miércoles, 17 de enero de 2018

TRUPA TRUPA. "Joly new songs" (2017)


El tercer disco de esta banda polaca con nombre tan original, bajo los auspicios del label francés Ici d'ailleurs, es toda una bomba de relojería de psicodelia oscura, de sonidos que te llevan al trance, cuando tras 2 o tres escuchas te metes en el laberinto sónico de la banda.

Sólo con darle al play y escuchar "Against breaking heart of a breaking heart beauty", te sentirás impelido por ese enjambre de guitarras que nacen de un pozo de calma. Porque calma rara hay a raudales en "Joly new songs". El fantasma de Syd Barret parece que esté en cada minuto de "Coffin", con esa delicadeza malsana que desprende el tema, con un inicio casi de balada que al poco da pie a un desarrollo de distorsión elevada al cuadrado.

La locura parece que toma al asalto "Falling" con ecos de lisergia en medio de un tumulto de excentricidad y caos. "Mist" es otro de los puntos fuertes del disco. Retozando entre punteos, con el cantante inflando hasta la médula de licores setenteros, oscuros, hipnóticos, envolventes.

La que titula el cd, es otro pedazo de isla en el mar de la expresión total, con el grupo en su mundo de burbuja mirando y buscando estrellas negras, o sorbiendo un poco del telar de los sueños extremos. La verdad es que una maravilla ponerte "Leave it all" en los cascos mientras cae la modorra de después de comer; su minimalismo te embriaga, su calma te mece entre adelfas de hielo.

"Never forget" la más psicodélica del lote es un abanico de tensión y de cielos extremos y "None of us" es otro himno de decadencia y hierro forjado en nubarrones ácidos. Para cerrar el disco, la mas dura del lote, "To me", una ración bien trenzada de feedback y de ritmos alocados.

Brillante banda a recuperar del año que se nos fue, con un disco atemporal que  bebe de muchos ríos (psicodelia, postrock, postpunk), y que con valentía y crudeza confeccionan una buena colección de canciones de esas que cuando acabas el disco, se quedan días y días en la orilla de tus oídos.



lunes, 15 de enero de 2018

UNSANE. "Unsane" (1991)


En el pasado 2017 tuvimos la suerte de que la banda con las portadas mas sangrientas del rock, volvieran a dar señales de vida. "Sterelize" nos los trajo en su pleno esplendor; ruidosos, peligrosos, una banda de forajidos que sigue andando por el camino de la ponzoña y la herrumbre.

En 1991, sacaron su primer largo, con la fotografia de un hombre decapitado en el metro de New York. Asi son Unsane. Asi eran la banda liderada por el guitarrista y voz Chris Spencer. Por aquí aun andaba a las baquetas Charlie Ondras, fallecido por sobredosis en 1992. Y es que desde que suena "Organ donor", aquí no hay quien pare.

Unsane es una batidora de noise rock, de gritos y de deslabazados riffs que a veces miran de reojo a Blak Flag ("Bath"). Colegitas de correrias de Helmet y tampoco muy lejos de los burros Today is the day, Unsane nunca se han andado con chiquitas.

Densos como una cuchilla de afeitar en busca de presa ("Magot"), oscuros como el porvenir del rock cuando se adocena y se deja para chiquillos que no tienen nada que decir ("Cracked up"). Aquí no hay nada impostado, aquí se percibe el peligro en cada canción, como en la lacerante "Exterminator", o en la violenta "Vandal-X".

El disco homónimo de la banda es una enorme bofetada a lo que triunfaba por el momento. El grunge que reinaba en la época son bailes de salón comparado con Unsane. No me extraña que hasta el propio Cobain señaló entre sus gustos a la banda de Chris Spencer.

El noise de "Hill", enlaza a la perfección con la demolición sónica de "Cut",  o con el punk sucio de "Action man". Dentro de poco aparecerá por estos lares la critica a su último trabajo. De momento nos conformamos con tener cerca la sierra electrica, por lo que pueda pasar....

sábado, 13 de enero de 2018

SUN KIL MOON. "April" (2008)


El día que Mark Kozelek dió por finiquitado a Red House Painters, y llamó a su tristeza Sun Kil Moon, nos quedamos tranquilos. Nada iba a cambiar, podíamos retozar en calma mientras el malhumorado de Kozelek seguía a lo suyo, llenando de blanco y negro nuestras vidas.

"April" fue el tercer largo de Sun Kil Moon, y desde que suena "Lost verses", no puedes más que desear retirarte una temporada lejos de la ciudad, allá donde no hay ruidos ni malos aires. Sentado en medio de la nada, cerrar los ojos, escuchar al cuclillo y decir que sí, que es posible dejar la alta tensión para otro día.

"April" es un disco con mucho minutaje que no se hace largo. Será porque a veces Sun Kil Moon parece Neil Young, ("The light"), o por la participación en él de Will Oldham o Ben Gibbard dejando su voz como señuelo. A los que seguimos a Kozelek nada nuevo bajo el sol. Y eso nos vale.

En "Lucky man" se basta con su guitarra acústica para predicar desde los latidos dolidos y en "Until  hallway" podríamos pescar lluvia para nuestros corazones. Todo es artesanal, lento, especiado, repleto de siseos que siempre nos acompañan sin alarma ("Heron blue").

Kozelek estaba a gusto con este folk rock para ojos cristalisnos ("Moorestown"), y hasta cuando suena eléctrico, casi calcado a Young en los diez minutos de "Tonight the sky", se percibe delicadeza y fundamentos de calma.

Sun Kil Moon es un buen medicamento para la rapidez de los tiempos ("Like the river"), y se meta donde se meta Kozelek tenemos asegurada una buena andana de minutos para gozar. A mi particularmente, su trabajo con los postmetaleros Jesu, "Jesu/Sun Kil Moon" (2016) ha sido lo más glorioso de su carrera, pero también porque no, me gusta ponerme el sombrero de paja, una espiga en la boca, un buen vaso de licor fuerte entre las piernas y pensar en no pensar en nada....


miércoles, 10 de enero de 2018

DEERHOOF. "Mountain moves" (2017)

No, Deerhoof no se han "comercializado" con la edición de este "Mountain moves". Eso al menos puede parecer cuando escuchas "I will spite survive", con Jean Wasner apareciendo por el tema. Pop loco, con vena ecléctica, más cercano que sus anteriores producciones, pero igual de orate en concepto y forma.

El cuarteto con la voz de Satomi Matsukazi al frente, aportando ese aire exótico y siempre infantil, se ha rodeado de una buena corte de colegas para dar un paso más en una interesante carrera. La ex-Stereolab, Laetitia Sadier en "Come down  here & say that" aporta su voz para catapultar a Deerhoof al mundo de los grupos siempre extraños y necesarios.

También Juana Molina en "Slow motion detonation", repica pop y majestuosidad. Un punto la versión de "Gracias a la vida" de Chavela Vergas. 1 minuto les basta para que entre la funk "Begin countdown" y la guitarra juguetona para hacernos a todos danzar como malditos.

"Your dystopic creation doesn't fear you" parece un aberración rap al principio para que al poco la distorsión desquiciada entre al combate  y suene "Ay that's me", dance sideral, fogatas y lluvia, hibernadero de luces pedregosas.

No, Deerhoof siguen en plena forma. Desde que me hice en su día con el alocado "Milk man" (2004) no les he perdido de vista. Su propuesta es como una derivación post de estilos que por su batidora suenan atómicos, especiados, repletos de fundamento y enjundia. En una misma canción puedes encontrar uno o dos más giros de timón, ofreciendo al oyente la garantía de estar ante algo distinto.

Hasta suenan orientales en "Palace of the governons", árabes con chilabas espaciales, kif de gafas multicolor, sueños y volar libres sin ataduras. 15 temas que pasan como un suspiro, que se enreda en tu sien, que ofrecen alforjas de lisergia, volumen atronador. La que titula el disco con Matana Roberts, el bajo es el que cobra protagonismo junto a los vientos arrolladores, para en "Sea moves" moverse en ritmos negros y en "Kokoye" con unos teclados juguetones, llevarnos a este planeta donde Deerhoof llevan años viviendo de espaldas al mundo.

"Mountain moves", otra golosina para llevarse a la boca, otro artefacto onírico y astral. Es oir cantar a Satomi y romper cielos. No te fallarán.


lunes, 8 de enero de 2018

VARIOS. "New York Noise Vol. 2 (Music from the New York underground 1977-1984) (2005)


Al sello Soul Jazz Records, le debemos que por su label hayan podido (y siguen en el empeño) desenterrar todo un abanico de bandas, de estilos, hijos de convulsas épocas, siempre lejos de los parámetros comerciales.

Ya nos dejaron con la boca abierta con el Número 1 de este recopilación, donde desfilaban terroristas de la talla de Mars, Alan Vega, Bush Tretas, Konk y una buena colección de artistas de la No Wave, criados al albur del underground neoyorkino, componiendo la contraposición ideal a todo lo que significó la New Wave.

Este segundo Volumen, continua con eficacia el rastreo de bandas que durante los periodos que van de 1977 a 1984, socavaron los cielos con sus rugidos de caos y ritmo. Aquí cabe todo. El sonido percusivo de Pulsallama y su increible "Ungawa pt,2", Mofungo y sus sones africanos en "Hunter garather", los espasmos punk de Red Transistor o Vortex Ost y su música de no baile.

Adentrarse en estas 16 pistas es todo un viaje alucinógeno donde tiene cabida todo lo más peligroso de la época. El punk-funk de Certain General ("Back downtown), y como no iban a aparecer los Sonic Youth, en sus inicios de carrera, cuando eran más minimales y extremos ("I dreamed i dream").

No hay nada como empezar el año con un cóctel molotov como el de esta enorme recopilación donde conocer a combos de esos oscuros que ni dios sabía de ellos. Me alucinan Rhys Chatman y sus convulsiones guitarreras ("Drastic classicims"), el dub de Clandestine, o los arranques de funk loco de Glorious Stranger.

Todo una pasada. No Wave de la No Wave. Hasta Jim Jarmusch anda por aquí con "My hands are bellow (from the job that i do"), o los seminales  UT, con la violenta "Sham Shack". Aquí no hay tintas medias, esto es salvajismo, innovación, suciedad, música no domesticada nacida de una necesidad vital por romper con todo, expresiones artísticas del caos y la desobediencia total.

Sólo me queda recomendar y adentrarse en el label Soul Jazz Records, El hogar del funk, del dub, de las grabaciones extrañas,  historia musical de la No Wave . Soberbio!



sábado, 6 de enero de 2018

SPARKS. "Kimono my house" (1974)


Los hermanos Ron y Russel Mael, norteamericanos, se sacaron de la chistera un disco de esos que quita el hipo, y que hoy tras más de cuarenta años de su publicación suena como una golosina de pop envenenado, de ritmos trotones, naif hasta en la portada (sus dos primeros temas, "This town aint..." y "Amateur hour" son como para no parar de escucharlos).

Lo suyo era el sentido del humor, las letras divertidas, encuadradas en unas sinfonía glam donde todo estaba permitido; gracietas y más gracietas para envolver un regalo sónico que es una delicia para los oyentes de todas las edades ("Falling  in love with myself again").

"Here in heaven" casi suena post punk. Pero un post punk luminoso, con las guitarras de juguete y los coros flameados de con una buena dosis de neones de mil colores. Los teclados de "Thank god it's no christmas" es todo un puntazo rítmico y envolvente y "Talent is an asset", es danzarina, de dulzura gracial, music hall de locura y depravación.

"Complaints" es hija de la época donde se gestó el lp y "In my family" luce con orgullo su buen armatoste guitarrero acompañando al duo en su conversación por el lado más lúdico de la vida. A constatar que si sus dos siguientes discos "Propaganda" (1974) y "Indiscreet" (1975), siguieron la estela de este "Kimono my house", poco a poco se fueron diluyendo musicalmente, (aunque en 2017 sacaran "Hippopotamus").

Casi parecen a Stanglers en el inicio de "Barbecutie" para terminar en plan power pop con la vitaminada "Lost and found". "Kimono my house", de esos discos que resisten la patina del tiempo, un certero conjunto de canciones que suenan jóvenes, espectaculares, alegres y también porque no, de otro tiempo muy, muy lejano.....


jueves, 4 de enero de 2018

ULRIKA SPACEK. "Modern english decoration" (2017)


2017 nos dejó. Y con él, discos que deberían de estar en lo más alto de las listas de lo mejor. Entre ellos, este pedazo de álbum de Ulrika Spacek, banda inglesa que coquetea a partes iguales con el shoegazing y el krautrock.

Y es que sólo basta escuchar "Mimi pretend" para que el cuerpo te pida más, con esas guitarras saturadas, con esa melodía ubicua, con la distorsión trenzando arritmias. Bella y colosal. En "Silvertonic" se enzarzan en un viaje de pop de ensueño, extraño, con aristas, como para crear pesadillas.

Y es que el quinteto todo lo que hace lo hace bien. "Dead museum" suena psicodélica y "Ziggy" es la más kraut del lote, siendo un ejemplo de como asumir influencias sin caer en lo vacuo y en lo reiterativo. Suenan absorventes, intimidadores, como la foto de la portada; cerrar los ojos y tener miedo a abrirlos.

Parece que el fantasma de la Velvet ha tomado forma con "Everything, all the time", y la que titula el lp te deja llevar por ambientes más calmados, infecciosos y emocionales. "Full of men" va para hit y "Saw a habit forming" es un narcótico de esos para tomar en los días torcidos.

Nos quedan las dos ultimas, "Victoria acid" la más extrema del disco y la también kraut "Protestant work slum", dos maneras geniales de terminar uno de los trabajos más interesantes que nos dió el finado 2017.


martes, 2 de enero de 2018

SLEEPING PEOPLE. "Growing" (2007)



Empezamos año en Discos Pensados. Un año que espera el artículo numero 1000, en siete años recién cumplidos, y que espero en lo musical que la bitácora se llene de artilugios sónicos que puedan amenizar los días y las tormentas.

Para el comienzo de 2018, he elegido a esta banda de San Diego, ya disuelta, y que nos regaló es este su segundo cd, una buena andanada de mathrock instrumental, donde el grupo se lo pasa pipa con sus ordenados ataque de pánico de rock programado para la aritmética.

"Centipede's dream" y "James Spader", los dos aullidos que dan comienzo al disco, son dos torbellinos que nos hacen acordar de Don Caballero. "Yellow guy/pink eye", es otra bocanada de desperece eléctrico, otra radiante y colosal excusa para que el grupo pueda seguir especulando con las guitarras en un maremoto de intensidad.

En "Mouth breeder", las estructura del tema sigue una coordenada prefijada: como sacar de cada instrumento la mayor aportación de látidos eléctricos. El cuarteto en "Three things" se remanga con acritud, irradian una buena dosis de elegancia sónica, rodando por susurros que se ciernen entre el frenesí constante que crean.

Alucinas con el inicio juguetón de "Grow worm" y con el batería que en "Underland", provoca una embestida repleta de caos y arenga. Para terminar, "People staying awake", la única cantada, y que para nada pierde punch ganando en melodía. La más lograda del disco. En 2012 sacaron su último trabajo, "NOTRUF", con los mismos patrones que este "Growing".

Buen inicio de 2018 con estos orfebres de las iluminaciones instrumentales. Mathrock potente, poderoso, especulativo. Lava y hierro forjado.