jueves, 17 de enero de 2019

LAS BUENAS NOCHES. "Un mal dia lo tiene cualquiera" (2011)


Si el primer disco de la banda sevillana Las Buenas Noches, "Aventuras domésticas" me gustó por su particular manera de enfocar el concepto folk, este segundo largo, "Un mal dia lo tiene cualquiera", los pone en alguna parte de la frontera que colinda con propuestas como Wovenhand.

Sus canciones paracen surgir de una especie de western noir o de una comarca perdida de la Pampa, donde la voz de su vocalista Rubén Alonso, arrolla, mientras las banda nos sumerge en una intrincada atmósfera donde los instrumentos viven del caos y la demolición ("El fin del mundo" y "El hombre del tiempo").

El gran Miguel Brieva (también en la banda) es el que se encarga de la magnifica portada, que parece llamar a la escucha de una de las propuestas más interesantes, por su falta de ubicación en estilos y modas, por su hechizo constante desde que inicias su audición. "La jungla", mi preferida, suena a los Andes. Como "Tucumán" y su deje sinuoso que te engancha y te mece.

"Crimea" es una corriente de experimentación zingara que da paso a "Media vida", costumbrismo con banjo y fatuos fuegos que recorren espanto, palabras que se clavan, perdidas irreparrables. "40 ladrones" es canción de fogata y coyotes, temperaturas altas, andamiaje sonoro a rebosar de pulsiones añejas.

Para el final, la bizarra "Oda a la seguridad", los acerca a Pony Bravo, y "El día de tu boda" es el tema que ponen al final del camino para convecerte, si aún no lo estás, que hay otros mundos aparte de la música independiente.


martes, 15 de enero de 2019

BILL RYDER-JONES. "Yawn" (2018)


Qué gusto es toparse con artistas como Bill Ryder-Jones. El que fuera guitarrista de The Coral, en éste su tercer y mejor disco, (tampoco hay que perderse "A bad wind blows in my heart" (2013) y "West kirby country primary"(2015)), confecciona un potentente ejercicio de slowcore rompe corazones.

Y es que desde que se inicia el disco con la sobrecogedora y afilada "There's something on your mind", sabes muy bien donde poner este precioso disco: allí donde reposan los cds de The New Year, American Music Club o Red House Painters. Y uno que es aficionado a los desgarros emocionales, a la levedad confeccionada de arpegios de rocío, este "Yawn" es como la perfecta banda sonora para el ensueño.

"Time will be the only saviour", como el resto del trabajo, es una paleta donde los susurros de Bill Ryder-Jones se cruzan con silencios que te desgarran, creando climax de otoños perpetuos. Cuando no aparecen los destellos eléctricos, te dejas llevar por un folk de terciopelo donde es fácil perderse y volar, como en la brillante "Recover".

Pero cuando se hace verdaderamente exquisito el mensaje de Bill Ryder-Jones, es cuando nos suelta en mitad de proclamas de dolor, raciones de feedback encrespado y sentimental ("Mither"). Oir "Yawn" es instalarte en un porche a la luz de la tarde que se apaga mientras suenan maravillas contagiosas como "And then there's you" o la indescriptible "There are worse things i could do", bellezas que ronronean, suavidades que diseñan esperanzas y rubores encantadores.

Un disfrute de comienzo a fin."Don't be scared, i love you" es el culmen de la catarsis de un lp redondo, que sabe llegar al corazón, que te saca la lengua como el chaval de la portada, para que sonrias mientras te estremeces con flipadas como "John". Ayuda que la mayoría de las canciones superen los 4 minutos. Hay que tener tiempo para escribir sobre intensidades y nubarrones de luceros.

Bill Ryder-Jones, un nombre a seguir, un elaborador de sensaciones que parecen que no se apagan cuando el disco se acaba, y queda áun en el aire la huella del fin, ("Happy song"). De lo mejorcito que salió en el año ya marchitado. No hay que perdérselo.


domingo, 13 de enero de 2019

KILLING JOKE. "Pandemonium" (1994)


Cuando en 1994, Killing Joke sacaron este "Pandemonium" la banda llevaba 4 años en barbecho. Muchos pensamos en esa época que una de las formaciones punteras del post punk había pasado a mejor vida después de haber cosechado un abanico de discos de esos que quitan el hipo ("Revelations" (1984) o "Outside the gate" (1988)), pero por fortuna nos equivocamos.

Y eso que el inicio del disco con el tema que titula el álbum parece que La Broma Asesina se había pasado al tecno. Pero no, a continuación viene el pistoletazo de metal industrial que es "Exorcism" y sonreímos agradecidos por que Jaz Coleman y sus chicos continuaban ofreciéndonos de su magia negra a raudales

En "Pandemonium", Coleman abraza los sonidos más metálicos, pero sin dejar de lado la épica oscura que acompaña a su larga y vasta historia ("Millenium"). Estas tres primeras canciones se grabaron en la pirámide de Giza. No es de extrañar pues cierto álito mortecino oriental, como lo que se refleja en "Communion".

Sin embargo mis preferidas vienen de la mano del sonido característico de Killing Joke que todos conocemos. Himnos como "Black moon", o salvajadas instrumentales como "Labyrinth" son fiel reflejo de la capacidad de Coleman de aturdirnos con su mesianismo de oscuridad.

Me quedo loco cuando vuelvo a escuchar "Jana", y la introducción de teclados y máquinas de ritmos en temas como "Whiteout" siguen sonando actuales a fecha de hoy. "Pleasures of the flesh" y "Mathematics of chaos", ponen el rip a un disco de esos que los fanáticos de este enorme grupo disfrutamos como si 1994 estuviese a la vuelta de la esquina. Y es que Killing Joke, eran mucho Killing Joke. Todavía estamos esperando noticias suyas tras el monumental "Pylon" de 2015. Seguiremos pues oido avizor....


jueves, 10 de enero de 2019

DEERHOOF. "The runners four" (2005)


El séptimo disco de esta bizarra y elegante banda, es quizás mi favorito de toda su larga carrera que llega hasta la actualidad. Su casi hora de duración es un conjunto efectista de todas las armas que atesoran para elaborar una especie de pop malsano repleto de rendijas donde se cuelan sonidos siderales, ecos de noise pop, donde todo esta permitido.

Y mucho en su haber tiene la cantante y bajo Satomi Matsukazi para que Deerhoof sean lo que son. Los dos primeros temas del disco, "Chatterboxes" y "Twin killer" son una barrabasada de sonidos orates, con esa vocecilla diablo de Satomi y esos ruidillos que aparecen y desaparecen en desbandada.

"Running thoughts" tiene un aire de indolencia infantil que acaba casi en sonidos progresivos, como "Vivid cheek love song", eléctrica y mágica que da paso a "O'Malley, former underdog", o como reinventar a Stereolab con lucecillas nerviosas y espasmódicas.

"Odyssey" es una nana que te llama a guerrear y el inicio guitarrero de "Wrong time capsule" es puro indie rock nervioso y esdrújulo. Así son Deerhoof, una bella anomalía en el pop, un nervio loco que raya en cordura. Cambios de ritmos inspirados en tiempo de psicodelia ("Spirit dities of no tone"), junto a dulzuras envenenadas que te llevan a la desesperación más sana ("Sream team").

El cuarteto se mueve a sus anchas por un terreno donde ellos mismos son agrimensores sin pretensión de invadir terrenos ajenos, y si de cultivar extrañas mezclas en viñas que acarrean viajes que te harán gozar ("You can see"). Una hora que pasa en moto y sin casco, y que también tiene momentos tranquilos como la bella "After me the deluge" y otros paraxismos que recuerdan algo a The Breeders como la bestial "Siriustar".

Un puntazo recuperar esta antigua joya repleta de teclados planeadores, "Lemon & little lemon" y bebidas en horizontes premeditados de emoción, como la impactante y sinfónica "Bone-dray". Y así hasta el ocaso del cd con esa vesanía que se llama "Rrrrrrright".

Deerhoof, no hay nada como empezar año y mes con esta calentura lunar de sonidos para no encasillar de un combo que no tiene desperdicio, con una discografía de esas que no te debes perder ningún trabajo.


martes, 8 de enero de 2019

DEAD CAN DANCE. "Dionysus" (2018)


Estamos de enhorabuena. Tras seis años sin saber de ellos, Lisa Gerrard y Brendan Parry vuelven a llenarnos de misticismos, de músicas de otros siglos, de espiritualidad a lomos de carcajadas de rocío. "Dionysus" es un disco más imprescindible en su dilatada carrera, otra colección de temas divididos en dos actos, y desde que empieza el primero con "Sea borne", es como si hubiesen creado una pócima secreta para detener la dictadura del tiempo.

Dionisio, el dios griego de la vendimia, del vino, de la exaltación, es la figura que se fijan Lisa y Brendan para soñar almas libres de condena. "Liberator of minds" es sensualmente oriental y "Dance of the Bacchantes" es lujuria, voces de fiesta, bacanal y mil sueños.

El segundo acto comienza con "The mountain" con el aporte vocal predominante de Brendan, y que deja paso a "The invocation", donde ese torrente sonoro que nace de la garganta de Lisa, se convierte en un paseo por fuentes y mares en un oriente que se halla en la psique de los cuentos.

"The forest", es gótica y saltarina y el final con "Psychopomp", donde parece que está llamando a fin de viaje, al ocaso de un salmodia repleta de sensaciones y goce. Dead Can Dance siempre será un lujo para el escuchante. Su música siempre fuera de las leyes de lo que se oye en la actualidad, es un fiel reflejo de la inquietud de dos músicos que parecen tener el don de la sorpresa eterna.


domingo, 6 de enero de 2019

JULIO DE LA ROSA. "M.O.S." (2004)


Con "M.O.S.", empezó su trabajo en solitario el que fuera miembro de El Hombre Burbuja. Primer disco de una de las carreras más interesantes nacidas al albur del lirismo y que cuenta también con una buena representación de bandas sonoras para películas (a destacar sobre todo su labor compositiva en "La Isla mínima").

"M.O.S." es el disco más árido y guitarrero de su discografía ("A pleno sol") y donde de nuevo la pluma y los textos predominan como eje fundamental en unas canciones que funcionan desde la primera escucha por su épica de corazones robados ("De no verte").

"Braille (segunda parte)", intuye lo que nos encontraríamos en discos posteriores de Julio de la Rosa ("La herida universal" o "Pequeños trastornos sin importancia"). Rozan en "Otro de sus juegos"  una especia de slowcore cabreado para en "El monstruo nunca duerme", volver a componer rimas asonantes, dolorosos versos de esos que dejan huella y no se borran.

Siguen las guitarras en "Otra felicidad" , para en "M", regalarnos su cara más acústica. En "Más tus huellas que mis pasos" parece que estuviésemos frente a una versión personal de Sr. Chinarro, para en "Agua turbia" tirar por la calle de en medio con electricidad y fogonazos cardiacos.

Me gusta como suena "Para mis heridas". Himno que vuelves y vuelves a poner para quedarte dormido con la sonoridad de "Entresueños". Potente pues y necesaria recuperación de un autor de esos que siempre ha ofrecido buenas excusas para gastarnos los cuartos con sus discos. Mi preferido, sin duda, "Pequeños trastornos sin importancia", sigue siendo imbatible. Este "M.O.S." una delicia a disfrutar entre frío y ojos cerrados.


miércoles, 2 de enero de 2019

PSYCHIC TV/ PTV3. "Hell is in invisible....heaven is her/E" 2007)


Nos quedamos con las ganas de saber que hubiera pasado si como quería Genesis P-Orridge, hubiese unido su carrera a Ian Curtis. Fue justo antes de su suicidio cuando el ex-Throbbing Gristle, le propuso al desafortunado cantante de Joy Division la unión de ambos en un proyecto del que solo podemos ya intuir la monstruosidad que podía haber salido de allí.

Genesis P-Orridge, es el gran agitador de la escena más alternativa, cuando lo alternativo es de verdad transgresión y ruptura. Aparte de los citados Throbbing Gristle, también transitó en Pigface y otras bandas, siendo Psychic Tv, su verdadero vehículo de lucimiento de su discurso total.

Psychic Tv/PTV3, es el nombre que dio a otra vuelta de tuerca, al nacimiento desde la putrefacción de otra banda que comparte con Psychic Tv, el post punk, la psicodelia setentera, el artrock más inclinado al desbarre... Bueno, la verdad es que te dejan poca opción a calificar una música que depara sorpresas a cada escucha.

El disco, versa sobre el concepto de muerte hasta la resurrección del cuerpo en medio de un torrente de lava espiritual. Hay queda eso. Y el lp es un compendio de ese arte devastador al que Genesis P. Orridge nos tiene acostumbrados. El empiece no puede ser más bestial, con ese riff de guitarra que parece sacado de un álbum de The Police, ("Higher and higher") y que continua con el post punk oscuro de "In thee Body" con Nick Zinner de Yeah Yeah Yeah a la guitarra.

"Lies,and then" suena a años ochenta por todos los costados y en "Maximum Swing", aparece Gibby Haynes, de The Butthole Surfers, para darle aun más riesgo y locura al asunto. "New York Story", casi parece una nana de la Velvet y "I don't think so" es una barrabasada psicodélica que tira para atrás.

Un disfrute para empezar el año la escucha de este disco. Sientes que no hay contención, que todo fluye por una corriente de libertad extrema donde Genesis y sus músicos, como ha sido siempre, van mas allá de la siempre creación musical ("Hookah chalice").

Luego te topas con el vacile de "Just because" y la salmodia electrónica de "Bb" para terminar el disco con la oriental "Milk Baba". Una delicia para no parar de escuchar, un autentico torbellino de sensaciones, de luces y neones, este disco que gustará a los buscadores de islotes nuevos a descubrir. A los que ya le conocen, una estrambótica vacación de riesgos.