Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

lunes, 31 de octubre de 2016

WIRE."Nocturnal koreans" (2016)


Qué corto que se queda el disco tras estas ochos canciones que pasan como un remolino eléctrico a través de las rendijas de los nervios auditivos. Wire, la banda de Colin Newman, vuelven un año después de su disco homónimo, con las mismas formas y maneras, de artrock itinerante, pedazos de un muestrario de esencias que perduran y te dejan listo para pedir más.

Desde el tema inicial que titula el cd, la banda se muestra inquieta, perforadora de luces, ágil y repleta de matices. Matices que en "Internal exile" se convierten en una andanada de postpunk con repiques de los 80, carretera hacia una soflama de lirismo, con las guitarras siempre briosas.

El minielepé funciona, es una catarata de luces que se autogestionan desde las mismas coordenadas de la banda cuando a últimos de los 70 se erigieron como estandarte del post punk más anómalo, existencial, nacido de las islas.

"Forward position", es la más oscura de este pequeño lote de canciones para no perderte. Suena decadente, negra, vals en penumbra, olor a ceniza mientras Colin se preprara en "Numbered", para ponerse una capa de electrónica.

Escuchando "Nocturnal koreans", queda claro que tenemos Wire para rato. Se nota que para nada estamos ante un grupo adocenado. Por las venas de las canciones sigue corriendo ese arsenal de rebelión, de ganas de continuar en la brecha, de abrir caminos.

Me gusta como suena "Still" por esa aire melódico robotizado que despide y "Pilgrim trade" es otro paseo en un mar de suspiros. Para terminar, "Fishes bones" y su rutilante agitación para acabar esta gozada de minidisco. Wire, en activo, en plena forma, un certero puñetazo de solvencia y buen rock.



sábado, 29 de octubre de 2016

TV ON THE RADIO. "Return to coockie mountain" (2006)


Para mí sin duda el mejor disco de Tv on the radio. La banda de New York, desde que empieza a sonar la impactante "I was a lover", suena como un tiro, se abalanzan con frenesí hacia la mixtura, la incontención, fabricando un caluroso mapa de sonidos como si estuviesemos ante la versión actualizada de Talking Heads.

Los conocí cuando me hice en su día con su primer disco, el imponente, "Desperate youth, bloodthirsty babes", (2004), este segundo vino a confirmar que el grupo de Tunde Adebimpe vino al mundo indie para colorear con una paletada de sonidos lo que muchas veces es una concatenación de repeticiones.

"Province", es una pequeña catarsis funk que forcejea con el ritmo, mientras las guitarras suenan como helicóptero con aspas estridentes de distorsión. Distorsión leve que te atrapa en ese remolino sónico que es "Playhouses", enfangado gospel devorador.

Y cuando suena "Wolk like me", ya tienen ganada la partida con su suculenta mixtura de luces que nunca se apagan, de rayos catódicos de fiesta continua.  Como la vacilona "Let the devil in" y la negroide "Dirty whirl", todo un vahído de fiebre y alegría.

Tv on the Radio son un púzzle siempre dispuesto para unir volutas musicales,  coser electrónica con tradición, meter saxos y bogar en penumbras de cielos ("Blues from down here") o llevarnos hacia un festival de danza marciana ("Tonight"), sin perder ni un ápice su pavor.

Sus últimos trabajos, han perdido el fuelle, la fuerza que tenían cuando nos conmocionaron con este inicio tan radiante. Me quedo con este fogonazo imprudente, con esa alegoría del exceso y de mezcla de estilos.





miércoles, 26 de octubre de 2016

SILVIA PEREZ CRUZ. "Domus" (2016)


"Cerca de tu casa" es el título de la última película de Eduard Cortés, donde Silvia Perez Cruz actua, y donde se pone la carne en el asador sobre el tema de los deshauciados, los que tuvieron que dejar su casa a ostias de realidad cruel, la realidad impuesta por los bancos, por los poderes económicos y políticos para lo que las desgracia de la gente es un daño colateral.

Silvia pone su voz, empezando con "No hay tanto pan", himno visceral, grito de rabia, con la pasión del dolor, con la fuerza de la razón, "es indecente, gente sin casa, casi sin gente". El disco es más que una banda sonora. Suena como un ente autónomo, capaz de emocionarnos, de seducirnos, de impulsarnos por el camino que nunca debemos abandonar, el de la rebeldía.

"Smile and run", en inglés, es un paseo que casi parece bossa, y que da paso a "Todo hombre", donde sus colegas de film aparecen en este cortejo de denuncia,de injusticia mayúscula a los que se dan de paladines de la decencia.

Me he quedado sin palabras cuando ha sonado "Cerca de casa", con el piano como acompañamiento para que Silvia nos regale un jardín de esos que sólo ella puede construir. Rosas, a pesar de las espinas, agua a pesar de la tormenta, rubor a pesar de la agitación.

También hay tiempo para la alegria, con voces de niñas haciendo de acompañamiento en "Ay,ay,ay", para crear sonrisas en tiempo de demolición. Bonita. Como también emociona los ritmos brasileños de "Cuota da lua", o "Verde", con la aparición de su madre e hija, para arropar con aliento de cariño a una artista que cada día que pasa crece más.

"Si se puede" es la voz de la calle, de la gente que tararea indignación, que se manifiesta con los puños apretados, con la voz tomada, juntos caminando con la fuerza de quien sabe que unidos venceremos a los exterminadores de la libertad.

Soberbio disco pues, que viene a confirmar que Silvia Perez Cruz, tiene una futuro que ya es presente, una voz que a nadie deja indiferente.



martes, 25 de octubre de 2016

TOM VERLAINE. "Song and other things" (2006)


2006 fue un buen año para el ex-Television, Tom Verlaine. En doce meses sacó un disco instrumental "Around" y este interesantísimo "Song and other things". El guitarrista hizo unos buenos trucos de magia, para envolvernos con la diana de su sonido tan inconfundible.

La introducción de "A parade in littletown" hace de ticket de embarque para este viaje donde nos encontramos con gemas tan incontestables como la melodiosa "Orbit", envolvente y cálida. "Song and other things", suena a años 70 por todos los poros. Parece que estamos en en el New York de la new wave menos amable, más incisiva.

Y es que este fue el primer disco de Tom Verlaine desde los 1990, y la verdad es que parece que en nada se nota cuando te pones "Blue light" y te dejas llevar por la lírica de este vate acostumbrado a afinar sus guitarras con rosas de ensimismamiento.

Parece que quiere hacer un guiño a Lou Reed cuando escuchas "From her fingen", y en "Nice actress" suena amenazante, oscuro, con sus punteos caracteristicos deslumbrando oscuridades, matinales de algarabía y sonando a terciopelo afligido.

Su antiguo compañero de correria Fred E. Smith, aporta con su bajo experiencia y pasión, y el resto de la banda que se buscó para la aventura reman a la voluntad de este taciturno músico testigo y participe de una época dorada con sus Television.

Apaciguadora y solemne es "The earth is in the sky",  y "Shingaling" se retuerce en un alambique de tensión efervescente. Para el final la roquera "All weird out", y la mejor del lote, "The day on you", aforismo eléctrico, amalgama de luz intensa.

Un disco para degustar, de un músico radiante, estruendo en calma, rabia pagana, intelectual de los acordes. Una delicia.




domingo, 23 de octubre de 2016

THE NEW RAEMON. "A propósito de Garfunkel" (2008)


Por estos lares de Discos Pensandos, han aparecido los últimos trabajos del ex-Madee, Ramón Rodriguez. Faltaba para cerrar el círculo su primera puesta de largo, como The New Raemon, en este portentoso "A propósito Garfunkel", un cúmulo de canciones bonitas desde la inicial "La cafetera", donde acompañado por músicos de Standstill, San Pedro y Egon Soda, el autor, ya en castellano, te llena de fantasmas y de folk apaciguador.

"Tu, Garfunkel", es desgarradora, himno de esos que por mucho que pase el tiempo, no deja de repetirse en tus ecos interiores. Y "El fin de la resistencia", con palmas como slogans para llevar la canción a buen puerto, es otra manera más para compartir con este cantaupop, sus dilemas personales, sus travesías por desiertos nunca demasiado ardientes.

Una de mis favoritas, "Fuera complejos", con las teclas elevándose mientras Ramón se envalentona en su protesta personal, álgido momento pop para devorar en silencio mientras los cascos de los caballos perforan tus oídos de letanías y espacios cerrados.

Y si, hay veces que los espectros de Madee transfigurados en The New Raemon, aparecen en canciones como "El saben aquel que diu", vitalista, cargada de fuerza, sonajero de envidias, cargamento de caricias.

Pero es en el silencio cuando Ramón se siente más a gusto. "Mil gracias" es triste hasta en la cadencia de la voz, rodando en mil pesares, andando por vías sesgadas, rotulando carteles para asentar bases, para formalizar desdichas.

Vuelve a animarse el club de los decepcionados, con "Hundir la flota", un caramelo melodioso y cabal, un segmento de sonidos luminosos. Toca cerrar las cortinas con "A propósito del asno", balada que se condena entre rayos de palabras que vuelan y viven en megáfonos de cantautor. Luego de este disco vendrían, obras mayores como "Libre asociación" o "Tinieblas por fin", pero es aquí donde anida las arterias de un artista sumido en cavilaciones perfectas.


jueves, 20 de octubre de 2016

SWANS. "The glowing man" (2016)


Dicen que posiblemente este sea el último disco de los cisnes negros que comanda Michael Gira. Tras un monumental y terrorífico "To be kind" (2014), llega este largo y tortuoso "The glowing man", para según parece poner los puntos finales a las campanas del apocalipsis. Tendremos que verlo. No es la primera vez que Gira se decide por un adios para dedicarse a su carrera en solitario.

Los Swans, aquellos terroristas que nos dejaron sin oídos cuando sacaron cosas como "Cop" o "Greed" y que luego se fueron haciendo más "moderados", pero igualmente peligrosos ar sacar discos tan necesarios como "Love of life" o "The Burning world", siempre han sido para el que escribe una banda tótem, un monumento de arte sin contemplaciones ni medianías. Puro goce estético teñido de perversidad.

"The glowing man" es largo, un doble cedé con cremallera de pavor que empieza con "Cloud of forgetting", tranquila al inicio para convertirse casi al final en una ola de electricidad minimal, histérica. Así son Swans. Un arma de demolición, la espiritualidad de lo negro, la decadencia de la historia. Y en este disco siguen siendo ellos mismos.

No se cortan, van a lo suyo, no miran a ningún sitio, se centran en expandir el mal, la inercia de lo prohibido, la tentación del ruido final. "Cloud of unknowing", 25 minutos de misa negra, de alambres en las guitarras, de gospel fúnebre. Ritual de lo habitual, Si, ya sabemos de que materia están hechas las entrañas del dolor.

En "People like us" suenan casi como si fuesen un cabaret errante, para en "Frankie M", y sus 20 minutos, llevarnos de la mano hacia una esquizofrenia segura, con sus hachazos minimales, y su predisposición a la alarma continua.

Jennifer, la mujer de Gira, canta en la tristona "When will i return?", que da paso a la que titula el cd, casi treinta minutos, la parte central de un álbum, el árbol donde nacen las ramas de la decadencia que son el resto de canciones. Pulsos a cien, exageración instrumental, pavor, caos, Para terminar, como si no hubiera pasado nada, "Finally, Peace" , la manera perfecta de decir hasta pronto. Porque no me creo que se disuelvan las pesadillas. Volverán, volverán y estaremos preparados todos, con las túnicas y el cáliz de la depravación. Miraremos el lago donde los cisnes bucean en busca de la pesca perfecta. Nuestros corazones pecadores, nuestros oídos de oxido.....


martes, 18 de octubre de 2016

THE MEN. "New moon" (2013)


El cuarto disco de los de Brooklyn fue todo un pasote. Una vuelta más de tuerca a su manera de hacer del bestialismo sónico un lugar donde también tiene cabida otras sonoridades para calmarnos el alma mientras nos reponemos de sus mazacotes de bilis y punk.

"Open the door" es una delicia casi country, que da paso a otro órdago (con las vista en Sonic Youth y Dinosaur jr), con tintes psicodélicos mientras se prepara la tormenta, los truenos, la patada en la pared para sacar de si mismo toda esa rabia que no se quiere contener.

Porque ya al tercer corte, "Without a face", con armónica incluida vemos a la banda esforzándose en cantar las cuarenta a la calma. Quizás no sea tan explosivo este disco como su anterior "Open your heart" (2012), pero los chicos han sabido aunar fuerza con mixtura, tradicción con punk desbocado, donde Husker Du, parece que tienen sus descendientes ilustrados.

Oyendo "The Brass" parece que estemos haciendo un viaje en el tiempo,encontrados en una cipsula espacial con The Stooges, detonando las guitarras como si quisieran acabar con ellas a base de gruñidos poéticos.

"Electric" es otro salmo salvaje, otra itinerante manera de perderte por este melódico a y la vez salvaje espacio donde todo es posible, donde se mece la fiereza, donde se congela el alma. Cuando quieren se ponen marchitos como en la efectiva y casi pop, "I see no one", para en "Bird song", tirar de nuevo de tradición armónica al viento, para dar paso a "Freaky" y sus dos minutos de indie rock devorador.

Para terminar, los ocho minutos de "Supermoon", extraña, visceral, en coma de imprudencia para saltarte todos los controles posibles. Una banda de esas que hay que seguir muy de cerca. Furibundos y machachones, salteadores de caminos, punk tomándose copas en la barra de un poblado del Oeste.



domingo, 16 de octubre de 2016

THE HOTS RATS. "Turns on" (2010)


Gaz Coombes y Danny Goffey, miembros de Supergrass, se liaron la manta a la cabeza en el año 2010, y sacaron al mercado este "Turn ons" un disco de covers, donde hay de todo, y para mi gusto no suelen superar al original.

Desde el inicio reclamando a The Velvet Underground, con "I can't stand it", la cosa es sólo un festival de imitación con pocas ínfulas para de verdad aportar algo nuevo a las versiones primigenias.

Ray Davis, escuchando "Big sky" , se debe de estar partiendo el pecho con una domesticada versión que ni levanta siquiera apetito con sus guitarras que nunca arrancan. Por no hablar de "The crystal ship" de Doors, que no se muy bien lo que quiere.

Recurren a Gang of Four, en "Damaged gods" con su aire new wave, pero ni con eso. Y cuando se quieren pasar de listos, versioneando a Roxy Music con "Love is the drug", les queda una entelequia falta de vida, de energía, de brío y dicha,

"Pump it up" de Elvis Costello más de lo mismo, y las vesanías más inauditas aparecen con las versiones de The Cure y Sex Pistols, "The lovecats" y "E.M.I", como para cerrar de golpe el artículo y dirigirme con rapidez a las originales para quitarme este mal sabor de boca.

No se si tiene más continuidad este proyecto. Supergrass tenia por lo menos algo más de gracia. Para hacer versiones, no todo vale. Sobre todo si te sale esta parrafada gris sin fundamento ni textura.



miércoles, 12 de octubre de 2016

RY COODER. "Chávez ravine" (2005)


No me extraña que "Chávez Ravine", fuese uno de los discos más destacados del ya lejano 2005. Para mi, acostumbrado a sonidos indies, guitarrazos desalmados o propuestas la mayoría provenientes del mundo anglosajón, escuchar este "Chávez ravine" ha sido una puñetera delicia, de principio a fin.

Desde el inicio con el maestro Cooder impartiendo cátedra con la envolvente "Poor man's shangri-la", llevo toda la semana flipando con los aires fronterizos de uno de los mejores guitarristas de la historia. Por que si, esto es un disco de esos que hay que disfrutar desde la primera canción.

Chávez Ravine era un barrio de Los Angeles, cuyos vecinos fueron expulsados de sus casas con la promesa de las autoridades de nuevos alojamientos. Eran los años 50. Aun siguen esperando sus casas. En torno al barrio, Cooder trama su dedicatoria personal, con temazos del calibre de "Onda callejera", cumbia lentita de andar por casa.

Las nuevas casas nunca se construyeron, y lo que si se dieron prisa es en hacer un estadio de beisbol. Así se las gasta el poder. "Don't call me red" es una especie de jazz desquiciado, intrigante, obtuso, que da paso a "Corrido de boxeo", cantar mexicano sobre la vida de los boxeadores no profesionales que se tienen que ganar la vida en tugurios malsanos.

"Muy Fifi" es un punto, la guitarra de Cooder vuela, y oyendo la letra te imaginas a una madre avisando a su hija de los peligros por ser "Fifi". Para ponerla a todo volumen. Como "Los chucos salvajes", sabrosona y espectacular. Mestizaje puro, alegoría de las gentes del pueblo, Cooder como maestre de ceremonias, homenaje hacia los que siempre pierden.

También en español, la vacilona "Chinito, chinito", que da paso a la parte más sombría del disco, con temas como "El U.F.O. cayó", ocho minutos  minimales e hipnóticos, o la impactante "It's just for work me". El piano aparece en "In my town", una bella letanía triste, que da la mano a la ranchera salvaje "Ejercito militar".

La más impresionante del disco, y la que cuenta toda la historia de lo que pasó es "Barrio viejo", donde con dolor se grita la demolición de los hogares, las vidas, los sueños. Y el fin con "Sol , Luz y sombra" es el resumen de para recordar, para que no olvidemos jamás  la historia de los que sufren. 10 para Ry Cooder y su banda.



lunes, 10 de octubre de 2016

NOTHING. "Tired of tomorrow" (2016)


Relapse, el label de los apocalípticos Neurosis, el sitio donde el metal es extremo, acoge el segundo trabajo de Nothing, una maravilla de shoegazing para rendir cuentas del pasado, un almanaque de circunstancias para ponerle el ojo a este grupo norteamericano, cuyo lider, Dominic Palermo se pasó dos años en el chirona por un apuñalamiento.

Escucho "Fever queen" y "The dead are dumb", y se me erizan los pelos de la lírica interna. Dos trallazos sentimentales, de esos que te puedes llevar a la calle para caminar sobre pétalos electrificados, para sofocar la tragedia con dosis de volumen alto, mientras los cielos se nublan y las cuerdas de las guitarras se agarran al silencio.

"Vertigo flowers" es pura vitamina C, casi power pop, te encandila desde los primeros minutos, te sumerge en un vaho de oscuridad patrocinadora de vahos y entelequias necesaria para entender el funcionamiento de este mundo tan orate. En "A.C.D. (Abcessive Compulsive Disorder)" se vuelven grunges con pinceladas de dream pop, para balancearnos con la letanía de "Nineteen ninety heaven", un cuento de hadas envenenado y cruel.

Se ponen furiosos de nuevo con "Curse of the sun", para continuar con una de las mejores del lote, "Eaten by worms", donde Nirvana se encuentra con My Bloody Valentine. Sí, la verdad es que es todo un puntazo este "Tired of tomorrow". Te da tiempo a sumergirte en calmas chichas como "Everyone is happy", para terminar con la que titula el cd, y su piano esquiador de tragedias, puro síncope para rellenar tensiones.

Nothing. un nuevo nombre para apuntar en la libreta de los grupos a seguir. Los que dicen algo, los que no se resignan a ser uno más de la manada. Shoegazing de nuevo cuño, intimidades al pairo, submarino de dolor a la vista de cien truenos...


viernes, 7 de octubre de 2016

CONSTANTINES. "Kensington heights" (2008)


Los conocí con el buenísimo "Tournament of hearts" (2005), donde la banda canadiense aplicaba a la perfección su basalto estilístico, su cargamento de rock con gramaje punk, afilado e impertinente, calorias de electricidad, y rubor en la cara.

"Kensington heights", es otra muestra más de ese trote roquero siempre con las guitarras cargadas hasta las cejas de detonación. "Million star hotel" es un aullido en toda regla, que se apaga y se enciende, que te revienta y te proclama.

Hay veces que suenan a The National, ("Trans Canada"), pero siempre subiendo un poco más el volumen de su desgarro, acumulando píxeles de hondura y tragedia encantada. Suenan oscuros, rabiosos y sin freno en "Shower of stones", una radiante exploración de la noche más profunda.

Y cuando aparece la melancolía, es para quedarse, con dos pedazos de canciones como "Our age" o "Time can be overcome", retazos que se retuercen con suavidad, calcamonías de rock íntimo que entre sustos bruscos te sumergen en un vaho devorador.

Los que les vieron en directo al grupo saben que en el escenario, su rock anguloso de corazón se convierte en un huracán. Imagino "New king" sobre las tablas y me hago una idea del potencial de un grupo que con este disco puso su punto y final a su breve pero potente historia.

El cd termina como empezó, con "Do what you can do" y su estremecedor señuelo íntimo para bogar entre mares de tensión. Grupazo.


miércoles, 5 de octubre de 2016

COLD WAR KIDS. "Robbers & cowards" (2006)


Menudo disco de debút que se marcaron estos californianos. Desde que suena la rimbombante y eléctrica "We used to vacation", y la buclkeriana "Hang  me up to dry", no puedes más que aseverar que Cold War Kids construyeron en este "Robbers & cowards" un amasijo de melodías apelotonadas en un dramatismo de catarsis eléctrica.

Rock bien ejecutado, con ínfulas traviesas, con recovecos donde permitirse entrar y salir en tromba ("Tell me in the morning"), o esparcir polen de fantasía épica ("Hair down"). Indies que no van de postin, que basan su credibilidad en composiciones que son un abanico de espuma sonora, aires que a veces son acompañados de piano "Passing the hat", y otras como "Robbers" juegan con delicadeza en un columpio de sensualidades.

La verdad es que este "Robbers & cowards" es un disco altamente disfrutable, un rayo de luz, un sol que se emancipa de las tinieblas con buenas dosis de lava siempre controlada. La banda sabe a que juega y disfruta con su abanico de posibilidades.

Les gusta las teclas, también la conmoción de las guitarras ("Hospital beds"). Quizás uno de los nombres que se me viene a la cabeza cuando les escucho es a Wilco. Cada uno a su manera tienen suficientes instrumentos en su haber para con sus credenciales matizadas y cuidadas llegarte a impresionar.

Y dejan para el final lo mejor con los once minutos de "Rubidoux", un calambre bien tensado, una cuerda al cuello de la comodidad. La última noticia que tuvimos de la banda fue en 2014 con la publicación de "Hold my home", que sin alcanzar la tensión de esta primera obra, sigue manteniendo interés.


martes, 4 de octubre de 2016

JUVENTUD JUCHÉ. "Movimientos" (2016)


Este disco debería estar en lo más alto de las listas de lo mejor del año si las cosas fuesen como deberían de ser. El trío madrileño ha sacado un disco desbocado, una volcán de esos que deja huella, un arma de destrucción de tranquilidad.

Desde que suena la post punk "Pasos", con su dulce irritante movimiento dislocado, sabes que las canciones que siguen van a convertirse en bombas lapas de sonido brutal. Que el bajista de Shellac, Bob Weston, sea el jefe de la masterización del disco, ya nos pone en el camino de por donde van los tiros.

Rabia y fuerza, agitación y post punk año 77. El disco entero es un buen puñetazo dotado de temas para la contestación y la recuperación de sonidos que nacieron del punk. "Un año" te agarra y no te suelta, con la voz de Javier Molina llevándonos a callejones de incendios y a revueltas para hallar porciones de libertad y romper las cadenas.

"Parecer" es peligrosa, minimal en su angustia, feroz y transgresora; otra de las joyas de este "Movimientos", un disco para no parar de pinchar, para llevarlo como tridente, como una hoz que siege tanta normalidad musical que nos aturde y cansa.

Y "Fuera" es pura amenaza, éxtasis de brío de colores, que da paso a la ruidista "Niebla", coctelera que mira a The Ex a ESG, desde la insolencia de la necesaria juventud, con destreza instrumental, confirmando con este segundo disco que lo que escuchamos en "Quemadero" (2014), no fue casualidad.

También puedes encontrar algo parecido a lo que puede ser un hit con "Bien", una vesanía para que los pies ardan con fuego. Y el punk dislocado de "Miedo" es el resumen para tengamos a Juventud Juché en lo más alto, donde llegan los que arriesgan, los que pasan de ser modernos, los que se las suda las modas indies.

Juventud Juché es un sabio escupitajo contra la formalidad establecida, es underground sinuoso, misterios de luz abrasadora. Si, de lo mejor del año. Veremos quien supera esto.


domingo, 2 de octubre de 2016

DEPECHE MODE. "Ultra" (1997)


Nunca fui seguidor de Depeche Mode. Lo reconozco. En esa época el que escribe andaba flipando con The Cure, The Chameleons, The Psychedelic Furs, The Church y otros paladines de la nocturnidad, como para seguir a este grupo que siempre me parecieron comerciales, que nunca lograron hacer que me comprase un disco suyo.

Demasiado para mi el grupo de David Gahan y Martin Gore, prefería gastar mi tiempo en Joy División antes de ver clips de una banda que siempre me vi como unos guaperas aprovechados de la ocasión para llevarse el tecno pop a sus camerinos de neón y lápiz de ojos.

Bueno, pasó el tiempo, y ahora doy una oportunidad a "Ultra", y la verdad es que me ha gustado. Me estaré haciendo mayor, pero he flipado con la hipnótica "The love thieves", con su cadencia lenta y su épica para románticos decepcionados.

No es un álbum de esos que sientan cátedra, lejos están de sus inicios, pero mis oídos no se han combustionado cuando apareció en la cadena "Home", donde David Gahan está pletórico, después de su desenganche a la heroína, libre del veneno, se lanza al vacío para hacer de la electrónica un salvaconducto para mirar atrás.

"It's not good" suena casi industrial, y en "Useless" la guitarra parece que rabia en su soliloquio personal, atravesando estepas para llegar a "Sister of night" y su ruidismo solvente. Si, la verdad que me he reconciliado con ellos. No estarán jamás a la altura de las bandas que mencioné al principio del artículo, pero este "Ultra" merece la pena para los nostálgicos de esos tiempos ya lejanos.

Me agrada escuchar cosas como "The Bottom line" con esa aire de película de suspense con final incierto o "Insight" donde se nota las ganas que tenía la banda tras 4 años de parón de subirse al carro de la creación. El tiempo pues pone las cosas en su sitio. Para mi seguirán siendo un grupo de segunda fila, pero con calidad suficiente para aparecer con agrado en estas líneas musicales siempre necesariamente torcidas.