lunes, 21 de julio de 2014

SUNNY DAY REAL ESTATE. "How it feels to be something on" (1998)


Si hablamos de emocore, la primera banda que nos viene a la cabeza son Sunny Day Real Estate. Si, sabemos que detras de ellos (¿o delante?) estan grupos tan interesantes como Jawbox, The Promise Ring o The Van Pelt, pero la banda de Jeremy Enigk, con sus intempestivas reflexiones guitarreras, y sus bajones emocionales, se llevan la palma en esto del rock con aditivos de corazón.

Quizás "How it feels to be something on" sea el disco menos contudente de su breve carrera, pero conserva aristas, focalizando el drama con desarrollos casi progresivos. "Pillars" y "Roses in water" son  una buena muestra de ello.

Los de Seattle, convivieron con el grunge, pero siempre su estilo se escoró en los margenes sensitivos. Si es "Diary" (1994) y "The Pink album" (1995) donde tuvieron su momento de gloria, es en este "How it feels...", casi canto del cisne de su carrera (dirian adiós con "The Rising tide" y un "Live"), donde dotan los mensajes de religiosidad de su lider, de un aura de madurez y reflexión.

"Two promises" es un alarde de facultades, rock de bajo octanaje que se mueve en coordenadas que parecen salir del vientre del grunge para buscar sitio en paramos de interiorización del drama. "100 millon" es convulsión, peligro no tocar que duele sentir.

Las extrañas formas de la portada del album bien puede escenificar la rabia contenida de un grupo que no fue nunca superado por los trabajos personales de Jemery Enigk. "The prophet" (de nuevo la dichosa y siempre exagerada religiosidad) es otra buena sucesión de rock con mácula de medicamento para mentes quebradizas.

"The Shark's own private fuck" es otra de las piezas fundamentales de esta maquinara de precisión suiza de las arterias del sentir. Sunny Day Real Estate para la historia pues con sus goznes de siseos, con su rock para pincharte caligrafias anímicas.


jueves, 17 de julio de 2014

BRAKES. "Touchdown" (2009)


El tercer disco de esta enorme banda de Brighton no hace más que confirmar lo que apuntaba sus dos anteriores rayos sónicos. Estamos ante un grupo que se tiene bien aprendido todos los escozores de los 90, toda la discografia de Superchuk y Pixies, para intentar perpetuar nuestra bendita querencia por esos maravillosos años.

Y lo hacen de una forma magistral. Esto no es un eco que se repite, una imitación de caras de acnés, uno más de los innecesarios combos que no sabes bien para que han nacido. Desde que escuchas el rugido de "Two shocks" y la electricidad que no cesa de "Don't take me to space (man)", te parece vivir en una espiral espacio-tiempo, atrayendo hacia ti todos los mejores fundamentos del rock energético.

Eamon Hamilton, antiguo componente de British Sea Power, es el encargado de no poner frenos a este coche que no para, que le gusta vivir accidentadamente. Hasta el pop les sale bien. "Worry about it later" es una golosina, golosina que se convierte en ácido para el estómago cuando suena el himno, "Crush on you", para ponerlo cerca de Pavement o de los arañazos de Superchunk.

Que gusto vivir peligrosamente, poner el equipo a toda leche, beberte una birra mientras suena la casi countrysong "Eternal return". Y es que todo lo que tocan Brakes lo convierten en dicha. Me gusta cuando la melosidad power pop de "Do you  feel the same?" no suena a pastiche, cuando "Ancient mysteries" es una juvenil sucesión de minutos para que no pares de votar.

Si todo fuera como el impulso regenerativo de Brakes otro gallo cantaria en esto del orbe indie. Escucho "Oh forever" con entusiasmo. 4 minutos de fuerza y devastación. Un aullido envolvente, la nostalgia, el pinchazo del globo donde guardo los recuerdos que casi siempre van asociados a la música.

Brakes, un buen disparo, la recuperación de lo mejor del indie, un síntoma de mejoria en la salud tan endeble de la música actual.Seguiremos informando.



martes, 15 de julio de 2014

S.CAREY. "Range of light" ( 2014)


S. Carey es conocido por ser el batería de Bon Iver. A parte de servir como soporte al bueno de Bon, en su haber está este segundo disco en su carrera, una delicia de esas que se sirve para tranquilizar tus neuronas, para subir montañas en busca de esa flor especial que te pueda llevar al mundo de los olores fascinantes.

S. Carey, desde el inicio con "Glass/Film" y el piano torrente de "Creaking", sabe hacernos recoger con su tumulto tranquilo, en un paseo donde el autor recupera los lugares de su infancia, por diversas localidades de los Estados Unidos.

"Crown the pines", es un murmullo encantador, agitado, con ecos a The Blue Nile, al mismo Bon Iver. Los instrumentos amenazan silencio, la luz se apaga, el sueño te quiebra. La delicada "Fire-scene" es una proeza luminosa, es un bastión donde engancharte a la esperanza.

Te puedes imaginar subiendo montañas, pescando melancolia, en una cabaña india fumando paz, alterando tu conciencia con la implicación de los cuervos que esparcen negro por el cielo de todos los días. "Alpenglow" es el culmen, la cima de una obra cosida con cariño con agujas de terciopelo.

"Fleeting light" es otra de esas piezas que vañen para salvarte un mal día. Todo minucia, todo pequeño, todo natural, congelando las palabras para expulsarlas sin más. S. Carey, ha conseguido con este "Range of light" una música ideal para postales de ensueños. Escribirlas, dotarlas de vida, escuchar los paisajes...


lunes, 14 de julio de 2014

PEEPING TOM. "Peeping Tom" (2006)

La verdad es que la evolución musical de Mike Patton es todo un ejemplo de como los pasos del músico inquieto necesitan meterse en mil charcos para conseguir hacer de la música un acto de seducción. Nadie diría que cuando empezó con Faith No More, y su rock a medio camino de lo comercial y lo independiente, Patton iba a ser el jefe de un sello, Ipecac, donde cohabitaron bandas de hip hop alternativo,o metal fuera de los cánones.

Tampoco olvidar sus bandas. De martillo pilón en Tomahawk, a recrear a su manera bandas sonoras de peliculas de toda la vida, con Fantomas. Un cúmulo de virtudes que en este proyecto que se llama Peeping Tom (nombre de una pelicula de 1960, cuyo director fue Michael Powell) contó con la colaboración de gente tan "poco" conocida como Massive Attack, Kid Koala o Norah Jones.

Peeping Tom, es la parte más amable, más pop de las bizarrías de Patton. Aun así, se le sigue cruzando los cables. La inicial "Five seconds" con el hiphipero Odd Nosdam es una ruleta rusa de rock acelerado, con paradas y guiños de cabaret loco.

Mirad, mirad por el agujero de la puerta y mientras la chavala nos seduce con sus encantos, sube el volumen de tu aparato para caer por el tobogán de los ritmos atribulados. "Mojo" (Rahzel & Dan the Automator) recuerda a los abanicos sonoros de Faith No More.

"Don't even trip" con Amon Tobin, tira a la electronica, y "Getaway" (Kool Keith) es una pasada para bailar sarcasmos. También cuando se pone tranqui lo borda, "Your Neighborhood spacemen" (Jel & Odd Nosdam). Exquisito y total.

Con Massive Attack, le tenemos en "Kill the DJ", abstracta, locuaz, envolvente. También le tira el rollo brasilerio, "Caipirinha" con Bebel Gilberto. Y es que este Patton va a su puta bola.

El disco pop de Patton no desmerece en nada cualquiera de sus salidas tan necesaria de tono. Es otra bala más para la canana de su especial manera de decirnos que lo suyo es la leche. Obra de un fumigador de normalidades, de un ratero de buenos ratos.


jueves, 10 de julio de 2014

THE SKULL DEFEKTS. "Dances in dreams of the known unknown" (2014)

J
oachim Nordwall y Daniel Fagerstroem vienen de Suecia y lo suyo es el postpunk con pequeñas gotas de noise hábilmente ordenado para que no exploten nuestros oídos. Tienen la enorme suerte de contar entre sus filas con el ex-Lungfish (seminal banda de posthardcore), Daniel Higgs, quien imprime más valor aun, a una propuesta que hace del minimalismo y de la tozudez instrumental el eje principal donde se mueve esta maquinaria repartidora de oscuridades.

"Dances in dreams of the known unknown" es una batidora de síncopes y arraigados acordes lineales que viven en la penumbra, oscuros y afilados golpes de guitarras para recuperar nuestra querencia por el art-punk.

"Patterns of throughts" es un cohete que sale disparado, una bomba lacrimógena de hastío y dolor., "Cyborganization" es un puzzle de pesados riffs que viven en una granja de seres abandonados a su suerte, aislados sonidos que parten de la descomposición para construir muros sinérgicos.

La que más me gusta del cd, "The Known Unknown" es un acorde que no se acaba, mantra sideral que bucea en envolventes mundos de melodía obtusa. Asi que los inquilinos del Noise se han abierto, han hecho que su mensaje sin perder agresividad, te lleve a suculentos paisajes apocalipticos.


martes, 8 de julio de 2014

GALLON DRUNK. "The soul of the hour" (2014)


Que grandes y poderosos Gallon Drunk. Aun recuerdo la conmoción que me causó "From the heart of the town" (1993). Gospel punk, blues, primos de pellas de Nick Cave y sus malas semillas. James Johnston tenia todo para estar en la primera división del indie inglés.

No tuvieron suerte (yo creo que mejor así) y se quedaron como baluartes de una forma de expresión musical que hace del sudor, del blues y de las dentelladas que se arrastran, un todo para organizar una lava musical que nos pone a 100.

Oigo los casi 10 minutos de "Before the fire", con el piano conversando con la banda en una tranquila y a la vez pasional travesía por el rock, y noto que esto es madurez. Madurez de unos tipos ya de vuelta de todo, que no maquillan el deseo de seguir en la brecha.

Porque "The dumb room" es puro Jon Spencer, teclados galvánicos, puestas de sol de alcohol, furia que se desata, que es imposible domesticar. Los mismos, más viejos, igual de corrosivos. En "The exist sing" les sale su vena garajera, pócima segura para acabar de una vez con todos esos chiquillos que se creen importantes en esto de la música independiente.

La que titula el cd es una medio balada que crescendo despide mala baba, cúpidos de veneno, ponzoña y primitivismo anscestral. "Dust in the light" es hallar una gema a lo Cave en un camino podrido de accidentes imponderables y "Over and over" es casi Mudhoney.

Total que acabamos con "The speed of fear" y nos congratulamos que los viejos de los 90 sigan siendo nuestro banderin de enganche en unos tiempos donde lo cíclico significa una vuelta al principio del invento.


domingo, 6 de julio de 2014

GALAXIE 500. "Uncollected" (2004)


Entramos en Galaxie 500. Nos ponemos los cinturones. Un grillo suena asustado en "Cheese and onions", mientras los planetas giran sin parar en una locura arcaica, antigua, extraña. Dean Wareham y Naomi Yang se han puesto los cascos, y se han introducido en las capsulas del sueño. Viajarán por el espacio 100 años sin despertar. "Uncollected" no para de sonar en la nave.

"Uncollected", un disco para que jamás olvidemos a esta galaxia quinientos. "Cheese and onions" es una versión de los Beatles. Me quedo con Galaxie 500. Imprimen una melancolía que raya en la abulimia. Una tristeza de estrellas siderales abandonadas a su suerte por un demiurgo hasta las trancas de drogas espaciales.

"Uncollected", recopilación, rarezas, maneras de que no olvidemos a los astronautas que siguen en órbita. "Them" es una de las que no apareció en ningún álbum de la banda. Grandiosa, como todo el almanaque matemático que consiguieron desarrollar para nuestra felicidad.

"Maracas song" es otra muestra más de la lentitud especial de esta banda que se enredaba con las guitarras en diálogos de sordos, en raciones de humor cariñoso. Escucho de nuevo "Blue thunder" y casi me echo a llorar, un montón de recuerdos, las cuerdas tocadas con silencio, la voz que se arrastra mientras la lluvia se cruza unas palabras con el saxo que apenas viene, apenas se va. Dean y Naomi, siguen dormidos. Se han dado la mano mientras la nave ha entrado en un mar de asteroides. No hay problemas. El fuselaje aguanta, las canciones no paran.

"Crazy" es agitada, envolvente, se cuece en un crucero de miradas perdidas, de ritmos de vigilia enfermizo. No pasa nada "Jerome" y se enciende el piloto de alarma en la nave. Se suceden los minutos sin apenas pasar el tiempo, las luces del espacio y la pasividad  y el no ruido de esa maquina que recorre el orbe sonando músicas para recordar viejas edades.

"Song in 3" es delicada y jazmín, una oda destartalada de miel y locura, una agitación para que vuelva la vista atrás y ponerme a tono con los recuerdo. Galaxie 500, la pelicula sin fin. Dean y Naomi siguen dormidos, han llegado a un planeta fuera de la galaxia, de nombre extraño, rimbombante.

Silencio, se rueda. "Oblivious" te mece y tu te duermes. Los dos viajeros espaciales se están despertando. El disco no deja de sonar. El cosmos a nuestros pies, la Galaxia 500.