martes, 23 de octubre de 2018

THE YOUNG MOTHERS. "Morose" (2018)


Sin duda que este trabajo es de lo más excitantes que ha salido este  año. La banda The Young Mothers, liderada por Ingebrith Haker-Flaten (antes en bandas de jazz nórdico como Atomic y Thing), con este segundo trabajo (en 2014, sacaron el también imprescindible "A mothers work is never done") nos regala una auténtica caja de ritmos donde cabe todo lo que conlleve riesgo.

Acompañado de una superbanda, el inicio que empieza a ritmos de hip hop y acaba en free jazz de "Attica black", es el primer detonante, la primera muestra de lo que te vas a encontrar en un disco de esos que hay que poner a todo volumen, para su disfrute máximo.

El contabajista Haker-Flater y sus chicos nos ponen los nervios de punta en este portentoso artefacto. La ayuda de dos baterías, Stephan González y Frank Rosaly, ayuda a que todo "Morose" sea una montaña rusa, un crucero de sensaciones, un volcán que no cesa, un festín continuo.

"Black tar caviar" es jazz libre de cadenas, experiencia para los sentidos, música para un film noir, rutilante y cautivadora, expresionista, total, que sobre el minuto tres y medio se convierte en un salpullido de black metal con metales y pócimas de hip hop. Por que los dos saxos acompañan a que el frenesí sea a un mayor.

También saben bajar el pistón y ofrecernos pequeñas gemas como las intimistas (a su manera claro,  "Bodiless arms"o "Shangai") para abrazar de nuevo el jazz un poco más ortodoxo en "Francisco". Pero cuando se desatan, no hay dios que les frene. "Untitled#1" es salvaje y demencial y en "Jazz oppresion" sacan su lado más huracanado, en un combate de metal orate con los saxos poseídos y toda la banda en una tensión brutal.

La que titula el cd, es un pasote. Teclados, una base de hip hop, la guitarra guillotina haciendo prisioneros mientras la trompeta atruena virus. "Osaka" es angustiosa y minimal y "Untitled#2" es otra de esas burradas free para saltar y gritar.

No me puedo ni imaginar el directo de The Young Mothers, si en disco suenan así. Toda una experiencia. La música es riesgo, y ese valor la banda lo tiene como bandera.



domingo, 21 de octubre de 2018

BUILT TO SPILL. "You in reverse" (2006)


Built to Spill no tuvieron mucha suerte. Cuando sacaron en 1993 su primer largo, "Ultimate alternative wavers" ya estaban copando la cima de nuestros sueños Pixies, Dinosaur Jr o Pavement. Brett Netson y Ralf Youtz, sabían lo difícil que lo tenían pero no cegaron en su empeño y hasta que en 2015 desaparecieron con "Unthehered moon" dieron buena muestra de que era una banda que había que seguir.

"You in reverse", su sexto disco, fue uno de sus mas exitosos y contundentes. Empezarlo con la épica y soberbia "Goin' against your mind", es todo un acierto. Tiran de épica y de indie rock descolocado para continuar con "Traces", más ligera pero igual de intuitiva.

Lo chivos lo tenían muy claro. Les molaba un huevo lo indie, Neil Young, el jangle y a psicodelia ("Liar" y "Saturday"). Cuando miraban hacia Canada,  sacaban salpullidos eléctricos como los del Young más aguerrido, ("Wherever you go"), para volver de nuevo a las andadas del indie con temazos como "Conventional wisdom".

Suenan aguerridos y ruidosos en "Mess with me", para caer rendidos ante la lentitud frugal de "Just a habit". Para terminar "The wait", otra cancioncilla para componer un buen encuadre de ligerezas y furias siempre ajustadas.

Built to Spill, siempre en la segunda división del indie rock, pero con entereza, buenos temas y potentes sacudidas de efluvios independientes.



viernes, 19 de octubre de 2018

DOCTOR DIVAGO. "La belleza muda de los secretos del mar" (2010)


Qué injusto es el panorama musical que tenemos por estos lares. Que una banda del calibre de Doctor Divago no tenga la repercursión de otros grupos con bastante menos calidad, dice mucho del nivel que se gasta por aquí.

Un grupo que desde finales de los 80 y de la mano de Manuel Bertrán lleva acicalando el rock desde un prisma personal, con letras curradas, sin pose ni mandangas, ofreciendo discos y canciones para no olvidar.

Los valencianos se merecen muchos más. Este "La belleza muda de los secretos del mar", es uno de mis discos favoritos (junto a "Revuelta elemental" (2006) y desde que suena "Los amantes faquires" no tienes más remedio que caer rendido ante la oferta de calidad de un grupo de esos que debería tener su sitio entre lo mejor que tenemos en este pais nuestro tan dado a dar crédito a grupos sosos que todos conocemos.

"Las especies del abismo" es un hit en toda regla, para canturrear mientras te tiras al mar y buscas la perla que conlleva la sorpresa y la agitación. Pedazo de banda, pedazo de sonido. Lo suyo tiene crédito y actitud de sobra. "Rock 'n' rolk coagulado" es tierna y a la vez poderosa, de esas tonadas que parece no querer irse del estribillo de tu memoria.

No se porque pero cuando escucho a Doctor Divago, me viene a la cabeza 091. Cada uno con su estilo, pero los dos comiéndose al rock a pedazos. "Las mentiras del tiempo" tira de contundencia y bravura eléctrica para en "Aquel accidente" quebrarnos los sentidos con las palabras que se tejen como boomerang, sencillez y suspiros, cadencias de dolor, aullidos de rock sin aditivos ni pegamentos indies impostados.

"Te conservo en miel" te da un buen rollo de la leche y "Huele a felicidad" es luminosa y a ratos hasta psicodélica a su manera. El noveno disco de Doctor Divago está repleto de suculentos platos donde merodear y caer rendidos. "El asesino tocaba la armónica" me tiene loco, estribillo y historias de esas que valoran lo bien hecho.

"Mis fallos (uno por uno)"  no dejo de repicarla en mi aparato reproductor de sonidos para animar días borrascosos, constipados. Rock, joder rock, ¿cuesta tanto en nuestra Iberia dar galones a unos corsarios de sonidos con sentimiento?

Lo bueno de Doctor Divago es que tienen  para rato. Este año (pronto en Discos Pensados), nos han ofrecido "Complejo alquería frailes 13", para que continuemos disfrutando de buenos momentos. Músicos sin contaminar, agentes perversos de canciones redondas, agitadores que transitan por vía pecuarias repletas de paisajes de esos que se te quedan en la memoria. Como Doctor Divago.


miércoles, 17 de octubre de 2018

E. "Negative work" (2018)


¿Qué podemos esperar de una banda que tiene como componentes a Thalia Zedek (Come), Gavin McCarthy (Karate) y Jason Sanford (Neptune). Caña, riesgo, guitarras dolientes, arte en estado puro. Si ya el proyecto denominado E nos engatusó con el disco homónimo lanzado en 2016, este "Negative work", es otra vuelta de tuerca más.

La voz de Zedek, más doliente que nunca, se enrosca en la electricidad que produce temas tan contuNdentes y bestias como "Pennes", donde se saltan el volumen de los altavoces, danzando por la habitación recuperando a bandas de tensión al límite de los 90 (Jesus Lizard, los mismos Come, Helmet.).

No ha podido tener mejor compañía Thalia. "The projectionist" es un disparo certero que sube y baja, donde los arreones eléctricos son todo una batalla de precisión angular. La que más me gusta del disco, viene enseguida, "Poison letter", donde la tensión se dispara, donde llegamos casi al noise, en una febril contienda instrumental que ostias, te hace de nuevo sentir que el calendario se paró hace muchos, muchos años. Brutal.

El apoyo vocal de McCarthy, casa a la perfección con la contundencia de las dos guitarras de Zadek y Sanford ("A house inside"), recreando un mundo de aristas y mala leche. "One in two" es desgarradora, afilada, melodía con cuchillas, racimos de intensidad y lamentos que suenan a demolición.

Los tres componentes nacidos de formaciones bostonianas, conocen a la perfección el truco, la siderurgia de la mecánica de las guitarras que duelen, demostrando una comunión perfecta que en directo debe de ser la leche ("Untie me).

"Cannibal chatroom" tira de arrojo para acercarse a Sonic Youth y "Hole in nature" es bombón venenoso, catarsis contenida que poco a poco se dispara y te agrede con una insolente belleza. Para acabar "Hollow", otra poderosa y agitada canción que te incita a volver a poner el dedo en el play y empezar de nuevo.

"Negative work", uno de los álbums que seguro estarán entre lo mejor del año por lo que aporta, por la maestría de sus miembros, por la desorbitada manera que tienen de confabularse para construir todo un teatro de fiereza y desgarro.


lunes, 15 de octubre de 2018

MUDHONEY. "Superfuzz bigmuff plus early singles" (1990)


Ahora que ya tienen en el mercado su nuevo disco tras cinco años de ausencia, "Digital Garbage", es el momento ideal de recuperar su primer y potente primer trabajo. En un principio, en 1988, sacaron un ep de 6 canciones, que se ampliaron hasta 12 en 1990 con esta edición revisada.

Para mi fueron la mejor banda de eso que se llamó grunge. Sus directos eran incendiarios, y este "Superfuzz bigmuff" es un catálogo interesante de la energía que desprendían en esos lejanos años. "Touch me i'm sick" fue su primer single y desde que se radió fue el himno de una banda liderada por Mark Arm y que tenían las cosas muy claras desde el principio.

"Sweet young thing ain't sweet no more" con sus aires de psicodelia arrastrada, es otra de las gemas de este disco que suena más joven que nunca a pesar del paso del maldito tiempo. Los vi en vivo en los 90, y eran una auténtica ametralladora que recordaban a The Stooges con píldoras punk.

Punk que sin arrugas muestran en la bestia "Twenty four" y que en "Need" transforman en un hit repleto de turbulencias y feedback. Simplemente bestiales. Mudhoney era una maquina engrasada de rock que producía flatulencias sónicas como la demencial "Chain that door" o setenteros y sudorosos espasmos ("Mudride").

Mudhoney siempre me gustaron más que combos como Pearl Jam o Soundgarden, compañeros de generación a los que siempre les faltó la caña que a Mudhoney sobraba. Más Punk con "No one has" y contundencia ilimitada con los medios tiempos de la brutal "If i think".

Cuando llegamos a "In'n' out of grace" ya no puedes parar de moverte con sus intrincados zigzags guitarreros, rabia, tensión, pulsiones al límite. "Hate the police" fue otro de los puntos fuertes de "Superfuzz bigmuff", calambres en los dedos, suciedad y corrupción, los sonidos de MC5 traídos por un túnel espacio temporal.

Un pasadote volver a escuchar a Mudhoney. Me pongo en marcha para la adquisición de su nuevo disco. Salvaje grunge.


jueves, 11 de octubre de 2018

DISAPPEARS. "Era" (2013)


Sin duda el mejor disco de Disappears. La banda de Brian Case (ex-90 day men, ex-The Ponys), se marcó el disco más angustioso, depresivo, y feroz de una carrera que empezó allá en el año 2008 y que tuvo su canto de cisne en 2015, con "Irreal".

Lo de feroz que digo al principio del artículo casa a la perfección con el primer tema del disco, "Girl". Una conmoción brutal de ruido, de shoegazing, de psicodelia, de kraut, de post punk, de... Se me agotan los estilos para definir la detonación de esta arma de destrucción masiva.

Su trabajo más anguloso, el más hermoso, el más hipnótico. Con "Power" si subes el volumen entras en trance, te descolocan con un post punk lineal y decadente, espejo roto en la cara de la normalidad. Los de Chicago grabaron el disco en la casa de Albini, Electrical Audio, y el sonido no puede sonar más envolvente y marcial.

Los nueve minutos de "Ultra" se te meten en el cerebro, urgan en tu psique, gritando con su minimalismo industrial, con sus cohetes artificiales industriales, maquina engrasada con vísceras y fulgor, con detritus y aceite de desechos. Vaya sonido!

Cuando Disappears bajan el pistón y nos sumergen en ácido de corazón, nacen estalactitas emocionales como que la titula el álbum. De esos temas que te pondrías sin parar hasta que se agote la electricidad del mundo. Himno de un época en penumbra.

"Weird house" suena a unos PIL convertidos en robots con alma de rugidos, suspiros en vena, inhumanos hasta en el respirar. "Elite typical" es un volcán de fragancias impactantes, un surco de petróleo, un velero de desolación.

Para terminar, "New house", oscura, tétrica, decadente, pastillas para no dormir, pulso que se ralentiza, catarsis íntima. Sofocante y necesario viaje, este "Era", un martillo pilón de sueños extremos, el post punk del apocalipsis.

FACS, se llama la continuación a Disappears, con miembros de la banda, con disco en este año,"Negative houses", donde continúan dándonos sustos.


martes, 9 de octubre de 2018

FLASHER. "Constant image" (2018)


Menudo subidón el primer trabajo de este grupo de Washington. El trio formado por Taylor Mulitz, Daniel Saperstein, y Emma Baker, les basta solo media hora para poner el reloj a cero del indie rock con pinceladas de punk, noise pop, juventud a raudales, guitarras juguetonas y tarareos que te nacen por doquier.

Desde que suena la inicial "Go", donde se parecen a una especie de Stereolab en versión noise, te das cuentas que estos chicos todo lo hacen bien. "Pressure" es un fogonazo que aturde, con unos teclados new wave leves, que no quitan protagonismo a la tensión eléctrica del tema.

Mi favorita, la más tranqui, "Sun come and golden", una delicia pop, melosa, melódica, artesanía instrumental por doquier. En "Material" se desliza sin sonrojo y valentía, la pasión de la banda por totems sagrados como Pavement o Pixies. Les queda de miedo. Aguerridos, corazón pop, afilados y contundentes.

Y es que los temas de Flasher son directos, ruidosos, también combativos y cruciales. "XYZ" es una amalgama de zigzags guitarreros que da paso a "Who's got time" otro juvenil garbeo por la electricidad bien entendida. "Skim milk" es puro Joy Division, post punk alocado y minimal, para en "Harsh light" entretenernos con una sacudida de efervescencia extraña de pop estrafalario.

La más cañera del lote, "Punching up", feedback y crujidos, coros que se llenan de pus y que dan paso al ultimo disparo del disco, "Bussines unusual", radiante, indie de toda la vida, rabia contenida. Flasher, un grupo a seguir muy de cerca.


domingo, 7 de octubre de 2018

BLACK ENGINE. "Ku klux Klowns" (2007)


En Black Engine se esconden los miembros de la banda italiana de experimentación sonora, Zu. Y los que nos muestran desde la inicial "I hate clowns" no puede ser mas avasallador, bruto, experimental, para el que escribe. Es como una versión demoniaca de John Zorn. Eso por decir algo.

Porque lo que "Ku klux Klowns" esconde da miedo. Transgresión, saxos autogestionados, guitarras crispadas, ruidos y lobotomía. Todo junto, todo separado, en una especie de catarsis de free jazz del tormento (la que titula el cd parece una pócima de veneno que te destroza el cerebro).

Si la portada es chunga, el contenido del disco es peor. "Bones circus", juega a una especie de metal atormentado, repleto de aristas de juegos violentos y desalmados. Y es que hay que tener la cabeza muy chunga para hacer cosas como ese doom metal jazz que se llama "Fishtank midget surfer".

Son amenazadores, como calambres en tus sesos,te seducen con el aullido sonoro, con la especulación que en ""A wolf day", con ese bajo serrucho paseando por los confines del asco, convierten en la cima de este envolvente e interesante trabajo.

"Cut it, pack it, ship it" es otra nota a pie de página, otro desarrollo de esos locos que te desinflan y te hacen producir llamas. Luego, en "Mene tekel peres" se aproximan al una especie de mathrock de vanguardia.

Más extrema aun sin cabe es "Controversy over the east bank", música sinfónica del caos y la adversidad. "The humillation of an impotent god" navega en el mismo Hades que el resto del disco. Una elucubración malsana que incendia y reclama su sitio.

Porque la música, la verdadera recreación del sentir del humano, cuando se convierte en un grito sin continente, provoca estampidas tan necesarias como este disco de Black Engine. Duro, estomagante, pero a la vez, una delicia, una puñetazo a los cielos. El ruido que mismamente se escucha en el Infierno....


viernes, 5 de octubre de 2018

dEUS. "The ideal crash" (1999)


Dieron el pelotazo absoluto allá en el lejano 1994, cuando editaron el descomunal "Worst case scenario", un estridente y melódico grupo de canciones, que a los belgas, en plena vorágine años 90, les sentó de maravillas para porque no, acercarse a los que allende de los mares Pixies, Pavement  y otros titanes, estaban confeccionando para que aquellos jóvenes nos volviesemos unos encantadores orates.

"The ideal crash", fue su tercer disco, y aunque no supera a su primer trabajo, está repleto de lugares donde echar la vista atras ("Put the freaks up front"), con certeros disparos de baja intensidad pop ("Sister dew"),  o aproximaciones al orbe sónico de EELS, ("One advice, space).

Sin embargo, cuando la banda de Tom Barman te deja más enganchado es cuando te seducen con sus estalactitas de corazón, como en la increíble "The Magic Hour" o como en la la que titula el cd, volar con sus himnos delicados, independientes, solemnes y a la vez leves.

Otro hit instantáneo fue "Instant street" y la cañera "Everybody's weird", otro entramado de zig zag compositivo, de luces y sombras enmarañadas por sendas reconocibles, pero igualmente disfrutables. Acaban "The Ideal crash" con "Dream sequence # 1", letanía triste y arrugada, papel roto en pedazos tirado al aire en busca de palabras por siempre olvidadas.

Los de Amberes pusieron fin a su carrera con un recopilatorio de su carrera "Selectec song 1994-2014", donde se puede volver a repasar y disfrutar un cancionero rico en seducción y dulces salvíficos de buen indie rock.


martes, 2 de octubre de 2018

ILEGALES. "Rebelión" (2018)


Recién salido del caldero del averno, de las tripas de Hades, "Rebelión", el último trabajo de Jorge Martinez y sus chicos, ya esta disponible para que nuestras orejas sigan pervirtiéndose con los slogans de Jorge, el mayor artista que tenemos por estos lares.

Ya en junio nos deslumbró con el video de la canción que abre el cd, "Si no luchas te matas", una arenga a la revolución y a la no docilidad, a levantar el grito y a no quedarse parado. Rock con aristas, conciencia de clase de furia y determinación. Jorge, el rey del stick, ha vuelto en plena forma.

Ilegales ya no sorprenden con su propuesta. Ni falta que les hacen. "Mi amigo Omar", pudiera reposar en la misma estantería auditiva que "Odio los pasadobles". Si, han pasado un huevo de años, pero Jorge consigue prendernos una sonrisa y un baile desenfrenado.

Rock. Lo suyo es el Rock y el no acatamiento de las vulgaridades del mercado musical actual. En "No tanta, tonto",  en plan rhythm blues astur, aparecen drogas, excesos, enganches, y esa melodía que tanto nos gusta de Ilegales. Megáfono en mano Jorge continua tras más de 35 años en la autopista del infierno, con la misma mala leche que siempre, con el tridente preparado para confeccionar buenas barbacoas de lameculos, imberbes, archiduques de la fealdad ("Mundo carapijo").

"Rebelión". No ha podido titular mejor el disco el amigo de los tiempos salvajes. "Tatuaje invisible" sigue por la misma senda marcada por su guitarra nigromante, con sus parrafadas insólitas, incautando corazones, agitando la coctelera de la sedición y la buena locura.

En "Horóscopo", aprietan el acelerador contra los vaticinios que orientan la voluntad y en "Suicida", teclados incluidos, se para en el mundo de la decisión fatal. A su manera, claro, siempre a su manera. "Mi copa y yo" es la vida de Jorge en dos minutos de tralla y de épica beat, para seguir con la más cañera del lote, "Andad de día".

Mi favorita, la última, "El bosque sangrante y sombrío". Como antes hicieron en "El corazón es un Animal", "Hacia las profundidades" o "Las rosas trepadoras asesinas",  Jorge nos pone los pelos de punta; lírica estrangulada, suspiros de esos que anticipan el peligro, guiño hacia el ocaso o quizás hasta la victoria definitiva. Ya veremos.

Jorge, nuestro tahur, el guerrero indómito, la huella imborrable de unos años que seguro no volverán. Testigo de tantas cosas, alcahuete pendenciero y justo alabador de una forma de ver el arte tan personal como necesaria. Solo nos queda gritar con el puño en alto  "Rebelión", y sacar de nuestros trasteros nuestras viejas botas, los pinchos que asustan y la esperanza que necesitamos....


domingo, 30 de septiembre de 2018

DAVID SYLVIAN. "Manafon" (2009)


Nunca había estado más cerca de la vanguardia el ex-Japan David Sylvian que con "Manafon". Un disco arriesgado, hermoso, potente, de escucha larga y minuciosa, donde a cada paso, a cada canción, te ves hechizado por la voz y los artilugios de Sylvian para introducirnos en el bosque que nos muestra en la portada.

Valga "Smal metal gods", para empezar con esta aventura repleta de extrañamiento, de jazz raro, de lentas aproximaciones hacia el silencio. Un silencio incomodo, visceral,sedoso. Los temas de este disco se grabaron entre los años 2003 y 2007, y fue en el 2009, cuando Sylvian se dedicó a reunirlos para este "Manafon".

Y aquí hay riesgo y fragmentos que son canciones ("The rabbit skinner"), y espeleología donde se percibe el arte de un artista que nunca se ha acomodado ("Random acts of senseless violence"). Los diez minutos de "The greatest living englishman" es una concatenación de sonidos abstractos, de luces en penumbra, maravillas para gozar.

"Snow white in Appalachia", busca el refugio de la naturaleza como eje fundamental donde urdir un alarido de zigzag sónico, donde David parece el supremo vate de una legión de servidores de la sombra.

También es hermosa la dedicatoria a la poeta Emily Dickinson en el tema que lleva su nombre y en "The department of dead letters" juega con el jazz oscuro, extremo, lento y demencial. La que titula el disco,es la que acaba esta sin duda experiencia para los sentidos, para escuchar en solitario, bien alto, para que los hados del mundo subterráneo acudan si les place a tomar un té a tu casa.


viernes, 28 de septiembre de 2018

THE TWILIGHT SINGERS. "As played by The Twilight Singers" (2000)


Cuando Greg Dulli dio de baja definitiva a The Afghan Wings de la lista de grupos que en los 90 nos rompieron el corazón, sabía que no se iba a quedar parado mucho tiempo. Su garganta profunda, sus ganas de hacer del soul un arma para contagiarnos de vigorosas guitarras, no se podían perder.

The Twilight Singers, es la segunda parte de la serie que comenzó con The Afghan Wings, y este "As played" fue su primera nota a pie de pagina, acompañados por el grupos Fila Brazillia. No entiendo porque muchos de sus seguidores se sintieron defraudados con el cd. Desde que comienza a sonar "The twilite kid" y la lírica y tranquila "That's just how that bird sings", parece que nos encontremos ante otro disco de los Afghan.

La misma sutileza, la misma forma de armar las canciones con delicada armonía, con un festejo de suavidad que contamina. "Clyde" y ese bajo que se mete en las entrañas es un verdadero sonajero de calor y densidad bajo cero. Funk lento, suculento manjar que no defrauda.

"Love" con ese piano que empieza a poseernos, es otra de las destacadas, otra forma más de afianzar el sonido de antaño en su siguiente reencarnación. Y "Verti-marte", con recitado en francés femenino incluido es otra pasada, otro de esos pelotazos de soul indie que te hace saltar del sillón. En "Last temptation" Dulli juega como nunca con su voz para en "Railroad lullaby" mandarnos de un gancho certero a los 70.

Para terminar, el apoyo electrónico de Fila Brazillia en "Twilight", eco para decir adiós, para que no perdamos de vista a este portento que nos regaló cuatro discos más como The Twilight Singers que no hay que perderse.



martes, 25 de septiembre de 2018

PRAM. "Across the meridian" (2018)


11 años hemos tenido que esperar para tener de nuevo con nosotros a Pram. Desde que nos dijeron hasta luego con "The moving frontier", pensabamos que Pram ya se habían jubilado, con el honor de formar parte de la primera avalancha de grupos de post rock, marcianos de una pista de baile sideral donde cabía de todo.

Oyendo el inicio con "Shimmer and disappear" podemos estar tranquilos. Son los mismos que nos hipnotizaban con discos como "Sargasso sea" (1995); los que ejecutaban a su manera jazz, easy leasing, pop marciano, embrujadas tonadas para dar y tomar.

Rosie Cukston sigue cantando como un ángel en trance de mariposas congeladas ("Thislesdown"), y junto a Matt Eaton y Sam Owen, se las apañan para confeccionar curiosidades híbridas de lirismo raro ("Electra") junto a músicas de discotecas al libre albedrío ("Wave of translation").

La música de Pram es caótica y sin prejuicios, es una cubo donde se meten estilos y se mezclan sin rubor y con apasionamiento. Donde nos topamos con minimales estructuras decadentes como "Ladder to the moon", y espacios para músicas de club venusiano como la orate "The midnight room".

Pram es una delicia. Una orquesta bien afinada en saber con arte su oficio de emprendedores de sonidos extraños ("Footprints towards zero") o tonadas de andar por casa con ecos a unos Stereolab ligeros de ropa ("Mayfly").

"Where the sea stop moving" es delicada y subliminal y el final con "Doll's eye", casi con ritmo de triphop cinematográfico les eleva al mundo de las burbujas contenedoras de aires nuevos de frescor y candor. Pram, el otoño que se acerca.


domingo, 23 de septiembre de 2018

WINDSOR FOR THE DERBY. "Calm hades float" (1996)


Con este disco, comenzaron su andadura discográfica esta banda de Florida,con Dan Matz y Jason McNeely como cabezas pensantes, de un proyecto que tomaba al post rock menos acomodaticio como referencia, para construir pasajes instrumentales misteriosos e hipnóticos.

Asi "One" es la primera parada en un viaje concreto de ruidos y oscuridades galvanizadas con electrónica."Calm hades float" es sugerente y extraño, nada en los lugares comunes donde Brian Eno crea burbujas ambientales ("Two"), para recorrer el mismo camino, pero a su manera que Tortoise, Pram, Main, Loop y otros grupos de la primera generación del post rock .

Las ideas estas claras desde el principio. Grabado en el label Trance Syndicate, más tarde se alojarían en uno de los sellos más importantes dela época, Secretly Canadian, y hasta la casa de Swans, Young God Records, tuvieron a bien de adoptarles, sabiendo la proyección musical del grupo.

"Three" es una de las más bizarras, kraut con calambres, suspiros cardiacos que en "Four" se convierten en una emocionante e intrincada concatenación de arpegios que quieren buscar un hilo conductor melódico. Como ese inicio en "Five" retozando en Joy Division para al poco, y esta vez cantando, construir una bella y paisajista hoguera de tranquilidad.

En "Six", les basta dos minutos y medio para tentarnos con subidas y bajadas de guitarra, punteos con aroma a levedad que dan paso a "Seven", la más portentosa y eficaz del disco, donde reparten fogonazos de especulación cercana al dark.

Cierran el disco con dos temas en directo, "Mythologies" y "Skimming", donde el mensaje se amplifica con corrientes fluctuantes de postrock especulativo. Buena banda Windsor for the Derby. Recomendable pararse ante su ultimo disco antes de la separación. "Against love" (2010).



viernes, 21 de septiembre de 2018

CROCODILES."Endless flowers" (2012)


Brian Welchez y Charles Rowell, lo tenían muy claro cuando formaron la banda. Los de San Diego quizás estaban un poco aburridos de que su devoción por Jesus Mary and the Chain, se quedará solo en eso, y decidieron dar un paso para recrear musicalmente (a su manera, claro), el ruidismo pop de los hermanos Reid.

Y joder que si lo consiguen. La canción que titula este tercer trabajo del combo, es una pildora de pop guitarrero, de electricidad que no se entumece, ruido tratado con melodías aspaviento. Y cuando la siguiente "Sunday (psychic conversation=9)" te desgarra los timpanos con su noise pop juvenil, ya te tienen convencido.

Hasta cuando se despojan de todo su arsenal decibélico, como en la tierna "No black clouds for dee dee", consiguen emocionar sin levantar demasiado la voz, sólo tweetpop de manual, eficaz y correcto. Pero es cuando se vuelven ariscos cuando suben nota. "Electric death song", es puro torbellino acariciador y en "Hung up on a flower" es donde es más evidente la influencia de Jesus and the Mary Chain, inclinándose con timidez hacia el shoegazing.

El aire sixtie que rodea todo "Endless summer" se hace más evidente en canciones como "My surfing Lucifer", para de nuevo en "Dark alleys" volver a la senda del feedback sin tapujos. Sensaciones añejas recuperadas con gracia por quienes no temen perderse en imitaciones vanas.

Para el final, "Welcome trouble" y "You are forgiven", otros dos pelotazos luminosos que te hacen brincar, y que definen con claridad las inclinaciones del grupo por los ambientes ruidosos siempre con matices.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

IDLES. "Joy as an act of resistance" (2018)


Mejor disco del año hasta la fecha. Si ya me volví loco con su primer trabajo "Brutalism" (2017), este segundo los pone en la primera línea de fuego, allí donde se cuece la bilis y el grito desaforado. Los de Bristol siguen armando un discurso que no deja a nadie indiferente.

Ponen la diana contra el machismo, el racismo, las putadas que nacen de una sociedad enferma, y se enfrenten a ellas con rabia y actitud. Y van mucho mas alla. En "Colossus" hay veces que me recuerdan a unos Swans que se han pasado al post punk. Vaya sonido. Tema que avanza con el cuchillo en la distorsión y que acaba en un salivazo esplosivo.

"Never fight a man with a perm" es otra sacudida, como si Killing Joke hubiera vuelto a las andadas; ritmo marcial, peleas en el bar, ruido, mucho ruido, y sobre todo excitación. Porque escuchar a Idles te provoca, te incendia, te llama a la insurrección. Joder, lo que siempre ha sido el punk sin contaminar con poses tontas de imberbes yogurines.

Nada en "Joy as an act of resistance" sobra. Todo te hace mover los pies, gritar, agitarte y soñar con la revolución. "I'm scum" es otro himno desenfrenado, otro callejero grito de rabia al compas de guiños a The Fall. Brutal.

Llevaba esperando todo el verano la aparición del disco. Ha merecido la pena.Las paredes de mi casa sobreviven a duras penas a la excitación que provoca Idles. "Danny Denko" dedicado al lider de la banda inglesa Heavy Lungs casi parece una canción redskins. Un grito contra el racismo, a lomos de tarareos de pub. Y es que se pongan como se pongan nos dejan sin palabras.

Las canciones de amor de Idles, como "Love song", son como un desgarro, un veneno que te inoculan para ver las cosas de color demolición. Griterio, amor, te echo de menos, prendamos la dinamita, esto eso para que no me olvides, las guitarras estan ardiendo....

El punto del disco que produce más escalofríos es "June", donde Joe Talbot recuerda la perdida de su hija. Lenta, hipnótica, triste, terminal, para temblar. Y la lucha sigue y el desenfreno no para. "Samaritans". Épica, post punk de ese que ya quisieran Interpol.

Asi pasamos la mitad del disco y todavía les queda tiempos a Idles para continuar en la brecha de la adicción sonora. En noviembre vienen por aquí. No me los pierdo. Hacia tiempo que una banda no me causaba tamaña conmoción.

En "Television" se escoran de nuevo hace el punk. Y continuan sin perder ni un ápice la pegada, los intestinos del sentir se descolocan para en "Great" darle duro al puto Brexit a ritmo detonación. Maravillosos.

Cambian de registro en "Cry to me", donde se parecen a unos Cramps desairados y acaban el disco con "Rottweiler" la más ruidosa y animal de todo el disco con un final de esos que dejan huella.

Y es que como el titulo de su obra, la alegría es un acto de resistencia, y su alegría nos contamina, nos inflama, nos llena de orgullo, nos enfurece, nos hace sacar de nosotros el agitador que llevamos dentro. Idles, mejor disco del año. Veremos quien les quita el trono.





lunes, 17 de septiembre de 2018

THE CURE. "Three imaginary boys" (1979)


Con ese disco nació la leyenda de The Cure. Robert Smith, Michael Dempsey y Lol Tolhurst lo tenían claro. Los británicos, empapados hasta las cejas aun del calor oscuro de Joy Division, defraudados por el punk, quisieron dar a éste un aire post, y nos regalaron este primer y quizás más oscuro disco de su carrera.

Canciones cortas, concisas, ya con Robert Smith catapultado a hacer grandes cosas, conseguían unir la melodía en "Acurracy" junto a unos punteos malsanos, dotados de hipnosis para caer en su tela de araña juvenil y mortecina. El álbum debe su nombre al trio que formaron originalmente, y tuvieron la mala suerte de que su compañía decidiese tanto las canciones que incluiría como la portada. Más tarde Robert de vengaría.

Escuchas "Grinding halt" y ya te estás imaginando todas las trastadas maravillosas que en el futuro acontecería a esta monumental banda. Con The Cure, Siouxie y Bauhaus ya tenían compañeros para echarse unos tragos de absenta mientras se tatuaban ataudes. "Another day", tranquila y angustiosa, es un antecedente genial de lo que vendría después en trabajos como "Faith".

Ya desde 1979 sentando cátedra, no les importa que en temas como el inicio de "Object" parece que nos encontremos con una versión traviesa y desenfadada de Joy Division. El trio suena bestial. "Three imaginary boys" también contiene la única canción en la carrera de The Cure no cantada por Robert Smith, "Foxy lady", versión de Jimi Hendrix, con Michael Dempsey haciendo de Smith.

En "Meat hook" se atreven a jugar con irreverencia con sus instrumentos en una laberíntica canción que da paso a "So what", donde Robert se desgañita en un folcklore de cacareos. Clásicos imperecederos como "Fire in Cairo" suenan más frescos que nunca y "It's not you" es aguerrida y venenosa, lustrosa y bestial.

Casi acabando el disco, la que lo titula, música para alentar depresiones y susurros en coma.  Con "Three imaginare boys" Cure empezaron a cabalgar a lomos de noches de carmín y solemnidad. El reciente concierto en Londres del grupo nos los mostraban en plena forma. Ojala pronto nos regalen una buena ración de recuerdos imperecederos.


jueves, 13 de septiembre de 2018

CODEINE. "What about the lonely" (2013)


El dolor era esto. También la soledad que devora, el llanto por las incroguencias del existir, la música para ponerte en tus momentos más bajos. El slowcore sin Codeine sería un estilo superfluo. Codeine nos llenó las tripas de monologos interiores, de sudores frios, mientras en la habitación, cuando tocaba, nos encerrabamos, los poníamos a toda leche, y nos preguntabamos el porque de las adversidades del sentir.

"What about the lonely" fue una disco en directo registrado en una sala de Chicago en 1993, y nos muestra a la perfección como se las gastaban Dough Sacharin, John Engle y Stephen Immerwahr en el escenerio.

Me pongo "Cave-in" o "Jr", y se vuelve a reproducir esa sensación que nace de la lentitud extrema, de la repetición de un grito siempre con volumen bajo, allanando los cielos de claridades acuosas, remolino que dispara hojas secas de recuerdo.

Con solo tres trabajos en su corta vida, en plenos 90, donde todo era posible, supieron hacerse un hueco con su sonido inconfundible y tenaz, doloroso e hipnótico, especial. "Ides" arranca y cierro los ojos, y me llevo por el maremoto de los recuerdos, por la afilación en grado de negación de la guitarra, por las nubes que pasan corriendo hacia valles donde jamás vendrá el sol.

Así era esta banda cuyo nombre hacia honor a su sonido. Este live es todo un reflejo de lo bien que llevaban a cabo su danza macabra, su sinfonía desbocadora, marcial, sin heridos posibles de latidos con buenos sonidos. Qué estremecimiento que provoca volver a oir "Tom" con Stephen volcándose en un reguero de drama, de susurros incómodos, de levedad consentida.

Y es que aunque me apasione Low o Slint, siempre me quedaré con Codeine. Frugales y concisos, arrebatadores y viscerales. "Wird" da miedo por su minimalismo espectral, por esa corriente de vaho quirúrgico que afecta gravemente a tu alegría. Una pasada.

Que sirva pues "What about the lonely" para volver a sacar de las catacumbas a una banda que nos alumbró con frescor gélido, a una espectral marcha nupcial de siseos que te acompañan y miman. El dolor era esto, el placer de los extraños sueños sin definir....



martes, 11 de septiembre de 2018

INTERPOL "Marauder" (2018)


No, no es lo que esperaba. Pero sube la nota tras el desliz de "El pintor"(2014). Esa son mis primeras impresiones tras escuchar este "Marauder", que no es como decían una vuelta al sonido de su mejor disco, el intachable "Turn on the bridge lights", aunque contiene argumentos como para que les tengamos en consideración.

Y es que Paul Banks y sus chicos, merecen que sl disco siga girando, que el post punk tenga aún su hueco en nuestras retinas auditivas. "If you really love nothing" y "The rover", son para abrir boca, melodías oscuras, sin afilar las guitarras, pero tejiendo como ellos hacen una red de misterio y pulcritud.

Quizás el sonido de Interpol corra el peligro de su falta de movimiento, de haber escuchado ya antes lo que nos proponen en sus anteriores trabajos. Pero a los adictos a los sonidos puntiguados, es un placer toparnos con canciones como "Complications", y épica bien tratada como en la solemne y adictiva "Flight of fancy".

Sigo echando de menos la fuerza guitarrera de sus inicios, pero a su favor está haberse levantado con valentía despues de la caída aburrida de su anteior trabajo. "Stay in touch" si que consigue volver a la crudeza, subiendo volumen de la distorsión mientras Banks vagabundea con su voz.

Después de "Interlude 1", viene lo que hace perder puntos al disco. Temas como "Mountain child" y "NYSMAW" adolecen de repetición, de una vuelta más a los engranajes que Interpol utilizan para que la máquina funcione. Y es que la marcha de Carlos Dengler, se nota bastante cuando hay que evaluar el tono general de Interpol.

Queda poner el volumen a toda leche con "Number 10" , pieza incontestable, rabia y tristeza, resumen de como debería de haber sonado todo "Marauder".Ya casi al final, "Party's over" vuelve a inclinarse hacia lugares manidos. Para terminar este irregular viaje, "It probably maters", otra tonada que vuelve a sonar a copia.

Vuelven Interpol, mejoran, han llevado al tinte sus trajes, pero sigo esperando una estampida, un rayo de esos que electrifiquen los oídos. Seguimos esperando.


domingo, 9 de septiembre de 2018

CHELSEA WOLFE. "Pain is beauty" (2013)


Folk gótico. No hay mejor manera de llamar a la música que hace Chelsea Wolfe, que en este cuarto trabajo, se redime con oscuridades espabiladas, con nocturnos paseos por noches que nunca se acaban ("Feral love").

Y es que la cantante norteamericana se sacó de su sombrero de conejos negros un disco de esos oscuros, que atrapan y te dejan sin respiración. "We hit a wall", nos remite a Pj Harvey, y "House of metal", es una marcha electrónica de dolor y miedo.

Como "The Warden" y ese carisma  de sombras que se hacen grandes cuando Chelsea Wolfe canta entre toneladas de racimos de veneno. Mi preferida, la que más distorsión tiene, "Destruction makes the world burn brighter", una nana de catarsis contenida y cruel.

"Sick" y "Kings" son góticas hasta en el hálito que producen cuando sus sonoridades se adecuan con paisajes repletos de destrucción y dolor. "Reins" apuesta por su lado más folk para en "Ancestors, the ancients", envolvernos con su voz damero de conductas depravadas.

Para terminar, "The waves haves comes" y "Lone", dos estrellas apagadas al albur de las malas noticias, una seminal concatenación de ofrendas a los latidos que se apagan. "Pain is beauty", un disco de esos que hay que oír con relajo y paz, un zarpazo de luminosidad a mansalva. La demolición de la alegría a cuentagotas.


jueves, 6 de septiembre de 2018

PIANO MAGIC. "Ovations". (2010)


Siempre he sentido una especial predilección por esta banda británica comandada por Glen Johnson. La forma de aunar el post rock, con la electrónica y el pop más barroco siempre me sedujo, me provocándome múltiples sensaciones.

Discos como "Artist' rifles" (2000), o "Dissaffected" (2005), nos mostraban a una banda con capacidad suficiente de moverse en diversos registros, ejecutando con maestría bailes en el alambre de la épica.

Para este mayúsculo "Ovations", contaron co la ayuda de Brendan Perry y Peter Ulrich de Dead Can Dance, y la verdad es que desde que suena "The nightmare goes on", se nota ese aire de misticismo. Las palmas que alborotan "March of the Atheist" y el ambiente general que crean podían aparecer en cualquier disco de Dead Can Dance.

Pero como siempre Piano Magic  no se amoldan a un estilo, no toman los caminos unidireccionales. "On edge" con su ritmo electrónico es febril y constante, y "A fond farewell" es una lírica y boscosa creación que se acerca a lo que un día se llamo indietrónica. "The Blue Hour" es puro post rock, con guitarras que crujen mientras Glen canta pedaleando rocío.

Después viene "Recovery position", otra esquisitez con la sombra de The Cure asomándose a hurtadillas y con acierto. Los dos Dead Can Dance, visten sus mejores galas góticas en "La cobardía de los toreros" y "Your never loved this city", romanticismo de flores agotadas de esperar atención.

"The faint horizon" y la preciosista y electrónica "Exit", ponen el punto y final a un disco de esos que se disfrutan de principio  fin. Para degustadores de notas planeadores de sueños, ligerezas y cafés sin sentido. Piano Magic puro envolvimiento.


martes, 4 de septiembre de 2018

LA URSS. "Nuevo testamento" (2018)

Ganas teníamos de hincarle el diente a este nuevo disco de los andaluces La URSS, que tanto nos impresionaron con su anterior "Maravillas del mundo" (2015). Y es que es toda una alegría que el afterpunk de aki tenga tan buena salud.

Hay vida después de Biznaga. Y La URSS tienen en su haber buenas instrumentaciones y coros ("Olvido"), junto con pelotazos punk donde ponen la diana en todos los males de una sociedad cada vez más enferma ("Curva de consumo ascendente").

Vuelta a los 80, pero a su manera. "Cristal" que empieza tranqui se envalentona y crispa, se sacude y escupe verdades como chinchetas. Luego "Non plus ultra" y su efectiva pegada melódica, la mejor del lote para que escribe; chiribitas de punk con estructura de esputo, con energía controlada con unas letras inteligentes y que guiñan un ojo puños airados de rabia.

Divertidos y comprometidos, seguidores de esa secta imposible de establecer físicamente de adoradores de Parálisis Permanente, ("Ante el espejo" le hubiera gustado a Eduardo), también se les da bien cuando en "Confianza racional en la acción dinámica" introducen sonoridades que les acercaa a Killing Joke.

Suenan bien. La distorsión y las ganas de provocar les arropa. "Crear al fin" es otro de esas punk songs para vitorear en días de jolgorio y detonación. Para terminar "Habra un sacrificio", otra ración de oscuridad bien entendida.

La URSS, soviéticos de la noche eterna, de gotas de sudor de sangre, de elucubración y pulso rápido. Interesantes y explosivos.


domingo, 2 de septiembre de 2018

CASPIAN. "Dust and disquiet" (2015)


Pudiera parecer que con la escucha de este disco de Caspian, nos encontremos con otro de la larga lista de bandas que hacen del post rock con tonos emocionales su bandera. Bueno, pues "Dust and disquiet", el último disco hasta la fecha de la banda de Massachusetts es algo más.

Con tan solo el inicio, con ese saxo de noches oscuras que aparece y se va en "Separation No.2",  y su continuidad en la genuina y efectiva "Rioseco", tenemos la certeza que Caspian ofrecen algo más que continuismo. Que lo suyo es elaborar ráfagas de electricidad a cuentagotas de ternura sin caer en lo de siempre.

"Arcs of command", con los sintetizadores empezando lo que va a ser un himno que tira de épica a mansalva, de situaciones atmosféricas repletas de fuerza y tormentas que no cesan.  "Echo and abyss" es una especulativa prolongación de post rock esta vez, dejando de lado el aspecto instrumental de la banda, con aporte vocal, que da más consistencia y fiereza a la canción.

Apuestan por lo acústico en "Run dry", para en "Sad heart of mine" apuntar directos a tu corazón, con un piano nunca meloso, pero si con un armazón melódico de esos que te lleva a buscar un rato de ensimismamiento.

En "Darkfield" se vuelven experimentales rozando el mathrock, para acabar el disco con el trallazo que titula el álbum. Una composición de 11 minutos donde ofrecen lo mejor de su pegada en un hálito de suspiros y silencios que se acaban para llamar a la estampida.

Caspian, otro grupo más para poner cerca de Mogwai o Explosion in the Sky. La fuerza de la naturaleza que se desboca y nos trae aire y frenesí. Post rock sin lagunas ni dudas. Para gozar.


jueves, 30 de agosto de 2018

SILVER JEWS. "Lookout mountain, lookout sea" (2008)


La primera aparición de Silver Jews en Discos Pensados, no ha podido ser mejor. Año 2008 y "Lookout mountain, lookout seat", nos trajo a la banda de David Berman, más desbordante que nunca, con ese sonido que es un cruce entre el country, el indie y un folk aterciopelado y visceral.

"What is not but could be if" es la primera en la frente; melódica, anodina, y sagaz; como las palmas que nos encontramos en "Aloysius, bluegrass drummer". En "Sufering jukebox" se salen con una tonada al estilo de los primerizos REM para mirar de reojo al oeste en "My pillow is the threshold". Maravillosa.

El sexto disco de esta banda que un día tuvo entre sus componentes a Stephen Malkmus es toda una pasada. Hasta se atreven con el pop en la sugerente y adictiva "Strange victory, strange defeat" para rompernos en corazón con la total "Open field".

Y cuando suena ese aborto de country que se llama "San Francisco B.C.", ya nos tienen convencidos, con sus tragos de bourbon a deshora, con sus dentelladas rurales que emocionan y nos claudican. "Party barge" es como volver a encontrarnos a Michel Stripe y sus chicos hasta las cejas de sonoridades desérticas, para terminar con "We could be looking for the same thing", una diana de melodía y confort.

El bueno de David Berman y sus chicos sabían como hacernos retraernos, envolvernos en las alas de la introversión, con sus haces de música tradicional jamás reñida con ecos de sonidos de NRA. Todo una gozada.


martes, 28 de agosto de 2018

CAR SEAT HEADREST. "Twin fantasy" (2018)

Discos Pensados vuelve tras un verano de esos de no parar, casi doscientos kilómetros de caminatas de aquí para allá. Parece que eso tan manido de asociar el descanso a las vacaciones es solo puro vacile. Bueno, ya tenia mono de volver, de poder dedicar unas líneas a esto que me vuelve majara, discos, discos, música, ducha interna.

Y que mejor que coger por los pelos a Will Toledo y su último trabajo. Nada menos que una puesta a punto de un trabajo que el colega grabó hace siete año en su portátil. Por un lado el disco más o menos desangelado, vía lofi, por otra, una tormenta de esas que perduran en el tiempo.

Porque esto que el llama "Face to face" tiene uno de los temas indies más redondos de todos los tiempos. Se llama "Beach life-in-death" y casi me hace llorar de rabia, de dolor eléctrico, de emoción no impostada. Joder como se las gasta Willy para hacernos botar con su dicharachera manera de subir el volumen a las guitarras mientras la melodía se hace fuerte en un tema que si hubiera salido en los 90 ya estaría en todas listas de canciones como para no olvidar. Vaya temazo. Vaya manera de removernos el alma.

La verdad es que tras "Teens of denial" ya tenía ganas de saber más de Toledo, de este artista que se la pela los convencionalismos, que se enfrenta con urgencia y pavor a todos con unos arranques guitarreros de esos que te dejan alelado, sin voz ni respiración. Y eso que tras los 13 minutos de "Beach life-in-death", nos da respiro con "Stop smoking (we love you)", en la onda de los Lemonheads mas melosos y tranquis.

¿Qué se puede escribir cuando te enfrentas a temas del calibre de "Sober to death"? Nos queda ir a toda leche a nuestro armario donde atesoramos nuestros discos de Pavement y Dinosaur Jr, hablar con ellos y decirles que sí, que lo suyo tiene continuación. Hasta se atreve con una especie de indie dance vacilón en "Nervous young humans"  y en la frugal y espasmódica "Body".

Luego aparece "Cute thing" y toca volver a retocarnos el corazón y poner el aparato en sus máximas prestaciones sonoras. "High to death" es tan tierna y peligrosa como el amor adolescente y los dieciseis minutos de "Famous prophets (stars)" no son más que la escenificación de un torrente que parece no tiene fin.

Para acabar "Twin fantasy" (those boys)". Algo así como los Beach Boys de la indolencia. Lo has vuelto hacer Willy. Lo has clavado. Un disco del verano ahora que se acaba. Mi banda sonora del estío. Que siga sonando pues la arrogancia de lo bien hecho.



domingo, 5 de agosto de 2018

JOHN COLTRANE & JOHNNY HARTMAN. " (1963)

Discos Pensados se va de vacaciones hasta finales de mes, y que mejor que recuperar este grandioso disco de uno de los baluartes creativos del jazz, John Coltrane, que junto a Johnny Hartman a la voz, compone un bello artefacto para bailar a la luz de la luna. Un puto placer.

Un gran amigo me lo regaló, y llevó disfrutando de él durante semanas. Y la verdad es que para preparar el macuto, los billetes, no hay nada mejor que dejarme llevar por las velas y los besos que despide composiciones tan totales como la que abre el disco "The say it's wonderful".

Y la verdad es que lejos está Coltrane de ser el amo del free jazz cuando escuchas "Dedicated to you". Te dan ganas de coger a la parienta, encender unas velas, decirla alguna cosa bonita, bajar las persianas y echarte volar con los efluvios de esta enorme balada.

Porque todo este lp del año 1963, (yo aun estaba en esa época como proyecto de vida), es una antología de ternura y cariño, de jazz para ponerte en el sillón y escuchar a la banda tocar el piano mientras la noche se convierte en una sacudida calmosa ("My one and only love").

Junto al disco "Ballads" y "Duke Ellington & John Coltrane", este lp junto a Hartman es la vez que Coltrane ha estado más cerca de los cánones del jazz. Y bendito sea. "Lush life" es una delicia para gozar de ella y su swing mágico y "You are too beatiful" es romanticismo por vena.

Para terminar, la colosal y rítmica "Autumn serenade". Lo ideal para poner el cartel de vacaciones en Discos Pensados y preparar la mente para los viajes y algún que otro desenfreno. 1963. La música eterna. El arte que no sabe de fechas ni caducidad. Feliz vacaciones a todos amigos, hasta pronto.


viernes, 3 de agosto de 2018

DEAFHEAVEN. "Ordinary corrupt human love" (2018)


Tres años han pasado desde que se editó el monumental "New Bermuda". Deafheaven están de nuevo ante nosotros. Black metal con corazón. Metal avanzado. Post rock con rosas de acero. Gritos con cláxones de lilas.... Se me agotan las palabras para definir a esta maravillosa banda.

"Ordinary corrupt human love" sea quizás el disco menos violento de su carrera. También el que más cromatismo tiene. El que más se rodea de épica y sensaciones de himnos inacabables. Valga "You without end" como principal ariete en esta emocional contienda de ruido y flores.

Los 11 minutos de "Honeycomb" nos los muestran en plena forma, con George Clarke sacando sarampión de su garganta, urgando como un enfermo en lo visceral, en el drama, en la despensa de los despojos del amor mientras las guitarras arropan ese fondo bestial gutural que casa a la perfección con un extraño metal amorfo.

La explosión de postrock viene con "Canary Yellow", y su proclama definitiva de pasajes donde las guitarras se solazan entre mares de calma, y para dar rienda suelta a tu corazón subes el volumen para acallar este verano de temperaturas desérticas. Solemnes y expansivos, raudos y definitivos.

En "Near" se atreven hasta jugar con el dream pop, en un jardín de recreo de voces que son sirenas en una marejada de sentimientos febriles y "Glint", mi favorita es una delicada canción con un ojo en Mono, donde se recrean en calmas que no lo son, en vítores de esparcimiento mientras la noche cae sobre la demolición de los sueños.

Hasta Chelsea Wolfe aparece en "Night people", quizás la mas floja del lote, para terminar con "Worthless animal" una sacudida nerviosa de épica y de voces demenciales. Deafheaven, de nuevo con nosotros para revivir el post metal, para expresar a su manera nuevas maneras de afrontar el dolor. Bello.


miércoles, 1 de agosto de 2018

BLUETILE LOUNGE. "Half-cut" (1998)


Codeine fueron de mis bandas favoritas de los 90. Ellos escenificaron el slowcore como nadie. Su música emana tristeza, depresión, tragedia, noches de insomnio. Discos como "Frigid stars" o "Barely real", forman ya parte fundamental de la discografía de cualquier aficionado a los sonidos lentos.

Bluetile Lounge parecen unos hermanos pequeños de Codeine. Provenientes de Australia, con sólo dos discos en su corta vida, consigue repartirnos dosis de amnesia, partículas de introversión, con una facilidad pasmosa, con un deje hipnótico que te deja apaciguado para todo el día su escucha.

"Liner" es el primer referente donde detenerse para continuar con los doce minutos de "Hiding to crash", un crisol de voces que son susurros, de aspavientos de seda, de liturgia íntima para echarte a llorar pensando en letanías particulares, en silencios que dan miedo.

Nada mejor para los que nos inflamamos con Codeine, gozar con canciones como "Steeped" o raciones al por mayor de rabia interior ("Lapsis"). Una hora de tensión por los suelos, de estados en coma, de luces que son reguero de desdicha (L.T.D.)

"Cold lamping" es otra estrella en medio de la noche que no cesa, otra estridencia de lentitud programada para resistir las veleidades de lo rápido. Para acabar, "Old star", 11 minutos de oración solemne, de salud gris, de ojos llorosos de ácido de olvido.

Todo en Bluetile Lounge es efímero, de corta vida. Por eso duraron poco. Otro disco, "Lowercase" y adiós para siempre. Quedan sus temas, sus trallazos de individualidad enfermiza, de dolor que no cesa. Slowcore.


lunes, 30 de julio de 2018

STEVE WYNN & THE MIRACLE 3. "Tick...tick...tick..." (2005)


La portada parece un guiño irónico al plátano de la Velvet aquí cambiado por una guindilla de esas que pican, que escuecen, que dan calor. Como da calor cada tema de este pedazo de disco que se sacó de la chistera Steve Wynn junto a su banda Miracle 3.

Valga el mazazo casi punk de "Wired", la que da comienzo a todo, para que no perdamos ni un segundo en adentrarnos en este festival de rock que desde los tiempos de The Dream Syndicate, Wynn nos ha ido regalando.

Acompañado a la guitarra por Jason Victor, el bajo de Dave DeCastro y a la batería Linda Pitmon, "Tick..tick...tick", es una catarsis continua, un monumento al NRA ("Cindy, it was only you", con armónica incluida, pasote), donde también porque no, coexisten esos medios tiempos que te tocan el corazón, como la bella "Freak star".

Pero el tono general de disco es de mala leche. De electricidad y veneno, de feedback brutal como la deliciosa "Killing me" o la demoledora "Bruises".  Aunque cuando se ponen melosos, arrean lentitud y nos provocan susurros ("Deep end").

"Your secret" es arenosa, desierto de guitarras que crujen y destilan mientras preparan una bomba llamada "Wild mercury". Para el final dos gotas de sudor frío, "All the squares go home", y "No tomorrow". Colofón espectacular a un disco de esos que te menea y conmueve. Gran Wynn.


sábado, 28 de julio de 2018

KAMASI WASHINGTON. "Heaven and earth" (2018)


Si hay quienes piensan que el cambio de formato ("The epic" fue un triple disco, este "Heaven and earth" "sólo" un doble), iba a menguar el ansia metafísica de este saxofonista que ha revitalizado el mundo del jazz, se va a llevar una decepción de las grandes.

"Heaven and earth" es una bomba, un crisol, un largo paseo por le jazz y sus vertientes, donde tiene cabida desde una orquesta a un elenco de músicos de esos que quitan el hipo cuando lees lo que se esconde.

Y es que comenzar el disco con una versión de una canción que apareció en la película de Bruce Lee, "Fists of fury", con sus nueve minutos hipnóticos y reptantes, es sólo un aviso de este trabajo separado como cielo y tierra y que merece una larga y meditada escucha para sorber cada poso del artista y su rutilante banda.

En "Can you hear him" se escora más al free jazz para en la voluptuosa "Hub-tones" llenarnos de sonidos latinos hasta las cejas. "Connections", inspirada en la película "Birth of a nation", nos encontramos al Kamasi más espiritual del lote, con el saxo relamiendo el aire con soltura y gracia, como dédalo etereo en una soflama de estridencia interior.

La anárquica "The invencible youth" da paso a "Testify" con al apoyo vocal de Patrice Quinn  inflamándonos de aire setentero hasta la yugular.La tierra se acaba con los coros espectrales de "One of one" y sus ritmos latinos. Más suma y sigue para ponderar este esdrújulo disco.

El cielo empieza con catarsis, "The space travelers  lullaby" difusa, extraña, ensoñadora, circunferencia de luz y arrojo. "Vi lua  vi sol", vuelve con los sonidos calientes latinos y "Street fighter man" con el bajo retando a Kamasi en una envolvente oda declamatoria. La más larga de todo el disco, los doce minutos de "Song for the fallen", luminosa, excitante, para componer suspiros.

"Journey", con la voz de nuevo de Patrice, misticismo en estado puro. Así va pasando el álbum y cuando te quieres dar cuenta han pasado un huevo de minutos, horas comestibles de arrobo para enfilar la parte final con el piano colosal de "Show us the way" y el epílogo de "Will you sing!".

Kamasi lo ha vuelto hacer. "The epic" un punto sideral, "Heaven and earth", una oda sin parangón, un pregón de jazz total libre de prejuicios. Volemos pues, volemos......


jueves, 26 de julio de 2018

BOWERY ELECTRIC. "Bowery electric" (1995)


Con este disco empezó todo. Aun recuerdo el impacto que me provocó cuando les descubrí con el hipnótico y atrapador "Beat" (1996) y mas tarde con su obra más redonda "Lusflife" (2000). El duo norteamericano formado por Lawrence Chandler y Martha Schwendenor consiguieron crear una mantra de sonidos electrónicos, minimales, con artificios de post rock que te descolocaban a cada escucha.

Pero eso fue más tarde. La aventura empezó con este disco homónimo, puro shoegazing inspirado en psicodelia. "Next to nothing" es una burbuja esférica de feedback y rumor.Sin duda mucho beben de My Bloody Valentine, pero Bowery Electric están en otra onda. Sus atmósferas no son tan ruidosas pero si efectivas con sus laberínticas cruzadas sónicas ("Long way down").

Este primer lp del grupo es una autentica pasada. "Another read" son cinco minutos dedicados a la disgregación corporal, mientras Martha cuchichea, el sonido levanta los pies sonriendo quizas a Spacemen 3, con muecas de revuelo y agitación.

En "Over and over" bajan el pistón y se acogen a la calma para de nuevo en "Deep sky objects" obsequiarnos con una buena ración de shoegazing explosivo. Mi preferida viene después, "Slow thrills", solemne, oscura, lineal y obsesiva. Abriendo camino de lo que vendria después con "Beat", aunque aquí con más distorsión.

La parte final es otro retablo suculento de paisajes malsanos, con la gótica "Out of phase" como un salmo tenebroso que resuena tormentas aciagas y "Drift away", una sinfonía de shoegazing anémica; ruidos, sugerencias, fabricación de saludos desde el espacio exterior.

Bowey Electric, sin duda, una de las propuestas mas interesantes y arrolladoras de los 90, con su manera tan particular de ejercer de manipuladores del ruidos, desde calmas imposibles y necesarias.


martes, 24 de julio de 2018

FERNANDO ALFARO. "Sangre en los surcos" (2018)


Si el verano pasado fue el que adquirí la caja con todos los discos de Surfin Bichos más DVD, éste es el que Fernando Alfaro ha conseguido regar mis minutos de escucha con su particular laguna sanguínea, en este portentoso trabajo que a modo desenchufado nos da una oportunidad a los completistas para continuar visitando perreras imaginarias en busca de ese can abollado que se perdió a la vez que nuestra juventud.

Y además Alfaro nos regala 4 temas nuevos, de esos que ya forman parte de ese torrente creativo al que nos tiene acostumbrado. "Dominó" es espeluznante, dramática, triste, desesperanzada, ley de vida. Y es que lo que cuenta Fernando se te queda largamente en la retina del corazón. El otro día, después de cenar, acabando la copa de vino, salí a la terraza y me impregné de tristeza, de recuerdos, de ayeres imposibles de verificar por la concreta especulación de los años. "Dominó" sonaba mientras intentaba imaginar su historia, la nuestra, el desenlace de la experiencia, las tragedias cotidianas.

"Barbaridades" es otra maestra joya alfarista, como la que titula el cd, donde el espectro del colega finado se marca un foxtrot de recuerdo, de presencia, de luz, como no, en las entrañas. La última nueva, "Trozos de un día", es porcelana y ternura, delicadeza y aspaviento. Como cuando Alfaro canta y se empieza a rasgar la pelusa del cielo. Te quedas boquiabierto y vuelves a darle al play.

"Fotógrafo en el cielo" esta representado de maravilla. Cuatro balas. La desgarradora y aqui folk "¿Qué clase de animal?", "Un alud de septiembre", (que es como cuando la escuchabamos en el coche del humo pero en intimidad, rasgando nuestra vehemencia, empapándonos de lírica violenta), "Mi refugio" con aires country, ukelele del alma y "Siempre lo mismo", rutilante y espectral.

"Saariselkä stroll"  de su lp "Saint-Malo" con banjo del amor da paso a la hermosa "Harto de tu amor" de "Hermanos Carnales", otro puyazo en medio de la soledad extrema. Mil sonrisas he fabricado cuando me tope con "Fuerte!", quizás el mayor hit de la carrera de Surfin Bichos, aquí convertida en una pieza de miniatura que da paso a otra chuchada, "Magic".

Asi es "Sangre en los surcos", un festival de arrobo, locura, un pasaporte hacia atrás en el calendario, un boceto donde Fernando no ha querido apostar por el continuismo y nos ha llenado la boca de luces, palabras, oratoria profunda, y sobre todo mucha melancolía ("Ricardo ardiendo").

Luego me pongo "Mi anestesia" y entro de lleno en un filón de voces que van y vienen, de ecos que quedan en las paredes de la memoria. Se hace agradecer la aparición de canciones como "Su mano sobre la mía" o "Qué condenamente negra", arrolladoras por su impetu y su fuerza.

Me he puesto ya tres veces seguidas la reinterpretación de "Gente abollada" (puro Johnny Cash) y esa firma en un cirro que es "El último día que me verás". Sin palabras. Con este "Sangre en los surcos" ya tenemos munición este verano para pasar los ataques de nostalgia con una buena bebida enérgetica, con un gran plan de sueños imprecisos, de canciones que no caducan. Grande Fernando, grande.


domingo, 22 de julio de 2018

MONO. "Under the pipal tree" (2001)


El primer disco de la banda nipona, es quizás el más contundente de su carrera. Aún no habían caído en la ensoñación de las cuerdas, en los mundos imaginados con esferas angélicas y guitarras de rocío. Aquí se les ve en pleno nacimiento, sacando enjundia de sus distorsiones, cavando huellas para que podamos seguirlos en su arritmética del dolor-amor.

Las guitarras toman posesión de los temas, como en los 12 minutos de "Karelia (Opus 2)", donde cuando parece que llegas al ocaso, resurgen como un trueno entre aluviones de feedback. "The kidnapper bell" es otra estremecedora colisión de aristas que sintonizan con efluvios de agua que contamina y quema y en "Jackie says", la  más bruta del disco, parecen una banda de post metal en un sanatorio de preguntas imposibles de responder.

En en canciones como la lírica "Op beach" donde se abren los caminos que poblarán sus posteriores trabajos. Los nipones se confiesan entre vaho y silencio, entre brumas que dan miedo y respuestas que no se quieren saber.

Luego, en "Error=9", nos hallamos otro pedazo de luz que amaga en ser tormenta, atmosférica, sideral, cuento de miedo o quizás un poema perdido en la mano de un niño. Simplemente espectacular.

Terminan este poderoso y primerizo lp, "L'america", donde se relajan hasta la extremaución, y sobre todo "Human highway", otro entretenimiento de nubes que se arremolinan con la dicha un túnel que da paso al vendaval de la paz interior.

Enorme primer disco de una banda que nunca defrauda. Luego vendrían joyas como "Gone" (2007) o "Hymn to the inmortal  wind" (2009). Pero este "Under the pipal tree" es una bella sacudida de melancolía, un hallazgo de esos que no se olvidan. Para ponerlo muy alto y dejarte llevar hasta donde las cumbres te dejen....



jueves, 19 de julio de 2018

BLACK HEARTED BROTHER. "Stars are our home" (2013)


Pedazo de disco que entregó Neil Halstead (Slowdive y Mojave 3). Y es que si la primera canción del album ya nos introduce a lo que nos espera, es en la segunda, "(I don't mean to) wonder", donde se desgarran las tormentas de shoegazing explosivo, distorsión y arreones que no cejan.

Black Hearted Brother fue el nombre que Neil, Mark Van Hoen (Seefeel) y Nick Holton dieron a una banda que como la portada del cd, es una explosión de colores, de texturas, que a los seguidores de Slowdive nos hace aplaudir a rabiar.

También hay sitio para la psicodelia amable vinculada al pop, como la triunfal "This is how it feels", o instrumentaciones de ciencia ficción difusa que diambula entre soflamas de electrónica sideral ("Got your love).

La verdad es que para los que siempre deseabamos la vuelta de Slowdive, este "Strars are our home" es un buen placebo con letanías soberbias de melodías infecciosas ("UFO"), o pequeños experimentos donde la tecnología es una excusa para seguir buceando en los confines ("Time in the machine").

Continua la psicodelia con "Oh crust", para en "My baby just sailed away" componer algo parecido al tecno pop. La parte final del disco se relaja bastante, para terminar con la sesentera "Look out here they come". Para los amantes de la psicodelia y del shoegazing, un lp disfrutable.


lunes, 16 de julio de 2018

PRAM. "Dark islands" (2003)


Pram nacieron en la primera andanada de grupos de post rock. Junto a Moonshake, Seefeel, Labradford, Laika y otros malabaristas de los sonidos extraños, la  banda de Birminghan siempre se caracterizó por su ardiente inclinación a los sonidos cinemáticos (exceptuando el que para mi es su mejor disco de su carrera, el explosivo y guitarrero "The moving frontier" (2007)).

Y este "Dark islands" es una buena muestra de ellos. Desde que suena "Track on the cat", te dejas llevar por la sensualidad vocal de Rosie Cuckston y de una banda que la arropa con trompeta que son caricias ("Penny arcade"), con paseos enigmáticos por la nouvelle vague, "The Pawnbroker", o haciéndonos recordar la dulzura extraña de Stereolab ("Paper hats").

Así eran Pram. Con un ojo puesto en la imaginación floral de Robert Wyatt ("Peepshow") y el otro ideando un extraño mundo sideral donde en Marte se bailase cosas como "Sirocco". Una de mis favoritas de "Dark islands" es "The archivist", por su bizarría contundente,por esos ruidos que parecen salir del vientre de Residents.

Pram eran encantadores, te mecían en volutas de humo infantil ("Goodbye") e irradiaban siempre una sensación de transgresión total, post rock con neones suculentos, con luces inmarchitas que fondeaban en mares siempre indómitos. Ya se fueron hace años Pram. Nos queda recuperar sus hechizos, para flotar y flotar....



sábado, 14 de julio de 2018

BILL CALLAHAN. "Apocalypse" (2011)


La voz. Esa voz. Es lo que llama más la atención cuando deshojas un disco del ex-Smog, Bill Callahan. Y es que es el medio perfecto para sumergirte en un bálsamo donde las nubes se arrodillan ante las montañas, donde se vive bien entre el aire libre de un millón de suspiros ("Drover").

Quien pensase que el techo compositivo de Bill Callahan se quedó en "Sometimes I wish we were an eagle" (2009), estaba equivocado. "Baby's breath" es la segunda sacudida de su especial manera de pervertir el country y el folk, llenándolos de invierno, de frío, de aristas para soñar despiertos.

Y esos punteos marcianos que se sacan los colegas en "America!", zigzag apabullante que ilumina noches donde el sonido del autillo se une con la sierra eléctrica de la soledad. Sin palabras. Es para cerrar los ojos y mantenerlos en penumbra hasta que acaba de sonar "One fine morning" la canción que despide con bramidos este apabullante y sobrecogedor disco.

"Universal applicant" reconduce el concepto del folk sin estridencias ni galimatías, es un nudo en la garganta que desatranca voluntades, es un escozor que quema sin hacer ruido. "Riding for the feeling" es para escucharla con pavor de ternura, esdrújula, tranquila, ronroneante, con Callahan cantando como si la voz fuese un arsenal de viento acariciador.

En "Free's" se atreve hasta con la bossa, en un magnífico y apabullante soniquete que deletrea silbidos y maestría de cabo a rabo. Discazo de principio a fin, artesanía sonora quebrada y repleta de matices acogedores.

"Apocalypse", un caramelo al cual nunca se le va el sabor, una ración de naturaleza y espacios abiertos que te llena y te aclama. A cerrar los párpados toca.....


jueves, 12 de julio de 2018

SHAME. "Songs of praise" (2018)


No superan a los burros, necesarios e incendiarios Idles, mi banda post punk del momento, pero estos chavales se merecen el crédito de una buena escucha. Bemoles no les falta para en este su primer disco, confeccionar un buen puñado de arreones para no olvidar.

Ayuda la pose y chulería de su cantante Charlie Steen, un pipiolo que junto al jardín de infancia de su grupo aprendió rápido las lecciones de sus mayores. La criminal y peligrosa "Dust on trial" es el síntoma de que este disco tiene miga.

Luego vienen los dos hits del disco. "Concrete" puro Joy Division del primer minuto al último. Nervio, guitarras que se aceleran en un molinillo post punk, y donde se encuentran punteos sacados de la discografía de The Chaemeleons,  Charlie gritón y malhumorado, sacando de quicio al personal, y sobre todo "One rizla". El clip es una pasada. Los chavales del sur de Londres en una granja de campo, con cerdos, cabras, con barro, con mierda. Y en medio un pedazo de canción. Quizás si hoy tuviera 20 años no pararía de ponerla y de grabarla a los colegas. Ya con casi cincuenta, me hace sonreír. Lo hacen bien.

En "The lick" se trabajan una atroz crítica a la sociedad de consumo rápido en la que vivimos. En medio, una oscura y trabajada canción con medios tiempos detonadores. "Donk" es punk sin corchetes, en caida libre. Macarra y dura, puro cargamento de dinamita a punto de detonar y en "Gold hole" parecen unos Oasis en estado de rabia.

"Friction" guiña un ojo a Stones Roses para que en "Lampoon" vuelva el ánima de Ian Curtis a pasearse con nosotros un rato de ocio oscuro. La última, es quizás las más prescindible. "Angie", irregular y falta de lo que le sobra al resto del cd: garra, fuerza, pose e imaginación.

Lo dicho, no llegan al nivel de Idles (esperando estoy como loco la llegada del fin de agosto para hacerme con su nuevo trabajo), pero es de aplaudir que estas huestes juveniles mantengan la nevera bien fresca de sus ídolos mayores.


lunes, 9 de julio de 2018

SCHOOL OF LANGUAGE. "Sea from shore" (2008)


El lider de Field Music, David Brewis, se tomó un respiro con su banda y nos regaló este "Sea from shore", bajo el nombre de School of Language. Un batiburillo repleto de himnos alegres de indie que como la inicial "Rockist part 1" y su segunda parte "Rockist part 2", (utilizada hasta para un anuncia de coche en tv), donde la especulación analógica se nos ofrece como un juguete divertido.

Barry Hyde, de The Futureheads, también se presta al juego con su aparición en la indie "Dissappointment '99", fresca y divertida, ecléctica y furiosa. Lejos de las canciones amables de Field Music, School of Language en un divertimiento con notas a pies de página de barroquismo bien entendido ("Poor boy").

Los temas de "Sea from shore" tienen enjundia y vibración. "Marine life" es un torrente de catarsis especulando calorías y distorsión. Como la potente "Extended holiday", y su zig zag de brumos saltos,para en la recta final acabar a lo grande con "Rockist part 3" y "Rockist part 4",  otros dos momentazos de esos que perduran.

School of Language en 2014, sacaron "Old fears" otra manera elegante de continuar por una senda que nada descubre, pero que por lo menos, y es de lo que se trata, construyen buenas canciones para echarse a los oídos.