viernes, 3 de abril de 2020

BRIAN ENO. "Small craft on a milk sea" (2010)


Qué importante es la risa en estos tiempos de discordia anímica, en esta debacle diaria por la supervivencia. Tenemos los medios virtuales, los teléfonos, para ponernos en contacto con los nuestros para dibujar animo, recuerdos pasados, gracias de esas que te lanzan por un momento a lo que nos ocurría antes de la pandemia. Mi hijo me pregunta cuando podrá salir a la calle. Le digo que no lo sé. que dependerá del control del virus. Intento hacerle ver que hay que divertirse en casa, (también estudiar), jugar, ver películas de esas que te hacen tronchar, ser positivos, porque algún día esto pasará. Una sonrisa, un bien preciado a día de hoy.

Este viernes está con nosotros Brian Eno, el puto amo del ambient, que de la mano de Jon Hopkins y Leo Abrahams grabó este portentoso trabajo, que empieza delicado y suave con ese piano que te rompe en "Emerald and lime", para sumergirte en oscuridades sinuosas con "Complex heaven" o con la que titula el cd.

Para la realización de este disco se inspiraron en bandas sonoras de peliculas, y su sonido trae también sonidos electrónicos como esa catarsis que son "Flint march" y la apabullante "Horse". El disco ,una pasada de principio a fin, se nota la conjunción de los tres músicos para elaborar un mapa emocional donde el ritmo lo es todo ("2 forms of Anger"). También producen score de cine negro como la brutal "Bone jump", y ritmos de bailes en "Dust shuffle".

La electrónica minimal llena "Paleosonic", para en "Calcium needles", hipnotizarnos con ráfagas de ruidos que te llenan y te calman. Que belleza despide el piano de "Emerald and stone", que tranquilidad tan necesaria en estos tiempos de pavor. Como "Written,forgotten" y ese misterio que despide a cada nota. Cierra el lp, "Late anthropocene", la más larga del disco con sus casi ocho minutos, todo un encantamiento del maestro del ambient.

Música pare recogerse y soñar, para volar y cerrar los ojos. El sol entra por las ventanas, no hay ninguna nube que tape el cielo azul, y la radiación de Eno compacta el silencio en una sideral energía de alegría. Ambient.


miércoles, 1 de abril de 2020

THE FLESH EATERS. "I used be pretty" (2019)


Aquí seguimos. Continuamos con la sensación de que esto va para largo. Calles vacías, cielos de abril recién comenzado repleto de agua y frío, desolación a cada pulsación de los canales de televisión. No parece que estemos en primavera. Creo que no quiere aparecer, Que cuando el calendario la dijo que su trono empezaba, debió recapacitar, echarse para atrás, y le dijo a su hermano el invierno, que ella no podía dar luz a las flores, ni colores a los campos, cuando todo es una inmensa urna funeraria que cada día suma y suma más fallecidos. Mientras, seguimos con nuestras necesarias rutinas para vencer el escozor de la amenaza,,.

The Flesh Eaters llevan más de 40 años en la carretera, y este "I used be pretty", es su 15 lp. La verdad es que no parece que pase el tiempo por ellos. La formación es la misma que 1981. O sea miembros de The Blasters, Los Lobos, y X para sacudirnos con rock de ese que no tiene caducidad, con saxos de esos que entran y penetran ("Black temptation"), con cierta toque a Nick Cave en muchas de sus apuestas ("House amid the tickets"), y con una radiante y efectiva elaboración de rabia y chulería ("My life to live").

Discos como este se escuchan con disfrute, sabemos que la reinvención de sonidos tan lejanos tiene su riesgo, pero es que los colegas tienen en su pedigrí la solvencia y las tablas para emocionarnos y hacernos bailar. Garaje de la casa como "Miss muerte", o himnos decadentes de rock del desierto, como "The Youngest profession", se unen junto a ese clásico de Sonics, "Cinderella", de esos que levantan a un muerto.

La más punk del lote es "Pony dress" , y "The wedding dice" es otra vitamínica aportación de ritmo y demolición. Para el final, los trece minutos de "Ghost cave lament", un largo lamento decadente, psicodélico, tenso, vivo, total.

The Flesh Eaters. Rock en estado puro, Sin aditivos, sin filtraciones, sin peroratas insulsas. Directo y contundente. Seguimos tachando días del almanaque....




lunes, 30 de marzo de 2020

MOTORHEAD. "Inferno" (2004)


Una de las cosas que más nos queda sin palabras en este periodo de confinamiento es la desaparición en las calles de los niños, de sus voces, de su presencia, de sus risas, de los bebés, de los adolescentes que vuelven del instituto. Mi hijo lleva ya más de 15 días sin salir a la calle y no lo lleva mal. Todo es implementar rutinas para que cada día pase antes y que los fines de semanas, sean fines de semana. Imagino que cuando acabe todo esto surgirán historias de la ocupaciones varias en los pisos grandes y pequeños, de como ha afectado psicológicamente a los más pequeños esta hibernación que dura y dura. Un mundo sin sonidos de niños es un mundo falto de lo que más falta nos hace ahora: futuro donde agarrarnos para no despeñarnos hacia el abismo.

Hoy he traído por aquí a unos grandes. Motorhead, con el gran Lemmy, en el que fue su trabajo número 16 de su carrera. Tras dos de sus peores discos de su carrera, los insulsos "We are Motorhead" (2000) y "Hammered" (2002), este "Inferno" desde que empieza la speed metal "Terminal show" es una recuperación de ese sonido a piñón fijo que nos alegra bastante aquellos que no tenemos nada que ver con el mundo metalero.

"Killers" es un hit soberbio y macarra, y la roquera "In the name of tragedy", son sólo dos de los disparos certeros de un disco donde el desaparecido bajista se llevaba a sus espaldas todo ese sonido bestial que ha caracterizado su carrera ("Suicide").

Hasta los guiños con el rock and rolk más clásico como "Life's a bitch" funcionan de principio a fin como "In the black" donde el batera, Mikkey Dee, saca a relucir todo su repertorio de agitador de baquetas. La más rápida del álbum "Flight" un torbellino de distorsión trash que da paso al hard de "In the year of the wolf". En "Keys to the kingdom", aparece algo parecido a una melodía, para terminar con el blues de "Whorehouse blues".

Siempre en buen momento de escuchar a los Motorhead. Su sencillez aplastante y sus repetición de los esquemas musicales desde sus inicios, viene bien en estos tiempos de poses esterilizadas. No se como habría vivido Lemmy la pandemia que nos asola. Seguro que con su bourbon y sus maquetas, con cien candados en su puerta, esperando el fin del mundo.....


viernes, 27 de marzo de 2020

BODYCHOCKE. "Cold river songs" (1998)


Parece ser que tenemos menos contaminación. Que han encontrado peces en Venecia. Que los seres vivos que campan por la naturaleza ya no se tienen que asustar por el sonido de disparos de postas. Parece ser que este virus asesino que nos está diezmando ha venido bien a la Naturaleza. Quizás todo venga de una respuesta de Gaia ante las agresiones constantes del ser humano al medio ambiente. Deforestaciones, cacerías, el Amazonas como futuro lugar para construir un infecto polígono industrial.... Quizás cuando todo acabe, seguiremos enmierdando todo. O quizás, sólo quizás, nos demos cuenta que para que respiremos con salud, debemos de cambiar nuestros corrosivos hábitos.

Hoy estamos de enhorabuena con la recuperación de esta pedazo de banda que en los inicios de los 90 vino acompañar propuestas tan necesarias como la de los imprescindibles Swans. Y es que Bodychoke, en este su mejor disco de los 4 que sacaron, es el que más te hace sentir esa incomodidad peligrosa, pero necesaria que les caracterizaba.

Te pones los diez minutos de la canción que titula el disco, y sufres cielos, condenado por una ordalía de noise rock, post rock, rock industrial y gotas de goticismo. Un himno en toda regla que viene después de ese pedazo de divagación extrema que es "Control". Pedazo de sonido. No me extraña que Relapse Records, hogar de Neurosis o Today is the Day, reeditaran el cd, actualizando su brutalidad en el año 2009, con la banda ya desaparecida.

En bucle que ando toda la semana con "Cold river songs". Y es que engancha de principio a fin. Su pesadez instrumental, su minimalismo del apocalipsis, sus cadenas envolventes que te martillean el cerebro ("Your submission"). Y es que hasta el uso del chelo suena amenazante ("Victim"), visceral, gangrena y caos, pesadilla y apocalipsis.

"Ideal home" es una plegaria, una catarsis decadente que mira en el mismo espejo donde se refleja Michael Gira. Bestial. Lenta, single para poner mientras nos asomamos por la terraza y comprobar que todos los días de la semana son domingos fríos y duros de invierno. Pedazo de banda. Sí, lo tenían todo para haber tenido más suerte, pero ya todo da igual. Su sonido nos sigue cruzando los sentidos, su efectiva mezcla de intensidad y templanza nos conmociona y nos convence.

Luego vienen los casi doce minutos de la casi oriental "Aftermath", para en "White light killer", volver por los fueros el predicador Kevin Tomkins, con la canción más dura de todo el lote. "Woman unkind" es otro torrente de lluvia ácida y el final con "Trial", con las cuerdas cabalgando mientras las guitarras crujen estampida, dando la justa medida de un pedazo de grupo que hay que recuperar ya.

Bodychoque, terapia para afectados de realidades condenadas a repetirse, sinfonía del caos desde atalayas donde se vislumbra la mierda que tanto nos acucia. Aquí abajo os dejo el disco entero. Puro disfrute.




jueves, 26 de marzo de 2020

BISON BISOU. "Pain & pleasure" (2019)


El otro día pregunté a mi vecino si tenia mascaras. A la mañana siguiente en el pomo de la puerta, encontré unas cuantas para salir del paso. Tenemos otra vecina mayor que está sóla, sus hijos están lejos y cuando vamos a comprar siempre la llevamos algo. Si algo estamos sacando en positivo de este holocausto es la solidaridad entre la gente. Nos estamos abriendo, el miedo no nos ha quitado las ganas de ayudar. Ya sé que esto es un espejismo, que cuando acabe todo, los que se vanaglorian de su racismo y de su falta de humanidad, volverán a propagar ese virus que no hay vacuna que pueda con él, el del Odio hacia el diferente. Pero de momento, entre los aplausos a las 8 y la predisposición del pueblo a colaborar, estamos dejando notas para  a posteriori comentar cuando se aplaque la guerra.

Hoy traigo por aquí a Bison Bisou, un grupo galo de post hardcore, de mathrock con ínfulas de estridencias necesarias, que desde que empieza a sonar la batidora que es "New grounds", y la seminal "Path in the whirl", con sus zarpazos que recuerdas a Mcclusky, saben repartir y desgranar un ideario repleto de rabia y adrenalina concentrada.

Hasta en los momentos donde parecen querer hacer un hit, como ese torrente de electricidad que es "Dad tomb", usan los constantes cambios de ritmos para que tengamos difícil encasillarlos en un lugar común. Rabia les sobra, energía a raudales, que en "Nostalgic pleasure" se convierte en el arma más eficaz donde el quinteto redobla sus esfuerzos para corrompernos en un frenesí que siempre pide más.

Saben dar fuerte, usar la melodía en su justa medida, haciendo un catálogo de radiación total como ese torrente que se llama "Bye bye cold riot". Belleza enjaulada en aullidos. La más bestia, "Moist ends" que da voz a "Parking lot" donde la sombra de Jesus Lizard se desliza con vehemencia y detonación.

"Pain & Pleasure" es un monumento de sugerencias sónicas, de ruidos que consiguen una maquinaria de esa que funciona a pleno rendimiento ("Parallel power", y "New friendship" son buena muestra de ello).  Para terminar, otro volcán de digestión noble, "Peaches forever".

Bison Bisou, un buen rato de mala leche, de un grupo que puede servirnos para desfogarnos en este tiempo de celibato del aire de la calle.



martes, 24 de marzo de 2020

CHOKEBORE. "A taste for bitters" (1996)


Se nos ha ido Tía Carmen. El invisible virus asesino que transita entre nosotros, el que tiene nombre de corona (siempre la puta realeza dando guerra), se la llevó en pocos días. Con su marcha también se ha ido parte de mi ayer, de ese mapa donde la infancia dibujaba los mejores trazos de una pintura irrepetible, inigualable.

Vacaciones de verano en su casa. Todos los años de 2 a tres meses, creciendo a ramalazos de bosques y pajarillos, de excursiones en bicicletas, de balones que siempre entraban en la canasta, aunque fuera por abajo. Ella se fue, como se marchó mi tío dejando la casa en silencio, el jardin vencido por las malas hierbas, con el fantasma del chopo apareciendo en sueños, mostrando sus ramas que como sombreros nos protegía de los calores estivales.

Adiós Tía Carmen, adiós desde el confinamiento, desde el miedo por no saber que pasará conmigo, con mis queridos y necesarios amigos, con los indispensables miembros de la familia que durante muchos años formamos parte de un calendario que siempre nos traía alegría, gamusinos enjaulados en noches nunca demasiado oscuras para nosotros,  pertenecientes a la estirpe de la inocencia perpetua.

Se van difuminando los actores de una época que parece que quiere nublarse de nuestra vida. La vida te da puñaladas viles que te conmocionan y te asolan, ahora más que nunca; en este apocalipsis que nos ha tocado vivir sólo nos falta la aparición de zombies en la calle para que algún director en el futuro pueda llevar a cabo este proyecto tenebroso.

Adiós Tía Carmen. Es todo tan triste que mi querida madre, con la que compartías desde el confín de los tiempos llamadas diarias, y vivencias en común, ha tenido que velarte en silencio encerrada en la clausura de su casa. Ni siquiera hemos podido aliviarla con un beso. Ahora los besos son como la bomba de Hiroshima. Hoy la he visto, con los ojos llorosos, a tres metros de distancia, por si las moscas, por si ese maldito virus que dice que tienen que estar a 2 metros de distancia para no llegar a su hogar receptor, se le ocurre alguna perversa ocurrencia de jugar a un diabólico atletismo.

Me  está costando horrores recuperarme de este hachazo. No tengo ganas de escribir, ni de escuchar música, ni de leer, ni de ver cine, aficiones que en el enclaustramiento son la boya que abrazo para no pensar demasiado.

Por cierto, Chokebore es un grupazo. De los que no tuvieran demasiada suerte en los 90 por la cantidad de bandas que coexistían en un mismo periodo de tiempo. Slowcore, noise rock melódico, una maravilla. Este fue su mejor disco. Y hasta aquí llega la crítica de su lp. No es el quizás el momento de explayarme más, ahora no toca.

Adiós Tía Carmen. Adiós a los bocatas de chorizo que volaban hasta la autopista, adiós a tus paseos para comprobar que hacíamos la siesta, adiós al mercadillo, adiós a las noches que mientras dormíamos te pasabas charlando con mi madre pensando en la comida del día siguiente o en los chismes que toda familia atesora en su existencia. La pesadilla continua, sin saber cuando desaparecerá.....




jueves, 19 de marzo de 2020

BO NINGEN. "III" (2014)


Soy una persona profundamente ritualista. Diría yo hasta rallar en lo excesivo. Pero me gusta. Todos los meses me compro dos discos y dos libros, escucho tres discos a la semana,  tengo mis camisetas guapas para ponerme entre semana y otras para el finde, tengo los libros y los discos ordenados de forma alfabetica.... Por eso esto del encierro no me ha dejado fuera de juego.

He introducido a mis rutinas necesarias otras. Me levanto, desayuno, una hora de ejercicio con mi hijo, una ducha, ocuparme de los quehaceres de la casa. Luego comer los tres, un descanso con una buena peli, jugar con el peque, cenar, leer un buen libro (ahora estoy con Sánchez Ferlosio y su imprescindible "Campo de retamas") y luego otra buena sesión de cine. Es cuestión de mantener la cabeza ocupada ante la hecatombe que estamos viviendo.

Para hoy tenemos un buen festín,  la banda Bo Ningen, japoneses afincados en Londres, y este "III" una auténtica barrabasada de noise, de rock , de guitarras que estomagan, de tensión que crece y crece y te hace moverte sin parar (pedazo de inicio con "Dadada"). Taigen Kawabe y sus colegas saben mejor que nadie coger retales de garaje, de shoegazing, de metal avanzado, mover la coctelera y provocarnos espasmos y rabia de esa que te hace gozar. "Psychedelic Misemono Goya" tira de una extraña psicodelia  repleta de sensaciones de melancolía y suavidad mentirosa. Porque lo suyo es volvernos locos con sus viajes sin retorno hacia universos de caos y devastación.

Tengo un buen amigo que los ha visto en las islas unas cuantas veces y me cuanta maravillas del traslado al directo de todo ese engranaje musical que encuentras en sus discos. "Slider" es otro de los puntos fuertes de "III" (de los muchos que hay), donde suenan feroces en unas constante especulación de tensión y ritmo. Vaya gozada. En "Inu" hasta se divierten con un extraño funk mutante y en "CC", cuentan con la colaboración de Jehnny Beth, de Savages, en el track más orate del lote.

Mi preferida es ese remanso de paz post rock que se llama "Mukaeni Ikenai", donde hasta podían pasar por Envy, cuando éstos se ponen calmosos. Simplemente maravillosa. 8 minutos que no deberían terminar jamás. Pero la paz dura poco. "Maki-modoshi" es una batidora de sonidos para levitar y en "Mitsume" nos encontramos a una banda en un estado de madurez bestial, moderando algo el sonido ( sus anteriores trabajos eran un maremoto febril), para repartir estopa sin concesiones ("Ogosokana Ao"). Lo dicho un puntazo.

Seguimos pues en este cuarentena que parece va para largo. Deprimiéndonos por la constante lista de fallecidos e infectados. Refugiados en nuestra hogar donde ponemos el dique para que el virus asesino no atraviese nuestras paredes. Que siga sonando la música, que no pare jamás.....