Este es un disco contra el dolor de la pérdida, contra el avance de la demencia que haga que el tiempo, los recuerdos, la mente de Beverly Glenn, se hayan congelado en este disco elaborado junto a su mujer Elizabeth Copeland, ayudado, poniendo su voz, dando ánimos su amado, llevándolo por jardines efímeros de rosas agostadas antes de tiempo.
Beverly es un musico trans canadiense, que lleva desde los 70 embarcado en proyectos donde su voz es la brújula, y este "Laughter in summer", desde que empieza a sonar "Let us dance" y "Ever new" es la mejor manera de dejar un legado, un testamento para que podamos imaginar el amor que se profesan estos dos amantes que saben que su amor tiene fecha de caducidad.
Se te pone la piel de gallina cuando suena el tema que titula el disco, siempre con el piano como señuelo para que aparezca la garganta de Beverly y su mujer, recitando, cantando a pulmón cisnes, celebrando los amaneceres disfrutados, recordando los paseos por pasajes donde el viento se llenaba de besos depositarios de un cariño construido con la música como lenguaje, como artífice de una conexión sin igual.
Como "Children's Anthem" donde ese binomio Beverly-Elizabeth provoca cataratas en tu sentir, o "Harbour (At Hotel2Tang)", donde lo sublime alcanza cotas superlativas. Tema para escuchar mil veces, corriente frenética de suspiros.
"Shenandoah" casi a capela te deja helado, y el final con "Let us dance (movement two)", es un maravilloso colofón a esta historia de amor musitada con tanta ternura. Belleza a raudales.

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