martes, 16 de julio de 2019

MISHIMA. "Trucar a casa recollir les fotos pagar la multa" (2005)


Mishima siempre será uno de los grupos más emocionantes que tenemos por estos lares. La banda de Barcelona comenzó su carrera discográfica con "Lipstick traces" en el año, 2000, y este "Trucar a casa..." fue su tercer disco. Ya olvidaron el inglés de sus principios (salva la excepción de "Every second"), para hacer del catalán une lengua repleta de margaritas y nubarrones que sudan escozores de ojos.

Y es que no puedes más que rendirte cuando das al play y te posee "Un altre divendres", con su ternura que se va a romper, con su delicado movimiento de tierras internas que te dejan apaciguado y repleto de sueño. "Em dius adéu", es acústica hasta el dolor y "L'ombre feixuga", una de las mejores composiciones del grupo de David Carabén y sus colegas, te deja henchida el alma de gotas de rocío.

"L'estrany" parece sacada de un disco de Dominique A,  "El moment que no surt mai a les cançons" te deja perdido en un túnel donde la noche amenaza a los días, a las caricias infundadas, al breve mosaico de la melancolía. "Miquel a l'accés 14" es una entrañable canción de pop que te sube el ánimo, que te enzarza en bonhomía para en "Una vida tranquila" sentir el frescor de un otoño de pianos clarividentes, de lujos de andar por casa.

Luego "El record que no has cridat" y "Sant pere" ponen el punto final a otro de esos trabajos que se pasan en un refilón de deseos, en un cantar las cuarenta a tus urgencias vitales por hallar en la música un medicamento ante tanto hastío y nubarrón.

Mishima, que grandes. Voy a ponerme deberes este verano, empaparme de su directo "Ara i aquí (en directe)". Ellos lo merecen.


domingo, 14 de julio de 2019

LUNGFISH. "Feral hymns" (2005)



Las canciones de Lungfish se reconocen con facilidad. Uno de los grupos más importante del sello Dischord (el hogar de Fugazi), construyó a base de la repetición, de ritmos lentos y con acordes que parecen bucle,  una maquinaria perfectamente engrasada para escuchar junto a bandas como Jaxbow o The Nation of Ulises. .

Oír "Time is weapon of time" es quedarte pasmado con su ejecución minimal, clones que se bifurcan en un entramado de gritos siempre sin demasiada garra para volatilizarnos. Punk destructurado, combativo y con las cosas claras, a Lungfish hay que apreciarles por su andamiaje regio, ("Wailing like dragons").

"You are the war" es otro cóctel de esos que te enfría la sesera, una ensalada de rabia envasada al vacío, confeti de luciérnagas oscuras, tensión siempre a punto de estallar pero siempre controlada. Daniel Higgs y sus chicos se lucen en el empeño de fortificarnos con su sonido lineal ("Way-out is the way out"), carantoñas de hierro y cadencias de un slowcore extremo, moribundo, desgraciado.

Reconozco que hay ocasiones que te crispan los nervios  (vamos ya por la canción 8, "Sing", y esto es todo igual), pero así son ellos. Envolventes en ácido corrosivo ("Interdimensional seams"), voraces con picadura mortal ("Sweet nucleus").

Lungfish ya no están con nosotros. Su despedida fue "A.C.R. 1999", otro como no, conjunto de canciones rotas y depresivas.


miércoles, 10 de julio de 2019

DRAHLA. "Useless coordinates" (2019)


¿Quién ha dicho que no hay vida después de Sonic Youth? Oyendo a este joven trio de Leeds, te das cuenta que aun te pueden cautivar con un ruido hábilmente estructurado, con composiciones que divagan y tienen fuerza, que son como un martillo percutor que te atrapa y te pide más ("Gilded cloud").

Poco más de media hora para un disco donde Luciel Brown, la cantante y guitarrista de la banda, lleva las riendas con su artrock incrustado en un noise avasallador, acompañado a veces por un saxo que se te mete en las neuronas por las rendijas de pensar, como en la brutal "Serinity".

Canciones que raspan, que cortan, que se valen de su poca duración para estallar como un volcán repleto de colores, de cienos, de disgresiones rítmicas ("Pyramid estate"), donde el saxo es pura anarquía en un crisol salvaje de viento asesino. El disco transpira ferocidad, arrogancia, frescura, y los guiños a la juventud sónica ("Stimilus for living") son como un dulce caramelo que te seduce y te araña.

La más no wave del lote, "React/Revolt" es pura adrenalina,con el saxo como protagonista en el comienzo de la canción más larga del cd, y donde al poco, la banda escupe su soflama de rock con aristas, diseñado en un laboratorio de ideas de altos voltaje, penicilina artística para el alma.

Otro de los puntos álgidos de "Useless coordinates" es "Serotonin level", otra inyección de espasmo y detonación, electricidad no controlada, pegada al límite del huracán. Sin duda va a ser uno de los lanzamientos del año, por su hondura, por lo que ofrece, por la fogata de ardor que prometen.

"Twelve divisions of the day" es arisca y amenazante, una voluta de trueno esparcida al azar por un campo de tensiones que crecen a cada instante, un boomerang que te perfora y te acribilla, con sus constantes paradas y sus envolventes gritos de ciega pulsión.

Y con pena porque se acabe tan pronto esta aventura sónica, se sacan de la manga algo parecido (solo parecido) a un hit, la vibrante y cautivadora "Unwound", un terremoto sedicioso, donde Luciel sururra y te colapsa, en medio de una eficaz instrumentación.

Drahla, de momento ya tengo mi disco del verano. Para ponerlo sin parar, para achicharrar el aparato reproductor, para podar calmas. Un torrente de energía de esas que son necesarias como el respirar.


lunes, 8 de julio de 2019

SIGUR ROS. "Kveikur" (2013)


Este disco supuso el abandono de la banda por parte de Kjartan Sveinsson, pasando de cuarteto a trio, y recuperando el pulso con la parte más eléctrica y post rock del pasado discográfico de una banda que siempre tuvo motivos para impresionarnos.

En la inicial "Brennisteinn", se ve que Jonsi y sus chicos seguian especialmente concienzados en su opera especial de dramatismo y sensibilidad. "Kveikur" es la parte ruda de su anterior "Valtari" (2012), y se nota en cada composición, la voluntad de la banda por armar sus canciones desde toboganes de densidad máxima ("Hrafntinna").

Cuando se ponen tiernos y evocadores, se arman de cuerdas para diseñar bosques de renos y nieves volanderas para hacernos soñar, como en la preciosa "Ísjaki". Delicadeza y hondura, fragor de niebla y porcelana para llevarte muy lejos. "Yfirbora" es una sinfonía de cuerdas que estrangulan el ruido, un bálsamo para bajar fiebres y estados carenciales de derrota.

Nadie como Sigur Ros para esculpir sobre el hielo canciones que parecen que jamás se pueden fundir. "Stormur" es post rock marca de la casa, con reflexiones instrumentales largas, identidad de una banda que ha sabido marcar el hit de crear su propio universo. Entre aullidos de música industrial, se sacan de la manga la que titula el cd, una burrada sónica, una sideral especulación repleta de cefiros de lamentos y ordalías sentimentales.

También se atreven, ya que se ponen, a tontear con el post punk en el imaginativa "Rafstraumur". Para terminar el reino de las nieves, "Var" clasicismo y tensión para un epílogo que como todo disco de Sigur Ros nos deja dulcemente fríos.


viernes, 5 de julio de 2019

JON SPENCER BLUES EXPLOSION. "Orange" (1994)


¿Quién me iba a decir a mi que cuando asistí al concierto de Jon Spencer  (ni dios aun le conocía por estos lares, en la sala Revolver, con apenas 30 personas, y entrada gratuita), se iba a convertir con el tiempo en el animal más salvaje del rock mugroso y polvoriento que ha dado la escena musical en estos últimos años.

Basta ponerte "Bellbottoms" y "Ditch" para que de cabeza caigas rendido en este su tercer disco, inflamados los pies, soltando amarras desde una colina vendedora de sudor y radiación anímica. Acompañado por Russell Simins y sobre todo Judah Bauer, la deconstrucción que Jon Spencer fabrica del rock es como para no perdérsela ("Dang").

Jon juega con el blues y el soul, se rompe para subir como un trueno por una escalera que te lleva a los albores donde nace lo primigenio del rock ("Very rare"). Y mientras tú, de tanto subir el volumen estás por comprarte otra cadena musical de tanto uso y abuso ("Sweat").

"Cowboy" bucea en los abanicos de la tradición más blusera, para en la que titula el cd subirnos la moral con borbotones de luces que luchan por amenazar la oscuridad perpetua. Todo un lujazo que me impide dormir la siesta en este viernes donde el calor aprieta, y la hora, las 4, te pide descanso y algo de sopor.

Pero me resisto. Hoy (¿será por el fin de semana que acecha?) tengo ganas de motines de rock, de depravación y musgo en la garganta ("Brenda"). Y cuando se pone chulo el colega, no le gana nadie. Que se despeje la pista, que salten los fusibles, que se entone gritos de lobo en celo, Jon saca su chillido y los colegas le acompañan en la fiesta. "Dissect" es la culminación de uno de sus mejores discos de su provechosa carrera. Aquí no hay freno, ni parada para descansar, aquí hay ritmo y depravación.

"Full grown" es otro rock de esos que te hace estremecer. Vacilón, impulsivo, repleto de aristas y feedback. Joder, como para sobar que estoy ahora. Un disco de esos sin discursión, un amasijo de entrañas y rock. Jon Spencer Blues Explosion. Mi máximo respeto.



miércoles, 3 de julio de 2019

NO AGE. "Snares like a haircut" (2018)



No Age no defraudan. Desde que sacaron "Nouns" (2008), no he parado de seguirlos, de hacerme con su discos rellenos de bendito ruido siempre con alacenas donde puedes encontrar colonias de shoegazing, noise rock en forma de hortensia y una pegada que siempre les acompañó.

Así que "Cruise control" es como volver de nuevo a girar en esa rueda donde todo se repite con frenesí y constancia, galimatías de fiebre y buenas melodías ("Stuck in the changer"),  torrentes de efectividad punk con parada y fonda en lo mejor de los 90 ("Drippy").

Hasta los experimentos que parecen gaseosos como la shoegazing "Send me", te provoca nada más que la escuchas una leve sonrisa de goce por saber que aún es posible comprar música a día de hoy que puede hacer excitar tus sentidos.

La que titula el cd es una instrumental y juguetona concatenación de minutos tecnológicos, para en "Tidal" volvernos a enfurecer con sus salpullidos de guitarras, con sus escupitajos de noise para no dejar a nadie indemne. Insolentes aparecen con "Soft collar frad" para en "Popper" sonar más setenteros que nunca.

Luego vuelve a resurgir el eco de Pavement ("Secret swamp"), las caricias ruidistas de "Third grade rave", para terminar en todo lo alto con el himno épico "Primitive plus". Otro disco pues más para la colección de postales desde el andamio donde se vislumbra el caos y la resurrección.


domingo, 30 de junio de 2019

JENIFEREVER. "Choose a bright morning" (2006)


Basta con escuchar el primer tema del primer disco de los suecos Jeniferever, "From across the sea", para que no puedas desprenderte de su hechizo. Te lanzan el anzuelo, te dicen que si quieres melancolía, que si te gusta esos estados donde la tristeza se toma un descanso con la calma, y tu caes, como no, rendido en este entramado de minutos donde todo es recogimiento y silencios.

Guiñan un ojo a Sigur Ros y te regalan "Swimming eyes", una crisálida rota por una lágrima, pasos de un piano que se rompe, la banda que te toca el corazón mientras tu mano se acerca a la cadena y vuelca sus dedos hacia una subida de volumen para expandir este mapa de los sentimientos que te dejan sin respiración.

Así eran Jeniferever, banda que en 2011 se despidió de nosotros con "Silesia", y que en este su primera incursión discográfica nos deja anodadados, con su floritura instrumental, con sus rosas que pasean entre jardines de rumores y espinas siempre invasoras ("Alvik"). Y es que este disco es para escucharlo en horas puntas de silencio. Hoy después de comer, lave los cacharros, salí a la terraza con 40 grados en el exterior, dejé la copa de vino en el poyete del sentir, y de la cocina me llegaba el sonido de "A ghots in the corner of your eyes". Sentado en el calor, me enfriaba la serenidad de Jeniferever, su nostalgia no impostada, su post rock sentido.

Los once minutos de "Winter nights" me han llenado de ojos cerrados, como "The sound of beating wings" y su grandilocuencia interior, su pose de instrumentación cadenciosa, de estrellas caídas al albur de un deseo. "Marks" es otra nota de polvo disuelto por una palabra que al pronunciarse se acerca a un cielo poblado de nubes con forma de estrellas.

Así es este "Choose a bright morning". Un delicia de principio a fin. Delicado como "Magdeleno" y ese estremecimiento que provoca, o como finalizan el lp con "Opposites attract", otro aguijonazo que te deja en los huesos.

Pedazo de banda que hay que recuperar, grupazo para expandir las lunas eternas, los susurros que te dejan impávido, rocas caídas en el bosque de las esencias, donde crecen flores a pesar de las puñaladas de estío....




viernes, 28 de junio de 2019

SCOUTT NIBLETT. "It's up to Emma" (2013)


Hace tiempo que el lugar que en su día ocupó Pj Harvey, Scoutt Niblett, lo tomó al asalto con sus discos, sin ninguna mácula, sin ningún despiste, sin posibilidad de dormirse o aburrirse, como pasa con los últimos trabajos de Harvey.

El sexto disco de Scoutt Niblett, comienza como una batidora de murmullos agresivos con "Gun", para en "Can't fool me now" llenarnos de veneno, de aridez, de pulsiones de tranquilidad amenazada por los chillidos de una guitarra que se desfonda y muerde.

Nos estremece con esa especie de canción lenta que es "My man", para que en "Second chance dreams" nos deje alelados con un artificio sideral de vaho tormentoso. Todo el disco está en el filo de la navaja, todo el disco destila peligro, dolor ("Woman and man") junto a una voluntad declamatoria de Scoutt para erigirse como amanuense de los desmanes del corazón ("All night long").

Te deja roto cuando empieza en plan tranqui, con las cuerdas llevadas al viento con unos ligeros pasos que te dejan roto ("No crubs"), para volcarte en un jardín de violentas fieras, de caos organizado para llevarte al final de un suspiro ("What can i do?).

"It's up to Emma", una joya destartalada, una jauría de voces que recorre la estepa, un perfume de crudeza y torbellino. Scoutt Niblett, apuesta segura, voz que te mata, sonido apabullador.


miércoles, 26 de junio de 2019

LAS RUINAS. "Alucinaje" (2018)


Con este noveno disco acaba la carrera de un grupo (nos falta el directo)  donde reside la mayor injusticia dentro del panorama indie de aki. Porque nadie con buen juicio puede entender que una banda con temas como la impresionante "Coloso", que da el pistoletazo al disco, no haya tenido la suerte de otras medianías que tenemos por aquí y que se les han aupado uno no sabe muy bien porque (La Casa Azul, por ejemplo, pero me puedo aburrir citando nombres).

Mucho les han vendido como una banda de heavy pop,(?), cuando lo que realmente tenemos es uno de los combos más inteligentes y originales que ha transitado por este país nuestro tan acostumbrado a medianías. "Piensa por ti mismo" es un himno de esos de andar por casa, como "Lo que siento por ti" una pop songs sugerente y danzarina.

9 discos, 9 años sacando disco. Lo prometido es deuda y nos dicen au revoir. Pero no nos dejan vacíos. En este "Alucinaje" hay una de las mejores canciones que se ha construido en el mundo independiente, "Elévate". Para arrullar, para gozar, para volar, para sentir el aire, para oler cielos imposibles. Con que poco edifican un torrente de pegajosa melodía.

Edu Chiniros, con esa inconfundible voz que te desarma y te posee, sigue ejecutando su danza vocal particular, ("Piedras preciosas"), como si Polanski y el Ardor hubieran tomado forma en la intangible secuencia de un sueño de Barna.

El post punk naif de "Safari extraterreste" te llena y te pone feliz, como esa burrada que se llama "Espléndido" pogo bar y desenfreno o "Movimiento", colosal y roquera. Otra de mis debilidades, "Donde nacen las nubes", otro clavel desojado de un cuento.

Han pasado estos 10 años como esputos de la vida. Quedan en la decadencia del tiempo los buenos ratos que Las Ruinas nos han hecho pasar. Heavy pop, rock, indie rock, Indie pop.... Llámalo como lo quieras, pero no se te ocurra olvidarte de ellos ("Errantes").



lunes, 24 de junio de 2019

DEERHUNTER. "Cryptograms" (2007)


Si he de quedarme con un disco de la discografía de Deerhunter, sin duda es este, el que fue su segundo trabajo, "Cryptograms". Los de Atlanta navegan en odas sinuosas de psicodelia que se hace querer, oscuros y a la vez intrigantes, como la canción que da título al cd.

Bradford Cox y sus chicos, supieron hacerse un hueco con esa mezcla tan envolvente que trabajaban, donde el dream pop, el post punk y el noise, se volvían luminosos, tamizados con la particular visión de un combo que desde el inicio de su historia, se les vio cualidades suficientes para hacerse en hueco en el panorama de la música independiente.

"White ink" tira de shoegazing atmosférico, pulso a cien, vibraciones al límite, para en "Lake somerset" enturbiarnos con un post punk rítmico y trotón, cienaga de bilis y adrenalina febril. Joder, que sudores. Así que penetramos de golpe en la minimal y oriental "Providence", para en"Octet" ejecutar un poderoso kraut rock para revitalizar tus orejas.

El ambient más sinuoso y profundo llega con "Red ink", y mi favorita, viene a continuación. La penetrante y absorvente, "Spring hall convert", una mezcolanza de ansiedad shoegazing, un artefacto bello y espectral. La psicodelia revolotea en la sideral "Strange lights" y en la floydiana "Hazel St", con aristas melódicas y susurros de ácido. Parece que estamos a últimos de los 60.

Lo dicho, multitud de sensaciones que provocan y atrapan lo que destapa este "Cryptograms" y que no encuentro en sus dos últimos discos, el reciente "Why hasn't...." (2019) y su antecesor "Fading frontier" (2015). Me quedo con las turbulencias de este pedazo de lp altamente disfrutable cuando tu cuerpo pida aceleración.


viernes, 21 de junio de 2019

SEBADOH. "Act surprised" (2019)


Desde el año 2013 con "Defend yourself", no habían sacado trabajo Sebadoh. La banda de Lou Barlow, Jason Loewenstein y Bob D'Amico se ha tomado su tiempo, y los resultados no pueden ser más gratos para todo seguidor del indie rock de los 90.

Tan solo con darle el play y toparte con la vigorosa "Phantom", ya te das cuenta que siguen siendo inigualables en el trabajo de hacer canciones repletas de distorsión con aristas melódicas. Melodía que cuidan y miman en tonadas como la potente "Celebrata the void", que aunque empieza tranqui, se va acelerando poco a poco para convertirse en un fuego de artificio total.

En "Act surprised" no aparece el lofi destartalado al que nos tenían acostumbrados en sus antiguos trabajos. El disco es una amalgama de contudencia, rugosidades, alma pop, y voluntad guerrera. "Follow the breath" casi suena grunge y "Medicate" con el bajo de Barlow en pleno funcionamiento, es una divertida caricatura de pop rock bien trenzado.

"See-saw" juega en la misma liga que la anterior, medio tiempo encrescendo, fugaz, molinillo artístico para tararear y gozar arreones de intensidad. Casi parecen un calco de The Smithreens en "Vacation", para convencernos a todos de su buena salud actual con petardazos como "Stunned" o "Raging river".

En esa competición ilusoria que mantiene con su colega de Dinosaur Jr, J.Mascis, Barlow presenta sus cartas actuales que seguro en directo multiplicará la pegada. Irresistibles con vaciles pop como "Fool" se acompaña como en la canción que titula el cd, con verdaderos himnos de esos que te hacen levantar de la silla.

He leído alguna crítica donde hablaban de bajones en el disco, y de contar con demasiadas canciones. Después de 6 años bienvenidas sean fogosidades punks como "Leap year" o con esa sombra de Pearl Jam que despide "Reykjavic".

Estamos pues ante un buen disco de un músico de esos con la cualidad de crear hits envolventes sin fecha de caducidad.

miércoles, 19 de junio de 2019

SAMIAM. "Astray" (2000)



"Astray" fue el sexto album de esta banda ya desaparecida, donde como en sus anteriores trabajos, redunda en su expresion de indie punk melódico, con rabia, con pegada, lejos de obscenidades pastosas como Green Day y otros que dejaron la integridad en el paso de los años.

El sexteto se las apaña para regalarnos himnos breves de fuerza y cadencia punk, "Sunshine", convertir las palabras es un boomerang donde la arenga es la principal causa, el leitmotiv que les mueve para seducirnos con sus bravatas sónicas ("Wisconsin").

Los de California que comenzaron su andaduran en 1988, y que se despidieron en 2011 con el lp "Trips",  retozan entre gritos y melodía, como la vibrante "Super brava", o reflexiones que van de menos a más, como la radiable "Mud hill".

Samiam no descubre nada nuevo, pero lo que hacen te hace disfrutar, y al fin al cabo de eso se trata. "Mexico" es otro tema de esos con alta graduación melódica que antecede a para mi gusto, la mejor del album, la tranqui y sosegada "Curbside". No está mal dejar la distorsión en standby de vez en cuando y embarcarse en un mohín de suavidad.

Terminan este combate de indie punk con otra pincelada de aristas inflamadoras, "Why do we", otra buena concatenación de minutos de arrojo y potencia comedida. Samiam, otro combo para salvar de las ánforas del olvido.

lunes, 17 de junio de 2019

4 BONJOUR'S PARTIES. "Pigments drifts down to the brook" (2003)


Lo que hace esta banda japonesa es una delicia que gustará aquellos que se sintieron embargados por proyectos como Broadcast, Stereolab o Pram. Naif hasta en la portada, los siete compomentes de 4 Bonjour's Parties, se las apañanan desde el inicio tierno de "Magpie will peck....", para llenarnos la cabeza de burbujas que son pelotas de sueños.

Xilófonos, clarinetes, voces de no dormir, todo casa a la perfección para pasar un buen rato en este bosque repleto de árboles con frutas prodigiosas ("Satellite"). "Ruins" se eleva como un cometa con su fragilidad confeccionada con retazos de tranquilidad perenne y "Your chill long hands" bebe la bossanova a sorbitos de infancia.

"Il cortile grigio" con su piano bosteza y te toca con levedad da paso a "Ksana", donde la banda indaga en sonoridades para perderse en laberintos donde la claridad, el esfuerzo para no elevar el tono, es lo que prima desde el primer minuto de una mapa sónico que apabulla y calma.

Como "Amalthe" y su bizarria imposible o ese vals redundante en arcoiris que se llama "Nostalgic was broken to pieces". Para terminar, "Otogima horse" y "Crimson sky after the sunset", otras dos bellas aberraciones de pop libélula, orquesta en las nubes en el pais del sol que siempre parece que está naciendo. Una maravilla.



sábado, 15 de junio de 2019

THE GET UP KIDS. "Problems" (2019)


De 2011, ("There are rules") databa el último disco hasta la fecha de The Get Up Kids, una de las bandas que con más gracia y coherencia ha tenido el emopop como banderín de enganche. El grupo de Matt Pryor viene a nosotros en plena forma, y nos engatusa con canciones redondas, de esas que merecen pararse en ellas y disfrutar.

Suena la vitaminada "Satellite" y su continuación con "The problem is me" y no puedes más que disfrutar de esas dosis de emopop siempre cándido pero también envolvente. En el haber de la banda no caer en una dulcificación excesiva, siempre con la melodía como eje fundamental de su discurso, amarrados a una prolongación de tiempos de ternura siempre acompañados de buenas guitarras ("Now or never").

En "Lou Barlow" rinden pleitesía a uno de los iconos del indie de los 90 y "Fairweather friends" es otra sacudida de expresividad juvenil con aromas a melancolía, suspiros prendidos en el aire, confeti halagador de sonidos que se te pegan en el chicle del silbido.

"Common ground" es otra estrellada concentración de pop con furia de guitarras, estribillos entre nubes, sónico panorama para helarte la piel mientras los aullidos suben de nivel. Hasta los teclados que suenan en tonadas como "Waking up alone", no desentona con el tono general de un cd repleto de sugerencias.

Llegamos después a "Symphone of silence" con su colosal juego instrumental y para terminar, la mejor de todo el lote "Your ghost is gone", en plan Sunny Day Real Estate, tema que auna toda la filosofía de la banda, ternura y potencia, tristeza y espasmos siempre controlados.

"Problems", disco a disfrutar, veraniego y alegre, fácil de digerir, cobertizo para oler primavera aunque el verano ya nos quiera arder.


jueves, 13 de junio de 2019

RODAN. "Fifteen quiet years" (2013)


Con solo dos discos "Aviary" (1993) y obre todo "Rusty" (1994), la banda de Lousville lograron hacerse un hueco en la época al lado de otros paladines del mathrock como Rex, 90 Day Men, o Dianogah.

La banda liderada por Tara Jane O'Neill, no duró mucho, pero dejaron huella. "Fifteen quiet years" fue una recopilación que su sello Quaterstick Records sacó para que no nos olvidemos de ellos, y que esta compuesta por temas aparecidos en compilaciones, y en grabaciones para la BBC.

El disco es una apisonadora repleta de rock vigoroso, marmóreo ("Shinner"), junto a reflexiones de mathrock marca de la casa, repleta de condimentos rítmicos, ("Tron"), de suculentos viajes hacia tonadas estridentes y con mucho ardor ("Milk and melancholy")

Cuando suben de verdad el listón, es cuando entra en juego la melodía ("Tooth fairy" y "Exoskeleton"), construyendo una habilidosa torre de emociones que se enrabietan y se colapsan en un caos de esos que no se olvida con facilidad.

Mathrock con coordenadas de intimidación se marcan en "Sangre", rabiosa, contagio de un vals de rúbricas de pasión desaforada. Para terminar la locura, los casi once minutos de "Before the train", un estilete de instrumentos rasantes, una sinfonía de distorsión, urgencia en el volumen y una eficaz probada en articular un discurso agresivo y comedido a la vez.

Buena manera pues para volver a traer a Rodan a nuestros equipos reproductores. Mathrock de ese para gozar, donde dejan huella y alarmante tensión.



lunes, 10 de junio de 2019

VARIOS. "Dig for fire: A tribute to Pixies" (2008)


Disco de versiones de Pixies. Es una putada saber antes de ponerte el cd que ninguna de las versiones supera las originales. Con esa premisa hay que abordar este disco que salió en 2008 y que contiene unas buenas canciones/copia de la historia del quizás el mejor grupo de la historia junto con otras para olvidar.

Ahora que Pixies es una rémora que se arrastra con discos anodinos  (en septiembre tendremos otros lp para no escuchar), no está mal mirar hacia atrás para comprobar como otros combos se las ingeniaban para traducir el espíritu de los duendes.

Morning Theft casi calca la original y melancólica "Ana", bonita y con fuerza, me gusta. The Rosebuds tampoco lo hacen mal en el petardo melancólico que es "Break my body". Los fallos de guión aparecen cuando escuchamos la anodina "Down to the well" de parte de Dylan and the movies.

Menos mal que podemos nadar entre sonrisas cuando suena "Wave of mutiilation" de Joy Zipper y porque no la nerviosa "Gigantic" de Ok Go. Bedroom Walls enfanga "Stormy weather" y los escoceces Mogwai con "Gouge away" componen la mejor del lote, con ese noise rock que te rompe los tímpanos y te hace tiritar.

Habría que preguntarse la gracia que tiene "Motorway to Roswell" de Knife and Fork. Menos mal que los desquiciados They Might Be Giants nos regalan "Havalina" y Bunnies la punk "Alec Eiffel. Elk City componen lo que pudiera ser una antiversión de "Monkey gone to heaven", que se merecía un poco más. Como ese insulto de "Hey" en plan tecno de Fashion Victims que es para tirar a la basura.

Levanta el vuele el tributo con la casi igual "Here comes your man" de The Commons, para poner el broche final British Sea Power con un instrumental de "Caribou". Lo dicho, mejor todas las originales de Pixies, aunque rescatamos unas cuantas que nos quitan el mono de una banda que hace tiempo debería haber chapado su historia.


sábado, 8 de junio de 2019

RIDE. "Tarantula" (1996)


Ride, uno de los miembros del shoegazing de los 90 con discos tan indispensables como "Nowhere", y sobre todo "Going blank again" sacaron este cuarto disco dentro de una serie de disputas que llevaron a la expulsión de la banda al que para mi fue el mejor símbolo de ella, Mark Gardener. Andy Bell (que luego acabaría en Oasis) se hizo con las riendas del grupo para sacar este potente disco, que aunque este un listón más bajo que sus primeros trabajos, posee suficiente alquimia para recuperar a día de hoy,

La pegada rock de "Black nite crash", deja paso al britpop de "Sunshine/nowhere to run", para en "Dead man", envolvernos en una buena catarsis de distorsión psicodélica marca de la casa. Si, Ride molan aunque Mark no este por aquí.

Como no emocionarse con himnos del tipo "Walk on water", o con ese pedazo de teclados que en "Deep inside my pocket" navega en un maremoto de ecos del pasado. "Tarantula" no es shoegazing, su inflamación está mas cercana a postulados britpop. Basta canciones como "Mary Anne" o "Castle on the hill" para comprender los senderos que surcaban Ride en esta época.

Vuelven al rock poderoso con "Gonna be alright", para seducirnos con su psicodelia de andar por casa de "The dawn patrol". "Ride the wind" redunda en sus proclamas de hits de esos para noctámbulos intermitentes, o "Burnin'" y sus aspavientos de guitarras para recordarnos los grandes que Ride fueron a principio de los 90.

Buen cd que no obstante, está bastante alejado de la etapa productiva del grupo, y que tuvo en 2017 con "Weather diaries" su contundente continuación. Ride, joder que tiempos, es una maravilla volverlos a oír.


jueves, 6 de junio de 2019

HALF JAPANESE. "Invincible" (2019)


Desde último de los setenta Half Japanese nos ha llenado de iconoclastia. De la mano de Jad Fair, Half Japanese siempre ha sido el grupo indie de lo indie, underground con pose de art punk devastador, unas veces mirando a Television Personalities, otras a la actitud de The Fall, siempre con un lenguaje propio de esos que hacen historia.

Llevan 4 años seguidos con álbum por año, y la verdad es que espero que no paren jamás. Desde el rugido arty de "Swept away", siguiendo por esta barrabasada melódica que es "Love explosion", la salud de Half Japanese está intacta, en este trabajo rodeado de monstruos que se dejan de querer, de miedos que no se pueden superar confiados en un lofi de andar por casa ("The puppet people").

"Return of the vampire" es otro salmo de pop estrafalario que da pie a "Or ever will", post punk marciano y con recuerdos a Mark E. Smith, El disco transcurre sin sobresalto a los que seguimos la carrera de la banda. Psicosis compositiva ("No more"), junto infecciones setenteras ("All at once"), se escuchan junto a volutas de saxos alocado ("The walking dead").

Es un gozo tracks del tipo "Forever in my heart" o vaciles como "What are you gonna do?". Ahora que se nos fue Mark E. Smith, podemos darle a Jad Fair el mando de la irreverencia, de la concreción de un sonido que navega en la incomodidad y en la bendita locura ("It's here").

La que titula el cd es un salmo en plan Pere Ubu y "No Wonder" es de nuevo otra estocada de art rock con detritus de provocación. "Invencible", un disco de esos que no tiene edad, que te trae secuencias sonoras de otro tiempos, a éste época tan necesitada de saltarse el guión.


martes, 4 de junio de 2019

RIVULETS. "Debridement" (2003)


No es casualidad que Low apadrinaron a esta banda comandada por el Nathan Admundson. Desde que suena la sensual "Cutter", con su folk de terciopelo, con sus entramado de suavidad envolvente, notas que estamos viendo la misma escena que nos tiene acostumbrados Mimi y Alan.

"Debridement" fue el segundo disco en la carrera de los de Denver, y es una colección de estampas que producen escozor y tristeza ("Bridges"). Slowcore que mece rocío, paseos por una caricia, arranques de palabras de un silencio que no se fía de lo que está por venir ("Conversations with a half-empty bottle").

Como Low, saben estructurar la melancolía, tejer ordenadas secuencias de minimalismo folk mientras Nathan canta sin demasiada fuerza, arrastrando la dicción entre volutas de recogimiento ("Steamed glass").

Le basta solo el sonido de una guitarra acústica en "Shakes" para que si cerramos los ojos pensemos en Leonard Cohen. "If it is" te engancha por esa subida de tensión que por la mitad del tema te deja pensativo de llorar.

"There's nothing i can do" te sumerge con su piano en una placidez de mil susurros y "Will you be there" te deja en silencio, salud de vientos que van y vienen. Rivulets siguen en la carrera. El año pasado sacaron "In our circle", otra vuelta más de tuerca de esparcimiento interior.



domingo, 2 de junio de 2019

RANDGA. "False flag" (2010)



Ruido. Ruido y además del bueno. "False flag" es un prodigio experimento de un power trio, (dos guitarras y batería), que desde que empieza a sonar la burrada atómica de "Waldorf  hysteria" no puedes más que no parar de pegar botes, de romper ventanas, de vibrar conmoción.

Cercenando tranquilidades, a veces parecen un combo desquiciado de mathrock aficionados a emborracharse de psicodelia. Los punteos que se sacan de la manga en "Bull lore" son todo un conjunto de fuegos artificiales que buscan la conmoción, la algarabía, el chispazo del delirio.Hasta osan a poner algún minuto de algo parecido a la melodía.

Un torbellino. Richard Bishop y Ben Chasny, en "Fist family", ponen las dos guitarras a funcionar para taladrarnos el cerebro, para urgar en nuestros sesos con una inflamación voraz sónica, con una calentura de excesos y volutas de caos que no cesa. Extremos, viscerales, como una sinfonía de distorsión que no para, que te rompe los tímpanos mientras te preguntas de donde cojones sale tanto ruido.

Nos viene bien que bajen algo el pistón y nos ofrezcan "Sarcophagi", lenta y agónica, casi progresiva en sus desarrollos instrumentales, un poco de oxígeno, para orear una estancia sónica repleta de dólmenes de aullidos, de rugidos que te dejan helado.

"Serrated edges" es la vuelta al impetu primigenio, al volcán arrollador que es el prefacio a la mayor barrabasada del disco, los quince minutos de "Plain of jairs", son el mejor resumen de una banda que sabe concretar por una parte su querencia por la explosión y por otra su cercanía a postulados más psicodélicos o de rock avanzado.

Vamos, toda una experiencia para el oyente, necesitado de volutas de contaminación díscola, de febriles pasatiempos que rompan la paz y la quietud.




jueves, 30 de mayo de 2019

BLOOD QUARTET. "Until my darkness goes" (2018)


Pedazo disco que se sacó de la chistera Mark Cunningham en este proyecto llamado Blood Quartet, donde cohabitan en perfecto estado de emoción el jazz y el noise, en un entramado musical de esos que se caracterizan por su valentía y por el afán de superación.

"Broken soldier", la primera canción, ya nos levanta del suelo con su artimaña de ligereza peligrosa. Cunningham acompañado por el trio de Sabadell antes Murnau B, consigue construir una buena pócima de veneno radioactivo, de suavidades malsanas, donde la improvisación casa con la urgencia ("NYC limits").

Cuando parecen una calcamonía de Sonic Youth, lo cuadran, explorando pequeños rebrotes de melodías en un dique de armonías noise ("Fire folk"), o espectrales nanas siderales que se arrastran y duelen ("Velvet love").

La trompeta del ex-Mars suena atronadora y punzante en la jazzy "Chemistry of tears", y si he de elegir mi fagorita, esta se encuentra en la mitad del recorrido del cd, en la noise "Surfir rueda", tema brutal de principio fin, casi cercano a esa No Wave de la que Cunningham fue un actor determinante.

Reflexiones sónicas que nos recuerdan al gran Davis suenan en "Jandek"  y en la colosal "Invoke" nos regalan un buen motín de introversión naif. Ruidosos y expansivos suenan en "Stress of her regard", canción que podía estar en cualquier disco de Sonic Youth para en "Eigenlicht" enfangarse en una gloriosa concatenación de caos.

Blood Quartet, una excelente manera de disfruta de un menu de jazz noise, de parte de una de las figuras mas emblematicas del undergroung americano. Todo un lujo que no hay que perderse.

martes, 28 de mayo de 2019

THE YOUNG GODS. "Super ready/fragmenté" (2007)


La banda suiza The Young Gods, fue una de las propuestas más interesantes del panorama de música industrial con atajos siempre hacia la tecnología y al metal. Empezaron en 1987, y su último trabajo data de 2010, "Everybody knows".

Este "Super ready/fragmente", fue su sexto proyecto y desde que suena la potente "I'm the drug", no podemos más que felicitarnos por los calambres estilísticos dentro del canón industrial que sustentan. A los que les gusten Ministry o NIN, The Young Gods, les dará una buena porción de alegrías ("Freeze").

Utilizan con sabiduria los sintetizadores en "C'est quoi c'est ça" y en "El Magnifico", y en "Stay with us", tiran de misticismo para llevarnos a una espiritual de engranajes metálicos. Así eran The Young Gods, que con el tiempo fueron matizando su sonido, ya lejano de las estridencias del que para mi fue su mejor trabajo, "L'eau rouge" (1989), conservando sin embargo, una personalidad bien definida, llevándose los halagos del desparecido David Bowie.

Franz Treichler y sus chicos saben como confeccionar retales de rock industrial con moldes de aspaviento ("The color code"), y punzantes tonadas de ritmos machacones de esos que pulverizan la calma  ("Everywhere").

The Young Gods, fueron una potente concatenación de rock industrial sin sitio para excesos y tensiones extremas. Tecnología, guitarras y furia domada lo de estos suizos furiosos.



domingo, 26 de mayo de 2019

PS I LOVE YOU. "Meet me at the muster station" (2010)


Esta pareja canadiense, abrió la caja de pandora de su particular libro de estilo del indie rock, con carmín noise, con este "Meet me at the muster station", y la jugada les salió bien. El tema que titula el cd es una muestra de ello, como "Breadends" y esa psicosis que cauteriza, que da forma a un volcán que ejecuta fuego y arbitrio.

"2012" es otro de los momentos culminantes que de un disco que se posiciona por sus espasmos y su prolongación de la melodía entre guiños a un pop de esos que se hace querer ("Cbez"), o himnos de andar por casa para subir el volumen y dejarte llevar ("Little spoon").

Cuando más me gustan es cuando afilan la distorsión, cuando suben el volumen y se echan a volar en un mar de shoegazing febril y repleto de catarsis, como la emocionante "Butterflies & bones", o ese petardo de ruido que es "Scaterred".

"Facelove" es un pedazo de indie clavado en el ojal de tus añoranzas más profundas, y "Get over" tira de ajetreo y densidad para conseguir otro ejemplar necesario de canción para votar. La segunda parte de la canción que titula el disco, firma el epílogo de un disco que se pasa en un pis pas, canciones redondas que buscan  la inmediatez, el colapso, romper las reglar y bucear entre burbujas de pavor y frenesí.


jueves, 23 de mayo de 2019

THALIA ZEDEK BAND. "Fighting season" (2018)


Sólo basta presionar el play de tu aparato reproductor para que suene "Band again" y la devastación a la que nos tiene acostumbrado Thalia entre como un huracán con su bucolismo que hace daño, con su rabia que incomoda, con esa voz que parece un geíser de dolor.

Si ya nos dejó sin respiración con su proyecto visceral llamado E, este "Figting season" se construye sobre unos cimientos de crítica política a los malos tiempos que estamos viviendo, y como un viaje hacia la biografía de una artista repleta de sombras, adicciones, miradas bajadas.

No hay nada impostado en Zedek. Todo nace de su corazón, todo son aristas que queman ("What i wanted"). Chris Brokaw, viejo camarada de correrías la ayuda en éste tránsito doloroso, y J.Mascis, también aparece acompañando a la ya potente formación que sigue a Thalia. La que titula el cd es un boomerang, un zarpazo que te inyecta hastío y detonación,  echando las guitarras chispas es un maremoto melódico brutal.

"Off the unknown" es otro de esos puntos fuertes de un disco que es una hemorragia, y que no ceja en un encadenamiento de tracks para soñar tragedias ("Ladder"). Lamentos, tranquilidad, a veces algún sobresalto, alguna llamada inesperada a la puerta mientras buscas en el cajón la forma de no olvidar lo que se va ("War not won").

Llegando al ocaso del álbum, la acechante "We will roll", y sobre todo la inquietante "Tower", ponen las letras de final a un disco de esos que sobrecoge por su belleza y dolor. Sabemos que Thalia Zedek nunca nos va a fallar. Tiene grandeza para dar y tomar.


martes, 21 de mayo de 2019

CHROME. "Half machine lip movies" (1979)


En el haber de Chrome esta el ser consideradas como una de las bandas más importantes dentro de la música post punk en su vertiente cercana a la música industrial. Afincados en San Francisco, y formados por el batería Damon Edge y Gary Spain al bajo, John Lambdin a la guitarra y Mike Low a la voz, (sustituido por al poco por el que seria el lider del combo Helios Creed) este tercer disco es un crisol repleto de sonidos extremos, distorsiones agobiantes y una buena ración de ostias a los oídos.

Ves la portada de disco y te imaginas un mundo en peligro; cemento, rigidez de formas, colores que espantan. Escuchas "Zombie warfare (Can't let you down)", y no puedes dejar de zambullirte en su universo punk con sonidos metalizados, caminando hacia el krautrock con pavor y ruido.

"Creature eternal" usa los pedales para ejecutar una danza macabra  "TV as eyes" es otro de los puntos fuertes de un disco de esos que merece otro oportunidad, de sacudirse el polvo del tiempo y volver a pincharse.

Suena "You've been duplicated" y su insolente ritmo industrial entre voces que se prenden en The Stooges para en "Mondo anthem" construir un infierno de máquinas devoradoras, de espejismo rotos y grabaciones malsanas.

La que titula este potente disco es quizás la más oscura y reptante de todo el lp, y que da paso a "Abstract nympho" y su sugestivo arsenal de rugosidades a mansalva. Zumbidos y estridencias te encuentras en "Turner around" , donde vuelven a inflamarlo todo con el ritmo sincopado y sucio.

Valga pues este artículo para recuperar a una banda seminal, de esas que marcaron huella y estilos. A destacar de la misma forma,el proyecto de su cantante con su propio nombre, Helios Creed, que también nos ofreció buenos momentos de diversión ruidosa.


jueves, 16 de mayo de 2019

PJ HARVEY. "The hope six demotion project" (2016)


Lo reconozco. La última vez que disfruté de un disco de PJ Harvey fue con el lejano "Stories from the cities, stories from the sea (2000). Seguidor acérrimo de sus primeros trabajos, la ví en directo un par de veces, y en aquella lejana época estaba plenamente enganchado a ese huracán de fuerza que desprendían sus discos.

Mis dos favoritos, "Dry" (1992) y "Ride of me" (1993). También me emocioné con esa bomba que fue "Too bring you my love" (1995), pero a partir del "Stories..." me fui desenganchando de ella. "The hope six demolition", no es un mal disco, tiene buenas canciones, pero ya no es lo mismo.

El disco nace de unos viajes que hizo Polly con el fotógrafo Seamus Murphy por Kosovo, Afganistán y Washington, y todo está envuelto en un trasfondo de necesaria crítica social. En lo musical hay de todo. Himnos de rock como "The community of hope", pequeños trallazos matizados por la voz de Harvey, "The ministry of defence", o aproximaciones casi sin querer a Morphine, como "Chain of keys".

Me sigue faltando la mala leche, la embestida que proponía en sus inicios. Imagino que eran otros tiempos, otras circunstancias, otra PJ. "River anacostia" apenas me dice nada, como la neofolk "Near the memorials...".

"The orange money" es un querer y no poder y levanta algo el vuelo con "Medicinals" y el blues de "The ministry of social affairs". También me gustan los vientos de "The wheel", y en "Dollar, dollar", vuelve a incidir en lo irregular.

Lo dicho, buenas letras, buena implicación de PJ Harvey para un disco que no me hace quitar de la cabeza esa tormenta que fueron los primeros años de este torbellino que se fue difuminando con el paso del tiempo.


martes, 14 de mayo de 2019

PERRO. "Trópico lumpen" (2018)


Lo han vuelto hacer los murcianos. Tras el asombroso "Estudia, navajas", (2015), este "Trópico lumpen", de principio a fin, desde que suena la arrogante y visceral "Celebrado primo" y terminan con la sideral "Ese tu frescor", es un compendio de post punk con aires del trópico ("Sin ser yo nada de eso"), una celebración de fulgor y victoria, de fuerza y electricidad.

Lo pones en tu plato y el disco te pide volumen alto. Y eso es bueno. Miras la portada del lp y te puedes imaginar lo que puedes hallar dentro. Hasta hay veces que tienen un deje a Pony Bravo ("Por mí, lo que veais"), pero lo suyo son las aristas, las sonoridades bastardas, un krautrock de esos de andar por casa, amateur y para nada repleto de paranoias.

"El sereno" es punk fabricado con acritud, un minuto y medio como un rayo que no cesa y que da paso a "Supercampeones" donde los sintetizadores toman al asalto la pista de baile, como unos Talking Heads enfebrecidos por la conmoción del momento.

Aunque cuando me gustan de verdad es cuando te aprisionan con sus distorsiones malsanas ("Pickle rick"), o cuando producen vaciles del tipo "Campamento golifa". En "Disco mascota" viajan hasta en los 80 con esos teclados pasados de vuelta para volver al trallazo fino con la bestial "Cronobecoins".

Terminan "Trópico lumpen" en plan jam sessions de tripi ("Ese tu frescor"), una manera como otra cualquier de atinar, de dar en la perfecta diana. Perro, ladrador, mordedor, agitador, lo que hace falta para huir de la mansedumbre.


domingo, 12 de mayo de 2019

PETER SILBERMAN. "Impermanence" (2017)


El lider de la banda de art rock The Antlers, Peter Silberman, nos regaló un disco de esos que es como una catarsis envasada al vacío, una calmada experiencia que entronca al escucharlo con Jeff Buckcley, de quien se fija tanto en la voz como en esa forma tan atinada de observar y musicar el silencio en sus amplias formas ("Karuna").

"Impermanence" es un disco que vale para tratar tu tristeza, para llamar a la siestas, como vehículo principal para atajar las tardes de los domingos, para sentarte en el sofá con tus auriculares arañando leves arpegios mientras las notas se estancan en un murmullo febril, en una suavidad que te hace conmover ("New York").

Ninguna huella queda de The Antlers en este su primera incursión en solitario. Oyes "Gone beyond" y te entran ganas de gemir como un aguacero. Leves apuntes de guitarra, luces que van acabando mientras Silberman canta rondando calles de lírica, vacíos existenciales llenados por un deseo, lamentos largos que no se paran más que con la sensación de afrontar la lucha por la supervivencia de un recuerdo.

La gestación de este disco nació de una infección aguda de oído del ex-The Antlers, que le hizo recluirse en un bunker rodeado de margaritas para cristalizar su dolor en este sobrecogedor "Impermanence".

Llegamos a la cuarta canción de las 6 que tiene el álbum, y nos enroscamos en la ferocidad calmosa de "Maya" en sus dilemas de sombras y vahídos, de letanías que no para de expandirse en esa siguiente parada que se llama "Ahimsa". Para terminar la que da titulo a este bálsamo para la desdicha, otra pastilla para denegar del ruido. Calma, mucha calma, sueño y buen despertar.....


viernes, 10 de mayo de 2019

MEWITHOUTYOU. "Brother, sister" (2006)


El título de este tercer disco de los norteamericanos Mewithoutyou, proviene de un canto de San Francisco de Asís. Las letras de la banda tienen todas un componente espiritual, religioso, influencias del sufi Rumi y de otros heterodoxos de la religión. Valga lo dicho, para situar a un grupo, que en lo musical, que aquí es lo que más no interesa, supo edificar un buen material de descargas de rock medicinal.

La primera "Messes of men", te pone en alerta, para empezar con los himnos que bien pudieran estar en la discografía de los primeros Buffalo Tom, ("The dryness and the Ryan" con Jeremy Enigk de Sunny Day Real Estate, de apoyo vocal), o adentrarnos en un folk acogedor de acordeones y nupcias tranquilas ("Yellow spider").

"A glass can only..."  es sediciosa, ácida, con las guitarras trucadas de distorsión y con su orador cantante Aaron Weiss repartiendo consignas de panes y vinos. Canciones redondas que salen disparadas a borbotones, melódicas y expresivas, ("Nice and blue pt.two") y otras tonadas más contenidas pero manteniendo siempre la tensión ("The sun and the moon").

"C-Minor" tira de épica, cabalbando a lomos de trompetas que suenan a barrunto y "In a market dimly lit" busca en el sosiego un estado emocional donde hallar en los cielos la luz que tanto anhelan buscar. Buena instrumentación, buena pegada, potentes arreglos de electricidad.

"O porcupine" es otro de los puntos fuertes de un disco que no para de percutir y donde "In a sweater poorly knit" pone el punto y final a un buen manual de desgarros emocionales envueltos en consignas de religión. Me quedo con la música y su reguero de espasmos.


martes, 7 de mayo de 2019

FONTAINES D.C. "Dogrel" (2019)


Los irlandeses Fontaines D.C., con este primer disco, se merecen competir con Idles para estar en lo más alto en ese trono de grupos que darán mucho que decir, que nos inundan con vehemencia de guitarras y proclamas contra los malsanos tiempos que vivimos.

Llevo escuchando este disco tres días y no puedo parar de moverme y gozar cada vez que lo pongo. Adrenalina, urgencia, tensión y juventud a mansalva. Empiezan con "Big" y te recorre una fiebre de excesos y electricidad para en "Sha sha sha", regalarnos una vacilada de esas que como tantos temas del disco tienen el ojo puesto en The Fall.

Los descubrí con "Too real". Vi el video y empece a interesarme por ellos, a intentar saber de donde venían. Habían sacado singles por entonces, hasta que no hace mucho nos regalaron este seguro de los mejores disco del año 2019.

Tienen melodía, tienen un cuerpo de distorsión siempre controlado que te lleva de la mano hacia los 80, y sobre todo, lo más importante, les sobra originalidad y valentía para plantarse con canciones redondas, sin ningún bajón en todo el disco ("Television screens").

"Hurricane laughter" es de las más punk del lote, con su bajo machacón, y con una tensión que va subiendo a cada segundo. De nuevo la sombra de Mark E. Smith se pasea por el filo de la navaja de sus guitarras, de su intensidad brutal. Y después de este inicio tan potente, llega la que quizás sea mi canción preferida del año, la que más veces he puesto, la que repito y repito sin parar cuando me pongo "Dogrel": "Roy's tune", una maravilla de indie pop que te hace erizar la piel, que te pone en pie, que te quita las penas, que te hace salir al balcón y mirar al cielo mientras las cigueñas se adueñan de un pedazo de nube. Colosal es poco, un tema de esos grabado a fuego que seguro aguantará las embestidas del tiempo. Yo siempre me acordaré de "Roy's tune", de su decadencia, de su tristes notas, de su vivaz arrogancia.

Después "The lotts" coquetea con el post punk con otra buena dosis de espasmos corrosivos, de oscuridades siempre radiantes y perennes. Fontaines D.C., tocan muchos palos, y siempre aciertan en sus pasos. "Chequeless reckless" es otro de los brillantes aciertos de un trabajo que se pasa en un suspiro, que es un huracán de juventud indómita, de ordalías de guitarras y concreción brutal.

Otro single punk, "Liberty Belle", otra canción para poner patas arriba Dublín, mientras Fontaines D.C. nos recorren con sus fábulas de geometría imposible de domar. "Dogrel" pasa en un santiamén, es un bálsamo que cura y cristaliza cuando te topas con urgencias del tipo de "Boys in the better land". Y terminan pareciéndose a The Pogues con "Dublin city sky", balada de resaca de amor y extrema soledad, perfecto punto final a uno de los discos que seguro que correrá como la polvora. No hay que perdérselo.

domingo, 5 de mayo de 2019

CARLA BOZULICH. "Evangelista" (2006)


Grabado en el sello canadiense Constellation, (el label madre de Goodbye You Black Emperor), "Evangelista", fue el segundo disco de la cantante norteamericana, un trabajo, que desde que suena la amenazante "Evangelista I", navega en mares procelosos de odio y ruido, de catarsis y de folk apocalíptico.

A mitad de camino entre Swans y Tom Waits, el álbum es un oratorio confesional de catarsis oscura ("Steal away"), donde de repente te das de bruces con espasmos de esos que te dejan descolocado, alambre en la voz y nubarrones que amenazan y te dan por saco, como en la espeluznante "How to survive being hit by lightning".

El piano es el especial protagonista de la melancólica "Inside sleeps", y "Baby, that's  the creeps" se mueve en arenas movedizas de decadencia y truculentas atmósferas para rendir pleitesía a la oscuridad total.

El cancionero también se para en el semáforo donde Scott Walter y Low tienen sus colores que nos guían por sendas de esas donde la luz esta prohibida, donde es fácil perderse entre ladridos de demonios y urgencias de caos. La versión que ejecuta de "Pissing" de Low, casi supera a la original y "Nel's box" es otro de los temas donde más se acerca a la pura decadencia.

Termina "Evangelista" con "Evangelista II", otra proclama furibunda de nostalgias y astros oscuros, de medianoches vencidas y lobos que esperan su momento para apoderarse del viento. Carla Bozulich, un valor seguro de negritud.


jueves, 2 de mayo de 2019

MICHEL CLOUP DUO. "Danser danser danser sur les ruines" (2019)



Espero la llegada de un nuevo disco de Michel Cloup como un feliz acontecimiento. Lo he seguido desde sus tiempos de Diabologum, más tarde Experience, y luego en su provechosa carrera en solitario.

Hacía 4 años que Michel Cloup nos tenía en tono standby, cuando sacó el magnífico "Ici et là-bas", y la verdad es que la espera ha merecido la pena. Acompañado por Julien Rufié, cuando empieza a sonar "Gagnants" te das cuentas que cada disco nuevo de Michel Cloup suena como el anterior pero siempre con matices para hacerlo distinto.  Podemos aprender sus canciones y ponerlas en cada disco de memoria.

La forma de cantar de Michel, es la de siempre, recitando malestares, componiendo mantras de sonidos raros, en su universo peculiar, pequeños himnos para devorar la realidad que trata de hacernos ovejas en un rebaño de seres siempre uniformes. Suena "Amnésiques heureux" y no te queda más que levantar el puño y gritar basta.

"Les invisibles", single en toda regla, es una prolongación de distorsiones, con el altavoz de Michel anunciando apocalipsis cotidianos, especulación de ruidos que van y vienen, los dos colegas se les nota que disfrutan de su agitación continua. "Le futur dans tes yeux", con sus soniquetes tecnológicos da paso a "En ne pensant à rien", otro de los trazos álgidos de un disco que hay que escuchar varias veces para que sepa a catarsis.

Después "Le jour d'après, celui qui suit" continua por la senda de canciones rugosas con efecto rápido adictivos. Como la minimal "Et bien au-delà", otro pedazo de conmoción juguetona con asperezas, con melodía, con pegada que te mueve y te reclama.

Acaba el disco con "Les vrais héros ne meurent jamais", y la mejor del lote, "Nous perdre dans nos rire", momentos que siempre encontramos en los discos de Michel, que nos ponen la piel de gallina, ternura dura, palabras que vuelan por espasmos, sinceridad y duda.

"Danser danser danser sur les ruines", otro cd para la mochila,para ampliar el campo de batalla de tracks para llevarte al corazón. Lo ha vuelto hacer. Pura poesía, potente electricidad repleta de solvencia y efectividad.


martes, 30 de abril de 2019

PAUL WELLER. "Saturns pattern" (2015)


Con que fuerza abre Paul Weller el que fue su disco 24 en solitario. "White sky", muestra a las claras las rugosidades del viejos mod que se resiste a apalancarse, a soltar lastre y a disfrutar sin aspavientos de una recuperación de sonidos de toda la vida.

"Saturns pattern" continua el camino que abrió "Sonic kicks" (2012), y en temas como el que titula el album, roqueando sin pasarse, se le ve más suelto que una liebre. En "Going my way", con piano incluido, confecciona una fabula de pop entre nebulosas de dulce psicodelia.

El disco es puro disfrute, es alegría y también mucha electricidad. Como en la galvánica y potente "Long time" que me hace recordar la chulería del maestro Iggy Pop. El soul también tiene su sitio en "Saturns Pattern": "Pick it up" es negra y sudorosa, rítmica y total.

Y como no tocar la electrónica desde la atalaya del jefe mod con "I'm where i should be", un pequeño himno repleto de melodías cándidas y positivas. Soul pop con burbujas y trajes de baño te encuentras en "Phoenix", con coros de otra época, con pianos de cola vermut.

Para terminar, "In the car...." con aliento blues y la más larga del album "These city streets", lounge music para tiempos calurosos. Buen disco pues este "Saturns pattern", de disfrute inmediato y con sufiente energía como para no cansarse de él.



sábado, 27 de abril de 2019

METAL URBAIN. "Anarchy in Paris!" (2004)


Cuando en 77, los Sex Pistols y The Clash, ponían patas arribas todo Inglaterra, en Francia, Metal Urbain sacudieron las cadenas de la opresión de lo fácilmente digerible y fueron el grupo punk que tuvo el honor de ser los que llevaron a cabo su misión de subversión contra el orden establecido.

Clode Panik, Pat Luger y sus colegas, no se cortaban. Iban al grano, y enarbolaron el estandarte del punk con temas como "Panik" o "Paris maquis". Lo suyo iba de himnos para hacer pogos sin mirar a nadie, con teclados que se colaban ("Hysterie connective") y haciendo que algunos vieran a Metal Urbain como una versión gala de The Fall.

"Anarchy in Paris" es un recopilatorio de sus canciones más importantes, entre las que podemos destacar el desparpajo vacilón y ruidoso de "Lady coca cola", la vehemencia punk con caja de ritmos trotona de "Cle de contact", o esa proclamación en "Pop poubelle" hacia toda la mierda pop que rodeaba una época, y donde Metal Urbain metían cizaña de la buena.

Steve Albini y los Jesus and the Mary Chain intentaron recuperar el legado de una banda que se separó en 1979, pero que después de tantos años, siguen siendo todo un referente cuando toca escarbar sobre el urderground galo.

No han perdido vigencias trallazos como "Ultra violence", o supuraciones arcaicas con tecnología de andar por casa como la bizarra "Numero zero". Punk, sólo punk. ¿Para que quieres más?. Danzad, danzad malditos mientras subes el volumen y te ponen como una moto cuando suenan petardazos como "Atlantis" o "Anarchie au palace".

Metal Urbain. El punk que te hace sonreír, la insolencia de la juventud, finales de los setenta y colores en el pelo, pintas estrafalarias y mensajes de asko. Vive la Revolution !!!!!!


jueves, 25 de abril de 2019

NIÑOS DEL CERRO. "Lance" (2018)


Me gustan Niños del Cerro. El quinteto que viene de Chile, a logrado con este su segundo largo, aumentar el placer que supuso el toparnos con su anterior trabajo, "Nonato Coo" (2015). Lo suyo es pura y bendita anomalía que pincha en el noise pop, en los sonidos de su tierra y en una psicodelía de esas para tirar cohetes, como en la radiante "Sufre".

Lo suyo es ritmo, una paleta de colores musicales que te hacen bailar ("Contigo"), y a veces ponernos en la memoria los buenos tiempos de esa otra banda que se llamó The Boo Radleys ("Flores, labios, dedos").

NIños del Cerro consiguen que sus canciones suenen envolventes, diáfanas, crisálida que se convierte en un arco iris que cruza el cielo entre aullidos de distorsión. "El sueño pesa" es una buena muestra de ello. "Las distancias" es otro bombazo que explota levemente, que se eriza entre una multitud de abrazos multicolores, de expresiones para soportar hastíos.

La más extraña del cd es "Lance", pura psicodelia cruzada con pop de tamaño colosal y que da voz a "El susto y el miedo ", delicado dream pop convertido en una fabula que consigue emocionar con su leve catarsis.

Para terminar recurren al piano en "Melisa/Toronjil", pura adrenalina sensual, sonidos andinos metidos en un florero de calcamonías imperecederas. Niños del Cerro, adolescentes del noise más exótico, una apuesta a seguir.


martes, 23 de abril de 2019

PAPERHOUSE. "Adiós" (1995)


Nadie ha podido todavía quitar a Paperhouse con este "Adiós", el trono a la mejor banda de slowcore que hemos tenido por estos lares. El grupo del Nacho Umbert, asilados en el imprescindible sello Acuarela, nos regaló un montón de motivos para hacerles hueco en nuestra discografía junto a Codeine, Seam y otros amanuenses de lo lento.

"El soldado", con sus siete minutos de sueño en penumbra, con sus guitarras que lloran mientras Nacho nos seduce con su antología de palabras que voltean silencios, es el inicio de este "Adiós", repleto de aristas envolventes, de luces de neón basalto.

A veces, parece que estemos en un mundo donde Umbert ha quedado con Antonio Luque para hablar sobre sueños de juguetes, aerosoles de ternura ("Gato de pandora"). "Adiós" (único disco de Paperhouse, luego vendría años después la interesante carrera en solitario de Nacho Umbert), es un compendio de vitalidad cristalina junto a unas letras desbocadas que viven de costumbrismos y rarezas, como la fantástica "Ali Baba" y su continuación en ".... y los cuarenta ladrones".

Te hechizan con la picardía pop de "Doble cuerpo", para en "Capitán soledad", navegar en un estanque de guitarras mecedoras, de susurros que explotan en una calma que sabes que nunca se va a romper.

Toca emocionarse a raudales con "Las estrellas también son grandes", pura proeza de instrumentación crisálida, para en "Azul mar", volver a un slowcore concreto y de bajos latidos. Para terminar "Pesadilla en navidad", líquida, febril y comatosa. Un gusto que se queda y no se va. Toca pues recuperar a Paperhouse. Un homenaje merecido a las cosas bien hechas.


domingo, 21 de abril de 2019

WILCO. "The Album" (2009)


Pedazo séptimo disco que se marcaron los Wilco con este homónimo disco, que se abre quizás con una de las canciones más sobresalientes de su repertorio, la eléctrica y efectiva "Wilco (the song)". Y es que el grupo que nos cautivó con "Yankee hotel foxtrot", consiguieron con este disco que la magia siguiera latente, que la invasión del virus Wilco continuara placenteramente su viaje ("Deeper down").

Jeff Tweedy y sus chicos continuaron enebrando agujas para coser estelares melodías que reparten suculentos manjares melódicos, irradiando radiación con voluntad de permanencia, aditivos que te dejan feliz, como cuando te paras en la emocional "One wing".

Este disco, que vino después del irregular "Sky blue sky", fue una buena manera de que los seguidores de Wilco se volvieran a enganchar a su rock americano que roza lo experimental y abraza la tradición ("Bull black nova").

"You and I", es ligera y estremecedora, y "Your never know" es una auténtica rompe pista, con ese piano que se lleva el premio, con ese creación acogedora de canciones para perdurar. "Country disappeared" es un festín de cantina y luceros y "Solitaire", calmosa y neocountry te deja pidiendo más.

Luego nos llevan de la mano con "I'll fight", para en "Sorry feeling" acercarse como solo ellos hacen al espíritu Beatles. "Dark neon", con su tecnología de andar por casa, despide un disco de pleno disfrute, rock bien hecho, con hechuras, y que pasa en un santiamén.


jueves, 18 de abril de 2019

OLIVIER DEPARDON. "Un soleil dans la pluie" (2012)


El día es perfecto para escuchar este disco. Con la que esta cayendo, el sol, si está en la lluvia, tendré que comprarme unas gafas especiales para radiografiar gotas y así vislumbrar algo del astro rey. "Un soleil dans la pluie" fue el primer disco del cantante galo, conocido por haber formado parte de Virago, quizás la formación francesa más importante en el ámbito del post hardcore.

Y la verdad es que se marcó todo un disco de indie rock, sombrío, con aristas, con mucha melancolía y con las guitarras que a veces lloran y se crispan, ("Je suis"), y otras forman parte de una ola de himnos de esos que te dejan buen cuerpo ("Naitre un jour" o "De bonne heure" son una buena muestra de ello).

En algún lugar cercano de los fundamentos musicales de Michel Cloup, Olivier narra más que canta y sus palabras, repletas de desgarro, tienen un buen armazón instrumental detrás ("L'objectif"), y la capacidad de realizar piruetas de slowcore para engatusarnos con sus arrebatos eléctricos (a veces me recuerda a Mendelson),como en la vibrante y cautivadora "En mission".

No me canso de escuchar "Le vent si fort", otro hits de esos que Oliver se saca del sombrero, trotando entre calmas que a veces se llenan de fogatas de agua, lagos de sombras que pasan y se quedan un rato en mitad de nadas absolutas. Y las guitarras que siguen su paso, detrás, eficaces escalpelos de melodías que te enganchan.

"Dans te yeux" es otra de las magnificas composiciones que poco a poco levantan el tono de voz, que se enredan en una maraña de efluvios de catarsis de distorsión siempre controlada. "Ici-alors" es la más enrevesada del disco, un portento de elucubración que da paso al final con el tema que titula el cd, perfecta manera de acabar este delicado e hipnótico disco.

Después de "Un soleil dans la pluie" vino "Les saisons du silence" (2015), y el mas reciente "Avec du noir avec du blanc", ambos imprescindibles para gozar de las artes de Olivier Depardon.



martes, 16 de abril de 2019

MONO. "Nowhere now where" (2019)


Grabado bajo la batuta de Steve Albini, el décimo disco de los japoneses Mono,quizás sea el más ruidoso de todos, el que más se enervan con las guitarras en un torbellino de esos que sabes que van a destripar los cristales de tu casa.

Y eso que empiezan tranquis con la introducción de "God bless". Pero en la segunda del disco, ya tienen el percutor preparado, los aullidos dispuestos para temblar racimos de bombas de incontención ("After you comes the flood").

Oyendo "Nowhere now where", bandas como Mogwai o Goodspeed Speed Your Black Emperor, se quedan pequeñas. Porque la propuesta de los nipones es brutal. Cuando se ponen líricos te dejan echo una mierda, ("Breathe), y cuando saltan desde el paracaídas del ruido más brutal, post rock sin prevaricación (la que titula el cd), te dejan los oídos como serpiente de cascabel de sordera.

Goto y Yoda, lo dos guitarristas que se encargan de encumbrar los aullidos de la desesperación, tejen molinos de ribetes de luces que son encomiables trajines de devastación, en himnos como "Sorrow" donde se ve a las claras la potencia que Albini ha logrado crear bajo sus controles. Suenan limpios, explosivos, actores en un teatro de marionetas donde los instrumentos viven en la noche de las irupciones definitivas.

"Parting" con su piano, es el punto tierno de un disco que es una apisonadora, un muro que tiene su climax total en "Meet us where the night ends", puro post rock avasallador. "Funeral song" y "Vanishing, vanishing maybe", ponen el epitafio del disco más logrado de esta banda que tiene por bandera urdir remolinos sentimentales de fiereza eléctrica, mapas sonoros donde el exceso y la poesía viven un matrimonio de lamentos de sueños, de voluntad de amor.




domingo, 14 de abril de 2019

RADIO BIRDMAN. "The essential Radio Birdman" (2001)

Junto a The Saints, son quizás los grupos más seminales de la prolífica escena australiana. El grupo de Rob Younger y Deniz Tek, bajo la influencia de los imprescindibles MC5 y The Stooges consiguieron edificar un potente sonido de protopunk, de rock con esencias de sudor y electricidad.

"The Essential Radio Birdman", es el disco que cualquier aficionado al buen rock sin aditivos tiene que tener. Explosiones rítmicas como "Aloha Steve & Daho", o roqueras inmersiones en un pozo de feedback destartalado ("Murder city nighst"), se citan junto cumbres de punk como la impresionante "New Race", temas de esos para incluir en cualquiera recopilación que se precie.

Vivieron varias épocas con más o menos fortuna, y este "The essential..." consigue que nos atrapen hasta cuando bajan el pistón con joyas con piano incluido como "Love kills". Pero la poderosa maquinaria de Radio Birdman se percibe en máxima potencia cuando te topas con el tonelaje de "Descent into the Maelstrom" o chulerías del tipo de "Burn my eye'78".

Para mi la mejor etapa de Radio Birdman es que se recoge en discos como "Radios appear" (1978) o "Living eyes" (1981), siendo los años que van de 1974 al 78, donde toda la potencia de la banda se convierte en un boomerang de rock abrasador ("Anglo girl desire"), con deliciosas paradas en momentos más calmados  ("Snake").

Punk de ese a piñón pijo que te hace mover el esternón ("Do the pop") y toda esa retaíla de fogosidad que no para que destilan tracks como "Crying sun" o "More fun". Grupo pues a recuperar de nuestros anaqueles viejos, protopunk canguro repleto de estríaas y mala leche.


jueves, 11 de abril de 2019

NO AGE. "Everything in between" (2010)


"Everything in between", fue el tercer disco de esta banda formada por el duo Dean Spunt y Randy Randall, y es, desde que se inicia con "Life prowler", una amalgama de noise pop radiante, de ruidos siempre con encaje melódico.

Ya me sorprendieron cuando sacaron "Nouns" (2008), y en su ultimo largo "Snares like a haircut" (2018), siguen manteniendo suficientes argumentos para que su sonido siga siendo atractivo. Aquí tenemos puzzles de sonidos que casi llegan al shoegazing como "Glitter" o arranques de distorsión de esos que te dejan sordos ("Fever dreaming").

Siempre sin perder la calma, estirilizados en una progresión hacia un torrente de ruido siempre matizado con crisoles de melodía que supura tensión, adrenalina juvenil por los cuatro costados, como la radiante "Depletion" o la naif "Common heat".

No se cortan para rallarnos con terapias minimales de choque ruidoso ("Skinned", "Katerpillar"), pero lo que mejor se les da es su afición por construir canciones redondas de esas que son torbellinos que solicitan encarecidamente una subida generosa de volumen ("Valley hump crash").

Hasta tienen la valentía de confeccionar pequeños arrecifes con referencias a la Velvet, como la potente "Sorts". La instrumental "Dusted" sirve de antesala para meternos de lleno en la lírica de "Positive amputation", sinuosa, triste, aliciente de dolor.

La que más me gusta, es ese torbellino que se llama "Shred and transcend", sinergia punk, caos y ua eficaz teleraña de electrificantes galimatías. No Age, buena banda de noise pop para soñar desiertos.