domingo, 3 de enero de 2021

GASTR DEL SOL. "Camoufleur" (1998)

 


Hola 2021. ¿Qué hay de nuevo recién nacido año? Espero que te portes bien, que no seas como tu difunto hermano, el que dejó tanta muerte y penar. Empezamos un año más, cuando dentro de unos días se cumplirá 10 años del inicio de la andadura de este blog. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo.

Que mejor manera que iniciar este 2021 con una de las bandas más importantes de la primera época del post rock, con su mejor trabajo, el más envolvente, el que dispara con luces de incordio hacia cielos de conmoción.

Con este lp pusieron fin a su carrera, el combo comandado por Jim O'Rourke y David Grubs, y desde que se inicia el disco con la hechizante "The season reverse", no vas a poder parar de compartir con ellos una buena cantidad de sensaciones repletas de caricias al por mayor. 

Como la delicada "Blues subtitled no sense of wonder" y esa psicodelia tranquila que te atrapa y te motiva. Hay sitio para pequeños guiños al rock progresivo como "Black horse", o leves odas de porcelana imposibles de romper como "Each dream is an example". 

Si en sus anteriores trabajos estuvieron más inclinados a la exploración sónica, en este "Camoufleur" se contentaron con remansos de liturgia moderada ("Mouth Canyon"), o puzzles de esos que son un festín de golosina ("A puff of dew").

Así que de nuevo en marcha, empezando a tirar las hojas pasadas del calendario de un mes de enero que promete nieve y frio, mucho frío. No es mal remedio ponerte a Gastr Del Sol y sentir el sol del invierno. Y desear que 2021 no tenga rima con guadaña....



miércoles, 30 de diciembre de 2020

KING KRULE. "Man alive" (2020)

 


Mañana se acaba el año. Por fin. Una maldita sucesión repleta de muertes, de confinamientos, de virus, de depresión. Que mejor que terminarlo con un discazo de unos de los artistas nuevos londinenses que con cada trabajo que saca nos deja más enmudecidos. 

"Man alive", es su obra cumbre, la más madura hasta la fecha. Repleta de reflexiones de canciones que se narran, de post punk abstracto como ese disparo certero y oscuro que es "Supermarché", o la inicial "Cellular". Archy Marshall, el que se pone el gorro de King Krule nos lo ha vuelto a jugar. 

A veces se disfraza de un rapero nacido en una cañada de ratas ("Stoned again"), y otras te seduce con un bajo asesino y una ritmo de esos que dan miedo ("Comet face"). Ya dio en el clavo con "The OOZ" (2017), y ahora acomete este puto 2020 que ya se va al carajo con un equilibrista conjunto de temas todos ellos necesarios, repletos de incienso y laúdano. Siempre buscando el equilibrio. 

"Perfecto miserable" es íntima y decadente, "Alone, Omen 3" fantasea entre el hiphop y el activismo crooner, para en "Airport antenatal airplane" volvernos a perdernos en su laberinto mutante de sonidos cruzando una avenida repleta de posibles accidentes. 

"Theme for the cross" es delirante y adictiva y "Underclass" es una especie de bossa futurista para perderte un poco más si cabe. Melódica tiranía la que emplea en "Energy fleets", para terminar este disco que no tiene desperdicio. 

Au revoir 2020, ya estamos hablando sobre tu posible epitafio, sobre la escoria que nace a los pies de tu tumba. King Krule pone otra banda sonora más para olvidar lo que no se puede olvidar. Siempre nos quedaran las canciones....



martes, 29 de diciembre de 2020

MADENSUYU. "A field between" (2006)

 


Descubrí a esta pareja belga formada por Stijn "Ylode" Gezelle a la guitarra y PJ Vervondel a la batería hace unos años cuando el azar quiso que me topara con esa inclasificable bomba de relojería que se tituló "Stabat mater" (2013) y su extraño post rock con aceite de lirismo, con velas de noise. 

"A field between" fue su primer disco y la verdad es que ya desde aquí vemos las notas fundamentales que han ido desarrollando a través de los años (la última noticia de ellos fue "Current" de 2018). "No why no wow" es un himno en toda regla, y "Sugar on" es un compendio de tranquilidad y desarrollos eléctricos que quitan el hipo. 

Siempre han tendido a lo mistérico, a la catarsis en forma de piezas que parecen regodearse en un clasicismo inclasificable como esa letanía llamada "For a while". Que pasada la tristeza agitada de "Suck on more to come", y esa voluta de humo en tus ojos acuosos que se titula "White on my sight-field".

"Papa bear" es mi favorita de todo ese cadalso de belleza, de todo este torrente enigmático de canciones que te mecen entre furia y rabia, entre lisonjas de andar por casa, entre lunáticos aspavientos de soledad extrema. Y el goce no para. "Dido" es magnética, espectacular, como "Should we ever fall" y su galimatías de estrías en la guitarra. 

Acaban con "Share a lot", otro salpullido de post rock que se cuece a fuego lento entre densos humos que viven entre vientos insurgentes. Que nadie se pierda a Madensuyu. Lo suyo atrapa. Lo garantizo....





sábado, 26 de diciembre de 2020

MOURN. "Self worth" (2020)

 


Vaya puntazo. Escuchando a este grupo de jóvenes amantes de la distorsión, añoro que no exista en la juventud actual una corriente que se salga de la uniformidad acuciante, de la borreguez militante que se nota desde el instituto en los chavales y chavalas. Ya no hay tribus, ni ganas de ser distintos, de crear expresiones artísticas, de no ser un número más. Todo es previsible, aburrido, programado para no salir del círculo de los juegos y los putos teléfonos.

El mejor disco hasta la fecha de esta banda comandada por las hermanas Jazz Rodriguez Bueno y Leia Rodriguez,  (hijas de Ramon Rodriguez ex-Madee ahora The New Raemon) con la importante aportación de Carla Perez. Como suenan de bien Mourn. Sus guitarrazos son pepinos al por mayor como ese himno que es "This feeling is disgusting", o esa épica socorrida titulada "Call you back". 

Seguro que si hubieran nacido en los 90 hubieran llenado estadios. El escupitajo potente de "I'm in trouble" , la vacilada de "Men", o ese inicio frenético de ""Gather, really". Lo que ya empezaron a demostrar con "Sorpresa familia" (2018), se ha multiplicado en este "Self worth". 

No me extraña que la prensa musical gala se haya fijado en ellas. Son frescas, adictivas ("The tree"), te envuelven con su potencia ("Say three"), y nos rendimos ante la efectividad de su catarsis programada para a los que ya superamos los 50 nos nazca una sonrisa cuando los escuchamos. 

No hay más que decir buenas palabras cuando oímos pasadas como "It's a frogs world", adictiva y radiante, o ese inicio de bajo en "Apathy" donde al poco las vemos desarrollando al máximo sus criticas y sus bilis juvenil. 

Me quito el sombrero. Esto es lo que hace falta. Lo próximo sería que Steve Albini se fijara en ellas para grabar en su míticos estudios. De allí podría salir una hecatombe. Bendita juventud la de las colegas. Chapeau por ellas, por su vigor, por su contundencia, por su necesaria mala leche. Que aprendan los que tienen su misma edad.....


miércoles, 23 de diciembre de 2020

THE OLIVIA TREMOR CONTROL. "Dusk and cubist castle" (1996)

 


Con este disco empezó la andadura esta banda neopsicodélica con un sonido tan cautivador, repleto de colores y de viajes en túneles donde es imposible ver la salida ("The opera house"). En este extenso doble disco que se grabó con sonido cuadrofénico, existen pinceladas que van y vienen de poco más de un minuto como "Frosted ambassador" y "Jumping fences", junto a otra buena colección de trances lisérgicos. 

The Olivia Tremor Control, integrantes junto a The Apples in Stereo y Neutral Milk Hotel, del colectivo llamado Elephant 6 Record Company, sabían moverse a universos paralelos ("Define a transparent dream"), o volcarse en tonadas de un extraño pop sintético ("No growing (exegesis))". 

Sonidos de los setenta en vaciladas como "Holiday surprise 1,2,3", o rayaduras folk como "Courtyard", se pasean por un disco de esos que hay que escuchar bastante veces para que te quedes con lo fundamental: su sustrato de espeología astral ("Memories of Jacqueline 1906").

"Marking time" es envolvente y adictiva  y a partir de hay comienza la ralladura, con un montón de piezas bajo el nombre de "Green typewriters", todo un delirio. Así que "Dusk and cubist castle" hara las delicias a los que les guste embarcase en trayectos sin dirección conocida. Puro dislate. 



domingo, 20 de diciembre de 2020

LUSH. "Lovelife" (1996)

 



Que lejanos que quedan los años 90 aquellos que vivimos con excitación cada día, cada descubrimiento musical que caía en nuestros manos. Por eso es una delicia bucear en el arcón de los recuerdos y rescatar disco como este "Lovelife", el cuarto disco de esta banda inglesa que navegaba entre el dream pop y el shoegazing. 

Vaya puntazo el globazo pop de "Ladykillers", o esa maravilla con aires de psicodelia que se llama "Heavenly nobodies". Siempre fueron para mi más dream pop que shoegazing. "500 (shake babe shake) es buena muestra de ellos. Pero siempre nos hicieron pasar buenos ratos, a nosotros los que que vivíamos enfebrecidos con las guitarras de Sonic Youth o Pixies. 

A veces había que relajarse y ponerse tonadas del tipo de "Papasan", y otras veces no podíamos parar de movernos cuando nos topabamos con la ardorosa "Single girl". Jarvis Cocker aparece en "Ciao!" y en "Tralala" nos arropan con una infinita y delicada tristeza pop.

Puntazo barroco es "Last night" y "Runaway" es todo un hit torrente para llevarte como un caramelo a la boca. "Lovelife", fue su canto de cisne, su último conjunto de canciones. Cerraron el círculo con sus melodías añejas, con sus sonido tan de la época. Todo un gusto volver de nuevo a ellos.



viernes, 18 de diciembre de 2020

THE BATS. "Foothills" (2020)

 


Apunto de acabar el año y nos viene este regalazo desde Nueva Zelanda. 40 años en activo, y en este su décimo disco (perezosos son un rato), de lo mejor del año, nos vienen a dar lo que ya sabíamos de ellos: melodías cristalinas, pop de altura, coros que sobrecogen....

Pon tu dedo en el play y déjate llevar por "Trade in silence". ¿Es o no irresistible? Alojados en ese dichoso sello llamado Flying Nun, brújula donde siempre llegamos a descubrir grandes cosas (The Clean, David Kilgour, The Chills... solo por citar algunos nombres de una ilimitada producción de música para no perderse), este "Foothills" es una delicia. 

Robert Scott sigue con la varita mágica en pleno rendimiento. Y de ella nacen pasadas como "Warwick", o tranquilos y sosegados paseos por el chamber pop como "Beneath the visor". The Bats son pop y son guitarras, y de esa conjunción nacen bellezas del calibre de "Scrolling" que llevo escuchando toda la semana sin parar, en un random absorbente, mecido por las pupilas instrumentales que hacen crecer nubes. 

"Another door" es un himno para dormir despierto y "Red car" reparte buen rollo en cada segundo canción. Se queda uno sin palabras ante tan calibre de grandeza musical. "Field of vision" es correosa, generosa en una leve distorsión que acompaña una melodía que se te clava en las amígdalas del sentir. No tiene fin el goce, cada tema suben el listón una altura más ("Change is all").

Y es que hasta cuando se ponen tranquis te dan ganar de abrir la semana y gritar alegría ("As you were"). En años tan desastrosos como este, con la maldita pandemia que tanto daño ha hecho, escuchar a The Bats es la mejor farmacopea para detener la tristeza ("Gone to ground"). 

Lo dicho, si aun no lo teneis, compradlo. Lo de The Bats tiene nombre: arte al cuadrado, música atemporal, y sobre todo, melodías, muchas melodías.....