jueves, 16 de mayo de 2019

PJ HARVEY. "The hope six demotion project" (2016)


Lo reconozco. La última vez que disfruté de un disco de PJ Harvey fue con el lejano "Stories from the cities, stories from the sea (2000). Seguidor acérrimo de sus primeros trabajos, la ví en directo un par de veces, y en aquella lejana época estaba plenamente enganchado a ese huracán de fuerza que desprendían sus discos.

Mis dos favoritos, "Dry" (1992) y "Ride of me" (1993). También me emocioné con esa bomba que fue "Too bring you my love" (1995), pero a partir del "Stories..." me fui desenganchando de ella. "The hope six demolition", no es un mal disco, tiene buenas canciones, pero ya no es lo mismo.

El disco nace de unos viajes que hizo Polly con el fotógrafo Seamus Murphy por Kosovo, Afganistán y Washington, y todo está envuelto en un trasfondo de necesaria crítica social. En lo musical hay de todo. Himnos de rock como "The community of hope", pequeños trallazos matizados por la voz de Harvey, "The ministry of defence", o aproximaciones casi sin querer a Morphine, como "Chain of keys".

Me sigue faltando la mala leche, la embestida que proponía en sus inicios. Imagino que eran otros tiempos, otras circunstancias, otra PJ. "River anacostia" apenas me dice nada, como la neofolk "Near the memorials...".

"The orange money" es un querer y no poder y levanta algo el vuelo con "Medicinals" y el blues de "The ministry of social affairs". También me gustan los vientos de "The wheel", y en "Dollar, dollar", vuelve a incidir en lo irregular.

Lo dicho, buenas letras, buena implicación de PJ Harvey para un disco que no me hace quitar de la cabeza esa tormenta que fueron los primeros años de este torbellino que se fue difuminando con el paso del tiempo.


martes, 14 de mayo de 2019

PERRO. "Trópico lumpen" (2018)


Lo han vuelto hacer los murcianos. Tras el asombroso "Estudia, navajas", (2015), este "Trópico lumpen", de principio a fin, desde que suena la arrogante y visceral "Celebrado primo" y terminan con la sideral "Ese tu frescor", es un compendio de post punk con aires del trópico ("Sin ser yo nada de eso"), una celebración de fulgor y victoria, de fuerza y electricidad.

Lo pones en tu plato y el disco te pide volumen alto. Y eso es bueno. Miras la portada del lp y te puedes imaginar lo que puedes hallar dentro. Hasta hay veces que tienen un deje a Pony Bravo ("Por mí, lo que veais"), pero lo suyo son las aristas, las sonoridades bastardas, un krautrock de esos de andar por casa, amateur y para nada repleto de paranoias.

"El sereno" es punk fabricado con acritud, un minuto y medio como un rayo que no cesa y que da paso a "Supercampeones" donde los sintetizadores toman al asalto la pista de baile, como unos Talking Heads enfebrecidos por la conmoción del momento.

Aunque cuando me gustan de verdad es cuando te aprisionan con sus distorsiones malsanas ("Pickle rick"), o cuando producen vaciles del tipo "Campamento golifa". En "Disco mascota" viajan hasta en los 80 con esos teclados pasados de vuelta para volver al trallazo fino con la bestial "Cronobecoins".

Terminan "Trópico lumpen" en plan jam sessions de tripi ("Ese tu frescor"), una manera como otra cualquier de atinar, de dar en la perfecta diana. Perro, ladrador, mordedor, agitador, lo que hace falta para huir de la mansedumbre.


domingo, 12 de mayo de 2019

PETER SILBERMAN. "Impermanence" (2017)


El lider de la banda de art rock The Antlers, Peter Silberman, nos regaló un disco de esos que es como una catarsis envasada al vacío, una calmada experiencia que entronca al escucharlo con Jeff Buckcley, de quien se fija tanto en la voz como en esa forma tan atinada de observar y musicar el silencio en sus amplias formas ("Karuna").

"Impermanence" es un disco que vale para tratar tu tristeza, para llamar a la siestas, como vehículo principal para atajar las tardes de los domingos, para sentarte en el sofá con tus auriculares arañando leves arpegios mientras las notas se estancan en un murmullo febril, en una suavidad que te hace conmover ("New York").

Ninguna huella queda de The Antlers en este su primera incursión en solitario. Oyes "Gone beyond" y te entran ganas de gemir como un aguacero. Leves apuntes de guitarra, luces que van acabando mientras Silberman canta rondando calles de lírica, vacíos existenciales llenados por un deseo, lamentos largos que no se paran más que con la sensación de afrontar la lucha por la supervivencia de un recuerdo.

La gestación de este disco nació de una infección aguda de oído del ex-The Antlers, que le hizo recluirse en un bunker rodeado de margaritas para cristalizar su dolor en este sobrecogedor "Impermanence".

Llegamos a la cuarta canción de las 6 que tiene el álbum, y nos enroscamos en la ferocidad calmosa de "Maya" en sus dilemas de sombras y vahídos, de letanías que no para de expandirse en esa siguiente parada que se llama "Ahimsa". Para terminar la que da titulo a este bálsamo para la desdicha, otra pastilla para denegar del ruido. Calma, mucha calma, sueño y buen despertar.....


viernes, 10 de mayo de 2019

MEWITHOUTYOU. "Brother, sister" (2006)


El título de este tercer disco de los norteamericanos Mewithoutyou, proviene de un canto de San Francisco de Asís. Las letras de la banda tienen todas un componente espiritual, religioso, influencias del sufi Rumi y de otros heterodoxos de la religión. Valga lo dicho, para situar a un grupo, que en lo musical, que aquí es lo que más no interesa, supo edificar un buen material de descargas de rock medicinal.

La primera "Messes of men", te pone en alerta, para empezar con los himnos que bien pudieran estar en la discografía de los primeros Buffalo Tom, ("The dryness and the Ryan" con Jeremy Enigk de Sunny Day Real Estate, de apoyo vocal), o adentrarnos en un folk acogedor de acordeones y nupcias tranquilas ("Yellow spider").

"A glass can only..."  es sediciosa, ácida, con las guitarras trucadas de distorsión y con su orador cantante Aaron Weiss repartiendo consignas de panes y vinos. Canciones redondas que salen disparadas a borbotones, melódicas y expresivas, ("Nice and blue pt.two") y otras tonadas más contenidas pero manteniendo siempre la tensión ("The sun and the moon").

"C-Minor" tira de épica, cabalbando a lomos de trompetas que suenan a barrunto y "In a market dimly lit" busca en el sosiego un estado emocional donde hallar en los cielos la luz que tanto anhelan buscar. Buena instrumentación, buena pegada, potentes arreglos de electricidad.

"O porcupine" es otro de los puntos fuertes de un disco que no para de percutir y donde "In a sweater poorly knit" pone el punto y final a un buen manual de desgarros emocionales envueltos en consignas de religión. Me quedo con la música y su reguero de espasmos.


martes, 7 de mayo de 2019

FONTAINES D.C. "Dogrel" (2019)


Los irlandeses Fontaines D.C., con este primer disco, se merecen competir con Idles para estar en lo más alto en ese trono de grupos que darán mucho que decir, que nos inundan con vehemencia de guitarras y proclamas contra los malsanos tiempos que vivimos.

Llevo escuchando este disco tres días y no puedo parar de moverme y gozar cada vez que lo pongo. Adrenalina, urgencia, tensión y juventud a mansalva. Empiezan con "Big" y te recorre una fiebre de excesos y electricidad para en "Sha sha sha", regalarnos una vacilada de esas que como tantos temas del disco tienen el ojo puesto en The Fall.

Los descubrí con "Too real". Vi el video y empece a interesarme por ellos, a intentar saber de donde venían. Habían sacado singles por entonces, hasta que no hace mucho nos regalaron este seguro de los mejores disco del año 2019.

Tienen melodía, tienen un cuerpo de distorsión siempre controlado que te lleva de la mano hacia los 80, y sobre todo, lo más importante, les sobra originalidad y valentía para plantarse con canciones redondas, sin ningún bajón en todo el disco ("Television screens").

"Hurricane laughter" es de las más punk del lote, con su bajo machacón, y con una tensión que va subiendo a cada segundo. De nuevo la sombra de Mark E. Smith se pasea por el filo de la navaja de sus guitarras, de su intensidad brutal. Y después de este inicio tan potente, llega la que quizás sea mi canción preferida del año, la que más veces he puesto, la que repito y repito sin parar cuando me pongo "Dogrel": "Roy's tune", una maravilla de indie pop que te hace erizar la piel, que te pone en pie, que te quita las penas, que te hace salir al balcón y mirar al cielo mientras las cigueñas se adueñan de un pedazo de nube. Colosal es poco, un tema de esos grabado a fuego que seguro aguantará las embestidas del tiempo. Yo siempre me acordaré de "Roy's tune", de su decadencia, de su tristes notas, de su vivaz arrogancia.

Después "The lotts" coquetea con el post punk con otra buena dosis de espasmos corrosivos, de oscuridades siempre radiantes y perennes. Fontaines D.C., tocan muchos palos, y siempre aciertan en sus pasos. "Chequeless reckless" es otro de los brillantes aciertos de un trabajo que se pasa en un suspiro, que es un huracán de juventud indómita, de ordalías de guitarras y concreción brutal.

Otro single punk, "Liberty Belle", otra canción para poner patas arriba Dublín, mientras Fontaines D.C. nos recorren con sus fábulas de geometría imposible de domar. "Dogrel" pasa en un santiamén, es un bálsamo que cura y cristaliza cuando te topas con urgencias del tipo de "Boys in the better land". Y terminan pareciéndose a The Pogues con "Dublin city sky", balada de resaca de amor y extrema soledad, perfecto punto final a uno de los discos que seguro que correrá como la polvora. No hay que perdérselo.

domingo, 5 de mayo de 2019

CARLA BOZULICH. "Evangelista" (2006)


Grabado en el sello canadiense Constellation, (el label madre de Goodbye You Black Emperor), "Evangelista", fue el segundo disco de la cantante norteamericana, un trabajo, que desde que suena la amenazante "Evangelista I", navega en mares procelosos de odio y ruido, de catarsis y de folk apocalíptico.

A mitad de camino entre Swans y Tom Waits, el álbum es un oratorio confesional de catarsis oscura ("Steal away"), donde de repente te das de bruces con espasmos de esos que te dejan descolocado, alambre en la voz y nubarrones que amenazan y te dan por saco, como en la espeluznante "How to survive being hit by lightning".

El piano es el especial protagonista de la melancólica "Inside sleeps", y "Baby, that's  the creeps" se mueve en arenas movedizas de decadencia y truculentas atmósferas para rendir pleitesía a la oscuridad total.

El cancionero también se para en el semáforo donde Scott Walter y Low tienen sus colores que nos guían por sendas de esas donde la luz esta prohibida, donde es fácil perderse entre ladridos de demonios y urgencias de caos. La versión que ejecuta de "Pissing" de Low, casi supera a la original y "Nel's box" es otro de los temas donde más se acerca a la pura decadencia.

Termina "Evangelista" con "Evangelista II", otra proclama furibunda de nostalgias y astros oscuros, de medianoches vencidas y lobos que esperan su momento para apoderarse del viento. Carla Bozulich, un valor seguro de negritud.


jueves, 2 de mayo de 2019

MICHEL CLOUP DUO. "Danser danser danser sur les ruines" (2019)



Espero la llegada de un nuevo disco de Michel Cloup como un feliz acontecimiento. Lo he seguido desde sus tiempos de Diabologum, más tarde Experience, y luego en su provechosa carrera en solitario.

Hacía 4 años que Michel Cloup nos tenía en tono standby, cuando sacó el magnífico "Ici et là-bas", y la verdad es que la espera ha merecido la pena. Acompañado por Julien Rufié, cuando empieza a sonar "Gagnants" te das cuentas que cada disco nuevo de Michel Cloup suena como el anterior pero siempre con matices para hacerlo distinto.  Podemos aprender sus canciones y ponerlas en cada disco de memoria.

La forma de cantar de Michel, es la de siempre, recitando malestares, componiendo mantras de sonidos raros, en su universo peculiar, pequeños himnos para devorar la realidad que trata de hacernos ovejas en un rebaño de seres siempre uniformes. Suena "Amnésiques heureux" y no te queda más que levantar el puño y gritar basta.

"Les invisibles", single en toda regla, es una prolongación de distorsiones, con el altavoz de Michel anunciando apocalipsis cotidianos, especulación de ruidos que van y vienen, los dos colegas se les nota que disfrutan de su agitación continua. "Le futur dans tes yeux", con sus soniquetes tecnológicos da paso a "En ne pensant à rien", otro de los trazos álgidos de un disco que hay que escuchar varias veces para que sepa a catarsis.

Después "Le jour d'après, celui qui suit" continua por la senda de canciones rugosas con efecto rápido adictivos. Como la minimal "Et bien au-delà", otro pedazo de conmoción juguetona con asperezas, con melodía, con pegada que te mueve y te reclama.

Acaba el disco con "Les vrais héros ne meurent jamais", y la mejor del lote, "Nous perdre dans nos rire", momentos que siempre encontramos en los discos de Michel, que nos ponen la piel de gallina, ternura dura, palabras que vuelan por espasmos, sinceridad y duda.

"Danser danser danser sur les ruines", otro cd para la mochila,para ampliar el campo de batalla de tracks para llevarte al corazón. Lo ha vuelto hacer. Pura poesía, potente electricidad repleta de solvencia y efectividad.


martes, 30 de abril de 2019

PAUL WELLER. "Saturns pattern" (2015)


Con que fuerza abre Paul Weller el que fue su disco 24 en solitario. "White sky", muestra a las claras las rugosidades del viejos mod que se resiste a apalancarse, a soltar lastre y a disfrutar sin aspavientos de una recuperación de sonidos de toda la vida.

"Saturns pattern" continua el camino que abrió "Sonic kicks" (2012), y en temas como el que titula el album, roqueando sin pasarse, se le ve más suelto que una liebre. En "Going my way", con piano incluido, confecciona una fabula de pop entre nebulosas de dulce psicodelia.

El disco es puro disfrute, es alegría y también mucha electricidad. Como en la galvánica y potente "Long time" que me hace recordar la chulería del maestro Iggy Pop. El soul también tiene su sitio en "Saturns Pattern": "Pick it up" es negra y sudorosa, rítmica y total.

Y como no tocar la electrónica desde la atalaya del jefe mod con "I'm where i should be", un pequeño himno repleto de melodías cándidas y positivas. Soul pop con burbujas y trajes de baño te encuentras en "Phoenix", con coros de otra época, con pianos de cola vermut.

Para terminar, "In the car...." con aliento blues y la más larga del album "These city streets", lounge music para tiempos calurosos. Buen disco pues este "Saturns pattern", de disfrute inmediato y con sufiente energía como para no cansarse de él.



sábado, 27 de abril de 2019

METAL URBAIN. "Anarchy in Paris!" (2004)


Cuando en 77, los Sex Pistols y The Clash, ponían patas arribas todo Inglaterra, en Francia, Metal Urbain sacudieron las cadenas de la opresión de lo fácilmente digerible y fueron el grupo punk que tuvo el honor de ser los que llevaron a cabo su misión de subversión contra el orden establecido.

Clode Panik, Pat Luger y sus colegas, no se cortaban. Iban al grano, y enarbolaron el estandarte del punk con temas como "Panik" o "Paris maquis". Lo suyo iba de himnos para hacer pogos sin mirar a nadie, con teclados que se colaban ("Hysterie connective") y haciendo que algunos vieran a Metal Urbain como una versión gala de The Fall.

"Anarchy in Paris" es un recopilatorio de sus canciones más importantes, entre las que podemos destacar el desparpajo vacilón y ruidoso de "Lady coca cola", la vehemencia punk con caja de ritmos trotona de "Cle de contact", o esa proclamación en "Pop poubelle" hacia toda la mierda pop que rodeaba una época, y donde Metal Urbain metían cizaña de la buena.

Steve Albini y los Jesus and the Mary Chain intentaron recuperar el legado de una banda que se separó en 1979, pero que después de tantos años, siguen siendo todo un referente cuando toca escarbar sobre el urderground galo.

No han perdido vigencias trallazos como "Ultra violence", o supuraciones arcaicas con tecnología de andar por casa como la bizarra "Numero zero". Punk, sólo punk. ¿Para que quieres más?. Danzad, danzad malditos mientras subes el volumen y te ponen como una moto cuando suenan petardazos como "Atlantis" o "Anarchie au palace".

Metal Urbain. El punk que te hace sonreír, la insolencia de la juventud, finales de los setenta y colores en el pelo, pintas estrafalarias y mensajes de asko. Vive la Revolution !!!!!!


jueves, 25 de abril de 2019

NIÑOS DEL CERRO. "Lance" (2018)


Me gustan Niños del Cerro. El quinteto que viene de Chile, a logrado con este su segundo largo, aumentar el placer que supuso el toparnos con su anterior trabajo, "Nonato Coo" (2015). Lo suyo es pura y bendita anomalía que pincha en el noise pop, en los sonidos de su tierra y en una psicodelía de esas para tirar cohetes, como en la radiante "Sufre".

Lo suyo es ritmo, una paleta de colores musicales que te hacen bailar ("Contigo"), y a veces ponernos en la memoria los buenos tiempos de esa otra banda que se llamó The Boo Radleys ("Flores, labios, dedos").

NIños del Cerro consiguen que sus canciones suenen envolventes, diáfanas, crisálida que se convierte en un arco iris que cruza el cielo entre aullidos de distorsión. "El sueño pesa" es una buena muestra de ello. "Las distancias" es otro bombazo que explota levemente, que se eriza entre una multitud de abrazos multicolores, de expresiones para soportar hastíos.

La más extraña del cd es "Lance", pura psicodelia cruzada con pop de tamaño colosal y que da voz a "El susto y el miedo ", delicado dream pop convertido en una fabula que consigue emocionar con su leve catarsis.

Para terminar recurren al piano en "Melisa/Toronjil", pura adrenalina sensual, sonidos andinos metidos en un florero de calcamonías imperecederas. Niños del Cerro, adolescentes del noise más exótico, una apuesta a seguir.


martes, 23 de abril de 2019

PAPERHOUSE. "Adiós" (1995)


Nadie ha podido todavía quitar a Paperhouse con este "Adiós", el trono a la mejor banda de slowcore que hemos tenido por estos lares. El grupo del Nacho Umbert, asilados en el imprescindible sello Acuarela, nos regaló un montón de motivos para hacerles hueco en nuestra discografía junto a Codeine, Seam y otros amanuenses de lo lento.

"El soldado", con sus siete minutos de sueño en penumbra, con sus guitarras que lloran mientras Nacho nos seduce con su antología de palabras que voltean silencios, es el inicio de este "Adiós", repleto de aristas envolventes, de luces de neón basalto.

A veces, parece que estemos en un mundo donde Umbert ha quedado con Antonio Luque para hablar sobre sueños de juguetes, aerosoles de ternura ("Gato de pandora"). "Adiós" (único disco de Paperhouse, luego vendría años después la interesante carrera en solitario de Nacho Umbert), es un compendio de vitalidad cristalina junto a unas letras desbocadas que viven de costumbrismos y rarezas, como la fantástica "Ali Baba" y su continuación en ".... y los cuarenta ladrones".

Te hechizan con la picardía pop de "Doble cuerpo", para en "Capitán soledad", navegar en un estanque de guitarras mecedoras, de susurros que explotan en una calma que sabes que nunca se va a romper.

Toca emocionarse a raudales con "Las estrellas también son grandes", pura proeza de instrumentación crisálida, para en "Azul mar", volver a un slowcore concreto y de bajos latidos. Para terminar "Pesadilla en navidad", líquida, febril y comatosa. Un gusto que se queda y no se va. Toca pues recuperar a Paperhouse. Un homenaje merecido a las cosas bien hechas.


domingo, 21 de abril de 2019

WILCO. "The Album" (2009)


Pedazo séptimo disco que se marcaron los Wilco con este homónimo disco, que se abre quizás con una de las canciones más sobresalientes de su repertorio, la eléctrica y efectiva "Wilco (the song)". Y es que el grupo que nos cautivó con "Yankee hotel foxtrot", consiguieron con este disco que la magia siguiera latente, que la invasión del virus Wilco continuara placenteramente su viaje ("Deeper down").

Jeff Tweedy y sus chicos continuaron enebrando agujas para coser estelares melodías que reparten suculentos manjares melódicos, irradiando radiación con voluntad de permanencia, aditivos que te dejan feliz, como cuando te paras en la emocional "One wing".

Este disco, que vino después del irregular "Sky blue sky", fue una buena manera de que los seguidores de Wilco se volvieran a enganchar a su rock americano que roza lo experimental y abraza la tradición ("Bull black nova").

"You and I", es ligera y estremecedora, y "Your never know" es una auténtica rompe pista, con ese piano que se lleva el premio, con ese creación acogedora de canciones para perdurar. "Country disappeared" es un festín de cantina y luceros y "Solitaire", calmosa y neocountry te deja pidiendo más.

Luego nos llevan de la mano con "I'll fight", para en "Sorry feeling" acercarse como solo ellos hacen al espíritu Beatles. "Dark neon", con su tecnología de andar por casa, despide un disco de pleno disfrute, rock bien hecho, con hechuras, y que pasa en un santiamén.


jueves, 18 de abril de 2019

OLIVIER DEPARDON. "Un soleil dans la pluie" (2012)


El día es perfecto para escuchar este disco. Con la que esta cayendo, el sol, si está en la lluvia, tendré que comprarme unas gafas especiales para radiografiar gotas y así vislumbrar algo del astro rey. "Un soleil dans la pluie" fue el primer disco del cantante galo, conocido por haber formado parte de Virago, quizás la formación francesa más importante en el ámbito del post hardcore.

Y la verdad es que se marcó todo un disco de indie rock, sombrío, con aristas, con mucha melancolía y con las guitarras que a veces lloran y se crispan, ("Je suis"), y otras forman parte de una ola de himnos de esos que te dejan buen cuerpo ("Naitre un jour" o "De bonne heure" son una buena muestra de ello).

En algún lugar cercano de los fundamentos musicales de Michel Cloup, Olivier narra más que canta y sus palabras, repletas de desgarro, tienen un buen armazón instrumental detrás ("L'objectif"), y la capacidad de realizar piruetas de slowcore para engatusarnos con sus arrebatos eléctricos (a veces me recuerda a Mendelson),como en la vibrante y cautivadora "En mission".

No me canso de escuchar "Le vent si fort", otro hits de esos que Oliver se saca del sombrero, trotando entre calmas que a veces se llenan de fogatas de agua, lagos de sombras que pasan y se quedan un rato en mitad de nadas absolutas. Y las guitarras que siguen su paso, detrás, eficaces escalpelos de melodías que te enganchan.

"Dans te yeux" es otra de las magnificas composiciones que poco a poco levantan el tono de voz, que se enredan en una maraña de efluvios de catarsis de distorsión siempre controlada. "Ici-alors" es la más enrevesada del disco, un portento de elucubración que da paso al final con el tema que titula el cd, perfecta manera de acabar este delicado e hipnótico disco.

Después de "Un soleil dans la pluie" vino "Les saisons du silence" (2015), y el mas reciente "Avec du noir avec du blanc", ambos imprescindibles para gozar de las artes de Olivier Depardon.



martes, 16 de abril de 2019

MONO. "Nowhere now where" (2019)


Grabado bajo la batuta de Steve Albini, el décimo disco de los japoneses Mono,quizás sea el más ruidoso de todos, el que más se enervan con las guitarras en un torbellino de esos que sabes que van a destripar los cristales de tu casa.

Y eso que empiezan tranquis con la introducción de "God bless". Pero en la segunda del disco, ya tienen el percutor preparado, los aullidos dispuestos para temblar racimos de bombas de incontención ("After you comes the flood").

Oyendo "Nowhere now where", bandas como Mogwai o Goodspeed Speed Your Black Emperor, se quedan pequeñas. Porque la propuesta de los nipones es brutal. Cuando se ponen líricos te dejan echo una mierda, ("Breathe), y cuando saltan desde el paracaídas del ruido más brutal, post rock sin prevaricación (la que titula el cd), te dejan los oídos como serpiente de cascabel de sordera.

Goto y Yoda, lo dos guitarristas que se encargan de encumbrar los aullidos de la desesperación, tejen molinos de ribetes de luces que son encomiables trajines de devastación, en himnos como "Sorrow" donde se ve a las claras la potencia que Albini ha logrado crear bajo sus controles. Suenan limpios, explosivos, actores en un teatro de marionetas donde los instrumentos viven en la noche de las irupciones definitivas.

"Parting" con su piano, es el punto tierno de un disco que es una apisonadora, un muro que tiene su climax total en "Meet us where the night ends", puro post rock avasallador. "Funeral song" y "Vanishing, vanishing maybe", ponen el epitafio del disco más logrado de esta banda que tiene por bandera urdir remolinos sentimentales de fiereza eléctrica, mapas sonoros donde el exceso y la poesía viven un matrimonio de lamentos de sueños, de voluntad de amor.




domingo, 14 de abril de 2019

RADIO BIRDMAN. "The essential Radio Birdman" (2001)

Junto a The Saints, son quizás los grupos más seminales de la prolífica escena australiana. El grupo de Rob Younger y Deniz Tek, bajo la influencia de los imprescindibles MC5 y The Stooges consiguieron edificar un potente sonido de protopunk, de rock con esencias de sudor y electricidad.

"The Essential Radio Birdman", es el disco que cualquier aficionado al buen rock sin aditivos tiene que tener. Explosiones rítmicas como "Aloha Steve & Daho", o roqueras inmersiones en un pozo de feedback destartalado ("Murder city nighst"), se citan junto cumbres de punk como la impresionante "New Race", temas de esos para incluir en cualquiera recopilación que se precie.

Vivieron varias épocas con más o menos fortuna, y este "The essential..." consigue que nos atrapen hasta cuando bajan el pistón con joyas con piano incluido como "Love kills". Pero la poderosa maquinaria de Radio Birdman se percibe en máxima potencia cuando te topas con el tonelaje de "Descent into the Maelstrom" o chulerías del tipo de "Burn my eye'78".

Para mi la mejor etapa de Radio Birdman es que se recoge en discos como "Radios appear" (1978) o "Living eyes" (1981), siendo los años que van de 1974 al 78, donde toda la potencia de la banda se convierte en un boomerang de rock abrasador ("Anglo girl desire"), con deliciosas paradas en momentos más calmados  ("Snake").

Punk de ese a piñón pijo que te hace mover el esternón ("Do the pop") y toda esa retaíla de fogosidad que no para que destilan tracks como "Crying sun" o "More fun". Grupo pues a recuperar de nuestros anaqueles viejos, protopunk canguro repleto de estríaas y mala leche.


jueves, 11 de abril de 2019

NO AGE. "Everything in between" (2010)


"Everything in between", fue el tercer disco de esta banda formada por el duo Dean Spunt y Randy Randall, y es, desde que se inicia con "Life prowler", una amalgama de noise pop radiante, de ruidos siempre con encaje melódico.

Ya me sorprendieron cuando sacaron "Nouns" (2008), y en su ultimo largo "Snares like a haircut" (2018), siguen manteniendo suficientes argumentos para que su sonido siga siendo atractivo. Aquí tenemos puzzles de sonidos que casi llegan al shoegazing como "Glitter" o arranques de distorsión de esos que te dejan sordos ("Fever dreaming").

Siempre sin perder la calma, estirilizados en una progresión hacia un torrente de ruido siempre matizado con crisoles de melodía que supura tensión, adrenalina juvenil por los cuatro costados, como la radiante "Depletion" o la naif "Common heat".

No se cortan para rallarnos con terapias minimales de choque ruidoso ("Skinned", "Katerpillar"), pero lo que mejor se les da es su afición por construir canciones redondas de esas que son torbellinos que solicitan encarecidamente una subida generosa de volumen ("Valley hump crash").

Hasta tienen la valentía de confeccionar pequeños arrecifes con referencias a la Velvet, como la potente "Sorts". La instrumental "Dusted" sirve de antesala para meternos de lleno en la lírica de "Positive amputation", sinuosa, triste, aliciente de dolor.

La que más me gusta, es ese torbellino que se llama "Shred and transcend", sinergia punk, caos y ua eficaz teleraña de electrificantes galimatías. No Age, buena banda de noise pop para soñar desiertos.


martes, 9 de abril de 2019

BOB MOULD. "Sunshine rock" (2019)


Estás en casa. Pones el disco en el altavoz de los sonidos. Tu dedo toca el play y suena la canción que titula este monumental disco de Bob Mould. ¿Cuánto tiempo hacía que no oía una melodía tan perfecta? Arropada como en los mejores tiempos de Sugar por un frenesí guitarrero que te desarma, no puedes dejar de flipar y votar con tamaño pepinazo.

Disco 13 en la carrera en solitario del ex-Husker Du, uno de los padres fundadores del indie rock que sigue en plena forma. "What do you want me to do" es un mastodonte de electricidad, aguerrida, contundente, y "Sunny love song" es una crisálida de efluvios sónicos con un deje pop de esos que tan bien sabe condimentar el amigo Bob.

Acompañado por el bajista Jason Narducy y el bateria Jon Wurster (Superchunk), "Sunshine Rock" quizás sea de lo mejor de su carrera bajo su nombre. Hasta se atreve con el punk en la vitamínica "Thirty dozen roses". Vaya pasada.

Y como Bob Mould le gusta tocar muchos palos, se deja llevar por los teclados y los medios tiempos en la fantástica "The final years". "Irrational poison" es otra gema de melodía para tararear y el pogo llega con la cruda y seminal "I fought". Puro desparrame.

Otro de los puntos álgidos de "Sunshine rock" es la envolvente y carne de single "Sin kin". Hasta cuando suena casi a Rem como en la tranqui "Lost faith", lo bordan Bob y sus chicos. Y es que el cd es un caramelo para retener largamente en la boca.

Acaban el lp, una versión del grupo holandés Shocking Blues, "Send me a postcard", y "Western sunset", perfecto colofón para un discazo de esos que te hacen rejuvenecer, pura metralla, adrenalina de un artista que sigue dandonos buenas noticias.

domingo, 7 de abril de 2019

ELLIS ISLAND SOUND. "The good seed" (2007)

Formados por Pete Astor (The Weather Phophets), y David Sheppard (State River Widening), los londinenses Ellis Islad Sound, es la banda que más se acercado al legado (a su manera claro está) de Penguin Cafe Orchestra. "The good seed" es un paseo por una especie de folk cinemático de ensueño, new age en ciudades sin rascacielos, en pueblos de queso y champú de vaca ("Angels Way").

Pete Astor no es nuevo en esto y se nota. "Auction of promises" es una oración poética de encantamiento y "The Villagers" te acaricia desde la voluntad primordial del disco, de conseguir canciones de esas que te acompañen en un viaje por la campiña. Tierna y sin artificio es "Cuckoo hill" y en "Count the cars" es cuando más se aproximan a ese minimalismo naif de los desaparecidos Penguin.

"The plaga walk" es un vals de urbes sin coche y "Swords reversed 2" es otra pincelada de colores cielos, donde los instrumentos desfilan en progresión geométrica de calma. Bonita y sin pretensiones son canciones tan elegantes como "Building a table" y "Dark lane", para entrar de lleno en "The waveney waltz" en otro galimatías de folk arrullador.

Luego nos engatusan con los juegos vocales de "Summoning the pharoah" , para acabar la aventura con la delicadeza especial de "The orchid". Ellis Island Sound. Música para escuchar el domingo tras comer. Un ordenada y sugerente colección de sonidos para bien arrullarte.


viernes, 5 de abril de 2019

NENEH CHERRY. "Blank Project" (2014)


"Blank Project" es un portento de disco. Grabado junto a Four Tet, la que fuera un icono del trip hop, se despacha a gusto con su voluntad de regalarnos pequeñas píldoras de electrónica minimal y de presión arterial por los suelos, como la inicial "Across the water".

Se nota su anterior proyecto como The Cherry Thing. Y es que ya han pasado un huevo de años desde que sacará "Raw like sushi" (1989), y su propuesta se ha hecho madura, con beats que rompen el cielo como la que titula el cd o espasmos de esos que te dejan torciendo la voz, con ese pedazo de estribillo eficaz y demoledor.

El trip hop aparece fantasmal en "Spit three times", para en "Weightless" sumergirte en una amenazadora guerrilla rítmica. Luego nos topamos con la caótica y expresiva "422" , que da paso a uno de los terremotos del disco, "Out of the black" , single de esos que se radian solos.

"Dossier" nos la muestra dulce y sin aspaviento, álgida voz que se mece entre drones de bajos y digitales expresiones para bailar. Para terminar, la más larga del lote, "Everything", otro salpullido de vibración y luces que no se achantan.

Neneh Cherry, aún tiene cuerda para ratos. Su ultimo trabajo "Broken politics" (2018), la vuelve a posicionar en ese lugar necesario donde el trip hop que todo conocemos, se transforma a su manera en nuevas formas de masticar  nuevos sonidos electrónicos.



lunes, 1 de abril de 2019

PEDRO THE LION. "Phoenix" (2010)


No ha podido ser mejor la vuelta de Pedro the Lion. El proyecto que desde finales de los 90 David Bazan tiene para engatusarnos con himnos de indie rock y slowcore, vuelve después de que bajo su nombre sacará "Care" (2017).

15 años han pasado desde que sacarán su último trabajo Pedro The Lion, "Achilles ' Heel", y la verdad es que se han fortalecido con un cancionero de esos que quitan el hipo. Canciones sencillas que te ponen la piel de gallina ("Yellow bike"), enormes progresiones melódicas de esas que te tocan la fibra y te piden subir el volumen ("Clean up").

Así es "Phoenix", una amasijo de tracks para soñar y para recuperar de tu memoria a bandas como Built yo Spill, American Football y otros cautivadores de emociones ("Clean up"). Porque lo suyo funciona buscando lo básico. Y lo básico es romperte el corazón como en la extraordinaria "Powerful taboo".

"Model homes" es otro tiro en el aire de slowcore tristón y a la vez terriblemente vitalista. Y es que estas 13 joyas se merecen escucharlas muchas veces para que se prendan en la asignatura pendiente de tus recuerdos añejos renacidos por una rutilante forma de agasajarnos con mimo y cariño ("Circke K").

Hasta parece que el espíritu de Buffalo Tom surca las garras de un disco de esos que deja huella ("Quietist friend"). "Tracing the grid" se embarca en silencios que no se rompen jamás y "Black Canyon", quizás de las más redondas del álbum, es otra maravilla de esas que te hacen poner en pie.

Para el final, al arreón de distorsión de "My Phoenix" y el ocaso triste de "Leaving the valley". Todo bonito, hermoso, cautivador, especial para alergias primaverales y estados anímicos falto de rubores y esencias musicales. Pedro The Lion. Joder, si hasta el nombre del grupo es evocador. No hay que perdérselo.



viernes, 29 de marzo de 2019

JAYE JAYLE. "No trail and other unholy paths" (2018)


Jaye Jayle es el proyecto de folk noir, con toques minimales de Evan Patterson. Ya nos cautivó con su primer largo "House cricks and other..." (2016), y este "No trail and other onholy paths", supone otro paso más en la prometedora carrera de un músico que nos pone la carne de gallina.

Para muestras el inicio de piano de "No trail:part one" y su oscura continuación con "No trail: part two", donde las referencias a Nick Cave son más que evidentes. "Ode to Betsy" es un arranque de furia premeditado donde las guitarras galopan en una estepa de flujos melódicos, de obscenos paisajes de decadencia.

Evan introduce pinceladas de electrónica en "Accepting", para en "As soon as night", llevarnos por sendas de tenebrosos minimalismo, de locuaces pinturas donde destaca el negro como color a seguir. Folk premeditado de susurros eclécticos te encuentras en "Cemetery rain", y "Marry us" nos da paso de nuevo a un universo donde siempre es de noche.

Para acabar esta senda de tenebrosidad espeluznante, acaban con "Low again street", donde parecen unos Black Sabbath ligeros de metal, adornados con vientos que se propagan como tormenta, indóciles veteranos de contiendas de dolor y desánimo. Jaye Jayle, otro corresponsal de la noche eterna que debemos anotar en nuestra agenda de direcciones negras.....


miércoles, 27 de marzo de 2019

MUDHONEY. "Vanishing point" (2013)


Mudhoney siempre han sido (y serán), un valor seguro. Cuando desprescintas un disco suyo ya sabes lo que te vas a encontrar en él. Los que fueron en mi opinión los máximos exponentes del grunge, no se andan con tonterías. "Slipping away", es fiel reflejo de una carrera sin ningún tipo de bache.

Mark Arm sigue gritando como antes, y la electricidad sigue saliendo a borbotones de unos amplis acostumbrados a estar acosados por la vehemencia de una banda que no se achica ni retrocede ("I like it small").

En "What to do with the neutral" nos seducen con una especie de blues arrastrado y minimal para en "Chardonnay" arrearnos con una adrenalina de punk de esas que rompe huesos. "Vanishing point" no te da tregua y la marcha continua con temas marca de la casa como "The final course" o "Is this rubber tomb".

Con el paso de los años, Mudhoney no pierden fuelle. Tienen la maquinaria bien engrasada para regalarnos vaciladas tipo Stooges ("I'dont remember you") o estalactitas de de blues gripado como "Sing this song of Joy".

Para terminar, "Douchebags on parade", otro arsenal de electricidad envasada en contundencia que no decae, que parece germinar sin parar de un combo que lleva alegrándonos la vida de los 90. El grunge que no muerte, Mudhoney vivos y coleando.


lunes, 25 de marzo de 2019

MINUS THE BEAR. "Menos el oso" (2005)


Oyendo a Minus the Bear, siempre me viene a la cabeza esa otra banda injustamente olvidada que fue Karate. Ambas se enfrentan al concepto de rock independiente saliendo de los márgenes trillados, y ejerciendo a su manera un idioma propio, con aristas, buena instrumentación, y sobre todo pegada.

Este fue el segundo trabajo de la banda de Boston, donde desde el principio lo tienen claro, con la inicial "The game needed me". Melódicas, rock sin apretujones, ecléctico y con sentido de la oportunidad. "Memphis & 53rd" suma a lo dicho un buen conjunto de arreones guitarreros, para que la contundencia tome al asalto los minutos.

Hay teclados que no sobran ("Drilling"), y una correoso actitud de transitar por arrecifes donde predomina la actitud del grupo de colapsar estilos: unas gotas de mathrock para todos los públicos, ("The fix"), tranquilos pasajes austeros donde la electrónica prima ("El torrente"), o rock en voz baja con reflejos de distorsión siempre controlada ("Pachusa sunrise") y hasta se acercan a algo parecido al grunge en la aguerrida "Michio's death drive".

El disco discurre con espasmos guitarras ("Hooray") y efectivas catarsis de inflamación emocional ("Fullfill the dream"), que siempre aportan excusas para que el álbum transcurra en un vaivén de sonoridades que nunca cansan.

En 2014 sacaron su último largo, "Lost loves", dejando un montón de sensaciones de banda como suficientes recursos como para pararse en ella.



sábado, 23 de marzo de 2019

MORPHINE. "Good" (1993)


Un bajo, un saxo y la batería. Estos tres instrumentos bastaron a la banda de Boston liderada por el desaparecido Mark Sandman para provocarnos cuando lo escuchamos un auténtico shock, a nosotros que estamos de lleno metidos en la vorágine indie noventera.

Este su primer disco, destila toda la fuerza y la atracción que irían desarrollando en sus trabajos a posteriori. La que titula el disco es la zanahoria que nos ponen para que subamos el volumen y dejar que "The saddest song", con su melancolía expansiva nos colapse la sangre.

Y es que si hay que poner un término para designar la música de de Morphine, ese es original. "Claire" parece una dentellada de jazz de club oscuro y "Have a lucky day" uno de esos clásicos que vence el imperio del tiempo es puro swing avasallador.

Menudo primer trabajo que se sacaron de la manga los bostonianos. Imagino la cara de muchos en plena época grunge cuando pusieran el disco y oyeran cosas como "You speak my languague", pura adrenalina de rock imposible de domar, violento y total.

En temas como "You look like rain", es el saxo (Dana Colley) el máximo protagonista para en "Do not go quietly unto your grave", volver a noquearnos con sus zarpazos de medicina rítmica. "Test-tube baby/Shoot'down", otro de los puntos fuertes del disco, redunda en esa facilidad que tenían para componer estrofas de rock clandestino con retoques de jazz.

"The other side" es tenebrosa, oscura, decadente, un mohín nocturno, un espasmo que te sacude y te hace gozar y las dos partes de "I know you" (I y II), ponen el punto y final a este comienzo de material discográfico que duro hasta que la muerte de Sandman en un concierto en Roma en 1999, puso el candado definitiva a uno de los proyectos más interesantes que surgieron en esos lejanos años.


miércoles, 20 de marzo de 2019

BLACK TO COMM. "Seven horses for seven kings" (2019)


Terror. Pavor. Música con un componente espectral que llega a lo más profundo de tu ser. Esa es la impresión que se te queda con la última obra del músico alemán Marc Richter, con su proyecto Black to Comm.

Ya antes nos había dejado helado con trabajos como "Alphabet 1968" (2009) o "Black to Comm" (2014), pero esta banda sonora del horror que es "Seven horses for seven kings" va un paso más alla. Sólo tienes que penetrar en esa sinfonía de caos que es "Asphodel mansions", introducción repleta de vesanía y espeluznantes goznes, para que quedes atrapado en este laberinto que te emociona y te repele a la vez.

Utiliza el estudio para confeccionar esta auténtica misa negra que tiene en "A miracle-no mother child at your breast" con sus drones terroríficos, con su malsano hedor, la cima de un disco de esos que incomoda y atrae, que no paro de escuchar mientras arropado por una manta y cerrando los ojos imagino el averno y su fauna demoniaca.

Dark ambient para temblar. "Lethe" es minimal, breve, intensa, como un paréntesis en este recorrido por los arrabales de las noches sin alma, donde es fácil perderse por calles sin luz, donde se olfatea el crimen, la llegada de la demolición total que tiene en "Ten tons of rain in a plastic cup", son su sonido industrial y apocaliptico, la respuesta a los eclipseres del alma. Aterrador.

Para un score de visceras y crimenes sin resolver valdría "Licking the fig tree", donde el sonido de un saxo loco, se mete por las rendijas de unos teclados que viven en el filo del peligro, de la sedicción. Y si has llegado a este punto, en el intermedio del disco, y aun no has dado al stop de su equipo, ya estas perdido.

Suenan los tambores de la guerra eterna en "Fly on you" un colosal artificio de siderales proporciones, que deja a Swans como una banda de pop. En medio del torbellino y los drones, un fuego artificial de música industrial, una sabana negra en medio del huracán, ondeando viejos pesares, moviéndose al compás del asma del cielo.

La cosa parece que se tranquiliza algo con el piano de "Double happiness in temporal decoy", una nana negra que da paso a "If not, not", otro retrato de la esquizofrenia de una época generadora de traumas, con voces fantasmales de niños y un cuerno de caza clamando truenos. El fin del mundo que se acerca sin poder hacer nada al respecto.

En el tramo final, dos motivos de esperanza; "Angel Investor", melancólica, casi shoegazing, con el mellotrón dibujando una puerta en el aire donde quizás podamos vislumbrar algo de paz y sosiego, bella, hipnótica, repleta de catarsis, andanada de céfiros que buscan un guiño del sol, un puzzle a construir, y sobre todo "The courtesan Jigokudayü...." (La cortesa Jigokudayu se ve a si misma en el espejo del infierno, vaya titulo), lírica confección de algo parecido a una melodía triste, entre capas de suspiros.

Uno de los mejores trabajos de este año, estoy seguro de ello. La música como creación de peligro,de sonoridades que dejan al oyente tocado pero no hundido, música para reflexionar, para cauterizar dogmas de oscuridades interiores. Black to Comm, sin duda desde ya un nombre imprescindible.


lunes, 18 de marzo de 2019

MISHIMA. "L'ànsia que cura" (2014)


Gran banda estos Mishima. Me gustaron desde que lo descubrí con ese portento de disco que fue "Set tota la vida" (2007), y no me he perdido ninguno de sus trabajos. Este "L'ànsia que cura" no podía empezar mejor con ese bulbo de pop inflamado que se llama "La brisa".

Oyendo a Mishima te entra buen rollo. El grupo catalán que emplea su lengua para dibujar orfebrería en lienzos de esos que perduran por el tono de su color,elaboró un conjunto potente de temas de esos que se prenden rápido en ti ("Mai mes").

Pop en mayúscula con temas tan redondos como "El corredor", o letanías para pararte el corazón en bocanadas de silencio ("El paradís). De nuevo las letras como en sus anteriores trabajos y los que vendrían después, son parte fundamental de una banda que la perdimos la pista cuando editaron "Ara i res" (2017).

Ayudados en la producción por Peter Deimel, conocido por sus trabajos con The Kills y Anna Calvi entre otros, todo el disco suena a una perenne primavera que no se acaba ("La teva buidor"). También funciona todo cuando ralentizan su luminosidad para acercarse a un folk acogedor ("Ja no tanca els ulls") o cuando se desperezan entre teclados de cielos ("Despertar amb caiguda").

El ansia que cura. El ansia para disfrutar de todo lo que nos embellece los días, los suspiros del devenir. Mi preferida, la roquera "Llepar-te", un buen collage de sonidos para seguir alegre hasta en los días regulares. Mishima. Valor seguro.


viernes, 15 de marzo de 2019

MERCROMINA. "Hulahop" (1997)


Tras "Acrobacia", (1995), los tres miembros de Surfin Bichos (con Joaquín Pascual a la cabeza y ya Fernando Alfaro impregnado de los ladridos de Chucho), todos esperabamos que su segundo disco fuese a continuar la senda de su inicio, continuando desde Albacete la saga sónica de los Surfin Bichos, pero a su manera.

"Hulapop", fue un descenso al pop, a la melodía más que a la rabia. Y esos que contiene tonadas como "Raspas de pez", que recuerda el pasado de sus componentes. Pero cuando te topas con "En un mundo tan pequeño", single de "Hulapop", sientes que Mercromina ansiaba alejarse de la sombra de la banda madre.

Me gusta "Espuma" y "Sacachorchos" porque te emocionan con pinceles de luces intermitentes, de hogares desangelados de ruidos agoreros. "Pequeña depresión", con sus teclados intrigantes y Pascual dándolo todo en su narración susurrante, es otro de los puntos álgidos del disco.

Las guitarras y el frenesí aparece en la violenta "Rayo uva", para de repente pararse todo en "Japón" con su tecnología de andar por casa. "Seca" es surfera por todos los costados y "Una tarde" reitera de nuevo la aproximación de la banda hacia pasajes nuevos a surcar.

Buen disco de un grupo que a los que siempre fuimos perro abollados, nos sentó como una bella alergia de primavera. Estornudos, ojos rojos, dolor de cabeza, dulce alboroto.


martes, 12 de marzo de 2019

SWERVEDRIVER. "Future ruins" (2019)


Estamos de enhorabuena. Una de mis bandas de shoegazing favoritas de todos los tiempos, está de nuevo con nosotros. Acogida en el sello de los escoces  Mogwai, Rock Action, "Future ruins" tiene suficiente empaque como para descansar junto a esa otra gema que fue "Raise" (1991).

En 2015 ya tuvimos noticias de ellos con el también interesante "I wans't born to lose you", pero me quedo con este "Future ruins". Y es que no se puede empezar mejor que con esa delicadeza llamada "Mary winter"; burbujas eléctricas, bromuro y melodías que te envuelven.

Shoegazing en vena es también "The lonely crowd fades in the air", y otras vesanías son lentas como el rocío que se permite le chulería de estar intacto en el la punta de una hoja, perenne en su sabiduría de agua que no lo es, como la que titula el cd.

"Theeascending" tira de un dream pop ensoñador, y en "Drone lover" casi parece que hacen un homenaje a Teenage Fanclub. La reostia los colegas. La cosa sigue en constante ebullición cuando te cruzas por el camino con "Spiked flower" airada psicodelia eterna.

Vuelven a convertirse en un paseo nocturno con la emocional "Everybody's going...", para de nuevo tirar de power pop brumoso en "Golden remedy". La más ácida del disco, "Good times are so..." es una pedalada de distorsión solidificada y jovial. Para acabar, la extraña "Radio-silent", otra postal de invierno para impregnar la primavera.

Lo dicho, una enorme noticia, que Swervedriver estén con nosotros en este perfecto estado de forma. Shoegazing, dream pop, levedad y locura. Todo a partes iguales o mezclado en un cóctel de esos que te arrullan y te llevan.



domingo, 10 de marzo de 2019

MARTHA AND THE MUFFINS. "Metro music" (1980)


Qué bien que suena en el tocadiscos a día de hoy, "Echo beach", el single que catapultó a la banda de Toronto como uno de los combos de new wave que mejor ha envejecido con el transcurso del tiempo. Formados en 1977, tuvieran que esperar a 1980 para sacar al mercado este "Metro music", todo un compendio de canciones de esas para estar siempre feliz.

Eran otros años, otra época. El dibujante que les hizo la portada, Peter Saville, era el mismo que se encargó de las cubiertas de Joy Division. En el mismo sello que salió este "Metro music", competían con OMD, los 80 era como un fuego de artificio que jamás se apagaba, y Martha and the Muffins, aprovecharon ese viento a favor para conquistarnos con cosas como "Paint by number heart".

Les gustaban los teclados a veces hermanados con Strangerls ("Saigon"), y la new wave elevada al cubo la tenemos presente en tonadas tipo "Indecision" o "Terminal twilight". Escuchas "Hide and seek", con sus arranques casi de post punk alegre y no puedes mas que subir el volumen y flipar con ese saxo juguetón que explota y silba.

"Monotone" es otro de los puntos fuertes de un disco que no decae en ningún momento. Otro arranque de catarsis bien entendida, la más ruda y árida del disco y que da paso a "Sinking land", como contrapunto, la más calmada, canción para un videoclip, pop artístico a disfrutar hoy en 2019.

Las dos últimas, "Revenge (Against the world)", y "Cheesies and gum", con ese sonido tan característico de la época, son otras dos andanadas de esas que se disfrutan en un periquete. Los teclados mandan, y las lentejuelas también.

El grupo para mi modo de ver, jamás superó este "Metro music". Y si bien su presencia siempre intermitente, acabó en 2010 con "Delicate", es en este disco de 1980, donde podemos ver todo el potencial de uno de los nombres más celebres de la new wave.


viernes, 8 de marzo de 2019

MEDICATIONS "Your favorite people all in one place" (2005)


Alojados en la casa de Fugazi, Dischord, Medications sólo nos regalaron dos discos y un mini elepe de cinco canciones. Este "Your favorite..", es para mi gusto lo mejor de su corta discografía caracterizada por un emocore heterodoxo, de raíces indies, con melodías a raudales ("Surprise!").

Devin Ocampo y Chad Molter, son los dos protagonistas de esta aventura de efectos conmovedores y eléctricos, como la casi operística "Or at least as bad". Otras veces, "Twine time" opta por la caña sin miramientos, dorsales en el pecho de fuerza y distorsión siempre emotiva, salpimentada de una instrumentación colosal.

"This is the part we laught about" es total. Es un torpedo que empieza como una lenta agonía, un estelar ración de humo eléctrico siempre llegando al himno y al arrebato. Como la danzarina "Magazines for entertainment",  rozando el art rock.

Luego nos topamos con la enigmática "Pills", para a continuación sobrecogernos de nuevo con esa ración de melodrama que ladra en "The last of the rest was the end". Cogen fuerza y saltan al vacío en "Opinions", donde si se parece a grupos del sello. Casi post hardcore, siempre eso sí, a su manera.

Para terminar este emocionante recorrido, nos ofrecen "I am the harvest", la más experimental del lote, y "Occupied", enorme manera de poner el punto y final a un disco de esos que hay que recuperar.



miércoles, 6 de marzo de 2019

THE TWILIGHT SAD. "It won/t be like this all the time" (2019)


Se nota que el apadrinamiento que Robert Smith ha ejercido sobre la banda escocesa. Así, a vuela pluma, y tras pulsar el play y toparte con "(10 good reasons for modern drugs)", es lo primero que te viene a la cabeza con este disco de The Twilight Sad.

Me sigo quedando con sus primeros trabajos (sobre todo "Forget the night ahead" de 2009), pero he de reconocer que los que disfrutamos como locos de los 80, este trabajo nos saca una malévola sonrisa.

Teloneros de The Cure, han aprendido de los popes, han suavizado su sonido sin perder con ello fuelle  ("Shooting Denis Hooper  Shooting)  construyendo un festival armado de sonoridades por todos añoradas y queridas. Un buen puzzle repleto de teclados y guitarras, donde la voz de James Alexander Graham resalta y sobresale.

"The arbor" me recuerda a Psychodelic Furs y "Vtr" es otra épica andanada de instrumentación que nos remite a tiempos pasados. Me gusta la tristeza que emana de "Sunday day13"  y en "I'm not here (missing face)" se deja llevar quizás demasiado por una búsqueda demasiado agradable de un post punk para empezar a llenar estadios.

Pero se lo perdonamos porque aun nos dan razones para vibrar ("Auge/maschine"), siempre con un pie en el acantilado de los suspiros por crear ("Keep it all to myself"). Mi favorita, la más acerada, "Girl chewing gum"; la que menos me convence, "Videograms", con su aproximación un poco innecesaria a Depeche Mode.

Lo dicho, se disfruta, me gusta, pero esperaba algo más. Un aceptable disco donde se ve que el bueno de Smith esta buscando heredero para el reinado en la corte Oscuridad.


lunes, 4 de marzo de 2019

DIRTY THREE. "Horse stories" (1996)


"Horse stories" es sin duda el mejor álbum de Dirty Three. Lejos de country oscuro de sus últimos tiempos ("Toward the low sun" 2012), las canciones que se destripan en éste su tercer disco están más cercanas al post rock que a cualquier otro estilo.

Un post rock triste de violines y de desiertos, de poso triste y a la vez violento. "1000 miles" es la que da el pistoletazo de salida a este viaje de la mano de Jim White, Mark Turner y Warren Ellis, compañero de correría de Nick Cave.

Los australianos Dirty Three saben bien meter el dedo en la llaga, sacudirnos con explosiones sónicas como "Sue's last ride", que empieza tranqui y acaba en una monumental batalla de ruido que estremece y daña. Luego, un té de sobremesa con la trágica y emocional "Hope", un vals de valles abiertos y corazones henchidos, un montón de luciérnagas al albur de la desdicha.

"I remember a time when once..." es otra concatenación de estruendos y distorsiones, de luminarias de rayos, de confeti nuclear, más parecido a Godspeed Black Your Emperor! que a los habituales pasajes sonoros que nos tiene Cave acostumbrados, el referente musical de Dirty Three.

Para subir el volumen y no bajarlo. La mejor sin embargo, es un himno a la tristeza eterna. "At the bar", instrumental (como todo "Horse stories"), una perorata de silencios y decadencia, una proclama de suspiros en amaneceres cárdenos de negritud. "Red" vuelve a las andadas de caballos descarriados, sufrientes animales que vagan entre tragos de rebelión.

El violín de Ellis nos deja sin palabras en "Warren's lament". Casi nueve minutos de cuerdas quejumbrosas, de luces que dan miedo y que son el punto de partido para el comienzo de "Horse", himno marcial, lamentaciones, sueños destartalados.

Para terminar, "I knew it would come to this", otro plan perfecto para acometer sacudidas noctámbulas, ardientes pasadizos de besos de lejía. Lo dicho, lo mejor de Dirty Three, un álbum que explota y que es un placer devastador.


viernes, 1 de marzo de 2019

STEPHEN MALKMUS & THE JICKS. "Sparkle hard" (2018)


Ya no tenemos entre nosotros a Pavement, pero nos queda Stephen Malkmus. Y es que oyendo el inicio con ese himno vital llamado "Cast off" parece que hubiésemos cogido un tren a toda pastilla hacia el calendario de los 90.

"Future suite" es una marcianada con ritmos entrecortados, algo psicodélica y muy juguetona y "Solid silk" acompañado por unas cuerdas que mecen una envolvente melodía, son solo la punta de lanza a este delicioso conjunto de canciones que a todos los melancólicos del indie rock de hace tanto tiempo, nos hará pasar un fantástico rato.

Malkmus y sus Jicks hacen un guiño a Wilco en "Biki lane", para en "Middle America" rompernos en mil pedazos con ese zigzag pop al que nos tenían tan bien acostumbrados Pavement. Melosa, cataplasmas de capas de insolencia indie. El torrente no para y en "Rattler" nos encontramos al Malkmus más ruidoso y divertido.

Más Pavement con "Shiggy", y en "Kite" especula con acierto en casi siete minutos de aspavientos sónicos, mejunge ácido y a la vez voraz. Hasta lo borda en la pop "Brethren", para acercarse al country acompañado de Kim Gordon en la perfecta "Refute".

Para acabar, "Difficulties/Let them eat vowels", perfecto ocaso para una delicia de álbum, que se disfruta de principio a fin de uno de los músicos culpables de nuestra afición a la buena música allá en los lejanos 90.


miércoles, 27 de febrero de 2019

MAX RICHTER. "Infra" (2014)


Para mí es el mejor compositor neoclásico actual. A parte de su labor como hacedor de música para películas, Richter es sobre todo conocido por su valentía para aunar como en el caso de "Infra", los violines y la melancolía de la música clásica, con pinceladas eléctrónicas que cohabitan en un mundo maravilloso donde se respira introversión ("Infra 1").

El disco nació como una colaboración con el coreógrafo Wayne McGregor y la artista Julian Opiae, que construyeron una obra de danza que se estrenó en el Royal Opera House de Londres. Richter puso su ladrillos instrumentales y germinó este estremecedor "Infra".

En "Infra 2", vuelve a jugar con los artificios tecnológicos mientras un violín pía como un ruiseñor, pidiéndote que cierres los ojos e imagines un escenario, unos bailarines, una negra moqueta de aspavientos, una luz que se apaga intermitente pidiendo voz y hora para hacer huir al miedo.

Grabado en el afamado sello Deutsche Grammophon, "Infra" es una delicia. Suena el piano en "Infra 3" y es como escuchar una cascada de agua que baja impoluta para borrar la suciedad de la tragedia. Gotas y gotas, notas en una pleamar de goce y suspiros.

Y entre tanta belleza, Richter se las apaña para introducir pequeños intervalos de sombras elecrónicas ("Journey 2") para que cuando escuches joyas como "Infra 4",  no te quede más remedio que hacerte con toda la discografía de este alquimista de los sentimientos.

Cuando llegas el tramo donde comienza "Journey 4", te ves impulsado a querer vivir en un mundo de burbujas y oxígeno de amor. Simplemente irresistible. Lírica de combate, pulsión motor de sueños que da paso a "Journey 5", minimal, pequeña, acogedora, un mohín de cielos.

"Infra 7" y "Infra 8", son las que ponen el punto y final a un lp delicioso, un espectáculo para los sentidos, que irremediablemente, te hace querer más, mucho más. Es como vivir perenne en un otoño inmortal, es como cerrar la puerta al ruido orate para dejarte llevar.....


lunes, 25 de febrero de 2019

SILVER JEWS. "American water" (1998)


Vaya maravilla. El grupo de David Berman, Mike Fellows y el Pavement Stephen Malkmus, siempre nos regalaron canciones que son como joyas de indie rock vitaminado mezcladas con esencias de neo country.

Este fue su tercer disco, y tiene de todo para disolvernos en una plácida escucha donde todo esta puesto en su sitio. Las raices campestres en "Random rules" y "Smith & Jones Forever", la electricidad instrumental de "Night society" o los vapores que son puro Pavement de "Federal Dust".

O ese pedazo de hit que es "People", vacilada indie, pasión desaforada, track redonda de esas para alegrarte una mañana de mal lunes. Me gusta, cuando Silver Jews se dejan llevar por el viento del desierto ("We are real"), y cuando hacen pequeños hits indies conjugando melodía, buenas guitarras con postales de radiación lunar ("Like like the the the death").

"Buckingham rabbit" suena decadente y espectral y "Honk if you're lonely", tiene migajas de folk embriagador. Para el final, "The wild kindness", otra reliquia recuperada de los anaqueles del tiempo, delirio lofi que alienta tempestades y candor.

Silver Jews, una banda a recuperar, ya desaparecida (su última producción data de 2008, "Lookout mountain, lookout sea"), y que hará las delicias a todos los amantes de Pavement. Un pasote.



viernes, 22 de febrero de 2019

MARK EITZEL. "Don't be a stranger" (2012)


El bueno de Mark Eitzel, venía de un parón forzoso debido a un infarto que le mantuvo retirado de la escena durante bastante tiempo. Él que siempre se afanó en interprerar latidos, en perforarnos con sus melodías que nos hacían palpitar tranquilidad y tristeza, tuvo que apagar su voz, intermedio en la creación para volver a coger fuelle y fuerza.

Este "Don't be a stranger" es un remanso de canciones íntimas y taciturnas ("I love you but you're dead" y "I know the bill is due" son una buena muestra de ello). Acompañado por el guitarrista y colega en American Music Club, Mark Pankler, y el batería de Elvis Costello, Pete Thomas, Eitzel se lo toma con sosiego, nos llena de dicha.

Huele a jazz "All my love",(ya aparecida en el disco de AMC, "The golden age") y "Oh mercy" parece una postal de un christmas oscuro y decadente. El folk es el refugio donde Mark escribe sus peroratas del sentir, sus auxilos sonoros ("Why are you with me"), fuego, leña y arrobo íntimo.

Siempre sobrecoge la voz de Eitzel. Y más cuando los teclados le arrullan en paseos nocturos como "Lament for Bobo the clown". Al final de este trayecto de vela y oscuridad animosa, nos regala "Your waiting" y "Nowhere to run", dos colosales colofones a un disco de esos que se escucha en intimidad, que se saborea con nostalgia.



miércoles, 20 de febrero de 2019

LA ESTRELLA DE DAVID. "Consagración" (2018)


He seguido a David Rodriguez desde que Bach is Dead nos atornilló los oídos con sus estridencias, o cuando con Beef, se las compuso para convertirse en nuestros Wire. Y como no caer rendido cuando hace siete años me topé con "Maracaibo", ya como autor autogestionando crisis existenciales, cantando hablando para que no nos perdamos nada.

Ahora llega "Consagración", y la emoción pervive, como el deseo de los dedos de volver a tocar el play para de nuevo escuchar el lp. Para empezar, no hay nada como "Me ha parecido que estuvo en mi cabeza", con La Bien Querida tocando la campana de voz, mientras David entona sus plegarias del día a día.

"Cariño" es bonita, con esos teclados tecnopop comenzando la carrera en una especie de tornasol de canción total y "Aceite" se te adosa en la cabeza, te pide que le escuches, dejarse llevar por la sensación de mil suspiros. "La primera piedra" es afterpunk, oscurilla con membranas en el corazón, siempre al acecho de lo que David nos cuenta con esa voz suya tan para tomarle en cuenta.

Si me tengo que quedar con una me quedo con ese himno que se llama "Noche de blanco Satán", un hit electrónico con ínfulas de tema a recordar cuando pase mucho, mucho tiempo. Deslumbrante esta estrella que se llama David, deslumbrante este desparpajo que prende latidos, que nos sumerge en el mundo particular de este gran artista.

En "La canción protesta" tira por el kraut rock con pestañas de Andalucía y "Sonia" con su piano introductor de sueños, nos acurruca y nos posee con su indómita atmósfera ambient. Así se pasa este "Consagración", en un santiamén. La que titula el cd también se llena de burbujas postpunk mientras las palabras se elevan en un constante torbellino de hechizo y magia.

Para terminar, "Amor sin fin", otro artesanal juguete para temblar mientras tomas un café a la sombra de un recuerdo. Si, tras Bach is Dead y Beef. La Estrella de David es un cuento que siempre acaba con ganas de más. Un dulce perfecto para los ácidos días que nos toca vivir.


domingo, 17 de febrero de 2019

GUADALUPE PLATA. "Guadalupe plata" (2018)


Quinto disco de Guadalupe Plata, quinta vez que tenemos que pararnos en ellos para llenarnos de blues pantanoso, de diablos que se acercan para que les acariciemos los cuernos con amor. Este disco es un portento. Desde la inicial "Barreño en llamas", canción rural de extremaución blues, no podemos parar de disfrutar con este abrupto mar sónico.

"Duermo con serpiente" es rock cósmico sideral desde una aldea de bandurrias y dejes de corazón. Ponzoña y veneno. Alabado sea el alma del blues. "Corral, corral", es un festival de frenesí, es como encontrarnos a Gallon Drunk en un pueblo de esos que nadie quiere, para pararte en él, cerrar los ojos y llenarte de legañas de blues.

Y te pones "Oigo voces",de Scream Jay Hawkins, con su vals de noches noctámbulas, de vampiros de amor, y no te queda otra que pasar a "Lo mataron", huracán andino, pulsaciones a cien, volutas de distorsión en cielos de cieno, murmullos y goznes de palabras desasosiego. Brutal.

"Maricarmen", tira de clasicismo rock, años 60 de corazón, para en "Paloma negra" volverte orate con una ración de cianuro blues. Colosal disco de Guadalupe Plata. Con ellos todo esta permitido. "No te vayas", la tengo grabada en la cabeza y "Diente de plata" te disloca los pies mientras bailas arruinando noches.

Para el final, "Corralera del veneno", y "Lobo aullador", descarriados blues de ese que se te clava en las encías del sentir. Estamos de enhorabuena. El blues del pantano tiene fiebre y nos recorre la piel con su peligro son. Que no pare pues de sonar estos aullidos sin contención, la Luna espera el rojo sangre del sonido devastador......


jueves, 14 de febrero de 2019

THE BELLRAYS. "The red, white & black" (2003)


Nadie como The Bellrays para aunar en un solo disco la urgencia punk de los Ramones con el soul de Sam Cooke. Y mucho le debe la banda a ese portento de voz que tiene Lisa Keakula. Un torbellino de esos que aprisiona y rompe cristales.

"Remember" y "Street corner", son dos maneras explosivas de comenzar este que fue su quinto trabajo, con 21 temas de esos que disfrutas de cabo a rabo. Contundentes y duros en "Sister disaster", calientes y urgentes en la descomunal "You're sorry now", o arengas para una revolución que muchos estamos esperando, "Revolution get down.

Quizás no llegue al nivel de mi favorito "Let it blast" (1998), pero este "The red,white & black", tiene el suficiente ácido como para que dar un paseo por sus surcos sea un disfrute máximo, una tormenta perfecta.

Hasta los medios tiempos, como la vibrante y soul "Used to be", contiene la suficiente bilis como para que amotinemos el volumen de nuestro reproductor. Pura adrenalina que en "Making up for lost time" se convierte casi en una aproximación muy particular a los Stones. Joder pedazo de trallazo.

Luego nos topamos con el punk desbocado de "Some confusion city" que sin posibilidad de descanso nos empuja a la extraña y caótica "Poison arrow". "Stone rain"  es otra de las piezas más vibrantes de un lp que no decae en ningún momento, y que tiene el punto más álgido en la absorbente "Voodoo train".

The Bellrays, punk soul solvente y especial, un millón de latidos envasados al vacío de la intensidad, un rumor que acecha, el vocerío de la discordia. Bestial.



martes, 12 de febrero de 2019

MALE BONDING. "Nothing hurts" (2010)


"Nothing hurts" fue la puesta de larga del grupo de Londres, Male Bonding, una colección atribulada de postales de indie punk con mordiscos melódicos, distorsión a raudales en un elenco de canciones que prometen no dejarte en paz.

"Year's not long" es el primer puñetazo de feedback arrebatador al que sigue al acecho la bestial y rutilante "All things this way". Escuchando a Male Bonding me vienen a la cabeza otros combos que nos hicieron disfrutar a lo bestia en los 90 como Adorable o Mega City Four.

Lo suyo son temas cortos con una descomunal pegada ("Your contact"), o el guiño melódico de "Weird feelings" con unos coros de esos que son como espinas para doler. La única canción donde flojean es "Franklin", demasiados inclinados a los aburridos Vampire Weekend. Pero es solo un paso en falso.

Luego sigue "Crocked scene", punk dislocador, pogo y ostias al viento. Joder, como revitaliza burradas de este estilo. Y les basta media hora para que sus 13 trallazos irradien lava que supura juventud y devastación. "T.U.F.F." es incendiaria, un coctel de urgencia e intensidad, un bálsamo para curarte malos rollos.

A veces se dejan el flequillo largo y dan la espalda al publico como los Jesus and the Mary Chain con la colosal "Nothing remains", para a continuación volcarse con aullidos noise con "Nothing used to hurt", la más larga del lote, con sus dos minutos 45 segundos.

"Paradise vendors" contiene suficiente veneno en sus aristas como que te pida el cuerpo subir el volumen hasta donde puedas llamar a la destrucción. La última noticia que tuvimos de ellos fue el interesante "Headache" (2016), en la misma onda de desgarro y rabia. Para vibrar pues con ellos.


domingo, 10 de febrero de 2019

THE YOUNG FRESH FELLOWS. "I think this is" (2009)


Justo en el año 2009, tras ocho años sin grabar con The Young Fellows, Scott McCaughey, sacaba con su otro grupo The Minus 5, un disco, y este energético y reconfortable "I think this is", repleto de canciones redondas, como sólo The Young Fresh Fellows sabían hacer.

La emotiva y power pop "The Guilty ones", el pop de porcelana de "Lamp industries", son solo dos muestras de un festival de canciones para llenar los cielos de arco iris, para espantar las tragedias. Robin Hitchcock fue el encargado de la producción del álbum y también aparece alguna voz suya en el disco.

"I think this is" es un colosal viaje hacia sonoridades de otros tiempos. "Suck machine crater", es un rock and rolk clásico de tupé y fiesta, y en  "Let the good times crawl" aparece el colega de Scott, Peter Buck (REM) para colaborar con el festejo. Y es que en nada ha cambiado el sonido del grupo desde que tuve la fortuna en los 90 de verlos en directo. Rock, actitud, buenos temas, excelente sonido.

Los 70 aparecen con pétalos irrompibles como la bestial "Never turing back again" y en "New day i hate" la más punk del lote, se dejan arrastrar por la incontinencia y la distorsión. Maravillosos. "Go blues angels go" pide playa y rock, y "YOUR mexican restaurant" tira de power pop de manual.

¿Qué más podemos pedir a un disco de los Fellows? Nada, que todo siga así, que nada cambie. Todo en su sitio. ROCK en mayúsculas, con sus diferentes ramas siempre mirando en la orfebrería de tiempos lejanos ("Shake your magazines").

La última noticia que tuvimos de ellos fue "Tiempo de lujo" en 2012. Esperemos que a no mucho tardar sus componentes se vuelvan a unir para concedernos el disfrute de oír canciones que nunca defraudan