Este álbum me ha resultado difícil digestión. Desde el inicio me he topado con una exagerada trama de ruido, dark ambient y drones niquelados por el actor de este danza ruidosa que se llama Mark Richter.
El alemán se ha valido de una mixtura total de instrumentos, capas de ruido, loops y feedback de todo tipo de ropaje, para componer una sinfonía que cuesta penetrar, pero que con un puñado de paciencia de santo, te verás imbuido por este galimatías con sabor a sediccion.
"Forst" es un ejemplo de este enjambre corrompido que se mueve entre tensión y sombras, a la luz de entrecortados ritmos, siempre a los pies de la debacle, a lomos de la descomposición. "Houdini rites" es ruido, cacofonía para perecer en tierras oscuras, en aguas estancadas de pavor.
En otras ocasiones te meces en una pelicula de terror con psicopata incluido ("Hotel Freund"), o mueres de una sobredosis de ruido blanco como en "Void", puro ataque para los nervios más sensibles. Black to Comm, dentellada y tormenta, alarido y siseo mortal, es uno de esos grupos que debes de encontrar el momento adecuado para su escucha. Olvidate de las siestas.
Benoît Pioulard y Rafael Antón Irisarri, son los dos cabezas pensantes que cabalgan a lomos de este cetáceo deslumbrante que está repleto de luces acogedores, teclados para dedos de ángel, ambient que susurra mientras te duele la cabeza cielos.
Cuando son instrumentales te mecen con sus arpegios sedosos y lunares ("Petrichor"). Cuando viene la voz, ("Infinite stillness") consiguen embaucarnos en un programa especial para corazones henchidos, donde todo flota, donde el pop se encuentra de frente con una corte de seguidores de Galaxie 500.
Martyn Heyne (Efterklang) y Michael Terner (Telekinisis), acompañan a duo en esta emocional penumbra ilumimada por rayos sensuales como "Half light", rock bajo presión, lirica compuesta para agarrar al vuelo la penumbra de una sonrisa. Los árboles mugen, como la cadencia de un suspiro.
"Capillaries", con Sylvian Chauveau y Lucinda Chua, es otra magnifica expresión musical para caer rendido antes este proyecto. Fiesta en la tranquilidad, vals sanador, plato siempre perfecto para rendir cuentas a la tristeza. "An absolute" tiene un deje a Talk Talk para soñar despierto.
"Filament" y "Tell", ponen el epílogo a un album pequeño que se hace grande a cada escucha. Una elaborada concatenación de sonidos para no perder de vista a este colectivo experto en hacernos puzzles en nuestras arterias sensitivas.
El shoegazing no empezó con el descomunal "Loveless" de los increíbles My Bloody Valentine. Uno año antes de la conmoción que supuso el disco de los sangrientos enamorados, Ride, con este "Nowhere", puso las base, los cimientos, a los sonidos saturados, a la melodía galvánica, a torres eléctricas de pop estrangulado.
"Nowhere", menudo discazo. De esos que marcan época. Una seña de identidad de unos tiempos donde toda la ebullición musical era sinónimo de buena sorpresa para nuestros oídos anhelantes de tormentas para el corazón.
El grupo liderado por Mark Gardener y Andy Bell, elaboró (desde el inicio con "Seagull" y sus coros pop contaminados por un éxtasis guitarrero), la piedra filosofal del shoegazing, estilo que con My Bloody Valentine conocería el Olimpo por méritos propios. Pero es que si me dan a elegir, no se con cual quedarme. Me pongo "Kaleidoscope" y suena tan british y a la vez tan nuevo, tan fulgurante, que se te quedan los oídos como perforados por unas ondas que bogan por la vertiente más frenética de la catarsis.
La lírica casi The Cure de "In a differente place" te deja sin sentido, y la brutal "Polar bear" me la pondría en un random eterno para sacarme de la cabeza esta jaqueca por encontrar nuevos retos musicales en esta actualidad tan marchita.
"Dreams burns down" es una canción para un 10.Vaya inicio, vaya forma de elaborar un mapa de nostalgia, una isla donde tender la ropa al viento para sufrir los avatares de la dicha, la conmoción de la alegría eterna. De esos temas que nunca te cansas. Se acaba y vuelta al play, play,play, play.... hasta que los dedos se enmomían, hasta que el corazón naufraga en una cadencia rota de salud interior. Se ponen a clavarnos las guitarras en las arterias y nos dejan petrificados. Arreando y que vivan los muros de sonido sin dosificar.
El principio de "Decay" con su batería trotando es una caballo galopando que sabe que la carrera le matará pero que la idea de la liberación no le deja más remedio que seguir y seguir. Los 90, de nuevo los 90. Siempre vuelven para explayarme a gusto en esta playa para noctámbulos de ayer. "Paralysed" es una ortiga entre tus manos. La melodía crece y crece mientras la perorata de la tristeza dibuja en el cielo salmos beatificos de gozosa dicha.
Para la historia, "Vapour trail". La encontrarás en recopilatorios de brit pop. Yo la pongo en la cabecera de las músicas para arañar vísceras. Su tranquilidad mentirosa, el sedoso esfuerzo de Mark para confabularse con el oyente en una bacanal de ruido amable.
Ruido que en "Taste" se convierte en himno, en una deliciosa batidora de sensibilidad corrosiva. Placer para ponerte a tono, surcos en el vinilo que se puebla de flores y de unas palabras de melancolía.
Ride, ellos fueron los padres del Shoegazing. Luego vendrian potentes discos como "Going blanck again" (1992) o "Carnival of light" (1994), pero este "Nowhere", militará hasta el final de los tiempos en uno de los mejores discos de la música independiente mundial.
Elegante. Este doble disco de Biolay es sobre todo elegante. Dos cds para disfrutar de las maneras de este galo que la prensa francesa siempre le ha posicionado como el sucesor de Gainsbourg. Bueno, aun sabiendo que Gainsbourg solo ha habido uno, este "La Superbe" nos muestra a un artista en pleno éxtasis compositivo, que no se asusta para nada en mezclar estilos, en bogar desde su concha hacia lugares por todos conocidos.
Porque aquí hay de todo. Desde el Europop de "Assez parlé de moi", el pop suave con barrunto de tristeza de "Prenons le largue", la catarsis rock demencial de "Buenos Aires", la chanson que le pone cerca de Bashung con "Raté"....
El ex de Chiara Mastrroianai, se las ingenió para dar todo de si y fabricó un monumental disco para dar rienda a sus obsesiones, a sus preferencias más intimas, siempre con un cuidado sonido, con su voz tan limpia y brillante, siempre ofreciendo su garganta para joyas como "Lyon Presqu'ile" o para ejecutar en "Melancolique" un bello vals para apurar tu copa de vino mientras la tormenta arrasa al amor.
Dos cds repletos de paradas donde subirte el ánimo y disfrutar, "La Superbe" es chanson actualizada, es brillantez sonora, violines y cuerdas, guitarras y trompetas, calidez y supercheria de barrio de lujo. Elegante Biolay. Nunca fue de enfant terrible, solo de pregonero de estados de ánimo.
La que titula el album es un almacén de florituras, de sensualidad, cadencias que lucen caprichosas mientras las luces se apagan y encienden en una catarsis total. "15 août" es una pop songs melosa y agridulce, con su guitarra arrastrada mientras Valérie Donzelli activa el boton de la sensualidad.
"La Superbe", una buena excusa para llenarte de susurros y ampulosidad nada superficial, fortín de la chanson, bebedizo para quedarte ebrio sin remisión.
Tras haberme quedado alucinado al visionar la serie gala "Les Revenants", musicada por los escoceces, (los cuales ponen el alma en unas instrumentales piezas donde la tensión dibuja mapas donde los que vuelven de la muerte quieren buscar el cariño que perdieron cuando dijeron adios), estaba a la expectativa para comprobar si este disco iba a ser otra más de la serie continuista de sus últimos largos, o iba a cambiar algo sus recorridos de tensión.
"Hardcore will nerver die, but you will", me resulto ya algo repetitivo. El climax que con "Rock Action" les llevó a la cumbre del poder sónico, fue dejando paso a discos donde sabiendo que el mana ruido-silencio era el sitio para abrevar los caballos, con tan sólo darles de beber todo iba a ir sobre ruedas.
"Raves tapes" supone una buena noticia. Mogwai han bajado las pistolas pero siguen cargados de motivos para que el artitugio eléctrico siga dando que hablar. De momento, con la lírica "Heard about you last night" ya se ve que la maquinaria también puede funcionar con elementos electrónicos. Las guitarras están, pero no abrasan, se ponen de parte de la instrumentación para confeccionar nuevas maneras para que Mogwai sigan siendo una banda atractiva.
"Remurdered" si me dicen que es de Mogwai no me lo creo. Parece una metamorfosis casi tecno del octanaje emocional de los chicos más ruidosos de las islas. Fantástico. Esto es regenerarse y no convertirse en una sombra de lo que fueron.
Pero la fiera sigue estando libre, pastando por los bosques, anidando en montañas donde ni el silencio se quiere posar. "Hexon begon" es una sacudida con sus vaivenes de ida y vuelta, un puñetazo bien dado, la lección aprendida. Puro post-rock devastador.
Los matices los encontramos en "Master card" y su rockista estructura sustentada por unos aires de oasis emocional, donde es fácil colgarse de una nube mientras el sol se pone de punta en blanco con el amanecer bienvenido. "Blues hour" con las teclas llevando la batuta, es una bofetada de tristeza, es un lienzo a decorar de riscos de corazón. Mogwai en estado puro. Lentos, suaves, concisos, directos.
"The lords is out of control" pone el punto final a un disco donde Mogwai vuelven por sus fueros pero con nuevas ideas sobre la mesa para continuar la senda de los sobrecogimientos sonoros.
Si lo tuyo son los arreones guitarreros con ganchos melódicos, si tienes a Superchunk en un pedestal y flipas con orgías de guitarras, Oxford Collapse paliará esa necesidad que tenemos de emborracharnos con torrente de energía, con átomos nucleares de potencia desmedida.
Cuando me enteré que detrás de la producción de "Bits" andaba un miembro de Don Caballero, supe que todas esas críticas que ponían a este trío de yankies por las nubes, nos estaban hablando de una enorme banda.
"Remember the night parties" (2006), fue la leche. Este "Bits", su hermano sónico, comparte ese vigor estilistico, ese desenfreno que en temas como "The Birthday wars" te llenan de pociones mágicas de estribillos superchunk, para sacar de ti el teenager que se fue con el paso de los años.
Tambien puedes hallar la dulce sombra de Pavement en valientes agresiones sónicas como "Vernon-Jackson", con parones incluido. Todo un festín para los que amamos la hecatombe eléctrica, los páramos melódicos, la rabia y la incorrección ("Young love delivers").
En "Back of the yards" se puede apreciar hasta un toque a los Wedding Present de primera época. El punto de violín en "A wedding" les queda de muerte. Suavidad y tormenta. Casi parecen una cara B de Pavement cuando me pongo "Featherbeds". No, no es solo repetición de fórmulas ya establecidas. Es perpetuar la catarsis del indie rock de los 90 con fundamento y fortaleza.
"Men and their ideas" y "Children's crusade" son dos piezas más para asegurar que Oxford Collapse merecen la pena. Con ellos no te aburres, la sedicción es posible, recuperando las viejas estructuras musicales del indie rock, para uso y disfrute de los que nos sentimos defraudados con la desastrosa vuelta de los Pixies.
Debemos a Clint Mansell la realización de bandas sonoras para films como Requiem por un sueño, El árbol de la vida, Pi y más recientemente Noé. Quien le iba a decir a Mansell cuando lideraba la banda indie inglesa Pop Will Eat Itself que iba a ser unos de los compositores para peliculas más reputado y aclamado.
"Moon", dirigida por Duncan Jones, habla sobre la vida de un minero que es enviado a la Luna para extraer helio 3, en un momento de grave crisis energética en la Tierra. Tras pasar 3 años, y preparado para su vuelta a casa, algo le impedirá el retorno.
Clint Mansell sabe darle el toque de dramatismo a cada escena, y desde "Welcome to Lunar Industries", donde todo comienza, con el piano como protagonista siendo el hilo conductor para que penetres en esta maravillosa historia que no te debes perder, seguirás las andanzas del hombre solitaria acompañado de un anclaje musical total.
Mansell tiene la enorme virtud de saber construir un enjambre sonoro donde el clasicismo se pone traje de electrónica atmosferica ("I'am Sam Bell"), y las teclas del piano, son las encargadas de mostrar la angustia y soledad de un hombre perdido en la inmensidad ("Memories (Someone we'll never know)"). Sólo, abandonado, deseando volver, con miedo a regresar....
En "Can't get theme from here", la oscuridad lo es todo. Asfixiante pieza que retumba estrellas y que da paso a una de las mas bella de todo el disco, "We're not programs, GERTY, we're people", con silencios imposibles, fabulosa rubrica de un artista capaz de llenarnos los oidos de imagenes.