Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

martes, 23 de junio de 2015

DAVID SYLVIAN. "Dead bees on a cake" (1999)


Con tan solo el inicio de "I surrender" sabes que ex-Japan, te abre las puertas a esos universos tocados por la varita mágica de su voz. Este, su cuarto disco en solitario, es una pasada de principio a fin y el tema que inicia el viaje es todo una puesta de largo de sus pretensiones de vagar por el lado más tranquilo de su infinita capacidad creativa.

"Las abejas muertas en una tarta"; con ese titulo del disco, todo puede pasar. "Midnight sun" tiene algo de blues futurista, como cuando David Lynch deja sus obsesiones y se encierra en un túnel de tiempo de sonoridades para agrandar el alma. "Thalheim" es jazz bajo presión, pulsar la fiebre.

En el disco Sylvian se rodeo de un elenco maravilloso de músicos de esos que no defraudan, Marc Ribot, aparece en "God man", otra secuencia de rock electrónico, cargado de paradas en fondas iluminadas de saber. Bill Frisell, Talvin Singh o Sakamoto son otros de los colegas que decidieron acompañar en este sentido disco a un Sylvian inconmensurable.

"Alphabet angel" roza la catarsis, y la espiritual "Krishna Blue" se eleva en sus ocho minutos caminados entre fuego, en un tranquilo remanso decorado con flores de loto y amnesia para el dolor. También hay tiempo para la lentitud total, para baladas de enjundia como "The shining of things" o canciones que bien pudieran estar en el catalogo 4ad, "Cafe Europa".

"Pollen parth" recuerda sus colaboraciones con Robert Fripp. Aquí suena tormentoso en la calma, se intuye que detrás de ese corpus de banda se esconden razones para dibujar prisiones en el aire del querer. "Wanderlust" es soul sincopado y "Praise", con la voz oriental de Shree Maa pone la serenidad al servicio de la elevación; confort y caricias, abanico y estudio para soñar.

David Sylvian, nunca nos falla, es una especie de Bowie underground, un trazador de corrientes internas de goce. Artista total, tallando a su manera nuevas formas de sentir musicando, pensando notas, gozando lluvias.