "Orphée" es un bálsamo, una vacuna, una capsula de sedacción que provoca ternura, que hace despertar en ti paz y reflexión. "Good morning, midnight" con la Air Lynndhurst String Orchestra, es una bella letanía que te remueve, que pasta en tus entrañas con calorías de sentimiento, con efusividad de lirica, de luz interna.

Esta claro que la noche no va a levantar. Que ya está sumergida en el vaho, que sólo queda terminar el artículo, prepararme para ver una buena pelicula, y dejar que suenen los dos últimos latidos del disco, "Godd night, day" y "Orphic Hymn", buena dosis de señuelos para hallar en unas horas el sueño reparador. Neoclacismo, lo llaman, cuanta belleza....




sábado, 17 de septiembre de 2016

SYLVIAN CHAUVEAU. "Nocturne impalpable" (2001)


Suena "Blanc", la primera canción de este emocionante segundo disco de este compositor francés, y parece que si cierro los ojos estoy escuchando a Satie, con andanadas de mínimalismo, lírica fabricada al por mayor para poder gozar de la paz de la música tranquila.

Multinstrumentista que lleva desde finales de los 90 sacando gemas para deleitarse, "Nocturne impalpable" es un dulce galimatías de sombras que son amenazas de vientos, ("Radiophonie nº 1"), o romanticismo adornado con flores que nunca se caen de su ramaje primario, ("Doucement, le grain de sa peau").

Chauveau sabe como llenarnos de silencios, como trabajar sus armas mediante el piano, la electrónica mínima y la soberbia captación de nuestra calma mediante esta radiante exposición de ondas musicales elaboradas para nuestra salud interior.

Después de comer, te sientas, pones "Ocre", llamas al otoño, cierras los párpados, y las teclas del piano parecen que fabrican sabanas al por mayor para nuestro necesario descanso interno. Sylvian también sabe construir expositores de arte móvil como "Radiophonie nº2", donde juega con las voces, y con la tecnología sin pasarse demasiado.

Clásico en "Adieu Miséricorde", abrasivo de cariño en "Léger", o compositor de rayos de luces que nunca son amenazas, como en "Le monde intérieur", el disco se desliza con parsimonia, con voluntad de sosiego, arengando la paz de los ojos que ya no se acuerdan la última vez que se vieron llorar.

Mis preferidas, "Je me suis bâti sur une colonne absente", muy en la onda de Yann Tiersen, y los nueve minutos finales de "Nocturne urbain". Todo un disco pues de clásico moderno. Para gozar, para sentir, para volar.


domingo, 5 de octubre de 2014

HAUSCHKA. "Abandoned city" (2014)


Al alemán Volker Bertelmann se le puede considerar como uno de los más dignos sucesores de John Cage. Volker reconstruye el minimalismo con el piano como objeto donde se suceden sucesivas transformaciones de sonidos, como principal arcilla donde esculpir un tejido sonoro que juega con la electrónica y que levanta el vuelo con un potente armazón.

Como los esqueletos de edificios que salen en la portada del disco, Volker y su proyecto Hauschka, desde la martilleante "Elizabeth bay" que da comienza a este espectaculo, te ves seducido por la puesta en escena de este dramaturgo del piano.

"Abandoned city", construido tras el primer hijo de Volker, es una gozosa experiencia que navega entre la lírica con artificios tecnológicos ("Prypyat"), himnos que especulan con la ingravidez repletos de percusiones para soñar ("Thames town") o clasicismo repleto de tristeza ("Who lived here?").

"Craco" es una caracola donde poder embadurnarte de pasión, aromas intempestivos de fragancias intimas, caligrafía para el alma desde un paisaje a construir. El piano es el pincel, la mueca en el destino, las aves que migran hacia lugares donde el sol revierte la incomodidad del frío eterno. Las teclas esparcen rocío el campo se llena de crías de susurros y la nostalgia se jacta de ser el asilo de los sentimientos.

También hay sitio para pequeñas recreaciones que nos recuerdan bastante a Nyman, "Barksville," para terminar la andadura de este "Abandoned city" con "Stromness" otro lujazo intempestivo de viento que araña cielos.

Una buena manera de retozar entre caligrafía de sueños este "Abandoned city". Nuevo clasicismo con gotas de repetición sensitiva. Un gozo.



lunes, 4 de marzo de 2013

EYVIND KANG. "The Narrow garden" (2012)


Apasionante, hipnótica, desbordante de motivos para mirar la vista atrás, a los principios del medievo e imaginar vates cuenta historias, o Persias agonizantes carcomidas por leyendas de culebras abradacabras de sonido embriagador."The Narrow garden",del violinista Eyvind Kang, acompañado de su señora, Jessika Keney, es todo un canto al neoclasicismo, a la reinterpretación de viejos modos musicales atrapados por la versatilidad de esta pareja que seguro te engatusará.

"Fores't samai" es para imaginar castillos abandonados por Dead Can Dance, ilusos de un viaje en el tiempo  para bailar mientras los perros se calientan a los lomos del fuego, y ela danza hace que la doncella del amor se quite su timidez mientras el vino chorrea cáliz depravado de dulce amor.

Este reputado violinista sabe dar a Jessika motivos para recuperar el romanticismo más medieval, cuando en "Pure nothing" caemos entre sombras con flautas y cuerdas que te mecen y mecen hasta llegar a un torbellino de ensueño.

En "Usnea", su propuesta se hace mas minimal, arriesgada, en una tétrica parada de monstruos que bien valdría como un responso lúgubre tirado por un carro de cuervos que quieren llegar a su hora para destripar ojos opacos de luz. Los tiempos pretéritos vuelven a corretear con "Mineralia" y su estruendo arábigo es una buena ración de medicina para el ánimo y los sentidos.

La que titula el cd es otra joya de esas lineales y sin subterfugios para seguir si aun no conoces la carrera de este insigne violinista de la parte más underground del clasicismo. Toda una maravilla pues la apuesta atemporal de este "The Narrow garden".