Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

jueves, 1 de diciembre de 2016

THE WEDDING PRESENT. "Going, going" (2016)


The Wedding Present y Pixies. Pixies y The Wedding Present. Mis dos grupos favoritos (los Pixies, claro esta, los de antes). Han pasado ya un huevo de años, pero aun me acuerdo donde me hice con el vinilo de uno de los grandes discos de toda la historia del rock de The Wedding Present, "Seamonsters".

Era una tienda que estaba en Arguelles, en los bajos, y fue la primera vez que la visitaba. Me deje llevar por las sugerencias del dueño que me dijo que eran la ostia. Y sí, desde que llegue a casa y empezaron a sonar los primeros acordes de "Dallience", me puse como un orate furibundo a bailar en mi habitación mientras mi madre aporreaba la puerta.

Joder,como ha pasado el tiempo. Desde entonces no me he perdido ningun trabajo del David Gedge, tanto como los Wedding como Cinerama. Esos arreones eléctricos del "Seamonsters", esa desesperación en las guitarras, (Steve Albini estaba en los controles), ese drama punk y esa corriente de electricidad sin posibilidad de control, me hechizaron desde el primer momento. El vinilo aún conserva las cicatrices de tanto pinchazo redentor.

2016 nos ha traido de nuevo a The Wedding Present,  con 20 temas ni más ni menos, y con un DVD confeccionado durante un viaje que hicieron por EEUU. Todo descomunal, todo exagerado, todo bestial.Y eso que la cosa comienza como si no fuera con ellos. Los cuatro  primeros temas son una postal que casi parece post rock. Ambientales, tranquis.

Pero cuando suena "Two bridges", donde su nueva incorporación, el guitarrista Samuel Beer Pearce estrangula las cuerdas en un final apoteósico y te das cuenta que todo sigue igual. Porque el cd tiene todo lo reconocible de The Wedding Present; la ternura que te ahoga de "Little silver", himnos como "Bear", o estallidos punks como la salvaje "Secretary".

Para acabar el año no hay nada como una borrachera de The Wedding Present, llenarnos de los humores de David, poner la cadena de música a prueba requeriéndola unos buenos kilos de megatones eléctricos. También la bajista Katherine Wallinger y su acompañamiento vocal, hace que temas como "Birdnest" crezcan como en los mejores tiempos.

No paro de danzar cuando suena "Kill devil hills", me quito legañas en el dni, borro con goma de mascar los años que tengo, e intento hablar con el espejo de tu a tu. Sí, parece que los años se paran, que ofrecen una dádiva en forma de paréntesis, de como mediante la evocación se llega a viajar en el tiempo, a reproducir lo que ya parecía olvidado.

Ahora toca "Bells", y su rutilante sabor noventero, y la guitarra fabricando esporas radioactivas sin control pero con delicadeza. Brillante, de principio a fin, disco para saldar cuentas, para mitigar la necesidad que tenemos de energía y emoción a raudales.

Aquí no hay empacho posible. Todo se disfruta de principio a fin. Hasta ese inicio de piano de "Emporia" que acaba en una andanada casi grungre.Y como siempre, esa chuleria que te hace danzar entre las brasas de la conmoción ("Lead"), aperitivos para dar y tomar, brevaje para quitarnos el mal cuerpo, zarpazos que nos dejan bellos tatuajes perforadores de lírica ("Ten sleep"),  y lecciones para todos los que quieran hacer del sonido de las guitarras saturadas con rocío el principal eje para la conmoción ("Wales").

Para terminar "Rachel" y los diez minutos de "Santa Mónica", orfebrería devoradora, catarsis que rebaña corazones, un lugar desde ya para que tengamos a "Going, going", el noveno disco de The Wedding Present como uno de sus mejores trabajos.

Ayer saque de nuevo "Seamonsters" de su estuche dormilón. Sigue impertérrito el avance de los dígitos del calendario. Suena como la primera vez. Los necesarios calambres no pierden intensidad, sólo la disminución de éstos nos ofrece la evidencia del paso de las estaciones. Nos estamos haciendo mayores. Pero mientras nos quede la alegria de la emoción, los disparos de fiebre radioactiva que nos provoca el arte entendido como un medio de transgresión personal, aun tenemos muchas fuerzas que gastar reventándonos tímpanos, fabricando por momentos burbujas de agitación eterna.