sábado, 29 de abril de 2017

MEAT WAVE. "The incessant" (2017)


La verdad es que últimamente estamos de enhorabuena los que amamos los grupos que nos ofrecen sonidos con guitarras demoledoras, catarsis y melodía, sobredosis de adrenalina, ferocidad que puede con todo. Si antes caímos deslumbrados con los trabajos de Cloud Nothing y Cold Pummas, ahora toca a Meat Wave.

El trío de Chicago cuenta con la producción ni más ni menos que de Steve Albini. Y la verdad es que desde que empieza a sonar la brutal "To be swayed", notas que sí, que aun hay esperanza para los volcanes que desgarran.

"Tomosaki" es una voluta de ácido al viento, un aullido frenético que perfora y hace daño. Sonido demoledor, para subir volumen, para votar punk. Chris Sutter el vocalista, quiso plasmar en el disco su separación tras 12 años de relación y la verdad es que la angustia la ha sabido plasmar de una manera efectiva.

Suenan casi a mathrock en "Leopard  print jet ski" y "Bad man" es una bizarría donde los tres se colapsan en un griterio que da miedo, con una velocidad endiablada, con una pegada de esas que dan vértigo. "The incessant", grabado en el sello "Upset! the rhythm" conocido por su afición a no caer en el acomodo, sirve de cobijo para este pedazo de disco que hace que no pares de ponerlo en tu equipo.

Me gustan cuando parecen sosegados, como en "No light", abriendo campos para sus formas de generar campo de expansión de la energía sin controlar. Punk en estado puro es "Glass teeth", y la que titula el disco es un himno marcial, de esos que resquebrajan ventanas, que dejan astillas en el corazón. Dinamita pura.

La opresiva y postpunk "Birdland", nos dice a las claras que estamos ante un combo que no se le pone nada por delante, que son expertos fabricantes en cócteles para la sanación de nuestra apatía. Para terminar "Killing the incessant", la más ruidosa del lote, furibunda y retadora. Grupazo a tener en cuenta, gozos de distorsión.


miércoles, 26 de abril de 2017

DIRTY BEACHES. "Badlands" (2011)


Nadie como el músico taiwanés afincado en Canada Alex Zhang Hungtai, para traernos con oficio las formas que Suicide y Alan Vega tenian de diseccionar el rock con armonías y gritos, con minimales explisiones de primitivimo galáctico.

Este pequeño disco que apenas llega a la media hora, desde que suena la inicial "Speedway king", es todo un tratado de como recuperar la esencia de Suicide, actualizarla, casi con los mismos materiales, implosiones, oscuridades, letanías brindis al sol.

Aquí el rockabilly ha sufrido una mutación peligrosa, ha sido contaminado por una extraña enfermedad, un virus poderoso que en "Horses" hace que cabalguemos por una America repleta de freaks diambulando por callejones reclamadores de perdición y angustia. Algo parecido a Cramps con morfina suena "Sweet 17", baterian síncopada, sonidos sucios y la voz del taiwanés haciendo de las suyas mientras declama delirios.

La que más me ha gustado es "A hundred highways" preparada porque no, para parecer en el próximo film de Lynch, asfixiante, comatosa, espectral. "True blue" es otra vesanía, una nana cruel, un estilete en el corazón que se clava y te perfora.

"Black nylon" es otra dosis de radiación gamma, no wave desde la nocturnidad, esporas que se  esparcen por un club plagado de insolencia. Breve disco para iniciarte en la discografia de Dirty Beaches. Playas sucias, colapsadas de misterio, de arena roja, de sensaciones de miedo....


lunes, 24 de abril de 2017

MIGALA. "Restos de un incendio" (2002)


Revisión. Eso es lo que Migala se planteó en "Restos de un incendio", una vuelta a sus canciones dándolas otro toque, pintándolas la cara con rocío bravo, acicalando la propuesta para impregnar los temas de emoción, más emoción si cabe.

Y no podían empezar mejor que con "La canción de Gurb", donde casi parecen unos Mogwai desabridos, entumecidos por un rocío fatal. Abel Hernández y sus chicos creyeron en el 2002, que sus canciones más memorables necesitaban otra oportunidad, y los 10 temas que parieron en "Restos de un incendio" son una buena garantía para la recuperación.

Cuando suena "El pasado diciembre" parece que nos topamos con algún sosia de Stuart Staples, enjaulando dolor, rellenando crucigramas de olvidos. Hasta les queda chula la inclusión en "Noche desde un tren",  de unos acordes de "Soy rebelde" de Jeanette.

Y la contundencia guitarrera aparece en colisiones como "El retraso", con sus arreones en medio de la niebla, comedidos en la tormenta, repicando rabia en medio de una gran oda a la melancolía. Lo fuerte del disco, como no, "Aquel incendio", con la voz de James Stewart, de la pelicula "El hombre que mato a Liberty Valance", haciendo de señuelo para que las guitarras y la tensión tomen de nuevo al asalto tu interés.

"El último devaneo" es pura catársis íntima y "Tiempos de desastre"  (antes "Times of disaster") continua con el descaro de la tensión, embravecida por una ola de ternura, rabia entre flores y aperitivos de recuerdos. Para terminar, "Instrucciones para dar cuerda a un reloj", otro de los puntos fuertes de la discografía de Migala, otro salmo sanador, maravilla total.

No hay nada como atrapar del ayer discos como este de Migala. Una manera genial de recuperar a bandas con mucho que decir, que sentaron cátedra, a las que seguimos con pasión, y que forman ya parte de nuestro crecimiento musical.


sábado, 22 de abril de 2017

CLOUD NOTHINGS. "Life without sound" (2017)


Pedazo de disco se han sacado de la manga estos yogurines. Vale, quizás estas 9 canciones no tengan la pegada y la contundencia de sus anteriores trallazos, (sobre todo el sobresaliente "Here and nowhere else" ). Pero si nada más empezar el disco te topas con una canción como "Up to the surface", himno doloroso de indie rock, ya te tienen ganado.

Cloud Nothing ha matizado su propuesta, cada vez se acerca a una versión aguerrida, de Replacements, alejando los conatos de post-hardcore de su pasado cercano. Es una barbaridad la melodía que se sacan de la manga en "Things are right with you", con la voz de su lider Dylan Baldi cada vez más robusta, refrescante.

En los 90 me los imagino girando con Sugar. Y eso es lo bueno de esta banda, Su sencillez apabullante, su pegada y sus hits instantáneos para tararear y gozar sin reparos. El single "Internal world" te pone los pelos de punta, me hace levantarme de la silla y darle gusto al dedo que eleva la fecha del mando de la cadena hasta que los cristales tiemblan. Ahora espero las lágrimas. O las esquirlas.

La que más se puede parecer a lo hecho por ellos con anterioridad es ese mazacote de distorsión llamado "Darkened rings", músculo, electroshock y adrenalina pura.Contundencia al límite. De las mejores de este disco de 9 temas, que se pasa en un pispas.

Y cuando se ponen melancólicos y recuperan para nuestro goce el sonido de Pavement en "Enter entirely" nos ponemos a tirar cohetes sin rubor ni verguenza. La ostia como suenan los chicos. Luego en "Modern act" se sacan la vena adolescente que llevan dentro para repartir tristezas con sus guitarras que hechan chispas, para radiar cuando estemos de capa caída. Sin respiro, otro batacazo de electricidad y melodía, "Sight unseen", palabras mayores, luces que se encienden y se apagan, fogonazos de rock sin mácula de aburrimiento. Grandes, muy grandes.

Asfixiantes y cortantes aparecen en "Strange year". Aquí no hay sitio para la luz. Depresivos, como Husker Du tocando frente a una pared, alejados de todo, con parones que dan miedo, con puntos de energía que repican malos sueños, posthardcore lento y peligroso. Parece que la inocencia descansa en un cubo de basura.

Para terminar, otra temeridad densa y brutal, la más larga del lote, los cinco minutos largos de "Realize my fate", más desgarro, más incomodidad, más ferocidad. Un disco que apabulla, que gime, que exalta, que pasa veloz, que queda huella, de lo mejor del año por el momento.



jueves, 20 de abril de 2017

DEAFHEAVEN. "Roads to Judah" (2011)


Con este disco de 4 canciones empezó su singladura esta interesantisima banda que como pocas aunó de una manera brillante el shoegazing con el black metal, con dosis de desarrollo de post rock, pinceladas todas para conseguir un lienzo bruto, lírico, altamente recomendable.

El blackgaze, nació casí con ellos. No hay más que oir "Violet" y sus doce minutos de dolencia crónica, de gritos que te sumergen en un mar de angustia, mientras las guitarras a su manera crean un manta de brumas eléctricas, feedback atronador que remonta cielos, que perfora aguaceros con esa manera tan particular de tienen de crear colisiones espaciales de ruido y melodía.

George Clarke, el alma cantante, tiene campanas en la garganta, apesta a veneno su poción de luz oscura, rigor mortis para fecundar tierras con alaridos y detonación. "Language games", es todo un torrente de post rock que a se ve acosado por un motín de black metal, pero siempre con un poso de tragedia, de reflexiones infectadas de mercromina para el sentir.

Me encanta "Unrequited" y ese inicio que bien pudiera pasar por Godspeed your black emperor"!. Cuánta tristeza sintetizada en unos minutos rutilantes, abecedario de estampas de drama que al poco se convierte en otra exposición de metal avanzado, raspando el corazón, deflaglando augurios.

"Roads to Judah" fue el incio, luego romprían el cielo con su bestial "Sunbather", su obra cumbre. Pero es en este disco, donde se pulen los pasos, sus atmosferas certeras, abanicos de ordalias de demolición. Y así termina el disco,con "Tunnel of trees", paseando por los mismos senderos de apocalipsis, repicando solemnidad y aires de grandeza.



martes, 18 de abril de 2017

DAKOTA SUITE. "An almost silent life" (2012)


Siempre me gustaron Dakota Suite. Quizás no tuvieron el reconocimiento que se merecían en su época, porque Red House Painters y American Music Club, copaban el ranking de la tristeza infinita, de los paseos por la desolación.

Chris Hooson lleva ya unos cuantos años repartiendo octavillas a las puertas de la introversión, inflando el globo de la lágrimas que se expanden por el cielo entre malévolas profecías y cantos oscuros de abrir corazones, de segar rubores.

Y este disco (fue su onceavo trabajo) es otra pista más para perderse en el slowcore más trágico ("I see your tears" y "If  you've  never had to run away" son dos gemas de la intranquilidad), confiando nuestro drama a arpegios de una guitarra que parece que está en coma como en la emocional canción que titula el disco, o reclamando un lugar para las músicas que nacen de la tragedia, ("Last flare from a desperate shipwreck").

Luego hay pianos que hacen daño, "Everyting lies"; guitarras acústicas mecidas con austeridad y rigor, "Lumen", y estados de movimiento de letargo crónico, "I recoiled so violently y almost disappeared", suspiro largo y profundo, liana en medio del ocaso, lencería de la podredumbre.

Asi son Dakota Suite, una pica en los estados más sosegados de la conciencia, un bálsamo de fierabrás para calmar la agitación que perfora y hace daño. "Don't cry" no resistirá muchos rato en tus oídos sin antes no sacarte una espina del alma.

"I know your desolate place" es un lucero que persiste y detiene la desdicha, un lugar donde aparcar el coche y las luces, mirar el lago y recordar tiempos mejores, cuando la luna te arropaba, cuando lo oscuro era sinónimo de paz total.

Acaba el disco con "Without you", unas cartas rotas encima de la mesa, una vesanía de soledad total, de un grupo que vio en las sombras su porvenir, su encantamiento, nuestro sustento...




domingo, 16 de abril de 2017

BIZNAGA. "Sentido del espectáculo" (2017)


Su anterior trabajo "Centro dramático nacional", (2014), ya nos puso sobre la pista de este grupo madrileño que tiene en la urgencia punk, en sus mirada al cajón desastre de los 80, un instrumental quirúrgico para con precisión aguijonear la normalidad de unos tiempos que ansían ventoleras punks como las de Biznaga.

"Mediocridad y confort" mira tanto a Parálisis como a The Clash, Lo suyo es llevarnos de la mano antes el asko de unos tiempos jodidos para afilar la punta de las palabras, para confeccionar uno de esos hits que seguro perduraran con el paso de los años, "Una ciudad cualquiera".

Media hora les basta a Biznaga para radiar su rabia, su ira, con sacudidas punks como "Nigredo", o "Jóvenes ocultos", con una mensaje claro, de agitación, y una intrumentación poderosa. Ahora me vienen a la cabeza OX Pow o KGB.

No paran ni para respirar ("Héroes del no"), y en su debe tienen que su claridad de conceptos no se ve en ningun momento invadida por esquemas reiterativos, por slogans vacuos ("A tumba abierta"). Personalmente he disfrutado de lo lindo cuando el altavoz expandía los vatios de "Los cachorros" o la corta "Una nueva época de terror" con la mirada puesta en Dead Kennedys.

"Arte bruto", vuelve a traernos a Eduardo y a sus oscuridades bien sanas, para casi acabando el lp, encontrarnos con mi preferida, "Oficios de tinieblas", edificada con presteza, bien urdida, electrica y repleta de momentos cumbres. El fin, "El mal de Aurora", no hace más que confirmar que el Punk en sus variantes menos transitadas, parece que vuelve hacerse un hueco (Antiguo Régimen, Juventud Juche, Betunizer,etc)


domingo, 9 de abril de 2017

STUART A. STAPLES. "Lucky dog recordings 03-04" (2005)

Si me dicen que las diez gemas que componen "Lucky dog recordings" son de Tindersticks, me lo creo. Su cantante, en su carrera en solitario, tan solo consiente la ausencia del grupo madre, porque en los aspectos fundamentales, sus argumentos son idénticos.

Tan solo basta pararse en sus dos primeras canciones, "Somerset house" y "Marseilles sunshine" y nos vemos contaminados con esos aires noctámbulos, con esa crisálida a punto de romper, lírica esforzada, melancolía al cuadrado.

En "Say something now", Stuart, eleva un poco el tono, se pone tenso, riega con su garganta la melodía para en "Friday night", seguir danzando a la luz de la noche con su rúbrica especial, con su cadencia leve y solemne.

El eco, los fantasmas, las ocurrencias de Tindersticks, transitan por todo el disco, merodeando con un especial minimalismo en tracks como "Dark days", y en otras, "People fall down", asistimos a un concierto sin preámbulos donde las caricias acústicas te roban una siesta.

"She don't have to be good to me" es una delicada pieza de orfebrería, cadencia de suspiros, catarsis que viene y va,  dotación de rubor para llegar al final con "I've come a long away", rumor que te asalta, que te pierde más. Pongamos los discos de Stuart junto a los de Tinderticks, no hay que confundirse, son lo mismo, garantes de la soledad, solemnes árbitros del silencio....



jueves, 6 de abril de 2017

COLD PUMAS. "Persistent malaise" (2012)


Hay veces que ocurre, de repente, cuando te dispones a dar el pistoletazo de salida a las escuchas semanales, y por azar se levanta la liebre y sale un grupo como este, Cold Pumas. Pasa que no puedo parar de poner el cd desde este sábado, que por las tardes frenético espero el mejor momento para que "A versatile gift" comience a disparar sus andanadas de guitarras, sus locuras rítmicas, matemáticas milimétricas de distorsión y melodía extraviada.

Cold Pumas vienen de Brigthon, y el cantante de la banda es su batería. Hay queda eso, otro dato más para que la belleza axfisiante de la banda te convide a prestarles atención. Voy a por el segundo trago, "Fog cutter", como si estuviese escuchando a Joy Division cortando con un serrucho el silencio mientras el grupo confecciona su propuesta de arte y ensayo.

Su sonido es como un bucle que te engancha, como un filón que no se agota ("Sherry islands" es una operación de algebra guitarrera, es un maremoto de ruido bien trinchado con una base melódica que recuerda a la Velvet más ruda y potente).

Disco como "Persistent malaise" y su continuación en el año 2016, "The hanging valley", (pronto tanbién por aquí), me hacen subirme por las paredes, gozar como antaño cuando rayaba los vinilos a base de lametones de escucha, victimas inocentes de esa necesidad vital que tenía de encontrar un lugar mediante el medicamento de la música. Cold Pumas es una bomba, un cohete, la mejor manera de seguir con la aventura de busqueda de nuevos paradigmas, de nuevos explosiones que nos hagan demolernos para volver a volar entre antojos y aire de soberbia.

Cada uno de los 8 temas que compone "Persistent malaise" son una andanada de fiebre, un colapso que aveces pone una pica en Sonic Youth, ("Variety lights"), con sus programaciones de infección de electricidad, motorizada, espolvoreando rabia y provocando un maremoto que no se detiene, que es un torrente de excitación febril ("The modernist crown").

La música de Cold Pumas es catarsis, es como una jauría de lobos que andan todos el mismo paso, los mismo patrones, empeñados a empuñar con violencia sus instrumentos para confeccionar un puzzle repleto de estrías y potencia.

Dejan para el final lo más florido. "Rayón gris", pizcas de melodías, arcoiris y llamas, guitarras que no se marchitan mientras ellos a lo suyo, jugando contigo al gato y al ratón. De esos temas que te pondrías a todas horas, contenido, como cuando The Wedding Present amenazaban tormenta sirviéndonos una taza de pop de mentira para luego envenenarnos con una borrasca asesina.

Para terminar (¿ya se acaba?), "Vanishing Point" la mejor forma de disolverse haciendo mucho ruido, epílogo genial, minutos donde el alma de grupo descansa en sus inflamaciones reiterativas, en su humo de llamada de combate. Ya tengo grupo a que adorar y seguir hasta el averno, Cold Pumas. No hay que perdérselo.


martes, 4 de abril de 2017

JULIANNA BARWICK. "Will" (2016)


Si en los dos primeros trabajos de la compositora Julianna Barwick, "Nephente" y "The magic place", se dejaba llevar por las corrientes que fluctuan en la naturaleza, en este "Will", su ser etéreo, envolvente, descansa entre un maremagnum de sugerencias crecidas al albur de lo urbano.

Su voz, su principal recurso, eso sí, eso no ha cambiado. El disco se grabó en Lisboa, Carolina y New York, y todas las canciones tienen una pulsión propia, tierna, delicada, angelical. Las dos primeras, son como para que no decidas marcharte cuando has empezado a oírla ( "St. Apolonia" y "Nebula").

En la tercera, "Beached", con el piano como principal aliado en su combate de oscuridades nobles, seduce desde su inicio, por esa capacidad para elevarte, para llenar silencios con un murmullo infinito. Barwick en "Same" casi parece que podía aparecer en el siguiente film de Lynch, con su voz alertagada, con sus suspiros que no se acaban.

En "Will" hay tiempo para el neoclasicismo, ("Wist" o "Big hollow"), y para que las teclas te acaricien el alma con unas notas que huelen a devastación, a tormenta caída por antojo en la desgracia del que no sólo quiere sol. Simplemente maravillosa. Como "Someway" y ese festival de antorchas de voces que se pierden en un naufragio de levedad. Para terminar la electrónica entra a hurtadillas en "Will" con "See, know" y esa capacidad para crear un mapa sonoro de fragilidad y combate de hielo.

"Will" un disco para escuchar tranquilo, para moderarte con su propuesta, con su ilusión exploratoria, con su ráfaga de suspense. La noche, el día, los amaneceres que están por venir, el riesgo de la ilusión tardía. Un buen disco, minutos de esos que no se olvidan....

domingo, 2 de abril de 2017

LOVVERS. "OCD go go go girls" (2009)


"OCD go go go girls" fue el primer disco de esta banda de Nottingham, que trás empezar con unos interesantes eps se decidió por el formato grande para elaborar doce canciones que se pasan en un pis pas, donde el garaje y el punk de baja intensidad, se dan la mano sin inventar nada, pero con cierta dosis de afición por lo festivo, por la marcha total.

"Creepy crawl" es la primera certeza de que los chicos se lo pasan bien, y "1-2-3-4 count" con ese aire canalla es otra retaíla de minutos esparcidos para el uso y disfrute del personal que necesitamos de vez en cuando algo simple, banal, para llevarnos a los oídos.

La que titula el cd tira más por el garaje y "I want to (go)" son dos minutos fulgurantes de pretensiones juveniles aderezadas de rabia e insolencia. Insolencia que en la mejor del lote, la punk y frenética, "AXTXTXXTXDXE", single del disco, se traduce en una buena patada energía de arengas y condimentos adictivos.

Sucia suena "Alone with a girl" y "Human girl" es una trotona y emocionante carga de punk melódico que levanta ánimos, que te hace sacudir el instinto. Dejan para el final la canción más larga del disco, (siete minutos), "Wild smiles", una buena andanada de punk repleto de rabia, fiereza y pegada. Lovvers no descubren nada, pero sientan bien para empezar la mañana.


jueves, 30 de marzo de 2017

CHEATAHS. "Mythologies" (2015)


Con una mirada puesta en el shoegazing que tanto añoramos de bandas tan inolvidables como Ride, My Bloody Valentine  o Curve, y con otra en el britpop, así prepararon los londinenses su segunda embestida en forma de album con este sustancial "Mythologies".

Aquí hay chicha, hay feedback, hay torrentes de emoción, como en "Channel view" y su pop de seda aderezado con una melodía sulfurusa, eléctricos a mas no poder, sumergidos en unas barrica que destila los mejores alcoholes de los 90, cuando grupos Swevedriver nos hacían volar, sin paracaídas, sin miedo a la hecatombe total.

En "In flux", parece que estemos viajando en el tiempo y que nos topemos con una versión ácida de The Psychedelic Furs. Uno de los mejores momentos, más potentes y embriagadores del disco, es ese torrencial sónoro que es "Freak waves", noise pop que hace retumbar las paredes, agitación y juventud arisca en un maremoto de lava y luminiscencia etérea.

Todo el disco esta repleto de guiños, de evocación, de sueños salvíficos, de melodías para retar, ("Sings to Lorelei"), y de hondas evocaciones a los Sonic Youth más planeadores ("Hey, sen"). Alaridos de distorsiones en "Deli Rome", y caos por doquier en la estrambótica y espacial "Colorado", para continuar con la redondez de un disco que te sumerge en las aguas fecundas de la agitación del shoegazing más excelso. Puro vicio.

La casi hora del cd pasa sin apenas darte cuenta, y los aderezos de britpop como "Seven sisters" o "Mysteci" hacen que estemos ante una obra suculenta, altamente disfrutable, necesaria para elevar la voz del volumen, y recuperar toda nuestra afición a esa camada de jovenes aviadores del sonido que tuvieron en el shoegazing su bastión y su lucha.

martes, 28 de marzo de 2017

LOS PLANETAS. "Zona temporalmente autónoma" (2017)


El día 24 de marzó salió a la venta el último trabajo de Los Planetas. El día 24 llegó a casa volando desde connatos siderales, con sus palmeras difuminadas, con ese verde indagador penetrando en el campo visual, llamada morse de colores que incitan a buscar.

Nada más que se fue el mensajero, lo tuve fácil. Quitar el plástico, ponerme cómodo y dejarme llevar. Y nada más empezar, una de las mejores canciones de la historia de Los Planetas, "Islamabad", siete minutos que se pasan raudos, himno desolador, llamada dolorosa, éxtasis que te atrapa con su imaginativo fragor.

No abandona J y sus compinches sus aires del sur, fogata en el desamparo, con la voz de Soleá Morente en "Una cruz a cuestas" y en "Soleá" con un vigoroso organo que lleva todo el peso de una procesión de palabras arrastradas.

Momentos estelares hay muchos en el disco. Me gusta "Seguiriya de los 107 faunos", por esas explosiones que nacen al azar de electricidad y que se pierden en el relato de J., casi post rock desde el señuelo de un quejío. Vigorosa y estupenda, solemne y delicada.

Después de 7 años, el grupo sigue en forma. Nuevos caminos que se abren, nuevos remolinos para soplar. También han sido lo suficientemente inteligentes para introducir canciones de toda la vida del orbe planetario, ("Hierro y níquel", "Porque  me lo digas tú" o "Ijtihad"), canciones de esas que se graban rápido en el tarareo, como ocurrió cuando los conocimos y fueron desde el principio unos fieles compañeros de viaje de nuestras tragedias cotidianas, de los furores impetuosos, clamor del existir.

Subyace en todo el lp un poso de guerrilla, de lucha, de que es un deber no permanecer callado ante los pésimos tiempos que estamos viviendo ("Libertad para el solitario", "Guitarra roja"). "La Gitana" basada en un poema del "hombre más malvado del mundo", el esotérico Aleister Crowley, es otra concatenación de agasajos planetarios.

La Bien Querida aparece en "Espiritu Olímpico", otro single más para acompañar resquemores, patinajes del amor, y la que titula el disco un paso más para afianzar a los granadinos en lo más alto de nuestras bandas preferidas.

"Zona temporalmente autónoma" es un disco al que hay darle tiempo. Cada escucha, un montón de sensaciones para dormir rocíos, para elevar recuerdos, noctámbulos en dichos que van y vienen, en versos que se antojan licenciaturas ("Amanecer") o en delicadezas acústicas para después de un adios descortés ("Hay una estrella").

7 años. Parece mentira el paso de los años, los tachones en el calendario, el amago del tiempo en el destierro de nuestros recuerdos. 7 años y de nuevo el orbe que se ha llenado de una luminiscencia particular, de un festejo estelar que nos trae el eco colosal de mundos por descubrir.

domingo, 26 de marzo de 2017

PAN AMERICAN. "For waiting for chasing" (2006)


Labradford fueron unos de esos grupos pioneros que con sus engranajes musicales instrumentales, estuvieron en la primera andanada de bandas de post-rock. Su lider, Mark Nelson, después de agotar sus reflexiones oníricas, sus arpegios de banda sonora de silencios siempre profundos, formó Pan American.

El sonido de Pan American, sigue la estela de Labradford, (sus dos primeras canciones "Love song" y "Are you ready" son profundos e intrigantes galimatías donde se juega al ambient y al post rock, a tu la llevas mientras se producen tormentas de arenas o serenatas de susurros).

El minimalismo y los aires abstractos aparecen por doquier en un disco repleto de suspense, de nieblas agitadoras, de lienzos que se pintan con el confeti de una instrumentación que mece artilugios, que se escora al margen de lo fácil ("Dr. Christian").

Más cerca de Gastr del sol o Tarantel, que otros experimentos más accesibles (Rachel's, Moonsahke,etc) Pan American se sumergen en los difícil para atraernos con sus membranas de dolor ("From here).

El grupo tuvo una vida más o menos larga en su predisposición para alargar de forma premeditada sus coordenadas de banda de introspecciones malsanas, ( su primer disco data de 1998 y su ultima producción fue en el 2013, "Cloud room, glass room"), y este disco es una manera ideal para acercarse a sus glóbulos de oscuridad, a su percepción del post rock como estilo ortodoxo donde rendir cuenta a las disgresiones instrumentales y a los soliloquios excesivos.


jueves, 23 de marzo de 2017

CARMEN VILLAIN. "Sleeper" (2013)


Carmen Maria Hillestad lo tenía fácil. Se ganaba la vida paseando trajes, vestidos, como modelo de pasarela. La noruega-mexicana era una asidua visitante de las más importantes ciudades de moda. Pero Carmen Maria, parece que estaba un poco hasta los mismisimos de tanto tacón y hipocresia.

Se cambió el apellido, ahora Villain, formó una banda, y construyó "Sleeper", una de las mejores aproximaciones que se ha hecho jamás al espíritu de Sonic Youth, desde una vertiente oscura, densa, rutilante.

Bastan las dos primeras piezas, "Two towns" y "Easy", para comprobar que Carmen va en serio, que lo suyo  va directo al hígado, que su fortaleza musical es todo músculo, energía que te hechiza, parones de tensión galvánica mientras el torrente de su fuerza te sacude y te mece a la vez.

Adios a Vogue y a sus artificios y hola a las revistas indies que se fijaron en ella, en su amenazante propuesta ("Lifeissin" casi parece no wave). Todo "Sleeper" conlleva elevar el volumen, compartir su grave voz con un buen artificio de colores que hagan deblaces en cielos demasiados claros.

La más extrema del disco es "Obedience" puro caos instrumental que se da el lujo de dar la señal de salida a "Made a shell", épica de la insolación instrumental, garganta ceñida a un grito contenido, balada devoradora para despertar estrellas malsanas.

En "How much", entre palmadas y aullidos juega con nosotros al escondite, para en "Dreamo" componer otro de los espacios físicos fuerte de un rugoso cd donde descansan pilares básicos para comprender la urgencia devastadora de una artista que en "Kingwoman", hace el mejor homenaje posible a las juventudes sónicas con una eléctrica y desasosegante reflexión de buen ruido.

Para terminar, "Demon lover" un fascinante reflexión medio acústica medio feddback para confirmar que Carmen Villain no ha venido para perderse en sofismas. Desde "Sleeper" solo hemos sabido de ella por un single en 2015. Esperemos que no vuelva a la Moda. Confiemos en ello.



martes, 21 de marzo de 2017

ENRIC MONTEFUSCO. "Meridiana" (2016)


No ha podido ser mejor el paso que ha dado Enric Montefusco tras decir adios con Standstill y su recomendable despedida, el directo, "Estaria muy bien". "Meridiana" es canción de autor, con el corazón encima de la mesa donde las flores esperan un bocado de rocío, o una mirada fugaz.

Y como la portada del lp, el disco es una homenaje (entre otras muchas cosas) a la vida de barrio, como la canción que titula el trabajo, nombre de la avenida donde Montefusco se crió, donde vió la transformación de las cosas, la vejez en los seres y en los enseres. La piel de gallina que se le pone a uno.

Cualquiera se puede ver representado en "Meridiano", en estas postales llenas de lírica del ayer como el himno "Todo para todos", donde los osos y las estrellas vienen desde el hogar de los recuerdos, donde parece que se mete todo lo que tiende al olvido definitivo.

El single por el que nos puso Enric en antecedentes, "Flauta man", le tengo en la cabeza desde hace días, como una percusión que aguijonea mis sesos, repitiendo afluentes, disparos de cine, hecatombe del ayer, sonrisas de un país ya lejano que aquí amanece con estrofas que te llenan de emoción y cierre de ojos.

"Buenas noches", ya algo más creciditos, cuando empezaban a sonar las guitarras,  da la voz a la maravillosa "Uno de los nuestros", oscura y lenta, como un epitafio de pinzas en la ropa oreada de las cosas que parecen que siempre permanecen, pero que llevan consigo su propio castigo. El de la condena de la perdida, rotura de promesas. "El Riu de l'obrit" en catalán con su aire de chanson es para bailar noctámbulo, y los dos minutos de "Vida plena", la recordaré por su "yo no sé hacer un soneto pero me cago en tu puta madre", de esas frases que permanecen, que definen un álbum, a un creador portentoso.

Mi favorita, "Lo poco que sé", con el piano y la cola de las palabras, con una tristeza infinita repartida por una canción que perdura, que tiene vida propia, que te la pones mil veces, y sigue haciendo su trabajo de rabia y conmoción. Luego, al final, la bossa de "Adiós" y "Yo delego en ti", frenesí contenido, perfecta manera de corear colores de otro tiempos pasados, o los que tienen que venir.

Soberbio trabajo de un cantacorazones, de un actor de filigranas que le gusta bailar en el andamio de las andanadas anímicas. Disfrute para la alergias primaverales, para las melancolías sin estación.


domingo, 19 de marzo de 2017

RED HOUSE PAINTERS. "Down colorful hill" (1992)


Con este disco empezó todo. 1992, Mark Kozelek se reunió con sus chicos y formó este club de tristes chicos pintores de casas rojas, profesionales del  folk aterciopelado, de las canciones que se escuchan para reconfortar tu tristeza mientras la noche aciaga sacude sus alas en los días que el sol se quiere hacer fuerte.

"Down colour hill", fue el primer disco, en plena época de Pixies, Dinosaur jr o Nirvana, la banda de Kozelek disfrutaba de su momento de fortuna viviendo en colores sepias añejos, blanco y negro adulterado por las sombras de la tristeza, caligrafias infinitas de luces oscuras, partos de noches funestas. Así empieza "24", con su nostalgia que inunda salones y flores viejas.

4ad les prestó las llaves de una mansión poblada de fantasmas, duendes tiernos y rumores de esos que hacen pensar en pasados mejores,  en lutos de blanco ("Medicine bottle"). Jerry Vessel y Gordon Mack acompañan a Mark es su constante lucha por las bajas pasiones, por los olores a tierra quemada.

La que titula el disco, una de las mejores canciones de toda la efímera carrera de Red House Painters, son 10 minutos de lujuria íntima, de slowcore de golondrinas para lavarte la cara en mañanas demasiado desprovistas de alegría como para festejar las luces de los buenos días.

Luego "Japanese to english" pone de nuevo el sello en la epica del desencanto. Como "Lord kill the pain" y esos arreones guitarreros que parecen no casar con el estado en coma en el que el grupo se movía a la perfección.

Para terminar "Michael", el punto y final, la sexta canción que empieza acústica y repleta de añoranza. El primer disco, el primero que me compre, luego vendría el resto, y luego Sun Kil Moon, y luego la obra en solitario de Mark. Es lo que tiene ser un aficionado a la tristeza. Que hagas lo que hagas, siempre acabas disfrutando con los tonos tenues de discos como éste...


jueves, 16 de marzo de 2017

PLACEBO. "A place for us to dream" (2016)


20 años en la brecha. Hay queda eso. Y encima con orgullo de haberse forjado una entidad propia, una sello característico que les diferencia de todos. Placebo, 20 años, y como regalo para los que los seguimos desde que empezaron, nos sacan "A place for us to dream", 36 temas, los que nunca olvidarás, alguno que no reconocerás, y todos buenos, una ración de guitarras que se inflaman y queman, con Brian y Osldal haciendo de bufones en la corte de las cosas imposibles.

Es una pasada volver a oir "Slave to the wage" y levantarte de la silla cuando la guitarra se hace aullido y Molko y sus chicos confeccionan himnos para componer recopilaciones de canciones para enarbolan y escupir a la tormenta, para amar los riesgos.

Michel Stipe, en "Broken promise", presta su voz para otras de esas melodías que provocan llagas, distorsión y drama, glam y peluquería de corazón. Soberbios, punks ("Bruise pristine"), ágiles depredadores de melodías y desacato ("This picture"), el disco recorre desde sus inicios hasta su ultimo largo del 2013, "Loud like love", así como una canción nueva, "Jesus'son", que promete Placebo para rato.

Paso la semana jugando a la oca con los dos cds, con las 36 maneras que tienen de auparme, de botar, de festejar ese perfecto estado musical que crean con sus coordenadas de rabia y desparpajo, de lirica estrangulada al asalto de todo, de todos.

"Every you every me", "Without you i'm nothing" (con Bowie, joder vaya punto), "Nancy Boy"... Es como una colección de cromos que no se agotan que cada ves que los revisas percibes tonos, urgencias que pensabas que se te habían pasado. Todo un festín, una regalo para hacerte sonreír. Hasta les va viene el francés, en "Protége moi", chanson charlatana, electrocutada por un grupo que siempre supo definirse, con un espíritu propio y a quienes nadie se ha podido siquiera aproximar.

Cuando suena "Black-eyed" tengo que dejar el artículo. subo el volumen y me sumo en una catarsis insólita, todo se mueve al cerrar los ojos, las ventanas se dilatan mientras las guitarras escavan feedback avasallador. De los mejores temas que grabaron en su carrera.

Brillante también "I know", versión 2008, delicada, sensual, atrapa rocío en un festín de fuerzas y aguaceros de guitarra chiquilla. Labios pintados, cara blanca, luces ámbar, la noche pereza, los mismo hits que uno a uno se repetian en los oídos cuando caminaban hace mas de 10 o 15 años por montañas y rues afectadas. La música tiene sentido, el arte de la impregnación, la seguridad de asistir a un tráfico de sensaciones que no se agotan, que van y vienen por el minutaje de un disco pensado con aires de eternidad.

Otro torpedo, "Special K", otro certero disparo, granada en mano de pólvora multicolor, sed infinita, lobos descarriados en busca de algo de luz. "A place for us to dream", una manera perfecta para que no olvidemos a unos grandes que aun tienen mucho que decir.


martes, 14 de marzo de 2017

CALIFONE. "Stitches" (2013)


Como me gustan Califone. Que forma de llevarte a lugares donde el silencio se hace compañero de la densidad emocional, a sitios donde poblar con murmullos la sensación que te genera cuando escuchas joyas como la canción que titula el cd, hit de tristeza infinita, paraguas donde meterse para protegerse del ansia de los tiempos malos.

2013, y Tim Rulli continuaba con su armazón entre lo experimental, el folk espantapájaros, y sus conocidas disgresiones realizadas con pócimas de músicas dispares. La trotona "Frosted tips" es otra muestra de que este extraño arapajoe del rock más extravagante, seguía en plena forma. Siempre me pareció que su suerte debería haber sido otra. Todos los parabienes para bandas como Wilco, y Califone, esperando una andanada de reconocimiento, un baile de salón de un oeste plagado de lirios y espiritus del ayer.

Califone me produce melancolía. Oigo "Magdalene" y su radiante sopor que mece tardes sin fin y me digo que si, que es imposible que Califone produzca un mal disco. En  "Bells break arms", es el piano quien lleva la voz cantante, el paroxismo de lo mínimo.

"A thin skin of bullfight dust" es la más activa del disco, una exploración magnífica a ese mundo que recrea Rulli con sus circuitos eléctricos en un mar de música brumosa, cabaña donde meterse para esperar que escampe la diatriba de los augurios funestos. Caos controlado, feedbak tenue y siempre la sensación de que Califone tienen la capacidad para la sorpresa infinita.

La mejor del disco para el final. "We are a payphone", reflexiva, loas a la luz tenue del atardecer, a los toboganes de la intriga. Lo último que sabemos de Califone fue la aparición el año pasado de un ep, "Insect courage". Deseamos su continuación. No hay nada como hacer parada y fonda en este grupo, comprimido de un viaje seguro de elevación.

domingo, 12 de marzo de 2017

OMAR RODRIGUEZ LOPEZ. "Se dice bisonte no búfalo" (2007)


Un buen amigo me puso sobre la pista. Durante año 2016 y lo poco que va de este, Omar Rodríguez ha sacado 16 DISCOS!. Si, si, 16, hay queda eso. El ex-The Mars Volta, no se conforma con poco, es tanto lo que tiene que ofrecer,lo que pergeña su cabeza bajo esos rutilantes rizos psicódelicos, que la creación hace que le falten días, meses para engatusarnos con su arte. Porque lo suyo es arte, es exuberancia, paroxismo sin límites.

"Se dice bisonte no búfalo", fue su tercer disco (me niego a contar los que lleva en la mochila),  fue grabado durante su estancia en Amsterdam y está basado en el film "El búfalo de la noche" de Jorge Hernández Aldana.

El lp es un compendio de las actitudes de Omar de transgesor de géneros, de visionario que se esfuerza por repartir desde sus coordenadas ilimitadas, fragmentos de minutos para la elevación. 
"Rapid fire tollbooth" es una muestra de ello, como el punteo desgarrador de "Thermometer drinking the bussness of turnstiles".

La que titula el disco se lleva la palma. Casi jazz, piano, voz codificada, rock progresivo.. todo cabe en este maremoto purificador, en esta continda de rock sin domesticar, apadrinador de ismos por inventar. En "If gravity lulls..."  se acerca de una manera maravillosa a Santana, ritmos latinos incluidos para la más larga del lote "Please heat this eventually", instrumental, 11 minutos que van del funk a la salsa punk, una jam eléctrica, con saxos y confitura por doquier.

A reseñar en la elaboración de "Se dice bisonte no búfalo",la presencia de John Frusciante, colegas de The Mars Volta y el Beastie Boys Monkey Mark. ¿Qué más se puede pedir?. Subir el volumen, elevar los decibelios, abrir en par las ventanas y chillar.

"Booling death request a body to rest its head on", es otro colosal batiburrillo de congas, de guitarras esquizofrénicas, de locuras sin fin que da la voz para terminar a "Tiranía de la tradición", la más caótica y punk del disco, puro disfrute para tus orejas. Ahora toca digerir este volcán y empezar a investigar los 16 discos que el colega ha sacado en unos cuantos meses....



viernes, 10 de marzo de 2017

FROTH. "Outside (briefly)" (2017)


Seguro que estamos ante uno de los díscos del año. Los conocí via spoty, y a los pocos días me llegó el cd de esta banda norteamericana, que casa a la perfección y de una manera eficaz la psicodelia, el shoegazing y el indie. Todo un portento el sonido que sale de estas diez canciones encomiables.

Si ya llamaron la atención con "Bleak" (2015), este "Outside (briefly)" hace que pongamos los ojos, los sentidos, en unas composiciones dulcemente venenosas que desde que disparan con el inicial "Conctact" hace que te enganches a esa galimatías en busca de la canción perfecta.

Como perfecta es "Shut the windows", himno sedoso que te lleva de la mano hacia el sonido de Pavement segunda época cuando se relajaban antes de la tormenta. Como suenan. "Passing thing", la que me hizo engancharme a ellos, es puro shoegazing, feedback en coma, guitarras que atruenan en un mar vocal de voces que va y vienen, colosal empeño de los chicos en que pongamos la vista en los 90 para rememorar viejos recuerdos.

En "Petals" se escoran a la psicodelia, siempre con la épica cargada, siempre confiados en que nos perdamos por el laberinto circular de su entramado de rabia contenida. "Romantic distractions" es otro ramo de rosas estrujadas con rubor y hazañas de ronroneos eléctricos.

Siguen contaminando nuestro corazón con esquisiteces como "New machine", radiante, luminosa, catarsis que poco a poco se eleva en un rubor de cielos rayados de nostagía. "Show a flower a candle and it will grow", casi en el ocaso del disco, es otra muestra más de lo bien trabajado que tienen Froth las canciones, confeccionadas con adjetivos y retales que siempre sientan bien.

La guinda final, "Briefly", se despereza en un crisol de tonos tenues, caprichosa sensación de que estos Froth prometen darnos buenos momentos en un futuro que ya es presente para ellos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

ENO & HYDE. "Someday world" (2014)


No puedo quitarme este disco de la cabeza. Llevo escuchándolo desde el sábado y no paro de ponerlo, de repetirlo. Es por el momento, el cd que más me está llenando en lo que va del año. Engancha, joder como engancha. Y más sabiendo que detras está el guru del ambient Brian Eno, acompañado por el Underwolrd Karl Hyde.

Y engancha desde que el dedo se posiciona y da al play y suena "The satellites", y su pop sofisticado en medio de un armazón electrónico, con un tratamiento y cuidado de la melodía que ya quisieran muchos.  El maestro y el aprendiz se lo pasan en grande y grandes son las canciones que nos regalan en "Someday world".

Juegan con los ritmos en "Daddy's car" y su fusión de alegría con un vendaval de formas de hacer que nos recuerdan a la forma de trabajar de los años 80. Otro (y tiene muchos este "Someday world") punto fuerte del disco es "Witness", más experimental pero con un toque pop que todo lo absorve, que es como un arco iris anunciador de colores por inventar.

Mi favorita, la que llevo tarareando a ratos en silencios necesarios, "Strip it down", minimalista, electrónica, jugando con la tecnología para servirnos un tema de esos que golpean por su intensidad, por su fragor y vehemencia, pop exquisito, lineas de tensión del corazón resueltas a estallar por los aires con una secuencia mágica de teclados para no olvidar.

Y la fiesta no para. "Mother of a dog" es otro certero disparo cercano al trip hop, que da paso a "Who rings the bells", como si The Blue Nile se hubiesen ido una noche de juerga a  un club de susurros desesperados. Para terminar, otras dos bellas sinfonías electrónicas, "When  i built this world" y "To us all", reguero de luz para iluminar oscuridades.

"Someday world" es un espasmo desbocador. De esos discos que en su dia pasó desapercibido y que ahora en este primerizo 2017 vuelve a mi para dotar a los días de sol, algarabía y brumas de entusiasmo.

lunes, 6 de marzo de 2017

BLUE OYSTER CULT. "Agents of fortune" (1976)


Tan sólo escuchando "(Don't fear) the reaper", se puede comprender la importancia vital que tuvo para el hard rock la aparición de este cuarto disco de Blue Oyster Cult, quizás uno de sus trabajos más importantes, tanto en ventas como a nivel compositivo.

"(Don't fear) the reaper" es de esas canciones que no se olvidan, que has escuchado mil veces y que es el faro donde una de las bandas más honestas del hard rock echan sus luces para dejarte prendido. Antes ya habíamos escuchado "This  ain't the summer love" y "True confessions", aperitivo para los fuegos artificiales de "(Don't fear) the repear), melodía, candidez, himno setentero de unos melenudos crípticos que siempre jugaron con ovnis, psicodelia y guitarras azoradas.

La banda de Buck Dharma y Eric Bloom, sobre todo en su primera época (luego llegaría la decadencia que vino con los cliches del heavy metal de los 80), supo erigirse como paladines de hard extraño, con textos que hablaban de invasiones de extraterrestes, ("E.T.I. (extra terrestrial intelligence)",  polémicas como la aparición en sus discos del logotipo de su famosa cruz, para muchos un guiño al nazismo, y la acusación que se cernía sobre ellos de ser miembros de una secta peligrosa (?).

Todo valia. En "Agents of fortune" cuentan con las aparición de Patti Smith en "The revenge of Vera Gemini" y "Debbie denise", donde la poetisa pone su voz al servicio de estos magos del hard, en un lp, que con sus 35 minutos les basta para ponerse a la par de bandas como Grand Funk o Uriah Heep.

"Tatoo vampire" se destapa con unos buen riffs en medio de tics teatrales, y "Morning final", te enloquece con sus aires casi sinfónicos. Escuchar a Blue Oyster Cult, servidor que tiene el oido afiliado a otras sonoridades, te hace retrotraerte a otras épocas, a otras músicas, manifestaciones artisticas ya pasadas, importantes como no para conocer el devenir de la musica actual. Y el culto de la ostra azúl, tiene tras de si multiples argumentos para que les saquemos del baul de los olvidos. Hard rock.


jueves, 2 de marzo de 2017

FRANK BLACK & THE CATHOLICS. "Show me your tears" (2003)


"Show me your tears" fue el último disco que saco el oriundo capataz de los Pixies junto a sus católicos. Precisamente estaba recordando que justo en la gira de presentación de este cd lo estuve viendo por Madrid. Era mucho antes de la reunión de Pixies, y todo el público que asistimos esperabamos como locos el final del concierto para ver si en los bises el bueno de Francis nos regalaba algun hit de los duendes. Hubo suerte.

El disco que comento en cuestión, es (quitando sus primeros discos en solitario como "Teenager of the year", o "Frank Black) como toda la carrera en solitario de nuestro gruñón favorito, irregular. Bastante irregular.

Y eso que aquí nos encontramos nada más empezar con dos joyas melódicas como "Nadine" y "Everything is new". Lo que le sobra a su obra en solitario como tahur creyente son esos ramalazos de vaquero coñazo, ("My favourite kiss", "New house of the pope", o "Horrible day").

Si "Show me yur tears" estuviera repleto de canciones como el bombazo de "Massif Centrale" donde juega con la voz como una rata poseida, y donde el espóritu de Pixies, está en cada andanada guitarrera, el disco hubiera subido enteros. Sí, debe de ser que a los que nos dejó noqueados Pixies, siempre esperabamos que tras su separación su líder honrase algo mejor el legado que dejaron. No pudo ser, y por lo visto en los discos que han sacado Pixies en esta nueva etapa, está claro que la ausencia de Kim Deal, se nota más que lo que esperaban algunos. Ella era el baluarte, la parte salvaje, el motivo por el que los Pixies llegaron a donde llegaron.

Volviendo a este trabajo, si escuchas el piano de "When will happiness find me again?", y la country song de "Goodbye Lorraine", te das cuenta que es una pena como el talento de Frank Black, Black Francis, o como demonios quieras llamarlos esté desperdiciado de una manera tan brutal.

Salvo "The snake" (lástima que dure tampoco)  y el final con "Manitoba". El resto, irregular, muy irregular. Escucho el disco, me pongo "Bossanova" y sí, noto que los buenos tiempos no volverán. Que las grandes obras de arte no se repiten, porque si no dejarían de serlo. No me gusta el vaquero Frank, le prefiero cuando era un irreverente duende malcriado con ganas de repartir estragos y música de esa que creo escuela.


martes, 28 de febrero de 2017

BOMBINO. "Azel" (2016)


Si caemos en su día rendidos ante Tinariwen, aquí tenemos al guitarrista Omara Moctar, alias Bombino, para traernos de nuevo el blues del desierto, a lomos de una camello eléctrico que nos regala las arenas de Niger, los postulados de la tradición, la mímica de lo ancestro.

El empiece no puede ser mejor con "Akhar zaman", con la divertida y vacilona "Iwanaragah", donde se constata que Omara tiene las cosas tan claras como cuando le escuchamos en su también bravo "Nomad". En esta ocasión, Bombino decidió trasladarse a Woodstock para darle forma a "Azel", y la verdad es que la jugada le salió redonda.

Los temas son una condesación de efluvios guitarreros, donde como en "Inar" puedes disfrutar de la travesía sónica y de placer con su minimal ritmillo trotón que da paso a "Tamiditine tarhanam", mi favorita, veloz, estridente y fiestera; te puedes imaginar a los hombres de azúl modelando bajo una tienda sus proclamas como pueblo, catarsis colectiva entregada al exceso y la recuperación, mientras las palmas y los chillidos de las mujeres copan el cielo de rubores y sensualidad.

Bombino hace en este su último largo acopio de su destreza para juntar en sus diez temas a Peter Tosh y a Jimmy Hendrix. Sin sonrojo, sin caer en lo ridículo. Todo suena en su sitio. Como el reggae burlón de "Timtar", o como "Iyat ninhay/jaguar", con el desierto de nuevo poblando lo que tu mente puede crear cuando cierras los ojos y te dejas llevar por la reflexión de sus cuerdas, por el volcán dinamizador que todo lo cubre.

"Igmayagh" escenifica la perfecta síntesis, el mestizaje del blues con la tierra, Africa que suda y grita para de nuevo en "Timidiwa", sentir la rapidez de la tormenta, los colosales amaños del viento para provocarte visiones, para sentir en tu piel lo que está música transmite.

Extraordinario quinto disco de un artista que va para arriba, que tiene aun mucho que decir, que nos trae la verdadera música del mundo, esa que está libre de las chuchería de los medios, del circuito de los memos que cada vez más todo lo inundan.


domingo, 26 de febrero de 2017

BETTY AND THE WEREWOLVES. "Tea time favourites" (2010)


Compuesto por tres chicas y un maromo, desde que suena la primera canción del disco, "Euston station", de Betty and the werewolves", te engancharás sin poder poner freno, a este batiburillo de punk pop con alas de garaje, con espíritu siempre transgresor.

Hay veces que a las bandas hay que pedirlas que suenen así; frescas, sin aditivos, directos, con un buen gancho melódico que llevarte a la boca después de comer pop, guitarras frenéticas y voces aniñadas, ("Paper thin"), himnos para radiar entre tus manos malabares de circunstancias y poemas al azar.

Mirando a The Pastels o Shop Assistants, Betty and the Werewolves no se arrugan cuando tienen que darnos puñetazos de punk como "David Cassidy" o "The party". También cuando se ponen serias, nos ofrecen pedazos de punk funk para dislocarte, "Wind-up", o vacilonas canciones para arrugar el ceño y mostrarte triste mientras bailas desenfrenado un swing loco, "Francis".

Las chicas están a gusto siendo guerreras, punks de flores mustias, atributos de juventud que joder, viene bien en estos tiempos de tanto impostor vestido de prudencia al por mayor ("Heatcliff"). Le dan al francés con ironía y sarcasmo en "Tu veux jouer" y en "Plastic", con unos teclados que te lo tiran a la cabeza, ofrecen su versión mas nihilista, como unas Stereolab con imperdibles en la voz.

Para terminar, "Hyacinth girl",algo más relajada, pero siempre ardientes, viscerales en esta miscelánea de punk pop con aires amateur y con una pegada a reseñar. No descubren nada, Ni falta que hace. Pegada directa.


viernes, 24 de febrero de 2017

THE KLF. "Chill-out" (1990)


Hay veces que para comprobar la transcendencia e importancia de ciertos discos hay que dejar pasar la carrera de los años para saber el impacto que ciertos grupos y lps han dejado en la historia de la música tal como la conocemos.

"Chill-out" es uno de esos casos. Desde que escuchas "Brownsville turnaroud on the tex-mex" con esa voz codificada, y el sonido del tractor de fondo, notas al instante que las enseñanzas de Brian Eno en el orbe ambient, con esta banda inglesa, tienen una buena manera de llevarlas a buen puerto.

Todo "Chill out" es un reguero de paz sin freno. Y esos que los componentes de The Klf, Jimmy Cauty y Bill Drummond, son sobre todos conocidos por la elaboración de píildoras de rave, fiestones de house y madrugadas que se juntan con noches sin fin.

Escucho el río y los grillos en "Dream time in lake Jackson" , y el tren que viene, que se acerca. Los ruidos de la vida real, junto a un apoyo tecnológico leve, creando una sensación de banda sonora de la calma. Música para una siesta perpetua.

"Madrugada eterna", con sus siete minutos, es una prolongación de esa idea de grupo con la mirada puesta en la evolución estética de la tradición de club hacia lugares donde se dan la mano la catarsis del silencio, el slogans de la suavidad.

Como el fantasma de Elvis, sampleado y nebuloso, aparece en "Elvis on the radio,steel guitar in my soul", o cuando en "3am somewhere out of  beaumont" te ves imbuido en una carrera sin peligro por travesias de burbujas apunto de explotar. Momentos un poco más movidos, "Wichita lineman was a song i once heard", junto a espejismos minimales como "The lights of Baton rouge pass by", resumen a la perfección  la convulsión que supuso cuando apareció y en los años venideros el hálito de este cd. Ambient para ronronear aires.


miércoles, 22 de febrero de 2017

VAN DER GRAAF GENERATOR. "Do not disturb"


Desde 2012 no sabiamos nada de la banda de Peter Hammill, cuando sacaron el instrumental "Alt"."Do not disturb", nos muestra a una banda que puede tener la cabeza bien alta. El rock progresivo tiene significado cuando les escuchas, (como cuando te pierdes en el laberinto de los actuales King Crimsom).

Y en estas fechas que corren, es una pasada disfrutar de la lírica increbile de "Aloft", con la voz de Hammill,barítino de espacios donde los instrumentos se explayan en laberintos de busqueda colosal. Acompañado por Hugh Banton y Guy Evans, el grupo que sacó su primer disco el año que yo nací, 1969, confecciona un mapa de emociones de siempre con sonidos que te llenan de luz.

Melodiosos en "Alfa berlin", repicando sobre la cabeza, entre los teclados que se someten a la garganta de Hammill.  Oyes "Forever falling" y vives un auténtica vuelta a la época de las canciones largas, erizadas entre cromatismo de misterio y alforjas de luz cegadora.

Si, Hammill lo ha conseguido. Ese inicio guitarrero de "(Oh no I must have said) yes", con su elegancia de otros tiempos, como un dandy del virtuosismo que no lo para el avance del tiempo. Hammill y Fripp, mantienen la apuesta, se sienten felices siendo como dos dinosaurios que se han sabido adaptar al devenir de las circunstancias.

"Brought to book" también se fabrica del mismo material incorruptible del ayer, hormigón armado donde la esquisitez cohabita con el esplendor que no se pasa, que no se agota.  Discazo a disfrutar por lo que tiene de actual con sensaciones que parecían ya finiquitadas.


domingo, 19 de febrero de 2017

BATTLES. "Gloss drop" (2011)


La marcha de Tyondai Braxton, a mitad del proceso de grabación de "Gloss drop", no impidió que este segundo disco de Battles, fuese una maravillosa continuación a "Mirrored". Y basta sólo con pararse en la canción que inicio el cd, "Africastle", para comprobar que su rock matemático, marcial, polirítmico continuaba en su radiante evolución.

En esta ocasión Battles contaron como apoyo vocal (gritos, ruidos, expresiones malsanas, estridencias de gargantas) con músicos de Boredems ("Sundome" es una bestialidad de principio a fin), la cantante de Blonde Redhead (alocada "Sweet & shag"), Gary Numan (la estrella indie de los 80 se sale en "My machines") y las especulaciones electrónicas del chileno Matias Aguayo, que en "Ice cream", ayuda para que el sonido de Battles suene a un auténtico frenpático, como un aborto de Animal Collective.

No sería descabezado decir que Battles es una de las propuestas que más se ha acercado a los cánones establecidos en su día por Tortoise, como podemos comprobar cuando nos enfrentamos a "Futura" y sus devaneaos instrumentales, soriasis guitarrera, pasión duende por el desenfreno y los atribulados zigzags para esparcirnos en vahos siderales.

"Inchworm" es un loop que se extravía en tus pies, una cadencia que rebosa veneno, catarsis quebradero de cabeza, laguna de aturdimiento. En "Wall street", con la dislocada batería de Stanier, arremeten a toda velocidad con desenfreno y detonación.

Todo un muestrario de buena salud, de inquina compositiva que hará las delicias de los amantes de las travesuras,del mathrock con colores psicodélicos, alforjas de salud robótica, álgebras de ritmos descarriados para gozar sin parar.



jueves, 16 de febrero de 2017

SIGUR ROS. "Takk..." (2005)


Desde que sacaron el deslumbrante "Agaetys byrjun", no les he perdido la vista. Cada trabajo suyo, era una manera nueva y etérea de volar con los islandeses, y esa mezcla tan personal de postrock, música orquestal, new age bien entendido,todo aliñado con una buena dosis de catarsis al rojo vivo.

"Takk..." fue su cuarto álbum, y en él encontramos una de las canciones más logradas de toda su carrera, "Glósóli" con un arranque de distorsión lírica, eléctrica a mitad del tema, que te deja aturdido, feedbak en medio de los ángeles caidos por el sopor de la divinidad, por el frio de la intemperie. Sublimes.

Puede que a muchos le chirríen esas voces, y esa forma tan particular que tienen de fabricar lugares comunes para la sedación del espíritu. Yo no me resisto, me dejo llevar, me pongo "Hoppípolla", con ese piano que da la salida a un torrente de épica glaciar.

Así son Sigur Ros, discos largos, gozosos en barroquismos, en expresiones musicales para acompañar imagenes de paseos por florales espacios, mímica del sentir. "Sé lest" parece que nunca se va a apagar, con sus tintineos de teclados campanulas, confetí para el esparcimento.

En este lp, Sigur Ros muestran su cara más alegre, hibernan en una primavera espacial, ("Saeglópur"), donde todo lo que cabe es la magia de la incertidumbre, los bocados de realidad imaginados mediante evocación. Uno de los puntos álgidos de "Takk..." es "Milanó", donde hacen una perfecta mixtura de arranques guitarreros y la calma que incendia los corazones.

"Andvari" es clasicismo hasta el extremo, rutilante y triste, mapa sonoro donde perder el sentido mientras despistado pintas en una hoja un laberinto donde buscar evocaciones pasadas, sonidos impacientes por hallar la credibilidad de lo íntimo.

Ya casi cuando llega el final, otro pedazo de joya, "Svo hijótt", pasión desaforada, la mejor manera de seguir llevando a Sigur Ros dentro, colección de minutos donde hallar el recogimiento, la evaporacion de las cosas inservibles.

Ha pasado el tiempo. Lo último suyo que escuché fue "Kveikur" (2013). No importa. Sigue vigente su mensaje onírico, sus dentellladas de paz que no se acaba. Música para la depuración.


martes, 14 de febrero de 2017

JAPANDROIDS. "Near to the wild heart of life" (2017)


El tercer disco del duo canadiense formado por Brian King y David Prowse los trae a la escena con la sensación de perdida mala leche,bajando las balas de sus sonido, componiendo un lienzo de rock, con la mirada puesta en The Replacements, como principal eje motor, pero con falta de nervio.

Para el que escribe, me quedo con la ferocidad de sus dos primeros cds. Este "Near to the wild heart of life", es un disco irregular (la canción que titula el álbum es pura épica corrosiva, de las pocas que recuerdan a su vigor de antaño),que se le debe dedicar minutos, para esperar que se abra la puerta del goce. Y quizás en esta no inmediatez de su sonido, reside la falta de sintonía que he sentido con el disco.

"North east south  west" suena rock de carretera, americana con distorsión y melodía, membretes que funcionan por su capacidad para corear, pero que cuando suena "True love and a free life of free will", notas que falta distorsión, que se cae sin querer en la reiteración.

Después viene "I'm sorry (for not finding you sooner)",  y sigo esperando ese arreón que no llega, ese hachazo que te haga contener la respiración, exhalar ramos de luz incierta, condimento de rabia. "Near to the...", les aupará seguro en listas, pero no entrarán en el club selecto de las bandas que dejan huellas.

Y eso que con "Midnoght to morning" la cosa parece que cambia. "No known drink  or drug" suena bastante lineal y "In a body like a grave", la que pone fin al disco, contiene las mismas faltas que el resto de temas del disco. Un quiero y no puedo. Me quedo con "Celebration" (2012) y "Post-nothing" (2009).


domingo, 12 de febrero de 2017

AVISHAI COHEN. "Into the silence" (2015)


Existen dos Avishai Cohen en el mundo del jazz. Uno, es un contrabajista hebreo que lleva desde finales de los 90 recorriendo el mundo y su jazz apaciguador, y otro, es este Avishai Cohen al cual dedicó el artículo, trompetista, también israelí, afincado en New York, que lleva años fusionando al post-bop con el jazz contemporáneo.

"Into the silence" es un señor disco. De principio al fin. Como una continuación a su anterior producción, "Dark nights", el lp es un compedio de jazz para musicar peliculas de cine negro. Las dos primeras tracks, "Life and death" y "Dream like a child" son una ración representativa de este jazz que milita en las noches negras, en los tuburios de neones gastados por vomitos de exceso y balas preparadas para buscar un hogar de carne.

Todo el disco es una amalgama de sonoridades que bucean tranquilas, mediante una banda que se esmera en la relajación, en componer suites como la que titula el disco, donde impera la creación anímica de lugares comunes para el suspiro y la calma.

Cohen dedicó este trabajo a la muerte de su padre, y todo el cd respira una drama que se percibe en cortes como "Quiescence" o como en la elegante "Behind the broken glass". Para terminar, en forma de epílogo, con el piano como protagonista, "Life and death- epilogue", la mejor manera posible de decir adios a su ser querido.

Entre los dos Cohen, me quedo con este. Su jazz me lleva a lugares oscuros, a pasiones imposibles. a la sedacción del dolor por medio del arte musical. "In the the silence", suena este domingo después de comer, mientras los cristales se llenan de lluvia, y los ánimo se relajan buscando la aquiescencia de la calma total.


jueves, 9 de febrero de 2017

PULP. "This is hardcore" (1998)


"This is hardcore" fue el mejor disco de britpop de la historia. Si, asi de categórico para el que escribe. También el más inquiento, sucio, extraño, menos dado a vanalidades y tontunas. Escucho el final de "The fear", con esa distorsión destroza timpanos, y sabes que Jarvis estaba en el mejor año de su carrera cuando nos entusiasmó con este torrente de magia que es "This is hardcore".

Me alucina el barroquismo de temas como "Dishes", y quizás nunca sonó la banda de Cooker más Bowie como en "Party hand"; glam eléctrico, vatios siderales, la fiesta que no para mientras las mieles del éxito independiente agasajaba por aquellos años al lider de Pulp y sus chicos.

Y que decir que ese himno que es "Help the Aged", pura catarsis, bandera épica donde los amantes del britpop vieron una coartada para continuar con sus galanterías de otras épocas, dandys traviesos que se afanaban por tocar el cielo aunque fuese con los dedos de los pies cansados de tanta algarabía de fiestas.

Para muchos "Different class" fue la parte más álgida de su carrera. Yo me quedo con este torrente que se llama "This is hardcore". Y es que no hay canción que baje el nivel en este grandioso disco que es una concatenación de gemas inclasificables.

Cooker se muestras como un seductor, un amante de la carne que hizo un disco para celebrar la necesidad del contacto. La que da titulo al lp, con ese piano y ese ritmo síncopado, participa de la levedad de una carrera sin fondo para evitar los rasguños de la edad. "This is hardcore" canta mientras las guitarras se encabronan en un festival de confetis y exceso.

"I'm a man" y "A little soul" van a tumba abierta, confesiones de pop, ampulosidad a mansalva, rabia y tremulos combates de jolgorio total. La cosa sigue funcionando cuando Cooker se viste de Barry White y nos regala "Seductive Barry", pegajosa, cruda, total soul futurista.

"Sylvia" la más potente del disco, deja paso a "Glory days", otro juguete envenenado para soportar desdichas. Grandiosos Pulp, los putos amos del britpop, el grito de lo efímero que pervive a traves de los años.


martes, 7 de febrero de 2017

MONO. "Requiem for hell" (2016)


Cuántas ganas tenía de pillar el último largo de los nipones Mono, una de mis bandas favoritas de post rock en su vertiente más abrasiva y lírica a la vez. En la misma liga que Mogwai o Explosions in the Sky, la banda sigue impertérrita su camino por la senda de la devoración interna mediante crescendos que van y vienen, latigazos desbocados, luces a mansalvas de impetu desgarrador.

"Death in rebirth", la primera del disco, es eso y mucho más. Ocho minutos de sinfonía eléctrica, mareo a bordo de una nave de feedback que va poco a poco subiendo el volumen, desperezándose en un rugido de tempestad y vientos de esos que te hacen perder la cabeza.

Steve Albini es el que se encargó de la grabación del disco, y la verdad es que donde mete su mano el de Chicago, se nota a la legua los torrentes de efusividad interna. Su noveno disco no descubre nada. Como ya pasó en "Hymn to the inmortal wind" (2009) o "Gone" (2007), este último trabajo nos lo muestran tal como son. Y eso ya es mucho.

En "Stellar" se someten al dominio de un piano mecido en un velatorio de cuerdas, sumidos todos en un bosque donde la niebla hace imposible un paso sin herida, hallar el reposo después de la huida, la guarida del que cree ver en la brutalidad de la naturaleza el último refugio tras vivir toda la vida entre hollín y velocidad. Música evocadora. Música para soñar.

Y como no, tampoco falta el tema de rigor largo, largo, como para partirte entre luceros. El que títula el cd; unos punteos de guitarra, mientras el grupo a rebufo parpadea suspiros, preparándose para una acometida de furia, repletos de cartas marcadas con el daño del incredulo, con la pasión del que se esfuerza por creer a pesar de todo. Pedazo de tema.

Mono es un huracán desmesurado, un conjunto de trinos instrumentales ardiendo entre florestas inmarchitas y resonancias de labios que ladran. "Ely's hearbeat" es una oda imperfecta, clasicismo con un serrucho de deseo.

Para terminar, "The last scene", una tranquila travesía por un universo de colores y rocío perfumado, un volcán devorador a raudales. Mono, para volar y volar, levitando entre arpegios y sonajeros de extrema delicadeza.


domingo, 5 de febrero de 2017

APPARAT. "Krieg und frieden" (Music for theatre)" (2013)


Suena "44", con sus violines ardiendo clasicismo, la primera canción del disco, y ya ves imposible la huída, dejar de quedarte rezagado mientras los ruidos son olas que navegan entre intestinos de luz, de labios que se prensan con una voz apagada en forma de silencio.

"Krieg und frieden" es una delicia. una banda sonora para una obra de teatro, "Guerra y paz" de Tolstoi llevado a las bambalinas por un grupo que siempre ha sabido jugar con la electrónica, ahora compositores de una deliciosa música que cuando escuchas "Lighton" con esa épica lenta, lírica estrangulada, te dejan listo para una buena siesta de sentimientos.

Sascha Ring el jefe de este experimento se marchó a una fábrica junto a una orquesta de cámara y una buena ración de electrónica introvertida, para confeccionar un buen número de piezas donde se acerca al post rock ("Tod"), o tutea con la experimentación ("Black page") para volver trotando en un mar de vientos con "PV".

Una delicia es "K&F thema", caja de música con sorpresas que arropan volutas de vaho, racimos de discordia y suaves goznes a mansalva. Los chelos son los protagonistas de "Austerlitz"y su vals de clasicismo, y para termina "A violent sky", otro himno de esos para llevarte al recuerdo.

Un buen disco para poner junto a Craig Amstrong. Delicadeza, intimidad, clasicismo, el imperio de las letras, las lágrimas cavando hoyos donde nacerán girasoles con pipas de esperanza. Un buen disco para seguir a un muy buen grupo.


viernes, 3 de febrero de 2017

THALIA ZEDEK BAND. "Eve" (2016)


Es imposible que decepcione un trabajo de Thalia Zedek. No defraudó cuando la oíamos en Uzi, Live Skull o Come y como en su carrera en solitario, sigue ofreciéndonos pistas para que continuemos confiando en su voz rota, en su romasticismo del dolor.

Desde que suena "Afloat", y su hermana "360º", con el piano de fondo metiendo baza en ese coloquio soberbio que efectuan con una banda que sigue a pie puntillas a Zedek por barrancos de emoción, de una desesperación siempre lejana a una pose.

En "Eve",  sigue por la senda de "Six", repicando campanas de amor roto, componiendo odas que se mueven siempre en una tranquilidad que intuye los alaridos de la tormenta que se avecina, ("By the hand"). Y es que es imposible no caer rendido cuando suena "Illumination", sosegada y certera, rutilante y resistente a la morosidad del tiempo.

La de Chicago confecciona a su antojo un discurso donde todo la electricidad siempre esta contenida, donde aparece y aparece siempre en su sitio, en un laberinto donde prima la rabia sin alto octanaje ("Northwest branch").

Y si me tengo que quedar con una perla de la agonía, me quedo con "Not farewell", una letanía que quema, una radiante hoguera de fuegos fatuos, caloría íntima total. Quizás en su carrera en solitario, no Zedek no ha superado el listón de Come, pero sigue a lo suyo, sentada en una mecedora mirando al cielo como se avecina la tormenta para tratar de ordeñarla. Como siempre un valor seguro.




martes, 31 de enero de 2017

TIM HECKER. "Harmony in ultraviolet" (2006)


Tim Hecker, músico canadiense conocido por sus trabajos atmosféricos, donde el ambient y la electrónica colisionaban en un perfecto estadio de sincronización, sacó en el año 2006, este estupendo "Harmony in ultraviolet", su cuarto lanzamiento; un boomerang de sensaciones, brumas y rayos que se incrustan en cielos iluminados de rumores.

Valga un tema, "Strags, aircraft, kings and secretaries", para poner el punto de partida a toda una experimentación especulativa,un manejo soberbio de los utillajes electrónicos, creando climax agobiantes, suspiros al trasluz, molinos de viento de cieno.

Hecker, ordena sus aparatos y se echa a volar ("Chimeras"), sin paracaídas, sin sopor, a lomos de un fulgor, confeccionando sacudidas de ruido blanco,  como la impactante "Dungeoneering", apoyada en una minimal construcción de glitchs que someten al escuchante a una bendita extenuación.

La melodía aparece soterrada casi siempre, como en esa alucinación abstracta que es "Spring heeled jack flies tonight", mansalva de agitación cercana al postrock, una manta expectorante de sinuosos ritmos grabados en una isla de tecnología punta. Envolventes sonidos que gimen apocamiento estructural, rabias inauditas, confort malsano.

Si, no me extraña que haya trabajado con Godspeed you black emperor!. Se nota la inclinación para crear espacios sonoros provistos de reflexión y mecánicos sentimientos. Las cuatro partes del tema "Harmony in blue" son un caramelo envenenado. Hasta parecen comedidamente radiantes en "Whitecaps of white noise I", reflexivos, lirica envasada al vacío en medio de un jardín voluminoso de rosas fugaces.

"Blood rainbow" es el epitafio, la solemne culminación para un disco envolvente, rico en ensimismamiento, caligrafía de la especulación ambient con sesgo de luces opacas.


sábado, 28 de enero de 2017

ANNA CALVI. "One breth" (2014)


¿Para que queremos a PJ Harvey si tenemos a artistas como Anna Calvi? Esta pregunta me viene a la cabeza cuando pongo el cd y escucho "Suddenly". Seda, candor, fuerza, guitarras, emoción... Todo lo que le falta a la última Harvey, Anna Calvi lo tiene en este segundo disco que es un maremoto vibraciones y rock brumoso.

La épica de "Eliza", su colosal forma de dramatizar con su voz de guerra eterna, los focos en sus ojos mientras la lluvia derrama su elixir en ocasos de calor y sopor. Anna Calvi lo tiene todo para quedarse en las barricadas de las emociones con alto contenido de pasión. "Piece by piece" es delicada, angelical, extraña, como un pedaleo de mohines, como una interrogación al vacío.

"One breth" es un disco repleto de aristas que perforan sueños extremos. "Cry" es un cabaret ambulante de chispazos de guitarras, una reflexión a la luz de la noche, un grito que se ve sumergido en una penumbra de tambores de besos. Se acerca al goticismo en "Sing to me", para volver a elaborar himnos de esos para explotar paredes con la envolvente "Tristán".

En la que titula el lp, se envuelve en celofán de caricias, con orquesta y todo, violines que ronronean, la pista de hielo forrada de flores, los recuerdos en un baul con la cerradura saboteada. La Calvi que más me gusta, en la abrasiva, la que en "Love of my life" se desboca hasta la catarsis, envalentonada con un torrente de electricidad de esas que quema y arrasa. Total.

"Bleed into me" es una preciosidad, un rumor de velas que se apagan al son de un aplauso de ternura, la lisergia de la tranquilidad satisfecha. Para acabar, de la mejor manera posible, con "The bridge", ópera subterránea, catapulta del amor. Lo dicho, ha seguir pues de cerca a Calvi, si lo que buscas es intensidad y rubor.