De momento es mi disco del año. Y es que volver a Bill es como llenar esa copa que estás esperando para saciar tu voracidad innata de acallar el calor con unas gotas de elixir sagrado. Lo ha vuelto hacer Bill. Vaya forma de comenzar con "Why do men sing",pura adrenalina tranquila para el corazón.
Recién cumplidos los 58 lo tiene claro. Lo suyo es escribir canciones y cautivarnos al instante ("The man i'm supposed to be"), con esa serenidad tan suya que se reparte por las canciones que parecen nacidas de un bosque sin dueño, pero siempre libre de fuegos mortecinos ("Pathol O.G.).
Sus trabajos son de una belleza inaudita, de una calma que socava todos los caos interiores que tengas. Te pones "Stepping out for air", y dejas todos tus males a un lado. O la campestre "Lovely city", donde te amarra bien los sentidos.
Y lo bueno de sus discos es que son largos. Que nos da tiempo para el regocijo. Aquí una hora de intensidad. Con goznes del tipo de "Empathy", o sonadas casi country como vemos en "West Texas". Pero siempre estamos al albur de su arte, de su psicodelia extraña cuando quiere ("Computer").
Pero lo que está claro es que te tiene en sus manos. "Lake winnebago" es para montar un caballo y no parar, y "The world is still", la que da fin a esta maravilla, deja claro que su saber, su destreza, a los 58 años, sigue siendo la pócima mágica que nos llena de tantos buenos sabores de boca.

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