jueves, 16 de mayo de 2019

PJ HARVEY. "The hope six demotion project" (2016)


Lo reconozco. La última vez que disfruté de un disco de PJ Harvey fue con el lejano "Stories from the cities, stories from the sea (2000). Seguidor acérrimo de sus primeros trabajos, la ví en directo un par de veces, y en aquella lejana época estaba plenamente enganchado a ese huracán de fuerza que desprendían sus discos.

Mis dos favoritos, "Dry" (1992) y "Ride of me" (1993). También me emocioné con esa bomba que fue "Too bring you my love" (1995), pero a partir del "Stories..." me fui desenganchando de ella. "The hope six demolition", no es un mal disco, tiene buenas canciones, pero ya no es lo mismo.

El disco nace de unos viajes que hizo Polly con el fotógrafo Seamus Murphy por Kosovo, Afganistán y Washington, y todo está envuelto en un trasfondo de necesaria crítica social. En lo musical hay de todo. Himnos de rock como "The community of hope", pequeños trallazos matizados por la voz de Harvey, "The ministry of defence", o aproximaciones casi sin querer a Morphine, como "Chain of keys".

Me sigue faltando la mala leche, la embestida que proponía en sus inicios. Imagino que eran otros tiempos, otras circunstancias, otra PJ. "River anacostia" apenas me dice nada, como la neofolk "Near the memorials...".

"The orange money" es un querer y no poder y levanta algo el vuelo con "Medicinals" y el blues de "The ministry of social affairs". También me gustan los vientos de "The wheel", y en "Dollar, dollar", vuelve a incidir en lo irregular.

Lo dicho, buenas letras, buena implicación de PJ Harvey para un disco que no me hace quitar de la cabeza esa tormenta que fueron los primeros años de este torbellino que se fue difuminando con el paso del tiempo.


martes, 14 de mayo de 2019

PERRO. "Trópico lumpen" (2018)


Lo han vuelto hacer los murcianos. Tras el asombroso "Estudia, navajas", (2015), este "Trópico lumpen", de principio a fin, desde que suena la arrogante y visceral "Celebrado primo" y terminan con la sideral "Ese tu frescor", es un compendio de post punk con aires del trópico ("Sin ser yo nada de eso"), una celebración de fulgor y victoria, de fuerza y electricidad.

Lo pones en tu plato y el disco te pide volumen alto. Y eso es bueno. Miras la portada del lp y te puedes imaginar lo que puedes hallar dentro. Hasta hay veces que tienen un deje a Pony Bravo ("Por mí, lo que veais"), pero lo suyo son las aristas, las sonoridades bastardas, un krautrock de esos de andar por casa, amateur y para nada repleto de paranoias.

"El sereno" es punk fabricado con acritud, un minuto y medio como un rayo que no cesa y que da paso a "Supercampeones" donde los sintetizadores toman al asalto la pista de baile, como unos Talking Heads enfebrecidos por la conmoción del momento.

Aunque cuando me gustan de verdad es cuando te aprisionan con sus distorsiones malsanas ("Pickle rick"), o cuando producen vaciles del tipo "Campamento golifa". En "Disco mascota" viajan hasta en los 80 con esos teclados pasados de vuelta para volver al trallazo fino con la bestial "Cronobecoins".

Terminan "Trópico lumpen" en plan jam sessions de tripi ("Ese tu frescor"), una manera como otra cualquier de atinar, de dar en la perfecta diana. Perro, ladrador, mordedor, agitador, lo que hace falta para huir de la mansedumbre.


domingo, 12 de mayo de 2019

PETER SILBERMAN. "Impermanence" (2017)


El lider de la banda de art rock The Antlers, Peter Silberman, nos regaló un disco de esos que es como una catarsis envasada al vacío, una calmada experiencia que entronca al escucharlo con Jeff Buckcley, de quien se fija tanto en la voz como en esa forma tan atinada de observar y musicar el silencio en sus amplias formas ("Karuna").

"Impermanence" es un disco que vale para tratar tu tristeza, para llamar a la siestas, como vehículo principal para atajar las tardes de los domingos, para sentarte en el sofá con tus auriculares arañando leves arpegios mientras las notas se estancan en un murmullo febril, en una suavidad que te hace conmover ("New York").

Ninguna huella queda de The Antlers en este su primera incursión en solitario. Oyes "Gone beyond" y te entran ganas de gemir como un aguacero. Leves apuntes de guitarra, luces que van acabando mientras Silberman canta rondando calles de lírica, vacíos existenciales llenados por un deseo, lamentos largos que no se paran más que con la sensación de afrontar la lucha por la supervivencia de un recuerdo.

La gestación de este disco nació de una infección aguda de oído del ex-The Antlers, que le hizo recluirse en un bunker rodeado de margaritas para cristalizar su dolor en este sobrecogedor "Impermanence".

Llegamos a la cuarta canción de las 6 que tiene el álbum, y nos enroscamos en la ferocidad calmosa de "Maya" en sus dilemas de sombras y vahídos, de letanías que no para de expandirse en esa siguiente parada que se llama "Ahimsa". Para terminar la que da titulo a este bálsamo para la desdicha, otra pastilla para denegar del ruido. Calma, mucha calma, sueño y buen despertar.....


viernes, 10 de mayo de 2019

MEWITHOUTYOU. "Brother, sister" (2006)


El título de este tercer disco de los norteamericanos Mewithoutyou, proviene de un canto de San Francisco de Asís. Las letras de la banda tienen todas un componente espiritual, religioso, influencias del sufi Rumi y de otros heterodoxos de la religión. Valga lo dicho, para situar a un grupo, que en lo musical, que aquí es lo que más no interesa, supo edificar un buen material de descargas de rock medicinal.

La primera "Messes of men", te pone en alerta, para empezar con los himnos que bien pudieran estar en la discografía de los primeros Buffalo Tom, ("The dryness and the Ryan" con Jeremy Enigk de Sunny Day Real Estate, de apoyo vocal), o adentrarnos en un folk acogedor de acordeones y nupcias tranquilas ("Yellow spider").

"A glass can only..."  es sediciosa, ácida, con las guitarras trucadas de distorsión y con su orador cantante Aaron Weiss repartiendo consignas de panes y vinos. Canciones redondas que salen disparadas a borbotones, melódicas y expresivas, ("Nice and blue pt.two") y otras tonadas más contenidas pero manteniendo siempre la tensión ("The sun and the moon").

"C-Minor" tira de épica, cabalbando a lomos de trompetas que suenan a barrunto y "In a market dimly lit" busca en el sosiego un estado emocional donde hallar en los cielos la luz que tanto anhelan buscar. Buena instrumentación, buena pegada, potentes arreglos de electricidad.

"O porcupine" es otro de los puntos fuertes de un disco que no para de percutir y donde "In a sweater poorly knit" pone el punto y final a un buen manual de desgarros emocionales envueltos en consignas de religión. Me quedo con la música y su reguero de espasmos.


martes, 7 de mayo de 2019

FONTAINES D.C. "Dogrel" (2019)


Los irlandeses Fontaines D.C., con este primer disco, se merecen competir con Idles para estar en lo más alto en ese trono de grupos que darán mucho que decir, que nos inundan con vehemencia de guitarras y proclamas contra los malsanos tiempos que vivimos.

Llevo escuchando este disco tres días y no puedo parar de moverme y gozar cada vez que lo pongo. Adrenalina, urgencia, tensión y juventud a mansalva. Empiezan con "Big" y te recorre una fiebre de excesos y electricidad para en "Sha sha sha", regalarnos una vacilada de esas que como tantos temas del disco tienen el ojo puesto en The Fall.

Los descubrí con "Too real". Vi el video y empece a interesarme por ellos, a intentar saber de donde venían. Habían sacado singles por entonces, hasta que no hace mucho nos regalaron este seguro de los mejores disco del año 2019.

Tienen melodía, tienen un cuerpo de distorsión siempre controlado que te lleva de la mano hacia los 80, y sobre todo, lo más importante, les sobra originalidad y valentía para plantarse con canciones redondas, sin ningún bajón en todo el disco ("Television screens").

"Hurricane laughter" es de las más punk del lote, con su bajo machacón, y con una tensión que va subiendo a cada segundo. De nuevo la sombra de Mark E. Smith se pasea por el filo de la navaja de sus guitarras, de su intensidad brutal. Y después de este inicio tan potente, llega la que quizás sea mi canción preferida del año, la que más veces he puesto, la que repito y repito sin parar cuando me pongo "Dogrel": "Roy's tune", una maravilla de indie pop que te hace erizar la piel, que te pone en pie, que te quita las penas, que te hace salir al balcón y mirar al cielo mientras las cigueñas se adueñan de un pedazo de nube. Colosal es poco, un tema de esos grabado a fuego que seguro aguantará las embestidas del tiempo. Yo siempre me acordaré de "Roy's tune", de su decadencia, de su tristes notas, de su vivaz arrogancia.

Después "The lotts" coquetea con el post punk con otra buena dosis de espasmos corrosivos, de oscuridades siempre radiantes y perennes. Fontaines D.C., tocan muchos palos, y siempre aciertan en sus pasos. "Chequeless reckless" es otro de los brillantes aciertos de un trabajo que se pasa en un suspiro, que es un huracán de juventud indómita, de ordalías de guitarras y concreción brutal.

Otro single punk, "Liberty Belle", otra canción para poner patas arriba Dublín, mientras Fontaines D.C. nos recorren con sus fábulas de geometría imposible de domar. "Dogrel" pasa en un santiamén, es un bálsamo que cura y cristaliza cuando te topas con urgencias del tipo de "Boys in the better land". Y terminan pareciéndose a The Pogues con "Dublin city sky", balada de resaca de amor y extrema soledad, perfecto punto final a uno de los discos que seguro que correrá como la polvora. No hay que perdérselo.

domingo, 5 de mayo de 2019

CARLA BOZULICH. "Evangelista" (2006)


Grabado en el sello canadiense Constellation, (el label madre de Goodbye You Black Emperor), "Evangelista", fue el segundo disco de la cantante norteamericana, un trabajo, que desde que suena la amenazante "Evangelista I", navega en mares procelosos de odio y ruido, de catarsis y de folk apocalíptico.

A mitad de camino entre Swans y Tom Waits, el álbum es un oratorio confesional de catarsis oscura ("Steal away"), donde de repente te das de bruces con espasmos de esos que te dejan descolocado, alambre en la voz y nubarrones que amenazan y te dan por saco, como en la espeluznante "How to survive being hit by lightning".

El piano es el especial protagonista de la melancólica "Inside sleeps", y "Baby, that's  the creeps" se mueve en arenas movedizas de decadencia y truculentas atmósferas para rendir pleitesía a la oscuridad total.

El cancionero también se para en el semáforo donde Scott Walter y Low tienen sus colores que nos guían por sendas de esas donde la luz esta prohibida, donde es fácil perderse entre ladridos de demonios y urgencias de caos. La versión que ejecuta de "Pissing" de Low, casi supera a la original y "Nel's box" es otro de los temas donde más se acerca a la pura decadencia.

Termina "Evangelista" con "Evangelista II", otra proclama furibunda de nostalgias y astros oscuros, de medianoches vencidas y lobos que esperan su momento para apoderarse del viento. Carla Bozulich, un valor seguro de negritud.


jueves, 2 de mayo de 2019

MICHEL CLOUP DUO. "Danser danser danser sur les ruines" (2019)



Espero la llegada de un nuevo disco de Michel Cloup como un feliz acontecimiento. Lo he seguido desde sus tiempos de Diabologum, más tarde Experience, y luego en su provechosa carrera en solitario.

Hacía 4 años que Michel Cloup nos tenía en tono standby, cuando sacó el magnífico "Ici et là-bas", y la verdad es que la espera ha merecido la pena. Acompañado por Julien Rufié, cuando empieza a sonar "Gagnants" te das cuentas que cada disco nuevo de Michel Cloup suena como el anterior pero siempre con matices para hacerlo distinto.  Podemos aprender sus canciones y ponerlas en cada disco de memoria.

La forma de cantar de Michel, es la de siempre, recitando malestares, componiendo mantras de sonidos raros, en su universo peculiar, pequeños himnos para devorar la realidad que trata de hacernos ovejas en un rebaño de seres siempre uniformes. Suena "Amnésiques heureux" y no te queda más que levantar el puño y gritar basta.

"Les invisibles", single en toda regla, es una prolongación de distorsiones, con el altavoz de Michel anunciando apocalipsis cotidianos, especulación de ruidos que van y vienen, los dos colegas se les nota que disfrutan de su agitación continua. "Le futur dans tes yeux", con sus soniquetes tecnológicos da paso a "En ne pensant à rien", otro de los trazos álgidos de un disco que hay que escuchar varias veces para que sepa a catarsis.

Después "Le jour d'après, celui qui suit" continua por la senda de canciones rugosas con efecto rápido adictivos. Como la minimal "Et bien au-delà", otro pedazo de conmoción juguetona con asperezas, con melodía, con pegada que te mueve y te reclama.

Acaba el disco con "Les vrais héros ne meurent jamais", y la mejor del lote, "Nous perdre dans nos rire", momentos que siempre encontramos en los discos de Michel, que nos ponen la piel de gallina, ternura dura, palabras que vuelan por espasmos, sinceridad y duda.

"Danser danser danser sur les ruines", otro cd para la mochila,para ampliar el campo de batalla de tracks para llevarte al corazón. Lo ha vuelto hacer. Pura poesía, potente electricidad repleta de solvencia y efectividad.