Buscando canciones, sensaciones pasadas, escarbando en surcos de vinilos, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría

lunes, 2 de marzo de 2015

KERMIT. "Litoral" (2014)


Desde que caí rendido a los sonidos 12twelve no había escuchado tanta tormenta junta, tal seísmo de guitarras, de rock progresando post, de luces encandiladas con la electricidad que se retuerce entre telarañas y gusanos del tiempo, de esos que van y vienen a su antojo por los calendarios del espacio sideral.

Este segundo disco de Kermit, esta dedicado a Litoral, revista malagueña creada por esos enormes poetas llamados Emilio Prados y Manuel Altolaguitte, y el sonido del todo el disco es un auténtico tour de force, un mar indomable, una excusa para hacer evolucionar al post rock. "1926", la primera del disco, seduce y acaba con una parrafada dulce, con el deseo de evolucionar para traspasar barreras, domesticar voluntades.

Los malagueños seducen y se fijan un poco en Tortoise y en otros paladines de los evolución instrumental, para fijar sonidos, para tumbar etiquetas. "Samhain", celta para cambiar mundos, es una progresión espacial de luces que no se derrotan, de guitarras que buscan silencios para explosionar.

Se echaba en falta por aqui a grupos valientes como Kermit. Hace años La Muñeca de Sal, los mencionados 12twelve y Lisabo, se conjuraron para competir por transceder el término rock. Kermit ha venido para recuperar esencias, para pulir aristas entre volutas de vientos y racimos de ebriedad."Circumpolares" es un embrión poetico, un soneto que se quiebra entre buhonero feedback, ir más alla de las cumbres del estilo, dejarse llevar por el sueño, caer rendido para quizás no despertar jamás...

La que más me gusta, "We tripantu", celebración del año nuevo mapuche, es una melancólica linea de guitarras enlazadas con gusto y solvencia para dialogar con los instrumentos en una galimatías de serenatas enlazadas para crear climax de maelstrom circulares.

Kermit consigue crear sensaciones, acalorar el ambiente repicando campanas de lucidez. Me gusta esta banda porque no se corta hasta en traernos retazos de ecos de uno de mis escritores favoritos, Roberto Bolaño, en "Ingeborg", nombre de un personaje del entramado novelistico de unos de los autores más impresionantes del siglo XX. Y ellos se estiran hacia el oriente, orfebres de cuerdas electrificadas, jazz de lupas, pestañas de león con arranques voluptuosos. Kermit.

"Magnitizdat" con un potente desvario saxo, te deja sin palabras, y en "1927", fecha del ocaso de la revista Litoral, con sus 11 minutos de danza continua, ponen fin a esta ordalía de rock sin fronteras, hilo y luces, ulceras de amor. Kermit, buen futuro para ellos.


sábado, 28 de febrero de 2015

MUGISON. "Mugieboogie" (2008)


Nada que ver con la imagen que tenía de este combo islandés cuando los vi hace unos años juntos a los acariciadores Mum. Islandeses amantes del hielo y la templanza, para sorpresa de muchos, se destaparon en el años 2008 con la edición de este pedazo disco de blues y electro rock, llamado "Mugieboogie".

Imagino que Örn Elias Guomundsson, el capataz de Mugison queria probar otros venenos,y la enfermedad por suerte, invadió con fuerza al enfermo. Desde que suena la que titula el cd, con su trallazo de vientos y algarabía, hasta el blues lento que la continua, "The Pathetic Anthem" estamos antes una transfiguración total, piel nueva, con sonidos bien alejados de los glaciares isleños.

Mugison-Orn Elias, se acompaña de una banda (hasta 12 colegas) extensa para pintar en su paleta diferentes colores cromados en litugia eléctrica ("Jesus is a good name to mean") casi como unos Led Zeppelin tocados por la varita mágica de los sonidos independientes.

Hacen tambien un velado homenaje a los años Beatles, con "George Harrison", psicodelia de baja temperatura, y "Deep breathing" es una delicada y susurrante nana entre cuerdas valedoras de dulces sueños.

"Mugieboogie" es la obra inquiera de un compositor que quiso aplazar durante la grabacción de este largo su gusto por las melodías atmosféricas, para embarcarse en una ordalía de sonidos-gritos, "I'm alright" , y escupitajos casi industriales como "Twho thumb suck´n son of a boyo".

Mugison pues cumple con nota esta muda de piel y nos rocía durante un buen rato alta dosis de blues electrificado con gotas insana tranquilidad.

miércoles, 25 de febrero de 2015

DIABOLOGUM. "=3 (Ce n'est pas perdu pour tout le monde)" (1996-2015)


El pasado sábado estuve en el concierto de Michel Cloup Duo en Madrid. Sin palabras para definir el clima creado por el ex-Diabologum, ex-Experience, junto a Patrice Cartier. Rock con mayúscula, con aristas, arte sobre el escenario, los sentidos acorralados por ese enjambre musical que iradia Michel y su colega.

Pocas veces la emoción de un directo puede llegar a traspasarte la piel, a sentir que estas asistiendo a algo grande. Ahora estamos pues de enhorabuena por la reedición del mejor disco de los tres que sacaron Diabologum, acompañado de un disco extra donde aparecen temas que son un buen acompañante para este dulce empacho de esta bendita independencia gala.

Diabologum, se merece esta reedición. También para los que aun no han caido en las redes de la carrera de Cloup, puede ser una buena manera de empezar a coleccionar sensaciones. Richard Roman, Denis Degioanni y Arnanud Michniak acompañan a Cloup en este obra punto detonante de una banda que como siempre por estos lares hispanos, no tuvo el reconocimiento que se merece.

"De la neige en ete", el inicio, tiene todo para que te colapses con Diabologum. Recitados, guitarras que se cargan electricidad, nubes y borrascas que se avecinan, la luz de la noche que alumbra las penas. Diabologum traducía con su rudeza y su noise todo el vendaval que en el continente americano venia por parte de Sonic Youth y demás diaspora de diletantes.

"Il faut" y "Les angles", cada una a su manera personifican el poderío de una banda que no se andaba por las ramas. Arty y decadadentes, en temas como "Une histoire de séduction" se nota el hechizo de Leo Ferré, las palabras como revolución, mientras el piano sufre anemia. "A découvrir absolument" es quizas su hit más reconocido. Cargado de intensidad, volcán electrónico, junto a un vocerio guitarrero que da la voz a "365 jours ourables", la mejor del lote para servidor, con ese toque melancólico y rabioso que acompaña toda la obra posterior de Cloup. Total.

También "=3" tiene espacio para la experimentación, para las filigranas sonoras como en "Dernier étage", y para en "La maman et la putain" con la voz de Francoise Lebrun, sedarnos con una tormenta de lágrimas abanico de desesperación. Grandes Diabologum. La que acaba el primer cd, "Blank generation", cover de Richard Hell es la mejor manera que tenemos para empezar el segundo acto de este viaje, con "La réincarnation c'est l'avenir", inedita cuando salio el "=3", donde la banda muestra todo el poderío energético, solemnes y asfixiantes.

"C'est presque trop beau" juega con nosotros al escondite tecnológico con nosotros y "Flood" es punk metal en un minuto de detonación. "Quelque chose pour hier soir" es un variopinto mejunge de trozos de guitarra engatusadas con una brillantes proyección electrónica. "A côté", marca de la casa de Cloup, versos y más versos para poner las cosas en su sitio.

"Tout les mots disent la meme chose" es noise arrastrado y la que da el fin al asunto, "Et si nous n'avions pas été  là l'historie aurait été la même mais racontee par d'autres" con Daniel Darc de compañero de viaje, hace significar la importancia de este grupo para la evolución de la música independiente gala. Diabologum, el avispero que no cesa, el veneno reptante, el hogar donde Michel Cloup inició su bogar por el inclemente mundo de las tormentas, tormentas que el sábado pasado derramaron espasmos y sensibilidad.


lunes, 23 de febrero de 2015

BART DAVENPORT. "Physical world" (2014)


"Wearing the changes", asi, de repente, la primera del lote, parece una versión actualizada de The Smiths. Esa es la primera impresión que me llevo cuando doy al play y empieza a sonar "Physical world", último trabajo de este crooner que ha sabido hacer una estupenda mezcla de estilos para que no falte de nada en este tan granado disco.

Me alucina el soul de "Fuck fame", con toques a The Style Council, brevaje suave, con sacudidas de cafe con leche. "Dust in circuits" es otra gema de esas pop para llamar a la tarde con un montón de alegria en el cuerpo, armarse de valor y gritar a los cuatro vientos, que está bien esto del disfrute vital.

Todo "Psysical world" es un entramado colosal retro. Las cuerdas como surco, la mirada limpia de un músico que se ha labrado una carrera a través la luz y las ventanas siempre abiertas ("On your own planet"). El disco rezuma nostalgia de un tiempo nuevo. El héroe subido en lo alto de un edificio, armando su guitarra para expandir por la ciudad los vapores de un susurro que nos despierta letargos de paz.

En "Girl  gotta way", el californiano nos lleva al mar, a la playa. Pero a una playa vacia, sin gentio, solo tú con la sombrilla paraguas, el sonido de las gaviotas y el almuerzo de una copa de vino algo caliente. Años 70, años 80. El otrora compositor de power pop nos regaló un disco de esos de altura, que cuesta que entre por los rincones de tu ser, pero que se queda travieso, que aposenta su poso en estrofas tan voluptuosas como "Pamela", radiante ejecución con ego sesentero.

La que titula el disco es puro FM pero con pedacitos de lujuria. ¿Y que me decís de "Every little step"? Pop solemne con un buen acompañamiento vocal. Davenport, una llamada a la acción de la primavera que se aproxima. Un buen rato pop.


sábado, 21 de febrero de 2015

MOGWAI. "Special moves" (2010)



Valga este directo grabado en Brooklyn por los escoceses Mogwai, para recordar y reafirmar que estamos ante una de las bandas con más volumen brutal cuando salen al escenario. Tuve la suerte de verlos hace ya unos años y mis oídos pudieron comprobar como se las gastan estos duendes emperifollados en largos lamentos eléctricos que parecen que van a quebrar el mundo.

Este "Special moves" es un compedio, que pica en sus distintos discos para ofrecer un muestrario del climax que crean cuando se deciden a producir bombas nucleares. Oyendo de nuevo "Mogwai fear Satan" y sus doce minutos de rabia instrumental, de luces que padecen escombros, te das cuentas hasta que limites los escoceces llevan a sus guitarras, en una bacanal de post rock con aristas siempre épicas.

Cuando los descubri con "Rock Action" (2001) supe que Mogwai era algo especial. He seguido su carrera (con algunos baches dada la repetición de la formula), y tengo casi todos sus trabajos. La rabia de "Friend of the night", la ternura mala de "I'm Jim Morrison, I'm dead", seducen a los que creemos que el rock debe de contener altas dosis emocionales.

"You don't know Jesus" es la parte más metalera de Mogwai. Black Sabbath con camisas de cuadro y gafas oscuras,  y "I love you, i'm going to blow up your school" es otro pedazo de lisérgica especulación que barrunta colapsos intimos, emotividad y demolición para tus oidos.

Y como no emocionarse con los primeros acoples vocales de "2 rights make 1 wrong" que da pie a a una subida de tono, a una ristra de luces intermitentes marchitas, seducción y luces de amnesia electríca. Bogar en el mar salvaje, bogar hasta perder el sentido.

Los escoceces siempre creciendo, siempre al borde del colapso. "Like herod" sirve para mantengan su hegemonía como uno de los grandes depredadores del ruido. "Special moves" pues, viene a reafirmar la potencia de vatios de una banda que edificado su trayectoria a base de rafagas mortíferas.


jueves, 19 de febrero de 2015

AT SWIM TWO BIRDS. "Before you left" (2009)


Qué calma. Qué paz. La voz del ex-The Montgolfier Brothers, Roger Quigley, sigue siendo como una bandada de pinzones alojados en el sustento de una secuoya que acostumbrada siempre a los altos vuelos, se contenta en sus ramas bajas con la nidada de un sonido arrullador.

Tengo toda la pequeña discografia de At Swim two Birds, y este "Before you left", es el mejor, (casi empatado con "Return to the scene of the crime"). Basta decir que desde que "Intro" le da la palabra a la segunda track del album, la soberbia, "I must be losing you", con sus ocho minutos de bostezos de amor y lagunas de encantamiento, no paras de desear que este viaje no llegue jamás a su término.

Acompañado Quigley de Otto Smart y la chelista Sophia Lockwood, la banda con nombre de una novela del irlandés Flann O'Brien, nos mece, intima con nosotros como quiere, cuando sacan pechos con letanias tan hermosas como "The night we ran away", musitando cordura, espectorando girasoles.

"Let her go", es terciopelo amasado con ternura, música para dormir épicamente sin malos pensamientos, tensión cortada por lo sano, ansia de silencio total. No hay nadie como Quigley para cuidar tus tristezas personales. Es como la portada del disco. Un banco de madera, un hombre solitario mirando el trasiego de las hojas que vuelan esparcidas por el aire embriagador. "Ad nauseam".

No hay nada como ponerte preciosidades como "No fear", con su liviano encanto, con su poso otoñal, para que de un golpe se te olviden todas las preocupaciones que acucian el hecho en si de vivir. Un paréntesis para el letargo, una malla tirada a un rio desbocando peces amaestrados con sedales de  mentira.

Las cuerdas de la guitarra en "Dear of night", rasgan la noche, militan en la profundidad de un eco, pasean con la voz estupefacta de la sorpresa en un bosque plagado de verdes encantamientos. At Swim two Birds. Basta con pronunciar el nombre de la banda para que permanezca en nosotros un rumor de magia, una brizna de lucha interior.

La más maravillosa del lote, al final. "The March of kings". Las cuerdas como un himno, la epopeya de un canto sepulcral, la mania de no hablar más que para sonreir, el velero llevado por aguas corrompidas de cariño. At Swim two birds. El rugir de la soledad y el sosiego.



martes, 17 de febrero de 2015

BENJAMIN BOOKER. "Benjamin Booker" (2014)


Chuck Berry punk. Eso es lo que se me viene a la cabeza cuando empieza a tronar "Violent Shiver" y sus fogonazos eléctricos que son disparos con pólvora de arder cabezas. Este jovenzuelo irreverente y sin miedo a nada, que viene de New Orleans, puede sentar cátedra si el tiempo y su actitud continua como con este disco homónimo.

Las fragancias del rock más visceral, el garaje que se lava los dientes con gasolina ("Always waiting"), el blues que despistado se cruza en mitad de la calle para tomar unos tragos de bourbon con Jack White ("Chippewa") siempre a lomos de la inconformidad, de una insolente juventud que expande energia a borbotones.

Los lamentos que nacen de su voz en "Slow coming", que son como un sedal que boga en el río de las energias arenosas del deseo. Cuanta energía, cuanta alma en esa voz grave, retadora, que pace en las callejuelas de Orleans. Da gusto comprarte un disco, cercernar su envoltorio y hallar en el recondito mundo digital maravillas que hacen que la emoción se enfrasque en tu piel en un baile frenético sin fin.

Porque danzar es lo que pide el cuerpo cuando "Wicked waters" se cuela en tus oidos, puro swing depravado, teclados y guitarra a todo gas. Benjamin saca partido de su necesidad de expandir las raices, de contaminarlas con el punk, de que el blues sea un muchacho desgarbado que pruebe otros venenos más para añadir a su excelsa salud. Y Benjamin lo consigue.

"Spoon out my eyeballs" es una delicia, una soul song que a cada paso que da se agita nerviosa entre regueros de luces endiabladas, delirio punk gozoso y para reventar. Luego viene la trotona "Happy Homes", con su aire de hard rock pesadote y que da la palabra a "I trogught i heard you screaming" lenta medicación para estados carenciales.

Benjamin Booker, con este su primer largo, de lo mejor del 2014,  ha hecho lo más dificil. Arrojarse con su insultante juventud en brazos de las esencias del rock, para transmutar la sustancia en un maremoto de rock embriagador. Disfrute total. Subidón rock. Blues de los pantanos, boas con cresta, Missisipi en llamas....