domingo, 30 de septiembre de 2018

DAVID SYLVIAN. "Manafon" (2009)


Nunca había estado más cerca de la vanguardia el ex-Japan David Sylvian que con "Manafon". Un disco arriesgado, hermoso, potente, de escucha larga y minuciosa, donde a cada paso, a cada canción, te ves hechizado por la voz y los artilugios de Sylvian para introducirnos en el bosque que nos muestra en la portada.

Valga "Smal metal gods", para empezar con esta aventura repleta de extrañamiento, de jazz raro, de lentas aproximaciones hacia el silencio. Un silencio incomodo, visceral,sedoso. Los temas de este disco se grabaron entre los años 2003 y 2007, y fue en el 2009, cuando Sylvian se dedicó a reunirlos para este "Manafon".

Y aquí hay riesgo y fragmentos que son canciones ("The rabbit skinner"), y espeleología donde se percibe el arte de un artista que nunca se ha acomodado ("Random acts of senseless violence"). Los diez minutos de "The greatest living englishman" es una concatenación de sonidos abstractos, de luces en penumbra, maravillas para gozar.

"Snow white in Appalachia", busca el refugio de la naturaleza como eje fundamental donde urdir un alarido de zigzag sónico, donde David parece el supremo vate de una legión de servidores de la sombra.

También es hermosa la dedicatoria a la poeta Emily Dickinson en el tema que lleva su nombre y en "The department of dead letters" juega con el jazz oscuro, extremo, lento y demencial. La que titula el disco,es la que acaba esta sin duda experiencia para los sentidos, para escuchar en solitario, bien alto, para que los hados del mundo subterráneo acudan si les place a tomar un té a tu casa.


viernes, 28 de septiembre de 2018

THE TWILIGHT SINGERS. "As played by The Twilight Singers" (2000)


Cuando Greg Dulli dio de baja definitiva a The Afghan Wings de la lista de grupos que en los 90 nos rompieron el corazón, sabía que no se iba a quedar parado mucho tiempo. Su garganta profunda, sus ganas de hacer del soul un arma para contagiarnos de vigorosas guitarras, no se podían perder.

The Twilight Singers, es la segunda parte de la serie que comenzó con The Afghan Wings, y este "As played" fue su primera nota a pie de pagina, acompañados por el grupos Fila Brazillia. No entiendo porque muchos de sus seguidores se sintieron defraudados con el cd. Desde que comienza a sonar "The twilite kid" y la lírica y tranquila "That's just how that bird sings", parece que nos encontremos ante otro disco de los Afghan.

La misma sutileza, la misma forma de armar las canciones con delicada armonía, con un festejo de suavidad que contamina. "Clyde" y ese bajo que se mete en las entrañas es un verdadero sonajero de calor y densidad bajo cero. Funk lento, suculento manjar que no defrauda.

"Love" con ese piano que empieza a poseernos, es otra de las destacadas, otra forma más de afianzar el sonido de antaño en su siguiente reencarnación. Y "Verti-marte", con recitado en francés femenino incluido es otra pasada, otro de esos pelotazos de soul indie que te hace saltar del sillón. En "Last temptation" Dulli juega como nunca con su voz para en "Railroad lullaby" mandarnos de un gancho certero a los 70.

Para terminar, el apoyo electrónico de Fila Brazillia en "Twilight", eco para decir adiós, para que no perdamos de vista a este portento que nos regaló cuatro discos más como The Twilight Singers que no hay que perderse.



martes, 25 de septiembre de 2018

PRAM. "Across the meridian" (2018)


11 años hemos tenido que esperar para tener de nuevo con nosotros a Pram. Desde que nos dijeron hasta luego con "The moving frontier", pensabamos que Pram ya se habían jubilado, con el honor de formar parte de la primera avalancha de grupos de post rock, marcianos de una pista de baile sideral donde cabía de todo.

Oyendo el inicio con "Shimmer and disappear" podemos estar tranquilos. Son los mismos que nos hipnotizaban con discos como "Sargasso sea" (1995); los que ejecutaban a su manera jazz, easy leasing, pop marciano, embrujadas tonadas para dar y tomar.

Rosie Cukston sigue cantando como un ángel en trance de mariposas congeladas ("Thislesdown"), y junto a Matt Eaton y Sam Owen, se las apañan para confeccionar curiosidades híbridas de lirismo raro ("Electra") junto a músicas de discotecas al libre albedrío ("Wave of translation").

La música de Pram es caótica y sin prejuicios, es una cubo donde se meten estilos y se mezclan sin rubor y con apasionamiento. Donde nos topamos con minimales estructuras decadentes como "Ladder to the moon", y espacios para músicas de club venusiano como la orate "The midnight room".

Pram es una delicia. Una orquesta bien afinada en saber con arte su oficio de emprendedores de sonidos extraños ("Footprints towards zero") o tonadas de andar por casa con ecos a unos Stereolab ligeros de ropa ("Mayfly").

"Where the sea stop moving" es delicada y subliminal y el final con "Doll's eye", casi con ritmo de triphop cinematográfico les eleva al mundo de las burbujas contenedoras de aires nuevos de frescor y candor. Pram, el otoño que se acerca.


domingo, 23 de septiembre de 2018

WINDSOR FOR THE DERBY. "Calm hades float" (1996)


Con este disco, comenzaron su andadura discográfica esta banda de Florida,con Dan Matz y Jason McNeely como cabezas pensantes, de un proyecto que tomaba al post rock menos acomodaticio como referencia, para construir pasajes instrumentales misteriosos e hipnóticos.

Asi "One" es la primera parada en un viaje concreto de ruidos y oscuridades galvanizadas con electrónica."Calm hades float" es sugerente y extraño, nada en los lugares comunes donde Brian Eno crea burbujas ambientales ("Two"), para recorrer el mismo camino, pero a su manera que Tortoise, Pram, Main, Loop y otros grupos de la primera generación del post rock .

Las ideas estas claras desde el principio. Grabado en el label Trance Syndicate, más tarde se alojarían en uno de los sellos más importantes dela época, Secretly Canadian, y hasta la casa de Swans, Young God Records, tuvieron a bien de adoptarles, sabiendo la proyección musical del grupo.

"Three" es una de las más bizarras, kraut con calambres, suspiros cardiacos que en "Four" se convierten en una emocionante e intrincada concatenación de arpegios que quieren buscar un hilo conductor melódico. Como ese inicio en "Five" retozando en Joy Division para al poco, y esta vez cantando, construir una bella y paisajista hoguera de tranquilidad.

En "Six", les basta dos minutos y medio para tentarnos con subidas y bajadas de guitarra, punteos con aroma a levedad que dan paso a "Seven", la más portentosa y eficaz del disco, donde reparten fogonazos de especulación cercana al dark.

Cierran el disco con dos temas en directo, "Mythologies" y "Skimming", donde el mensaje se amplifica con corrientes fluctuantes de postrock especulativo. Buena banda Windsor for the Derby. Recomendable pararse ante su ultimo disco antes de la separación. "Against love" (2010).



viernes, 21 de septiembre de 2018

CROCODILES."Endless flowers" (2012)


Brian Welchez y Charles Rowell, lo tenían muy claro cuando formaron la banda. Los de San Diego quizás estaban un poco aburridos de que su devoción por Jesus Mary and the Chain, se quedará solo en eso, y decidieron dar un paso para recrear musicalmente (a su manera, claro), el ruidismo pop de los hermanos Reid.

Y joder que si lo consiguen. La canción que titula este tercer trabajo del combo, es una pildora de pop guitarrero, de electricidad que no se entumece, ruido tratado con melodías aspaviento. Y cuando la siguiente "Sunday (psychic conversation=9)" te desgarra los timpanos con su noise pop juvenil, ya te tienen convencido.

Hasta cuando se despojan de todo su arsenal decibélico, como en la tierna "No black clouds for dee dee", consiguen emocionar sin levantar demasiado la voz, sólo tweetpop de manual, eficaz y correcto. Pero es cuando se vuelven ariscos cuando suben nota. "Electric death song", es puro torbellino acariciador y en "Hung up on a flower" es donde es más evidente la influencia de Jesus and the Mary Chain, inclinándose con timidez hacia el shoegazing.

El aire sixtie que rodea todo "Endless summer" se hace más evidente en canciones como "My surfing Lucifer", para de nuevo en "Dark alleys" volver a la senda del feedback sin tapujos. Sensaciones añejas recuperadas con gracia por quienes no temen perderse en imitaciones vanas.

Para el final, "Welcome trouble" y "You are forgiven", otros dos pelotazos luminosos que te hacen brincar, y que definen con claridad las inclinaciones del grupo por los ambientes ruidosos siempre con matices.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

IDLES. "Joy as an act of resistance" (2018)


Mejor disco del año hasta la fecha. Si ya me volví loco con su primer trabajo "Brutalism" (2017), este segundo los pone en la primera línea de fuego, allí donde se cuece la bilis y el grito desaforado. Los de Bristol siguen armando un discurso que no deja a nadie indiferente.

Ponen la diana contra el machismo, el racismo, las putadas que nacen de una sociedad enferma, y se enfrenten a ellas con rabia y actitud. Y van mucho mas alla. En "Colossus" hay veces que me recuerdan a unos Swans que se han pasado al post punk. Vaya sonido. Tema que avanza con el cuchillo en la distorsión y que acaba en un salivazo esplosivo.

"Never fight a man with a perm" es otra sacudida, como si Killing Joke hubiera vuelto a las andadas; ritmo marcial, peleas en el bar, ruido, mucho ruido, y sobre todo excitación. Porque escuchar a Idles te provoca, te incendia, te llama a la insurrección. Joder, lo que siempre ha sido el punk sin contaminar con poses tontas de imberbes yogurines.

Nada en "Joy as an act of resistance" sobra. Todo te hace mover los pies, gritar, agitarte y soñar con la revolución. "I'm scum" es otro himno desenfrenado, otro callejero grito de rabia al compas de guiños a The Fall. Brutal.

Llevaba esperando todo el verano la aparición del disco. Ha merecido la pena.Las paredes de mi casa sobreviven a duras penas a la excitación que provoca Idles. "Danny Denko" dedicado al lider de la banda inglesa Heavy Lungs casi parece una canción redskins. Un grito contra el racismo, a lomos de tarareos de pub. Y es que se pongan como se pongan nos dejan sin palabras.

Las canciones de amor de Idles, como "Love song", son como un desgarro, un veneno que te inoculan para ver las cosas de color demolición. Griterio, amor, te echo de menos, prendamos la dinamita, esto eso para que no me olvides, las guitarras estan ardiendo....

El punto del disco que produce más escalofríos es "June", donde Joe Talbot recuerda la perdida de su hija. Lenta, hipnótica, triste, terminal, para temblar. Y la lucha sigue y el desenfreno no para. "Samaritans". Épica, post punk de ese que ya quisieran Interpol.

Asi pasamos la mitad del disco y todavía les queda tiempos a Idles para continuar en la brecha de la adicción sonora. En noviembre vienen por aquí. No me los pierdo. Hacia tiempo que una banda no me causaba tamaña conmoción.

En "Television" se escoran de nuevo hace el punk. Y continuan sin perder ni un ápice la pegada, los intestinos del sentir se descolocan para en "Great" darle duro al puto Brexit a ritmo detonación. Maravillosos.

Cambian de registro en "Cry to me", donde se parecen a unos Cramps desairados y acaban el disco con "Rottweiler" la más ruidosa y animal de todo el disco con un final de esos que dejan huella.

Y es que como el titulo de su obra, la alegría es un acto de resistencia, y su alegría nos contamina, nos inflama, nos llena de orgullo, nos enfurece, nos hace sacar de nosotros el agitador que llevamos dentro. Idles, mejor disco del año. Veremos quien les quita el trono.





lunes, 17 de septiembre de 2018

THE CURE. "Three imaginary boys" (1979)


Con ese disco nació la leyenda de The Cure. Robert Smith, Michael Dempsey y Lol Tolhurst lo tenían claro. Los británicos, empapados hasta las cejas aun del calor oscuro de Joy Division, defraudados por el punk, quisieron dar a éste un aire post, y nos regalaron este primer y quizás más oscuro disco de su carrera.

Canciones cortas, concisas, ya con Robert Smith catapultado a hacer grandes cosas, conseguían unir la melodía en "Acurracy" junto a unos punteos malsanos, dotados de hipnosis para caer en su tela de araña juvenil y mortecina. El álbum debe su nombre al trio que formaron originalmente, y tuvieron la mala suerte de que su compañía decidiese tanto las canciones que incluiría como la portada. Más tarde Robert de vengaría.

Escuchas "Grinding halt" y ya te estás imaginando todas las trastadas maravillosas que en el futuro acontecería a esta monumental banda. Con The Cure, Siouxie y Bauhaus ya tenían compañeros para echarse unos tragos de absenta mientras se tatuaban ataudes. "Another day", tranquila y angustiosa, es un antecedente genial de lo que vendría después en trabajos como "Faith".

Ya desde 1979 sentando cátedra, no les importa que en temas como el inicio de "Object" parece que nos encontremos con una versión traviesa y desenfadada de Joy Division. El trio suena bestial. "Three imaginary boys" también contiene la única canción en la carrera de The Cure no cantada por Robert Smith, "Foxy lady", versión de Jimi Hendrix, con Michael Dempsey haciendo de Smith.

En "Meat hook" se atreven a jugar con irreverencia con sus instrumentos en una laberíntica canción que da paso a "So what", donde Robert se desgañita en un folcklore de cacareos. Clásicos imperecederos como "Fire in Cairo" suenan más frescos que nunca y "It's not you" es aguerrida y venenosa, lustrosa y bestial.

Casi acabando el disco, la que lo titula, música para alentar depresiones y susurros en coma.  Con "Three imaginare boys" Cure empezaron a cabalgar a lomos de noches de carmín y solemnidad. El reciente concierto en Londres del grupo nos los mostraban en plena forma. Ojala pronto nos regalen una buena ración de recuerdos imperecederos.


jueves, 13 de septiembre de 2018

CODEINE. "What about the lonely" (2013)


El dolor era esto. También la soledad que devora, el llanto por las incroguencias del existir, la música para ponerte en tus momentos más bajos. El slowcore sin Codeine sería un estilo superfluo. Codeine nos llenó las tripas de monologos interiores, de sudores frios, mientras en la habitación, cuando tocaba, nos encerrabamos, los poníamos a toda leche, y nos preguntabamos el porque de las adversidades del sentir.

"What about the lonely" fue una disco en directo registrado en una sala de Chicago en 1993, y nos muestra a la perfección como se las gastaban Dough Sacharin, John Engle y Stephen Immerwahr en el escenerio.

Me pongo "Cave-in" o "Jr", y se vuelve a reproducir esa sensación que nace de la lentitud extrema, de la repetición de un grito siempre con volumen bajo, allanando los cielos de claridades acuosas, remolino que dispara hojas secas de recuerdo.

Con solo tres trabajos en su corta vida, en plenos 90, donde todo era posible, supieron hacerse un hueco con su sonido inconfundible y tenaz, doloroso e hipnótico, especial. "Ides" arranca y cierro los ojos, y me llevo por el maremoto de los recuerdos, por la afilación en grado de negación de la guitarra, por las nubes que pasan corriendo hacia valles donde jamás vendrá el sol.

Así era esta banda cuyo nombre hacia honor a su sonido. Este live es todo un reflejo de lo bien que llevaban a cabo su danza macabra, su sinfonía desbocadora, marcial, sin heridos posibles de latidos con buenos sonidos. Qué estremecimiento que provoca volver a oir "Tom" con Stephen volcándose en un reguero de drama, de susurros incómodos, de levedad consentida.

Y es que aunque me apasione Low o Slint, siempre me quedaré con Codeine. Frugales y concisos, arrebatadores y viscerales. "Wird" da miedo por su minimalismo espectral, por esa corriente de vaho quirúrgico que afecta gravemente a tu alegría. Una pasada.

Que sirva pues "What about the lonely" para volver a sacar de las catacumbas a una banda que nos alumbró con frescor gélido, a una espectral marcha nupcial de siseos que te acompañan y miman. El dolor era esto, el placer de los extraños sueños sin definir....



martes, 11 de septiembre de 2018

INTERPOL "Marauder" (2018)


No, no es lo que esperaba. Pero sube la nota tras el desliz de "El pintor"(2014). Esa son mis primeras impresiones tras escuchar este "Marauder", que no es como decían una vuelta al sonido de su mejor disco, el intachable "Turn on the bridge lights", aunque contiene argumentos como para que les tengamos en consideración.

Y es que Paul Banks y sus chicos, merecen que sl disco siga girando, que el post punk tenga aún su hueco en nuestras retinas auditivas. "If you really love nothing" y "The rover", son para abrir boca, melodías oscuras, sin afilar las guitarras, pero tejiendo como ellos hacen una red de misterio y pulcritud.

Quizás el sonido de Interpol corra el peligro de su falta de movimiento, de haber escuchado ya antes lo que nos proponen en sus anteriores trabajos. Pero a los adictos a los sonidos puntiguados, es un placer toparnos con canciones como "Complications", y épica bien tratada como en la solemne y adictiva "Flight of fancy".

Sigo echando de menos la fuerza guitarrera de sus inicios, pero a su favor está haberse levantado con valentía despues de la caída aburrida de su anteior trabajo. "Stay in touch" si que consigue volver a la crudeza, subiendo volumen de la distorsión mientras Banks vagabundea con su voz.

Después de "Interlude 1", viene lo que hace perder puntos al disco. Temas como "Mountain child" y "NYSMAW" adolecen de repetición, de una vuelta más a los engranajes que Interpol utilizan para que la máquina funcione. Y es que la marcha de Carlos Dengler, se nota bastante cuando hay que evaluar el tono general de Interpol.

Queda poner el volumen a toda leche con "Number 10" , pieza incontestable, rabia y tristeza, resumen de como debería de haber sonado todo "Marauder".Ya casi al final, "Party's over" vuelve a inclinarse hacia lugares manidos. Para terminar este irregular viaje, "It probably maters", otra tonada que vuelve a sonar a copia.

Vuelven Interpol, mejoran, han llevado al tinte sus trajes, pero sigo esperando una estampida, un rayo de esos que electrifiquen los oídos. Seguimos esperando.


domingo, 9 de septiembre de 2018

CHELSEA WOLFE. "Pain is beauty" (2013)


Folk gótico. No hay mejor manera de llamar a la música que hace Chelsea Wolfe, que en este cuarto trabajo, se redime con oscuridades espabiladas, con nocturnos paseos por noches que nunca se acaban ("Feral love").

Y es que la cantante norteamericana se sacó de su sombrero de conejos negros un disco de esos oscuros, que atrapan y te dejan sin respiración. "We hit a wall", nos remite a Pj Harvey, y "House of metal", es una marcha electrónica de dolor y miedo.

Como "The Warden" y ese carisma  de sombras que se hacen grandes cuando Chelsea Wolfe canta entre toneladas de racimos de veneno. Mi preferida, la que más distorsión tiene, "Destruction makes the world burn brighter", una nana de catarsis contenida y cruel.

"Sick" y "Kings" son góticas hasta en el hálito que producen cuando sus sonoridades se adecuan con paisajes repletos de destrucción y dolor. "Reins" apuesta por su lado más folk para en "Ancestors, the ancients", envolvernos con su voz damero de conductas depravadas.

Para terminar, "The waves haves comes" y "Lone", dos estrellas apagadas al albur de las malas noticias, una seminal concatenación de ofrendas a los latidos que se apagan. "Pain is beauty", un disco de esos que hay que oír con relajo y paz, un zarpazo de luminosidad a mansalva. La demolición de la alegría a cuentagotas.


jueves, 6 de septiembre de 2018

PIANO MAGIC. "Ovations". (2010)


Siempre he sentido una especial predilección por esta banda británica comandada por Glen Johnson. La forma de aunar el post rock, con la electrónica y el pop más barroco siempre me sedujo, me provocándome múltiples sensaciones.

Discos como "Artist' rifles" (2000), o "Dissaffected" (2005), nos mostraban a una banda con capacidad suficiente de moverse en diversos registros, ejecutando con maestría bailes en el alambre de la épica.

Para este mayúsculo "Ovations", contaron co la ayuda de Brendan Perry y Peter Ulrich de Dead Can Dance, y la verdad es que desde que suena "The nightmare goes on", se nota ese aire de misticismo. Las palmas que alborotan "March of the Atheist" y el ambiente general que crean podían aparecer en cualquier disco de Dead Can Dance.

Pero como siempre Piano Magic  no se amoldan a un estilo, no toman los caminos unidireccionales. "On edge" con su ritmo electrónico es febril y constante, y "A fond farewell" es una lírica y boscosa creación que se acerca a lo que un día se llamo indietrónica. "The Blue Hour" es puro post rock, con guitarras que crujen mientras Glen canta pedaleando rocío.

Después viene "Recovery position", otra esquisitez con la sombra de The Cure asomándose a hurtadillas y con acierto. Los dos Dead Can Dance, visten sus mejores galas góticas en "La cobardía de los toreros" y "Your never loved this city", romanticismo de flores agotadas de esperar atención.

"The faint horizon" y la preciosista y electrónica "Exit", ponen el punto y final a un disco de esos que se disfrutan de principio  fin. Para degustadores de notas planeadores de sueños, ligerezas y cafés sin sentido. Piano Magic puro envolvimiento.


martes, 4 de septiembre de 2018

LA URSS. "Nuevo testamento" (2018)

Ganas teníamos de hincarle el diente a este nuevo disco de los andaluces La URSS, que tanto nos impresionaron con su anterior "Maravillas del mundo" (2015). Y es que es toda una alegría que el afterpunk de aki tenga tan buena salud.

Hay vida después de Biznaga. Y La URSS tienen en su haber buenas instrumentaciones y coros ("Olvido"), junto con pelotazos punk donde ponen la diana en todos los males de una sociedad cada vez más enferma ("Curva de consumo ascendente").

Vuelta a los 80, pero a su manera. "Cristal" que empieza tranqui se envalentona y crispa, se sacude y escupe verdades como chinchetas. Luego "Non plus ultra" y su efectiva pegada melódica, la mejor del lote para que escribe; chiribitas de punk con estructura de esputo, con energía controlada con unas letras inteligentes y que guiñan un ojo puños airados de rabia.

Divertidos y comprometidos, seguidores de esa secta imposible de establecer físicamente de adoradores de Parálisis Permanente, ("Ante el espejo" le hubiera gustado a Eduardo), también se les da bien cuando en "Confianza racional en la acción dinámica" introducen sonoridades que les acercaa a Killing Joke.

Suenan bien. La distorsión y las ganas de provocar les arropa. "Crear al fin" es otro de esas punk songs para vitorear en días de jolgorio y detonación. Para terminar "Habra un sacrificio", otra ración de oscuridad bien entendida.

La URSS, soviéticos de la noche eterna, de gotas de sudor de sangre, de elucubración y pulso rápido. Interesantes y explosivos.


domingo, 2 de septiembre de 2018

CASPIAN. "Dust and disquiet" (2015)


Pudiera parecer que con la escucha de este disco de Caspian, nos encontremos con otro de la larga lista de bandas que hacen del post rock con tonos emocionales su bandera. Bueno, pues "Dust and disquiet", el último disco hasta la fecha de la banda de Massachusetts es algo más.

Con tan solo el inicio, con ese saxo de noches oscuras que aparece y se va en "Separation No.2",  y su continuidad en la genuina y efectiva "Rioseco", tenemos la certeza que Caspian ofrecen algo más que continuismo. Que lo suyo es elaborar ráfagas de electricidad a cuentagotas de ternura sin caer en lo de siempre.

"Arcs of command", con los sintetizadores empezando lo que va a ser un himno que tira de épica a mansalva, de situaciones atmosféricas repletas de fuerza y tormentas que no cesan.  "Echo and abyss" es una especulativa prolongación de post rock esta vez, dejando de lado el aspecto instrumental de la banda, con aporte vocal, que da más consistencia y fiereza a la canción.

Apuestan por lo acústico en "Run dry", para en "Sad heart of mine" apuntar directos a tu corazón, con un piano nunca meloso, pero si con un armazón melódico de esos que te lleva a buscar un rato de ensimismamiento.

En "Darkfield" se vuelven experimentales rozando el mathrock, para acabar el disco con el trallazo que titula el álbum. Una composición de 11 minutos donde ofrecen lo mejor de su pegada en un hálito de suspiros y silencios que se acaban para llamar a la estampida.

Caspian, otro grupo más para poner cerca de Mogwai o Explosion in the Sky. La fuerza de la naturaleza que se desboca y nos trae aire y frenesí. Post rock sin lagunas ni dudas. Para gozar.