Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

miércoles, 25 de enero de 2017

RAIME. "Tooth" (2016)

Este disco del duo Raime formado por Joe Andrews y Tom Halstead es altamante hipnótico, es una gama de sonoridades que desde que inicias el viaje con "Coax", se te clavan en la psique, te persiguen por la casa mientras los cascos radian repetición y esloganes de aislacionismo.

Aquí las guitarras se mueven lentas, como un eco desollinador, confetí industrial, mientras el duo se pertrecha en silencios que siempre gustan e incomodan. Un disco instrumental repleto de surcos de malos sueños, donde se acercan al grime en "Hold your line", pero siempre con un toque extraño en la guitarra, perforadora, como en una escalera de caracol con imposible llegada, con perdida salida.

Llevo toda la semana enganchado a este colosal enfoque de la música electrónica, hasta consiguen parecer una versión minimalista de una banda de posthardcore. "Front running" es efectiva, late imprevista con su tensión, con su densidad que ralla angustia y alfileres en los oídos. Me alucinan.

Si "Quarter turns over a living die", (2014), fue bueno, este "Tooth", es mejor. Su sonido no cansa, es una anestia contra la amnesia de los tiempos, es música para un club de vampiros, es la oscuridad que se regodea de su pasión por lo negro.

Me pongo "Dialling in, falling out" y parece que me encuentro con una recreación del universo de Slint pero con un enfoque tecnológico, radiando luces amparadas en las sombras, repicando las campanas velas de terciopelo soledoso. Maravilloso.

En "Glassed", es cuando se percibe con mayor evidencia ese rasgeo de cuerdas que porque no, pudiera venir de unos Fugazi en estado de standby, en medio de un mapa musical repleto de espectros, alucinaciones barbaras, resoplidos de vaho metalizado, invierno en las entrañas, siempre invierno...

Después, para llegar al ocaso desde la desesperación, la esquelética "Cold cain" y "Stammer", con su ventolera de introversión total. Uno de esos discos para escuchar en silencio, para degustar sin ruidos, para cerrar los ojos y urdir exilios internos.