miércoles, 6 de mayo de 2026

LOW. "Long division" (1995)


 Este mismo mes aparecía por el blog la crítica de "The curtain hits the cast", el que fuera el tercer disco de una de mis grandes debilidades, estos Low, que tanto bien han hecho para esta Venecia de sentimientos que es el slowcore vertiente aflicción.

"Long Division", su segundo trabajo, redunda en todo lo que se puede decir de una producción de Low: desde que suena "Violence", austeridad, sensibilidad a raudales, estados sobrecogedores de conciencia que te deja rendido, al albur de una amalgama de sonidos para temblar. 

¿Quién se puede resistir a canciones como "Below & above" y esa caligrafía íntima? ¿O a ese rugido silencioso que es "Shame"? Banda siempre perfecta para tus intimidades abordo de un mercante a deriva, con restos de ayeres descompuestos, mientras las gaviotas volando arañan el silencio con su agresivos vuelos invasores ("Throw out the line").

Low evoca, Mimi y Alan, Alan y Mimi, reparten la barajas con las cartas manchadas de un hollín de derrota, componen alrededor de una fogata donde nacen historias de amores que nunca pudieron ser, de besos robados en la trinchera del dolor, de abandonos que saben a deshojar margaritas un día de tormenta ("Swingin'"). 

Por eso los amo tanto. Sirven de perfecta banda sonora para mis pensares aciagos, para mis reflexiones a pie de una urna donde se guardan los restos de ese juventud tan lejana ("See-through"). Hasta cuando se ponen más minimales y heladores, como en "Turn", ofrecen suficientes motivos para que tengamos sueños con ellos. 

"Stay" es otro de esos restos de naufragios que llegan a la arena de la playa cuando menos te lo esperas, un tonada fúnebre para respirar hacia dentro. Cuánta belleza. Cuánto dolor. Eternos Low.  Qué pena que se nos fuera Mimi. Queda para la eternidad su voz y sus canciones tan necesarias. 


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