Se le echa mucho en falta a Rafael Berrio. Sus palabras, sus versos, su música. Por estos lares nadie se ha acercado a lo que nos ofreció en una carrera repleta de canciones para despeñarte por noches funestas, para hermanarte con sus letras que tanto dicen de como somos los pobres humanos al albur de las mordiscos de la vida.
Tanto en Amor a traición, como Deriva, sus otros proyectos, pero sobre todo en su carrera en solitario, este vate con la garganta repleta de ruiseñores excomulgados de cantar, es todo un placer para los que amamos esto de la música, y lo que representa, más que un arte, un país repleto de sinónimos, de teatros vacíos, de surcos en la tierra donde antes había flores, y ahora solo queda podredumbre.
"Diarios" fue su segunda obra en solitario, y se abre a lo grande con "La alegría del vivir" y "En las lindes del fin". Estoy seguro que Cioran, el filósofo rumano, se pondría su música para el nacimiento de nuevos aforismos de la desgracia, de nuevas formas para denunciar esa falsa felicidad que intentan inocularnos para olvidarnos que después de un camino sin retorno, es imposible la vuelta, ni la redención.
Siempre que le escucho se me pone la piel de gallina. Y con el paso del tiempo, con la juventud como un cuento que algún mercader venció al mejor postor, te das cuenta que sus palabras tienen aun más presencia, más validez.
En "Las pequeña cosas" nos dice que es imposible estar feliz con las cosas que no pueden suplantar el vacío que anida en nuestro ser. Madre mía. Y todo musicado en un fondo de instrumentos de vientos, para que la voz de Rafael siga volando etérea hacia nuestra alma siamesa de todo lo que nos dice su excelsa poesía.
Siembre fue nuestro Jacques Brel, un dandy bohemio que desde la barra de un bar que nunca cerraba, se miraba al espejo, su despeinado cabello, sus ojos cansados, la sombra de la enfermedad que acabaría con su destreza musical. Pero sería más tarde, nos dijo adiós en el año 2020, y hasta entonces nos dejo como herencia discos como "Paradoja" y "Niño futuro", desde hace años obras de lo mejor que ha salido por esta país nuestro tan dado a aupar a mediocres y dejar de lado exquisiteces como lo que hizo Rafael.
"Saturno" y su loa al vino como vehículo sagrado, como instrumento para volar y para caerse, para perderlo todo o para ganar unos momentos de dicha. Vaya emoción escuchar esto. O "Insomne" con ese piano dando la voz a Berrio, como una chanson que es un quejido, como el sueño perdido en una partida de cartas, como la querencia a una paz que no esta hecha para los que sienten volcanes, por que saben que ellos nunca tendrán la calma que desean.
"Sé libre, sé mía", la hizo suya Mikel Erentxun, el cual siempre estuvo pendiente de todo lo que hizo Rafael Berrio en vida y culpable del disco de versiones que hicieron de sus canciones cuando se nos fue, muy lejos eso sí de las originales. Y que decir de "La desgana", se puede decir más alto, pero no más claro. "Creo en la virtud de la desgana". Queda todo dicho. Y luego "Mi reputación" como un Brassens alocado, como un vate que despide sus sonetos para hallarlos en cualquier esquina perdida donde se dejaron besos, promesas, y algún toxicidad mal nacida.
Me encanta la levedad de "Amanece" para terminar con "María Inmaculada", canalla y esplendorosa. Rafael, te echamos de menos. Tus discos descasan en el mueble y me graznan pidiéndome la venía de su reproducción. Y yo me dejo llevar, y no puede dejar de llorar.

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