domingo, 5 de agosto de 2018

JOHN COLTRANE & JOHNNY HARTMAN. " (1963)

Discos Pensados se va de vacaciones hasta finales de mes, y que mejor que recuperar este grandioso disco de uno de los baluartes creativos del jazz, John Coltrane, que junto a Johnny Hartman a la voz, compone un bello artefacto para bailar a la luz de la luna. Un puto placer.

Un gran amigo me lo regaló, y llevó disfrutando de él durante semanas. Y la verdad es que para preparar el macuto, los billetes, no hay nada mejor que dejarme llevar por las velas y los besos que despide composiciones tan totales como la que abre el disco "The say it's wonderful".

Y la verdad es que lejos está Coltrane de ser el amo del free jazz cuando escuchas "Dedicated to you". Te dan ganas de coger a la parienta, encender unas velas, decirla alguna cosa bonita, bajar las persianas y echarte volar con los efluvios de esta enorme balada.

Porque todo este lp del año 1963, (yo aun estaba en esa época como proyecto de vida), es una antología de ternura y cariño, de jazz para ponerte en el sillón y escuchar a la banda tocar el piano mientras la noche se convierte en una sacudida calmosa ("My one and only love").

Junto al disco "Ballads" y "Duke Ellington & John Coltrane", este lp junto a Hartman es la vez que Coltrane ha estado más cerca de los cánones del jazz. Y bendito sea. "Lush life" es una delicia para gozar de ella y su swing mágico y "You are too beatiful" es romanticismo por vena.

Para terminar, la colosal y rítmica "Autumn serenade". Lo ideal para poner el cartel de vacaciones en Discos Pensados y preparar la mente para los viajes y algún que otro desenfreno. 1963. La música eterna. El arte que no sabe de fechas ni caducidad. Feliz vacaciones a todos amigos, hasta pronto.


viernes, 3 de agosto de 2018

DEAFHEAVEN. "Ordinary corrupt human love" (2018)


Tres años han pasado desde que se editó el monumental "New Bermuda". Deafheaven están de nuevo ante nosotros. Black metal con corazón. Metal avanzado. Post rock con rosas de acero. Gritos con cláxones de lilas.... Se me agotan las palabras para definir a esta maravillosa banda.

"Ordinary corrupt human love" sea quizás el disco menos violento de su carrera. También el que más cromatismo tiene. El que más se rodea de épica y sensaciones de himnos inacabables. Valga "You without end" como principal ariete en esta emocional contienda de ruido y flores.

Los 11 minutos de "Honeycomb" nos los muestran en plena forma, con George Clarke sacando sarampión de su garganta, urgando como un enfermo en lo visceral, en el drama, en la despensa de los despojos del amor mientras las guitarras arropan ese fondo bestial gutural que casa a la perfección con un extraño metal amorfo.

La explosión de postrock viene con "Canary Yellow", y su proclama definitiva de pasajes donde las guitarras se solazan entre mares de calma, y para dar rienda suelta a tu corazón subes el volumen para acallar este verano de temperaturas desérticas. Solemnes y expansivos, raudos y definitivos.

En "Near" se atreven hasta jugar con el dream pop, en un jardín de recreo de voces que son sirenas en una marejada de sentimientos febriles y "Glint", mi favorita es una delicada canción con un ojo en Mono, donde se recrean en calmas que no lo son, en vítores de esparcimiento mientras la noche cae sobre la demolición de los sueños.

Hasta Chelsea Wolfe aparece en "Night people", quizás la mas floja del lote, para terminar con "Worthless animal" una sacudida nerviosa de épica y de voces demenciales. Deafheaven, de nuevo con nosotros para revivir el post metal, para expresar a su manera nuevas maneras de afrontar el dolor. Bello.


miércoles, 1 de agosto de 2018

BLUETILE LOUNGE. "Half-cut" (1998)


Codeine fueron de mis bandas favoritas de los 90. Ellos escenificaron el slowcore como nadie. Su música emana tristeza, depresión, tragedia, noches de insomnio. Discos como "Frigid stars" o "Barely real", forman ya parte fundamental de la discografía de cualquier aficionado a los sonidos lentos.

Bluetile Lounge parecen unos hermanos pequeños de Codeine. Provenientes de Australia, con sólo dos discos en su corta vida, consigue repartirnos dosis de amnesia, partículas de introversión, con una facilidad pasmosa, con un deje hipnótico que te deja apaciguado para todo el día su escucha.

"Liner" es el primer referente donde detenerse para continuar con los doce minutos de "Hiding to crash", un crisol de voces que son susurros, de aspavientos de seda, de liturgia íntima para echarte a llorar pensando en letanías particulares, en silencios que dan miedo.

Nada mejor para los que nos inflamamos con Codeine, gozar con canciones como "Steeped" o raciones al por mayor de rabia interior ("Lapsis"). Una hora de tensión por los suelos, de estados en coma, de luces que son reguero de desdicha (L.T.D.)

"Cold lamping" es otra estrella en medio de la noche que no cesa, otra estridencia de lentitud programada para resistir las veleidades de lo rápido. Para acabar, "Old star", 11 minutos de oración solemne, de salud gris, de ojos llorosos de ácido de olvido.

Todo en Bluetile Lounge es efímero, de corta vida. Por eso duraron poco. Otro disco, "Lowercase" y adiós para siempre. Quedan sus temas, sus trallazos de individualidad enfermiza, de dolor que no cesa. Slowcore.


lunes, 30 de julio de 2018

STEVE WYNN & THE MIRACLE 3. "Tick...tick...tick..." (2005)


La portada parece un guiño irónico al plátano de la Velvet aquí cambiado por una guindilla de esas que pican, que escuecen, que dan calor. Como da calor cada tema de este pedazo de disco que se sacó de la chistera Steve Wynn junto a su banda Miracle 3.

Valga el mazazo casi punk de "Wired", la que da comienzo a todo, para que no perdamos ni un segundo en adentrarnos en este festival de rock que desde los tiempos de The Dream Syndicate, Wynn nos ha ido regalando.

Acompañado a la guitarra por Jason Victor, el bajo de Dave DeCastro y a la batería Linda Pitmon, "Tick..tick...tick", es una catarsis continua, un monumento al NRA ("Cindy, it was only you", con armónica incluida, pasote), donde también porque no, coexisten esos medios tiempos que te tocan el corazón, como la bella "Freak star".

Pero el tono general de disco es de mala leche. De electricidad y veneno, de feedback brutal como la deliciosa "Killing me" o la demoledora "Bruises".  Aunque cuando se ponen melosos, arrean lentitud y nos provocan susurros ("Deep end").

"Your secret" es arenosa, desierto de guitarras que crujen y destilan mientras preparan una bomba llamada "Wild mercury". Para el final dos gotas de sudor frío, "All the squares go home", y "No tomorrow". Colofón espectacular a un disco de esos que te menea y conmueve. Gran Wynn.


sábado, 28 de julio de 2018

KAMASI WASHINGTON. "Heaven and earth" (2018)


Si hay quienes piensan que el cambio de formato ("The epic" fue un triple disco, este "Heaven and earth" "sólo" un doble), iba a menguar el ansia metafísica de este saxofonista que ha revitalizado el mundo del jazz, se va a llevar una decepción de las grandes.

"Heaven and earth" es una bomba, un crisol, un largo paseo por le jazz y sus vertientes, donde tiene cabida desde una orquesta a un elenco de músicos de esos que quitan el hipo cuando lees lo que se esconde.

Y es que comenzar el disco con una versión de una canción que apareció en la película de Bruce Lee, "Fists of fury", con sus nueve minutos hipnóticos y reptantes, es sólo un aviso de este trabajo separado como cielo y tierra y que merece una larga y meditada escucha para sorber cada poso del artista y su rutilante banda.

En "Can you hear him" se escora más al free jazz para en la voluptuosa "Hub-tones" llenarnos de sonidos latinos hasta las cejas. "Connections", inspirada en la película "Birth of a nation", nos encontramos al Kamasi más espiritual del lote, con el saxo relamiendo el aire con soltura y gracia, como dédalo etereo en una soflama de estridencia interior.

La anárquica "The invencible youth" da paso a "Testify" con al apoyo vocal de Patrice Quinn  inflamándonos de aire setentero hasta la yugular.La tierra se acaba con los coros espectrales de "One of one" y sus ritmos latinos. Más suma y sigue para ponderar este esdrújulo disco.

El cielo empieza con catarsis, "The space travelers  lullaby" difusa, extraña, ensoñadora, circunferencia de luz y arrojo. "Vi lua  vi sol", vuelve con los sonidos calientes latinos y "Street fighter man" con el bajo retando a Kamasi en una envolvente oda declamatoria. La más larga de todo el disco, los doce minutos de "Song for the fallen", luminosa, excitante, para componer suspiros.

"Journey", con la voz de nuevo de Patrice, misticismo en estado puro. Así va pasando el álbum y cuando te quieres dar cuenta han pasado un huevo de minutos, horas comestibles de arrobo para enfilar la parte final con el piano colosal de "Show us the way" y el epílogo de "Will you sing!".

Kamasi lo ha vuelto hacer. "The epic" un punto sideral, "Heaven and earth", una oda sin parangón, un pregón de jazz total libre de prejuicios. Volemos pues, volemos......


jueves, 26 de julio de 2018

BOWERY ELECTRIC. "Bowery electric" (1995)


Con este disco empezó todo. Aun recuerdo el impacto que me provocó cuando les descubrí con el hipnótico y atrapador "Beat" (1996) y mas tarde con su obra más redonda "Lusflife" (2000). El duo norteamericano formado por Lawrence Chandler y Martha Schwendenor consiguieron crear una mantra de sonidos electrónicos, minimales, con artificios de post rock que te descolocaban a cada escucha.

Pero eso fue más tarde. La aventura empezó con este disco homónimo, puro shoegazing inspirado en psicodelia. "Next to nothing" es una burbuja esférica de feedback y rumor.Sin duda mucho beben de My Bloody Valentine, pero Bowery Electric están en otra onda. Sus atmósferas no son tan ruidosas pero si efectivas con sus laberínticas cruzadas sónicas ("Long way down").

Este primer lp del grupo es una autentica pasada. "Another read" son cinco minutos dedicados a la disgregación corporal, mientras Martha cuchichea, el sonido levanta los pies sonriendo quizas a Spacemen 3, con muecas de revuelo y agitación.

En "Over and over" bajan el pistón y se acogen a la calma para de nuevo en "Deep sky objects" obsequiarnos con una buena ración de shoegazing explosivo. Mi preferida viene después, "Slow thrills", solemne, oscura, lineal y obsesiva. Abriendo camino de lo que vendria después con "Beat", aunque aquí con más distorsión.

La parte final es otro retablo suculento de paisajes malsanos, con la gótica "Out of phase" como un salmo tenebroso que resuena tormentas aciagas y "Drift away", una sinfonía de shoegazing anémica; ruidos, sugerencias, fabricación de saludos desde el espacio exterior.

Bowey Electric, sin duda, una de las propuestas mas interesantes y arrolladoras de los 90, con su manera tan particular de ejercer de manipuladores del ruidos, desde calmas imposibles y necesarias.


martes, 24 de julio de 2018

FERNANDO ALFARO. "Sangre en los surcos" (2018)


Si el verano pasado fue el que adquirí la caja con todos los discos de Surfin Bichos más DVD, éste es el que Fernando Alfaro ha conseguido regar mis minutos de escucha con su particular laguna sanguínea, en este portentoso trabajo que a modo desenchufado nos da una oportunidad a los completistas para continuar visitando perreras imaginarias en busca de ese can abollado que se perdió a la vez que nuestra juventud.

Y además Alfaro nos regala 4 temas nuevos, de esos que ya forman parte de ese torrente creativo al que nos tiene acostumbrado. "Dominó" es espeluznante, dramática, triste, desesperanzada, ley de vida. Y es que lo que cuenta Fernando se te queda largamente en la retina del corazón. El otro día, después de cenar, acabando la copa de vino, salí a la terraza y me impregné de tristeza, de recuerdos, de ayeres imposibles de verificar por la concreta especulación de los años. "Dominó" sonaba mientras intentaba imaginar su historia, la nuestra, el desenlace de la experiencia, las tragedias cotidianas.

"Barbaridades" es otra maestra joya alfarista, como la que titula el cd, donde el espectro del colega finado se marca un foxtrot de recuerdo, de presencia, de luz, como no, en las entrañas. La última nueva, "Trozos de un día", es porcelana y ternura, delicadeza y aspaviento. Como cuando Alfaro canta y se empieza a rasgar la pelusa del cielo. Te quedas boquiabierto y vuelves a darle al play.

"Fotógrafo en el cielo" esta representado de maravilla. Cuatro balas. La desgarradora y aqui folk "¿Qué clase de animal?", "Un alud de septiembre", (que es como cuando la escuchabamos en el coche del humo pero en intimidad, rasgando nuestra vehemencia, empapándonos de lírica violenta), "Mi refugio" con aires country, ukelele del alma y "Siempre lo mismo", rutilante y espectral.

"Saariselkä stroll"  de su lp "Saint-Malo" con banjo del amor da paso a la hermosa "Harto de tu amor" de "Hermanos Carnales", otro puyazo en medio de la soledad extrema. Mil sonrisas he fabricado cuando me tope con "Fuerte!", quizás el mayor hit de la carrera de Surfin Bichos, aquí convertida en una pieza de miniatura que da paso a otra chuchada, "Magic".

Asi es "Sangre en los surcos", un festival de arrobo, locura, un pasaporte hacia atrás en el calendario, un boceto donde Fernando no ha querido apostar por el continuismo y nos ha llenado la boca de luces, palabras, oratoria profunda, y sobre todo mucha melancolía ("Ricardo ardiendo").

Luego me pongo "Mi anestesia" y entro de lleno en un filón de voces que van y vienen, de ecos que quedan en las paredes de la memoria. Se hace agradecer la aparición de canciones como "Su mano sobre la mía" o "Qué condenamente negra", arrolladoras por su impetu y su fuerza.

Me he puesto ya tres veces seguidas la reinterpretación de "Gente abollada" (puro Johnny Cash) y esa firma en un cirro que es "El último día que me verás". Sin palabras. Con este "Sangre en los surcos" ya tenemos munición este verano para pasar los ataques de nostalgia con una buena bebida enérgetica, con un gran plan de sueños imprecisos, de canciones que no caducan. Grande Fernando, grande.