Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

domingo, 19 de marzo de 2017

RED HOUSE PAINTERS. "Down colorful hill" (1992)


Con este disco empezó todo. 1992, Mark Kozelek se reunió con sus chicos y formó este club de tristes chicos pintores de casas rojas, profesionales del  folk aterciopelado, de las canciones que se escuchan para reconfortar tu tristeza mientras la noche aciaga sacude sus alas en los días que el sol se quiere hacer fuerte.

"Down colour hill", fue el primer disco, en plena época de Pixies, Dinosaur jr o Nirvana, la banda de Kozelek disfrutaba de su momento de fortuna viviendo en colores sepias añejos, blanco y negro adulterado por las sombras de la tristeza, caligrafias infinitas de luces oscuras, partos de noches funestas. Así empieza "24", con su nostalgia que inunda salones y flores viejas.

4ad les prestó las llaves de una mansión poblada de fantasmas, duendes tiernos y rumores de esos que hacen pensar en pasados mejores,  en lutos de blanco ("Medicine bottle"). Jerry Vessel y Gordon Mack acompañan a Mark es su constante lucha por las bajas pasiones, por los olores a tierra quemada.

La que titula el disco, una de las mejores canciones de toda la efímera carrera de Red House Painters, son 10 minutos de lujuria íntima, de slowcore de golondrinas para lavarte la cara en mañanas demasiado desprovistas de alegría como para festejar las luces de los buenos días.

Luego "Japanese to english" pone de nuevo el sello en la epica del desencanto. Como "Lord kill the pain" y esos arreones guitarreros que parecen no casar con el estado en coma en el que el grupo se movía a la perfección.

Para terminar "Michael", el punto y final, la sexta canción que empieza acústica y repleta de añoranza. El primer disco, el primero que me compre, luego vendría el resto, y luego Sun Kil Moon, y luego la obra en solitario de Mark. Es lo que tiene ser un aficionado a la tristeza. Que hagas lo que hagas, siempre acabas disfrutando con los tonos tenues de discos como éste...