domingo, 5 de febrero de 2017

APPARAT. "Krieg und frieden" (Music for theatre)" (2013)


Suena "44", con sus violines ardiendo clasicismo, la primera canción del disco, y ya ves imposible la huída, dejar de quedarte rezagado mientras los ruidos son olas que navegan entre intestinos de luz, de labios que se prensan con una voz apagada en forma de silencio.

"Krieg und frieden" es una delicia. una banda sonora para una obra de teatro, "Guerra y paz" de Tolstoi llevado a las bambalinas por un grupo que siempre ha sabido jugar con la electrónica, ahora compositores de una deliciosa música que cuando escuchas "Lighton" con esa épica lenta, lírica estrangulada, te dejan listo para una buena siesta de sentimientos.

Sascha Ring el jefe de este experimento se marchó a una fábrica junto a una orquesta de cámara y una buena ración de electrónica introvertida, para confeccionar un buen número de piezas donde se acerca al post rock ("Tod"), o tutea con la experimentación ("Black page") para volver trotando en un mar de vientos con "PV".

Una delicia es "K&F thema", caja de música con sorpresas que arropan volutas de vaho, racimos de discordia y suaves goznes a mansalva. Los chelos son los protagonistas de "Austerlitz"y su vals de clasicismo, y para termina "A violent sky", otro himno de esos para llevarte al recuerdo.

Un buen disco para poner junto a Craig Amstrong. Delicadeza, intimidad, clasicismo, el imperio de las letras, las lágrimas cavando hoyos donde nacerán girasoles con pipas de esperanza. Un buen disco para seguir a un muy buen grupo.


viernes, 3 de febrero de 2017

THALIA ZEDEK BAND. "Eve" (2016)


Es imposible que decepcione un trabajo de Thalia Zedek. No defraudó cuando la oíamos en Uzi, Live Skull o Come y como en su carrera en solitario, sigue ofreciéndonos pistas para que continuemos confiando en su voz rota, en su romasticismo del dolor.

Desde que suena "Afloat", y su hermana "360º", con el piano de fondo metiendo baza en ese coloquio soberbio que efectuan con una banda que sigue a pie puntillas a Zedek por barrancos de emoción, de una desesperación siempre lejana a una pose.

En "Eve",  sigue por la senda de "Six", repicando campanas de amor roto, componiendo odas que se mueven siempre en una tranquilidad que intuye los alaridos de la tormenta que se avecina, ("By the hand"). Y es que es imposible no caer rendido cuando suena "Illumination", sosegada y certera, rutilante y resistente a la morosidad del tiempo.

La de Chicago confecciona a su antojo un discurso donde todo la electricidad siempre esta contenida, donde aparece y aparece siempre en su sitio, en un laberinto donde prima la rabia sin alto octanaje ("Northwest branch").

Y si me tengo que quedar con una perla de la agonía, me quedo con "Not farewell", una letanía que quema, una radiante hoguera de fuegos fatuos, caloría íntima total. Quizás en su carrera en solitario, no Zedek no ha superado el listón de Come, pero sigue a lo suyo, sentada en una mecedora mirando al cielo como se avecina la tormenta para tratar de ordeñarla. Como siempre un valor seguro.




martes, 31 de enero de 2017

TIM HECKER. "Harmony in ultraviolet" (2006)


Tim Hecker, músico canadiense conocido por sus trabajos atmosféricos, donde el ambient y la electrónica colisionaban en un perfecto estadio de sincronización, sacó en el año 2006, este estupendo "Harmony in ultraviolet", su cuarto lanzamiento; un boomerang de sensaciones, brumas y rayos que se incrustan en cielos iluminados de rumores.

Valga un tema, "Strags, aircraft, kings and secretaries", para poner el punto de partida a toda una experimentación especulativa,un manejo soberbio de los utillajes electrónicos, creando climax agobiantes, suspiros al trasluz, molinos de viento de cieno.

Hecker, ordena sus aparatos y se echa a volar ("Chimeras"), sin paracaídas, sin sopor, a lomos de un fulgor, confeccionando sacudidas de ruido blanco,  como la impactante "Dungeoneering", apoyada en una minimal construcción de glitchs que someten al escuchante a una bendita extenuación.

La melodía aparece soterrada casi siempre, como en esa alucinación abstracta que es "Spring heeled jack flies tonight", mansalva de agitación cercana al postrock, una manta expectorante de sinuosos ritmos grabados en una isla de tecnología punta. Envolventes sonidos que gimen apocamiento estructural, rabias inauditas, confort malsano.

Si, no me extraña que haya trabajado con Godspeed you black emperor!. Se nota la inclinación para crear espacios sonoros provistos de reflexión y mecánicos sentimientos. Las cuatro partes del tema "Harmony in blue" son un caramelo envenenado. Hasta parecen comedidamente radiantes en "Whitecaps of white noise I", reflexivos, lirica envasada al vacío en medio de un jardín voluminoso de rosas fugaces.

"Blood rainbow" es el epitafio, la solemne culminación para un disco envolvente, rico en ensimismamiento, caligrafía de la especulación ambient con sesgo de luces opacas.


sábado, 28 de enero de 2017

ANNA CALVI. "One breth" (2014)


¿Para que queremos a PJ Harvey si tenemos a artistas como Anna Calvi? Esta pregunta me viene a la cabeza cuando pongo el cd y escucho "Suddenly". Seda, candor, fuerza, guitarras, emoción... Todo lo que le falta a la última Harvey, Anna Calvi lo tiene en este segundo disco que es un maremoto vibraciones y rock brumoso.

La épica de "Eliza", su colosal forma de dramatizar con su voz de guerra eterna, los focos en sus ojos mientras la lluvia derrama su elixir en ocasos de calor y sopor. Anna Calvi lo tiene todo para quedarse en las barricadas de las emociones con alto contenido de pasión. "Piece by piece" es delicada, angelical, extraña, como un pedaleo de mohines, como una interrogación al vacío.

"One breth" es un disco repleto de aristas que perforan sueños extremos. "Cry" es un cabaret ambulante de chispazos de guitarras, una reflexión a la luz de la noche, un grito que se ve sumergido en una penumbra de tambores de besos. Se acerca al goticismo en "Sing to me", para volver a elaborar himnos de esos para explotar paredes con la envolvente "Tristán".

En la que titula el lp, se envuelve en celofán de caricias, con orquesta y todo, violines que ronronean, la pista de hielo forrada de flores, los recuerdos en un baul con la cerradura saboteada. La Calvi que más me gusta, en la abrasiva, la que en "Love of my life" se desboca hasta la catarsis, envalentonada con un torrente de electricidad de esas que quema y arrasa. Total.

"Bleed into me" es una preciosidad, un rumor de velas que se apagan al son de un aplauso de ternura, la lisergia de la tranquilidad satisfecha. Para acabar, de la mejor manera posible, con "The bridge", ópera subterránea, catapulta del amor. Lo dicho, ha seguir pues de cerca a Calvi, si lo que buscas es intensidad y rubor.




miércoles, 25 de enero de 2017

RAIME. "Tooth" (2016)

Este disco del duo Raime formado por Joe Andrews y Tom Halstead es altamante hipnótico, es una gama de sonoridades que desde que inicias el viaje con "Coax", se te clavan en la psique, te persiguen por la casa mientras los cascos radian repetición y esloganes de aislacionismo.

Aquí las guitarras se mueven lentas, como un eco desollinador, confetí industrial, mientras el duo se pertrecha en silencios que siempre gustan e incomodan. Un disco instrumental repleto de surcos de malos sueños, donde se acercan al grime en "Hold your line", pero siempre con un toque extraño en la guitarra, perforadora, como en una escalera de caracol con imposible llegada, con perdida salida.

Llevo toda la semana enganchado a este colosal enfoque de la música electrónica, hasta consiguen parecer una versión minimalista de una banda de posthardcore. "Front running" es efectiva, late imprevista con su tensión, con su densidad que ralla angustia y alfileres en los oídos. Me alucinan.

Si "Quarter turns over a living die", (2014), fue bueno, este "Tooth", es mejor. Su sonido no cansa, es una anestia contra la amnesia de los tiempos, es música para un club de vampiros, es la oscuridad que se regodea de su pasión por lo negro.

Me pongo "Dialling in, falling out" y parece que me encuentro con una recreación del universo de Slint pero con un enfoque tecnológico, radiando luces amparadas en las sombras, repicando las campanas velas de terciopelo soledoso. Maravilloso.

En "Glassed", es cuando se percibe con mayor evidencia ese rasgeo de cuerdas que porque no, pudiera venir de unos Fugazi en estado de standby, en medio de un mapa musical repleto de espectros, alucinaciones barbaras, resoplidos de vaho metalizado, invierno en las entrañas, siempre invierno...

Después, para llegar al ocaso desde la desesperación, la esquelética "Cold cain" y "Stammer", con su ventolera de introversión total. Uno de esos discos para escuchar en silencio, para degustar sin ruidos, para cerrar los ojos y urdir exilios internos.


lunes, 23 de enero de 2017

FOETUS. "Love" (2005)


J.G. Thirlwell, músico inquieto australiano, es el personaje que se esconde tras la máscara de Foetus. En su haber toda una carrera de electrónica caótica, de sonidos industriales y de proclamas atemporales. Foetus es su monstruo favorito, una forma de expresión repleta de sustos y galimatías.

"Love", fue su octavo disco, un disco barroco, sinfónico, industrial, plagado de suspiros que estrangulan ("Not Adam"), de canciones de puerto embarrado de noticias de tragedía y exceso ("Mon agonie douce", en francés), o como en "Aladdin reverse", parece una versión de terror, metálica, de Mike Patton, y de cualquiera de sus proyectos.

En "Miracle", se deja llevar por la música electrónica, por los sintetizadores  y en "Don't want we anymore", y en "Blessed evening" compone una particula banda sonora para algún desquiziado film repleto de perversión lúbrica. "Paredolia" es enigmática, sangrante, un gran espasmo de locura que cohabita en un tiempo de crimenes y horrores de escarnio.

Aparte de Foetus, Thirlwell ha estado implicado en vesanías del calibre de Stetroid Maximus, Wiseblood o Manorexia, solo por citar algunos de sus desasjutes músicos mentales, pero es en Foetus en donde ha dedicado la mayor parte de su persistencia como afilador de cuchillos sónicos.

Mi preferida, "Time marches on" es una pasada orquestal que da paso al fin del disco con "How to vibrate" y su parafernalia de suspense. Algo así como música para volver a poner música a "El resplandor" o a "Los pájaros" de Hitchock.Foetus un paseo por la angustia del rock.


viernes, 20 de enero de 2017

ANARI. "Zebra" (2005)


Como se nota cuando escuchas este enorme trabajo de Anari, que en la producción esta Karlos Osinaga de Lisabo.  Desde que suena "Aingura hegodunak", con ese dramatismo eléctrico, con esa tensión lírica que forma un continente de aristas y sentimientos, se percibe que la crudeza se empareja con el sentir, y qué mejor para Anari que el acompañamiento del ex-Lisabo.

Cinco años habían pasado desde que "Habiak" me había puesto sobre la pista de esa cantante a la que ya cansa compararla un día y otro también con Pj Harvey. "Zebra" es un disco redondo donde hasta el piano tiene sitio entre el enjambre devastador, como en "Naufragoak".

Siempre me aluzinó como lleva los medio tiempos la compositora de Azcoitia. "Sustraiak" es brillante, un torrente de corazones a la espera del latido definitivo, ese que hace explotar miradas y susurros. La que titula  el cd, es otro pedazo de gema candente, soberbia, aristas que se pulen, cadencias que te llevan, y un punto de energía que sobrecoge y calienta.

También "Zebra" tiene sitio para himnos con poso demoledor, como "(H)egoak" y para letanías para dolores del alma, rosas salpicadas de motas de emoción, luz infinita, cavar y cavar en la profundidad, hollando recuerdos, aspirando al olvido solo cuando te acuerdas.

Para terminar, la mejor del lote. "Gu", descargando truenos, aspirando vientos, una molécula activa en acción perpetua de sedicción, Después del shock que supuso "Zure aurrekari penalak", volver la vista atrás y disfrutar de este "Zebra", es un medicamento seguro contra estos fríos siberianos que nos congelan el ser.