Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

domingo, 19 de julio de 2015

THURSTON MOORE. "Demolished thoughts" (2011)



El jóven sónico Thruston Moore se sacó de las chistera este "Demolished thoughts", antes de la separación definitiva de Sonic Youth. Un disco al que se le reconoce nada más empezar la diatriba de la banda madre, pero que está lleno de texturas, de notas a pie de página.

La que abre el disco, "Benediction", con cuerdas que van y se mecen, es una tonelada de paz interior, es un poso en el café para degustar con placer mientras te planchas la vida. También "Illumine" es una reflexión sin conato. Tranquilidad, la guitarra como paseo, y su voz como génesis para el recuerdo de un futuro siempre bueno para quien ha estado en una de las bandas más importante de la historia.

"Circulation" recuerda a su pasado más glorioso, pero siempre con rabia contenida, poniendo migas para que le sigamos, recitando pavor y serpenteando cielos de una tormenta que amenaza sin caer. Existe en la canción, sobre todo en su final, ese monocorde y repetitivo eco que caracteriza el batallar de Sonic Youth.

Uno de los puntos fuertes del disco es "Blood never lies" una espectacular y bella canción que se revuelca entre pétalos, folk de terciopelo. "Orchad street", como revancha, es una circular y crispada concatenación de señales por la que identificas rápido, al instante, a Sonic Youth.

La enigmática "Mina Loy"  y "Space" con su tirón laberíntico, hace que los que seguimos a Sonic Youth desde sus inicios, acojamos este disco como uno más de los trabajos a tener para completar la discografía de unos malabaristas del sonido que en los 90 coparon la insurección contra lo correcto.