Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

miércoles, 17 de diciembre de 2014

TRIFFIDS. "Calenture" (1987)


Mi primer encuentro musical con este banda mítica australiana no ha podido ser más gozoso. Mil veces nombrados, referencia de canguros y rock de la gran isla, me adentro en este estupendo"Calenture" con un cd extra, y me empapo de los 80, de hits épicos, de melodramas sin salvación.

Y es que el listón que ponen con la inicial "Bury me deep in love" con sus coros de soul, con las cuerdas agitando mares bravos, es como para ponerte a gritar juventud eterna. El cuarto disco de la banda que lideró  David McComb (fallecido en 1999 por excesos múltiples) es todo un compendio de ese dramatismo que tanto gusta al otro austaliano Cave, pero aquí empapado con guitarras menos áridas y con un mapa sonoro que sube y baja ("Kelly's blues) sin parar.

Gil Norton, el mismo que ayudó al triunfo de Pixies, es quien lleva la máquina de la producción. Soberbio de principio a fin. "Calenture" (fiebre tropical que ataca a los marineros después de largos periodos sin ver tierra) me tiene alucinado. "A trick of the light", es para ponerle a todo trapo, FM radio para corazones que han dejado el ancla en un universo de dolores y engaño.

David, que iba de predicador con sus triffidos, eleva desde el púlpito su garganta para condenarnos a un club de esencias peligrosas, donde es fácil perderse cuando suena "Hometown  farewell kiss". La rugosa "Unmade love" juega al engaño, al escondite con ecos siniestros, muñecas rotas, calles oscuras, teclados para pasar miedo adolescente mientras el telón cae guillotina de sueños.

En "Open for you" se acercan más al sonido de sus paisanos The Go-Between. Pop con mácula de himno, decorado de flores mientras el final se percibe como algo cercano, amenazante. Según la crítica "Calenture", fue el mejor disco de la banda del desafortunado McComb. La verdad es que el hechizo es instantaneo. Las campanas que percuten de la alegre "Holy water" guarda secretos inconfesables, marchitas legañas en escritos que dijeron adiós a la paz de corazón.

Cuando me puse "Blinder by the hour" el algo etilico y emocinante dia de mi aniversario no pude más que empezar a bailar con una sombra, con un fantasma de esos que pululan por la caverna de nuestro desarraigo, que acosan a nuestro ser montando un espectáculo solo para almas imprudentes. Triffids. Y yo que pensaba que Nick Cave era el Cesar de Australia. ¿Qué habría pasado si 1999 no se hubiera llevado a David McComb?

"Vagabond holes" suena a gospel de desiertos ajenos y en "Jerdacuttup man" me parece hallar el trasunto de los Bad Seeds cuando éstos se dejaban llevar por la somnolencia. "Love the fever" y "Everything you touch turns to time" son  otras dos gemas para que te queden ganas de acabar este primer cd y empezar con el segundo, donde te hallarás con primeras versiones de los temas del disco y probaturas de todo tipo.

Triffids, Para acabar el año, un enorme regalo que me hago. Lamentos y oración, salmos y bebida, vamos, como la vida misma.


1 comentario:

Alex Palahniuk dijo...

Del país de los canguros sabíamos que había bandas de Rock muy buenas y artistas cachondas como Kyle Minogue; lo que desconocíamos, muchos, es ver cómo sonaban de bien estos tíos.

Espero que te pases por mi entrada sobre los Stones y me digas cuál es, para ti, el mejor doble álbum de la historia. Un abrazo, Carlos.