Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

martes, 29 de diciembre de 2015

SOLEA MORENTE. "Tendrá que haber un camino" (2015)


Esté donde esté Enrique Morente, seguro que esta observando a su hija Soleá, mediante un telescopio de esos de amor eterno, que todo lo ven, desde la lejanía mas impactante. Y estoy seguro que Enrique debe de estar sonriendo cuando oiga "Yo escuche los cantos", canción que sin duda es pasar el testigo de una manera única de sentir el flamenco, abierto al rock, venas de Andalucia, rocío inmarchito.

Soleá se ha rodeado de músicos de la talla de Antonio Arias, J, Manu Ferrón, David Fernández, Eric Jiménez, entre otros, para hacer un eslabón perdido entre "Omega" y la juventud volcánica de una artista que va a dar mucho que hablar.

"La ciudad de los gitanos", (sacada de un poema de Federico García Lorca) con sus distorsión controlada y la voz de la Morente soberbia y grácil, salvaje y alucinadora, es una de las partes más álgidas de un soberbio disco que tiene múltiples recovecos donde perderse.

Su hermana Estrella también anda por aquí, y su madre Aurora Carbonell, así como Jose Enrique Morente, todos para arropar con una manta de cariño a Soleá, que todo lo tiene claro, con una azucena en la garganta, con un deje colosal para perderse uno entre sus loas flamencas.

"Arrímate", con laúd incluido y con Jota de Los Planetas iniciando la cordura de la canción,  es otro más de los puntos más impactantes de un disco que deja huella, que es una algarabía de dicha y energía. Flamenco indie rock para alegrarnos las fiestas.

Y "Están bailando", en plan sevillanas, con letra popular y música de su padre es un compendio de todo el arte que lleva Soleá. Suculento rock flamenco con las guitarra de Paco Luque y J.,  y las castañuelas de Estrella para que podamos devorarnos en silencio y clamor.

Los tangos de "Solos tú y yo" son una pasada, tamizadas por un sesgo de canción pop, donde de nuevo la guitarra en la penumbra de J va marcando la sinceridad de un amor extremo, loco y difuso, domesticado por la rabia y la desdicha. Cada vez que la escucho, más me gusta.

La Bien Querida, que no me hace mucha gracia en solitario, aquí la regala "Vampiro", puro empuje indie pop, con traiciones de noches buenas, y horizontes que se encrespan en guitarras que acarician y te embelesan. Psicodélica es "Eso nunca te lo diré", granaina que parece de Los Evangelistas, punzada de dolor en el torax mientras llueve carantoñas y mares en un vaso de deseo.

De nuevo La Bien Querida, aparece con "Nochecita Sanjuanera", puro tobogán de emociones que se enredan y gritan, solsticio de amor, lunática alfombra donde sentirse a gusto mientras los rayos pelean catarsis y confort. Y ese frenesí casi de punk flamenco que se llama "Dama errante" es para dejarse los cuernos en el tablao mientras los altavoces se hinchan de fuego y coma etílico del sentir. Arte, mucho arte.

Si hasta hay un atisbo de canción electrónica con "Tonto". ¿Alguien da más?. Si, para el final lo mejor, "Esta no es manera de decir adiós", de Leonard Cohen. Los pelos erizados, la cumbre de todo un disco que cuando pase el tiempo será recordado con cariño,. "Tendrá que haber un camino", si, y Soleá, ha sacado de las cenizas del recuerdo de su padre una montaña de sentimiento, un rehacer el flamenco con las agitaciones de Granada, de unos músicos que estarán siempre a su lado para romper fronteras, para destejer ortodoxias. Increíble y voraz.

Para terminar "Todavía", pop con violín y cajón, rudeza de alma, ternura del corazón. Soleá Morente, mucho arte, mucho que dar, un enorme presente, un futuro por construir.