sábado, 21 de abril de 2018

WEEKEND. "Sports" (2010)


Suena "Coma summer", el primer trallazo donde te das de bruces con esta pedazo de banda que parece que cogió en sus días las cenizas de Ian Curtis, para elaborar un lienzo de oscuridad malsana, de opresión sónica en apabullantes canciones de esas que dejan poso.

Y es que estos norteamericanos te dejan los oídos repletos de aristas y de migas de veneno. "Youth haunts" es un sedante de noise que te engancha y no te suelta, de psicodelia tenebrosa de esa que mece guitarras que parecen dentelladas. En "Monday morning" parecen unos Jesus and the Mary Chain, en coma, y "Monogah, WV", es shoegazing repleto de feedback aullador.

No hay en ni un segundo de respiro en un disco que esta repleto de fuerza, de voluntades eléctricas que levantan muros de sonido ("Landscapes"), mientras el ánima de Joy Division sigue volando como una amenaza que requiere locura y diversión ("Age class").

"Veil" es un torrente de guitarras que frenéticas se vuelven melancólicas, y "End times" es ochentera hasta en la forma de traducir los ritmos que navegan en una balsa de viaje en e tiempo. Queda para el final la caótica "Afterimage" y la envolvente "Untitled".

Es una pena que las noticias de la banda se acaban en un single que sacaron en 2012. Por medio, otro interesante mini elepe, "Red" en 2011. Brillantes y rutilantes, su escucha es todo nervio y sacudida, post funk refinado y salvaje a la vez. Total.


miércoles, 18 de abril de 2018

YO LA TENGO. "There's a riot going on" (2018)


Más de 30 años han pasado ya desde que Yo la Tengo empezará su andadura discográfica con el magnífico "Rider the tiger". La banda de Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew, llevan un montón de tiempo regalándonos canciones de esas que no perecen. Estampidas eléctricas, pasajes para soñar, vibraciones aseguradas.

"Fakebook" (1990), "Electr-O-Pura" (1995), "Summer sun" (2003) por citar algunos, ya forman parte de nuestro crecimiento musical. Disco que saca Yo la tengo, éxito asegurado. Paso el boom de los 90, el grunge, llegó el año 2000, ahora en el 2018....Siempre tendremos a Yo la tengo, y eso es una suerte de la que tenemos que disfrutar.

"There's a riot going on", el disco 15 de la banda, con John McEntire de Tortoise a los controles, es una delicia de principio a fin. Aquí no hallaremos lava volcánica de esa que nos tenían acostumbrados. La madurez del grupo les lleva a transitar por terrenos conocidos pero siempre al lado del riachuelo donde los peces al sobrevolar el agua despiden colores de esos que al juntarse con la luz de sol provocan ternura y ensimismamiento ("You and here", y "Shades of blues").

Como no, también suenan un poquito a la Velvet ("She may, she might), para a continuación construir himnos de esos que siempre pondremos en nuestros oídos dicharacheros ("For you too"). En "There's a riot going on" se explayan hasta caer en una venenoso folk dormilón, como la narcótica "Ashes", o seducidos por los 70, en "Polynesia=1", convencernos que mientras estén gente como ellos, aun recibir discos en casa continua siendo un memorable momento de goce personal.

Me encantan cuando construyen ambient en "Shortwave" o cuando se enroscan en la psicodelia en "Above the sound". La dulzura de "Let's do ir wrong" es para gritarla a voz viva, como lírica "What chance have i got".

"There's a riot going on" es un lp largo que se pasa en un pispas. Un conjunto de emociones envasadas al vacío para que podamos subir el volumen y soñar ("Forever"). Si después de 30 años Yo la Tengo pueden hacer aun cosas como "Here you are", podemos estar tranquilos. No hay nada como los clásicos para huir de la decepción y la desgana. Los que sabemos que no nos defraudaran, siguen en la brecha.


domingo, 15 de abril de 2018

THE JESUS AND THE MARY CHAIN. "Psychocandy" (1985)


Para mí, es el disco favorito de los hermanos Reid. Tan solo volver a escuchar después de tanto tiempo "Just like honey", ya esta todo dicho. El hechizo continua. He vuelto a los 80, a mecerme entre andanadas de noches sin fin, a mirarme en el espejo del baño de esos pubs que transitaba sin nunca cansarme, con mis ropajes negros, mis anillos de calaveras y mirando siempre a la vida como hacían los Jesus, dando la espalda con una sonrisa bien henchida.

Y es que el disco de debút de los escoceses era todo un punto, repleto de distorsiones, de poses, de mucha rabia, de mucho feedback reconcentrado ("The living end"). Por aquí andaba también dándole a los tambores el que luego fuera líder de Primer Scream, Bobbie Gillespie.

En "Taste the floor", es evidente las influencias que en su día dijeron de ellos que eran una banda híbrida entre The Velvet Underground y los Beach Boys. También tenían tiempo para dedicarse a la canción casi pop psicodélica ("The hardest walk" y "Cut dead").

Pero a mi lo que me ponía de verdad es cuando te rallaban el cerebro con voluptuosidades del tipo de "In a hole", donde el shoegazing que empezaba a hacerse un hueco como estilo, ya tenia a los Jesus como uno de sus mejores comparsas.

1985. 2018. Joder el tiempo que ha pasado y lo fresco que suena este conjunto de canciones que te hacen de todo menos aburrir. "Taste of cindy" es irónica y envolvente; "Never understand" es peligrosa y poco acomodaticia y "Inside me", vuelve a coger a la psicodelia por los cuernos para tirarse por un barranco de ruidos infernales.

"My little underground", es rock and rolk con un pie en Cramps y "You trip me up" es una canción de amor a la manera de estos chicos de pelos electrocutados. Todo "Psychocandy" suena vibrante, todo es para uso y disfrute de los que por aquella época flipamos con The Cure, The Sound, Cocteau Twins, The Chameleons y tantos otros compañeros de viaje.

Tras este grandioso disco luego vinieron otros dos enormes documentos atemporales como "Darklands" (1987) y "Automatic" (1989). Luego, poco a poco, fueron perdiendo  la gracia para el que escribe. "Damage and Joy" (2017), fue su vuelta digna a la escena después de su última aparición en 1998 con "Munki".

1985.2018. Pero que viejo que nos estamos haciendo, pero que joven que suena este pedazo de boomerang que viene de los antiguos tiempo para darnos purpurina y elixires efímeros de juventud ya fenicida. Un brindis por ellos!


viernes, 13 de abril de 2018

VIET CONG. "Viet cong" (2015)


La banda canadiense Preoccupations antes se llemaban Viet Cong. Fue el paso previo antes de cambiarse de nombre, y no de actitud. Porque desde que empieza a sonar el disco con "Newspaper spoons", con esos aires psicodélicos hermanados con ventolera de post punk, esta claro que el cambio del marca del grupo, no produjo desvaríos extraños.

"Pointless experience" es un remiendo de agitación melódica, oscura y clara, la voz que coge el hilo de Interpol, luces semiapagadas y dóciles bailes de tensión perpetua. Lo que no me gusta origen del cambio de Viet Cong a Preoccupations, es porque parece que el nombre no gustaba a la parte más arcaica y reaccionaria de su país, lo que supuso el vil momento de la chaqueta cambiada. No hay que dejar que los de siempre se salgan con la suya, lo políticamente correcto es lo que manda, y mientras si las bandas quieren hacerse un hueco, se achantan y claudican. Eso no le pasaba a los Dead Kennedys. Eran otros tiempos, y otros guerreros.

"Viet cong", tiene buenos temas, como la rueda minimal que es "March of progress" o la más post punk de todo el lote, "Bunker buster". Me quedo con el himno funerario "Continental shelf" y el nervio de "Silhouettes" rendido homenaje a Joy Division.

Para terminar, "Death", 11 minutos de caudal sónico que es todo un torrente de feedback y de energía desbocada. Luego vendría Preoccupations, con el valiente disco homónimo que perpetuaba estos sonidos, y con "New Material" recién salido del horno. Pero me quedo con Viet Cong, y su volcánica soflama. Catarsis de post punk.


martes, 10 de abril de 2018

DOMINIQUE A. "Toute latitude" (2018)


"Toute latitude" es el primero de los discos que sacará Dominique A en este 2018. El segundo, más intimista y tranquilo aparecerá en octubre. "Toute latitude" es el lado inverso, un baúl donde el músico de Nantes tiene almacenado un buen montón de sonidos electrónicos para dar un viraje a su carrera.

Porque eso es lo que no encontramos en este cd. Y es por eso mismo sus canciones requieren más paciencia de lo que nos tenían acostumbrados. Lejos ya de tensiones de rock como "Auguri", el músico francés cada vez se le ve más a gusto intentando esparcir sonoridades, probando elixires distintos para seguir vivo, explorando contextos y texturas.

Y tengo que decir que la cosa funciona, pero con cautela.  Que a pesar de lo que cuesta su escucha, al final  te convence con maravillas de porcelana como "Cycle" o "Désert d'hiver". En este disco los centauros y las sirenas campan por sus anchas por una orbe de lírica y flores con drama.

El tema que titula el álbum es una joya fabricada con esmero en un taller donde el recurso de la música electrónica ocupa un lugar importante. Porque es cuando te enfrentas a sonoridades como las halladas en "Les deux côtes d'une ombre", cuando compruebas que Dominique A se ha caído del caballo de las guitarras. Y bueno, uno tiene sus preferencias. Trabajos suyo como "Remué" o "La mémoire neuve", los tengo como mis favoritos. Pero lo dicho en el principio del artículo. El tiempo pasa y mister A. se ha propuesto que no le encasillemos.

En una entrevista reciente hablaba de proyectos futuros para realizar algún disco de ambient, world musique, y lo que se le ponga por delante. De momento queda refugiarse en dentelladas de teclados como en "La mort d'un oiseau", ecología tecnificada, clorofila de neón, pulsiones que barruntan experimentos y riesgo.

Mi favorita, "Aujourd'hui n'existe plus". Quizás porque me recuerde a esos medios tiempos que con tanta elegancia y melancolía Dominique A tiene a bien regalarnos con su poderosa voz. Aunque en ocasiones ("La clairière", "Enfants de la plage") se le va la mano con tanto sonido electrónico, echando a perder esa capacidad tan suya de sobrecogernos.

Me quedo con canciones como "Lorsque nous vivions ensemble", o fogosidades donde de nuevo su voz es un alarido de síncope y alarma, ("Corps de ferme à l'abandon"). Vuelve el tecno con "Se décentrer", para acabar este giro mayúsculo en su sonido con "Le reflet", otra pócima de encantamiento bien llevado.

En resumen, aun sigo digeriendo un lp cuya mayor dificultad es el alejamiento de un sonido ya establecido. Valiente por una parte, por otra quizás excesivamente inclinado a las tecnologías.Yo, prefiero esperar a octubre a su próximo disco.



domingo, 8 de abril de 2018

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO. "Salve discordia" (2016)


No he parado de seguir a Triángulo de Amor Bizarro desde que me hice con su disco homónimo allá en el lejano 2007. Me gustaron por su irreverencia, por su juventud airada, por esa forma de casar el noise, el shoegazing, y el pop, con el resultado que en sus trabajos han ido resolviendo con maestría y sedicción.

"Salve discordia" vino después de "Victoría mística" y esta repleto de paradas seguras donde seguir aullando ruido, envolvente azufre, parábolas inmarchitas. Escucho "Gallo negro se levanta" y parece que estuviera oyendo a Lagartija Nick primera época. Los gallegos a pleno rendimiento, como una máquina hábilmente engrasada.

Isabel Cea lo borda en la pop "Barca quemada", y "Seguidores" es dream pop para una sesión de cine de oscuridades afectuosas. Melódica, dramática, repleta de subidones de electricidad en un columpio de intensas emociones.

En "Baila Sumeria" se hace evidente el porque el nombre del grupo viene de una canción de New Order. Todo un puntazo. Luego en "Cómo encontró a la Diosa" se encienden en una barrabasada de noise rutilante para en "Qué hizo por ella cuando la encontró" volver a terrenos de nana de pop retorcido con gemas como "habría votado a la derecha por tí, trampearía las papeletas". Y es que el componente político sigue vigente en el cuarteto, a su manera, llegando casi al punk en "Euromaquia".

"Luz de alba" y "O Salva Eris" son el punto final de un viaje repleto de aristas y cornamentas sónicas. Preparándome voy para arremeter con ganas su nuevo ep "El gatopardo". Seguro que siguen fabulando demoliciones, abriendo compuertas de gas eléctrico, siempre subiendo el listón.


miércoles, 4 de abril de 2018

STEREOLAB. "Margerine eclipse" (2014)


"Margerine eclipse", fue el primer disco que sacó Stereolab después de la desaparición de Mary Hansen, y sus canciones parecen una loa dedicatoria a la que con tanto talento formó parte de esta maravillosa banda de pop electrónico.

Desde que suena la inicial "Vonal declosion", con el francés como idioma para atarnos a sus reflexiones naif, queda claro que estamos ante uno de los trabajos más interesantes de Stereolab. "Need to be" es juguetona, espacial, y "Sudden strars" con esa dulzura que nunca empalaga, con esos lugares comunes que desde descubrí "Emperor Tomato Ketchup", he ido encontrando en cada disco suyo.

Laetitie Sadier sigue cantando como un querubín alojado en un reino de parabienes, algarabía grácil, rumbo hacia la epopeya definitiva. Y como no, si queremos hallar el lado kraut que siempre acompañó a Stereolab, también lo podemos encontrar  en perfecciones del tipo de "Margerine Rock", con esos teclados que parecen escupir antiguedad, con ese soniquete tan perfecto para fabricar melancolía.

Y luego tenemos cuando con embaucan con sonoridades vintage del tipo de "The man with 100 cells", pura orfrebría para oídos tratados con efluvios de arpas marinas. Un prodigio. Como la casi tecno "Margarine melodie" y la increible y melosa "Feel and triple".

Estoy seguro que esté donde esté Mary Hansen, pasará unas tardes agradables sentada en una terraza, viendo la puesta de sol, tomando a sorbos un puzzle de té, escuchando "Bop scoth" y cerrando los ojos otra vez....


lunes, 2 de abril de 2018

MARK EITZEL. "Hey Mr. Ferrymen" (2017)


Tras una semana de parón por vacaciones, viajes y descanso, vuelve Discos Pensados con un señor disco de un gran artista. Y es que oyendo la canción que empieza el lp, "The last ten years", viene a mi en bloque la sensación que me produjo en los 90, el descubrimiento de American Music Club.

Era mi banda perfecta ideal para momentos de bajón y tristeza. Nada como la voz de Eitzel para encender una vela en la oscuridad, para contagiarme de silencios necesarios, de loas nocturnas que gravitaban entre arpas de melancolía.

Desde 2012 (con el bucólico "Don't be a stranger"), no sabíamos nada de él, y la verdad es que es una gozada de sensibilidad exacerbada todo "Hey Mr.Ferrymen". "An answer" es delicada y neblinosa y en "The Road" hace su aparición la guitarra de Bernand Butler para darle a la sombra más tonos de depresión.

La levedad te inunda cuando las caricias dolorosas de "Nothing and everything" encuentran su sitio en la penumbra de una calma siempre acogedora. "Mr Humphries"es la que más tensión emocional descarga con alboroto de suspiros, con el Suede Butler prestando sus cuerdas al barítono de las desgracias internas.

La voz de Mark sigue marcando el paso, sigue siendo un prodigio de esos que evocan y te llevan. "La Llorona" es una sacudida de feedbdack demoledor y "Just because" es otra estampida de lírica y sosiego, de paz y rubor.

La delicadeza que emana de "Sleep from my eyes", define a las claras, la carrera de un autor de esos necesarios para los que necesitamos huecos en las casas del corazón donde urdir maniobras de luces y encantamiento.

Mark Eitzel, de nuevo con nosotros, pulsaciones a ralentí, obras quirúgicas de dramas cotidianos, laceraciones del alma para ocasos necesarios, para lumbres calienta esperanzas.....

sábado, 24 de marzo de 2018

AUTISTIC DAUGHTERS. "Uneasy flowers" (2008)


Después del interesante debut que fue "Jealousy and diamond" en 2004, el trío formado por Dean Roberts, Martin Brandlmayr, y Werner Dafeldecker, siguió por la misma línea de post rock inspirado en trenzar corrientes de silencio e improvisación.

Canciones que se desmelenan en la servidumbre de monólogos interiores donde el trío afina sus instrumentos para acercarse a veces al slowcore, como en la imponente canción que titula el disco, o como la inicial "Rahana's theme", versículos de palmas y oraciones de siseos que confieren al grupo ese aire espiritual de noche perpetua.

Aquí los temas te sacuden desde el principio, son urdidos con parsimonia entre oleadas de cierzo a mansalva, lentitud fabricada para que aparezca a veces la voz de Chris Abrahams de The Necks para poner al experimento fluidez interna ("Liquid and strarch").

"Gin over soul milk" gravita en las mismas notas de desolación, mustia expresión donde los instrumentos se prestan a una calcinación de voces impresas. "Bird in the curtain" es otro de los puntos fuertes de "Uneay flowers", muy cercano a Talk Talk, y "Richest woman in the world", continua con la agitación glacial de una andanada de ondas sonoras con piano, solemnidad y alevosía.

"Uneasy flowers" fue lo último que hemos sabido de esta interesante banda, pétalos airados de suspiros bien trenzados, laceraciones de aire, pulgatorio de sombras. Después de comer, te los pones, te dejas llevar, y de golpe un exceso de calma. Silencio, se rueda.....


viernes, 23 de marzo de 2018

TNT. "Manifiesto Guernika" (1983)


No se ha recuperado como debiera la importancia vital de esta banda de Granada. "Manifiesto Guernika", en plena efervescencia de la Movida, con ejes como el Rock Ola, o el Madrid de esa época como epicentro de una oleada de artistas que vinieron a saltar por los aires la contención de la recién acabada dictadura. Otro día hablaremos por aqui de si muchos de los grupos de esa época merecían tanta bola. El caso es que TNT, con este "Manifiesto Guernika", ejemplifica muy a las claras su mensaje de punk con himnos que en nada tienen que envidiar a otros popes de esos años, como los Siniesto, Ultimo Resorte, TDK y otros fustigadores vehementes.

Los cuatro componentes de TNT, (por aquí también andaba Jesús Arias, hermano de Antonio Arias, y que nos dejó en 2015)  sabían que lo suyo era revitalizar el punk y la new wave a su manera. Proclamas contra la religión en destreza post punk, "Cucarachas", o arengas contra el avance nuclear, "1984 Hiroshima", todo y más cabía en este necesario lp.

Y eso que la banda tuvo que luchar para dar a luz a este luciférico ser, con trabas de la compañía (DRO) y una lucha total contrareloj para pergeñar este dichoso disco. Punks que en "El jardín extranjero" se calmaban en una secuencia de pop extraño, ochentero y gritón y que da paso a "Gilmore, 77", pura andanada revolucionaria.

"Guernika" (¿cuántas veces la hemos escuchado?), y la destroyer "Habitación 101", siguen subiendo el listón de un álbum altamente disfrutable. "La noche del ángel salvador" tira hacia el post punk, y en "Matsat" se fijan en Killing Joke para continuar su inflamada guerrilla.

Guerrilla que se convierte en un charleston guason en "Radio crimen charleston", para en "Sin futuro" arremangarse las mangas en un festín nueva olero. "Manifiesto Guernika", otra obra a reivindicar, otro salto al vacio de bilis y juventud airada.


martes, 20 de marzo de 2018

ATOM RHUMBA. "Cosmic lexicon" (2018)


7 largos años hemos tenido que esperar para que la banda de Euskadi nos vuelva a rallar los oídos con su blues orate, con su afilado cuchillo de fusión eléctrica, de rock sin aditivos, salvaje, visceral, puro elixir de esos que es necesario tragar para que los días malos lo sean un poco menos.

Y que mejor que empezar "Cosmic lexicon" con esa maravilla que se llama "The see in you", medio tiempo que navega entra la electrocución y las luces misteriosas. Rober! y Joseba Irazoki se llevan la palma. La inclusión del castellano, les vuelve igual de peligrosos ("Tumba gris"), y en "My minds blocking yours" parece que estuvieramos ante una mutación actualizada de Los Bichos. Vaya sonido.

"Voy cableado" es un swing punk, una agitada y nerviosa expresión que te deja sin palabras, electricidad a raudales, rock and rolk y salvajismo. Puro disfrute. Como "Red turning blue" y su lentitud demoniaca, guiñando con el ojo malo a Kim Salmon, en una sucia y solemne reliquia de incomoda suavidad.

Luego queda disfrutar y disfrutar de tonalidades tipo "Organised man blues", nueve minutos de pura depravación, gritos, la banda tocando dentro de un megáfono de aristas y punzadas que hacen daño, que da paso a "Tejedor de misterios", himno pop decadente, orfebreria y a volar. Una gozada.

Luego "Miss Elliot" con ese punto de intriga total que da la voz al final de este bellaco viaje de rock a "You're the only story", otro puntazo de tensión y blues, perfecto epílogo de un regreso esperado por muchos. Ya nos frotamos los dedos de sus directos en llamas. Con nosotros la rumba mutante, los chicos que nos desquician, la solemnidad de lo bueno y primitivo. A disfrutar.


domingo, 18 de marzo de 2018

THE SABRES OF PARADISE. "Haunted dancehall" (1994)


No te puedes dejar de resistir a ellos. Desde que suena "Bubble and side" y se acciona este engranaje de tecno minimal que se llama "Hanted dancehall", una joya insuperable, un lugar en común donde Andrew Weatherall y sus colegas, provenientes del mundo acid, decidieron que las cuchillas de afeitar, como mejor cortan es siendo rojas y peligrosas.

"Bubble and side II", son siete minutos de trance ilimitado, de sonidos buscadores de lugares donde el club no sólo sea un sitio para perder el tiempo. 1994. Ostias el tiempo como ha pasado, y como suenan de frescos The Sabres of Paradise.

La lección magistral de dub en "Duke of earlsfield", da paso a una cacofonía espectral ("Fligh part estate"), y luego, en "Planet D (Portishead remix)",  la constatación de que estamos ante uno de los discos más valientes que se ha hecho jamás en la música electrónica.

La larga duración del disco no es sinónimo en ninguna circunstancia de cansancio. Aquí todo suena fresco, natural, radiante. De nuevo el dub en "Wilmot" para en "Tow truck" trocearnos  los huesos con música para los dulces infiernos.

Weatherall y sus compinches sabían lo que hacían en el lejano 1994. Abrazaron todas las formas posibles de transgresión de la música club del momento y nos llenaron la cabeza de soniquetes para llevarlos todos bien alzados en el conjunto de nuestra dicha. "Return to planet D", es una alegoría minimal y "Ballad of Nicky McGuire" con sus ocho minutos de continuo frenesí marcial, es una invitación total a una especia de danza del descoloque.

No me extraña que este "Haunted dancehall" esté en multitud de listas como uno de los trabajos más arriesgados y atemporales que se ha construido en la música electrónica. Te pones "Jacop street 7am" o el tema que titula el lp y la verdad es que es para no detener tus espasmos de emoción.

The Sabres od Paradise, una parada segura en el confort de los ambientes espectrales, de los luceros marchitos, del universo de las máquinas saboteadas por la inflamación de la insolencia.


viernes, 16 de marzo de 2018

TIGERCATS. "Isle of dogs" (2012)


Con este disco debutaron este grupo londinense que auna en 11 temas un buen cargamento de razones para que les prestemos atención. Ya el inicio con la electrificada "Coffin  for the Isle of Dogs", con su aire de tweet pop, con sus melodías supurando pop artesanal, te dejan ganas de saber que hay de más en este interesante "Isle of dogs".

La voz de Duncan Barrett, el cabecilla de todo esto, nos recuerda a Hefner, aunque en lo músical, amplifican la paleta de tonalidades, pasando por cierto regusto afro ("Konny huck" y "Full moon reggae party"), o por acertados disparos al cielo de cohetes que parece que tienen la firma de Violent Femmes ("The Vapours").

Producidos por el bajista de Death in Vegas, "Isle of dogs" no peca en ningún momento de amateurismo. No suenan impostados. "Steve Nicks" es un pelotazo en toda regla, y la agitada "Harper Lee", nos los muestran efusivos, danzarines de un lofi abstracto, con repuntes de distorsión.

"Limehouse nights" es una ventolera de pop agitado y "Kim & Thurston", homenaje a los padrinos del noise es una delicada incursión en pasajes más amables, lejos de detonaciones del tipo que aparecen en "Easter island".

En 2015 sacaron "Mysteries", última noticia del grupo hasta la fecha, donde continuaban por la misma senda de mixtura en general. Música sin complicaciones, aderezada con suficientes condimientos para pasar un buen rato.

martes, 13 de marzo de 2018

THE BREEDERS. "All nerve" (2018)



Lo que más me gusta de la vuelta de The Breeders con este enorme "All nerve", es que no es un disco inmediato. No te entra a la primera. Sus canciones necesitan poso, escuchas, para entrar de lleno en el universo de Deal, su hermana, Josephine y Jim Mcpherson, la formación de gala de The Breeders.

Luego, todo es más fácil. Te pones en el sillón, empieza la tranquila "Nervous Mary", y de repente el golpe en la nuca, con la brutal "Wait in the car", como salida de la barriga del "Pod". Cuántas ganas de caer rendido bajo la tutela ruidosa de Kim y sus colegas.

Ahora que Pixies es un proyecto que a penas puede levantar el suelo para hacerse aceptable, viene este "All nerve" para poner las cosas en su sitio. Black Francis, sabe que las comparaciones son odiosas, que no tiene nada que hacer si ponemos al lado a Deal.

La que titula el lp te atrapa al momento con ese aire de pop escocido, y "Metagoh" es oscura, extraña, algo bizarra, un golpe a los cielos. Me alucina cuando Kim canta como murmurando truenos que apenas son audibles ("Spacewoman"), o cuando en "Walking with a killer" se lo pasa bomba con su peculiar manera de enredarnos en una calma siempre peligrosa, con el grupo siempre en una tensión que explota cuando Kim cierra los ojos.

A costado la vuelta discográfica de The Breeders, pero la espera mereció la pena si te chocas de golpe con trallazos como "Howl at the summit, o bravatas como "Archangel's thunderbird". La delicadeza también es un arma cargada con veneno de sugerencia; "Dawn : making an effort" la podía elegir David Lynch para su próximo film, para llenarnos la vida de pesadillas.

Las dos últimas, "Skinhead=2" y sobre todo "Blues at the Acropolis", confirman que aunque a pasado el tiempo, sigue presente la magia que nos encandiló cuando Pixies pasaron a mejor vida y The Breeders tomo el relevo de los elaboradores de pócimas antienvejecimiento. Mayúscula vuelta.


domingo, 11 de marzo de 2018

THE WEAKERTHANS. "Left and leaving" (2000)


No esta mal el cambio. Después de que el canadiense John K. Samson, militara en la banda punk Propagandhi, decidió cambiar el rumbo del timón y embarcarse en este proyecto diferente con el nombre de The Weakerthans. Se unió a John P. Sutton y Jason Tait para embarcarse en una amalgama de rock de autor, punk melódico y canciones tristes.

Si su primer disco, "Fallow" (1997), era bueno, su segundo, "Left and leaving", tenía todo a su favor para auparse en lo más alto de las listas indies de la época. Desde la sencillez melancólica de "Everything must go!", hasta los salpullidos eléctricos de "Aside", todo cabía en un disco que concentra en sus 12 temas un buen abanico de sonoridades.

"Watermark" es un torbellino que bebe del mismo afluente que The Replacements y en "Pamphletter" baja el pistón para confeccionar una sedosa y bucólica remesa de sonidos para soñar. Así eran The Weakerthans. Por aquí ya comenté en su día su mejor disco, "Reconstruction site" (2003),  que fue la continuación a "Left and leaving", donde el grupo daba un paso más, apoyándose más aun en las guitarras para aturdirnos con espasmos.

Escucho "This is a fire door never leave open" y alucino con ese resumen hábil de fiereza y ternura, con esas melodías que te arrullan en un volcán de electricidad amasadora de energía que se concreta en la espeluznante gema que titula al cd.

"Elegy for elsabet" empieza rezumando corazones rotos, transporte de lírica al aire del dolor, y que se ve siempre acompañada de una buena explosión hábilmente acompañada de luces de estridencia contenida.

Para terminar, una letanía con aires sedosos, "Slips and tangles", piano incluido. En 2007 pusieron fin a su carrera, con "Reunion tour". Nos quedan un ramillete de canciones para soportar penas, para afilar los latidos, de una banda qu supo aunar con destreza la suavidad y la pegada.


viernes, 9 de marzo de 2018

DIANOGAH."Battle champions" (2000)


Quizás de todos esos grupos que como una tromba de agua salvífica nos inundó con sus proclamas de mathrock, de rock especulativo con marcas de insurgencia (90 Day Men, Shipping News, Rodan o June of 44 por citar algunas de esas grandes bandas) Dianogah fue una de mis preferidas.

Nadie como ellos para desgranar mediante volutas instrumentales, racimos de petalos de lírica avasalladora, reflexiones en voz baja de te mecen y te aupan ("Kaisakunin"). Dos bajos y una batería les basta a los de Chicago para sacarse de su volcán sónico maravillas como "At the mercy of the mustang".

Aunque su mejor disco vendría acontinuación de éste, "Millions of braziliens" (2002), este "Battle champions" es una delicia de principio a fin, un tobogán de instrumentación colosal. Hasta cuando aparece la voz de Jay Ryan en canciones como "Time for a game of stick", sientes la efectividad de sus maneras matemáticas de convencernos con ahinco.

Es un punto el sonido de los bajos ("Indie rock spock ears"), y cuando elucubran sus fragantes sonidos límpios, sin mácula de elevar la voz en exceso, concretando su agitación en fogonazos que irradian una efectiva corriente frenética de música para soñar ("They have monkeys like we have squirrels").

Steve Albini se encargó de la producción, y el sonido gana enteros como siempre bajo su supervisión. "Battle champions" es delicado, sugerente, completando uno de esos trabajos de género más impactante. El otro tema cantado, "Eating cake" es un fuego de artificio colosal, dar pedaladas sin mirar atras, letanía soberbía, que casi al final de la escucha nos deja bombas de explosión retardada como la acelerada "My brother wore brown".

Lástima que el grupo se disolviese pacificamente en 2009. Nos quedan sus cuatro discos, cuatros excusas para que los amantes del mathrock sigamos degustando a sorbos cortos este elixir suculento de proclamas meditativas, de expresiones para erizarte la voluntad.

miércoles, 7 de marzo de 2018

DOWNTOWN BOYS. "Cost of living" (2017)


Cuando me enteré que Guy Piccioto (Fugazi)  estaba detrás de la producción de este disco, supe que los dos primeros trallazos punk del grupo en forma de lp "Downtown boys" (2012) y "Full Communism" (2015), iban a tener una explosiva continuación.

La banda liderada por Victoria Ruiz y Joey DeFrancesco, continuan fabricando dinamita de denuncia contra el racismo, el patriarcado, el vil capital, y han añadido a la lista de sus dardos al jodido Trump. "A wall", para empezar no podía ser mejor. El saxo atruena, los gritos de escaramuza, himnos para la rebelión con proclamas claras de resistencia y lucha.

Downtown Boys es el grupo punk más en forma del momento. Son las 8 de la mañana, suena "I'm enough(i want more)" y me dan ganas de buscar por el trastrero del tiempo mis viejas botas maquilladas con una A anarquista, y salir a la calle a poner las cosas en su sitio. Y es que la voz de Victoria sigue siendo como una manguera que expande gas venenoso.

"Somos chulas (no somos pendejas)", en español, es rápida, combativa, casi parece por momentos que se mira en el "Surfer rosa" de los Pixies. Bacanal de punk, ostias. Quien pensase que el fichaje por Sub Pop, abandonando su label indie, iba a suponer perdida de pegada, se va a llevar una decepción. Esto suena joven, vital, brutal, aromatizado por la ira que provoca las injusticias y que aquí se traduce en energía sin fin.

En "Promissory Note", se acercan a la ortodoxia punk finales de los setenta, marciales y con las guitarras como expendedoras de rabia y vesanía. Vaya sonido!. Como la visceral "Because you", que casi parece hardcore o "Violent complicity", algo más moderada pero con la misma carga instrumental que te da pie a subir sin condiciones el volumen de tu aparato reproductor.

"Tonta" también en español,  es la canción donde el saxo se encuentra más desbocado, ejecutando una danza macabra que por momentos nos acerca al orbe musical de la No Wave neoyorkina. Y es que los chicos de Providence tienen todos los ases en la baraja marcados con la palabra revolución.

Casi acabando este portentoso viaje, un pedazo de himno para llevarlo prendido en tu camisa roja y negra, "Lips that bite". Downtown Boys, Punk año dos mil, actualizando y removiendo la pócima que desata la furia. Sonido más necesario que nunca en estos malditos tiempos que nos condenan.


lunes, 5 de marzo de 2018

VIOLENT FEMMES. "Rock!!!" (1995)


El grupo de Brian Ritchie y Gordon Cano, ya se habían hecho un hueco en el cónclave indie desde su irrupción a principios de los 80 con su disco homónimo, con su punk acústico, con una apuesta genial e interesante de folk extraño. Desde entonces siempre se han mantenidos fieles a su forma tan particular de entender el rock.

"Rock!!!" con esa portada glam, no aporta nada nuevo en ese bajage discográfico que ya escuchamos en discos como "3" (1988) o "Why do birds sings?" (1991). Tampoco les hace falta. Quizás un repunte del sonido eléctrico, que en la inicial "Living a live" les hace más poderosos aun.

Pero las canciones marcas de las casa abundan, como "Tonigh", para tararear en noches de excesos etílicos, o la muy Velvet "Bad dream".  Cano y Ritchie se tenían la lección bien aprendida, y lo suyo es continuar el hilo de Ariadna de su especulación musical.

"Thanksgiving (no way out)", es tierna y a la vez oscura y en "Dahmer is dead" les sale una de esas bombas acústica punk que tan bien se les da. "She went to Germany" es un vacile trotón y "I wanna see you again" es de esos cortes donde la melodía es la protagonista total.

Luego viene una recreación de The Cramps, en "Digeriblues", para en "Sweet worlds of angels", poner el punto final con otros de esos caramelos lentos que tan bien saben fabricar. Todavía en activo después de tantos años en la carretera, ("We can do anything" nos mostró la buena salud de la banda), con ellos todo es fácil. Dejarse llevar.


viernes, 2 de marzo de 2018

THE SEA AND CAKE. "The moonlight butterfly" (2011)


Exquisito. Ese el termino que se me viene a la cabeza siempre que escucho a esta banda de Chicago, que desde 1994, lleva regalándonos discos de esos para levitar entre post rock tranquilo. La banda de Sam Prekop, Archer Prewitt y John McEntire (el jefe de Tortoise), lleva desde 1994 confeccionando pequeños regalos sónicos que nunca aburren que son como pequeñas postales en el filo de la sencillez y la modestia.

Sus canciones siempre son leves, sus trabajos siempre concretos. Como este "The moonlight butterfly". Que desde que suena "Covers" y la sobrecogedora con reminiscencias a The Durruti Column, "Lyric", sabes que has empezado un viaje donde es fácil perderse entre caricias de teclados juguetones, de pequeñas distorsiones siempre refrenadas.

Después de haber realizado malabarismos con "Qui" (2000) y "One bedroom" (2003), y a la espera de hacerme con su ultimo trabajo "Any Day" (2018), es todo un lujo adentrarse en este minilp con joyas que en el caso de la que titula el disco, se acerca a la electrónica analógica, sin rubor ni espanto.

Pero es en las progresiones melódicas donde la banda se eleva con pedazos de temas como "Up on the north shore", o los diez minutos acojonantes de "Inn keeping", donde tienen tiempo de rastrear su vertiente más kraut.

Para terminar, "Monday", tan delicada como una esponja de nube que cae rendida por un sueño necesitado de hacerse realidad. Easy leasing desde un club de susurros y leves abrazos al viento. Con músicos de tal enjundia no es de extrañar que cuando sale cualquier publicación de The Sea and Cake, busquemos esos retazos de calma que ellos irradian, tan necesarios en estos tiempos de tormenta continua.


miércoles, 28 de febrero de 2018

SUPERCHUNK. "What a time to be alive" (2018)


No me pude resistir. Bastaron los primeros acordes de la canción que abre y titula el lp para que me erizara como un jovenzuelo, votando en medio de la cocina mientras los platos casi se despeñan por el fragor de la distorsión. Y es que el tema tiene todo para que sea desde ya una de las mejores canciones de su sobresaliente repertorio. Pegada, melodía, punch, himno noventero. No puedo parar de ponerla.

Y es que es como si volvieramos a 1990, cuando sacaron su disco homónimo. Los de Chapell Hill me vuelven jóven durante esta media hora larga que tiene de todo para un disfrute extremo. "Lost my brain" parece casi punk y "Break the glass" es otro hit de esos que te rompen el corazón. Mac McCaughan, Laura Ballance, Jim Wilbur y Jon Wurster, meten un puñetazo bien fuerte a todos esos grupos acomodaticios que viven de las rentas y a los noveles que van de listos y se quedan en lo vacuo.

Nunca me ha defraudado un disco de Superchunk. "No pocky for kitty" (1991), "Foolish" (1994) o el más reciente "I hate music" (2013)  eran discazos de esos que no te cansas de oír. Y este "What a time to be alive", no iba a ser menos.

Esto es un torrente que no para, una catarata de luces que te estrangulan, un follón de esos que te deja rendido, y con ganas de más. "Dead photographers" es otra de esas gemas donde las guitarras se vuelven pop en un mar de electricidad incontenible, con una eficacia instrumental de esas que quitan el hipo.

Estamos en febrero y ya tengo uno de los discos de esos que alzaré en diciembre en lo más alto del año. Cuando el paso del tiempo en un grupo no significa adocenamiento y si juventud, es que estamos ante algo grande. Y Superchunk son todo un fenómeno. No paro de tararear "Erasure" con ese incontestable acervo de himno indie rock y "I got cut" es otra estrofa rota, otro lugar común para envenenarnos con la sabiduría de estos encomiables monstruos.

Stephen Merrit y otros colegas (músicos de Pedro the Lion, A Giant Dog y Waxahatchee) se dan un garbeo por el disco para animar al cuarteto en su particular guerrilla ruidosa. Así salen petardos casi de hardcore como "Cloud of hate" o joyas deliciosas como la que termina el cd "Black thread".

Todo un gusto comprar un disco y que te salgan un mar de rosas con la tensión por los cielos. Superchunk, los 90, el recuerdo, el presente, la fuerza, la juventud, la buena música, el candor....



domingo, 25 de febrero de 2018

SLEATER-KINNEY. "One beat" (2002)



"One beat", fue el sexto trabajo de Corin Tucker y sus colegas. Un disco de esos que ha envejecido bien, desde que el dedo presiona el play y suena la canción que titula el disco, rock aguerrido, himno minimal con las voces siempre coreando batalla.

Me gustan Sleater-Kinney, esa forma tan suya de jugar con el frenesí vocal, (Carrie Brownstein, es una acompañante ideal para la tenor Corin), y en temas como "Far away", sientes que el riot girl tuvo un buen estandarte con las Sleater.

No se cortan ni un momento en construir pequeños guiños de pop con teclados juguetones, "Oh!", o acercarse al post punk con guitarras crujientes, como en "The remainder". La verdad es que la banda suena como un tiro.

Y lo bueno de todo es que nunca dejan de lado junto con la pesadez sónica, una muy buena elaborada ración melódica que inunca todo "One beat" ("Light rail coyote"), o que se cuele un buen vendaval de vientos como en la sugestiva "Step aside".

"Combat of rock" es compulsiva y feroz, y "02" destaca por su mazacote de distorsión que en "Funeral song" se convierte en otra andanada de crujidos eléctricos.  Sleater-Kinney siguen en la actualidad a lo suyo. El año pasado editaron "Live in Paris", y según lo ofrecido parece que tienen cuerda para rato.


jueves, 22 de febrero de 2018

THE JON SPENCER BLUES EXPLOSION. "Freedom tower. No wave dance party" (2015)


Recuerdo la primera vez que vi a Jon Spencer. Era en una sala de Madrid donde 20 afortunados asistimos a un concierto de esos que dejan huella. Un tipo que se retorcía, junto a su banda de depravados, rock blues distorsionado, electricidad a raudales.... Eran los comienzos, luego cambiaría los pequeños locales por sitios más grandes, pero la verdad es que fue todo un impacto la energía que emanaba del colega y sus chicos.

Han pasado ya bastantes años de eso y Jon Spencer sigue a lo suyo. Para muestra, esta dedicatoria que hace a New York, en esta caja de ritmos que se llama "Freedom tower...". Y es que Jon, el batería Russell Simins y sobre todo la guitarra criminal de Judah Bauer, nos hace recordar la escucha de este disco ese otro pelotazo que fue "Orange". Y eso ya son palabras mayores.

Menudo comienzo con "Funeral", reclamando al gentío algarabía y ruido, furia y rock and rock. Una vacilada de esas para ponerla sin parar con un buen volumen brutal. Empezar así ya es un punto, continuar con "Wax dummy" y su funk con veneno de hip hop es la mejor manera de caer rendido ante este Elvis de los calambres.

Aquí la fiesta no para, aquí esta prohibido contagiarse de calma. Suena un disparo y sale la bala de "Do the get down" disparada entre sirena de bomberos y soul muy negro. "Betty vs. the NYPD" es una autentica borricada de garage pendenciero, de blues con palmas y groove. Mucho groove. La reostia.

"White Jesus" suena setentera a rabiar y la batería de Russell Simins, es la protagonista de ese pelotazo llamado "Born dad". En media hora larga Jon se ventila el disco y te deja sudando y moviéndote sin parar cuando te cruzas por la acera con vaciles como "Down and out" o la vitamínica "Crossroad hop".

Y es que no hay nadie como Spencer para traernos esos sonidos tan poderosos y pendencieros, con ese voltage tan caracteristico del trio,  riff poderosos y una vehemencia que lleva a la catarsis ("Dial up doll" y "Bellevue baby").

Rock and rolk. Pura dosis de adrenalina, alzacuellos de pecado y sedicción. Como cuando le ví la primera vez a principios de los 90. Más canoso, y trajes limpios para un sonido sucio, pantanoso, tumultuario, colosal...


martes, 20 de febrero de 2018

ALGIERS. "The underside of power" (2017)



El primer disco de Algiers, ("Algiers" 2015), lo recibí con alboroto y alegría. Los americanos consiguieron contagiarnos gracias a su gospel post punk, a sus intrincados ritmos oscuros, a sus voces de mil almas. Así que este segundo trabajo es el que debería apuntalar más aun la sorpresa inicial o dejarlos como una anomalía pasajera.

Pues bien, "The Underside of power" es una bomba rítmica desde que suena la inicial "Walk like a panther". La voz de Franklyn James Fisher cada vez es más precisa, acompañada de una banda que en "Cry of the martyrs" se escora con las guitarras frenéticas en una danza de soul marciano, palmas, distorsión y fiebre, mucha fiebre.

Manteniendo el discurso de lucha y rebelión que les acompañó en su primer largo, haciendo suyas proclamas de los Panteras Negras, el sonido de Algiers es una dulce y bella vesanía, original y catártica. A veces como en la que titula el cd, parece una recreación salvaje de The The.

Y cuando suenan post punk nadie les gana; como en "Death march", un auténtico festival de oscuridad salpicada de pasos de baile. Adrian Utley, de Portishead, es el encargado de los controles, el que lleva la sala de máquinas de este festín de rubores y olas de decadencia sónica.

La balada "Mme.Rieux" es uno de los puntos más hermosos de un álbum que no tiene desperdicio. Luego viene "Cleveland", gospel de romper cristales y gritar, tribulación del aullido, pánico en la voz que a fuerza de expandirse rompe nubes. "Animals", representa otro de los puntos fuertes de "The underside of power". Una patada al espejo, la más bruta, como volver a toparse después de tantos años con el fantasma de Gallon Drunk.

Minimal es "Plague years" y "Hymn for an average man" te mece con sus teclados confeccionando una melodia que de nuevo recuerda a Matt Johnson y sus chicos. Casi al final, la tenebrosa "Bury me standing", para recordarnos que con Algiers tenemos que tener cuidado. Ellos no van de farol como muchos compañeros de generación. Altamente recomendable pues la escucha masiva de este portentoso trabajo.


domingo, 18 de febrero de 2018

THE CRIBS. "Men's needs, women's needs, whatever" (2007)


De los siete discos que tienen esta banda de indie rock británica, este "Men's  needs.." es quizás el más redondo, el que más atina en esa especie de obsesión que tiene el grupo de los gémelos Jarman de hacer equilibrios entre el hit indie y las buenas canciones de punk melódico.

Lo consiguen a medias. "Our bovine public" es una buena manera de empezar. Radiante, festiva, repleta de corta y pega de distorsiones juguetonas. Como la traviesa "Girls like mystery". Lástima que luego bajen el piston y ofrezcan en "Meen's needs" una taza de conformismo indie.

Cuando se ponen más serios como en la efectiva "Mejor's titling victory", la cosa mejora, como en el espasmo guitarrero que recorre "My life  flashed before my eyes" y sobre todo con esa voz que recita en "Be safe" y que al poco da paso al grupo con una fiereza indómita.

"Ancient history" también adolece de esa necesidad que tiene el grupo de construir una épica para subir listas. La pop "Shoot the poets" no les queda mal para acabar con "Fairer sex" otro salpullido bien llevado que se acerca algo a Superchunk.

Disco para pasar la tarde, que no deja huella pero tampoco molesta, un paseo por la juventud inmarchita, por los fogonazos que nunca dejen del todo de alumbrar.


miércoles, 14 de febrero de 2018

GODFLESH. "Post self" (2017)


Desde hace años sigo la pista a este terrorista sonoro que se llama Justin  Broadrick. Desde 1989 con Godflesh junto a G.C.Green,  también en Napalm Death, God, Jesu (estimable su trabajo a media con Sun Kil Moon) y sobre todo Tecno Animal, banda de hiphop mutante industrial donde dió rienda suelta a toda una catarsis apocaliptica de esas que dejan huella.

Ahora estamos de enhorabuena, Godflesh está de vuelta. Tras su separación en el año 2002, volvieron en el 2014 con el recomendable "A world lit only by fire", pero es con éste "Post self", donde parece que fue ayer cuando caí rendido ante ellos al adquirir "Pure" (1992).

Basta acercar al dedo al play y que empiece a sonar la que titula el lp para comprabar que estamos ante uno de los mejores trabajo de su larga discografía. Ritmos incomodos, minimales, áridos, hipnóticos. Cuando suena  "Parasite" con esa guitarra que suena a Killing Joke ya estamos dulcemente condenados a poner la cadena en modo mala leche. Maravilloso.

El bajo de Green cada vez da más miedo, y las bases industriales que Broadrick emplea para engatusarnos con veneno, consiguen poner al día la importancia de la banda en la evolución del post metal vertiente arriesgada. No puedo parar de moverme cuando suena "Body", y "Mirror of finite light" parece elaborado en un futuro post nuclear, campanas de la muerte incluidas.

"Be god" es quizás la más malsana de todo "Post self". Aqui se alargan hasta los 5 minutos con la voz gutural de Justin rompiendo cielos, mientras el tema camina entre fuego, reptante, con la guitarra que parece una hecatombe, con marciales espasmos que te penetran y hieren.

En "The cyclic end" parece que estuvieramos penetrando en una burbuja de shoegazing catatónico, sideral, traumas de ruidos y luces de oscuridad. A cada paso que voy dando en la escucha del lp, más certeza existe que cuando acabe el tema 10, volveré con el 1. Me encanta ese inicio en "Pre self" de augurio minimal, trenzando una siderurgia del caos, que en "In your shadow" se convierte en un ariete industrial.

Han vuelto Godflesh, estamos de enhorabuena, los jinetes vuelven a cabalgar sobre un mapa de osarios, ratas mutantes, mezquinos deseos, máquinas que dan miedo. "Post self", que no pare de sonar el armagedon de la destrucción total....


lunes, 12 de febrero de 2018

THE FIRE THEFT. "The Fire Theft" (2003)


Jeremy Enigk fue guitarra y vocalista de la que a mi gusto fue la mejor banda de emocore, Sunny Day Real Estate. Nadie como ellos para violentarnos el alma con sus cuchilladas melódicas, con su contudencia repleta de espinas estranguladas. Discos como "Diary" (1994) o "The Rising tide" (2000), son trabajos que han de tener todos los que aprecien los arpegios del corazón.

En 2003, con la banda ya disuelta, Enigk se unió al bajista Nate Mendel y al batería William Goldsmith de los Sunny, y grabaron este pedazo de disco, como colofón a un sonido de esos que perdura con el paso de los años.

Y es que tras escuchar "Uncle mountain", la que da inicio a "The Fire Theft", con esos teclados y esa tristeza comedida, parece que estemos de nuevo escuchando a los Sunny. "Oceans apart" tiene cierto aire progresivo, siempre con la guitarra de Enigk volcada en sacar colores a un sonido que consigue reflejar la fuerza que en "Chain" es una amalgama de tonalidades que insisten en ardores de distorsión, en toboganes de fuerza.

Enigk sigue construyendo castillos de naipes con sonidos fabricados en una tienda de himnos ("Summertime" y "Houses"). Quizás en tramos del disco se le puede achacar ciertas inclinación a sonidos más asequibles o comerciales ("Waste time"), pero ganan las apuestas que circulan por la autopistas de las guitarras encendidas ("Rubber bands").

En la parte final del lp, lo mejor de todo, la absorvente "It's over" y los catorce minutos de delicadeza máxima de "Sinatra". Enigk en 2017, también nos regaló "Ghosts", otro poster  de gemas, grabado por crowdfunding, donde destaca sobre todo su imponente voz. The Fire Theft, el canto del cisne alejado de ruidos y algarabía, el ruido con mesura.


sábado, 10 de febrero de 2018

THE BLACK HEART PROCESSION. "Six" (2009)


El último disco que sacó la procesión de los corazones negros, es quizás el que más se acerca a todo el espíritu salmódico de Nick Cave y sus malas semillas. Si ya antes nos habían convencido con ediciones tan perfectas como "Amore del tropico" (2002) o sus tres primeros trabajos, ("1", "2", 3"), en este desfilan sin rubor, una buena colección de melodías de esas que viven en dramas continuos, en detonaciones del corazón ("Wasterland").

El grupo de Pall Jenkins y sus chicos sabe seducirnos con sus continuos vaivenes cerca de desfiladeros del dolor, ("Witching stone"), y con paseos por la oscuridad de demonios y de noches que parece que nunca van a terminar ("Rats").

The Black Heart Procession, siempre supieron donde estaba su sitio. Cerca del australiano y de otros combos como Dirty Three. Subidos en la noria de una orquesta que a la perfección ejecuta oraciones manchadas con ceniza compulsiva ("Heaven and hell"), o componiendo baladas de piano estremecedor como la brutal "Drugs".

No andan muy lejos tampoco de sus primos lejanos Gallon Drunk, cuando en "All my stpes" se envalentonan con medios tiempos juguetones. Me gusta "Liar's ink" con esa ración de tristeza melódica que despide las palabras abandonadas al aire en una tramontana de sudor íntimo.

"Back to underground" es otra secuencia activa de maracas y ritmos de neones perniciosos y "Last chance", la más delicada de "Six", con una guitarra acústica como fragor y motín, te llevan a desear noches perpetuas, soles sin quemaduras.

Lástima que los corazones negros se apagasen. Quedan una buena colección de trabajos que debemos de tener cerca cuando los cuchillos de la ansiedad salgan a pasear por el invierno glaciar de la música sin fin....


jueves, 8 de febrero de 2018

BAND OF HORSES. "Everything all the time" (2006)


Subpop, el sello que engendró el grunge, fue la casa donde nacieron esta interesante banda formada por Ben Bridwell y Matt Brooke. Y este "Everithig all the time" fue la primera acometida discográfica de una banda que transita por el indie rock de himnos florales, de hits pequeños, envueltos en celofán.

Así los dos temas iniciales del album, "The first song"  y "Wicked gil", son una secuencia bien programada de estribillos y melodías melosas, de rock que nunca alza la voz entre una floresta bien armada de electricidad siempre controlada.

En este primer disco te puedes encontrar ecos tanto del Neil Young más campestre, como de Built to Spill, siendo los temas que más se acercan a estos últimos los que dan de lleno en la diana. "The funeral" , fue su canción clave, un éxito comedido, una lenta balada con un final demoledor, con unas guitarras que angustian, fortaleza y cacareo, rubor y falsos espejismos.

Luego la cosa baja cuando se hacen rurales. "Part one" la hemos oídos mil veces, y "Monsters" le hace bajar la nota por su excesiva inclinación al country song. Menos mal que levantan el vuelo con la genial "Weed party" y la expansiva "The great salt lake".

Tras este disco no le seguí mucho la pista. Alguna canción de su siguiente disco "Cease to begin" (2007) y poco más. Sin embargo, este disco merece la pena. Su mixtura es creible, indie rock a su manera, con toques folk sin perder nunca la compostura.

martes, 6 de febrero de 2018

THE NATIONAL. "Sleep well beast" (2017)


Sigo pensando que "Alligator" (2005), el disco que me los descubrió, es su obra cumbre, un perfecto recopilatorio de canciones que arden y duelen, de electricidad y lirismo. Luego, su carrera (siempre interesante) corrió por otros derroteros, sin caer nunca en el descrédito, y siguiendo al pie de cañón con buenos temas para llevarte al recuerdo.

"Sleep well beast", viene tras 4 años de silencio tras  el irregular "Trouble will find me", y la verdad es que el parón les ha sentado bien. Y es que cuando un lp se empieza con la prodigiosa y emotiva "Nobody else will be there", con la vozarrona de Matt Berninger, sólo queda buscar el solaz y que sigan a lo suyo.

Tenemos suerte que una banda que empezó con conciertos de 50 personas y ahora se la rifan en los festivales, no haya caído en el pozo de la estupidez de combos como Coldplay y otros que no voy a nombrar pero que todos conoceis. Lo que define el comportamiento musical de The National es la buena ejecución de la melodía, la exploración del intimismo mediante arranques de devoción ("Day in die), o acertadas aparición de sintetizadores ("Walk it back), que vienen a sumar y no a restar en un discurso repleto de matices.

El piano de "Born to beg" te arrulla y mece en una góndola de sensaciones siempre al límite y en "Turtleneck", los hermanos Dessner a la guitarra casi se parecen a Nick Cave cuando lo encontramos cabreado. Vuelven a la tecnología con "Empire line" y en "I'still destroy you" se atreven con ritmos repetitivos, para en "Guilty party", continuar con los salmos de Berninger.

Echo de menos la presencia de las guitarras que con tanto saber en sus primeros discos les identificaban como grupo a seguir, pero el conjunto del disco no decae en ningún momento, mostrándonos a unos músicos maduros, compenetrados para firmar joyas como "Dark side if the Gym".

Después de oír el disco, me pongo "Alligator", y veo las diferencias, los cambios ocasionados. Y sí, me gustan también ahora, en este "Sleep well beast", más tranquilos y apaciguados, pero sin bajar la guardia. Lejos de convertirse en fantoches, lo suyo sigue emocionando.



domingo, 4 de febrero de 2018

THE ROBOCOP KRAUS. "Living with other people" (2003)


El cuarto disco de los alemanes The Robocop Kraus, es para el que escribe el mejor de su carrera, por su elocuente inclinación al post punk que XTC practicaba en los 80, y a la confecciones de viejos retales de músicas del ayer confeccionadas con mimo y estilete en una buena colección de canciones.

El saxo de "Fake boys" les sienta como un tiro, como la juvenil "Fashion" con aires de hardcore edulcorado o "Danny is passing", post punk melódico repitiendo la jugada de sus mayores. Tienen más gracia que los aburridos Frank Ferdinand, y saben engancharte con esos teclados juguetones de "All me have  is now".

Y como los chicos no se achican ante nada ni nadie, se atreven con esa especie de cabaret pop que es "Things don't work that away",  o la veloz y fulgurante "Apes aping apes" la mejor de un lote de temas que para nada se hacen aburridos, que merecen la pena volver a escuchar.

"Nihil disco" es otro himno de esos para subir el volumen de tu reproductor y "Audience" juega con la tecnología, para que en "Uri is at it again" no sintamos atrapados por esa red de radiación conjugada en espasmos para servirnos una buena ración de iluminación post punk. Para terminar, "Tips for performers", donde siguiendo los mismos patrones, consiguen mediante la distorsión concretar toda sus referencias musicales en un buen cúmulo de canciones.

Después de este disco destaca "Blunders & Mistakes" (2007) , y su adios como banda en 2009 con el también interesante "Metabolismus maximus". Banda a redescubrir.


viernes, 2 de febrero de 2018

THE DREAM SYNDICATE. "How did i find myself here?" (2017)


Recuerdo donde me compré mi primer contacto con The Dream Syndicate. Fue en una tienda del centro, donde se escribían disco, donde me hice con "The days of the wine of roses". Fue en el mismo lugar donde más tarde cayeron los vinilos del Violent Femmes, o "Nevermind" de Nirvana vía importación cuando aun eran unos desconocidos.

Allí me tope con la banda comandada por Steve Wynn, y desde los primeros acordes de "Tell me when it's over", me convencieron sin miramientos. Distorsión, buenas melodías, nuevo rock americano que lo llamaban.

Después de tantos años, es toda una gozada comprar "How did i find myself here" y sentir que nada ha cambiado, en uno de sus mejores trabajos de su discografía. Basta ponerte "Filter me through you" y como en aquella lejana época, vibrar con esa delicadeza furiosa, con esa electricidad contenida.

Con Dennis Duck y Mark Walton, compañeros de los 80, y con el guitarrista Jason Victor aportando el constante arreón de distorsión, les va bien eso de acampar en el jardín de Wynn. Porque la verdad es que aquí todo es redondo. "Glide" suena como un tiro, y "Out  of my head" es una amalgama de feedback de volumen atronador. Vaya sonido.

La más bestia y oscura del álbum viene a continuación. "80 west". Serpenteando entre brumas, con las guitarras como lijas, brutal y devastadora, casi punk. Joder con The Dream Syndicate, haber quien es el listo que duerme aquí.

"Like Mary" es tierna, un hit de esos que se saca de su sombrero de mago Wynn, casi parece Rem en sus mejores tiempos. Colosal. Como la salvaje "The circle", un tema de esos que te deja mudo, perplejo, todo electricidad, caligrafía de la distorsión. La que titula el cd es una pasada, once minutos de jam sessions, con mucho groove. Y para terminar, "Kendra's dream", de ensueño, un abanico sinuoso que te arrulla y te mece.

"How did i find myslf here?", por toda la puerta grande, un discazo vital, descarado, eléctrico, de una banda que parece haberse metido en la maquina del tiempo. De lo mejor del año ya finado.

miércoles, 31 de enero de 2018

SWEEP THE LEG JOHNNY. "Tomorrow we will run faster" (1999)


De 1997 a 2002, Sweep the Leg Johnny, nos regalaron 5 pedazos de discos a cual mas bueno. Durante este periodo la banda comandada por el saxofonista y cantante Steve Sostak, nos ofreció momentos de esos que no debemos perder los que degustamos y amamos la alquimia de estilos, la mixtura como provocación y arte.

Y es que desde que suena "Early october", te quedas desbordado por esa manera que muy pocos tienen en su mano de juntar el post punk, el jazz, o el post rock desde unos parámetros de locura y concretando una música libre de ataduras. En este primer tema podemos hallar varios tramos en la canción, cambios de ritmo y tensión,  como si fabricasen un hilo de metal nunca recto, siempre al acomodo de la necesidad del grupo a seguir a su bola.

El sexteto de Chicago las armaba muy gordas. "Please give me roses before i am dead", es una encrucijada poliritmica donde el batería es el encargado de llevar la batuta en una enrabietada y maquiavelica secuencias de minutos al albur de los descomposición.

Y eso que el nombre lo sacaron de una expresión que sale la película Karate Kid. Quizás porque lo de Sweep the Leg Johnny sea como un golpe bien fuerte en la sien. "Las cruces" es otro festival de poderío instrumental, requiebros y punzadas, soflamas y viento a la deriva de un saxo que percute y entona salmodias de furia.

Lo mejor está en la más larga del lote, los quince minutos de "Rest stop", y su lenta y progresiva deriva de post rock telúrico, inflamado, bestial, de esos temas que querias que nunca se acabasen. Para el final, "Skin",digno epílogo de una de las formación más imprescinsibles que ha dado la escena independiente norteamericana. Bestias, líricos, caústicos, inflamados, dinamita pura, punk, libertad, jazz... faltan palabras, mejor recrearse con el clip....

domingo, 28 de enero de 2018

THE GIST. "Embrace the herd" (1981)


The Gist sólo sacó un disco,  este "Embrace the herd". En The Gist,  Stuart Moxham, de Young Marble Giants, y en sus doces canciones, hijas de la época, es fácil perderse y añorar ese tweet pop que tanto se gastaba por las islas.

El divertimento de Moxham, que empieza con la instrumental "Far concern", sigue en todo el disco,con una buen ramillete de canciones de esas que llaman a la melancolía de unos tiempos que seguro que no volverán. "Love at first seight" es pop de ese que bien se podía meter en las listas de ventas de aquella época.

Luego tenemos platos fuertes, como "Fretting away" o la luminosa "Public girl", una delicia que seguro que encantará a los amantes de The Magnetic Fields,;"Simian", o como la que titula el lp, una pasada de esas con teclados submarinos en medio de una auténtica bacanal de deja vu.

Es una pasada esto de mirar al pasado. Sobre todo ahora que nos hacemos viejos, que tenemos la manía de quitar el polvo a los viejos discos que guardamos en la despensa de lo aún no oído o lo que necesitamos volver a hacer presentes en nuestro hoy.

"Iambic pentameter" es rara de cojones, y "Carnival headache", es como viajar a un lugar donde aun era posible bailar sin moverte, con el bajo poniendo hincapié en una especie de barroca sesión de danza inmarchita.

La más festiva del disco, "The long run" es otro trotón experimento para gozar con esos sonidos analógicos que tanto se echan en falta. Sin duda esto no tiene nada que ver con el sonido de Stuart en Young Marble Giants, pero The Gist en esta su única aparición en un disco largo suenan efectivos, rutilantes, ochenteros (de los buenos). Sigo limpiando mi arcón de viejas joyas.....


viernes, 26 de enero de 2018

MARIA ARNAL I MARCEL BAGÉS. "45 cerebros y un corazón" (2017)


Pasó en Agosto de 2016. En un monte de Burgos, en una fosa común de esas que tanto abundan en los arcenes de las carreteras, encontraron 45 cerebros y un corazón totalmente intactos. Los fascistas que llenaron el pais de muerte aun esperan una condena que seguro que no recibirán. Los gobernantes callan y silencian a las victimas que esperan entre piedas y oscuridad que sus huesos vean la luz, que la dignidad no solo sea una palabra que buscar en el diccionario.

Maria Arnal se enteró de este descubrimiento y junto con Marcel Bagés dedicó el título del disco a los que necesitan que la memoria no claudique frente al olvido. Canción protesta con furia y folkclore. Desde que suena "Canción total", poniendo a los socialdemócratas en su sitio, levantando la voz frente a las ambiguedades, María con su pedazo de voz y Marcel con su guitarra, nos llevan de la mano a recuperar la canción tradicional ("Bienes") , y volar con la distorsión en "Jo no canto per la veau" en medio de la dulzura dura de María.

Bonita es "Tu que vienes a rondarme", ya clásico atemporal para buscar en la vid del deseo ese liquido que penetra en los corazones. En "Desmemoria" Maria parece a la gala Camille en un run run que como todo el disco pone las cosas en su sitio y nos estremecemos con la emoción de "Ball de vetlatori", sencilla, tradicional, habanera del desgarro infinito.

También impresiona la versión que ejecutan de Ovidi Montllor, "A la vida", que empieza suave y tierna y acaba en arrebato con Marcel desbocado con su guitarra caballo salvaje. Mi favorita, la que titula el cd, describiendo el momento del atroz desenterramiento. Brutal Maria con un registro vocal que a te atrapa, en una canción de esas que se te clava y enfurece.

Y un poema de Joan Brossa es la excusa perfecta en "La gent" para confeccionar una telúrica y vibrante acumulación de sonidos extremos. "45 cerebros y un corazón", una letanía sin fin contra el olvido.


miércoles, 24 de enero de 2018

MADENSUYU. "Stabat mater" (2013)


Madensuyu, mi primer gran descubrimiento del año 2018. Una autentica bomba. El grupo belga formado por Pj Vervondel a la guitarra y el batería Stjin "Ylode" de Gezelle, conforman una de las apuestas más interesantes que he escuchado en años.

Y es que todo en Madensuyu impresiona. La portada del Cd es un trozo de madera (si, literal) , las letras impresas en la caratula. En cada trabajo (llevan tres, y al mes que viene aparecerá el cuatro), han llevado lo artesanal hasta el extremo, usando fusibles eléctricos,o pedazos de hierro  para acompañar un armazón musical de esos que quita el hipo.

No es baladí el titulo de este trabajo, "Stabat mater", donde usan un termino asociado al sufrimiento de la virgen Maria con su hijo, para trasladarlo al dolor que siente la mujer cuando los malos hados se llevan a la progenie. Y luego va y te pones "Crucem", con sus arrebatos de distorsión y un final melódico para encantarte la vida.

Porque dentro de este cóctel musical que tan bien cuidan, el grupo parece querer reinventar el concepto de la música clásica desde la devastación bruta de un postrock que a veces es casi opera punk, ("Mute song").

Así, el himno Stabat Mater, musicalizado por Vivaldi o Arvo Part, en manos del duo es una auténtica catarsis que desde la primera escucha hace que te enganches a ellos. "On the long run", es otra letanía que te arrulla con solemnidad de silencios, con gritos de alarma, festín para los sonidos. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto la escucha de un disco, que no me apenaba su fin. En casi 40 minutos, les basta para provocar sensaciones, guitarra y batería sumergidos en espiritualidad malsana ("Ready I").

"Dolorosa" es otro de los puntos fuertes del disco; instrumental, furiosa, eléctrica, con los dos ángeles heridos confeccionando una postal de delicadeza, una traviata del ánimo henchido. "Triple dot" es un minuto y pico de órgano de catedral y para el final el delicatesen más absoluto con "Days and a day", donde partiendo de una base de calma feroz se acaban con una cantata desquiciada donde las cuerdas se amotinan, y la sobrecogedora "Haul in/high tide", motivo por el que me compré el disco, una especie de reencarnación de The Blue Nile en medio de un pasaje verde. Sin palabras, el clip que pongo a continuación habla por si solo.

Pronto por Discos Pensados irán apareciendo sus anteriores trabajos, a la espera de lo que se nos viene encima con su esperadisimo "Current" (2018). Repito, sin palabras, mejor oirles....



martes, 23 de enero de 2018

MISSION OF BURMA. "The horrible truth about Burma" (2012)


En el año 2012 sacaron Mission of Burma esta colección de canciones grabadas durante la gira del año de su separación, 1983 (mucho más tarde se volverían a unir en lo que sería la segunda vida de un proyecto que dio a la luz discos tan indispensables como "Onoffon" (2012) o "The Obliterari" (2006)).

La banda aparece aquí a lo bruto, elaborando 14 gemas corrosivas de punk sin matizar. Aquí no hay la brutalidad y la mixtura que vino con los trabajos de la última época. Desde que suena "Peking spring" o "Dirt", el grupo, con la formación original, despliega un enorme abanico de contudencia corrosiva ("Go fun burn man").

El sonido es sucio, y la inclusión en él de versiones como la que hacen de "1970" de The Stooges, deja bien a las claras las referencias musicales que Mission of Burma. Peter Prescott que luego formaria Volcano's Sun, no para de predicar a ostiazo limpio temeridades como "Blackboard".

Aun sin definir el viraje melódico que más tarde el grupo concretaría, ya apuntaban maneras cuando suena "He is, she is", o cuando se sacan de la manga la versión de Pere Ubu, "Heart of darkeness", puro noise infamadado y peligroso.

Y como iba a faltar uno de los clásicos de la banda, "That's when i reach for my revolver", adrenalina, himno atemporal, canción de esas que puedes poner mil veces sin cansarte. "Weatherbox" y "Trem trow", con un Clint Conley descomunal en su faceta vocal.

"The horrible truth about Burma", es un monumental estallido de catarsis punk con matices de una banda que debería haber tenido mejor fortuna en esto del reconocimiento.


domingo, 21 de enero de 2018

SUUNS. "Zeroes QC" (2010)


Con este primer disco arrancó la vida de este cuarteto canadiense, que la verdad no se les da nada mal eso de combinar la electrónica con el rock. El primer juguete donde inician la partida, la inicial "Armed for peace", deja la voz a la mejor canción del disco "Gaze", amenazante, himno espectral, tensión y alboroto.

Si todo hubiera seguido por este camino, el disco sería un puntazo de cabo a rabo. Lo que les hace algo bajar la nota es que hay temas que parecen calcados de esa otra fenomenal banda llamada Clinic ("Arena" y sobre todo "Up past the nursery).

Luego, se saben fajar bien en sonoridades del tipo de "Pie IX", extravagante, sideral, repleta de brumas donde perderse a gusto y sin prisa. "Marauder" es un vacile que no llega a los dos minutos y "PVC" es otra pieza de esas que no desentona en bailes de neones intrascendentes, en luminarias de ritmos sincopados.

Acabaron este su primer largo con "Organ blues", con los teclados como principal eje comunicativo con el resto de instrumentos, que se enredan en una especie de gospel mutantes para hacerle la competencia a Primar Scream.

En el año 2016 sacaron el interesante "Hold/still" (donde se les ve más maduro, con más personalidad) y un disco de remezclas en el pasado año de ese mismo álbum. Valga "Zeroes QC" como comienzo de una interesante carrera con posos de electro, y de rock.


miércoles, 17 de enero de 2018

TRUPA TRUPA. "Joly new songs" (2017)


El tercer disco de esta banda polaca con nombre tan original, bajo los auspicios del label francés Ici d'ailleurs, es toda una bomba de relojería de psicodelia oscura, de sonidos que te llevan al trance, cuando tras 2 o tres escuchas te metes en el laberinto sónico de la banda.

Sólo con darle al play y escuchar "Against breaking heart of a breaking heart beauty", te sentirás impelido por ese enjambre de guitarras que nacen de un pozo de calma. Porque calma rara hay a raudales en "Joly new songs". El fantasma de Syd Barret parece que esté en cada minuto de "Coffin", con esa delicadeza malsana que desprende el tema, con un inicio casi de balada que al poco da pie a un desarrollo de distorsión elevada al cuadrado.

La locura parece que toma al asalto "Falling" con ecos de lisergia en medio de un tumulto de excentricidad y caos. "Mist" es otro de los puntos fuertes del disco. Retozando entre punteos, con el cantante inflando hasta la médula de licores setenteros, oscuros, hipnóticos, envolventes.

La que titula el cd, es otro pedazo de isla en el mar de la expresión total, con el grupo en su mundo de burbuja mirando y buscando estrellas negras, o sorbiendo un poco del telar de los sueños extremos. La verdad es que una maravilla ponerte "Leave it all" en los cascos mientras cae la modorra de después de comer; su minimalismo te embriaga, su calma te mece entre adelfas de hielo.

"Never forget" la más psicodélica del lote es un abanico de tensión y de cielos extremos y "None of us" es otro himno de decadencia y hierro forjado en nubarrones ácidos. Para cerrar el disco, la mas dura del lote, "To me", una ración bien trenzada de feedback y de ritmos alocados.

Brillante banda a recuperar del año que se nos fue, con un disco atemporal que  bebe de muchos ríos (psicodelia, postrock, postpunk), y que con valentía y crudeza confeccionan una buena colección de canciones de esas que cuando acabas el disco, se quedan días y días en la orilla de tus oídos.



lunes, 15 de enero de 2018

UNSANE. "Unsane" (1991)


En el pasado 2017 tuvimos la suerte de que la banda con las portadas mas sangrientas del rock, volvieran a dar señales de vida. "Sterelize" nos los trajo en su pleno esplendor; ruidosos, peligrosos, una banda de forajidos que sigue andando por el camino de la ponzoña y la herrumbre.

En 1991, sacaron su primer largo, con la fotografia de un hombre decapitado en el metro de New York. Asi son Unsane. Asi eran la banda liderada por el guitarrista y voz Chris Spencer. Por aquí aun andaba a las baquetas Charlie Ondras, fallecido por sobredosis en 1992. Y es que desde que suena "Organ donor", aquí no hay quien pare.

Unsane es una batidora de noise rock, de gritos y de deslabazados riffs que a veces miran de reojo a Blak Flag ("Bath"). Colegitas de correrias de Helmet y tampoco muy lejos de los burros Today is the day, Unsane nunca se han andado con chiquitas.

Densos como una cuchilla de afeitar en busca de presa ("Magot"), oscuros como el porvenir del rock cuando se adocena y se deja para chiquillos que no tienen nada que decir ("Cracked up"). Aquí no hay nada impostado, aquí se percibe el peligro en cada canción, como en la lacerante "Exterminator", o en la violenta "Vandal-X".

El disco homónimo de la banda es una enorme bofetada a lo que triunfaba por el momento. El grunge que reinaba en la época son bailes de salón comparado con Unsane. No me extraña que hasta el propio Cobain señaló entre sus gustos a la banda de Chris Spencer.

El noise de "Hill", enlaza a la perfección con la demolición sónica de "Cut",  o con el punk sucio de "Action man". Dentro de poco aparecerá por estos lares la critica a su último trabajo. De momento nos conformamos con tener cerca la sierra electrica, por lo que pueda pasar....