Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

jueves, 29 de diciembre de 2016

YANN TIERSEN. "Infinity" (2014)


El noveno disco del que ya se ha quedado para los restos como el músico que fabricó la banda sonora de "Amelie", es un compendio de todas las querencias de Tiersen. Aquí cabe el infinito de su discurso porque el disco es como ese mar y ese cielo que parece que no tienen fin,

Se arranca con una tonada de post rock como la que titula el cd, para seguir en "Slippery  stones" con un canto de sirenas lírico ahogado, letanía suave que da la voz a "A midsummer evening", un amasijo pop intrigante que por momentos recuerda a Mercury Rev.

"Ar mahen bihan" en bretón, es difícil, un escozor de dolor, de un álbum que para nada es de fácil escucha, pero que conserva las cualidades intactas de un ser en permanente estado de gracia. "Lights", una de las mejores del lote, es un fuego de artificio tecnológico, una redada de boutades sinfónicas repletas de ruidos duendes y norias en permanente circulación, sin parada.

También hay pequeñas dosis de clasicismo, como en "In our minds", y los pájaros que pían en "The Crossing", saben que la certeza de la primavera anida en la exposición gradual al sol de la alegría y los buenos sentidos.

Para terminar "Meteriotes", oda marcial en medio de un recitado de bruma, de oleajes, de sensaciones de confort y buen ánimo. Un disco que acompaña la tranquilidad, de un compositor que se ha creado su espacio propio para construir cúmulos de cordura interna.


lunes, 26 de diciembre de 2016

MARK KOZELEK. "Sings favorites" (2016)


El mismo Mark Kozelek que nos conmocionó con su trabajo a medias con los post metaleros Jesu, se sacó de la manga este divertimento en forma de versiones titulado "Sings favorites", donde el músico díscolo da rienda suelta a sus obsesiones personales. Un disco de Navidad, para los solitarios del alma, para los seguidores de este tahur malhumorado.

"Moon river", con el piano como estrella, funciona a la primera escucha. Y "I'm not in love", de 10 cc, una de las canciones más radiadas de los 70, se convierte por obra y gracia de Kozelek en un caramelo de letanía, en un juguete donde la tranquilidad te invita a danzar espantapájaros.

Y la versión particular que hace del "Win" de Bowie, es para enmarcar. Siempre con las teclas como acompañamiento ideal para este paseo por puentes sobre aguas turbulentas. De Bob Seeger se atreve con la majestuosa "Mainstreet", y en "Somewhere over the rainbow" del Mago de Oz, te deja las lágrimas en la retina para expulsarlas cuando la cadena dice fin de la canción.

Mark también cuenta con el acompañamiento vocal de Mimi Parker de Low en "Amanda" de Wailor Jenings, una maravilla para esperar la nieve, los fríos, la sabiduría del saber estar. La actriz Minnie Driver le da la mano en "Something stupid", de Nancy Sinatra, para terminar con "Float on" de Modest House, un flechazo en toda regla para tu sosiego, para poner de fondo mientras te lees un buen libro.

Mark, lo ha vuelto hacer, una de las personas más repelentes del panorama independiente, tiene la suerte de su cara. Sus canciones favoritas pasada por su turmix son un buen legajo de recogimiento.


sábado, 24 de diciembre de 2016

HELLA. "There's no 666 in outer space" (2007)


Esta noche es nochebuena y mañana es navidad. Así de rápido pasa la vida que ya estamos casi en el 2017, sin apenas enterarnos. Para la ocasión he querido elegir el mejor disco de esta panda de burros que se llamaron Hella.

Escucho el primer salpullido, "World series", y la verdad es que veo normal las excitantes alabanzas que se llevaron en su día por ser una banda puntera en su forma particular de afrontar el noise. Una caja de música rota por todas las partes, disonante, jazz y ritmos locos, vamos, lo que necesito para afrontar la cena de nochebuena.

No, hoy no quiero música tranquila, hoy me pide el cuerpo laceraciones emocionales, perforaciones de rock. Tengo que hacer sitio a las chuletas y me pongo "Let your heavies out", donde los de Sacramento se lo pasan de maravilla estrujando el ruido entre melodía de vanguardia y risa.

"The ungrateful dead" es un paseo por la degeneración, como unos Muse punks, que piensan que los instrumentos no valen para la onanismo las manos y si para la expresión del rubor. Me gustan Hella porque son hermanos de grupos como Don Caballero. Su forma de musicar la locura es bella, contundente, eficaz.

Un zarpazo es "Friends don't let friend win", síncope, fulgor, batalla ganada. Suena el tren que sale de la estación en "The hand that rocks the cradle", y empieza la epidemia de jazz y susurros, que en "2013 and countless" se convierte en una expansiva bomba de luciérnagas momificadas.

Punk bizarro es "Anarchists just wanna have fun", y "Dull fangs" parece post rock ejecutado por un grupo hasta las cejas de sustancias prohibidas. La que titula el cd para dar final al disco, es otra rompedora track, opera para locos, noise y pasteles de chocolate de lluvia. Un buen disco para escuchar en nochebuena. Para esperar a Papa Noel con una buena botella de vodka mientras preparo una parilla de renos....



martes, 20 de diciembre de 2016

TOUCHE AMORE. "Strage four" (2016)


Si hace un año despedíamos el año con uno de los mejores discos de post hardcore de 2015, Envy, "Atheist's cornea", este diciembre del 2016, nos regala otro artefacto de la misma talla y tonelaje que el de los japoneses.

Llevo días y días enganchado a su brevedad (a penas media hora), a su potencia y su melodía, a sus gritos, a sus soflamas de dolor que espantan calma. Y es que el disco nace del sufrimiento. La enfermedad y posterior muerte de la madre de su cantante, Jeremy Bolm, por culpa del cáncer. "Strage four" es el nombre que se da a una de las etapas de esa peste que tiene a la metástasis como el arma nuclear de la desgracia.

Desde que suena "Flowers and you", y el himno "Rapture", medio tiempo donde el quinteto californiano penetran en tu ser, se desloman en su trabajo de pintar con rugidos el daño, la demolición de la vida, el secuestro del futuro. Toman al asalto el post hardcore, le maltratan, le alaban, hacen del estilo algo vivo, peligroso, celestial.

En "Displacement" suenan veloces, raudos en su maquinaria, atletas de las cuerdas y los gritos que te demolen; cielos negros, astillas en la vida, luces y más luces que iluminan oscuridad. Siempre oscuridad. Me rompo cuando suena "Benediction", te traspasa con su urgencia, alaridos que se apagan y vuelven a surgir de la calma, contención ilusa que plantea dudas, calor en las barricadas mientras el doctor dictamina su sentencia. La sentencia. Brutal.

Otro de los puntos fuertes del disco, "Palms dreams", con sus matizaciones melódicas, es otro gesto de detonación, otra fábrica de espinas, mientras el reloj sigue su paso marcial, marcando cada minuto como señal glaciar del fin, Me encanta el inicio de "Posing holy", y como se desenvuelven en "Water damage" en una bien asumida oscuridad.

Casi al final, "Skyscraper" , lírica, basalto ceñido de guadaña, posthardcore con pétalos de luciérnagas, ramos negros en la habitación donde se dejó de respirar. Uno de los brillantes cds del 2016, doloroso, necesario, bestial.


sábado, 17 de diciembre de 2016

JOHANN JOHANNSSON. "Orphée" (2016)


Diciembre. La niebla hace que no puede palpar la vista el edificio frente a mi casa. No se ve cielo, sólo bruma, olas que transpiran diminutas gotas que se perciben cuando la farola hace de plañidera, de tea infantil que con su caricia parece romper el misterio de lo invisible.

Me pongo "Orphee", del islandés Jóhann Jóhannsson, el mismo que se ha encargado de la banda sonora de uno de los films del año, "La llegada". El mismo que lleva años poniendo su arte para llevar el postclasicismo a las altas cumbres de la serenidad. "Flight from the city" con su piano acogedor, te da pie a pintar en el cristal de la ventana algún perdido haiku que la temperatura se encargará de matar.

Belleza. Toda la obra de Jóhannsson esta repleta de belleza. El universal sello Deutche Gramophone, es el encargado de dar voz a su arte. Satie aparece de puntillas en "A song for Europa", y las cuerdas de "A deal with chaos", con Hildur Guanadóttir, te pone los pelos de punta. Te dan ganar de hibernar, meterte en una osera y decir adios hasta la primavera.

En este primer trabajo en 5 años sin ser banda sonora. Johann se explaya en sus notas de éter, neoclasicismo para convetir el silencio y el recogimiento en un estado especial de conciencia ("A pile of dust"). Todo transpira levedad, todo es un curso acelerado para huir del peligro de la ansiedad. Fuera parece que sigue la niebla. El piano de "The radiation city" busca la ingravidez, cose arpegios en el aire de tranquilidad y rumor.

Todo "Orphée" es un bálsamo, una vacuna, una capsula de sedacción que provoca ternura, que hace despertar en ti paz y reflexión. "Good morning, midnight" con la Air Lynndhurst String Orchestra, es una bella letanía que te remueve, que pasta en tus entrañas con calorías de sentimiento, con efusividad de lirica, de luz interna.

Esta claro que la noche no va a levantar. Que ya está sumergida en el vaho, que sólo queda terminar el artículo, prepararme para ver una buena pelicula, y dejar que suenen los dos últimos latidos del disco, "Godd night, day" y "Orphic Hymn", buena dosis de señuelos para hallar en unas horas el sueño reparador. Neoclacismo, lo llaman, cuanta belleza....




miércoles, 14 de diciembre de 2016

WAVVES. "Afraid of heights" (2013)


Hay soles que desuellan en vez de quemar, hay grupos que se han propuesto vivir siempre sobre una fluctuante ola de punk, adolescencia y frenesí. Wavves, de California, llevan desde el 2008 agitándonos con su ebullición constante, con su surf de acné e imperdibles.

El disco, comienza desbocado, como acabaron su anterior "King of beach", "Sail to the sun", gema de tres minutos vitaminada, repleta de radiación y pavor. El grupo de Nathan Williams, son como la versión punk de Beach Boys. Las guitarras abrasan, ya que estamos con el tema de la playa y las altas temperaturas. Jóvenes, si, pero no gilipollas ("Demons to lean on").

Dicen que el polluelo de Nathan, con su arrogante juventud, grabó el disco un día pedo y otro también. Quizás por eso ellos nunca serán una copia de Weezer. "Mystic" es un lago de cieno y "Lunge Forward" es un botín de melodías que perforan oídos, graciles esputos de sal y sombrillas quemadas.

Surf orate, coros de algarabía y lujuria. Cuando más se acercan al combo de Brian Wilson, "Dog", parece que estamos en una parada en los tiempos lentos de Pixies. Juventud divino tesoro cuando viene acompañada de arrojo y motines en lo convencional, paseos por la barricada de lo fogoso, mandobles de distorsión mientras todo se va a la mierda (la que titula el disco es una buena muestra de ello).

"Afraid of heights", tiene poco del lofi que en sus primeras trabajos lleno surcos de tramposa tranquilidad. Aquí lo que mola es vibrar y caer rendido entre confetis de punk puber, como en la atribulada "Paranoid". Las letras del grupo siguen siendo igual infantiles pero les perdonamos por su inclinación al aullido fácil.

Cuando afloran disparos tan certeros como en "That's on me" solo nos queda subir el volumen y gozar con estos pipiolos. Para poner fin a este día de costa, avispas y ronchones en la piel, "I can't dream", medio tiempo repleto de turbulencias ansiosas. A gozar pues de estos días fictios de arena y botellas vacias.



lunes, 12 de diciembre de 2016

BLONDIE. "Parallell lines" (1978)

Pedazo de tercer disco que se marcaron Deborah Harry y sus chicos. Quizás uno de los puntales de la new wave. Por todo, por su sonido, por esa portada tan de época, por la fuerza de sus canciones,desde que empieza a sonar la inicial "Hanging on the telephone" (versión de The Nerves) y la sigue toda una colección de gemas imperdurables, imperecederas.

Este disco además hace de Blondie un referente por su importancia en la transformación del punk. Se olvidan la rabia y los escupitajos, bienvenido el pop, las melodías, las corbatas y el glamour. New Wave. "One way  or another" es para enmarcar, otro single más, como la radiante "Picture this". Todo un festival para tus emociones, para ese necesario viaje en el tiempo que hacemos cuando nos reencontramos con viejos trabajos tan necesarios como éste.

A parte de toda esa retaila de singles que seguro que te sonarán, Blondie también tuvo tiempo para ir un poco más alla. Robert Fripp aparece con su  guitarra para agriar el pop con su veneno particular. Y al éxito del disco acompañó sobre todo la imagen de Deborah Harry, compañera en el escenario de la época de Ramones, Television o Talking Heads, cautivadora con su forma de actuar, moverse, cantar. Todo un icono la chica que en "Pretty Baby" confecciona una dulce mermelada pop. Otro hit más, y van...

Excitante suena la punk "I know but i don't know", asfixiante, poderosa, alambre de carmin, tonelada de fuerza y candor. Luego se pinta Harry la cara, se pone su mejor traje y nos regala "11:59", pura new wave, organos que no se olvidan, melodías para sanar tus malos días. La ostia.

Y como olvidar ese pelotazo para la pista de baile que fue "Heart of glass", para dislocarte el esqueleto. Y es que cuando ya vamos terminando el disco, te das cuentas del enorme fogonazo musical que supuso la New Wave y sus bandas. 

Para terminar "Parallel lines", "Just go away", justo lo que necesitaba para comenzar este lunes de un diciembre con niebla y evocación de fin de año. Ya no se hacen discos como este. El CBGB, New York, los "hermanos" Ramones, Richad hell,  David Byrne y sus chicos....


jueves, 8 de diciembre de 2016

ULRICH SCHNAUSS. "A strangely isolated place" (2003)


Posiblemente "A strangely isolated place", el segundo disco de esta banda germana sea su mejor trabajo, el más redondo, el más eficaz y duradero en la mente de los años por sus depuradas formas de crear un shoegazing de ensueño, acogedor, alabando olas de vibración interna mientras los mares indómitos se rinden entre vahos y confort.

"Gone forever", la primera, es el señuelo, la ocasión perfecta para nadar entre éter. Luego vienen salpullidos danzarines como "On my own" y mapas celestes donde plantar tus suspiros mientras piensas en toda la exquisita obra de My Bloody Valentine o Cocteau Twins, "A letter from home".

Ulrich Schnauss siempre supieron crear ambientes para dar rienda suelta a su inspiración, para helar la música elecrónica, ("Clear day") o para instrumentalizar mediante climas sonoros tranquilos una idea sobre como pervivir en el shoegazing a pesar del avatar de los tiempos y de la infinitud de bandas que se agarraron al estilo ("Blumenthal").

"A strangely isolated place" tiene de todo para el goce, para la reflexión perfecta, para alucinar con sus formas de calma y lirismo. Me alucina "In all the wrong  places" y la que titula el álbum es como un caramelo de esos que por mucho que este en la boca no se va el sabor. Queda la esencia, el vapor, la electricidad contenida, las cadencias que vienen y van, la música perfecta para soñar.


martes, 6 de diciembre de 2016

GONJASUFI. "Callus" (2016)


Flying Lotus fue quien animó al rapero Sumach Ecks a convertirse en Gonjasufi y cambiar su piel, su ropaje de rimas por una cajón desastre donde cabe desde posiciones neohippies como "Your maker", apuntes de post punk, "Maniac Depressant" o electro ceñido con rabia en "Afrikan Spaceship".

Para la confección de este disco Ecks llamó al antiguo guitarra de The Cure, Paul Thompson, que colabora para que el trabajo no sea algo disgregante,  a caballo de la nada más absoluta. En este tercer disco como Gonjasufi, los 19 temas del cd se pasan rápido, dejando notas a ras del camino,

Me gusta la oscuridad de "Carolyn shadows", la extrañeza pop de un himno para los orates como es "Ole man sufferah". Suena el sitar en "Greasemonkey", en "The kill" te ves perseguido por la perversión, y hay hasta momentos delirantes como "Krishna Punk".

"The conspiracy" es un entramado sónico cargado de secuencias, de programaciones, avalancha de rubor mientras se prepara la pista para que suene "Polstergeist" y su inflamada sensación de angustia vital aderezada con psicodelia setentera.

En "Devils" se deja lleva de nuevo Sumach por la electrónica, para en "Surfinfinity" volver a las cuevas de las oscuridades profundas donde todo cabe si no lleva atisbo de luz. La canción más larga del disco "Shakin parasites", la más extraña y visceral del lote.

Un disco complejo de escucha relajada y con tiempo. No entra a la primera. Tampoco es la intención de este artista acostumbrado a vivir entre aristas musicales. Para terminar "Last nightmare", el punto y final de una carrera sin fondo para acabar.


domingo, 4 de diciembre de 2016

THE UNFINISHED SYMPATHY. "Rock for food" (2004)


En el haber de los desaparecidos The Unfinished Sympathy siempre estará que fue la única banda hispana que grabó una sesión con John Peel. Ahí queda eso. Méritos suficientes para que el grupo aparezca por estas páginas que gustan de recuperar del ayer escozores musicales, volutas de rock que viajan en el tiempo para prenderse de esta ánfora de querencias de buenas sensaciones.

El disco comienza con la impactante "Rainfrogs", hit seguro para un grupo que vivió sin excesos su forma particular de habitar en Bcore, sin estridencias, con maneras tradicionales como "This living killing" o como el bazoka emocional del tema que titula el cd.

A The Unfinished Sympathy les gustaba pararse en el pop y urgarse el pelo con melodías adictivas como "The loveless curse" para rozar también la electrónica, en "Safe and sound". Cuando más me gustan es cuando divagan y exploran ritmos de vaho, latidos de glorias, ("The ocean's overflowed"), o cuando hacen del emocore su bandera de coraje, "You've got  a long run".

Suenan cuando quieren agresivos con matices, como en "Elevenem", pero cuando más sueltos están es cuando pernoctan en salas de incomunicación glaciar, donde ponen a pasear su seísmo controlado, su rock inflado de melodías, ("Topograhic report"). En el año 2009 se disolvieron pacíficamente con el disco "Avida dollars". Este "Rock for food", entre lo mejor de su corta carrera.


jueves, 1 de diciembre de 2016

THE WEDDING PRESENT. "Going, going" (2016)


The Wedding Present y Pixies. Pixies y The Wedding Present. Mis dos grupos favoritos (los Pixies, claro esta, los de antes). Han pasado ya un huevo de años, pero aun me acuerdo donde me hice con el vinilo de uno de los grandes discos de toda la historia del rock de The Wedding Present, "Seamonsters".

Era una tienda que estaba en Arguelles, en los bajos, y fue la primera vez que la visitaba. Me deje llevar por las sugerencias del dueño que me dijo que eran la ostia. Y sí, desde que llegue a casa y empezaron a sonar los primeros acordes de "Dallience", me puse como un orate furibundo a bailar en mi habitación mientras mi madre aporreaba la puerta.

Joder,como ha pasado el tiempo. Desde entonces no me he perdido ningun trabajo del David Gedge, tanto como los Wedding como Cinerama. Esos arreones eléctricos del "Seamonsters", esa desesperación en las guitarras, (Steve Albini estaba en los controles), ese drama punk y esa corriente de electricidad sin posibilidad de control, me hechizaron desde el primer momento. El vinilo aún conserva las cicatrices de tanto pinchazo redentor.

2016 nos ha traido de nuevo a The Wedding Present,  con 20 temas ni más ni menos, y con un DVD confeccionado durante un viaje que hicieron por EEUU. Todo descomunal, todo exagerado, todo bestial.Y eso que la cosa comienza como si no fuera con ellos. Los cuatro  primeros temas son una postal que casi parece post rock. Ambientales, tranquis.

Pero cuando suena "Two bridges", donde su nueva incorporación, el guitarrista Samuel Beer Pearce estrangula las cuerdas en un final apoteósico y te das cuenta que todo sigue igual. Porque el cd tiene todo lo reconocible de The Wedding Present; la ternura que te ahoga de "Little silver", himnos como "Bear", o estallidos punks como la salvaje "Secretary".

Para acabar el año no hay nada como una borrachera de The Wedding Present, llenarnos de los humores de David, poner la cadena de música a prueba requeriéndola unos buenos kilos de megatones eléctricos. También la bajista Katherine Wallinger y su acompañamiento vocal, hace que temas como "Birdnest" crezcan como en los mejores tiempos.

No paro de danzar cuando suena "Kill devil hills", me quito legañas en el dni, borro con goma de mascar los años que tengo, e intento hablar con el espejo de tu a tu. Sí, parece que los años se paran, que ofrecen una dádiva en forma de paréntesis, de como mediante la evocación se llega a viajar en el tiempo, a reproducir lo que ya parecía olvidado.

Ahora toca "Bells", y su rutilante sabor noventero, y la guitarra fabricando esporas radioactivas sin control pero con delicadeza. Brillante, de principio a fin, disco para saldar cuentas, para mitigar la necesidad que tenemos de energía y emoción a raudales.

Aquí no hay empacho posible. Todo se disfruta de principio a fin. Hasta ese inicio de piano de "Emporia" que acaba en una andanada casi grungre.Y como siempre, esa chuleria que te hace danzar entre las brasas de la conmoción ("Lead"), aperitivos para dar y tomar, brevaje para quitarnos el mal cuerpo, zarpazos que nos dejan bellos tatuajes perforadores de lírica ("Ten sleep"),  y lecciones para todos los que quieran hacer del sonido de las guitarras saturadas con rocío el principal eje para la conmoción ("Wales").

Para terminar "Rachel" y los diez minutos de "Santa Mónica", orfebrería devoradora, catarsis que rebaña corazones, un lugar desde ya para que tengamos a "Going, going", el noveno disco de The Wedding Present como uno de sus mejores trabajos.

Ayer saque de nuevo "Seamonsters" de su estuche dormilón. Sigue impertérrito el avance de los dígitos del calendario. Suena como la primera vez. Los necesarios calambres no pierden intensidad, sólo la disminución de éstos nos ofrece la evidencia del paso de las estaciones. Nos estamos haciendo mayores. Pero mientras nos quede la alegria de la emoción, los disparos de fiebre radioactiva que nos provoca el arte entendido como un medio de transgresión personal, aun tenemos muchas fuerzas que gastar reventándonos tímpanos, fabricando por momentos burbujas de agitación eterna.