Como la mayoría de discos del ex-Magazine, Barry Adamson, el concepto de banda sonora imaginaria parece creado para él, donde abundan en su discografía, como en este "Oedipus schmoedipus" canciones nacidas para poner música a películas que nunca existirán. Y vaya nivelazo el que se gasta Barry.
En "Set the controls for the heart of the pelvis" cuenta con Jarvis Cocker, para dar al tema ese toque de sensualidad y glamour que la ocasión merece. ¿Quién no ha escuchado alguna vez ese himno casi de cine negro que es "Something wiked this way comes"? Se te pone la piel de gallina. Hasta David Lynch la acogió y la hizo sonar en "Lost highway".
"The vibes ain't nothin' but the vibes", es triste y radiante, música para poner después de una de esas resaca que hacen historia, con el vozarrón de Adamson narrando entre la bruma volcánica. En "It's business as usual", Carla Bozulich presta su voz a un barullo caótico, donde la tensión va creciendo a cada instante.
En "Miles" recupera como no al gran Davis es un homenaje de esos de nota alta. "Dirty Barry" es oscura y retadora. Me encanta el jazz suave e hipnótico de "In a moment of clarity", un paseo de calmas entre el baile de un saxo que te deja sin aire. Brutal. En "Achieved in the valley in the dolls" es Billy Mackenzie la que lleva el mando en la más digamos soul electrónica de este lote tan disfrutable.
Que delicadeza tiene "State of contraction", parece una pieza neoclásica repleta de susurros y lamentos, para rematar con su amigo Cave en la romántica "The sweetest embrace". Qué placer escuchar a Adamson y sus peculiares juegos sónicos. A disfrutar toca pues.
Pedazo de película "Lost in translation", pedazo de banda sonora que pergeñaron a medias la directora Sofia Coppola, Brian Reitzell y el MBV, Kevin Shields. En su día la vi en el cine, y tanto como la música que acompañan las imágenes son de esas que cosas que no se olvidan.
Por aquí tenemos una joya delicada, pura orfebrería de Kevin Shields, "City girl", que abre el disco después de una introducción ("Intro/Tokio"), para iniciar este viaje repleto de misterio oriental. Sébastien Tellier aparece con "Fantino", música para recorrer las calles de Tokyo mientras las luces de la ciudad desbaratan cualquier atisbo de tranquilidad.
Grande Bill Murray, un monumental actor, grande Scarlett, que se fusionan a la perfección en una historia de esas que dejan huella. Y la banda sonora, como no, perfecto andamiaje repleto de bellezas como la de Death in Vegas, "Girls".
Mis preferidas son las composiciones de Shields ("Ikebana" y "Goodbye"), y como no la inclusión de hits que perduran a través del tiempo, como "Just like honey" de Jesus and the Mary Chain o "Sometines" MBV. Todo un lujo vamos.
De esos films que puedes ver una y otra vez y te dejan un poso de buen rollo que acompañado con la escucha de su música es todo un analgésico apabullante.
"Bodysong" fue el disco de debut en solitario del guitarrista de Radiohead. Y la verdad es que el comienzo con "Moon trills" parece remitirnos al universo de la banda de Thom Yorke. Pero para nada. "Bodysong" fue un documental del que pidieron a Greenwood la composición de su música, y éste sin duda atino de principio a fin.
Canciones que se enlazan y que caen en la red de una instrumentación que medita espeología investigadora como esa unión entre "Moon mail" y la electrónica "Trench". Pero si "Bodysong" tiene algo bueno es la multitud de registros que está compuesto.
El neoclasicismo de "Iron swallow" da paso a una estrambótica sucesión de ruidos en la extraña "Clockwork tin soldiers", para a continuación en "Convergence" rellenarnos la cabeza con minimales percusiones del demonio.
"Nudnik headache" vuelve a centrarse en los sonidos tecnológicos, para en "Peartree" escorarse hacia unos derroteros de dulce improvisación. En "Splitter" coquetea con el jazz y en "24 hour Charleston" se sale con la suya, con esa bajo que percute y atruena.
Oscura suena "Milky drops from heaven" y el fin con las cuerdas de "Tehellet" nos pone en aviso de lo que sería una fructífera carrera como hacedor de scores ("Norvergian wood", "Tenemos que hablar de Kevin, "The Master"..). Una buena manera pues de adentrarse en la obra de un músico que ha sabido encontrar sitio fuera de la comodidad de una banda grande.
El músico Jóhann Jóhannsson, que ya nos visitó en estas páginas con su estremecedor disco "Fordlandia", vuelve a este nido de sugerencias, con la banda sonora de unas de las películas más perturbadoras que he visto en estos últimos años.
El director canadiense Denis Villenueve, cuenta con Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal para hablarnos de lo que ocurre tras la desaparición de dos niñas en la vida de sus padres, en su búsqueda para encontrar a los culpables, destapándose a cada paso un volcán de violencia, donde el drama vive y conmociona con un final de esos que se recuerdan largamente.
Quien no Jóhannsson para musitar la tragedia, en este score repleto de tristeza y terror, desesperación al rojo vivo. "The lord's prayer", la que da el pistoletazo al álbum es una henchida composición de cuerdas que sirve de inicio para decorar la hecatombe de sentimientos que irradia un film cautivador en el que Jóhannsson ha pulido su espátula sónica para dejarnos sin habla.
La orquesta funciona a la perfección. Si ya has visto el film podrás dibujar las imágenes cuando suena "I can't find them" o "The search party". Si no, cerrarás los ojos para caminar por ariscas calles donde el afán de respuestas es el motor de la desesperación. "Surveillance video" es otra frágil miniatura que te corrompe los oídos con su oscuridad espartana. Poidría ir en cualquier peli de Lynch.
La atmósfera de todo "Prisioners" es malsana, sabes que el mal habita en quien menos te lo esperas, la podredumbre se escuda en la falsa inocencia para ejercer una ordalía de oscuridad. La música de Jóhann es perfecta para conmocionar, circular, expresiva, lírica.
"The intruder", "The Snakes" o "Trans am", son otro de los combates que tienes que realizar para supurar frenesí y lucha. Si aun no has visto "Prisioners", no te la pierdas, y si ya la miraste, oye el latido de la pena, la naftalina de la desgracia. Como siempre Jóhannson, poniéndote la piel de gallina.
La interesante banda indie británica British Sea Power hizo un paréntesis en su carrera de agitadores eléctricos para poner música al documental "Man of Aran", de Robert J. Flaherty, donde cuenta la vida arisca y dura en esta islas de la costa de Irlanda.
Desde que comienza el primer tema homónimo y su continuación con los 11 minutos largos de "The south of sound", nos movemos en terrenos para ambientar imágenes. Para ponerle cara a las silvestres colinas de la islas, para dar voz a las rocas.
Música que musita, que hace que la banda se tome un respiro de sus obligaciones indies, para pasear el violin por la lírica y tremenda "Come wander with of me", o hacer montañismo con la minimal "Tiger king".
En "Boy Vertiginous" se ponen furiosos, acercándose a mundillo ruidoso de Explosion in the Sky, para en "Spearing the sunfish" adentrarse más aun en una sinfonía bella del caos, muy Sonic Youth, muy romper tímpanos mientras la tormenta rompe cielos.
La calma vuelve con "Connely of the west" y "The north sound" binomio perfecto para imaginar como se vive en este pedazo de tierra rodeado de la ignora furia del mar. "Woman of Aran", con el piano andando en zapatillas de andar por casa, con las guitarras que parece que no van nunca a morder para al rato expulsar aullidos a diestro y siniestro.
"Man of Aran", una buena manera de volver a Brith Sea Power. Una enorme banda que con este cd recuperamos del baúl de la memoria. Una isla, un pub en penumbra, el vuelo de las gaviotas, una tormenta de amor.....
En el año 2006, en la prestigiosa ceremonia de los premios César, la banda sonora de este documental que narra las peripecias de ese pinguino con nombre real, recibió el premio al mejor disco de película del año.
Bien merecido. Y si alguien aun no la ha visto, desde estas paginas pensadas, os recomiendo que no os la perdais. Nos hace a los humanos pequeños, el egotismo de "raza superior" lo tiramos a la basura cuando nos emocionamos con las aventuras de estos pequeños animales que tanto nos tienen que enseñar.
La francesa Emilie Simon fue la elegida para dar voz a los sin voz. Está vez Emilie eligió el inglés para tocarnos la fibra, y la verdad es que desde que suena "The frozen world", con ecos de Bjork, no dejamos de sentir el viento gélido de los polos, los icebergs como barcazas a la deriva chocándose la mano con el mar que suba y baja en un suspiro tremendo.
En "Antartic" solo se basta de sus murmullos para contagiarnos de lava helada. La electrónica es el utensilio que usa Emilie para conspirar con nosotros para la contemplación de la paz de unos paisajes que te dejan sin sentido, de la música de la naturaleza que recorre cada metraje del film.
"The egg" es lirismo tecnológico y "Baby penguins" sirve para imaginarte a los infantes pinguinos jugando con peces de colores invisibles, revoloteando tras sus padres. "Songs of the storm" es pop electrónico, casi ochentero, ritmico, bien construido, envolvente y total.
Así que no te pierdas para tus emociones más profundas "La marche de l'empereur". Notarás murmullo de los grados bajo cero, congelarás tus entrañas, vivirás en un continente de zorros blancos y osos cazadores. El emperador de señalará el camino. Con él tocarás el violín ("To the dancers on the ice"), y sentirás que nosotros, los humanos, sólo somos unas pequeñas partículas en el universo de la creación.
Debemos a Clint Mansell la realización de bandas sonoras para films como Requiem por un sueño, El árbol de la vida, Pi y más recientemente Noé. Quien le iba a decir a Mansell cuando lideraba la banda indie inglesa Pop Will Eat Itself que iba a ser unos de los compositores para peliculas más reputado y aclamado.
"Moon", dirigida por Duncan Jones, habla sobre la vida de un minero que es enviado a la Luna para extraer helio 3, en un momento de grave crisis energética en la Tierra. Tras pasar 3 años, y preparado para su vuelta a casa, algo le impedirá el retorno.
Clint Mansell sabe darle el toque de dramatismo a cada escena, y desde "Welcome to Lunar Industries", donde todo comienza, con el piano como protagonista siendo el hilo conductor para que penetres en esta maravillosa historia que no te debes perder, seguirás las andanzas del hombre solitaria acompañado de un anclaje musical total.
Mansell tiene la enorme virtud de saber construir un enjambre sonoro donde el clasicismo se pone traje de electrónica atmosferica ("I'am Sam Bell"), y las teclas del piano, son las encargadas de mostrar la angustia y soledad de un hombre perdido en la inmensidad ("Memories (Someone we'll never know)"). Sólo, abandonado, deseando volver, con miedo a regresar....
En "Can't get theme from here", la oscuridad lo es todo. Asfixiante pieza que retumba estrellas y que da paso a una de las mas bella de todo el disco, "We're not programs, GERTY, we're people", con silencios imposibles, fabulosa rubrica de un artista capaz de llenarnos los oidos de imagenes.
El sello escoces Rock Action, casa de los mortíferos (ahora venidos a menos) Mogwai, acoge a Umberto. No, no espereis crescendos épicos, ni catarsis guitarrera. A Umberto le va mejor las bandas sonoras ficticias de peliculas de horror. Teclados en un bucle de burbujas, ansiedad, ambient que crea un efecto de sosiego y a la vez de atención, pululan por todo "Night a thousand screams".
"Boston 1942" es la primera dentellada, los primeros pasos para absorver tensiones en una incursión colosal por cielos negros y luces que dan miedo. "The puzzle" es atmosférica y a la vez atrapadora. Puedes intuir que la cuchilla se va afilando, que los cuervos empiezan a poner sus plumas sobre el vaho de tu esencia.
Matt Hill es el mago que saca de la chistera cosas como "The Inestigation", donde la electrónica flota sobre nubes que guerrean ansiedad y depresión. Sonidos de los 80 para el siglo XXI. Tecno pop de fantasmas que hartos de truco y trato deciden por las buenas pasarse todo el año viviendo en nuestros sueños.
A quien le guste el cine de Dario Argento, ya puede prepararse para unos buenos chutes de emoción malsana, cuando en la pista suena "The Pool" y se desnuda el cielo su negrez para hacernos pensar colinas llenas de ojos inquietantes.
"The dance studio" es liquido de amnesia, tecnología al servicio de cualquier buena recreación fílmica de algún libro de Stephen King. "The Waterbed" y "Paralyzed" son otras dos formas de temer a la noche, de llevar tus obsesiones a un buen puerto de decadencia y horror.
Pon la tele, apaga las luces, que empiezen los creditos, el título de la pelicula, mantén tu cocina cerrada, los cuchillos con candados, cualquier cosa puede pasar....
Escuchar la música de las películas de David Lynch, es vivir en primera mano, el ramillete de obsesiones del director. La música es el reflejo de esos mundos extraños, delirantes, pesadillescos, de los que no me he perdido ningún capítulo. Porque lo reconozco, desde la serie "Twins Peaks", no he dejado de extraviarme en el laberinto tenebroso, sugerente, de ese autor, verdadero promotor de los viajes sin paracaídas a través del mundo de las sombras.
"Cabeza borradora", "Terciopelo azul", "Carretera perdida" o esa obra tan lejana en la temática y la forma de su tono habitual, llamada "Una historia verdadera", conforman un catálogo de films que ya se han grabado para siempre en los anaqueles de la historia del cine.
La larga y tortuosa "Inland empire" denostada por algunos críticos, es otra pieza del dominó lynchiano. Su banda sonora, es sin duda, de lo mejor que ha construido en su dilatada carrera. El blues futurista (que tanto le gusta) de "Ghost of love", es la primera joya que da paso al clasicismo de Mantovani, con "Colours of my life".
Pero el orbe de "Inland empire" es siniestro. Y los doce minutos de "Woods variation" son como para temblar, desquiciados en rugidos de caos depravador. También hay paradas en el jazz con ínfulas swing, "Three to get ready" (Dave Brubeck).
Las concesiones que hace Lynch en el mundo de las cuerdas, de la mansedumbre sonora, ""The secret of life tree" (Kroke) es una buena manera de despegarse del mal rollo que destilan tracks como "BBQ theme". Alguien que nunca halla visionado ningún trabajo de Lynch, (¿existen?) con sólo escuchar artefactos como "Polish Night Music No 1" se podrá imaginar historias de duermevela mortecino, tiempos derrotados por mundos paralelos que habitan en la psique más profunda, o madres que llevan hijos de leña en el brazo.
"Inland empire", otro canto a la libertad total en la historia de la cimetagrafia mundial, y su BSO, un aderezo imperial para tratar la enfermedades intimas del ser humano. O para incrementarlas....
De los literatos que en los ultimos años más me han impactado, el japonés Haruki Murakami ha sido quizás el que se lleve la palma. Libros como "La caza del carnero salvaje", "El fin del mundo y un despiadado pais de las maravillas", o "Kafka en la orilla", son solo algunos de los indispensables titulos de un autor que ha sabido ejecutar con maestria argumentos que entrecruzan la realidad y lo insólito, por medio de personajes (muchos de ellos jóvenes) perdidos en busca del hilo de Ariadna de la existencia.
En casi todos sus libros Murakami introduce pistas musicales de sus preferencias y obsesiones, (jazz, indie,etc.). La modernidad y la tradición de su pais rebosan en cada linea de Murakami, siendo este ideario el arma principal que posee para embaucarnos con sus historias tan envolventes.
"Tokio blues" fue una de sus obras más vendidas. En ella, en un contexto histórico (finales de los años sesenta) de rebeldia hacia lo establecido, Murakami nos habla de Toru, joven estudiante que navega entre dos amores mientras Japón esta siendo victima de un maremoto de vaivenes sociopoliticos. Quizás a mi modo de ver no es su obra más redonda (le prefiero cuando lo irreal campa sobre la monotonia de los dias), pero es la excusa para un bonita recreación filmica, de la cual el Radiohead, Jonny Greenwood se encargó de la BSO.
El título de la peli hace alusión a una canción de los Lennon y McCartney favorita del protagonista del libro. Greenwood consigue una fantasia colosal sinfónica, acompañado de la BBC Concert Orchestra, rezumando melancolia y tristeza a raudales. "Mou Sukoski Jibun..." o "Sougen, Kaze, Zoukibayashi" son toda una invitación a volar petalos de éter.
Y si a esto unes tres tracks compuestos por el grupo de krautrock de los setenta Can, ("Mary, Mary son contraire", "Bring me coffee or tea", y "Don't turn thel light..") donde con un desarrollo entre psicodelico, lirico y añejo, Greenwood casa a la perfección los violines y el decorado marchito de las relaciones personales que van y vienen, con las guitarras electricas que hablan desde tonalidades ambar y amorosamente desquiciante.
El resto del album es todo una incitación para los que aun no han visionado la pelicula para penetrar en la vida de unos personajes que bien pudieramos interpretar cualquiera de nosotros. Literatura musicada para tiempos dificiles pues.
Mike Patton es la ostia. No sólo por ser lider de Faith No More, y de dirigir projectos tan interesantes como Tomahaw, o la de conducir una de las label más iconoclastas de los ultimos años, Ipecac Recordings, donde da cabida y tienen hueco todas las obsesiones de este prolífico creador, autor, inspirador y conspirador de sendas poco transitadas.
Gentes como Hella, Dalek, Young Gods, Isis, han acudido al hogar de Patton para que el taumaturgo les diese a beber de la pócima secreta de los extraño, de lo extremo, de lo envolvente, de lo no usual. Fantomas es una más de las locuras de Patton, y aquí está acompañado ni mas ni menos por gente tan "poco" conocida como Dave Lombardo (Slayer) , Buzz Osborne (Melvins) o Trevor Dunn (Melvins) . Para temblar tios, para temblar.
Este "The Director's Cut" es ni más ni menos que una colección de versiones de música de cine, que Patton lleva a su manera, con locuras de doom metal y arreglos orquestales, con bajones de jazz oscuro y escarpadas guitarras que son como guillotinas que se recrean con la garganta infame de este tipo tan peligroso.
¿Qué decir de la versión de "The Godfather" (El padrino) que da comienzo a esta biblia negra del metal más extraño, puro y corrosivo que te puedes encontrar? Su comienzo es como el de la peli, pero al poco, el vals italiano de la mafia se ve corrompido por el metal extremo que joder, te noquea al instante. Mafia Metal que dispara balas de brutez salvaje.
"Experiment in terror" me recuerda a Barry Adamson y sus bandas sonoras fabricadas para noches de miedos y carmín. "Der Golem", es como escuchar a Swans violando a Today is the Day. Post-metal de cavernas, visceral, atroz, terrorífico. Gritos y más gritos, espanto y esputo, carcajadas y momias espectrales recorriendo callejones oscuros y abandonados.
"One step beyond" también acojona, con su fantasmal espanto, black metal para conservatorios de manicomio. Luego va y se sacan de la manga un vacile macarronico de Morricone, "Investigation of a citizen above suspicion", sesentera y también, como no, demoniaca.
Y el órgano de "Charade" donde deja que la voz de Patton sea el instrumento más valioso para volver a visionar un film noir, con la visión tan terrorista de este destructor de convecionalismos. El infrajazz, llega con "Spider baby" de una comedia de terror de los años 60, pura decadencia negra.
Pega tambien como no, con todo esre ambiente florido, primaveral, amoroso de este "disco de baladas", "Henry portrait of a serial killer", de la peli del mismo nombre. Aqui las guitarra suena a tormenta y a mil rayos, a galimatias expansivo repleto de miasmas y misas de catacumbas. Y como no, una de mis series favoritas, Twin Peaks, tiene su espacio aquí con "Twin Peaks: Fire walk with me".
Y para los putos católicos, dos recomendaciones: "The Omen: Ave Satan" , de "La Profecia" con Gregory Peck, y como no, "Rosemary's baby", de "La semilla del diablo". Dos bonitos cantos floridos y tiernos, para torpedear bien a fondo a toda la Iglesia, y para festejar con Patton nuestro ateismo militante.
Dicen que este "The Director's cut" se vendió como churros entre los seguidores indies mas exigentes. No me extraña. Sus 16 versiones son una de mas mejores maneras de acercarte al orbe de este genio que no se deja llevar por nadie y que hace de lo extremo algo fácil, tarareable, como cuando el hijo de Satán nace, y nosotros, viles pecadores, le regalamos muñecos de vudú con formas de obispos, curas y demas prole malnacida, para que la justicia sea algo más que divina. Ave Satan Patton.