domingo, 21 de junio de 2020

DUSTER. "Duster" (2019)


Si hubiera algo de justicia, este disco debería ya ser un clásico desde su misma aparición en el panorama independiente. Y solo basta el inicio con sus dos primeras canciones, "Copernicus crater" y "I'm lost" para comprobar que la banda comandada por Clay Parton, tiene todos los mimbres para que el anonimato no sea algo que merezcan. 

Si sus discos anteriores, (sobre todo "Contemporary movement") era una muestra maestra de nuevos caminos para el slowcore, en este disco homónimo abren todo su arte para empaparnos con temas de esos que se clavan como agujas en tu piel, sedosos, melodiosos, extraños, repletos de pus para infectar comodidades. 

Lo bueno de este "Duster" es que el climax que crea es para perderse por la ternura que exuda sus tonos melancólicos, caricias que se pierden por laberintos de esos que siempre al final regalan fontanas con peces de colores ("Chocolate and mint"). Escuchando "Summer war" no entiendo todos los parabienes que se han llevado los Wilco, y que Duster solo recibe de fans que como el que escribe, se deja llevar por la música excelsa, esa que no sabe del tráfico de falsas promesas. 

"Lomo", en lenta para besar y decir viva el slowcore y "Damaged" juega con la electrónica en un pulso de susurros de esos que te llevan al paraíso de los sueños. Todo el disco es para comérselo con cucharadas a rabiar de felicidad ("Letting go"), hasta en las saturaciones casi shoegazing como "Go back", fuegos de artificio de confort y tensión. 

Mi favorita esta casi al final "Ghoulish", rara, extrema, decadente y barroca por partes iguales, una gozada de esas que te llevas por días a tu memoria. "Ghost world" es un himno de indie rock de toda la vida y el final con "The thirteen", otro lujo de esos que causa gran admiración. 

Lo dicho. Esperando esta uno que este pedazo de grupo salga de la capsula, que vuele libremente por los aires para que empape al orbe de una calidad de esas que pocas bandas pueden producir. 


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