lunes, 25 de marzo de 2019

MINUS THE BEAR. "Menos el oso" (2005)


Oyendo a Minus the Bear, siempre me viene a la cabeza esa otra banda injustamente olvidada que fue Karate. Ambas se enfrentan al concepto de rock independiente saliendo de los márgenes trillados, y ejerciendo a su manera un idioma propio, con aristas, buena instrumentación, y sobre todo pegada.

Este fue el segundo trabajo de la banda de Boston, donde desde el principio lo tienen claro, con la inicial "The game needed me". Melódicas, rock sin apretujones, ecléctico y con sentido de la oportunidad. "Memphis & 53rd" suma a lo dicho un buen conjunto de arreones guitarreros, para que la contundencia tome al asalto los minutos.

Hay teclados que no sobran ("Drilling"), y una correoso actitud de transitar por arrecifes donde predomina la actitud del grupo de colapsar estilos: unas gotas de mathrock para todos los públicos, ("The fix"), tranquilos pasajes austeros donde la electrónica prima ("El torrente"), o rock en voz baja con reflejos de distorsión siempre controlada ("Pachusa sunrise") y hasta se acercan a algo parecido al grunge en la aguerrida "Michio's death drive".

El disco discurre con espasmos guitarras ("Hooray") y efectivas catarsis de inflamación emocional ("Fullfill the dream"), que siempre aportan excusas para que el álbum transcurra en un vaivén de sonoridades que nunca cansan.

En 2014 sacaron su último largo, "Lost loves", dejando un montón de sensaciones de banda como suficientes recursos como para pararse en ella.



sábado, 23 de marzo de 2019

MORPHINE. "Good" (1993)


Un bajo, un saxo y la batería. Estos tres instrumentos bastaron a la banda de Boston liderada por el desaparecido Mark Sandman para provocarnos cuando lo escuchamos un auténtico shock, a nosotros que estamos de lleno metidos en la vorágine indie noventera.

Este su primer disco, destila toda la fuerza y la atracción que irían desarrollando en sus trabajos a posteriori. La que titula el disco es la zanahoria que nos ponen para que subamos el volumen y dejar que "The saddest song", con su melancolía expansiva nos colapse la sangre.

Y es que si hay que poner un término para designar la música de de Morphine, ese es original. "Claire" parece una dentellada de jazz de club oscuro y "Have a lucky day" uno de esos clásicos que vence el imperio del tiempo es puro swing avasallador.

Menudo primer trabajo que se sacaron de la manga los bostonianos. Imagino la cara de muchos en plena época grunge cuando pusieran el disco y oyeran cosas como "You speak my languague", pura adrenalina de rock imposible de domar, violento y total.

En temas como "You look like rain", es el saxo (Dana Colley) el máximo protagonista para en "Do not go quietly unto your grave", volver a noquearnos con sus zarpazos de medicina rítmica. "Test-tube baby/Shoot'down", otro de los puntos fuertes del disco, redunda en esa facilidad que tenían para componer estrofas de rock clandestino con retoques de jazz.

"The other side" es tenebrosa, oscura, decadente, un mohín nocturno, un espasmo que te sacude y te hace gozar y las dos partes de "I know you" (I y II), ponen el punto y final a este comienzo de material discográfico que duro hasta que la muerte de Sandman en un concierto en Roma en 1999, puso el candado definitiva a uno de los proyectos más interesantes que surgieron en esos lejanos años.


miércoles, 20 de marzo de 2019

BLACK TO COMM. "Seven horses for seven kings" (2019)


Terror. Pavor. Música con un componente espectral que llega a lo más profundo de tu ser. Esa es la impresión que se te queda con la última obra del músico alemán Marc Richter, con su proyecto Black to Comm.

Ya antes nos había dejado helado con trabajos como "Alphabet 1968" (2009) o "Black to Comm" (2014), pero esta banda sonora del horror que es "Seven horses for seven kings" va un paso más alla. Sólo tienes que penetrar en esa sinfonía de caos que es "Asphodel mansions", introducción repleta de vesanía y espeluznantes goznes, para que quedes atrapado en este laberinto que te emociona y te repele a la vez.

Utiliza el estudio para confeccionar esta auténtica misa negra que tiene en "A miracle-no mother child at your breast" con sus drones terroríficos, con su malsano hedor, la cima de un disco de esos que incomoda y atrae, que no paro de escuchar mientras arropado por una manta y cerrando los ojos imagino el averno y su fauna demoniaca.

Dark ambient para temblar. "Lethe" es minimal, breve, intensa, como un paréntesis en este recorrido por los arrabales de las noches sin alma, donde es fácil perderse por calles sin luz, donde se olfatea el crimen, la llegada de la demolición total que tiene en "Ten tons of rain in a plastic cup", son su sonido industrial y apocaliptico, la respuesta a los eclipseres del alma. Aterrador.

Para un score de visceras y crimenes sin resolver valdría "Licking the fig tree", donde el sonido de un saxo loco, se mete por las rendijas de unos teclados que viven en el filo del peligro, de la sedicción. Y si has llegado a este punto, en el intermedio del disco, y aun no has dado al stop de su equipo, ya estas perdido.

Suenan los tambores de la guerra eterna en "Fly on you" un colosal artificio de siderales proporciones, que deja a Swans como una banda de pop. En medio del torbellino y los drones, un fuego artificial de música industrial, una sabana negra en medio del huracán, ondeando viejos pesares, moviéndose al compás del asma del cielo.

La cosa parece que se tranquiliza algo con el piano de "Double happiness in temporal decoy", una nana negra que da paso a "If not, not", otro retrato de la esquizofrenia de una época generadora de traumas, con voces fantasmales de niños y un cuerno de caza clamando truenos. El fin del mundo que se acerca sin poder hacer nada al respecto.

En el tramo final, dos motivos de esperanza; "Angel Investor", melancólica, casi shoegazing, con el mellotrón dibujando una puerta en el aire donde quizás podamos vislumbrar algo de paz y sosiego, bella, hipnótica, repleta de catarsis, andanada de céfiros que buscan un guiño del sol, un puzzle a construir, y sobre todo "The courtesan Jigokudayü...." (La cortesa Jigokudayu se ve a si misma en el espejo del infierno, vaya titulo), lírica confección de algo parecido a una melodía triste, entre capas de suspiros.

Uno de los mejores trabajos de este año, estoy seguro de ello. La música como creación de peligro,de sonoridades que dejan al oyente tocado pero no hundido, música para reflexionar, para cauterizar dogmas de oscuridades interiores. Black to Comm, sin duda desde ya un nombre imprescindible.


lunes, 18 de marzo de 2019

MISHIMA. "L'ànsia que cura" (2014)


Gran banda estos Mishima. Me gustaron desde que lo descubrí con ese portento de disco que fue "Set tota la vida" (2007), y no me he perdido ninguno de sus trabajos. Este "L'ànsia que cura" no podía empezar mejor con ese bulbo de pop inflamado que se llama "La brisa".

Oyendo a Mishima te entra buen rollo. El grupo catalán que emplea su lengua para dibujar orfebrería en lienzos de esos que perduran por el tono de su color,elaboró un conjunto potente de temas de esos que se prenden rápido en ti ("Mai mes").

Pop en mayúscula con temas tan redondos como "El corredor", o letanías para pararte el corazón en bocanadas de silencio ("El paradís). De nuevo las letras como en sus anteriores trabajos y los que vendrían después, son parte fundamental de una banda que la perdimos la pista cuando editaron "Ara i res" (2017).

Ayudados en la producción por Peter Deimel, conocido por sus trabajos con The Kills y Anna Calvi entre otros, todo el disco suena a una perenne primavera que no se acaba ("La teva buidor"). También funciona todo cuando ralentizan su luminosidad para acercarse a un folk acogedor ("Ja no tanca els ulls") o cuando se desperezan entre teclados de cielos ("Despertar amb caiguda").

El ansia que cura. El ansia para disfrutar de todo lo que nos embellece los días, los suspiros del devenir. Mi preferida, la roquera "Llepar-te", un buen collage de sonidos para seguir alegre hasta en los días regulares. Mishima. Valor seguro.


viernes, 15 de marzo de 2019

MERCROMINA. "Hulahop" (1997)


Tras "Acrobacia", (1995), los tres miembros de Surfin Bichos (con Joaquín Pascual a la cabeza y ya Fernando Alfaro impregnado de los ladridos de Chucho), todos esperabamos que su segundo disco fuese a continuar la senda de su inicio, continuando desde Albacete la saga sónica de los Surfin Bichos, pero a su manera.

"Hulapop", fue un descenso al pop, a la melodía más que a la rabia. Y esos que contiene tonadas como "Raspas de pez", que recuerda el pasado de sus componentes. Pero cuando te topas con "En un mundo tan pequeño", single de "Hulapop", sientes que Mercromina ansiaba alejarse de la sombra de la banda madre.

Me gusta "Espuma" y "Sacachorchos" porque te emocionan con pinceles de luces intermitentes, de hogares desangelados de ruidos agoreros. "Pequeña depresión", con sus teclados intrigantes y Pascual dándolo todo en su narración susurrante, es otro de los puntos álgidos del disco.

Las guitarras y el frenesí aparece en la violenta "Rayo uva", para de repente pararse todo en "Japón" con su tecnología de andar por casa. "Seca" es surfera por todos los costados y "Una tarde" reitera de nuevo la aproximación de la banda hacia pasajes nuevos a surcar.

Buen disco de un grupo que a los que siempre fuimos perro abollados, nos sentó como una bella alergia de primavera. Estornudos, ojos rojos, dolor de cabeza, dulce alboroto.


martes, 12 de marzo de 2019

SWERVEDRIVER. "Future ruins" (2019)


Estamos de enhorabuena. Una de mis bandas de shoegazing favoritas de todos los tiempos, está de nuevo con nosotros. Acogida en el sello de los escoces  Mogwai, Rock Action, "Future ruins" tiene suficiente empaque como para descansar junto a esa otra gema que fue "Raise" (1991).

En 2015 ya tuvimos noticias de ellos con el también interesante "I wans't born to lose you", pero me quedo con este "Future ruins". Y es que no se puede empezar mejor que con esa delicadeza llamada "Mary winter"; burbujas eléctricas, bromuro y melodías que te envuelven.

Shoegazing en vena es también "The lonely crowd fades in the air", y otras vesanías son lentas como el rocío que se permite le chulería de estar intacto en el la punta de una hoja, perenne en su sabiduría de agua que no lo es, como la que titula el cd.

"Theeascending" tira de un dream pop ensoñador, y en "Drone lover" casi parece que hacen un homenaje a Teenage Fanclub. La reostia los colegas. La cosa sigue en constante ebullición cuando te cruzas por el camino con "Spiked flower" airada psicodelia eterna.

Vuelven a convertirse en un paseo nocturno con la emocional "Everybody's going...", para de nuevo tirar de power pop brumoso en "Golden remedy". La más ácida del disco, "Good times are so..." es una pedalada de distorsión solidificada y jovial. Para acabar, la extraña "Radio-silent", otra postal de invierno para impregnar la primavera.

Lo dicho, una enorme noticia, que Swervedriver estén con nosotros en este perfecto estado de forma. Shoegazing, dream pop, levedad y locura. Todo a partes iguales o mezclado en un cóctel de esos que te arrullan y te llevan.



domingo, 10 de marzo de 2019

MARTHA AND THE MUFFINS. "Metro music" (1980)


Qué bien que suena en el tocadiscos a día de hoy, "Echo beach", el single que catapultó a la banda de Toronto como uno de los combos de new wave que mejor ha envejecido con el transcurso del tiempo. Formados en 1977, tuvieran que esperar a 1980 para sacar al mercado este "Metro music", todo un compendio de canciones de esas para estar siempre feliz.

Eran otros años, otra época. El dibujante que les hizo la portada, Peter Saville, era el mismo que se encargó de las cubiertas de Joy Division. En el mismo sello que salió este "Metro music", competían con OMD, los 80 era como un fuego de artificio que jamás se apagaba, y Martha and the Muffins, aprovecharon ese viento a favor para conquistarnos con cosas como "Paint by number heart".

Les gustaban los teclados a veces hermanados con Strangerls ("Saigon"), y la new wave elevada al cubo la tenemos presente en tonadas tipo "Indecision" o "Terminal twilight". Escuchas "Hide and seek", con sus arranques casi de post punk alegre y no puedes mas que subir el volumen y flipar con ese saxo juguetón que explota y silba.

"Monotone" es otro de los puntos fuertes de un disco que no decae en ningún momento. Otro arranque de catarsis bien entendida, la más ruda y árida del disco y que da paso a "Sinking land", como contrapunto, la más calmada, canción para un videoclip, pop artístico a disfrutar hoy en 2019.

Las dos últimas, "Revenge (Against the world)", y "Cheesies and gum", con ese sonido tan característico de la época, son otras dos andanadas de esas que se disfrutan en un periquete. Los teclados mandan, y las lentejuelas también.

El grupo para mi modo de ver, jamás superó este "Metro music". Y si bien su presencia siempre intermitente, acabó en 2010 con "Delicate", es en este disco de 1980, donde podemos ver todo el potencial de uno de los nombres más celebres de la new wave.


viernes, 8 de marzo de 2019

MEDICATIONS "Your favorite people all in one place" (2005)


Alojados en la casa de Fugazi, Dischord, Medications sólo nos regalaron dos discos y un mini elepe de cinco canciones. Este "Your favorite..", es para mi gusto lo mejor de su corta discografía caracterizada por un emocore heterodoxo, de raíces indies, con melodías a raudales ("Surprise!").

Devin Ocampo y Chad Molter, son los dos protagonistas de esta aventura de efectos conmovedores y eléctricos, como la casi operística "Or at least as bad". Otras veces, "Twine time" opta por la caña sin miramientos, dorsales en el pecho de fuerza y distorsión siempre emotiva, salpimentada de una instrumentación colosal.

"This is the part we laught about" es total. Es un torpedo que empieza como una lenta agonía, un estelar ración de humo eléctrico siempre llegando al himno y al arrebato. Como la danzarina "Magazines for entertainment",  rozando el art rock.

Luego nos topamos con la enigmática "Pills", para a continuación sobrecogernos de nuevo con esa ración de melodrama que ladra en "The last of the rest was the end". Cogen fuerza y saltan al vacío en "Opinions", donde si se parece a grupos del sello. Casi post hardcore, siempre eso sí, a su manera.

Para terminar este emocionante recorrido, nos ofrecen "I am the harvest", la más experimental del lote, y "Occupied", enorme manera de poner el punto y final a un disco de esos que hay que recuperar.



miércoles, 6 de marzo de 2019

THE TWILIGHT SAD. "It won/t be like this all the time" (2019)


Se nota que el apadrinamiento que Robert Smith ha ejercido sobre la banda escocesa. Así, a vuela pluma, y tras pulsar el play y toparte con "(10 good reasons for modern drugs)", es lo primero que te viene a la cabeza con este disco de The Twilight Sad.

Me sigo quedando con sus primeros trabajos (sobre todo "Forget the night ahead" de 2009), pero he de reconocer que los que disfrutamos como locos de los 80, este trabajo nos saca una malévola sonrisa.

Teloneros de The Cure, han aprendido de los popes, han suavizado su sonido sin perder con ello fuelle  ("Shooting Denis Hooper  Shooting)  construyendo un festival armado de sonoridades por todos añoradas y queridas. Un buen puzzle repleto de teclados y guitarras, donde la voz de James Alexander Graham resalta y sobresale.

"The arbor" me recuerda a Psychodelic Furs y "Vtr" es otra épica andanada de instrumentación que nos remite a tiempos pasados. Me gusta la tristeza que emana de "Sunday day13"  y en "I'm not here (missing face)" se deja llevar quizás demasiado por una búsqueda demasiado agradable de un post punk para empezar a llenar estadios.

Pero se lo perdonamos porque aun nos dan razones para vibrar ("Auge/maschine"), siempre con un pie en el acantilado de los suspiros por crear ("Keep it all to myself"). Mi favorita, la más acerada, "Girl chewing gum"; la que menos me convence, "Videograms", con su aproximación un poco innecesaria a Depeche Mode.

Lo dicho, se disfruta, me gusta, pero esperaba algo más. Un aceptable disco donde se ve que el bueno de Smith esta buscando heredero para el reinado en la corte Oscuridad.


lunes, 4 de marzo de 2019

DIRTY THREE. "Horse stories" (1996)


"Horse stories" es sin duda el mejor álbum de Dirty Three. Lejos de country oscuro de sus últimos tiempos ("Toward the low sun" 2012), las canciones que se destripan en éste su tercer disco están más cercanas al post rock que a cualquier otro estilo.

Un post rock triste de violines y de desiertos, de poso triste y a la vez violento. "1000 miles" es la que da el pistoletazo de salida a este viaje de la mano de Jim White, Mark Turner y Warren Ellis, compañero de correría de Nick Cave.

Los australianos Dirty Three saben bien meter el dedo en la llaga, sacudirnos con explosiones sónicas como "Sue's last ride", que empieza tranqui y acaba en una monumental batalla de ruido que estremece y daña. Luego, un té de sobremesa con la trágica y emocional "Hope", un vals de valles abiertos y corazones henchidos, un montón de luciérnagas al albur de la desdicha.

"I remember a time when once..." es otra concatenación de estruendos y distorsiones, de luminarias de rayos, de confeti nuclear, más parecido a Godspeed Black Your Emperor! que a los habituales pasajes sonoros que nos tiene Cave acostumbrados, el referente musical de Dirty Three.

Para subir el volumen y no bajarlo. La mejor sin embargo, es un himno a la tristeza eterna. "At the bar", instrumental (como todo "Horse stories"), una perorata de silencios y decadencia, una proclama de suspiros en amaneceres cárdenos de negritud. "Red" vuelve a las andadas de caballos descarriados, sufrientes animales que vagan entre tragos de rebelión.

El violín de Ellis nos deja sin palabras en "Warren's lament". Casi nueve minutos de cuerdas quejumbrosas, de luces que dan miedo y que son el punto de partido para el comienzo de "Horse", himno marcial, lamentaciones, sueños destartalados.

Para terminar, "I knew it would come to this", otro plan perfecto para acometer sacudidas noctámbulas, ardientes pasadizos de besos de lejía. Lo dicho, lo mejor de Dirty Three, un álbum que explota y que es un placer devastador.


viernes, 1 de marzo de 2019

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS. "Sparkle hard" (2018)


Ya no tenemos entre nosotros a Pavement, pero nos queda Stephen Malkmus. Y es que oyendo el inicio con ese himno vital llamado "Cast off" parece que hubiésemos cogido un tren a toda pastilla hacia el calendario de los 90.

"Future suite" es una marcianada con ritmos entrecortados, algo psicodélica y muy juguetona y "Solid silk" acompañado por unas cuerdas que mecen una envolvente melodía, son solo la punta de lanza a este delicioso conjunto de canciones que a todos los melancólicos del indie rock de hace tanto tiempo, nos hará pasar un fantástico rato.

Malkmus y sus Jicks hacen un guiño a Wilco en "Biki lane", para en "Middle America" rompernos en mil pedazos con ese zigzag pop al que nos tenían tan bien acostumbrados Pavement. Melosa, cataplasmas de capas de insolencia indie. El torrente no para y en "Rattler" nos encontramos al Malkmus más ruidoso y divertido.

Más Pavement con "Shiggy", y en "Kite" especula con acierto en casi siete minutos de aspavientos sónicos, mejunge ácido y a la vez voraz. Hasta lo borda en la pop "Brethren", para acercarse al country acompañado de Kim Gordon en la perfecta "Refute".

Para acabar, "Difficulties/Let them eat vowels", perfecto ocaso para una delicia de álbum, que se disfruta de principio a fin de uno de los músicos culpables de nuestra afición a la buena música allá en los lejanos 90.


miércoles, 27 de febrero de 2019

MAX RICHTER. "Infra" (2014)


Para mí es el mejor compositor neoclásico actual. A parte de su labor como hacedor de música para películas, Richter es sobre todo conocido por su valentía para aunar como en el caso de "Infra", los violines y la melancolía de la música clásica, con pinceladas eléctrónicas que cohabitan en un mundo maravilloso donde se respira introversión ("Infra 1").

El disco nació como una colaboración con el coreógrafo Wayne McGregor y la artista Julian Opiae, que construyeron una obra de danza que se estrenó en el Royal Opera House de Londres. Richter puso su ladrillos instrumentales y germinó este estremecedor "Infra".

En "Infra 2", vuelve a jugar con los artificios tecnológicos mientras un violín pía como un ruiseñor, pidiéndote que cierres los ojos e imagines un escenario, unos bailarines, una negra moqueta de aspavientos, una luz que se apaga intermitente pidiendo voz y hora para hacer huir al miedo.

Grabado en el afamado sello Deutsche Grammophon, "Infra" es una delicia. Suena el piano en "Infra 3" y es como escuchar una cascada de agua que baja impoluta para borrar la suciedad de la tragedia. Gotas y gotas, notas en una pleamar de goce y suspiros.

Y entre tanta belleza, Richter se las apaña para introducir pequeños intervalos de sombras elecrónicas ("Journey 2") para que cuando escuches joyas como "Infra 4",  no te quede más remedio que hacerte con toda la discografía de este alquimista de los sentimientos.

Cuando llegas el tramo donde comienza "Journey 4", te ves impulsado a querer vivir en un mundo de burbujas y oxígeno de amor. Simplemente irresistible. Lírica de combate, pulsión motor de sueños que da paso a "Journey 5", minimal, pequeña, acogedora, un mohín de cielos.

"Infra 7" y "Infra 8", son las que ponen el punto y final a un lp delicioso, un espectáculo para los sentidos, que irremediablemente, te hace querer más, mucho más. Es como vivir perenne en un otoño inmortal, es como cerrar la puerta al ruido orate para dejarte llevar.....


lunes, 25 de febrero de 2019

SILVER JEWS. "American water" (1998)


Vaya maravilla. El grupo de David Berman, Mike Fellows y el Pavement Stephen Malkmus, siempre nos regalaron canciones que son como joyas de indie rock vitaminado mezcladas con esencias de neo country.

Este fue su tercer disco, y tiene de todo para disolvernos en una plácida escucha donde todo esta puesto en su sitio. Las raices campestres en "Random rules" y "Smith & Jones Forever", la electricidad instrumental de "Night society" o los vapores que son puro Pavement de "Federal Dust".

O ese pedazo de hit que es "People", vacilada indie, pasión desaforada, track redonda de esas para alegrarte una mañana de mal lunes. Me gusta, cuando Silver Jews se dejan llevar por el viento del desierto ("We are real"), y cuando hacen pequeños hits indies conjugando melodía, buenas guitarras con postales de radiación lunar ("Like like the the the death").

"Buckingham rabbit" suena decadente y espectral y "Honk if you're lonely", tiene migajas de folk embriagador. Para el final, "The wild kindness", otra reliquia recuperada de los anaqueles del tiempo, delirio lofi que alienta tempestades y candor.

Silver Jews, una banda a recuperar, ya desaparecida (su última producción data de 2008, "Lookout mountain, lookout sea"), y que hará las delicias a todos los amantes de Pavement. Un pasote.



viernes, 22 de febrero de 2019

MARK EITZEL. "Don't be a stranger" (2012)


El bueno de Mark Eitzel, venía de un parón forzoso debido a un infarto que le mantuvo retirado de la escena durante bastante tiempo. Él que siempre se afanó en interprerar latidos, en perforarnos con sus melodías que nos hacían palpitar tranquilidad y tristeza, tuvo que apagar su voz, intermedio en la creación para volver a coger fuelle y fuerza.

Este "Don't be a stranger" es un remanso de canciones íntimas y taciturnas ("I love you but you're dead" y "I know the bill is due" son una buena muestra de ello). Acompañado por el guitarrista y colega en American Music Club, Mark Pankler, y el batería de Elvis Costello, Pete Thomas, Eitzel se lo toma con sosiego, nos llena de dicha.

Huele a jazz "All my love",(ya aparecida en el disco de AMC, "The golden age") y "Oh mercy" parece una postal de un christmas oscuro y decadente. El folk es el refugio donde Mark escribe sus peroratas del sentir, sus auxilos sonoros ("Why are you with me"), fuego, leña y arrobo íntimo.

Siempre sobrecoge la voz de Eitzel. Y más cuando los teclados le arrullan en paseos nocturos como "Lament for Bobo the clown". Al final de este trayecto de vela y oscuridad animosa, nos regala "Your waiting" y "Nowhere to run", dos colosales colofones a un disco de esos que se escucha en intimidad, que se saborea con nostalgia.



miércoles, 20 de febrero de 2019

LA ESTRELLA DE DAVID. "Consagración" (2018)


He seguido a David Rodriguez desde que Bach is Dead nos atornilló los oídos con sus estridencias, o cuando con Beef, se las compuso para convertirse en nuestros Wire. Y como no caer rendido cuando hace siete años me topé con "Maracaibo", ya como autor autogestionando crisis existenciales, cantando hablando para que no nos perdamos nada.

Ahora llega "Consagración", y la emoción pervive, como el deseo de los dedos de volver a tocar el play para de nuevo escuchar el lp. Para empezar, no hay nada como "Me ha parecido que estuvo en mi cabeza", con La Bien Querida tocando la campana de voz, mientras David entona sus plegarias del día a día.

"Cariño" es bonita, con esos teclados tecnopop comenzando la carrera en una especie de tornasol de canción total y "Aceite" se te adosa en la cabeza, te pide que le escuches, dejarse llevar por la sensación de mil suspiros. "La primera piedra" es afterpunk, oscurilla con membranas en el corazón, siempre al acecho de lo que David nos cuenta con esa voz suya tan para tomarle en cuenta.

Si me tengo que quedar con una me quedo con ese himno que se llama "Noche de blanco Satán", un hit electrónico con ínfulas de tema a recordar cuando pase mucho, mucho tiempo. Deslumbrante esta estrella que se llama David, deslumbrante este desparpajo que prende latidos, que nos sumerge en el mundo particular de este gran artista.

En "La canción protesta" tira por el kraut rock con pestañas de Andalucía y "Sonia" con su piano introductor de sueños, nos acurruca y nos posee con su indómita atmósfera ambient. Así se pasa este "Consagración", en un santiamén. La que titula el cd también se llena de burbujas postpunk mientras las palabras se elevan en un constante torbellino de hechizo y magia.

Para terminar, "Amor sin fin", otro artesanal juguete para temblar mientras tomas un café a la sombra de un recuerdo. Si, tras Bach is Dead y Beef. La Estrella de David es un cuento que siempre acaba con ganas de más. Un dulce perfecto para los ácidos días que nos toca vivir.


domingo, 17 de febrero de 2019

GUADALUPE PLATA. "Guadalupe plata" (2018)


Quinto disco de Guadalupe Plata, quinta vez que tenemos que pararnos en ellos para llenarnos de blues pantanoso, de diablos que se acercan para que les acariciemos los cuernos con amor. Este disco es un portento. Desde la inicial "Barreño en llamas", canción rural de extremaución blues, no podemos parar de disfrutar con este abrupto mar sónico.

"Duermo con serpiente" es rock cósmico sideral desde una aldea de bandurrias y dejes de corazón. Ponzoña y veneno. Alabado sea el alma del blues. "Corral, corral", es un festival de frenesí, es como encontrarnos a Gallon Drunk en un pueblo de esos que nadie quiere, para pararte en él, cerrar los ojos y llenarte de legañas de blues.

Y te pones "Oigo voces",de Scream Jay Hawkins, con su vals de noches noctámbulas, de vampiros de amor, y no te queda otra que pasar a "Lo mataron", huracán andino, pulsaciones a cien, volutas de distorsión en cielos de cieno, murmullos y goznes de palabras desasosiego. Brutal.

"Maricarmen", tira de clasicismo rock, años 60 de corazón, para en "Paloma negra" volverte orate con una ración de cianuro blues. Colosal disco de Guadalupe Plata. Con ellos todo esta permitido. "No te vayas", la tengo grabada en la cabeza y "Diente de plata" te disloca los pies mientras bailas arruinando noches.

Para el final, "Corralera del veneno", y "Lobo aullador", descarriados blues de ese que se te clava en las encías del sentir. Estamos de enhorabuena. El blues del pantano tiene fiebre y nos recorre la piel con su peligro son. Que no pare pues de sonar estos aullidos sin contención, la Luna espera el rojo sangre del sonido devastador......


jueves, 14 de febrero de 2019

THE BELLRAYS. "The red, white & black" (2003)


Nadie como The Bellrays para aunar en un solo disco la urgencia punk de los Ramones con el soul de Sam Cooke. Y mucho le debe la banda a ese portento de voz que tiene Lisa Keakula. Un torbellino de esos que aprisiona y rompe cristales.

"Remember" y "Street corner", son dos maneras explosivas de comenzar este que fue su quinto trabajo, con 21 temas de esos que disfrutas de cabo a rabo. Contundentes y duros en "Sister disaster", calientes y urgentes en la descomunal "You're sorry now", o arengas para una revolución que muchos estamos esperando, "Revolution get down.

Quizás no llegue al nivel de mi favorito "Let it blast" (1998), pero este "The red,white & black", tiene el suficiente ácido como para que dar un paseo por sus surcos sea un disfrute máximo, una tormenta perfecta.

Hasta los medios tiempos, como la vibrante y soul "Used to be", contiene la suficiente bilis como para que amotinemos el volumen de nuestro reproductor. Pura adrenalina que en "Making up for lost time" se convierte casi en una aproximación muy particular a los Stones. Joder pedazo de trallazo.

Luego nos topamos con el punk desbocado de "Some confusion city" que sin posibilidad de descanso nos empuja a la extraña y caótica "Poison arrow". "Stone rain"  es otra de las piezas más vibrantes de un lp que no decae en ningún momento, y que tiene el punto más álgido en la absorbente "Voodoo train".

The Bellrays, punk soul solvente y especial, un millón de latidos envasados al vacío de la intensidad, un rumor que acecha, el vocerío de la discordia. Bestial.



martes, 12 de febrero de 2019

MALE BONDING. "Nothing hurts" (2010)


"Nothing hurts" fue la puesta de larga del grupo de Londres, Male Bonding, una colección atribulada de postales de indie punk con mordiscos melódicos, distorsión a raudales en un elenco de canciones que prometen no dejarte en paz.

"Year's not long" es el primer puñetazo de feedback arrebatador al que sigue al acecho la bestial y rutilante "All things this way". Escuchando a Male Bonding me vienen a la cabeza otros combos que nos hicieron disfrutar a lo bestia en los 90 como Adorable o Mega City Four.

Lo suyo son temas cortos con una descomunal pegada ("Your contact"), o el guiño melódico de "Weird feelings" con unos coros de esos que son como espinas para doler. La única canción donde flojean es "Franklin", demasiados inclinados a los aburridos Vampire Weekend. Pero es solo un paso en falso.

Luego sigue "Crocked scene", punk dislocador, pogo y ostias al viento. Joder, como revitaliza burradas de este estilo. Y les basta media hora para que sus 13 trallazos irradien lava que supura juventud y devastación. "T.U.F.F." es incendiaria, un coctel de urgencia e intensidad, un bálsamo para curarte malos rollos.

A veces se dejan el flequillo largo y dan la espalda al publico como los Jesus and the Mary Chain con la colosal "Nothing remains", para a continuación volcarse con aullidos noise con "Nothing used to hurt", la más larga del lote, con sus dos minutos 45 segundos.

"Paradise vendors" contiene suficiente veneno en sus aristas como que te pida el cuerpo subir el volumen hasta donde puedas llamar a la destrucción. La última noticia que tuvimos de ellos fue el interesante "Headache" (2016), en la misma onda de desgarro y rabia. Para vibrar pues con ellos.


domingo, 10 de febrero de 2019

THE YOUNG FRESH FELLOWS. "I think this is" (2009)


Justo en el año 2009, tras ocho años sin grabar con The Young Fellows, Scott McCaughey, sacaba con su otro grupo The Minus 5, un disco, y este energético y reconfortable "I think this is", repleto de canciones redondas, como sólo The Young Fresh Fellows sabían hacer.

La emotiva y power pop "The Guilty ones", el pop de porcelana de "Lamp industries", son solo dos muestras de un festival de canciones para llenar los cielos de arco iris, para espantar las tragedias. Robin Hitchcock fue el encargado de la producción del álbum y también aparece alguna voz suya en el disco.

"I think this is" es un colosal viaje hacia sonoridades de otros tiempos. "Suck machine crater", es un rock and rolk clásico de tupé y fiesta, y en  "Let the good times crawl" aparece el colega de Scott, Peter Buck (REM) para colaborar con el festejo. Y es que en nada ha cambiado el sonido del grupo desde que tuve la fortuna en los 90 de verlos en directo. Rock, actitud, buenos temas, excelente sonido.

Los 70 aparecen con pétalos irrompibles como la bestial "Never turing back again" y en "New day i hate" la más punk del lote, se dejan arrastrar por la incontinencia y la distorsión. Maravillosos. "Go blues angels go" pide playa y rock, y "YOUR mexican restaurant" tira de power pop de manual.

¿Qué más podemos pedir a un disco de los Fellows? Nada, que todo siga así, que nada cambie. Todo en su sitio. ROCK en mayúsculas, con sus diferentes ramas siempre mirando en la orfebrería de tiempos lejanos ("Shake your magazines").

La última noticia que tuvimos de ellos fue "Tiempo de lujo" en 2012. Esperemos que a no mucho tardar sus componentes se vuelvan a unir para concedernos el disfrute de oír canciones que nunca defraudan


jueves, 7 de febrero de 2019

LUNGFISH. "Talking songs for wailking" (1992)


"Talking songs for walking", fue el segundo disco de esta potente e interesante banda de post hardcore, cobijada en el sello de Ian MacKaye, Dischord, quien también se encargó de la producción. El sonido de Lungfish siempre se caracterizó por su minimalismo feroz, furia descargada con ansia de producir jaquecas y murmullos ("Broadcast").

Comandados por Daniel Higgs (guitarra y voz) y Asa Osborne (guitarra), Lungfish fueron una de las bandas punteras del label que nos regaló a Fugazi. Escuchas el punk sincopado de "Descender", con ínfulas de pequeño himno, pero sin levantar  mucho la voz y no puedes más que dejarte arrastrar por su corriente de fuerza total.

"Samuel" es otro pedazo de hachazo de riffs repetitivos y colosales que da paso a "Kising" donde demuestran a las claras sus intenciones, donde lo que prima no es la rápidez ni la explosión de la distorsión y si la fabricación de sonidos extenuantes.

"My fool heart" es otra de esas piezas que se te clavan en la retina de su oir. La banda sigue su linea recta de tensión controlada, con zarpazos que se dibujan en el aire, que provocan sopor y urgencia. Lo suyo siempre fue urdir pesados cielos de hipnóticos, bucles de post hardcore nuclear  ("Non dual bliss").

Para terminar, "Put your hand in my hand", un viento frio de melodía esquelética, un grito en mitad de la ausencia, nihilismo visceral desde acantilados de punk sin artificio.

martes, 5 de febrero de 2019

CLOUD NOTHINGS. "Last building burning" (2018)


Pedazo disco que se han marcado Cloud Nothing. Basta de muestra la inicial punk "On a n edge", para darte cuerta de que posiblemente estemos ante la producción más redonda de la banda de Dylan Baldi y sus chicos. Gritos al viento, armazón eléctrico que te hace temblar, un volcán de ruido cautivador.

No han perdido su deje melódico que les acerca a trabajos tan incontestables como "Here and nowhere else" (2014), lejos de la baja general de intensidad que supuso "Life without sound".

Y es que cuando se ponen melosos te arrebatan ("Leave him now"), con una tensión que va creciendo a cada paso, que no te deja respirar. Hay veces hasta que me recuerdan a Social Distortion cuando este nos crujían el alma ("In shame").

Todo "Last building burning" esta bendecido por arista y pavor, por una incontinencia tanto vocal como instrumental. "Offer an end", es una pócima de veneno  punk con alma de pop, con el volumen crispado y el feedback rompiendo paredes y bastiones. Como "The echo fo the world" un frenesí delicado y voraz, donde la banda tiene tiempo de casi parecer a un combo de shoegazing con mala leche.

La canción que más impacta del lp es "Dissolution", diez minutos donde tienen tiempo a confeccionar un artefacto repleto de disgresiones, de aristas, ruda, himno de la decepción, jugando a la perfección con arreones de indie punk y una larga especulación instrumental. Devastadora.

Nos queda para el final, otras dos bellezas repletas de catarsis punk; "So right so clean", con la voz rota, entregada a la demolición, y "Another way of life", otro rotura de suspiros que te llena la cabeza de fuego.

Bievenido pues este quinto disco de un grupo que vuelve por sus fueros, con una potente ensalada de indie punk.


domingo, 3 de febrero de 2019

ORCHESTRA BAOBAB. "Specialist in all styles" (2002)


Ya es hora de que recuperemos a este monumental banda de Senegal. Escuchar "Specilist in all styles" es mirar de nuevo al continente africano para llenarnos de ritmo, de especias de calor, de movimientos pélvicos del corazón.

Famosos en su día por la repercusión que tuvo su disco "Pirates choice", que puso la música del mundo en la diana donde desde occidente tiraban sus miradas críticos y buscadores de otros sonoridades, este "Specilist in all styles" es todo una caja de sonoridades para disfrutar.

"Bul ma miin" y "Sutukun", son don regueros de son africano para hacerte bailar mientras te tomas, porque no, un buen pelotazo de ron. Porque lo que hace Orchestra Baobab con maestría es unificar Africa con las querencias cubanas, con la salsa de echarte unas risas, sin perder nunca de vista la singularidad del sonido africano.

Juntan a la perfección las soflamas del Caribe ("Jiin ma jiin ma"), con el swing del desierto ("N'dongoy daara") y tampoco se quiebra cuando confeccionan ska esqueléticos ("On verra ça") o pequeñas incursiones en baladas de olor a traición ("Hommage a tonton Ferrer").

Para terminar, "El son te llama" y "Gnawoe", de nuevo el Caribe como centro donde irradiar músicas y voluntades, irrupciones y calores que nos inflaman y nos incitan a danzar. Orchestra Baobab. Pura adrenalina rítmica.


jueves, 31 de enero de 2019

LOS ENEMIGOS. "Un tio cabal" (1988)


Reconozco que mi etapa favorita de Los Enemigos es la de los 90. Discos como "Gas", (1996) o "Tras el último no va nadie" (1994), formaron parte por muchos factores, de mi banda sonora personal de aquellos lejanos tiempos. Y por su puesto ese dueto compuesto por "La vida mata" (1990) y "La cuenta atrás" (1991), producciones que fueron las que me acercaron a la banda de Josele Santiago.

Sin embargo sus dos primeros discos, "Ferpectamente" (1986), y este "Un tio cabal", y no sabiendo bien porque, siempre los he ido relegando a un tercer grupo donde ubico el resto de su discografia. El caso es que "Un tio cabal" merece recuperarlo y volver a votar con canciones como "Sanchidrian".

Fino Oyonarte entra en el grupo sustituyendo a Michi González al bajo, y hasta el Reverendo aparece por aquí para darle sentido a las teclas. El disco posee temas redondos repletos de blues y rock, como "Soy un ser humano" y vaciles de esos que perduran a traves de los años como la vibrante "Boquerón".

De guasa y coña te llenas con "No protejas tu medio", para en "Que bien me lo paso" toparnos con Los Enemigos más bluseros que te puedas imaginar. Mi favorita, "Yo, el Rey", un himno de Los Enemigos. Como "Septiembre" y otra ristra de temas que perduran en nuestra psique, en nuestro insconciente colectivo, formado por ese puzzle necesario de piezas para enderezar nuestro cansado cerebro.

Flipas con el rock eléctrico de "John Wayne" y con la letras y música de "No amanece en Bouzas?". En definitiva la máquina ya estaba a punto. Ese Cadillac de barrio herrumbroso ya estaba listo, preparado para regalarnos el sonido que durante tantos momentos tuvimos en nuestra vida como pantalla acústica de alegrías y edades. Grandes Los Enemigos.


martes, 29 de enero de 2019

FRED THOMAS. "Aftering" (2018)


Intento estar siempre atento a las novedades que salen. Son tantos los lanzamientos, que muchas veces se pierden joyas que con el paso del tiempo, quizás topes con ella. Menos mal que éste no es el caso de Fred Thomas, músico de Michigan que lleva 15 años producciones potentes discos de indie rock, power pop y efluvios transcendentales.  Este "Aftering" le pillé a tiempo.

Menuda joya de disco. Para no parar de escucharle. Irradia buen rollo desde el inicio. Y eso que empieza melancólico y taciturno con esa belleza que se llama "Ridiculous landscapes", muy en la onda The Blue Nile.

Los dos siguientes temas, "Alcohol poisoning" y sobre todo "Hopeless ocean drinker" son unas maravilla de indie rock, onda Pavement, para tararear y comer piruletas. Lo bueno de este "Aftering" es que engancha desde la primera escucha. Te pones "Good times are gone again" y los malos días se esfuman de la semana por la rendija de la alegría.

La más potente del disco es la saltarina "Altar" con Anna Burch de acompañante vocal. Toda una delicia de power pop aterciopelado. Pero este "Aftering" contiene mucho más que indie. "House show, late december" son ocho minutos de tristeza ambiental, de ruidos que se meten en tu mañana, mientras Fred habla y el silencio se rompe con una mirada, una sacudida íntima, el fuego que se apaga. Grandiosa canción.

"Mother, daughter, pharmaprix" es otro monumento para enervar sentimientos. Acústica, arpegios de guitarras, balada que suave te coge y no te suelta. Y es que todo "Aftering" es una delicia que no debes de perderte. Canciones de esas construidas con calor, cariño, íntimas y sobrecogedoras.

Fred Thomas no descansa y nos lanza al vacío "Slow waves" con Ashley Hennen, atmosférica y voraz, piano que arropa y que da paso a la última del disco, "What the sermon said" , acompañado con Elliot Bergman confeccionando  otro artefacto ambient dotado de grandes dosis de hechizo y ensueño.

Lo dicho, un inclasificable artista al que hay que tomarle muy en serio y que nos regaló uno de los discos más edificantes de 2018.


domingo, 27 de enero de 2019

DAVID BOWIE. "Reality" (2003)


Ahora que se acaba de cumplir tres años del fallecimiento del artista total, del mas grande icono mundial de la música rock, pop, precursor de tantas modas e ismos, es el momento de recuperar uno de los discos más potentes e interesantes del duque. Y es que le echamos tanto de menos, que tenemos como deber gustoso atacar su discografía por todos los flancos posibles.

"Reality" que vino después de ese otro gran trabajo llamado "Heathen" (2002), se grabó en los EEUU, y es un puntazo donde David desde el principio asume que desde la sencillez se pueden construir monstruosidades como "New kill star", o la versión de Jonathan Richman, "Pablo Picasso".

En "Never get old" divaga sobre la condición de mortalidad que a todos nos persigue y "The Loneliest guy" lenta y suave, nos engatusa como sólo el sabia hacerlo, con el piano en medio de una sala donde los grandes ojos de David hacían de faro y pulso para no perdernos en el mar de la mediocridad.

Grande son "Looking for water" y "She'll drive the big car", viaje por las turbulencias del arte, por ese mundo creado por Bowie donde pernoctaba la necesidad de romper moldes, y la actitud siempre firme de no caer en eufemismos ni en repeticiones aburridas.

"Days" tira de guitarras acústicas para llamarnos a subir más el volumen y en "Fall dog bombs the moon", parece un trasunto de Neil Young and Crazy Horse. Rock eléctrico para no tomarlo a guasa, potente y sideral.

El disco termina con la canción estrella. "Bring me the disco king", un portento de jazz para nightclubs donde el almasólo se pueden curar con gemas como ésta. Sobrecogedor. Después de "Reality" , Bowie tuvo una parada de 10 años hasta su siguientes disco ("The next Day" ). En 2004, tras una actuación en Hamburgo, tuvieron que operarle con urgencia de corazón. El guerrero tuvo que parar su combate contra las medianías. Se paró, se bajó de su nave espacial, y nos dejó 10 años sin noticias discográficas.

"Reality" forma parte pues, de lo más brillante de su última etapa, donde vemos a un artista en perfecto estado, regalándonos dosis y dosis de arte con la única condición de escucharle y dejarte llevar. Grande Bowie, su ausencia sigue presente, sus discos que son su legado, artificios para no perder la pista al más grande músico de toda la historia.


viernes, 25 de enero de 2019

LINDA GUILALA. "Psiconáutica" (2016)


No ando muy descaminado si digo que junto a Silvania, este disco de Linda Guilala es lo más acertado que hemos escuchado en castellano en lo referente a shoegazing. Porque estos 20 temas (la mitad del disco son introducciones de poco minutaje pero que sirven a la perfección como enlace para este viaje de ensueño) son un prodigio de exaltación del ruido, la delicadeza y la poesía.

Eva e Ivan,los culpables de este belleza sideral, consiguen impactarnos con sus arrojos de feedback a toda marcha, ("Monstruo"), o calabazas de pop planetario de ese que te deja con ganas siempre de más ("Cosas nuevas).

Y en este su segundo disco tras "Bucles infinitos" (2009), te piden subir el volumen de tu equipo para sondear con ellos galaxias donde el corazón se permita el gusto de latir con fuerza lunar ("Fobia Social I"),o navegar con la voz de Eva en un estanque de aguas repletas de pecado.

A veces se dejan llevar por el aire una tecnología naif, abstracta, ("Cayendo-2ª Reciviva"), otras se enredan en un laberinto de pop de ensueño para volar ("La última vez (1ª recidiva))". Todo fluye como en un embalsamiento de ruido blanco, de luces que se apagan y encienden, como cuando suena la alegre "Accidente".

"Abstinencia" es otra de las cumbres de un disco que es puro disfruto instrumental, luciérnagas en un camping de eclipses de colores, programación especial para emocionarte con distorsión y jaleo. A su manera se parecen a los Jesus and the Mary Chain ("Fobia social II"), o a una recreación particular de Cocteau Twins, como cuando nos engatusan con la florida "Ansiedad".

Grupo de archipiélagos sónicos, de luceros sin trampa ni cartón. Shoegazing de aquí sin rubor ni fragilidades tontunas. Me gustan. Se disfrutan. Un buen grupo de nubes flotadoras.


miércoles, 23 de enero de 2019

LISABÖ. "Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen" (2018)


El último disco de Lisabö fue mi regalo de reyes. Un disco que salió casi en el fin del año y que supuso el mejor lanzamiento de 2018 de los salidos por aquí, y creo que no me equivocó si digo que también se merece estar en el podio del 2019. No creo que nadie pueda superar la pegada que destilan estas canciones que te corroen, que te envenenan, que te hacen vibrar como hace mucho no sentías.

Escuchar "Eta edertasunaren...." es una experiencia sensorial, física, que requiere de un buen volumen y del espíritu abierto a estas toneladas de electricidad que te deja patidifuso. Hacen bien empezar con la nota introductoria de "Errautsaren bezpera". El segundo disparo ya rompe el cielo: "Nomden zirkulu tematia".

Y es que ya teniamos mono de Lisabö desde que saliera "Animal lotsatuen putzua" hace ya siete años. Y joder si ha merecido la pena la espera. Karlos Osinaga y el colega Jabi Manterola han conseguido que con solo escuchar el nombre de su grupo, eches gozosamente a temblar.

Todo el disco es para degustarlo con calma y con furia. Una maravilla de esas que necesita que todo el mundo se entere, contagiar a los colegas con la ponzoña vital y nihilista de una banda que siempre te ha dejado boquiabierto, y con este trabajo confirman que no hay nadie como ellos.

Porque cuando suena "Olio tantak ezpainetan", con esas guitarras violentas, posthardcore de fábricas derruidas donde osarios de acero esperan su reconversión en hachas o en rosas de esas que son una daga para el corazón, te quedas sin palabras  El torbellino no cesa, el helicóptero con sus hélices de sueños gastados, potencia, devastación, herrumbre y al final del tema un paisaje ambiental casi cercano al post rock.

Luego, una de las cumbres del cd, "Oroimena galdu aurretik idatzi gabeko gutuna", un volcán donde el grupo expresa toda la inflamación sónica que modulan tan a la perfección. Brusca, brutal, como una locomotora cuya maquina despide humo de desesperanza, como un ariete que rompe los muros que nos atenazan. Y ese parón que hacen al final de la canción, tristeza desgarrada que te perfora, pulsión que se iza sobre nuestras cabezas mientras ya no podemos resistir más tiempo sentados en el sillón.

"Hegaldiaren etenaldian" es el siguiente envite en el camino donde hay momentos que casi se parecen a los Swans y otros en los que cabalgan como también hacen en un contenido avispero de distorsión, gritos y lírica en estado de alarma. Para quitarse el sombrero. Una maravilla de esas que cristalizan en una obra demencial de principio a fin.

Para terminar, el desbordamiento de "Amuz inguratuta", (precisa y cortante, cirugia noise , bravata que te llena de emoción, que te supera con sus alfileres de feedback), y "Denboratik kanpo bizi garenok", perfecto punto final a un disco que te deja sin respiración. Lo dicho, desde ya un disco clásico que nadie con buen gusto se debe de perder.


domingo, 20 de enero de 2019

LONG FIN KILLIE. "Houdini" (1995)


Banda a recuperar. Asi, de primeras. Con solo tres discos, los escoceces Long Fin Killie merecen la sustracción del imperio de la desmemoria. Capitaneados por Luke Sutherland (más tarde en una banda llamada Bows), el cuarteto comenzó con este "Houdini" una breve carrera músical que acabo en 1998, y donde el post rock, los crescendendos guitarreros y la lírica están ensamblados en un rutilante sonido.

Y es que desde el principio consiguen embriagarte. Compañeros de generación y de sello (Too Pure) de Moonshake, Pram o Laika, escuchas la envolvente "(A) Man Ray", con sus trompetas cadenciosas y su aire atmosférico, y no te queda otra cosa que empezar a volar. En "How i blew it with houdini", con la voz brumosa de Sutherland en medio de un telescopio musical , desarrollan una amalgama de post rock con aire arty, chulo, espacial.

Cuando más me gustan es cuando aparece la electricidad en forma de alto voltaje ("Homo erectus"), elaborando vaho venenoso siempre en medio de un decorado estelar que cruje y atrapa .En "The heads of dead surfers"  cuentan con el apoyo del desaparecido cantante de The Fall, Mark E. Smith, como pinceladas ácidas de bendita locura y caos.

"Love smothers allergy" es un puntazo de instrumentación. una ralladura donde al unísono el grupo concreta su fascinación por las punzadas eléctricas en un mar de constantes divagaciones. En "Houdini", cabe todo y más.  Sutherland puede confeccionar una perfomance de versos encantandos en "Hollywood gem", y a continuación en "The Lamberton lamplighter", la mejor del lote, lo más parecido a un hit, donde por momentos me recuerdan a The Wedding Present. Pelotazo.

Pero la filiación de Long Fin Killie por sonidos más experimentales es donde se sienten más agusto. Temas como "Corngold" y "Idiot hormone", donde especulan entre mandolinas, pianos, susurros para soñar. Dejan para el final, los trece minutos de "Unconscious gangs of men", una muestra más del poderío sónico que atesoraban.

Después de "Houdini" vino "Valentino" (1996) y "Amelia" (1997), y el grupo de disolvió pacificamente entre brumas y eones. No hay nada como recuperar los archivos sonoros de otras épocas para comprobar la intensidad y calidad de bandas que surgieron y desaparecieron en un santiamén en una polvareda de tiempo que se agota.


jueves, 17 de enero de 2019

LAS BUENAS NOCHES. "Un mal dia lo tiene cualquiera" (2011)


Si el primer disco de la banda sevillana Las Buenas Noches, "Aventuras domésticas" me gustó por su particular manera de enfocar el concepto folk, este segundo largo, "Un mal dia lo tiene cualquiera", los pone en alguna parte de la frontera que colinda con propuestas como Wovenhand.

Sus canciones paracen surgir de una especie de western noir o de una comarca perdida de la Pampa, donde la voz de su vocalista Rubén Alonso, arrolla, mientras las banda nos sumerge en una intrincada atmósfera donde los instrumentos viven del caos y la demolición ("El fin del mundo" y "El hombre del tiempo").

El gran Miguel Brieva (también en la banda) es el que se encarga de la magnifica portada, que parece llamar a la escucha de una de las propuestas más interesantes, por su falta de ubicación en estilos y modas, por su hechizo constante desde que inicias su audición. "La jungla", mi preferida, suena a los Andes. Como "Tucumán" y su deje sinuoso que te engancha y te mece.

"Crimea" es una corriente de experimentación zingara que da paso a "Media vida", costumbrismo con banjo y fatuos fuegos que recorren espanto, palabras que se clavan, perdidas irreparrables. "40 ladrones" es canción de fogata y coyotes, temperaturas altas, andamiaje sonoro a rebosar de pulsiones añejas.

Para el final, la bizarra "Oda a la seguridad", los acerca a Pony Bravo, y "El día de tu boda" es el tema que ponen al final del camino para convecerte, si aún no lo estás, que hay otros mundos aparte de la música independiente.


martes, 15 de enero de 2019

BILL RYDER-JONES. "Yawn" (2018)


Qué gusto es toparse con artistas como Bill Ryder-Jones. El que fuera guitarrista de The Coral, en éste su tercer y mejor disco, (tampoco hay que perderse "A bad wind blows in my heart" (2013) y "West kirby country primary"(2015)), confecciona un potentente ejercicio de slowcore rompe corazones.

Y es que desde que se inicia el disco con la sobrecogedora y afilada "There's something on your mind", sabes muy bien donde poner este precioso disco: allí donde reposan los cds de The New Year, American Music Club o Red House Painters. Y uno que es aficionado a los desgarros emocionales, a la levedad confeccionada de arpegios de rocío, este "Yawn" es como la perfecta banda sonora para el ensueño.

"Time will be the only saviour", como el resto del trabajo, es una paleta donde los susurros de Bill Ryder-Jones se cruzan con silencios que te desgarran, creando climax de otoños perpetuos. Cuando no aparecen los destellos eléctricos, te dejas llevar por un folk de terciopelo donde es fácil perderse y volar, como en la brillante "Recover".

Pero cuando se hace verdaderamente exquisito el mensaje de Bill Ryder-Jones, es cuando nos suelta en mitad de proclamas de dolor, raciones de feedback encrespado y sentimental ("Mither"). Oir "Yawn" es instalarte en un porche a la luz de la tarde que se apaga mientras suenan maravillas contagiosas como "And then there's you" o la indescriptible "There are worse things i could do", bellezas que ronronean, suavidades que diseñan esperanzas y rubores encantadores.

Un disfrute de comienzo a fin."Don't be scared, i love you" es el culmen de la catarsis de un lp redondo, que sabe llegar al corazón, que te saca la lengua como el chaval de la portada, para que sonrias mientras te estremeces con flipadas como "John". Ayuda que la mayoría de las canciones superen los 4 minutos. Hay que tener tiempo para escribir sobre intensidades y nubarrones de luceros.

Bill Ryder-Jones, un nombre a seguir, un elaborador de sensaciones que parecen que no se apagan cuando el disco se acaba, y queda áun en el aire la huella del fin, ("Happy song"). De lo mejorcito que salió en el año ya marchitado. No hay que perdérselo.


domingo, 13 de enero de 2019

KILLING JOKE. "Pandemonium" (1994)


Cuando en 1994, Killing Joke sacaron este "Pandemonium" la banda llevaba 4 años en barbecho. Muchos pensamos en esa época que una de las formaciones punteras del post punk había pasado a mejor vida después de haber cosechado un abanico de discos de esos que quitan el hipo ("Revelations" (1984) o "Outside the gate" (1988)), pero por fortuna nos equivocamos.

Y eso que el inicio del disco con el tema que titula el álbum parece que La Broma Asesina se había pasado al tecno. Pero no, a continuación viene el pistoletazo de metal industrial que es "Exorcism" y sonreímos agradecidos por que Jaz Coleman y sus chicos continuaban ofreciéndonos de su magia negra a raudales

En "Pandemonium", Coleman abraza los sonidos más metálicos, pero sin dejar de lado la épica oscura que acompaña a su larga y vasta historia ("Millenium"). Estas tres primeras canciones se grabaron en la pirámide de Giza. No es de extrañar pues cierto álito mortecino oriental, como lo que se refleja en "Communion".

Sin embargo mis preferidas vienen de la mano del sonido característico de Killing Joke que todos conocemos. Himnos como "Black moon", o salvajadas instrumentales como "Labyrinth" son fiel reflejo de la capacidad de Coleman de aturdirnos con su mesianismo de oscuridad.

Me quedo loco cuando vuelvo a escuchar "Jana", y la introducción de teclados y máquinas de ritmos en temas como "Whiteout" siguen sonando actuales a fecha de hoy. "Pleasures of the flesh" y "Mathematics of chaos", ponen el rip a un disco de esos que los fanáticos de este enorme grupo disfrutamos como si 1994 estuviese a la vuelta de la esquina. Y es que Killing Joke, eran mucho Killing Joke. Todavía estamos esperando noticias suyas tras el monumental "Pylon" de 2015. Seguiremos pues oido avizor....


jueves, 10 de enero de 2019

DEERHOOF. "The runners four" (2005)


El séptimo disco de esta bizarra y elegante banda, es quizás mi favorito de toda su larga carrera que llega hasta la actualidad. Su casi hora de duración es un conjunto efectista de todas las armas que atesoran para elaborar una especie de pop malsano repleto de rendijas donde se cuelan sonidos siderales, ecos de noise pop, donde todo esta permitido.

Y mucho en su haber tiene la cantante y bajo Satomi Matsukazi para que Deerhoof sean lo que son. Los dos primeros temas del disco, "Chatterboxes" y "Twin killer" son una barrabasada de sonidos orates, con esa vocecilla diablo de Satomi y esos ruidillos que aparecen y desaparecen en desbandada.

"Running thoughts" tiene un aire de indolencia infantil que acaba casi en sonidos progresivos, como "Vivid cheek love song", eléctrica y mágica que da paso a "O'Malley, former underdog", o como reinventar a Stereolab con lucecillas nerviosas y espasmódicas.

"Odyssey" es una nana que te llama a guerrear y el inicio guitarrero de "Wrong time capsule" es puro indie rock nervioso y esdrújulo. Así son Deerhoof, una bella anomalía en el pop, un nervio loco que raya en cordura. Cambios de ritmos inspirados en tiempo de psicodelia ("Spirit dities of no tone"), junto a dulzuras envenenadas que te llevan a la desesperación más sana ("Sream team").

El cuarteto se mueve a sus anchas por un terreno donde ellos mismos son agrimensores sin pretensión de invadir terrenos ajenos, y si de cultivar extrañas mezclas en viñas que acarrean viajes que te harán gozar ("You can see"). Una hora que pasa en moto y sin casco, y que también tiene momentos tranquilos como la bella "After me the deluge" y otros paraxismos que recuerdan algo a The Breeders como la bestial "Siriustar".

Un puntazo recuperar esta antigua joya repleta de teclados planeadores, "Lemon & little lemon" y bebidas en horizontes premeditados de emoción, como la impactante y sinfónica "Bone-dray". Y así hasta el ocaso del cd con esa vesanía que se llama "Rrrrrrright".

Deerhoof, no hay nada como empezar año y mes con esta calentura lunar de sonidos para no encasillar de un combo que no tiene desperdicio, con una discografía de esas que no te debes perder ningún trabajo.


martes, 8 de enero de 2019

DEAD CAN DANCE. "Dionysus" (2018)


Estamos de enhorabuena. Tras seis años sin saber de ellos, Lisa Gerrard y Brendan Parry vuelven a llenarnos de misticismos, de músicas de otros siglos, de espiritualidad a lomos de carcajadas de rocío. "Dionysus" es un disco más imprescindible en su dilatada carrera, otra colección de temas divididos en dos actos, y desde que empieza el primero con "Sea borne", es como si hubiesen creado una pócima secreta para detener la dictadura del tiempo.

Dionisio, el dios griego de la vendimia, del vino, de la exaltación, es la figura que se fijan Lisa y Brendan para soñar almas libres de condena. "Liberator of minds" es sensualmente oriental y "Dance of the Bacchantes" es lujuria, voces de fiesta, bacanal y mil sueños.

El segundo acto comienza con "The mountain" con el aporte vocal predominante de Brendan, y que deja paso a "The invocation", donde ese torrente sonoro que nace de la garganta de Lisa, se convierte en un paseo por fuentes y mares en un oriente que se halla en la psique de los cuentos.

"The forest", es gótica y saltarina y el final con "Psychopomp", donde parece que está llamando a fin de viaje, al ocaso de un salmodia repleta de sensaciones y goce. Dead Can Dance siempre será un lujo para el escuchante. Su música siempre fuera de las leyes de lo que se oye en la actualidad, es un fiel reflejo de la inquietud de dos músicos que parecen tener el don de la sorpresa eterna.


domingo, 6 de enero de 2019

JULIO DE LA ROSA. "M.O.S." (2004)


Con "M.O.S.", empezó su trabajo en solitario el que fuera miembro de El Hombre Burbuja. Primer disco de una de las carreras más interesantes nacidas al albur del lirismo y que cuenta también con una buena representación de bandas sonoras para películas (a destacar sobre todo su labor compositiva en "La Isla mínima").

"M.O.S." es el disco más árido y guitarrero de su discografía ("A pleno sol") y donde de nuevo la pluma y los textos predominan como eje fundamental en unas canciones que funcionan desde la primera escucha por su épica de corazones robados ("De no verte").

"Braille (segunda parte)", intuye lo que nos encontraríamos en discos posteriores de Julio de la Rosa ("La herida universal" o "Pequeños trastornos sin importancia"). Rozan en "Otro de sus juegos"  una especia de slowcore cabreado para en "El monstruo nunca duerme", volver a componer rimas asonantes, dolorosos versos de esos que dejan huella y no se borran.

Siguen las guitarras en "Otra felicidad" , para en "M", regalarnos su cara más acústica. En "Más tus huellas que mis pasos" parece que estuviésemos frente a una versión personal de Sr. Chinarro, para en "Agua turbia" tirar por la calle de en medio con electricidad y fogonazos cardiacos.

Me gusta como suena "Para mis heridas". Himno que vuelves y vuelves a poner para quedarte dormido con la sonoridad de "Entresueños". Potente pues y necesaria recuperación de un autor de esos que siempre ha ofrecido buenas excusas para gastarnos los cuartos con sus discos. Mi preferido, sin duda, "Pequeños trastornos sin importancia", sigue siendo imbatible. Este "M.O.S." una delicia a disfrutar entre frío y ojos cerrados.


miércoles, 2 de enero de 2019

PSYCHIC TV/ PTV3. "Hell is in invisible....heaven is her/E" 2007)


Nos quedamos con las ganas de saber que hubiera pasado si como quería Genesis P-Orridge, hubiese unido su carrera a Ian Curtis. Fue justo antes de su suicidio cuando el ex-Throbbing Gristle, le propuso al desafortunado cantante de Joy Division la unión de ambos en un proyecto del que solo podemos ya intuir la monstruosidad que podía haber salido de allí.

Genesis P-Orridge, es el gran agitador de la escena más alternativa, cuando lo alternativo es de verdad transgresión y ruptura. Aparte de los citados Throbbing Gristle, también transitó en Pigface y otras bandas, siendo Psychic Tv, su verdadero vehículo de lucimiento de su discurso total.

Psychic Tv/PTV3, es el nombre que dio a otra vuelta de tuerca, al nacimiento desde la putrefacción de otra banda que comparte con Psychic Tv, el post punk, la psicodelia setentera, el artrock más inclinado al desbarre... Bueno, la verdad es que te dejan poca opción a calificar una música que depara sorpresas a cada escucha.

El disco, versa sobre el concepto de muerte hasta la resurrección del cuerpo en medio de un torrente de lava espiritual. Hay queda eso. Y el lp es un compendio de ese arte devastador al que Genesis P. Orridge nos tiene acostumbrados. El empiece no puede ser más bestial, con ese riff de guitarra que parece sacado de un álbum de The Police, ("Higher and higher") y que continua con el post punk oscuro de "In thee Body" con Nick Zinner de Yeah Yeah Yeah a la guitarra.

"Lies,and then" suena a años ochenta por todos los costados y en "Maximum Swing", aparece Gibby Haynes, de The Butthole Surfers, para darle aun más riesgo y locura al asunto. "New York Story", casi parece una nana de la Velvet y "I don't think so" es una barrabasada psicodélica que tira para atrás.

Un disfrute para empezar el año la escucha de este disco. Sientes que no hay contención, que todo fluye por una corriente de libertad extrema donde Genesis y sus músicos, como ha sido siempre, van mas allá de la siempre creación musical ("Hookah chalice").

Luego te topas con el vacile de "Just because" y la salmodia electrónica de "Bb" para terminar el disco con la oriental "Milk Baba". Una delicia para no parar de escuchar, un autentico torbellino de sensaciones, de luces y neones, este disco que gustará a los buscadores de islotes nuevos a descubrir. A los que ya le conocen, una estrambótica vacación de riesgos.