Yo creo que ningún grupo de por aquí se ha acercado a los teatros del silencio del slowcore como los valencianos Polar. Una prodigiosa y necesaria discografía, atestigua su capacidad para llenarnos de paz, de silencios cautivos, como vemos en la inicial "Red leaves falling".
Formados en 1994, no dieron ningún paso en falso, y se mantuvieron siempre en ese lugar donde la reflexión encallaba con el pensamiento ("No chances"). "Amy says" es como encontrarnos con unos Codeine campestres, rurales. "Home" es la más eléctrica de este paseo por los lugares recónditos, casi post rock para cauterizar heridas.
"Pat Garrett & Billy The Kid" ahonda en la idea de la tristeza como campo de batalla donde rendir cuenta del acicate de las dudas que nos trae el vivir y "Understand" nos arrastra mediante la fragilidad un mundo de palabras que caen en el rellano de un pecho para que los suspiros la den forma. Que pedazo de grupo.
"Surf song" es otra estratagema entre pianos y soflamas silenciosas que viene a confirmar lo buenos que eran esta pedazo de banda.
Los hermanos gemelos Shears, parapetados bajo el nombre de The Garden, y en activo desde 2012, nos han regalado uno de las sorpresas del año, con este pedazo de bomba sónica que desde que empieza sonar con "Ugly" y "Pin drop", no puedes dejar de moverte. Te lo impide el veneno que despiden.
Punks por que les da las gana, también se acicalan con el post, y sobre todo con una frescura y un forma de componer que se hecha de menos ahora. Vaya pedazo de lp que han confeccionado, cargado de bilis hasta con esa especie de himno de rap decadente llamado "5 mile ponytail".
Los de California no se andan con chiquita. "White Cadillac" es electro venenoso, galimatías de teclados ruinosos, como "A 50's guys eyes" y sus soflamas repletas de superficies de tecnología. Pero ellos siempre fueron muy punks, "Duck and cover" es adrenalina, guitarras nerviosas, caricias de mentira.
"Eve of nothing", otro trallazo inmenso, se da la mano con "The mess",peligrosa, sedimentos de sedición y de podredumbre. Luego de golpe, te encuentras con la extraña "The kockroach", y dices, joder, estos tíos orates, no te dejan de sorprender.
La más post punk del lote, "Flailing on the tracks" brilla con su cegadora sutileza, y "Banned from paradise" vele como himno para cargarte de cervezas en tu pub favorito. Grupazo estos The Garden para los que aun no los conozcan.
Qué pedazo de banda son los australianos RBCF. Vaya sonido que tienen, que manera más brutal de recuperar los sonidos de The Church o The Feelies con una solvencia maravillosa, como nos muestran en la canción que da inicio a este, el que fuera su segundo trabajo, "The Second of the first".
"Falling thunder" tiene todo para que te alegre un mal día, un sonajero repleto de sonidos vitales, puro jangle pop promocionando el recuerdo a las viejas bandas de los 90 australianas. Y que portada. Si es que el disco tiene todo para que te encandile a la primera escucha.
Como no caer ante el fuera uno de los singles del disco, esa maravillosa y pegadiza "She's there". Como suenan. Te pones "Beautiful Steven" y no puedes más que pensar en Robert Forters y sus The Go-Between. Y es que todo lo hacen bien estos Rolling.
4 discos, cuatro perfecciones sonoras que hacen la delicia a los que nos gustan las cosas bien hechas. Para bailar sin parar mientras te tomas un coctel es "The Only one", y en "Cars in space" aceleran la máquina, en una vibrante canción de esas donde la electricidad y los juegos de voces te dejan magullado por dentro. Que buenos.
Luego te encuentras con ese vacile modélico que es "Not tonight", vamos, para tirar cohetes. Saltando de gozo en gozo. "The cool change" pone el colofón a esta fiesta. Y es que con los RBCF es imposible aburrirte.
Vaya pedazo de banda que fueron estos chavales de Brooklyn. En los cuatro discos que sacaron mostraron su capacidad para emocionarnos, para brincan con ellos, para ejecutar un poderoso indie rock, repleto de temas de esos que no pasarán al olvido, como vemos en la inicial "He'll paint while we play".
"Remember the night parties", fue su cuarto trabajo, y quizás es el más efectivo de todos, con trallazos siderales como "Please visit your national parks" un himno arrebatador, donde se intuye el legado de Mission of Burma.
En "Loser city" la referencia musical entra a la primera escucha son los Wedding Present, con esas guitarras juguetonas, con ese arrebato demoledor. Pedazo de banda. Temas todos redondos donde abunda rebeliones sónicas del tipo de "Return of Burno", una burrada de esas que te la tienes que poner una y otra vez para saciar tu sed de psicodelia.
"Lady lawyers" es otro hit instantáneo, y si te dicen que "Let's vanish" es de los primeros 90, te lo crees de puntilla. Marcha triunfal la gloriosa "Kenny can't afford" con sus vientos entre algodones de melodía y que da paso a "Molasses" y "Forgot to write" donde parece que el fantasma de Pavement se pasea mirando la cara de estos Oxford Collapse.
En resumen, de esos grupos que con el paso de los años, han cobrado importancia, sin inventar nada, pudieron cabalgar a gusto con sus guiños tan reconocibles, pero con una voz siempre bien definida.
La verdad es que esperaba algo más de este último disco de mis queridos Mono. Los japoneses parecen que han entrado en un estadio donde se mueven de forma correcta, pero parece que algo se ha perdido en el camino. Quizás ya en "OATH" ya podíamos intuir lo que nos hemos encontrado en "Snowdrop".
El caso es que suena la canción da inicio al disco, con su tranquilidad siempre necesaria, para al poco meternos en ese enjambre de ruido y silencios, pero no, la cosa no es como antes. Lo mismo es uno que con el paso de los tiempos se ha vuelto más exigente. Pero es que los Mono de hace unos años no sonaban así.
Y eso que la cosa parece que se entona con "Winter daphne", pero no. Suena los violines en "Gerbera" y no hay continuación por parte de la banda para crear un clímax que nos haga elevar del suelo. Sí, son los mismo, siempre afiliados a la calma, reteniendo ruiseñores con sus guitarras, soñando cielos siempre azules. Pero "Statice" es fallida, no nos dice nada, y "Hedera" tampoco me hace sentir lo que me hicieron notar en mi corazón cuando los escuche hace tantos años.
En febrero los tendremos por aquí. Quizás en directo puedan afinar sus mensajes, nos hagan vibrar y nos traigan sobre todo repertorio antiguo. Temas como "Shion", dicen poco de este grupo que en su día puso a su servicio a los rayos mas inclementes para devorar tensiones. Estaremos atentos.
En los 90 dentro del shoegazing había grupos que tuvieron la fortuna y el mérito de militar en la primera división (MBV, Ride, o Pale Saints, por citar algunos), y otros como estos londinenses llamados Revolver que con solo dos discos en su carrera, fueron dignos participantes del movimiento sin levantar muchos revuelo.
Les conocí por su otro trabajo, "Cold water flat", (1993), que dio pistoletazo a su carrera y este "Baby's angry" esta lleno de buenas canciones con melodías, y como no con arreones de distorsión. "Venice" y "Red all over", te enganchan a la primera escucha, y cuando te pones "Heaven sent an angel", quizás la más conocida de su carrera, te pones ya las pilas de manera inmediata. Eso es lo que esperamos de una buena banda de shoegazing, con espasmos de psicodelia.
Temas con pegada como "Drowning inside", con buenos ciclones de feedback climatizado, se juntan con espasmos del tipo de "Molasses". La música de Revolver es de expansión inmediata. Crujen los suelos cuando te encuentras con "Cherish"y su cercanía a unos Ride en pleno estado de meditación.
En "Since yesterday" tiran de épica y acaban por todo lo alto con "Don't ever leave", otra forma más de fotografiar unos años gloriosos. Y es que fueron tan buenos los 90......
Se le echa mucho en falta a Rafael Berrio. Sus palabras, sus versos, su música. Por estos lares nadie se ha acercado a lo que nos ofreció en una carrera repleta de canciones para despeñarte por noches funestas, para hermanarte con sus letras que tanto dicen de como somos los pobres humanos al albur de las mordiscos de la vida.
Tanto en Amor a traición, como Deriva, sus otros proyectos, pero sobre todo en su carrera en solitario, este vate con la garganta repleta de ruiseñores excomulgados de cantar, es todo un placer para los que amamos esto de la música, y lo que representa, más que un arte, un país repleto de sinónimos, de teatros vacíos, de surcos en la tierra donde antes había flores, y ahora solo queda podredumbre.
"Diarios" fue su segunda obra en solitario, y se abre a lo grande con "La alegría del vivir" y "En las lindes del fin". Estoy seguro que Cioran, el filósofo rumano, se pondría su música para el nacimiento de nuevos aforismos de la desgracia, de nuevas formas para denunciar esa falsa felicidad que intentan inocularnos para olvidarnos que después de un camino sin retorno, es imposible la vuelta, ni la redención.
Siempre que le escucho se me pone la piel de gallina. Y con el paso del tiempo, con la juventud como un cuento que algún mercader venció al mejor postor, te das cuenta que sus palabras tienen aun más presencia, más validez.
En "Las pequeña cosas" nos dice que es imposible estar feliz con las cosas que no pueden suplantar el vacío que anida en nuestro ser. Madre mía. Y todo musicado en un fondo de instrumentos de vientos, para que la voz de Rafael siga volando etérea hacia nuestra alma siamesa de todo lo que nos dice su excelsa poesía.
Siembre fue nuestro Jacques Brel, un dandy bohemio que desde la barra de un bar que nunca cerraba, se miraba al espejo, su despeinado cabello, sus ojos cansados, la sombra de la enfermedad que acabaría con su destreza musical. Pero sería más tarde, nos dijo adiós en el año 2020, y hasta entonces nos dejo como herencia discos como "Paradoja" y "Niño futuro", desde hace años obras de lo mejor que ha salido por esta país nuestro tan dado a aupar a mediocres y dejar de lado exquisiteces como lo que hizo Rafael.
"Saturno" y su loa al vino como vehículo sagrado, como instrumento para volar y para caerse, para perderlo todo o para ganar unos momentos de dicha. Vaya emoción escuchar esto. O "Insomne" con ese piano dando la voz a Berrio, como una chanson que es un quejido, como el sueño perdido en una partida de cartas, como la querencia a una paz que no esta hecha para los que sienten volcanes, por que saben que ellos nunca tendrán la calma que desean.
"Sé libre, sé mía", la hizo suya Mikel Erentxun, el cual siempre estuvo pendiente de todo lo que hizo Rafael Berrio en vida y culpable del disco de versiones que hicieron de sus canciones cuando se nos fue, muy lejos eso sí de las originales. Y que decir de "La desgana", se puede decir más alto, pero no más claro. "Creo en la virtud de la desgana". Queda todo dicho. Y luego "Mi reputación" como un Brassens alocado, como un vate que despide sus sonetos para hallarlos en cualquier esquina perdida donde se dejaron besos, promesas, y algún toxicidad mal nacida.
Me encanta la levedad de "Amanece" para terminar con "María Inmaculada", canalla y esplendorosa. Rafael, te echamos de menos. Tus discos descasan en el mueble y me graznan pidiéndome la venía de su reproducción. Y yo me dejo llevar, y no puede dejar de llorar.
Su octavo disco. Como siempre dando la nota en la portada. Así de insoportable es él. También igual de creativo, en un disco que fue número uno en las listas británicas, y que se abre como un tiro con esa guitarrera "I will see you in far-off places", para continuar con la tranquila y hermosa "Dear god please help me".
Tony Visconti produjo el disco, y la cosa la verdad es que se nota. Tenemos de todo lo que ha caracterizado la carrera de Morrissey. Hits inclementes del tipo de "You have killed me" o "The youngest was the most loved", junto a ese barroquismo que nos tenia acostumbrado ("In the future when all's well").
"The father who must be killed" es otra de las piezas destacables de este buen trabajo, digno, y la verdad que ameno sin caer en las ampulosidades tan habituales suya. Se arremanga de melancolía y nos regala "Life is a pigsty".
Ya casi cerrando, mi preferida, la aguerrida y glamurosa "I just want to see the boy happy", como colofón para un trabajo que nos remite al mejor Morrissey.
En este primer disco de este grupo de Chicago, queda claro desde que suena la primera canción, "Camera obscura", que la alegría no es algo que va predominar por este valle baldío de sueños interrumpidos por silencios incomodos.
Slowcore. Y guiños al post rock menos irritante. Paseos como "Waterscene" por paisajes antiguos visitados de los que nos queda nada más que una pequeña resistencia que viene marcada por que a los recuerdos les cuesta emigrar de nuestro cerebro.
"In my pocket a letter, a red wrecked line" es otra estratégica pieza que ondea su bandera de desesperanza con sonidos siempre limpios, al albur de una corte de señuelos para que no perdamos de vista nuestra sin razón por la vida.
Hasta aquí todo bien. En "Flowers over there" se abonan a una dramatismo vocal que quizás rompa la calma total que impera en el trabajo, pero aunque se les nota que tienen aun mucho que mejorar, "Bloodchimes" los pone en algún lugar cercano a Low o Red House Painters, pero eso si, a años luz de distancia. Iremos viendo.
Un grupo formado por miembros de esa gran banda indie casi desconocida que fue Heatmiser y por músicos de Sleater Kinney, no puede ser malo. Y efectivamente, la carrera de Quasi, con sus 10 discos, fue un ejemplo de indie rock beligerante, alegre, repleto de himnos por doquier.
A veces me parecieron los hermanos pequeños de Ween, y en este "American gong", desde que empieza el disco con ese pelotazo eléctrico llamado "Repulsion", lo dan todo con un indie rock vigoroso y efectivo. Vaya puntazo "Little white horse", y esa decadente "Everything & nothing at all", donde bajan el pistón para probarse en la lentitud.
"Bye bye blackbird" es psicodelia con estropajos en los instrumentos, y "The jig is up", es una tonada de renglones torcidos folk, para aligerar algo la contundencia de un discazo de esos que no tiene pero. "Black dogs & bubbles" es otro sabio zarpazo melódico que da paso a la triste "Death is not the end".
Y es que lo bueno que tuvieron Quasi es que lo suyo lo hacían siempre bien. "Rockabilly party" parece una versión del Neil Young más eléctrico para volver a una especie de pop orate con "Laissez les bon temps rouler".
En conclusión, de esos combos de segunda fila, que en ocasiones merecieron mejor fortuna. Los que les conocemos, la verdad es que disfrutamos de una carrera excelente.
El que fuera el cuarto disco del divertimento de Lou Barlow, The New Folk Implosion, es quizás el más redondo de sus trabajos, desde que empieza la inicial "Fuse" donde vemos que el folk del nombre de la banda es solo eso, un nombre.
Aquí Barlow y sus colegas juegan a sonar eléctricos y melódicos ("Brand of skin"), aunque en piezas como "Pearl", bajan el nivel, la cosa se pone divertida cuando suena "Releast" o "End of Henly", dos disparos certeros donde puedes recordar a Sebadoh.
O esa belleza sónica llamada "Coral" pura adrenalina que da paso a "Leaving it up to me" puro divertimento para nuestro sentir. Temas concisos, cortos, pero repletos de cosas que decir "("Creature of salt"), donde hallamos monstruosidades noventeras como "Refuses".
Y es que Barlow es mucho Barlow. Y sino ponte "Proteus" y su funk sideral. Un buen disco, sin duda, este de The New Folk Implosion. Algo para recuperar sin perder tiempo.
Detesto a Morrissey. Sus payasadas dialécticas, su ego desmedido, su dandismo de mentira, sus cancelaciones de concierto por que le sale de los huevos.... Con todo esto, dejando de lado su mediocre persona, tengo que decir que este disco, es muy, que muy digno.
Siempre me gustaron The Smiths, uno de mis grupos de juventud, y los primeros trabajos en solitario suyo son todos una buena continuación de su grupo. Luego, poco a poco, le fue dejando de lado por su histrionismo y por unos discos que estaban todos con el hechos del mismo material demasiado aburrido.
Este "Make-up is a lie" es otra cosa. Se abre de manera fenomenal con "You're right, it's time", para de golpe toparnos con un himno de esos a los que tanto nos tiene acostumbrados, la que titula el lp, soberbia, exquisita, repleta de barroquismo bueno.
En "Notre-Damme" ya mete la pata con sus consignas contra el islam en quizás le peor canción del disco. Pero que bobo eres Morrissey, enclenque mental, que te salvamos por tu capacidad de hacer buenos temas. "Amazona" es una correcta versión de Roxy Music, y roza la excelencia con la tranquila "Headache".
"Boulevard" quiere aspirar a revivir viejos tiempos, pero sabemos lo de cualquier tiempo pasado fue mejor. No le queda nada mal el funky de "The night pop dropped", ni tampoco pop de manual llamado "Kerching kerching".
Luego, casi al final, mi favorita, "The monsters of Pig Alley", y es que siempre queda algo dentro que no se ha ido del que fuera el príncipe de Manchester hace tanto tiempo. Lo dicho, apartemos al odiosos personaje, y quedémonos con su música.
El cuarto disco de la banda de Maese Robert Smith, y la primera bomba de relojería de una carrera repleta de obras maestras. El inicio que tiene este disco, con la desbocada, peligrosa, post punk, "One hundred years", (vaya final de canción, ufff) uno de los pilares de su carrera, es lo mejor para empezar este viaje sónico.. Y es que The Cure siempre fueron por delante de todos.
"Faith" nos gustó. Pero la evolución con este "Pornography" no tiene parangón. Consumidos por excesos de drogas y bebidas, Simon Gallup abandonó la banda cuando se grabó el lp. No nos importa. Lo que vemos en este trabajo es a un grupo que a pesar de su juventud ya tiene asumido que en ese presente para ellos, de 1982, iban a dejar ya un legado, las pistas en el camino para lo que venía después.
"A short term effect" es tormentosa, un himno oscuro que no escamotea ese sonido de alambrada, con la voz de Robert dejando bien claro que existían ángeles negros. ¿Y "The hanging garden"? Otro de esas canciones imperecederas que aun hoy aparece en sus conciertos. Vaya sonido.
"Siamese twins" es la delicadeza de lo oscuro, de esos temas que The Cure hace para que salgan las polillas de tu corazón, pura dulzura envenenada, un confeti para entierros. "The figurehead", con Lol Tolhurst dándolo todo, con la banda entre sombras llenándonos de felicidad.
"A strange day" se reafirma en la condición de un álbum vital en la importancia del crecimiento de una banda a la que ya nadie podía parar. Para acabar, la que titula el disco, otra huella sonora insobornable para que los que pensamos que el tiempo no lo puede todo.
Lo de este duo de Nashville es de nota alta. Luna Kupper y Ash Richter, han hecho uno de los discos más bonitos y delicados de shoegazing de los últimos tiempos con un montón de notas a los pies página para disfrutar a tope con ellos.
Desde ese inicio que bordea el slowcore llamado "In my head", te quedas prendado de la capacidad de estos dos amantes de esos sonidos que tantos nos gustan. Los dos minutos y pico de "Peaches" podrían estar en cualquier disco de MBV.
Luego viene ese trueno sónico llamado "Naoisa", donde la electrónica loca, casi el dance maldito, tomas las riendas de este viaje que la verdad que es una gozada. Y si me me dicen que elija una, me quedo con "Second spring" y ese aire juvenil que te hace sonreír desde el minuto 1.
"Still asleep" es otra carantoña repleta de feedback y burbujas que son queroseno para tu sentir, y "Chloe" es otra andanada de viajes para gozar en tu piel el oxígeno que te hará flotar. El desenfreno máximo con "(Dead B)", para terminar con "Make it last", este disfrute inmediato. Estaremos atentos a ellos.
Para los que aún no hallan caído bajo el hechizo pop del mago Jarvis Cocker, este disco, donde nos encontramos todos sus hits, servirá de anzuelo para poder remolonear y bailar con la música de Pulp. "Babies" y "Razzmatazz", si no estas hechizado al momento con "Do you remember the first time?", aún estás a tiempo.
A los fans convencidos como el que escribe este blog, pues mira, una vacación perpetua en el universo de Cocker, con joyas del calibre de "Common people" (¿quién se puede resistir a ella?), o ese empiece guitarrero de "Disco 2000", verdadera cumbre del brit pop.
Para mí siempre fueron los lideres indiscutibles del género. Como no flipar con "Something changed", o con la suavidad desbordante de "Help the aged". La mejor, mi favorita de su carrera, a continuación, "This is the hardcore", un himno que vence años, edades, mitos.
"A little soul" es un regalo envenenado, y "Party hand" es la más hedonista y festiva de un Cocker que lleva años ejerciendo de nigromante del pop. Y para barroco él cuando quiere con "The trees".
"Sunrise" y "Last day of the miners strike" son los que se eligió para terminar un disco que es toda una delicia. Qué gusto escuchar la voz de Jarvis. Un grande, de los grandes.
De momento es mi disco del año. Y es que volver a Bill es como llenar esa copa que estás esperando para saciar tu voracidad innata de acallar el calor con unas gotas de elixir sagrado. Lo ha vuelto hacer Bill. Vaya forma de comenzar con "Why do men sing",pura adrenalina tranquila para el corazón.
Recién cumplidos los 58 lo tiene claro. Lo suyo es escribir canciones y cautivarnos al instante ("The man i'm supposed to be"), con esa serenidad tan suya que se reparte por las canciones que parecen nacidas de un bosque sin dueño, pero siempre libre de fuegos mortecinos ("Pathol O.G.).
Sus trabajos son de una belleza inaudita, de una calma que socava todos los caos interiores que tengas. Te pones "Stepping out for air", y dejas todos tus males a un lado. O la campestre "Lovely city", donde te amarra bien los sentidos.
Y lo bueno de sus discos es que son largos. Que nos da tiempo para el regocijo. Aquí una hora de intensidad. Con goznes del tipo de "Empathy", o sonadas casi country como vemos en "West Texas". Pero siempre estamos al albur de su arte, de su psicodelia extraña cuando quiere ("Computer").
Pero lo que está claro es que te tiene en sus manos. "Lake winnebago" es para montar un caballo y no parar, y "The world is still", la que da fin a esta maravilla, deja claro que su saber, su destreza, a los 58 años, sigue siendo la pócima mágica que nos llena de tantos buenos sabores de boca.
Me encantan The Montgolfier Brothers, el divertimento de música otoñal de Mark Tranmer y Roger Quigley, siempre pusieron sus notas para acunar mis soledades, para ejercer de un buen bálsamo para esos días llamaba a la ventana de forma insistente las notas del aguacero.
En este, su segundo disco, los de Manchester empiezan con "2.55 Newbuty", introducción genial para lo que viene después. Pop repleto de artesanía en "The understudy", y sobre todo genialidades del tipo de "Be selfiesh", música para olvidarte del ruido, para sentar la cabeza entre sueños de rosas nunca marchitas.
Aquí aparece una de las mejores canciones de su carrera, ese himno triste que titula el cd. Se te pone la piel de gallina cuando avanzas con la canción entre lugares solitarios, con el ruido del viento como único acompañante en uno de esos paseos tan necesarios para pensar.
"The second takes forever" es pura nostalgia para tus oídos y "Swings and roundabouts" es barroquismo con sentido. Que buenos los Montgolfier. Y que decir con esa suavidad que desprende "I couldn't sleep, either", pura apología de la suavidad total.
Ahora que nos achicharramos de calor, nada como The Montgolfier Brothers, para darnos un baño de frescura, una epopeya de dramas con final feliz.
Portastatic, el divertimento del líder de Superchunk Mac McCaughan, es el proyecto donde volcó todos las querencias musicales que en Superchunk no tenían cabida. Y la verdad es que en los seis discos que sacaron, el disfrute es máximo.
Este fue su segundo largo. Y te puedes encontrar desde letanías cercanas y suaves como "Skynny glasses girl", hasta arreones eléctricos que bien pudieran estar en la discografía Superchunk, como vemos en "San Andreas".
Pero el ambiente general es la calma ("Taking you with me"), con cosas tan curiosas y excéntricas como "The angels of sleep", y rizos casi de psicodelia como "A cunning latch". "The great scape" quizás sea lo mejor de un disco que se sabe defender solo, donde predominan los ritmos acústicos ("Running water"), o las baladas para mecer al cansancio ("You can't win").
El plano melódico es el que mejor se le da a Mac. Se nota en "On our hands", donde defiende con actitud todo ese legado de su grupo, que tantas buenas cosas nos dió en los 90. En resumen, para los seguidores de Superchunk, éxito asegurado.
Reconozco que tuve mi desencuentro con la Pj Harvey de la última época. Cosas que pasan. Ferviente admirador que es uno de su etapa gloriosa con "Dry" o "Too bring you my love", sus trabajos a partir de "Is the desire?", me dejaron poco a poco a interesar.
Vuelve el tiempo (como muchas veces ocurre en esto de la música) a poner las cosas en su sitio, cuando nos topamos con este brillante disco, que empieza con una de esas piezas que te deja sin respiración, la mágica, "Prayer at the gate". Acompañado de su inseparable colega John Parish, el tono otoñal del disco ("Autumn term"), favorece el aire de suavidad que recorre todo el trabajo.
Canciones serenas como "Lwonesome tonight", o "Seem a I", te dejan el alma a rebosar de sueños con florestas gratificantes con la paz del espíritu. "The nether-edge" es más experimental, y "All souls" es otra de las piezas más emotivas de este gran reencuentro que he tenido con Pj.
Para terminar y recordar viejos tiempos, la eléctrica "A noiseless noise", un rugido de feedback como el que nos tenía acostumbrados cuando empezaba su carrera. Que alegría volver a ti querida Polly. Se halla confort bajo el calor de su voz, de esa sinergia que crea con unas canciones que te infunden una tranquilidad que espanta. Enorme.
Si el primer disco fue bueno, "She hangs brightly". este quizás lo supera. Vaya sonido de ensueño. Vaya forma de empezar un viaje sonoro perfecto con la maravillosa "Fade into you", cálida, envolvente, repleta de susurros mientras pasa la noche aspirando agonía.
Hope Sandoval lo volvió hacer. "So tonight that i might see" rezuma misterio por todos los costados, calidez, a veces cierta cercanía al sonido de la Velvet como vemos en "Bells ring", un portento de esos que te deja sin palabras.
"Mary of silence" es terrible y oscura, pesarosa, narcótico por vena para días de sombras siempre funestas. Vaya tema. "Five string serenade" es un mar de helechos convencidos del imperio gratificante de su frescor y en "Blue light" te ves sumergido en una catarata de ensueños para poblar tus malos días de olores amorosos tiernos.
Estupendo este segundo disco de principio a fin, con una estructura de ternura, de un vapor que llena los aires de un festín de luces en penumbra como vemos en la maravillosa "She's my baby". En "Unreflected" hay signos de una psicodelia campestre bien llevada y "Wasted" es el blues con la voz de Hope, la que cautiva tus sentidos.
El final con la que titula el trabajo es la forma más espectacular de terminar este viaje repleto de suspiros, de anhelos, de una belleza de esas que te congela el alma.
El segundo disco de esta banda de Illinois, se abre con una de las mejores canciones del año hasta la fecha, este pepinazo de indie rock dramático llamado "Guess", un torrente de electricidad, un marasmo de latidos sincopados, un mar de avispas que te hace sentir por momentos que tu perdida y lejana juventud asoma en los casi cuatro minutos de este tema.
Debutaron en 2024, siendo solo dos con "Where we've been, where we go from here", ahora ya cuarteto, la cosa cobra enjundia con este trabajo, donde te puedes encontrar vitaminas de pop agitado del tipo de "Still around", aunque lo que más me pone es cuando agitan la coctelera y nacen placeres sónicos como "Choo choo".
Quizás baladas pop del tipo de "Alice" desentone con el enfoque general del disco, o quizás hagan de él una figura geométrica con distintos prismas. "Certainty", es pop de violines y grandilocuencia barroca en su estructura.
Lástima que la vena aguerrida no predomine en el disco, si no podríamos estar hablando de otra cosa. Eso si, no fallan los temas, como ese pequeño hit arrebatador llamado "Hot air balloon" que te convence desde el minuto 1.
Curioso es el guiño que hacen a Bowie en "Seven degrees" y la que titula el disco es junto con la inicial "Guess" lo más reseñable de un lp que si pulen en su tercer entrega esta parte más visceral, estaremos hablando de algo muy serio.
"White death & black heart", el segundo disco del grupo formado por la pareja Barbara Lehnoff y Aris Bassetti, aparte de ser el mejor de su carrera (y no tienen disco malo) es un auténtico compendio de hits redondos, de art rock desmenuzando distorsión y melodía (ese inicio con "Anthem of hearts" es una buena muestra de ello).
La verdad es que todavía no sé como Peter Kernel no han salido de un anonimato que no se merecen. "I'll die rich at your funeral" es una fiesta continua de indie rock con enjundia y "Hello my friend" es otra cascada de emociones que reparten distorsión a diestro y siniestro.
Borricos en "Panico! This is love", donde casi parece una versión alocada de McClusky, repletos de una gracia colosal para la melodía, "Captain's drunk!", cuando encienden la máquina de la tensión absoluta, hacen saltar todo por los aires como comprobamos en la brutal "The peaceful".
"We're not gonna be the same again" es minimal y combativa, y en "Make, love, choose, take" se les enciende la vena más juguetona, para encontrarnos después con un himno del calibre de "Want you dirty, want you sweet", de esos temas para radiar una y otra vez.
Si aun no los conoces, no pierdas más tiempo, Peter Kernel es de esas bandas que provocaran en ti una afectuosa sensación de alivio musical. Grandes.
Como todos los discos de la banda norteamericana de shoegazing, Medicine, nos encontramos con una de esas portadas sugerentes marca de la casa, que acompañó cada salida al mercado de una discografía sin peros, sin fallos, donde Medicine se proclama como uno de los mejores grupos de shoegazing salido de EEUU.
En este quinto disco de su carrera, empiezan como un trueno, con ese rutilante single llamado "Long as the sun", donde la banda de Brad Laner y Julia Montreal se lanzan al vacío en un feedback de esos que tanto nos gusta. Nunca Medicine perdió el regusto al noise pop como vemos en la efectista "It's not enough".
Pedazo de banda Medicine, te envolvían con sus tentáculos fabricados con esporas de burbujas repletas de una sensualidad que te llegaba a electrocutar ("Burn it"). Chupachups de pop envenenado como "Butterfly's out tonight", shoegazing de fabricación casera como "All you need to know", todo cabe en este coctel de sensaciones únicas.
"Find me always" tiene aire a Curve, y el final con "Daylight" no puede ser más adictivo, con toda esa parafernalia para nuestro goce. Grandes Medicine.
La verdad es que he quedado algo desencantado tras la escucha de este nuevo disco de Kurt Vile, dedicado a la Philadelphia que le vio crecer, ser quien es. Y eso que empieza como un tiro con la inicial "Zoom 97", un pequeño caramelo de rock tranquilo y frágil.
Se le nota a la legua su querencia por el Neil Young menos catártico como comprobamos en "99 BPM", quizás de la más lograda del lote, pero al rato, cuando aparece "Rock o'stone" y las que empiezan a latir en el disco, te da la sensación de que estás escuchando la misma canción con pequeños matices de cambio.
Hay veces que la jugada le funciona como con la deslumbrante "Chante to bleed", para caer de repente en insulsos viajes a tierra de nadie como la incomoda "Philly's been good to me". "Holiday OKV" repite la jugada, sonido de guitarras siempre muy similares, o las aires hippies de "Every time i look at you" que la verdad me dejan bastante frío.
"Avalenches of Snow" parece remontar el vuelo, con ese aire dulzón por el que transcurre la canción, pero en general después de bastantes escuchas te queda un regusto amargo tras este disco, para mi fallido, de Kurt Vile.
Sin duda "Crooked wings" fue uno de los grandes discos de 2025. Los antiguos bestias del post punk nos destartalaron con un conjunto de canciones donde prima la belleza, la calma, los pasajes que nacen de expresiones parecidas al universo de Craig Armstrong, Cocteau Twins, Talk Talk, un dream pop acariciador, música para flotar ("Bells").
Seis años después de su último trabajo, y de la mano del que fuera líder de Bark Psychosis, Graham Sutton, These New Puritans nos abrió el corazón de una manera como muy pocos grupos lo han hecho últimamente. Aquí hay hondura.
"A season in hell", es quizás la que mas recuerde (siempre con matices) a como eran antes These New Puritans, aunque luego llega "Industrial love song" con la colaboración de Caroline Polachek para certificar que los fantasmas de Talk Talk sobrevuelan cada canción de este potente trabajo.
Es la delicadeza lo que inunda todo, los desarrollos íntimos, la carga emocional que en temas como "I'm already here" te dejan adherido a un combate de soledad perpetua. Que placer escuchar este disco. De principio a fin, sin paradas, todo seguido, para que no se marchite esta secuencia de abrazos acogedores.
"Wild fields", se eleva como catapulta casi industrial, y "The old world" , sonidos de iglesia, te deja la piel de gallina, como "Goodnight" y ese espectacular abanico de suspiros dotados de inmortalidad. Gran disco de una gran banda. De esos que ya se hacen inolvidables.
Cuando todavía el post rock era un género salvable, donde hallar cosas como esta delicia sonora que nos regalaron los americanos The Mercury Program en el que fuera su tercer disco. Así con esta definición podríamos empezar este viaje, con el rutilante comienzo con "Tequesta" y esa levedad que inunda todo que en temas como "Fragile or possibly extinct", te hace añorar vuelos a baja altura de corduras siempre buscadas.
Lo de The Mercury Program, siempre iba en serio, rosales, granizos instrumentales, guitarras con fundamento, ("Slightly drifting"), todo es un señuelo previsto de la suficiente enjundia como para penetrar en este paisaje provisto de lluvia armada de una buena cantidad de recuerdos ("Eqypt").
"To/ From Iceland", es una ración perfecta de melodías acariciadoras, descripciones honestas desde una balsa sónica donde es facil perderse en tranquilidades necesarias y acogedoras. "Your yourself are too serious" es otra laberíntica recreación repleta de ritmos galopantes envueltos en celofán acariciador.
Para terminar este viaje de sintonías amistosas, "Sultans of El Sur" y "Gently turned on your head" poderío para volar la imaginación entre trincheras de sueños. Cuando el post rock tenía aún sentido, The Mercury Program, un grupo a seguir.
Adoro al grupo de David Bazan. No me he perdido ningún lanzamiento desde que supe de este gran secreto de la música independiente norteamericana, que son Pedro The Lion. "Achilles heel", su cuarto trabajo, se abre con uno de los mejores temas de su carrera, la maravillosa y sensible, "Bands with managers".
Fue a partir de este trabajo cuando el indie rock más aguerrido de sus anteriores discos se vio transformado en una cónclave de temas melódicos, como "The Fleecing",o "Foregone conclusions", donde priman los medios tiempos pero con la misma maestría que siempre.
Y luego esta la voz de Bazan, que seduce, que te deja en un motín de agradables soniquetes acariciadores, como vemos en "Arizona", repleto de un seísmo que desborda, o "Keep swinging" con ese golpe de efecto de una electricidad siempre comedida.
"I do" es otra de los joyas de un disco que quizás no supere a otros trabajos como "Control" (2002), o "Havasu" (2022), pero está lleno de pequeñas joyas escondidas para nuestro regocijo como buscadores de melodías para soñar.
Minimal Compact. Otro gran grupo a recuperar. Israelitas pero afincados en Bélgica, Minimal Compact nos regaló (sobre todo al principio), una buena andanada de temas de post punk cargados con suficientes razones como para que su sus canciones sigan siendo actuales.
Este disco reúne tanto su primer lp como un maxi que la compañía belga Crammed Discs tuvo bien de juntar. "Statik dancin'" y "Creation is perfect (i am a camara)" con esa decadencia acunadora que persigue su carrera, nos hace adentrarnos en un baile de máscaras con insurgencias sonoras del calibre de "Ready-made diary" o "To get inside" y su malabarismo sónico.
"Happy babouge" , con ese bajo que recorre tu espina dorsal y "Invocation (for things to come)", oscura y repleta de sinuosos peligros, con dos más de las piezas que conforman el sonido de una banda clásica ya para los adoradores del post punk, que viajamos a traves del tiempo para encontrar piezas como la de este lp para saborear los peligros de una noche eterna ("Cold life").
El grupo siguió en activo hasta el año 2019, con "Creation is perfect", haciendo de Minimal Compact un grupo que acercó también el concepto de world music, junto a otras sonoridades como el dark wave y el cold wave, para hacer de su nombre algo para siempre recordar.
Temas como "It takes a lifetime" o "Head section", les hace merecedores de estar en nuestra colección de rarezas estimables.
Vaya disco. El mejor para el que escribe de Suede. Y eso que los tiene buenos. Pero que desde que empieza ese petardazo llamado "Disintegrate", sabes que en este "Antdepressants" te vas a encontrar algo muy gordo.
En este disco número 10 de su carrera, los hits salen como churros como esa bestialidad llamada "Dancing with the Europeans", para tararearla mil y una vez, o la que titula el disco donde lo primero que se te viene a la cabeza con ese inicio, es a The Sound. Sí, el disco más post punk de Suede es una bomba de relojería.
Ya avisaron antes de sacarlo que estábamos ante algo muy fuerte. Y oyendo "Sweet kid", no puedes más que quitarte el sombrero ante la banda de Brett Anderson más en forma que nunca, con una colección de músicos detrás que son toda una garantía para que volemos en el tiempo a través de temas como "The sound and the summer".
Hasta cuando se calman con "Somewhere between an atom and a star", la más oscura y épica del lote, les sale bien la jugada. Luego está esa bestialidad llamada "Broken music for broken people" y ya tienes el día hecho con la escucha de este potente artefacto secundado por maravillas del tipo de "Criminal ways" y "June Rain".
En definitiva, de enhorabuena, que felicidad en estos tiempos que corren de hallarte con discos como este "Antidepressants". Que alegría!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El tercer disco de la banda coreana Parannoul, vino a confirmar que estábamos ante un grupo que sabido conjugar los conceptos del shoegazing, haciendo explosiones que como en la inicial "Polaris", con sus ramalazos de emo bien entendido.
En "Insomnia" se retuercen en una diatriba de emoción explosiva, para en "Arrival" volcarse en una eficaz melodía siempre a lomos de galaxias de suavidad constante. A veces se les pasa de frenada el drama como vemos en "We shine at night", pero la mayoría de las ocasiones como en "Parade", asistimos a un festival siempre prudente de distorsiones matizadas.
Los coreanos parecen salir de un cuento de invierno, su música hierve fría, "(Sketchbook"), un menú donde se condensa una tristeza febril de juventud, junto con la querencia de actualizar viejos sonidos de shoegazing pasados por el tamiz de las bandas que nos vienen de oriente.
"Sound inside me, waves inside you" y la que titula el álbum, son un digno colofón a un trabajo repleto de misterios, delicadeza y confort. Grandes Parannoul.
Qué buenos que eran Mobiil. La banda del inquieto Olivier Mellano, con uno de sus muchos proyectos, Mobiil, nos inundó de música electrónica, indie elegante, canciones para el ensueño. "Arroser la colère" es el inicio de este magnífico viaje que sigue con la expansiva "Des chants".
Podemos decir que Mobiil nos trajo en sus inicios esa ola de música inteligente del país vecino, cuando aun estábamos empezando a flipar con grupos como Mendelson, Diabologum, Dominique A, y otros tantos que nos dieron buenos momentos para el goce.
Mi preferida de este discazo es "Est-ce qu'un jour on les aura", un himno épico y melancólico que da paso a "Fragilithe" y sus espasmos electrónicos. "L'art de tuer la mort" parece un tatuaje sardónico de post punk. Qué buenos que eran.
Mellano, más tarde enfrascado en banda sonoras y experimentos de todo tipo, concretiza en Mobiil su querencia por los susurros antológicos ("Je sais des choses sur moi"), y hasta sus inclinaciones por la industrial como ese petardo llamado "Pâte de temps".
Acaba el disco con "Des petites boules grises" otra pequeña joya de bisutería sonora. Nunca es tarde para recuperar a Mobiil. De esos grupos que perduran con el tiempo.
Como me gusta esta orquesta tan especial. Esta especie de big band suiza tiene algo que los hace realmente irresistibles. "Sauvage formes", su cuarto disco, y de la manos ni más ni menos que de John Parish en la producción, es otro disco de esos que tienes que escuchar sí o si, de la discografía tan maravillosa de una banda que deslumbra.
18 músicos tocan en este "Sauvage formes", donde encontramos piezas tan delicadas y tan épicas a la vez como "Sous mes yeux", o esa vacilada que se llama "Blow", donde como en los discos del grupo, asistimos a una perfomance rítmica que quita el hipo.
"Across the moor" es una vacilada, un detonante artificio cargado de una sonoridad que es un auténtico baile de estilos, una cartografía de expresiones todas ellas sugerentes. O "Bêtes fêroces" como si asistiéramos a una reencarnación muy particular de Penguin Cafe Orchestra.
"The unknown" y "Lost and found", casi tribales, con un toque minimal, son dos expresiones vivas del carácter de una banda que termina el disco por todo lo grande con "So we all", art rock de altura con múltiples texturas. Bravo por está orquesta celestial y por los parabienes que crea su escucha.
Vale, vale, lo compro. Hasta yo que fui seguidor acérrimo de Mogwai en sus primeros trabajos, (luego me fui alejando de ellos por la repetitiva sensación de parecer escuchar siempre lo mismo), siempre veía con cautela la aparición de un nuevo trabajo.
Está claro ya que los escoceses ya no llegarán jamás a las cotas de "Rock action", pero después de escuchar atentamente "The Bad fire", desde el inicio con "God gets you back", reconozco que pasado los años se han sabido mantener en su sitio, sin venderse demasiado.
"Hi chaos" es una pasada de post rock como las que nos tenía acostumbrados, y esa letanía llamada "What kind of mixis this" es otra delicada joya de artesanía para degustar con calma. Pisan el acelerador con "Fanzine made of flesh" y esas voces saturadas rompiendo el eje instrumental de su cancionero.
"Pale vegan hip pain" es triste y difusa, pero hermosa en sus cadencias tranquilas. Como "18 volcanoes" y esa capacidad intacta de ponerte los pelos de punta como antaño. Si, los escoceses merecen nuestro respeto.
Hasta les sale bien ese experimento electrónico llamado "Hammer room". La más bestia, "Lion rumpus", para terminar con "Fact boy" por todo lo alto. Lo dicho, hay veces que tenemos que dejarnos llevar, y aparcar nuestros críticas más vehementes. Este es un buen disco.
De New Zeland y del sello Flying Nun, el mítico sello neozelandés que tantas cosas buenas nos regaló en los 80 y 90. Ya sin escuchar el disco, me tienen ganado. Y es que es difícil equivocarse. Y no hace falta mucho. La inicial "Shade" y ese torrente de emocore contenido que poco a poco se convierte en jauría es el aperitivo de lo que vendrá después.
"Antidote" es un himno repleto de ternura, caricia eléctrica, con un aire a Totorro que engatusa y te alivia, y en "Gleam" se divierten de lo lindo en una andanada de electricidad repleta de enjundia y melodía. Pavor y rugosidad.
En "Warner" se tranquilizan, para volver en "Big air" a las andadas, con un festival de épica, un torrente de luces que van y vienen, la hegemonía de la demolición. "Spiel" está repleto de canciones de esas que son un suculento festín, un preparado seísmo de estribillos que anidan en un mar de suspiros ("Tightropes").
Cuanto te cruzas por la calle de las escuchas con temazos del calibre de "Teeth", sabes que estás ante algo muy grande, y es que los neozelandeses saben todos los trucos para fabricar al por mayor canciones que te achuchan y te miman. En breve tendremos nuevo disco de ellos, habrá que estar atentos.
A Mazzy Star y a los trabajos en solitario de su cantante Hope Sandoval no lo he seguido mucho. La verdad es que hasta hace no mucho me pasaron inadvertidos ambos proyectos. Y como al final el tiempo pone a cada uno en su sitio, y nunca es tarde para descubrir joyas, aquí está el disco de debut de Mazzy Star, para rendir homenaje a una banda que nació en plena vorágine de música independiente, aunque lo suyo siempre fue una especie de dream pop de ensueño ("Halah").
Vaya comienzo de carrera que tuvieron con este "She hangs brightly". "Blue flower" es un pelotazo que te recuerda a la Velvet. Con solo decir que mis amados Cocteau Twins, se los llevaron de teloneros en la gira por EEUU, dice mucho de este supergrupo.
Caricias sonoras como "Ride it on", o como la mejor del disco, la que la titula, pura psicodelia, con esos órganos malsanos, vitaminas para no dormir. Y si luego te pones la medio blues "I'm sailin", ya tienes ganado un lugar en el cielo oscuro de Mazzy Star.
"Give you my lovin" es un torrente de emoción que sigue la estela de la candidez más sobrecogedora de la banda de Cale y Reed. Impresionante es poco. Pedazo de trabajo para iniciar una carrera. Con ese deje venenoso de "Be my angel", con la hipnótica "Taste of blood", con la peligrosa "Ghost highway".... Te pongas en lo que te pongas, caes rendido ante ellos. A este grupo no hay que olvidarle.
Este es un disco contra el dolor de la pérdida, contra el avance de la demencia que haga que el tiempo, los recuerdos, la mente de Beverly Glenn, se hayan congelado en este disco elaborado junto a su mujer Elizabeth Copeland, ayudado, poniendo su voz, dando ánimos su amado, llevándolo por jardines efímeros de rosas agostadas antes de tiempo.
Beverly es un musico trans canadiense, que lleva desde los 70 embarcado en proyectos donde su voz es la brújula, y este "Laughter in summer", desde que empieza a sonar "Let us dance" y "Ever new" es la mejor manera de dejar un legado, un testamento para que podamos imaginar el amor que se profesan estos dos amantes que saben que su amor tiene fecha de caducidad.
Se te pone la piel de gallina cuando suena el tema que titula el disco, siempre con el piano como señuelo para que aparezca la garganta de Beverly y su mujer, recitando, cantando a pulmón cisnes, celebrando los amaneceres disfrutados, recordando los paseos por pasajes donde el viento se llenaba de besos depositarios de un cariño construido con la música como lenguaje, como artífice de una conexión sin igual.
Como "Children's Anthem" donde ese binomio Beverly-Elizabeth provoca cataratas en tu sentir, o "Harbour (At Hotel2Tang)", donde lo sublime alcanza cotas superlativas. Tema para escuchar mil veces, corriente frenética de suspiros.
"Shenandoah" casi a capela te deja helado, y el final con "Let us dance (movement two)", es un maravilloso colofón a esta historia de amor musitada con tanta ternura. Belleza a raudales.
Vaya gozada de disco. El viaje que Auserón hizo a Grecia no pudo salir mejor. Acompañado por Vaggelis Tzeretas y Theodoros Karellas, Santiago pone voz a canciones de desamor portuarias, nacidas en las tabernas, donde los aldeanos y los marineros se cruzaban en un confín desgarrador, entre miradas ebrias, y tatuajes aún por rematar.
Cuando empezamos la travesía con "El desdén", ya sabes que esto va estar lleno de emociones a raudales, de parte de uno de los mejores artistas que tenemos por aquí, músico repleto de inquietud, sin posibilidad para aburrirte con su música, por que lo de Auserón es algo muy grande.
Qué triste suena "Fedra", con ese aire melancólico que lo impregna todo, con esas alas partidas de un vuelo cercenado siempre por la degradación de las palabras que se convierten sólo en un vano intento de comunicación.
Brutal "Batalla por la vida", llena de una tristeza que inunda el aire, para beberla viendo como el atardecer se come el día. Clásicos populares helenos, canción folk griega, es igual como lo llames, el caso es que te pones "El color del alma" y no puedes parar de bailar entre excesos de retsina para recordar el motivo de las llagas que pueblan tu ser.
"La espera" casi suena a chanson, y luego por todo lo grande "Irenita", la mejor de este cancionero con un video que no tienes que dejar de ver. Todo un lujo, ver a Santiago en esta forma, con ese arranque vocal que te hipnotiza, con una de esas letras que te servirán cuando escuches un portazo en tu corazón.
Anni B. Sweet, aparece en "Alborada en tono menor", para acompañar al maestro, antesala del final con "Naranjo amargo", donde Santiago deja Grecia, pero sabiendo que la huella de estas canciones ya forman parte de la historia de este gran tipo que tan bien nos hace a nosotros sus colmados seguidores.
Con este tercer disco, la banda nipona salto la banca por su manera tan particular de a su manera, convertirse en un cruce bastante creíble entre Pixies, Husker Du y Sonic Youth. Lo de Number Girl era cosa sería, como vemos en las dos bombas que abren el disco, dos himnos radiantes, "Brutal number girl" y "Zegen & Undercover".
Eran estruendosos, melódicos, repletos de aspavientos de distorsión por doquier ("Sasu-you"), agitando siempre la coctelera con su propagación de ondas de luceros indómitos ("Urban guitar sayonara"). Así son estas bandas niponas que traducen a su manera sin dejar a penas tiempo para la pausa y la tranquilidad, todas las referencias habidas y por haber.
Cañonazos del calibre de "Tattoo ari", o reservas espirituales de un noise sembrado como la que titula el disco, sirven para festejar que nuestros añoranzas hacia los 90, por todo lo que significó, puede ser gratificada cuando escuchamos cosas como "U-Rei".
"Yaruse nakio no beat" afloja un poco la marcha veloz de este disparo frontal que es la música de Number Girl, para en "Trampoline girl" fusilarnos a destajo con una corriente frenética de caos sónico. Number Girl, victoria asegurada desde que lo escuchas por primera vez.
En "The ugly american" el bueno de Mark Eitzel se fue a Grecia, donde consiguió la ayuda de una banda de músicos griegos apasionados de su folkclore, para hacer versiones del cancionero de American Music Club, con una solvencia que ralla la perfección ("Western sky").
La voz de Mark siempre comanda este crisol de tonos donde cabe desde una especie de minimalismo folk ("Here they roll down"), a lentas letanías esparcidas por el aire entre calmas incendiarias ("Jenny"), para recordar amores fallidos mientras te tomas un buen trago.
"Nightwatchmen" es otro de los puntos fuertes de un trabajo que quizás sirvió a Mark Eitzel como parada en mitad del camino antes de seguir rugiendo silencios en sus trabajos posteriores. "Take courage" toma otra forma de su original primera versión, para en "Anything" convertirnos en martires de su tristeza.
10 temas que son como 10 rubores envasados al vacío, 10 temas para que nos sintamos cerca de este cantautor de tantos dolores y suavidades siempre íntimas. Escuchas las reinterpretaciones de "Last habour" y "Love's humming", con instrumentos griegos, y no puedes más que festejar viejos recuerdos que vienen de golpe. Otro gran disco de Mark Eitzel.
Este trio Australiano sacaron solo cuatro discos en su corta carrera, pero dejaron suficiente huella como para que su sonido afilado, su distorsión repleta de seísmos, no diga a las claras la capacidad que tenían para empantanarse entre volutas de humo y electricidad.
En este su segundo disco, con ese inicio brutal con "Form and function", no tienen reparo en fustigarnos con alegría entre bombarderos de post punk activo, "The pyramid", siempre agitando una coctelera que como se nos muestra en "At 100%" supura daños corrosivos para la calma.
"Ms V. Export" es una barco a la deriva de noise tranquilo, para volver a la carga sin pausa con "Confrontation". En "Mosaic" también hay sitio para pequeñas gemas envenenadas como "Single cable" que nos acerca al recuerdo de Elastica, o "All the time" y su adictivo poder embaucador tejiendo sombras como parte fundamental de un ideario musical repleto de rabia y sin concesiones.
En "Trouble" filtrean con la no wave, para terminar por todo lo grande con "(Untitled)". Buena banda la del país de los canguros, que pasaron de puntillas pero que dejaron una buena dosis de inflamación sónica.
De momento a día de hoy, mi disco del año. Lo que ha hecho Joe Jackson en este "Hope and fury" es para subirse por la paredes desde que suena ese pelotazo rítmico llamado "Welcome to burnin-be-sea". Vaya sonido, que suenen trompetas y se escuche aclamaciones, el estado de forma de Jackson es simplemente espectacular.
Y es que un músico de la inquietud de Jackson no se iba a contentar con seguir un solo camino. Su carrera está plagada de cambios estilísticos de todo tipo (swing, música electrónica, new wave, orquesta, jazz...). Aquí ha tenido la enorme idea de incluir elementos latinos como el que vemos en esa explosión sónica llamada "I'm not sorry". Para no parar de mover los pies en horas.
Y luego están las canciones, y todo "Hope and fury" es un chorreo incesante de melodías, de temas, que te dejan un regusto brutal en tus oídos. El encanto new wave de "Made god laugh" es para ponerte la servilleta y esperar a disfrutar el placer del menú que sigue con "Do do do" y esos sonidos que nos envían de golpe a finales de los 70.
Los teclados de "Fabolous people" te hechizan nada más sonar, y en "After all this time" son de nuevo los ritmos latinos quienes toman la batuta en una espectacular canción. Vaya sonido se gasta el bueno de Joe en este 2026. "The face" transita en una especie de prog con rosas en las guitarras, para en "End of the pier" caer de bruces antes este mago con la varita siempre preparada.
En Otoño viene por aquí. La verdad es que artistas como este ya nos quedan poco. Una maravilla su carrera, su pasado y su presente, parece adolescente aun, después de tantos años. Bravo por Joe.
Es mi disco preferido de Nada Surf. Sin ninguna canción que baje el nivel de uno de los discos más radiables en aquel lejano 1998, repleto como encontramos en "Hypersace" y sobre todo en "Amateur", hits de esos que han perdurado en el tiempo, indie rock balsámico, melódico, repleto de suficiente artillería eléctrica como para sacar del olvido a este gran grupo.
La banda de New York comandada por Matthew Caws y el español Daniel Lorca, en este segundo trabajo, pusieron las bases de una carrera con sus altos y bajos, pero siempre repletos de honestidad. ¿Qué podemos decir cuando te topas con esa emocional "80 windows" repleta de aristas sentimentales? Disfrutar a tope de ellos. Como ese cañón llamado "Mother's day", o la delicadeza que te deja helado de "Troublemaker".
Así eran Nada Surf, en estos inicios prodigiosos, con torrentes eléctricos del calibre de "Bacardi", para tararear y bailar sin parar, o turbulencias como "Dispossession", o rabiosos singles como "Slow down", repleto carisma y rabia.
Ya en la recta final, "Silent fightning" y "Spooky", vienen a confirmar la grandeza de un grupo que siempre se mantuvo fiel a unos principios, honestos y radiantes en su manera de enfocar un indie rock para todos los públicos.
"Ecstasy", el disco número 18 de Lou Reed, con esa magnífica portada que parece que te este llamando para una pronta escucha, es otra muestra más del arte del músico que tantas buenas horas nos ha hecho pasar.
Directo y roquero, contundente desde que empieza a sonar "Paranoia key of E" o "Mystic Child", "Ectasy" es otro de los trabajos donde la maestría de Lou alcanza cotas de esas donde muy pocos puedan llegar. Tan solo con recordar que en aquellas fechas en Austria subió al poder el ultraderechista Haider, y Reed anuló sus conciertos allí, nos dice mucho de como era el gran Lou. Se echa en falta que los grupos y músicos que amamos ahora, tengan más compromiso con lo negro que está todo y lo que nos viene. Parece que a muchos les da miedo hablar. Así nos va.
En "Ectasy" hay canciones sobre el desamor, sobre las relaciones, y las canciones, como la que titula el álbum, funcionan a la maravilla desde la primera escucha. Lenta, tranquila, parsimoniosa. Qué hermosura. "Modern dance" es otra apasionante tonada de esas que te embruja sin pedirte permiso. Joder, los pelos de punta.
"Tatters" es otro de los puntos fuertes de un compacto trabajo donde parece que reverdecen los campos por donde pasea Reed su carisma desbordante a pruebas del efecto del paso del tiempo. Me sigo emocionando como cuando la escuche por primera vez con "Turning time around" y esa fragilidad que todo lo inunda.
Un disco como "Ecstasy", para recordar al que tanto amamos, un disco como este para soñar con el hombre de la Velvet, un disco como este para sentir que nos hacemos viejos, un disco como este para sentir que aún nos quedan células rebeldes jóvenes.
Puede ser sin riesgo a equivocarme que Deathcrash sea la banda más en plena forma dentro del slowcore actual. Sus canciones tristes te llegan sin matices, la melodía que nace de la lentitud se enrabieta para como vemos en el tema que titula el disco, dejarnos un magnífico sabor de boca.
Y es que quizás estemos ante el mejor disco de los londinenses. Te cogen de la mano y no te sueltan. "NYC", es otra agitada y concreta canción de inmediata puesta a punto de una serenidad frugal acompañada con buenos arreones de guitarras.
Todo "Somersaults" rezuma calima, sosiego, un mar de suspiros que en temas como "Triumph", haces que te sientas incomodo en la silla, que te quieras levantar, dar una vuelta, pensar sintiendo cosas tuyas, al albur de esta banda sonora de climas interiores de susurros.
Belleza y tristeza, tristeza y belleza. Ahora le toca a "Bella" y su abanico de pasión desaforada que da la voz a "The thing you did", otro pulso a favor de la radiación de intimidades socorridas. Cuando más se parecen a Codeine es en "Wrong to suffer", colisión de aristas internas, letanías en manga corta, para en "Stay foerever" corear sin remilgos nubarrones y mil tormentas.
Buenos estos Deathcrash, un buen motivo para desempolvar tus viejos vinilos de Codeine. Desde la calma total hacia cielos imposibles.
La banda inglesa Moonshake formó parte de esa primera andanada de bandas de post rock (Labradford, Tortoise, Laika, Pram entre otros), que pusieron patas arriba la escena musical a principio delos 90. A mi modo de ver el post rock, se les queda corto al grupo de David Callahan.
Lo suyo eran collages nerviosos donde el saxo se divertía ("Your last friend in this town"), en una continua serenata de ritmos rotos como vemos en la impactante e inicial "Joker John". Dieron el pelotazo con el primer disco, el mejor de sus cinco trabajos, "Eva Luna", (1992), y este, su tercer disco es el más experimental de todos, con gozadas como "Just a working girl".
Escuchando ahora este "The sound your eyes can follow", puedes ver con bastante claridad, los movimientos británicos actuales en la vertiente post punk. Estoy seguro que las bandas de la islas se han aprendido este lp de memoria (Squid, The Murder Capital, Yard Act).
Lo de Moonshake es una auténtica coctelera rítmica ("Ghosts of good intention"), repleta de un art rock donde los vientos juegan un papel fundamental ("We're making war"). Mi favorita, la casi punk "Shadows of tall buildings" y su descontrol volcán que es imposible que te deje indiferente.
Para terminar, una soplo de casi jazz con "Into deep neutral". Vaya lujo. Lo dicho, este grupo hay que recuperarlo si o si. Verdadera premonición musical de lo que vino después.