viernes, 24 de enero de 2020

PERE UBU. "Dub housing" (1978)


"Dub housing", el segundo disco de esta seminal y necesaria banda de artrock, es el trabajo más postpunk de su carrera. Bebe del seísmo que aconteció tanto en Inglaterra como en su natal EEUU. Los de Ohio empiezan con fuerza con "Navy" y sus turbulencias oscuras para en "On the surface" navegar en psicodélicas olas desquiciadas.

David Thomas, el único miembro que ha estado desde el inicio en el grupo, es inimitable con su forma de cantar extraviando notas en una gravedad de mofa y confusión, como la que titula este segunda artefacto de una carrera que no tiene desperdicio.

"Caligari's mirror" es extraña, teatral, repleta de perfiles donde es imposible perder de vista el histrionismo de su líder junto con ese inconfundible sonido nacido para no parecerse a nada. El postpunk vive en volutas de humo de pesadillas ("Thriller") y en espasmos de incomodidad que casi rozan una especie de funk sideral ("Drinking wine spodyody").

Canciones marca de la casa, como "Ubu dance party", o rutilantes paseos por el lado más salvaje de la no wave,("Blow daddy.o"), tienen cabida en este pedazo de conjunto de seísmos musicales que ya dejaban claro desde el principio que nos encontramos antes un bizarro proyecto.

Porque Pere Ubu ha pervivido a través del tiempo. Lo último que sabemos de ellos fue el año pasado con el estimable "The long goodbye". Y es que David Thomas, continua en su laberinto, con sus rarezas, con su voz loca, haciéndonos el mundo un poco más soportable.


martes, 21 de enero de 2020

A MINOR FOREST. "Flemish altruism (Constituent parts 1993-1996)" (1996)


Grabado por Steve Albini y Bob Weston (Shellac), este primer disco de A Minor Forest, desde que empieza a sonar la decadente "...But the pants stay on" es todo un muestrario de como el slowcore y el mathrock se pueden fusionar en un maremoto sinuoso para dar cabida a una Medusa cuyos tentáculos te atrapan en un abismo de electricidad y lentitud.

A Minor Forest fueron grandes desde la atalaya de sus silencios concebidos para que los que amamos a grupos como Codeine o Slint, tuvieramos la oportunidad de continuar por senderos donde es importante dejarse llevar por acometidas repletas de tristeza y espamos de esos que te hacen temblar ("Bill's mom like to fuck").

El cuarteto de San Francisco, consiguen que cuando escuchamos canciones como "Ed is 50", ralenticemos hasta la respiración, por esa manera tan peculiar de percutir los instrumentos en una sedación sónica que funciona y agrada, melodía para los confines entre un galimatías de bruma y devastación.

Y que decir de los catorce minutos de "So Jesus was at the last supper", catarsis concentrada en un volcán acaparador, catorce minutos donde caben gritos, motines de introversión, jaleos de tensión, ruido y un buen puñado de fiebre envasada al vacío.

Tras este maremoto, nos ofrecen un delicado paseo de orfebreria minimal, con "Jacking of George Lucas", que entre siseos avanza entre abruptos zarpazos de densidad volcánica. Sublime de principio a fin. "Perfoming the critical straw transfer" es otra perorata afilada que esta repleta de dramatismo, de hondura y que enlaza a la perfección con "Dainty Jack and his technicolor cloth jacket" y su sutiliza cargada de posos de mathrock sedado.

La más burra de "Flemish altruism" viene a continuación, "Beef ringer" , una bestialidad de esas que te magullan y espantan. Aquí no hay lugar para los recovecos. Guitarras que dan alambrazos en una sinergia que demole aires contenidos. Sin respiración que te quedas.

Acaban con "The Lonelinest enuretic", la mejor manera para sino lo has hecho todavía hacerte con sus dos siguientes trabajos antes de su disolución: "Inindependece" (1998) y "...so, where they in some sort of flight" (1999). Banda a recuperar.


domingo, 19 de enero de 2020

ZA!. "Macumba o muerte" (2009)


Tan solo basta con escuchar ese inicio tan loco, africano, desquiciado, orate, con "Bugamaistah, spazzfrica....", con sus guitarras como cuchillos y el trío barcelonés resoplando no wave por cada poro, para saber que esta banda desde sus inicios, ha aportado originalidad, fuerza, transgresión al panorama estatal del grupos con un futuro de esos que echan chispas.

Bob Weston de Shellac fue el encargado de masterizar el disco, y joder, la cosa funciona de principio a fin. El funk terminal de "Doble cobra" junto a ese africanismo demencial que es "Mobuto 1, Kinshasa beat", donde se nos muestran experimentales, corrosivos, buscando nuevos campos donde plantar sus aguijones de ruido y tempestad.

La segunda parte de la canción, "Mobuto 2. Katanga boma-ye", tiene el mismo caldo venenoso que su antecesora, y nos regalan un buen abanico de escatología musical de esa que viene bien para saltarse cánones y normas establecidas.

Za! lo tenían bien claro desde el principio: lo suyo es la irreverencia, la hecatombe ruidosa, el caos programado para hacer añicos la normalidad ("Buenos corceles- eki attar"). "Polígamo industrial" es la más bizarra de todo el lote y "Planta carnívora" es otra afrenta de no wave cautivadora, con saxos que viven en libertad mientras los músicos siguen con su carrera hacia el ruidismo total.

Para terminar, los ocho minutos largos de "Que viene Hammurabi", otra colección de minutos para pasarlo bien, de estridencias convertidas en un ciclón que destroza y devora todo lo que encuentra a su paso.

Luego de "Macumba o muerte", continuaron su carrera productiva con tonadas del tipo "Megaflow" (2011), o "Wanananai" (2013), pero yo me quedo con esta bomba de relojería casera. Todo un boomerang arrasador.



jueves, 16 de enero de 2020

THE VAN PELT. "Sultans of sentiment" (1997)


Si hay una banda que puede quitar a Sunny Day Real Estate el trono del emocore, esa es The Van Pelt. la banda liderada por Chris Leo, con sólo dos discos en su carrera y con temas tan irresistibles como la emocionante "The Good, the bad, and the blind", (canción que puedes escuchar cien veces y el cuerpo te pide otras cien), consiguieron hacer del drama y la lentitud, de las guitarras y la melodía un todo, un conjunto repleto de gemas para disfrutar.

Antes habían sacado "Stealing from our favorite thieves"  y ya nos quedamos con la boca abierta, pero este "Sultans of sentiment! es algo más. Tiene un alto poder adictivo ("Nanzen kills a cat" y "Yamato (where peopley really die)" son muy buena prueba de ello).

En otras composiciones se acercan al indie rock de la época, pero siempre con ese curiosa manera de arrastrar palabras de su cantante, junto a una predisposición del grupo por arañar cielos con estridencias de esas que te hacen aullar como la rutilante "My bouts with pouncing".

Pero cuando más te noquean es cuando emerge de la profundidad ese bálsamo para fiebres altas compuesto por un buen armazón de emocore de ese que llega a las ortigas de tu corazón. Después de muchos años sin escucharlos, he vuelto a rendirme sin paliativos a "Don't make me walk my own log" y su cristalina suavidad que te arrulla y te mece, que te alienta y te hace dar brincos de brío y silencio a la vez.

"The young alchemists" cobra fuerza por su especulación sónica, por el escondite de sus guitarras, que pedealean sombras y aguaceros, por la literatura musical que transita y la ola majestuosa de su poderosa intensidad, Otro himno para grabar con fuego, "We are the heathens" otra letanía de esas que encunbran grandeza, que te pide vatios y galimatías, luces funestas y racimos de sugestión.

"Pockets of pricks" y "Let's make a list", navegan sobre el mismo proceloso mar de levedad e introversión, narrando historias, mientras que el musgo de la distorsión apenas levanta los pies del suelo, para terminar este viaje con "Do the lovers  still....." , la más larga del trabajo, resumen de la bella indolencia que recorre cada surco de este gran disco.

En 2017, se volvió a editar, para regocijo de fans y sorpresas para los que aún no habían quedado prendados por el suculento oficio de estos muchachos que merecieron mejor fortuna en los años de su vida musical. Nunca es tarde para engancharse a ellos.



martes, 14 de enero de 2020

LAGARTIJA NICK "Los cielos cabizbajos" (2019)


Una gran oda musical contra la guerra, un libro de esos que nunca se olvidan repleto de canciones de esas que te dejan su aguijón y perdurarán hasta el fin de los tiempos. "Los cielos cabizbajos" nace para acabar lo que dejó Jesus Arias, hermano de Antobio, ante de decir adiós a la vida. Obra conceptual que te deja la piel de gallina, que te sumerge en el mal que el hombre ha causado a través del tiempo, identificando ciudades y víctimas, como la diana donde las bombas dejaron eriales donde antes habían flores.

Empezando con la introducción de "Nagasaki", encontramos en el segundo tema una de las mejores canciones de toda la carrera de la banda: "Buenos días, Hiroshima", épica, dolorosa, cargada de efectividad, dardo contra los voraces carniceros que sembraron y siembran muertes y caos.

En "Europa io"  la orquestación y las palabras dibujan en el cielo caracteres extraños, notas de polvo difuminado por el aire que sale de la garganta del tiempo y "Guernika 2019 (Zer egiten arrainak) a ritmo de post punk con violines, Antonio levanta el puño contra los malnacidos que mandaron sus pájaros de muerte a sembrar una tierra de sangre y destrucción. Sin palabras que se queda uno.

"Este es el plan (Eah weah leah)", es la melódica de todo el disco, repleta de denuncias contra el maldito estado de las cosas, la injusticia asociada a una época que suele dejar cadáveres en vez de futuro. Y que decir de "Sarajevo", dedicado a una pareja, ella bosnia mulsumana y él serbio ortodoxo, que fueron abatidos por un francotirador que se negaba a creer que el amor no conoce de credos, religiones ni fe. Te quedan sin respiración cuando escuchas la crudeza de esta realidad que muchos parecen que han olvidado ya.

"Intrusos" es la más potente de este gran poema sinfónico y "Ola equivocada" con esas cuerdas que te agarran el corazón te deja tiritando en un oscuridad que no vence ni siquiera la esperanza de un sol que pueda perpetuar las siembras venideras.

Luego "New York", poniendo el foco donde parten mucho de los males que azotan nuestro actualidad y el final con "Somalia" , epílogo brutal, grito inhumano, que pone voz a los que el hambre y la guerra condenan a una muerte segura

Jesús, ya terminó sus escrito; Antonio le ha puesto música, verso, esdrújulo esfuerzo en conseguir un trabajo de esos que junto a "Omega" ya tienen la suficiente autoridad como para decir sin ningún tipo de sonrojo que es de lo más grande que se ha hecho en este país. "Los cielos cabizbajos", y nosotros, mientras, con paraguas que no se pueden abrir....


domingo, 12 de enero de 2020

WOVENHAND. "Refractory obdurate" (2014)


Desde que me topé con 16 Horsepower, donde David Eugene Edwards repartía mandobles de oscuridad a base de country gótico y electricidad malsana, no me he perdido ninguno de sus proyectos. Como Wovenhand, quizás sea este "Refractory obdurate" el disco más potente y donde el riff toma al asalto las proclamas bíblicas de su líder.

Suena "Corsicana clip" y te deja prendado de un abismo donde la densidad deja paso en "Masonic youth" a una épica y noctámbula epopeya maldita. El disco es un helicóptero de sonidos malsanos, de ralladuras que se inflaman entre pócimas de rock, de post punk sureño ("Good shephered"), y baladas de esas que sirven para volar la cabeza al dolor ("Salome").

Los títulos de los temas, como estais comprobando, casan a la perfección con la vida del Maese Edwards, renglón torcido de Dios, que se empapa de liturgia para establecer conexiones místicas a través de una música que tuerce el gesto al Bien ("King of David").

"Field of hedon" es quizás la más cañera del lote y "Obdurate obscura" se toma en serio el tema de las plegarias que hacen daño, para volver a la distorsión más obtusa y terminar con "El.bow" y su oscuridad malsana palpando el aire y las negaciones.

Wovehand, el instrumento que tiene David Eugene Edwards para desbocarse entre desiertos de incitación y locura. Música con alma, espiritual, carnosa, repletas de espinas, peligrosa.....


viernes, 10 de enero de 2020

SAD LOVERS AND GIANTS. "Epic garden music" (1982)


Ya es hora de recuperar a uno de esos combos que han pasado como de puntillas por el mundo independiente. Los ingleses, sacaron este su primer disco en 1981, y es todo él una amalgama de psicodelia y post punk suave, con cuidadosos arreglos siempre bien inspirados.

Escuchas la inicial "Echoplay" y  te puedes imaginar porque The Sound se los llevaban de teloneros. Enigmáticos y envolventes, la formación original grabó sólo este lanzamiento y "Feeding the flame" (1983). El grupo luego se separó cuando iban a dar el gran salto comercial, y fue en la recuperación de su material aun sin editar, cuando crearon a su albur una fama de banda oculta de esas que hay que descubrir.

"Clockwork lodge" es evocadora, salmos arrastrados en una floresta de continua algarabía silenciosa, cadencias de esas que lavan oscuridades y que en "Clint", quizás de las más potente del "Epic garden music" y donde notas el hermanamiento musical con Echo and The Bunnymen, The Chameleons, los mencionados The Sound, y toda una pléyade de pioneros que enraizaron sus banderas en las islas y repartieron por todo el mundo su elixir salvífico.

Y si escuchas "Cloup 9", te das cuentas que bandas de aquí como Paralisis Permanente tenían a Sad Lover & Giants como espejo donde repartir oscuridad a mansalva (el saxofón de David Wood suena como un tiro). "ART (by me)" es épica hasta en las leves sacudidas de sus guitarras y "Alice (isn't playing) y "Far from the sea", cierran el circulo de un grupo que repito, debemos quitar las telarañas de sus álbumes para contagiarnos de esa noche perpetua que tanto amabamos, nosotros los eternos vampiros que parecía que nunca íbamos a ser mayores.