Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

lunes, 9 de noviembre de 2015

LOW. "Ones and sixes" (2015)


Tantos años que llevo afiliado a este club de la tristeza que tienen a Low como uno de sus grandes baluartes, y sigo emocionándome como cuando los conocí hace ya tanto. Y es que si después de escuchar "No comprende" te queda sitio para las sonrisas, es que eres alguien excesivamente alegre.

Mimi y Alan saben llenarnos de melancolía. Ahora que en noviembre parece que estamos en primavera, ponerte este disco es como prenderte en tu chaqueta osarios de rosas. Te seducen, te ponen en el desfiladero, te sumergen en su lodazal de palabras que no se acaban, y tú, como no, te dejas llevar.

"Spanish translation" es un colosal monumento a la catarsis cotidiana. Alan y su comparsa Mimi reproducen en sus canciones un buen arsenal de adjetivos con coordenadas para no perderte en el yo mismo. Tristeza, pero bonita, no para caer en laberintos improductivos. Esto es belleza, como lo fue "C'mon" (2011), o "The Great destroyer" (2005). Se trata de sacar a la música el corazón para ponerle en la mesa, para merendar arterias, para hablar de nosotros, para llover tragedias....

Y como nos tienen acostumbrados últimamente Low no se cortan. "Congregation" puede ser un hit. ¿Por qué no? Escuchar a Low siempre es una garantía. Ellos nunca te fallarán. "No end" te seduce con esos arreones de juguete de la guitarra de Alan, luminosidad radiante, festival sin mácula de perdición, voces que te mecen y te asolan con claridad prístina.

"Into you", mientras me acabo el vino de después de comer, y el sol araña la terraza. Silba Mimi, silba mientras me pongo cómodo en la silla aerea de los gozos imposibles. Todo un lujo. Los mormones siguen fiel a su idea de fe. Las catacumbas del corazón, el vaho perdido de la desmemoria.

También tienen tiempo para jugar con la electrónica, como en "The Innocents", o "Kid in the corner", y sedarnos con morfina en "Lies", otra manera como otra cualquiera de sentir el fragor de esta valiente agitación del no movimiento.

"DJ" es la que termina con la aventura. Un reguero de sangre sin llagas, un sacúdete las lágrimas que me voy de fiesta yo solo. Low, me compro su disco y sé que no tiro el tiempo. Ganaré silencios, viviré en murmullos.